N.A: No os culpo si pensabais que está historia ya estaba bien muerta. xD Personalmente, me resultó muy complicado retomarla. No hace falta ser un genio para notar que mi forma de escribir ha sufrido varios cambios desde que comencé con Blood Story hasta ahora, algo que tambié le ha sucedido a mi forma de pensar. (?) Apenas recordaba algo de esta historia, mucho menos el rumbo que quería que tomara.
Con todo, he decidido no abandonarla, porque no me gusta la idea de dejar una historia a medio terminar (todos seguimos historias que se han parado y nada duele más que eso, peor si queda en una escena interesante), pero no estoy demasiado segura de ella.
Agradecería muchísimo que me dierais vuestra sincera opinión, sobre si debo seguir, dejarla, re-hacer los primeros capítulos (para que sean más coherentes con mi forma de escribir actual), etc. Para mí es increíblemente importante vuestra opinión. :)
¡Como siempre, muchísimas gracias por leer, comentar y dejar favoritos! Todo ello me anima a seguir adelante con las historias.
Pairing: Riren [LevixEren]
Advertencias: BxB, si te desagrada el género, mejor escapar ahora. Un poco OoC. (?) No beta tester así que puede haber algún horror ortográfico.
Disclaimer: Shingeki no Kyojin y sus personajes le pertenecen a Isayama Hajime
-Mischrassig-
Todo había salido jodidamente mal. Absolutamente todo.
Levi no era un niño recién nacido —de hecho no sería exagerado decir que llevaba un par de centurias a sus espaldas—, y aún así se sentía como un vampiro inexperto que por primera vez se enfrentaba a la experiencia de la caza.
En realidad, no le había supuesto mayor problema clavar sus colmillos en aquel cuello ligeramente moreno; ahí no estaba el inconveniente, por supuesto que no, el de cabello azabache desprendía seguridad en sí mismo y no le faltaba experiencia a la hora de matar limpiamente a un chiquillo que poco más podía hacer por defenderse que mirarle con una súplica en los ojos que al Ackerman le resultaba más patética que cualquier otra cosa. ¿Entonces dónde había surgido la traba?
Estaba seguro de que había sido en el momento en el que la sangre del adolescente se había abierto paso en su paladar, reventando con su sabor cualquier expectativa que el más bajo hubiese podido tener en cuanto a la sensación que el líquido le causaría.
Eren era un mestizo, el sabor ácido de su sangre mezclado con la dulzura habitual de la enteramente humana se lo confirmaron. A Levi aquello le sorprendió, por supuesto, pero no significaba nada. El carácter acedo de su sangre estaba ligeramente diluido, quién sabe hace cuento que ese sabor agrio circulaba en su árbol genealógico. Hubo un tiempo —cuando los purasangre habían comenzado a adaptarse a la luz solar, y, por descontado, a la vida humana, a la que trataron de unirse—, en el que la sangre mestiza era incluso más abundante que la sangre humana pura, siendo ésta la más codiciada por su repentina escasez. Los tiempos habían cambiado, por supuesto, y la sangre humana volvía a ser la más habitual en un mundo en el que los vampiros habían cesado su empeño por vivir una vida normal en una sociedad que negaba su existencia.
Los mestizos seguían existiendo, porque había vampiros, como Hanji, que seguían creyendo en la posibilidad de una vida común junto a los humanos, que creían en la posibilidad de crear una familia en la que ambas razas estuvieran mezcladas. Obviamente aquello era complicado, si la mujer era quién portaba la sangre maldita, el aumentar la familia ya se podía considerar imposible —ya que el cuerpo de una vampiresa no estaba preparado para criar un feto que no se alimentase únicamente de sangre—, pero podía tener lugar si la fémina era humana. En estos casos es donde aparecían los mestizos. Sin ser humanos, pero tampoco siendo vampiros, no pertenecían a ningún lugar concreto, aunque generalmente eran criados como personas totalmente normales —ya que no mostraban ninguna característica propia de vampiro que pudiese condicionar su vida—.
Así que, de un modo u otro —y a pesar de que los vampiros más jóvenes encontraban más bien nulo atractivo a la idea de formar una familia con humanos en su amplia mayoría—, los mestizos estaban ahí y ser uno no significaba ser el mesías.
Simplificando, a Levi aquello no le iba ni le venía. Le daba un poco igual. Así que eso no era lo que le había echado para atrás, obligándole a sacar los colmillos de la piel tostada. Tampoco había sido eso lo que le había llevado a maldecir sonoramente al darse cuenta de que se había propasado lo suficiente como para dejar al chico inconsciente. Que fuera mestizo no tenía nada que ver en que Levi se hubiese tomado la molestia de cargar al chico como una bolsa hasta su coche, para después llevarlo a su casa —porque recordaba donde estaba de haberle dejado allí el día anterior, y el castaño llevaba las llaves en su bolsillo—, asegurándose de que al menos respiraba y que si se moría allí ya no sería su problema. Todo tomándose la molestia de no ser visto porque no quería preguntas sobre la razón por la qué tenía a un menor cargado a su espalda.
Definitivamente que Eren fuera un mestizo no era la razón por la que Levi se encontraba frente a él en ese mismo instante, tratando de entender como el chico había despertado tan rápidamente y en —aparentemente— plena forma. Tenía que haber algo más.
Algo más aparte del ajo que vilmente había sido lanzando a su cabeza.
—¿Qué cojones haces, mocoso de mierda? —Instó el de cabello azabache, evidentemente molesto ante el repentino golpe de la liliácea.
Eren le miraba con los ojos abiertos como platos, musitando cosas inentendibles mientras daba pasos para atrás tropezando con todo lo que estaba a su paso. Había despertado repentinamente en el sofá de su piso sin siquiera saber en qué momento había abandonado la realidad; y lo primero que había visto había sido a su profesor, delante de la puerta de entrada, murmurando y maldiciendo algo que él no podía entender. Los recuerdos se habían amontonado entonces en su cerebro, provocando que un grito involuntario surgiese de su garganta, mientras trataba de alejarse lo máximo posible del Ackerman, que le miraba francamente asombrado —simplemente no era normal que el de orbes esmeralda se hubiese despertado en ese preciso momento, cuando apenas habían pasado unos quince minutos desde el incidente—.
Y, como todo humano, Eren había tratado de alejarlo tirándole un ajo. Sobra decir que este ataque apenas tuvo más efecto que el de enfadar más al de cabello azabache, no era de su gusto recibir alimentos en su cabeza.
—Y-Yo… Usted… —evidentemente las capacidades lingüísticas de Eren no estaban en su momento álgido—. No se acerque, tengo una cubertería de plata, y no dudaré en usarla.
Levi miró escéptico al adolescente delante de él. Todo estaba mal en este escenario.
Eren debería estar muerto, y él debería estar tirando su cadáver en algún callejón para que pareciera una lamentable víctima de un atraco. Pero en su lugar, estaba en su casa, observando impasible como el muchacho al que casi mataba hace unos minutos se levantaba dispuesto a lanzarle toda la cocina a la cara. Y por supuesto, un castaño vivo significaba un castaño que recordaba todo lo que había sucedido; no lo iba a recibir con un "Hey, una pasada lo de antes, ¿eh? ¿Lo repetimos y me matas ya?".
Habría sido demasiado conveniente que se le hubiese olvidado la última hora anterior al completo.
El Ackerman se auto-insultó por su comportamiento contraproducente. ¿Qué habría pasado si Eren se hubiese despertado después de que él mismo se hubiese ido? En realidad, era una suerte que las cosas sucediesen de este modo. Ante él se abría la posibilidad de tratar de dar una explicación lógica para librarse de su error. Solo tenía que convencer al niño que tenía delante de que todo era producto de su imaginación. Su cara estoica jugaba a su favor esta vez, porque por mucho que mintiera ningún gesto le traicionaría.
—¿Aún sigues con eso, Jaeger? —soltó, el de ojos esmeralda le miraba expectante—. Realmente deberías descansar.
El castaño titubeó un segundo, meditando las palabras del mayor y buscando alguna manera en la que están fueran lógicas teniendo en cuenta lo que sus memorias le proporcionaban. No veía delante de él al hombre que antes le había atacado, con unos colmillos prominentes y unos ojos capaces de paralizar hasta el más fuerte, ciertamente. Veía a un hombre más bajo que él, de porte imponente y claramente molesto con su persona —no sabía si por lanzarle un ajo a la cara o por otra razón—, no precisamente a un ser de la noche. ¿Pero no era esa la manera en la que un vampiro asegura a su víctima? Engañándola, haciéndola dudar de su salud mental… Él no caería en esos juegos.
—No sé lo que pretende, pero sepa que no caeré ante sus mentiras —expresó el adolescente, seguro de sí mismo.
El más adulto se llevó las manos al puente de la nariz, preguntándose internamente como había sido tan estúpido como para cometer tantos fallos en un solo día. Había revelado su identidad, no había matado a su víctima y ahora se encontraba en una situación patética como poco. ¿Acaso tenía dos años?
—Mira, mocoso de mierda, no tengo tiempo para esto, soy tu profesor, no tu maldita niñera —sentenció, el castaño elevó una ceja en señal de incomprensión, pero su postura no se relajó un ápice—. Si quieres pensar que soy un puto vampiro me parece perfecto, pero no me jodas. Era una puta broma.
Esta vez fue el turno de Eren para que su mirada tomara cierto matiz escéptico. ¿El profesor Ackerman gastando una broma? ¿Gastándole una broma a él? Eso sí que era increíble.
—¿Una broma? —su mirada recelosa se clavó en los ojos plomo—. No parece usted el tipo de persona que gasta bromas, profesor.
Ah, bueno, eso era cierto. Levi no gastaba bromas, él no hacía esas putas mierdas. ¿Pero qué más podía hacer? Estaba la posibilidad de matar al niño ahí mismo, por supuesto; pero eso le daría muchos más problemas a la larga, además, aún había algo que no entendía del todo en la constitución del adolescente. Para ser exactos, no llegaba a comprender cómo era físicamente posible que el castaño se hubiese recuperado tan rápidamente de algo, que, a priori, podría haber supuesto su muerte. Era algo excepcional, y al de cabello azabache no le gustaba desconocer las cosas. Necesitaba respuestas, y para ello necesitaba al crío vivo.
—Mira, joder, me estaba pasando contigo, ¿vale? —inquirió el más bajo—. Pixis me dijo que estaba excediendo un poco los regímenes de autoridad que seguía el centro normalmente, así que pensé que podría relajar un poco el ambiente con una puta broma.
—Ajá.
Levi fulminó a Eren con su mirada, y el castaño se sintió pequeño ante esos orbes plata que le atravesaban por completo. Quizás, y solo quizás, debería callarse hasta que el de cabello azabache acabase lo que sea que estuviese diciendo.
—Me habías dicho que te gustaban los vampiros, así que no me rompí más la puta cabeza —indicó Levi—. Pensé que hasta tu diminuto cerebro entendería que no iba en serio, pero te pusiste a balbucear cosas incongruentes y gritar como una niña. Para colmo, cuando traté de acercarme para saber qué coño te pasaba te puto desmayaste. ¿Sabes el susto que me diste? Si se llegara a esparcir el rumor de que te habías muerto por mi culpa tendría que vérmelas con Pixis, mocoso.
Eren trató de ignorar —aunque no era fácil—, el hecho de que a su profesor le preocupaba más que de haber muerto bajo su tutela le expulsaran que su propio fallecimiento. Gran profesor, mejor persona. Pero, más allá de ese sorprendente desprecio hacía la vida de sus alumnos, el castaño tenía que admitir que la historia del profesor era un poco más verosímil que la suya, en la que un docente se convertía en vampiro de la nada para comerle siguiendo los pasos indicados por un libro que presumiblemente habría sido escrito basándose en su persona, o algo así.
Sin duda, el hecho de que no haber comido consistentemente estos días le hubiese jugado una mala pasada era bastante más probable.
—Entonces, ¿Insinúa que todo es producto de mi imaginación y usted no es un vampiro?
—Te lo acabo de decir, joder. ¿Si yo fuera un puto vampiro crees que estaría aquí aguantando tu mierda en lugar de matarte? Hazte una analítica y cómete un desayuno decente porque créeme, no es agradable que nadie te lance ajos a la cara, y no sé si otra persona se lo tomaría tan a la ligera como yo he hecho.
Eren fue consciente de lo que había sucedido; si el profesor realmente fuese un vampiro, él estaría más que muerto. Había perdido la cuenta de cuantas veces había sido fulminado por parte de esos orbes platas, pero estaba seguro de que si las miradas mataran, el estaría muy enterrado bajo tierra. Si el profesor Ackerman realmente tuviese la capacidad de la que disfrutan los seres de la noche para matar tan fácilmente, prácticamente sin ser descubiertos, él estaría muy muy muy muerto.
Pero estaba vivo —y mayoritariamente ileso—, lo que demostraba que el más bajo no era un vampiro. No lo era, pero Eren lo había tratado como tal. Le había lanzado un ajo a la cara y le había amenazado con una cubertería de plata inexistente, por cierto. Aparentemente, esos desplantes habían sido su forma de pagarle al azabache el hecho de que se tomara la molestia de llevarle a su casa después de perder el conocimiento en una clase. Los colores se le subieron a la cara a medida que tomaba consciencia de hasta donde había llegado su obsesión por los vampiros, y los efectos de esta. Su educación se había ido por la cadena del váter en algún punto de su vida, y ahora lo veía claramente. ¿Pero qué podía hacer para remediarlo? No podía volver atrás en el tiempo para evitar que todo esto sucediese, por mucho que la idea sonase tentadora. Y una única solución afloró en su mente.
—Ugh… Yo siento mucho que haya tenido que pasar por todo esto, no fue mi intención ofenderle ni mucho menos, últimamente he leído mucho antes de irme a dormir, ya sabe… —comenzó Eren, sus manos le sudaban y temía que de un momento fuese a inundar su piso de sudor—. Si quiere puede quedarse a cenar, no soy especialmente bueno para la cocina, pero Mikasa me ha enseñado algunos platos medianamente decentes, y… ¿Podría tomárselo como una disculpa por mi parte?
Levi valoró la idea. Quedarse a cenar no le aportaría absolutamente nada excepto que tuviese como objetivo inspeccionar la casa, pero dudaba que el hábitat de un adolescente hormonado que era tan fácilmente engatusado fuese a proporcionarle algo de utilidad; y a él no le gustaba desperdiciar su tiempo, menos ahora que tenía algo interesante en qué invertirlo.
—Quiero dejarte una cosa clara, Jaeger. Yo soy tu profesor, no soy tu amigo, ni tu colega, tampoco tu niñera o un psicólogo gratuito, no te confundas. No me he tomado la molestia de traerte hasta tu casa porque me importes especialmente, lo he hecho porque no me gustaría tener que explicar mañana porque había un niño medio-muerto en la clase, y sabía donde vivías. Me parece fenomenal que te hagas la cena y empieces a comer decentemente, pero si quieres compañía llama a tu pseudo-novia-hermana o al niño-seta. No a mí. Dicho esto, agradezco la invitación, pero me veo obligado a declinarla. No sería ético por mi parte cenar con un alumno.
Eren se quedó con la boca abierta, valorando lo dicho hasta ahora por el profesor. No sabía si tenía que atender a su última excusa profesional sobre lo que es decente o no entre un alumno y un profesor; o fijarse más bien en la serie de descalificaciones hacia su persona —y amigos, ¿tenía que entender que el "niño-seta" era Armin? Pobre chico, el peinado no era para tanto—. Su expresión incrédula se mantuvo incluso cuando Levi se agachó a recoger el ajo —¡el dichoso ajo!— para posicionarlo sobre la mesa, despidiéndose con un movimiento de cabeza poco antes de cerrar la puerta.
Solo cuando el azabache estuvo fuera de su vista, Eren se permitió relajarse sobre el sofá. Entendía que todo aquello podía ser —y desde su nuevo punto de vista, había sido— producto de su imaginación, pero los recuerdos eran tan vívidos y claros que no podía dejar de pensar en ellos. Quizás debería hacerle caso al profesor y llamar a Mikasa o Armin para despejarse un poco, definitivamente sería mejor llamar al rubio, porque la Ackerman le haría todo un interrogatorio sobre lo sucedido por la tarde que el castaño no estaba seguro de poder enfrentar.
Mientras tanto, Levi había llegado a su coche y había entrado en él, pero no lo había puesto en marcha. En su lugar, había tomado el teléfono de su bolsillo, buscando sin demasiada prisa el número del peluquín rubio; de algún modo se había visto obligado a guardar el contacto del cejotas, pero ahora agradecía haberlo hecho. Al segundo tono, pudo oír la voz del susodicho al otro lado de la línea.
—Dime que no has matado a todo el instituto, Levi.
Bueno, las llamadas de Levi eran lo suficientemente escasas como para alarmarse cuando una tenía lugar.
—No.
—¿Te has cargado al director? Vaya, Levi, no sabía que los viejos…
—Tampoco, cejotas de mierda, y cállate. ¿La cuatro ojos nos dejó su dirección antes de largarse con el sub-ser ése?
—Claro que lo hizo, ¿no recuerdas todas sus postales de navidad pidiendo que vayamos a visitarla?
—Pues está de puta enhorabuena.
N.A. (2): Como ya he dicho, espero vuestras opiniones para saber que hacer con esta historia. :(
Por si surge la duda, estoy al tanto de que en el folclore gitano y eslavo a un mezcla de humano-vampiro se le llamo Dhampiro, pero ya que en este caso sus características no se corresponderían con las que yo busco en esta historia he decido adoptar otro término. Por último, no me gusta mucho la idea de hacer al protagonista el nuevo mesías del mundo que tiene poder sobre todas las cosas, así que la "unicidad" de Eren en esta historia tratará de regirse a la "unicidad" del personaje en la historia de SnK original.
¡Muchas gracias por leer!
