Juntos
Segunda Oportunidad
Cuando Sam llegó a su apartamento quería gritar de felicidad, nunca pensó que su mejor amigo y confidente sentía lo mismo que ella. Ella se sentía sobre una nube, estaba tan contenta que no podía dejar de sonreír. Suspiró antes de comenzar a preparar la cena, pronto llegaría Freddie con Noah y pretendía tener todo listo para sus dos amores.
Mientras cocinaba escuchó su teléfono repicar sin cansancio, era Carly, de seguro estaba preocupada por lo de esa tarde.
-Hola, Carly –dijo la rubia con una sonrisa en el rostro.
-¿Está todo bien? –preguntó su amiga con preocupación.
-Mejor que nunca… -dijo antes de suspirar. –Carly, él me ama… me dijo que me ama –dijo con emoción contenida, aun no lo podía creer, pero se preocupó al no escuchar nada. -¿Amiga?
De pronto la escuchó gritar emocionada y ella no pudo evitar hacerlo también. –Al fin se decidió a decírtelo… -Sam frunció el ceño, pero sin borrar su sonrisa.
-¿Lo sabías y no me lo dijiste? –preguntó Sam sorprendida.
-No es mi asunto, Sam, él nunca dejo de amarte. Por eso me moleste muchísimo cuando me dijo que dejo embarazada a Karen por una simple borrachera, por tratar de olvidarte. Ahora tengo que decirte algo, nunca imaginé tanto conformismo de tu parte. No te vi sufrir y tampoco molestarte por la llegada de ese bebé –dijo Carly curiosa, casi parecía una pregunta.
-Cuando me enteré que Noah venía en camino… solo fingí estar feliz porque él estaba feliz ¿no? –Sam suspiró abatida por los recuerdos. –Carly, yo no podía exigir nada, tenía que apoyarlo en su nueva etapa, tenía que dejarlo ser feliz.
-Tal vez todo esto fuera diferente si tu…
-No quiero que sea de otra forma, ni ahora ni nunca. Amo a Noah tanto como si fuera mi hijo, siento tanta conexión con ese niño que a veces me asusta. Carly, para ser feliz los necesito a ambos en mi vida –susurró la rubia mirando fijamente una foto.
-Bueno, aclara todo con Freddie y no dejen a Noah lejos de todo esto. Él necesita saber la verdad –le recomendó la morena antes de colgar.
Por otro lado, Freddie estaba en el apartamento de su madre donde estaba su hijo. El niño estaba emocionado por volver, no paraba de decir que quería contarle muchas cosas a su tía cuando llegara. Al parecer había tenido un excelente día. Pero, él tenía otra cosa en mente, necesitaba hablar con Noah y contarle toda la verdad.
-Lo traeré mañana, verte más seguido le ha hecho bien –le dijo a Marissa con una sonrisa en los labios.
-Claro que sí, mañana visitaremos el zoológico ¿verdad, Noah? –el niño comenzó a saltar de felicidad ante lo dicho por su abuela. –Hijo, te ves diferente… ¿ocurre algo?
-Nada malo, mamá… -susurró dejándose caer en el sofá. –Estoy feliz y nervioso al mismo tiempo. Hoy hablé con Sam y decidimos darnos una segunda oportunidad… pero no sé como lo tome Noah, él quiere mucho a su madre…
-No te preocupes por Noah, él ama a Sam más de lo que te imaginas y sí, será extraño al principio pero nunca se molestará. Solo tienes que hablar con él –decía ella mientras acariciaba su rostro. –Te mereces una segunda oportunidad, hijo…
Freddie le sonrió antes de levantarse, no podía aguantar las ganas de verla. Sam siempre fue alguien especial en su vida, al principio lo maltrataba, pero poco a poco fue confiando en él y abriendo su corazón. Pero en el camino, él se confundió, pensó que ella estaba enamorada de él y que sería seguro declarársele. Se equivoco, al igual que en muchas cosas.
Sin embargo, por equivocarse tenía el mejor regalo del mundo, su hijo y solo pensaba en una cosa, hacerlo feliz. Noah era un niño muy especial, era inteligente y despierto, tanto que le encantaba hacer travesuras con Sam y ella no media sus actos cuando se trataba de complacerlo. Freddie siempre se preguntó porqué su hijo había compenetrado tanto con su amiga rubia.
La primera noche que los visitó, él estaba tan cansado y trasnochado, pero tenía que ayudar a Karen que aun se encontraba débil. El día del alumbramiento había notado su cáncer y le dijeron que no podían tener más hijos porque podía ser peligroso. Sam tomó a su hijo entre sus brazos y le dijo: "Hola, Noah, soy tu tía… eres un niño precioso, te quiero". Freddie no podía creer lo que escuchaba, ya lo quería y no tenía ni cinco minutos de haberlo conocido.
Con el pasar del tiempo, las primeras palabras de su hijo, los primeros pasos y todo aquello que un padre deseaba ver primero que nadie, fue testigo Sam. Karen no parecía interesada en él, tanto que ni siquiera parecía su madre, entonces descubrió que ella no quería tenerlo, solo lo había hecho por Freddie. Poco a poco, el castaño se fue enamorando de la idea de una familia, más nunca podría amarla a ella porque su corazón le pertenecía a otra persona.
Cuando el castaño se entero que la madre de su hijo estaba a meses de morir, sintió como su mundo se derrumbaba. Aunque no la amaba, la quería y mucho, era su compañera en esos momentos de soledad y su paño de lágrimas al igual que él para ella. Casi nadie sabía que Karen estaba enamorada de otra persona y saberse atenida por un niño le estresaba, sin embargo, Freddie no lo veía de esa manera. El castaño le propuso matrimonio y ella acepto, quería saber que se sentía estar casada y ser querida al menos una vez antes de morir y él se lo prometió.
Trato de hacer que sus últimos días fueran perfectos, la amo de un modo diferente al que ambos querían, pero la amo cada día. La hizo feliz y la complació en cada uno de sus caprichos, la boda era uno de sus más grandes sueños y se cumplió. Pero, todo quedo destruido gracias a esa loca que apareció en la iglesia arruinando todo, ese día casi pierde a dos personas importantes en su vida, su hijo y ella.
-Papi… -Freddie parpadeó un par de veces antes de sonreírle y fijar toda su atención en él.
-¿Qué sucede, campeón? –Noah sonrió y acercándose a su padre.
-¿Te acuerdas de Caroline? –Freddie enarcó una ceja con picardía y asintió. –Ya no nos peleamos, ella me trata mejor… es mi amiga –sonrió el niño con ilusión.
Freddie pensó que tal vez su hijo no estaba enamorado y aun era muy pronto para comprender eso, pero esa niña era importante para él y eso le alegraba. Cuando aparcó en el estacionamiento, Freddie guardo silencio por un rato, tenía que decirle a su hijo lo que sentía.
-Noah, ¿Sabes que amé mucho a tu madre? Aun la amo… -el niño asintió mirándolo a los ojos, aguantando sus lágrimas. –Pero necesito dejarla ir, necesitamos eso hijo. No podemos llorar todo el tiempo y estancarnos aquí…
Noah se acercó hasta su padre y lo abrazó, ahora ambos lloraban, a él le dolía ver a su hijo sufrir y sabía de antemano que lloraba todas las noches, Freddie lo escuchaba.
-La voy a extrañar… -susurró el niño apretando su agarre. -¿Papi?
-Dime, Noah… -murmuró en respuesta.
-La tía Sam te quiere –dijo mirándolo a los ojos.
-Ella… Sam te quiere a ti también –dijo rápidamente.
-Lo sé, pero es diferente –Freddie estaba sorprendido, ¿Cómo un niño podía comprender algo tan complejo?
-Hijo, ¿estás bien con eso? –él asintió y le dijo.
-Yo la quiero mucho… ella es como… como mi mamá –en ese momento Noah comenzó a llorar con todas sus fuerzas. –Yo no quiero que mi mamá se moleste, la quiero tanto y ella me hace sentir bien que… -abandonó sus palabras y se largo a llorar.
Freddie lo abrazaba con todas sus fuerzas, él sabía que su hijo estaba pasando por un momento difícil, pero nunca se imagino estar confundido de esa manera.
-Tu madre nunca se molestará, escuchaste, ella deseaba verte feliz y si para hacerlo debes abrirle tu corazón a otra persona, hazlo –le dijo el castaño mientras acunaba su rostro en sus manos. –Déjame contarte un secreto, cuando tu madre se entero que le faltaban pocos meses para morir me pidió algo. Que aunque consideres a otra persona como tu madre, ella siempre estará en tu corazón y eso nunca se olvida.
Por otro lado, Sam estaba sentada viendo su programa de televisión favorito mientras comía palomitas. Se estaba haciendo tarde y no habían llegado, eso le estaba poniendo los nervios de punta hasta que escuchó la puerta abrirse. El castaño entraba al apartamento con los ojos rojos y su hijo en brazos, algo no andaba bien. La rubia se acercó rápidamente ayudándolo con Noah mientras le preguntaba susurrante si algo andaba mal.
-Nada malo, no te preocupes –susurró Freddie antes de besarla en los labios. –Voy acostarlo…
-No, ve por una ducha, relájate que yo me encargo de mi príncipe –el castaño sonrió al escucharla.
Sam se adentró en la habitación de Noah y comenzó a quitarle la ropa, estaba tan dormido que no se daba cuenta de los movimientos. Ella limpió su rostro antes de vestirlo, se podía notar las lágrimas en sus mejillas y eso la estaba asustando. Cuando terminó de vestirlo, lo cubrió con la manta y beso su frente con cariño.
-Tía… -susurró el niño antes que ella se fuera.
-Dime, mi príncipe –respondió haciéndolo reír.
-Te quiero… -la rubia sonrió antes de abrazarlo.
-Yo también, te quiero…
Solo cuando estuvo segura de que estaba dormido, salió de la habitación. Ella no sabe porque pero su hambre había desaparecido por completo y solo tenía en mente una sola cosa, averiguar qué había pasado. Se acercó a Freddie, que estaba sentado en la sala mirando a la nada. Sam suspiró dejándose caer en el sofá, lo miró a los ojos y le sonrió.
-¿Qué sucede? –susurró acariciando su cabello mojado.
-Te amo… -el corazón de Sam se detuvo para luego comenzar a latir rápidamente, su respiración se agitó y su cuerpo comenzó a temblar. –Todo va a estar bien –susurró cerrando la distancia hasta casi rozar sus labios.
-¿Me lo prometes? –preguntó la rubia entrecortadamente.
El asintió esbozando esa sonrisa que tanto le encantaba a Sam, luego la tomó entre sus brazos y la llevó hasta su habitación. Se acurrucaron en la cama mientras compartían uno que otro beso inocente y palabras dulces que profesaban su amor.
-Sam, dime… ¿desde cuándo te sientes así? –Preguntó el castaño mirándola fijamente a los ojos.
-¿La verdad? –él asintió. –Desde mis catorce años –susurró mientras se sentaba para mirarlo a los ojos.
-¿Por qué no me lo dijiste? –dijo Freddie desesperado o más bien molesto.
-Tenía miedo, mucho miedo de meter la pata. Siempre te hice daño y tu… solo pensé que lo mejor era ser tu amiga…
-No… no es lo mejor. Ni te imaginas lo enamorado que estoy de ti. Desde hace tanto tiempo me tienes a tu merced, Princesa Puckett –susurró antes de besarla con amor.
La besaba con tanto amor y pasión contenida, para ambos no podía existir momento más perfecto que ese para demostrar cuanto se amaban. Una a una las prendas fueron cayendo a un lado de la cama, perdidas en la oscuridad de la habitación.
Freddie acarició cada parte de su cuerpo estremeciendo cada parte de su cuerpo mientras jadeaba y gemía a causa del placer. Todo era tan sublime y único para ambos que fue difícil rendirse al cumulo de sensaciones que traspasaban sus cuerpos y alma. Cuando sus cuerpos fueron uno solo, fue difícil al principio, pero luego se dejaron llevar. Era candente, excitante y romántico, todo al mismo tiempo. Palabras de amor, caricias seguras y fuertes, el ritmo constante del acto más hermoso que podían experimentar y el final más perfecto de la noche hasta caer abrazados en un sueño tranquilo y feliz.
Sutiles rayos acariciaban el rostro de Sam que aun dormía y Freddie no podía dejar de mirarla, era el ser más hermoso que puede existir y no iba a dejar pasar esa segunda oportunidad. Esta vez la aprovecharía al máximo.
