Juntos
Nuevo comienzo
Sam dormía plácidamente en su habitación, no se escuchaba un solo ruido en todo el apartamento solamente el cantar de los pájaros. De pronto, el insistente repicar de la alarma despertó a la rubia, odiaba ese aparato pero debía ir a trabajar. Se duchó y vistió para luego preparar el desayuno, hoy le tocaba a ella por eso se había despertado más temprano de lo normal.
Comenzó a buscar los ingredientes para el desayuno, pero se detuvo a observar al hombre que robaba su aliento, la que hoy por hoy la mantenía con vida. Freddie se había quedado dormido en el escritorio que estaba en la sala, ella estaba segura que su cuerpo le dolería horrores al despertar. La rubia miró su reloj y suspiro "Faltan dos horas para ir a trabajar, puedes hacer esto Sam" dijo una vocecilla en su cabeza. Se atrevió a despertarlo, un gemido de su parte comprobó lo que tanto temía.
-Hoy es tu día libre, Benson… vamos a la cama –susurró Sam con una sonrisa en los labios.
-No… tengo que terminar el informe, Marshall me matara si no lo entrego… -el castaño balbuceaba aun dormido.
-Yo mataré a Marshall si te mata, soy su jefe y obviamente el tuyo, así que te ordeno que vayas a dormir. Yo me encargaré de Noah –Sam lo guiaba hacia su dormitorio, ya habían pasado tres meses desde que ellos se mudaron a su apartamento y habían decidido que Noah se quedaba en la habitación mientras él dormía en la sala. –Veamos, primero la camisa y luego los pantalones –susurraba la rubia haciendo lo propio. Ella tenía que morderse los labios para controlar el impulso de tocar su pecho.
-Gracias… Sammy –murmuró el castaño logrando ruborizarla, él no tenía ni idea de lo que provocaba en ella.
-Tus medias y listo… -lo cubrió con su edredón antes de correr y despertar a Noah. –Buenos días, príncipe, es hora de despertar.
-Ya estoy despierto –lo escuchó susurrar, algo en su tono de voz le preocupaba y mucho, se escuchaba triste.
-¿Pasa algo, mi niño?
-Extraño a mi mamá, ¿Crees que ella me extrañe? –su voz se quebró un poco, Sam sintió su corazón estrujarse de dolor.
-Pues, yo creo que sí. Aunque ya no esté con nosotros sé que tu mami te adora y aun está aquí. Es más, ella está aquí en esta habitación justo ahora –el niño la miró con confusión. –Cierra tus ojitos y piensa en ella.
-Pero no está aquí… -protesto Noah molesto.
-Su cuerpo no estará, pero si su alma. Ella te quiso desde el momento que te descubrió, eras tan pequeñito, pero aun así te amo. ¿Quién dice que en este momento ella no está aquí? Si la recuerdas y la tienes siempre presente estará junto a ti hasta el final.
La rubia sonrió cuando se percato de la sonrisa del niño. Lo amaba y no se arrepentía de nada, mucho menos de tenerlo allí a ambos.
-Ahora a levantarse tenemos que ir a clases…
Cinco horas después, Freddie abrió los ojos sintiéndose renovado. Ya ni recordaba la última vez que se sintió de esa forma en lo que quedaba de mes. Su jefe era despiadado con él, lo había amenazado repetidas veces en despedirlo y ahora…
-Mierda me quede dormido… -se levantó rápidamente de la cama y buscó su teléfono. Tenía al menos 10 llamadas perdidas de la oficina. –No, no, no… contesta Marshall, por favor. Sí, ¡Hola!... lo sé, es que… bueno, estaré allá en una hora.
Cuando colgó la llamada gimió de frustración, ¿Cómo pudo quedarse dormido? "Las 2 de la tarde" Nunca había dormido tanto en su vida desde que comenzó a trabajar, su amiga lo iba a matar. Se duchó y arregló lo más rápido que pudo. Buscó las llaves del apartamento y salió en busca del elevador. Ni se molesto en saludar al portero, que era muy agradable por cierto, y buscó un taxi.
Veinte minutos después estaba en su oficina, su secretaria le había informado que Marshall lo esperaba en la oficina del dueño, la máxima autoridad. Se acercó lentamente con una mueca de fastidio en el rostro y tocó la puerta.
-Adelante… -escuchó la voz de una mujer.
-Oh, mire el chico decidió aparecer –comentó con sorna su jefe.
-Tomé asiento, Sr. Benson –pudo detectar algo de ¿diversión? en esa orden. –Me ha dicho el Sr. Marshall que usted ha faltado está mañana y sin justificación alguna, eso es una falta muy grave.
La sonrisa de Marshall abarco todo su rostro, había ganado.
-Pero, debo admitir Sr. Marshall que él tiene justificación lastimosamente no llegó a sus oídos –dijo Sam con una sonrisa en los labios, Freddie frunció el ceño trato de descifrar el significado oculto de esas sonrisa.
-¿Quién fue el estúpido que lo justifico y no me aviso?
-Oh… me temo John que ese estúpido soy yo. Decidí darle unas horas de descanso, ¿Hay problema con eso? –la voz de Sam dejó de ser amable.
-No… yo… lo siento –dijo antes de retirarse.
-¿Almorzaste? –preguntó la rubia sin apartar su mirada de la computadora.
-No…
-Bien, muero de hambre y a dos cuadras de aquí hay un restaurant que sirven unas costillas de muerte…
-¿Eso es una cita? –preguntó Freddie arqueando una ceja coquetamente.
-Tómalo como quieras, Benson. Yo que tú me trago las palabras y me apresuro antes de que mi humor cambie –Freddie comenzó a reír con más ganas antes de responderle.
-Vamos, princesa Puckett, yo también muero de hambre.
Durante el almuerzo hablaron de muchas cosas, pero más que nada de Noah. Sam le dijo lo que había pasado esa mañana y de cómo lo había abordado, ese niño era muy especial para ella y lo quería como si fuera suyo.
-Espera un segundo –la rubia tomó su celular y marco un numero. –Ely, si soy yo… perfecto. Te llamaba para informarte que no iré el resto de la tarde y el Sr. Benson tampoco… sí, avísale.
-¿Qué pretendes, Puckett? –preguntó el castaño sonriente.
-Descansar, Benson. Esto es como la escuela con la diferencia que, si me da la gana, falto a trabajar.
-Se, se… tu eres tu jefe –la imitó de forma graciosa.
-Vamos a casa, Carly buscara a Noah hoy quiere llevarlo al parque de diversiones…
El camino de regreso fue tranquilo, el silencio que los rodeaba no era incomodo, todo lo contrario. Ella estaba apoyada en el vidrio viendo las gotas de lluvia caer con una sonrisa en el rostro, su mente había dado una visita al pasado, donde todo comenzó. Sin proponérselo comenzó a reír, recuerdos de sus peleas e insultos llegaron a su mente, era inevitable no hacerlo.
Él deseaba saber que era tan gracioso, sin embargo, respetaba el silencio de su amiga. Ya en el apartamento, la rubia buscaba algo cómodo para luego dejarse caer en la suave cama. Su corazón se acelero y se prometió mentalmente no lavarlas, su olor estaba impregnado en las sabanas y en su edredón. Sus pensamientos viajaron al momento exacto donde cometió el error más grande de su vida.
Sus besos la enloquecían, era tan bueno en lo que hacía. ¿Quién podría saber que el ñoño era bueno besando? Pero no debía salirse de su norte, ellos no eran nada solo enemigos que se gustaban y posiblemente se amaban, al menos ella lo hacía. Se separó bruscamente de él y lo miró a los ojos, la ira se apodero de su cuerpo al no encontrar lo que buscaba.
-No tiremos por la borda nuestra amistad, Fredward, no estamos destinados a estar juntos –dijo la rubia antes de desaparecer dejando al chico confundido.
Pasaron aproximadamente dos meses cuando él volvió con una novia, en ese momento su corazón se rompió en mil pedazos, pero tenía que ser fuerte ella lo había llevado a eso. La rubia cerró sus ojos y suspiro.
-Una tonta… no, una imbécil por cometer tal brutalidad –susurró cubriendo su rostro con sus manos.
-No lo eres, nada de lo que has hecho te convierte en una tonta o una imbécil –su cuerpo se tensó al escuchar su voz.
-No te imaginas lo equivocado que estás –susurró la rubia aun con los ojos cerrados.
La cama se hundió un poco cuando Freddie se acostó a su lado, Sam abrió los ojos y se encontró con la mirada que tanto le gustaba. Sus ojos expresaban tantas cosas, pero ella había aprendido a leerlos, eso le permitía saber qué hacer cuando estaba triste o molesto.
-¿En qué piensas? –Susurró Freddie apartando algunos mechones del rostro de la rubia.
-En todo lo que ha pasado –su voz no salió tan segura como ella deseaba.
-Gracias… -susurró el castaño logrando confundirla.
-¿Por qué? –Sam estaba sentada sobre sus piernas, una posición incómoda para muchos pero para ella no.
-Por todo lo que haces. Por cuidar de Noah aunque no sea tu hijo lo quieres como tal… por ayudarme a salir a adelante. –Freddie estaba tan cerca de sus labios que podía sentir la tibieza de su aliento haciendo que la ansiedad aumente en ambos.
Sam cerró los ojos al sentir sus labios en su frente, estuvo tan cerca que casi podía gritar. El rodeo la cintura con sus brazos, cerró los ojos mientras inhalaba el olor a Fresas de su cabello. Se había acobardado, tenía miedo de ser rechazado por ella de nuevo.
-Siempre estaré contigo apoyándote, Freddie. Juntos superaremos todo… este es nuestro nuevo comienzo. –susurró Sam disfrutando de su calor antes de caer en un profundo sueño.
