Juntos
Poder…
La rubia tenía los ojos abiertos pero no mostraba algún signo de mejora. Reaccionaba ante los estímulos de los doctores, pero no hablaba y mucho menos se movía. El doctor que la atendía decía que era normal, después de todo la bala estuvo a punto de dañar el cerebro. A su vez advirtió que dicho evento podía traer secuelas como ceguera leve, nada que una buena operación no pudiera arreglar y falta de memoria. Después de unas cuantas semanas, Sam fue trasladada a su habitación. Aun no había dicho palabra alguna, pero al menos sonreía y estaba atenta cuando le hablaban.
-… entonces el estúpido de mi jefe me exigió una cita, ¿Puedes creerlo? Él sabe que soy una mujer casada –Sam se reía mientras escribía en un papel su respuesta.
-Eres la única que cree que el mundo es color de rosa, amiga –la rubia le tendió el papel y espero ver la reacción de su amiga.
-Yo sé que no Sam –se quejó la morena rodando los ojos. -¿Y bien? ¿Cuándo te dignaras a hablarnos amiga?
Sam dejo de sonreír y se dispuso a escribir de nuevo. Carly tomó el papel y lo leyó dibujando una sonrisa en su rostro.
-No sé cómo hacer, tengo miedo de no poder. Ya lo he intentado y los resultados han sido malos, ¿y sí no puedo hablar de nuevo? Tengo miedo.
-Claro que lo lograrás amiga, eres Sam Puckett. No tienes que temer –la rubia sonrió por mera cortesía. No por ser quien era se le negaba el miedo.
La puerta se abrió de golpe alarmando a las dos mujeres, pero no había nada de qué preocuparse. Sam le sonrió a los dos hombres más importantes de su vida, Noah que era luz de sus ojos y al hombre que amaba en secreto.
-Tía, Sam… -gritó Noah emocionado. –Te lo dije papá, está despierta…
-Claro que sí, ve a saludarla –dijo Freddie con una sonrisa en sus labios mientras tomaba asiento en una de las butacas de la habitación.
-Está lleno de energía, ¿no? –dijo Carly sentándose a su lado para luego apoyar su cabeza en su hombro.
-Ni te imaginas, pero ese niño es mi mundo. No sé que hubiera hecho si lo pierdo… -su voz se redujo a susurró leve.
-Ni lo digas… -dijo Carly abrazándolo.
Los dos observaban fijamente como Noah le relataba a Sam su día y esta lo miraba maravillada.
-… entonces Derek golpeó mi frente y Caroline le pegó fuerte… así –el niño representó el golpe de forma graciosa haciendo reír a Sam. –No me gusta Caroline, es ruda y cruel.
-¿Te trata mal? –el niño leyó tan rápido como podía hacerlo alguien de su edad.
-Sí, ella malvada –Noah se cruza de brazos y frunce el ceño. –Dice que soy un ñoño…
Sam sonríe y cierra sus ojos al recordar su pasado, todo era tan familiar que no pudo evitar escribir las siguientes palabras.
-En ocasiones eso puede significar cariño. Hablando de cariño, abrázame… -Noah se sonrojo al leerlo y la abrazo.
-Te extraño, quiero jugar contigo en el parque como antes –Freddie escuchaba a su hijo y sonreía.
Desde que Noah nació había sentido una afinidad hacia la rubia y ella por él. Su comportamiento con ella era muy diferente al que demostraba con su madre y eso era extraño o al menos eso pensaba.
Con el pasar de los días, la rubia fue dada de alta y ahora esperaba a Freddie en su carro junto a Noah, ella tenía hambre y lo había hecho detenerse para comprar burritos. Con el pasar de los años, lo único que había cambiado en ella era la forma de vestir, de resto seguía siendo la misma chica capaz de dejar inconsciente a cualquier persona y la misma que podía comer cantidades de comida sin engordar.
Sam sonrió emocionada al verlo salir del restaurant, estaba muerta de hambre y por lo visto no era la única ya que Freddie había comenzado a comer su burrito.
-Papi, al fin llegas –gritó el niño emocionado.
La rubia por su parte solo se limitó a recibir su comida y comenzar a comerla. Estaba tan deliciosa que un suave gemido escapó de sus labios, casi inmediatamente dejo de comer y abrió los ojos sorprendida. Se giró lentamente solo para ver a su amigo en el mismo estado, sus ojos estaban abiertos desmesuradamente y en sus labios había una gran sonrisa.
-Sam... –gritó lleno de emoción. –Puedes… inténtalo, emitiste sonidos… Esto es genial –decía Freddie muy emocionado.
-¿Tía puede hablar? –preguntó Noah con inocencia.
-Eso intenta, hijo, ayudemos a tu tía a hablar… -Freddie levantó las cejas de forma sugerente y su hijo lo entendió.
Freddie se lanzó, literalmente, sobre el cuerpo de Sam al igual que Noah. Le hacían cosquillas y eso era lo que más odiaba la rubia. Al principio solo sentían los espasmos y temblores de Sam, pero luego su risa comenzó a oírse un poco, algo bajo pero era un progreso.
-Basta… -dijo algo ronca, después de todo ella no había hablado en meses.
-Noah, ve al asiento de atrás, vamos a casa –dijo Freddie entre risas.
Freddie emprendió el camino de vuelta a casa, al menos vivían en el mismo edificio y no tenía que desviarse tanto. Imágenes del día de su boda llegaron a su mente haciendo que borrara su sonrisa, aunque no amaba a su esposa la quería mucho y sabía que a su hijo le hacía falta. Suspiró cuando recordó las primeras imágenes que percibió al momento de recobrar la consciencia.
Su esposa estaba bañada en sangre y no respiraba, su hijo estaba herido y temblaba, pero lo más impactante era él fue verla bañada en su propia sangre y abrazando a su hijo, protegiéndolo. Él no supo en qué momento se había detenido, si Sam no llama su atención con su toque seguiría recordando ese día.
-Disculpa, estaba recordando algo… -se limitó a responder mientras estacionaba el carro.
Los tres subieron al piso 18 donde Sam vivía sola, aunque la mayor parte del tiempo se la pasaba en casa de su hermana gemela que vivía a pocas cuadras de allí. Noah estaba emocionado y parloteaba a gritos sobre lo grandioso que iban a ser sus días con ella en el edificio.
Cuando llegaron al apartamento 18-D y Sam abrió sus puertas no pudo evitar suspirar con tristeza, ya nos los vería tan seguido.
-Vendremos todos los días a visitarte, no te libraras de nosotros fácilmente… -dijo Freddie dejando las maletas en la habitación de Sam. –No te llevó a mi apartamento porque no está apto para vivir siquiera.
-¿Dónde están viviendo? –susurró Sam frunciendo el ceño, su garganta dolía.
-Noah se queda con Carly y yo duermo en el sofá mientras consigo contratos con mi empresa… -susurró abatido, Sam se mordió el labio y sopeso por unos segundos la idea que rondaba en su cabeza. -¿Qué? Dímelo, Puckett, sé que tienes algo en tu cabeza y no descansaré hasta que lo sueltes así tenga que recurrir a medidas nada agradables.
Sam levantó las cejas sorprendida para luego negar con la cabeza, él era definitivamente único.
-Puedes quedarte aquí… -susurró sintiendo como el calor subía a sus mejillas.
Freddie lo medito por unos segundos, estaría más que feliz de aceptar su propuesta solo para tenerla cerca, aunque sea como amiga. Pero, debía analizar los pros y los contras, no podía darle tantas responsabilidades a la rubia, no se lo merecía después de todo el daño que él le había hecho porque el día de su boda lo había considerado su culpa.
-¿Sí o no? No pienses solo dímelo… superaremos todo juntos, eres mi amigo y quiero ayudarte –esa era, en definitiva, las palabras más largas y dolorosas que había dicho la rubia, pero era verdad. Lo ayudaría en todo con tal de verlo feliz.
-Está bien… juntos –dijo antes de abrazarla.
"Es corto, lo sé, pero trataré de publicarles más rápido los caps. Mi amigucha está mejor y ahora podemos escribir con más frecuencia. Besos y gracias por sus Review.
