Capitulo 7
Nuestro futuro
Sam abrió los ojos un poco aturdida, los rayos del sol golpeaban suavemente su rostro, sin embargo, era molesto. Ella comenzó a estirarse, sentía su cuerpo más relajado de lo normal, no recordaba haber despertado así jamás. Se giró para buscar a Freddie y no lo encontró, el lado de su cama estaba vacío y solo una nota descansaba en la almohada.
"Mi amor, estoy en casa de mi madre, necesitaba traer a Noah. Día de abuela y nieto o algo así, sabes como es mi mamá. Regresaré pronto, te amo"
La rubia sonrió mientras cubría su rostro con una almohada. Era casi increíble que eso le estuviera pasando. Con un suspiro, se levantó sin importarle su desnudez, sabía que no había nadie en el apartamento. Antes de entrar al cuarto de baño fijo su mirada en la mesita de noche, eran las doce del mediodía y eso era algo nuevo para ella.
Cuando sintió el agua tibia recorrer su cuerpo, se permitió recordar la fabulosa noche que había tenido con Freddie. Esa fue su primera vez y vaya que hizo bien en esperar al hombre indicado. Él era su hombre indicado. Con pereza comenzó a lavar su cuerpo con la esponja, de vez en cuando sonreía al notar uno que otro moretón; a pesar de haberse comportado como todo un caballero, hubo un momento de la noche que se dejaron llevar por la pasión.
Se puso algo sencillo, no valía la pena arreglarse cuando pasaría toda la tarde del sábado en cama. Caminó hasta la cocina y buscó algo rápido para cocinar, preparó un almuerzo para tres, "la costumbre" dijo en su mente mientras se encogía de hombros.
Una hora más tarde, terminó todo y se sirvió una buena porción de comida, lo necesitaba. Abrió la nevera y tomó una lata de PeppyCola, luego se dejó caer en el sofá y prendió el televisor. Siempre disfrutaba el hacer ese tipo de cosas sola, pero esa idea no resultaba atractiva más.
Sam se giró al escuchar la puerta principal y sonrió al verlo.
-Hola, Bella durmiente –dijo Freddie acercándose a ella. Sam solo se limitó a sonreír e ignorar el calor en sus mejillas. –Te ves hermosa sonrojada.
-Cállate, Benson… -susurró ocultando su rostro entre sus manos. Sam lo escuchó reír mientras la abrazaba.
La rubia siguió con su tarea, comer, pero ahora estaba disfrutando del calor de su cuerpo. Soñó tantas veces con momentos como el que estaba viviendo, era casi perfecto. Freddie acariciaba sus rizos, no podía dejar de sonreír, era imposible no sentirse tan bien cuando estaba al lado de la mujer que amaba.
-¿En qué nos convierte esto, Freddie? –Sam estaba seria y algo temerosa, habían decidido darse una segunda oportunidad, pero eso no significaba mucho. –O sea, ¿Qué soy en tu vida? ¿Novia, amante, amiga con beneficios? –Lo último lo dijo para hacerlo rabiar, lástima que Freddie la conoce tanto porque no cayó en su juego.
-¿Qué quieres ser en mi vida, Samantha? Permíteme recordarte que, horas atrás, apenas si sabía que me amabas…
-Freddie, yo quiero ser todo… todo en tu vida. Tu amiga, tu novia, tu amante… tu esposa y la madre de tu hijo… y los nuestros. Estoy muy enamorada de ti y ahora que te tengo, no te perderé –susurró la rubia sentándose sobre él.
Freddie suspiró y sonrió, no podía evitar sentir su corazón desbocado por una mirada o caricia de parte de ella, pero sus palabras eran un nuevo nivel. Una de sus manos apartó un mechón rubio detrás de su oreja para luego besarla. Era un beso lleno amor, muy lejos de la lujuria y el desenfreno, este era intimo, era único.
-Sin embargo, estoy preocupada por Noah –susurró Sam al romper el beso. -¿Qué pasa si no me quiere?
Freddie comenzó a reír, todo eso le parecía dulcemente irónico.
-No te preocupes por eso, él te ama y estoy seguro que se enamorara de la idea de tener una familia, sobre todo que tú seas su madre –dijo sin borrar la sonrisa de sus labios. La rubia asintió y apoyó la cabeza en su pecho mientras que, con sus uñas, hacía figuras imaginarias en la espalda de Freddie.
El resto de la tarde y parte de la noche hablaron de todo un poco, y de nada al mismo tiempo. Ese día, marcó el inicio de una relación, era el inicio de una nueva vida.
Dos meses después…
Sam tecleaba rápidamente los últimos detalles de su informe, si lograba tenerlo listo para ese día podía prescindir de muchas horas de trabajo. La verdad era que necesitaba descansar, se sentía muy cansada, lo que es raro en ella porque es una persona muy activa. La rubia gruñó cuando bostezo por quinta vez en menos de diez minutos, para luego renunciar a lo que estaba haciendo.
Ella miró su reloj y comenzó a guardar todo, ese día era su turno para buscar a Noah al colegio. Además, le tenía una sorpresa, lo llevaría al parque y disfrutarían de ese día tanto como en los viejos tiempos.
Ya en el colegio, el niño le esperaba con una sonrisa en el rostro, se podía decir que estaba completamente recuperado. Claro, extrañaba a su madre como todo niño, pero era feliz y de eso Sam se encargaría, lo haría feliz a como dé lugar. Noah correteaba entusiasmado alrededor de la rubia y ella no paraba de reír. Le compró un helado para luego caminar por un sendero que daba al centro del parque, era hermoso ese lugar y Noah estaba ansioso por visitarlo.
-Tía, vi el regalo más hermoso para ti –gritó el niño mientras corría. La rubia estaba sorprendida por su energía, en cambio, ella solo quería descansar o dormir, la última opción le resultaba atractiva.
-¿Qué vas a regalarme? –preguntó ella con una sonrisa.
-No te diré, es un secreto… -respondió entre risas. Sam comenzó a reír, pero se tropezó y todo se volvió oscuro.
Dos horas más tarde, Sam abre sus ojos, le dolía un poco la cabeza y se sentía algo mareada. Paseó su mirada por todo el lugar y se sorprendió al notar donde se encontraba, un hospital.
-Sam, cariño, ¿te encuentras bien? –esa era la voz de Carly, no había reparado en su presencia.
-Me siento como una mierda, amiga…
Todos en la habitación comenzaron a reír, lo que logró sorprenderla y sonrojarla, ella trataba de no ser tan grosera. .
-¿Cómo llegué aquí? –preguntó fijándose en los demás.
-Según tu cuidador –dijo Gibby señalando a Noah-, solo caminabas y te enredaste con una rama.
-Oh Dios, nunca he sido tan torpe en mi vida, pero para todo hay una primera vez –comentó Sam mirando a Freddie y todos comenzaron a reír. -¿Sabes? Tengo hambre, Carly, ¿Puedes comprarme una ensalada?
-¿Ensalada? –chilló espantada la morena.
-Sí, con mucho tomate y pepinillos… y atún. Dios, se me hace agua la boca –dijo la rubia sentándose en la cama.
Por más de una hora esperaron los resultados, algún valor estaba fallando en el cuerpo de Sam. Noah trepó la cama para acostarse con ella, la rubia lo abrazó y comenzaron a charlar. Eran conversaciones tontas, pero importantes para Noah. Después, Noah se despidió de Sam y partió con Spencer y Gibby hacia Bushwell, esa noche lo cuidarían.
Freddie por su parte, ocupó el puesto de Noah, pero ellos no hablaron. Solo se limitaron a disfrutar de ese momento a solas. Minutos más tarde, regresó Carly con la ensalada. Era la primera vez que veían a la rubia comer tantos vegetales y verduras en su vida. Lo más sorprendente era el gusto que tenía por ella, la saboreaba y gemía en cada bocado.
-Esto es genial… divino… -gimió la rubia poniendo los ojos en blanco.
-Se nota que tenías hambre, amor –comentó Freddie divertido.
-No tienes idea… nunca he disfrutado tanto de esta basura como ahora -dijo Sam sin dejar de comer. Carly y Freddie comenzaron a reír, no le dieron mucha importancia a ese detalle.
Entonces, todo sucedió tan rápido que ninguno de los dos lo vio venir. El embace donde estaba la ensalada se estrelló en el piso y la puerta del baño se abrió con un estruendo. Pronto escucharon a la rubia vomitar.
-Voy con ella, llama al doctor –dijo Freddie mientras se acercaba a Sam.
Él tomó su cabello entre sus manos, apartándolo de su rostro y de los fluidos que abandonaban el cuerpo de su novia. Eso le preocupaba, ¿el golpe pudo causar esto? Sí era así, necesitaba más respuestas y eso significaba más exámenes. Quince minutos después, el estomago de Sam decidió que era suficiente por el momento, pero estaba tan débil que no podía levantarse. Freddie la llevó hasta la cama donde el doctor esperaba.
-Bien, te haremos unos exámenes, todo se ve normal. Tal vez es solo el golpe que aun te está afectando –dijo entregándole las indicaciones a Freddie. –Nos veremos en un par de horas, tome mucha agua, Sam.
La rubia se quedó dormida dejando muy preocupados a Carly y al castaño, a ellos no les parecía normal esa reacción en Sam. Ella durmió una hora entera y lo primero que pidió al despertarse fue un Sándwich de vegetales, con muchos tomates. La morena queda sorprendida, pero no le dice nada ya que conoce a su amiga, ella no era una persona muy sociable cuando tenía hambre. Al contrario de la ensalada, ese emparedado le sentó bien, solo así los tres pudieron estar tranquilos.
-Traigo los resultados, felicidades –dijo la enfermera y Freddie frunció el ceño. ¿Felicidades por qué?
-Bien, aquí vamos… -tarareó el castaño. –Hemoglobina baja… Sam, ¿Cómo puedes tenerla tan baja? ¿Acaso no te alimentas bien? –gritó Freddie sorprendido.
-¿Qué? Sí como más que tú… eso es imposible –gruñó la rubia cruzándose de brazos.
-Bien… el colesterol está bien, la azúcar normal –Sam escuchaba atentamente lo que su novio decía. –Prueba de embarazo, positiva. Trigliceri… -Freddie quedó en blanco.
Carly cubrió su boca con su mano para evitar gritar y Sam quedó sorprendida. Lentamente la hoja quedó en un lugar del suelo ya que el castaño tenía la mirada perdida y su boca abierta. Pronto, su cuerpo comenzó a temblar y no se pudo mantener más de pie, se sentó rápidamente en la camilla mientras escuchaba su corazón latir cada vez más rápido.
Freddie apenas fue consciente de los sollozos de Sam, su Sam, la mujer que amaba y que ahora estaba embarazada. La miró fijamente y vio como sus manos callaban sus sollozos, ella estaba triste y él había cometido un error. ¿Cómo se le olvido cuidarse? Era un estúpido.
-Sam, amor, discúlpame… todo esto es mi culpa… no llores, no quise… -La rubia lo beso con todas sus fuerzas y él respondió profundizando el beso. Cuando se separaron, ella comenzó a reír, las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos. Sam no estaba triste, estaba feliz por la noticia.
Se abrazaron con tanta fuerza que se les dificultaba respirar, pero no les importó. La rubia reía emocionada, en ese momento, Carly comenzó a chillar de felicidad. Abrazó a sus amigos que ahora los dos lloraban, ese era un nuevo fututo, un futuro que ambos construyeron con amor.
-Te amo, Sam… este es nuestro futuro… -susurró Freddie mirándola a los ojos.
-No… Noah y este bebé que viene en camino es nuestro futuro –el castaño sonrió antes de besarla.
