Bueno, después de mucho tiempo publico este capitulo. Espero sea de su agrado ^_^ besitos

Juntos
Capitulo 5
¿Y ahora qué?

Sam estaba sentada en su escritorio repitiendo una y otra vez lo sucedido horas atrás, todo parecía un sueño para ella. Una sonrisa apareció en su rostro tocando sus labios, todavía podía sentir sus labios carnosos sobre los suyos, el calor de su cuerpo, sus jadeos y wow… Si Sam Puckett estaba en ese estado solo por un beso no se quería imaginar lo demás. Aunque todo lo que sucedió no paso de un simple beso, ella podía sentir el anhelo en Freddie y entonces todo le parecía confuso ahora.

La rubia siempre supo que Freddie no estaba enamorado de su esposa, pero tampoco sabía de quien si estaba. Dedujo varias veces que se trataba de Carly, total, ella era una mujer muy hermosa y talentosa. En cambio, ella todo un desastre, ¿Por qué fijarse en ella? Total, solo era una simple empresaria que obtuvo un negocio al azar. Nadie creyó en ella como lo hicieron sus amigos, sobre todo él, siempre apoyándola en todo; todo eso después de aclarar muchos malos entendidos construidos por ella misma, claro está.

-Uff, Sam, ¿Cuándo volvimos a esto? –se preguntó en voz alta, estaba molesta por sus inseguridades.

-¿Volver a qué, amiga? –Sam abrió los ojos y dibujo una sonrisa para saludar a su amiga Carly. –Déjame adivinar, no has hecho nada…

-Nope, pero no importa. Tú por lo visto no has trabajado nada, la junta con el Señor Gibson te ha afectado –susurró la rubia dejando escapar una risita.

-A ver, deja de cambiar el tema y cuéntame. ¿Qué paso? –dijo la morena sentándose en una de las sillas más cercanas a su escritorio mientras Sam enarcaba una ceja con sorpresa. –Sé que no me has dicho nada, pero se te nota muchísimo que algo te atormenta –explicó encogiéndose de hombros.

Sam suspiró encogiéndose en su asiento, confiaba mucho en su amiga y no tenía problema alguno en contarle, pero debía admitir que era difícil. ¿La regañaría? ¿Estaba cometiendo un error? ¿Por qué rayos tenía que ser tan difícil? Se preguntaba una y otra vez con la mirada perdida. A esas alturas, Carly estaba preocupada porque nunca la había visto tan preocupada y asustada.

-Me desperté en la madrugada y vi a Freddie trabajar, ya sabes que es un maniático perfeccionista –la morena comenzó a reír con ese comentario, pero tenía razón. –Le dije que tenía que dormir y no me hizo caso, entonces le pegue… normal en mi –Sam se encogió de hombros dibujando una sonrisa-, entonces comenzó a hacerme cosquillas… Uff, Carly, no sé en qué momento todo cambio y solo podía sentir sus labios, me beso y yo no lo alejé –gruñó con desesperación.

-Entonces, ¿Freddie te beso? –chilló ahogadamente.

-Sí y estuvo tan mal, me siento tan culpable porque yo no lo detuve… sé que está pasando por un momento difícil y yo no hice más que aprovecharme de él –comenzó a explicar la rubia ante el asombro de Carly. –No sabes cuánto desee un beso, solo uno y casi amanecimos en ese plan –Sam cubrió su rostro y empezó a lloriquear desesperada. –Jodí nuestra amistad, ¿Y ahora qué?

Carly estaba sorprendida de las conclusiones absurdas que había sacado su amiga, por amor al cielo ella estaba tan equivocada y no se iba a quedar cruzada de brazos para ver a sus dos mejores amigos cometer el segundo peor error de sus vidas. Ella fue testigo del amor en ambos, pero Sam con sus inseguridades y Freddie con su orgullo lo habían jodido todo, literalmente.

-¿Cómo me preguntas eso? Lucha por él. Por Dios, Sam, tienes tantos años enamorada de Freddie y el miedo te ha cegado –la rubia tenía los ojos abiertos desmesuradamente por la sorpresa y luego bajo la mirada. Carly tuvo la impresión que ella estaba aguantando las ganas de llorar. –Cometiste un error cuando le dijiste a Freddie que arruinarían su amistad en eso, ahora tienes una segunda oportunidad y quieres hacer lo mismo que en el pasado… por Dios, Sam, lo amas.

Sam comenzó a sollozar mientras se dejaba caer en la mesa, la morena sabía que eso no sería fácil, que los miedos de su amiga eran muchos, pero también sabía que sería fácil de trabajar.

-Vamos, amiga, lucha por eso que sientes. Nunca los había visto tan feliz en mi vida que en estos meses viviendo juntos. Freddie está feliz y Noah ni hablar, ese niño te ama –le susurró tomando sus manos entre las suyas. – ¿Sabes por qué Freddie se caso con Karen? –Carly suspiro de alivio cuando su amiga negó con la cabeza, sus ojos estaban rojos y sus mejillas sonrojadas. –No me corresponde a mi decírtelo, pregúntale a Freddie cuando estés lista y espero que está vez los dos hagan lo correcto.

La puerta se abrió de golpe, era Freddie que traía un montón de papeles y estaba hablando por teléfono, pero cuando vio el estado en que se encontraba Sam, prácticamente, tiro todo al piso. Se acercó rápidamente sin importarle la presencia de su amiga y se arrodilló junto a ella acunando su rostro en sus manos. Carly sonrió y gesticulo "Hazlo" sin sonidos antes de retirarse.

-¿Qué sucede, Princesa? ¿Sabes que puedes contar conmigo, decirme lo que sea? –la rubia asintió disminuyendo considerablemente sus sollozos. –Bien, te escuchó…

-Tengo miedo… -susurró desviando su mirada. Era cierto, tenía tanto miedo que estaba a punto de arruinar todo según Carly.

-¿Miedo? ¿Por qué, Sam? –preguntó temeroso.

-¿Es que no ves lo que estoy haciendo? Tu aun debes estar mal por la muerte de Karen y yo permití que me besaras… te correspondí… yo no quiero confundirte, tampoco quiero… -Freddie la hizo callar uniendo sus labios, al principio Sam se resistió tratando de separarse, pero él aplicaba más fuerza en su agarre.

-Solo dime que sientes… -susurró Freddie mirándola fijamente a sus ojos.

-No… puedo… por favor no me obligues –respondió y él bajo su mirada triste antes de desaparecer de la oficina.

Sam comenzó a sentir ansiedad, mucha ansiedad. Su cuerpo temblaba y una voz interna gritaba que esto estaba mal, que dejara a un lado sus miedos y se arriesgara, y eso era lo que iba a hacer. La rubia corrió hacia la oficina de Freddie donde él estaba recogiendo sus cosas.

-¿Qué estás haciendo? –gritó Sam sorprendida.

-Me voy… no puedo estar aquí. No te preocupes yo he reunido algo de dinero y me mudaré con mi hijo a otro lugar –su voz era desesperada y dolida, pero él no quería presionarla, ya no más.

-Marshall, desaparece por un segundo…

-Pero, Sam…

-Que te largues –gritó llamando atención de todos, incluyendo a Freddie que la miraba sorprendido. Marshall hizo lo que ella le había exigido y cerró la puerta en el proceso dejándolos completamente solos.

-¿Qué quieres, Sam? No te volveré a molestar con esto, sé que me equivoque y…

-Cállate y escúchame… -gritó molesta y eso era algo que podía beneficiarle, molesta se atrevía a más. –No puedo creer que te vayas solo por una mujer y que me dejes por temor a verme, esto era lo que me temía. Eres un maldito cobarde que no se atreve a enfrentar sus temores.

-No, tu cállate… ¿acaso sabes lo que me pasa? ¿Lo mucho que me costó la primera vez para escuchar otro por segunda vez? Déjame, Sam, si soy un cobarde lo admito… no como tu –susurró mirándola a los ojos con rabia.

-Bien, haz lo que te dé la gana, Fredward Benson –se giró caminando hacia la puerta, pero se detuvo para encararlo de nuevo. –Sí, maldita sea, siento algo por ti… siempre lo he sentido. Te amo y no puedo evitarlo, ¿Feliz? ¿Y ahora qué? ¿Me dirás que lo sientes y que nunca fue tu intensión que esto pasara? Pues no quiero, así que mejor olvida lo que te dije –susurró con tristeza dibujando una sonrisa triste en sus labios.

Freddie acortó la distancia tan rápido que no lo vio venir. Lentamente la arrinconó en la pared sin apartar los ojos de los suyos, él siempre amo ese color azul cielo. Sam jadeaba sorprendida, esperó todo menos esa reacción del castaño, su mirada traspasaba los límites de su cordura. Si Freddie no hablaba ella se volvería loca.

-No te imaginas lo mucho que deseaba escuchar esas palabras, Samantha –su estomago se estremeció al escuchar esas palabras. –Te amo desde hace tanto… por favor, paremos esta lucha estúpida… quiero darle una segunda oportunidad a mis sentimientos y a los tuyos. Por favor, Sam, no tengas miedo… yo no te haré daño.

La rubia escuchaba fascinada sus palabras mientras gruesas lagrimas rodaban por su rostro y por primera vez se permitió olvidarse de su estúpido temor. Ella asintió como respuesta tardía y se apartó de él sorprendiéndolo, sus manos temblaban y su corazón latía rápidamente.

-¿Sam? –preguntó con nerviosismo.

Ella se giró y dibujo una sonrisa en sus labios que le quitó el aliento antes de unir sus labios en un beso necesitado. –Está bien… -susurró entre besos. –Ella le daría una oportunidad a eso que sentía