Juntos
Capitulo 8
La propuesta
Freddie caminaba con su hijo por el centro comercial, ambos buscaban el lugar perfecto para hacerle un regalo a Sam. Ella había salido del hospital hace dos días y ahora estaba en lo suyo, el negocio de compra y venta. Era muy buena en eso, cuando le pidió su ayuda para crear la empresa, nunca se imagino que sería tan exitosa. Claro, en ese momento, Sam estaba pasando por una etapa de cambios, ya no era la niña grosera y traviesa de siempre; por extraño que parezca, estaba a punto de graduarse y tenía excelentes calificaciones, algo raro en ella.
-Vamos, compañero, tenemos que encontrar esa tienda –dijo Freddie mirando hacia todas las direcciones. Dibujo una gran sonrisa cuando lo encontró.
La puerta de la tienda hizo un sonido graciosos al entrar, era vieja y algo desgastada por el tiempo. El castaño alzó a su hijo entre sus brazos mientras se acercaba al mostrador, donde infinidades de anillos descansaban en el.
-Son muchos, papá –comentó Noah sorprendido.
-Lo sé, espero conseguir el correcto… -respondió el castaño ante las palabras de su hijo.
Buscaron sin prisas la pieza perfecta para ella, él la conocía mejor que nadie. Sam no era una mujer de muchos lujos, tampoco era dada a lo extravagante, ella era todo lo contrarío. Mientras más sencillas y delicadas eran sus cosas mejor para ella, no le gustaba llamar la atención y eso era algo que le gustaba a Freddie.
-Este es bonito –escuchó a su hijo que señalaba uno en el otro mostrador.
-Creo que es perfecto –dijo ensanchando más su sonrisa. Después de pagarlo, salió por un helado para Noah, tenían que hablar.
Caminaron hasta llegar a un pequeño parque a las afueras del centro comercial, se sentaron bajo un árbol mientras veían a la gente pasar. Había silencio, pero no era incomodo sino todo lo contrario, el castaño se sentía tranquilo y confiado por primera vez en muchos años.
-Noah, ¿estás seguro de la decisión que has tomado? –La pregunta de su padre no le sorprendió en absoluto, el niño solo asintió y sonrió.
-Quiero que ella sea mi nueva mamá –dijo mordiendo su galleta de helado. –La quiero como si lo fuera.
-¿No te sientes culpable? –Preguntó de nuevo Freddie, no quería presionar, pero quería todo perfecto y en eso estaba incluido los sentimientos de su hijo.
-Sí, yo quiero que ella sea mi mamá… -Noah sonrió y el castaño se sorprendió, no podía entender como un niño de esa edad puede analizar situaciones de esa manera. -¿La quieres como quisiste a mamá?
-Nunca, el amor que sentí por tu madre fue diferente –respondió con sinceridad, no había verdad oculta ni mentiras en ella. Él nunca estuvo enamorado de Karen, pero si la amó, como amiga y confidente pero nunca como pareja y esposa. Amó a la madre en la que se había convertido, la amo por hacerlo padre, pero nada más.
-Yo tampoco, siempre quise a mi tía –dijo el niño terminando de comer su galleta. –Ella también me quiere –agregó con la boca llena haciéndole reír.
-Sí, Sam te quiere mucho y estoy seguro que estará emocionada al saber que tú la quieres como tu mamá –aseguró Freddie caminando hacia el coche. -Noah, tengo que decirte algo…
El niño se detuvo y lo miró a los ojos, le encantaba que fuera tan maduro y esa eran las cualidades de Karen, lo había heredado de ella. Noah tenía tantas cualidades de ambos, era perfecto.
-Tu tía Sam, está esperando un bebé… es suyo y mío, vas a tener un hermanito –le dijo al final sin rodeos. Lo vio fruncir el seño y luego sonreír quedamente.
-¿Lo van a querer más que a mí? –Freddie abrió la boca sorprendido, esperó cualquier tipo de respuesta, desde celos hasta molestia, pero nunca eso.
-Nunca, ambos son importantes en mi vida y los querré por igual. Ella también piensa igual, te ha amado desde el momento que te tuvo en sus brazos y eso no lo cambiara nadie. –Explicó el castaño con una sonrisa en los labios. –Ahora, ¿tú lo vas a querer?
Noah asintió con entusiasmo.
-Mucho, siempre he querido un hermanito –respondió al subirse en el coche.
El viaje hasta el apartamento fue tranquilo, Freddie sabía que ella no estaría en el, tenía que adelantar trabajo atrasado y eso le daba ventaja. Cuando llegaron al apartamento, Carly esperaba como niña obediente, le encantaba la idea de la propuesta romántica y diferente. Pero, sin duda alguna, lo que más le emocionaba era la participación de Noah en la misma. Ese niño era especial y que quisiera hacerlo por su padre era mejor, cualquier niño habría llorado o se habría molestado por eso, pero él no.
Carly sonrió cuando los vio llegar, esperó que Freddie abriera la puerta para luego comenzar con su trabajo. Arregló la casa de pies a cabeza, buscó todos los ingredientes para la cena mientras que Noah se arreglaba. Ella pudo ver como su amigo se ponía nervioso; tal vez, está sería la primera vez que Freddie sufriera un colapso nervioso, estaba tan enamorado de Sam que todo eso era difícil. En ocasiones, aparecía en la sala nervioso y preguntándose qué pasaría si Sam decía que no.
Ella sonreía y negaba con la cabeza, la morena sabía muy bien el enamoramiento de su amiga hacia Freddie y eso no cambiaría de la noche a la mañana. Terminó ayudando a Freddie a colocar su corbata, al parecer, los nervios lo habían hecho torpe.
-Ya verás que todo saldrá bien, ella te ama y no recibirás un no por respuesta –dijo Carly sonriente, no podía creer como su amigo podía estar tan nervioso, hasta temblaba.
-Eso espero… un último favor Carly, ayúdame con Noah. Así como estoy no podré ayudar –ella aceptó sonriente y se dio media vuelta, él estaba en su habitación.
La morena se sorprendió al verlo sentado con el ceño fruncido, parecía molesto y eso la alarmo.
-Mi niño, ¿estás molesto? –preguntó temerosa.
-No… -fue su respuesta inmediata, suspiró y subió la mirada para luego decir. –No sé si puedo decirle mamá…
Carly suspiro de alivio y le dijo.
-Creo que te entiendo, para mí, nadie podrá reemplazar a mi mamá. Ni siquiera por un titulo –admitió con una sonrisa triste. Habían pasado muchos años desde la muerte de su madre que ya ni lo recordaba. –Pero, Sam no quiere tomar el lugar de tu madre. Por lo que sé, tú la quieres como una, ¿no?
Noah asintió con lágrimas en los ojos.
-¿Qué pasa si no puedo decirle? ¿Ella… puede molestarse?
-No, Sam sería incapaz de molestarse. Creo que entendería tu posición y esperaría a que estés listo –el niño asintió y terminó de vestirse solo. La morena suspiro y dibujo una sonrisa, él era tan independiente, le hacía falta ser más niño.
Una hora después, el apartamento estaba listo, Carly había vuelto a su casa y la cena estaba servida, solo faltaba Sam. Freddie caminaba de un lado a otro con nerviosismo y Noah sonreía ante eso, lo veía tan cómico. Era obvio que un niño no podía comprender la situación en la que él se encontraba, pero Noah no era cualquier niño, era su hijo y lo conocía. Sabía que mordía las uñas cuando estaba preocupado, sin importarle las consecuencias de que su abuela lo descubriera. Se podía dar cuenta cuando estaba feliz porque siempre sonreía y cuando estaba triste porque no hablaba con nadie.
La puerta se abrió con Sam detrás, su mirada estaba fija en el celular, seguro estaba leyendo un mensaje. Freddie quedó paralizado y a pesar de que ella no estaba acorde a la situación, no podía parecerle menos hermosa. Cuando la rubia subió la mirada, sus ojos se abrieron desmesuradamente y una hermosa sonrisa se dibujo en su rostro.
-Wow, ¿qué significa esto? ¿Una cena y no fui informada? –dijo ella de forma juguetona.
-Samantha Puckett, tengo algo que decirte –la aludida comenzó a reír maravillada de la forma en que Noah se dirigía a ella.
-Muy bien, Noah Benson, te escucho –dijo la rubia sonriente.
-A solas –Freddie arqueó una ceja y Sam comenzó a reír sorprendida.
Él la tomó de la mano y la arrastró hacia su habitación, ella no había borrado su sonrisa, le parecía un comportamiento adorable.
-Quiero hacerte una pregunta –la rubia lo miró fijamente, quería demostrarle que era importante para ella lo que él tenía que decirle. – ¿Nunca me obligarías a decirte mamá?
La pregunta le sorprendió y la descolocó, pero luego le sonrió y lo abrazó.
-Jamás, mi niño, a pesar de quererte como si fueras mi hijo, nunca sería capaz de obligarte a nada. Es más, si nunca llegas a decirme mamá no me molestaría. Yo nunca podré reemplazarla y tampoco lo pretendo, Noah –él espero unos cuantos segundos antes de responder.
-Está bien, estoy listo –Sam frunció el ceño sin entenderlo. –Te quiero mucho y quiero que seas mi mamá… -las palabras golpearon fuertemente a la rubia que quedo completamente sin habla. –Quiero que estés conmigo para siempre y con mi papá también. ¿Quieres ser mi mamá? –lanzó la pregunta sin recibir respuesta.
El silencio se estaba haciendo medianamente incomodo, Noah no podía entender porque ella estaba así. Entonces, una lágrima rodo por el rostro de la rubia y suspiro.
-Me encantaría ser tu mamá –dijo entrecortadamente.
El niño sonrió y la abrazó. A estas alturas Freddie era un manojo de nervios en la sala, su hijo se estaba tardando y no solo eso, estaba preocupado por la respuesta de Sam.
-Freddie… -él se giró y la vio allí, estaba parada sin emoción alguna. Eso logró preocuparlo.
El castaño se levantó y se acercó a ella. Su cuerpo había comenzado a temblar de nuevo y su respiración se aceleró, así como el creciente nudo en su garganta. Estaba seguro no haberse sentido nunca tan nervioso.
-Sam… mi amor –susurró apartando un mechón rebelde antes de hablar. –Hemos pasado por tantas cosas. Fuimos enemigos en un principio, llegaste a mi vida como una explosión, moviste mi mundo por completo. Luego sucedió nuestro primer beso y aunque traté de demostrar que no me importaba, sé que algo cambio esa noche; ya no te veía con los mismos ojos y sabía que quería ser más que tu amigo. –Sam sonrió ante sus palabras, entendía perfectamente a lo que se refería. –Después fuimos creciendo y con el tiempo supe que ese sentimiento era amor, pero nada para nosotros fue fácil. Decidiste que lo mejor era ser amigos y yo encontré a Karen, no volví a ver un futuro entre nosotros hasta ahora… Sam, lo que quiero decirte es que… -Freddie suspiró tratando de calmarse y acortó la distancia entre sus rostros. -¿Quieres casarte conmigo?
Ella no pudo resistirlo más, las lágrimas caían libremente por su rostro mientras una sonrisa se formaba en sus labios.
-Sí, quiero ser tu esposa y la madre de tu hijo… -susurró antes de besarlo con pasión.
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