Juntos
No
Sam caminaba por los pasillos adoquinados del centro comercial, había quedado de encontrarse con su amiga para elegir el vestido perfecto. Sería una boda muy sencilla y privada, solo los amigos y familiares más cercanos estaban invitados. Freddie y ella estuvieron de acuerdo en eso, después de todo, vivieron una mala experiencia la última vez.
Habían pasado por mucho, el asesinato de Karen, el coma de Sam y la propia recuperación de Noah y Freddie. Sobre todo para el niño no fue normal, superar esos recuerdos y pesadillas, pero el castaño le daba gracias a Dios porque el niño no presenció la muerte de su madre, eso lo hubiera destrozado. Pero, para la rubia, lo más importante era que por fin tendrían un final feliz. Freddie estaba decidido a continuar, con ella de por medio y ese bebé que venía en camino.
Ella nunca se imagino vestida de blanco, mucho menos caminando hacia el altar, convirtiéndose de una vez por todas en la Señora de… Sam sonrió ante sus ocurrencias y terminó de llegar a la tienda. Allí estaba Carly, la esperaba impaciente, lo normal en esos momentos.
-Hasta que por fin llegas, tengo dos horas aquí –le reclamó la morena molesta.
-Yo no te pedí venir tan temprano, además, moría de hambre –dijo Sam con simpleza mientras se sentaba.
Carly negó con la cabeza y comenzó a reír, su amiga era única y ahora con una niña en camino, se le veía feliz. Tenían que pasar dos horas completas para que, al fin, consiguieran el vestido perfecto. A Sam se le notaba ya el pequeño bulto en su vientre, entonces no podía usar cualquier vestido. Sin embargo, para nadie era un secreto que ella estaba embarazada; muchos estaban contentos con la noticia, en especial Freddie.
Él soñó tantas veces con un futuro junto a ella, una familia y una vida de ensueño, porque vivir con Sam era eso. No le hacía falta otra cosa en su vida, Noah y Sam con su hija en camino era más que suficiente.
-El vestido perfecto, pareces una princesa –dijo Carly mirando el reflejo de su amiga en el espejo. –Freddie se volverá loco por ti… bueno, siempre ha estado loco por ti.
La rubia enarcó una ceja sin entender.
-Se supone que es un secreto, esto que te contaré… -comentó su amiga murmurando. -¿Te acuerdas cuando sucedió lo del beso?
-¿Cómo olvidarlo? Fue cuando descubrí que sentía algo por él –respondió Sam con simpleza.
-Bien, él también lo descubrió… como ya debes saber –afirmó ante el rostro de su amiga. -Antes que Freddie partiera a la universidad, él compró algo… algo que iba a cambiar su vida y la tuya –Sam frunció el ceño, no entendía nada y ya le resultaba un fastidio.
-Deja de darle vueltas al asunto, Carly, y dime de una buena vez todo –no sabía porque, pero ella estaba nerviosa por esa verdad que tanto ocultaba la morena.
Carly suspiró y asintió.
-Esa noche que te pidió ser su novia, no era solo eso… él compró un anillo, una promesa… -su amiga comenzó a buscar en su cartera algo, sonrió cuando logró conseguirlo. –Esto, es un anillo de compromiso, pero para él tenía otro significado. Él quería esperar, terminar la universidad y luego, si aun sentías lo mismo que él, casarse contigo.
Ella le entregó el anillo a Sam y la dejó sola por unos minutos, sabía que su amiga necesitaba un minuto sola. Demostrar sus sentimientos nunca había sido su fuerte, hasta ahora, una sola persona había logrado eso en ella.
Sam observaba el anillo mientras sentía el nudo en su garganta crecer. Ella recordaba esa noche a la perfección y quería darse patadas, golpes y cachetadas por su estupidez. Freddie la había invitado a salir, vieron una película de terror, de esas que tanto amaba la rubia en su juventud y aun lo hace; recorrieron la ciudad juntos y subieron hasta la escalera de incendios, donde compartieron su tercer beso.
Fue extrañamente reconfortante para ella saber, que alguien como Freddie, se sintiera atraído por ella. Pero, el miedo pudo más que la razón, toda su vida ha sido llena de maltratos y más, su vida era un lio y él llegó en el momento menos indicado.
Cuando le dijo todo y salió corriendo, quiso regresar y decirle que era mentira, que todo fue por su miedo a ser herida, pero no lo hizo. Una semana después, Freddie se fue a la universidad, ni siquiera se despidió de ella. Se sintió triste por eso, pero era lo correcto.
-Sam, ¿Estás bien? –Carly la había sacado de su letargo, ella asintió y en silencio comenzó a caminar a la salida.
Siguió a Carly hasta el estacionamiento y subió al puesto de copiloto, allí se dejó envolver nuevamente en sus pensamientos. Solo dos meses pasaron para que él consiguiera a alguien, Karen era su nombre. Esa chica lo quería, siempre lo mantenía feliz y en un estado anímico alto, a diferencia de lo que ella lograba en él, definitivamente fue su mejor decisión.
Sin embargo, cuando se enteró de la venida de su hijo, quiso morir, imaginó que Noah significaría más para ella, que para su propia madre.
-Llegamos, amiga… -susurró Carly con pesar.
-Gracias… -se limitó a responder antes de salir del coche.
Como autómata, Sam llegó al apartamento donde fue recibida por Noah. El niño la abrazó y comenzó a contarle sobre su día, era difícil no prestarle atención y olvidar todo lo ocurrido en la tienda.
-Entonces, la maestra me dijo que podía encabezar el grupo… -Sam sonrió ante el parecido que tenía con su padre. -¿Puedes creerlo? Es primera vez que me eligen para algo…
Noah estaba muy emocionado por su actividad y ella se alegraba mucho por él, lo iría a ver cada día que participara. Después de un rato, ella quedó sola en la sala, su mente vagaba un poco en el pasado mientras miraba una foto reciente de Freddie y ella abrazados.
Ahora tenía un nuevo propósito, enmendar su error a toda costa. Escuchó la puerta y se imaginó que era Carly, de seguro había dejado algo olvidado en el coche. Abrió la puerta y se encontró con una mujer, no la conocía, ni siquiera trabajaba en la empresa.
-¿En qué puedo ayudarte? –Preguntó con mayor naturalidad.
-¿Samantha Puckett? –Preguntó de vuelta.
-Sí, ¿se te ofrece algo?
-Me pregunto, como Freddie pudo olvidar tan rápido a mi hermana por ti, alguien tan poca cosa como tu –Sam abrió los ojos como platos y comenzó a temblar de ira. –No serás un maldito estorbo en mi camino, me deshice de ella y puedo hacer lo mismo contigo…
Al momento de sentir la primera sacudida supo que las cosas no estaban bien, esa mujer la seguía empujando y el miedo se apoderó de su ser. Sus manos y brazos trataron de cubrir su vientre, cuando perdió el equilibrio y sintió el cuerpo de esa mujer sobre ella. Cachetadas, arañazos y más recibió de esa extraña, hasta que alguien la arrebató de golpe.
-¿Qué haces aquí, Kim? ¿Qué rayos pasa contigo? –Freddie le gritó, seguramente había llamado la atención de los vecinos.
-Te dije una vez que solo serías mío… -sentenció antes de intentar besarlo.
-Ni se te ocurra…
-Papi… -gritó Noah desde el pasillo al ver lo que estaba sucediendo.
-Sobrino…
-Corre y enciérrate en tu cuarto –gritó el castaño al ver lo que se proponía ella.
Después de varios minutos de forcejeó, él la logró controlar, tomó el teléfono y llamó a la policía.
No fue después de haberla entregado, que pudo acercarse a Sam. Ella estaba sentada en el suelo temblando y llorando al mismo tiempo. Él se sentó a su lado y la abrazó.
-Me dijo que la mato, Freddie… -su voz salió rota y en especie de lamento. –Ella mató a su propia hermana.
El castaño se tensó y comenzó a respirar con dificultad.
-¿Estás bien? ¿Quieres ir al médico? –preguntó con voz temblorosa mientras una de sus manos acariciaba su barriga.
-No me paso nada, solo me asusté –aseguró Sam acunando su rostro en sus manos.
-¿Segura? No quiero perderlos, si eso pasara me moriría… -los labios de la rubia lo hicieron callar. Compartieron el beso más necesitado y angustiante que habían experimentado, las lágrimas que rodaban por sus mejillas, terminaban en sus labios.
Un momento después, ambos rompieron el beso en busca de aire. Sam sollozaba expulsando todo ese sentimiento de dolor y angustia en su ser.
-¿Papá? –Freddie le hizo una seña para que se acercara y este se precipitó en sus brazos.
-Tranquilo, todo está bien… -susurró Freddie con sentimiento.
Segundos después, Noah se acerca a la rubia que tenía los ojos rojos de tanto llorar. El niño la abraza con todas sus fuerzas y dijo algo que la descolocó por completo.
-¿Estás bien, mami? –Todo su cuerpo se tensó a la sola mención.
-¿Cómo me llamaste? –Su voz estaba rota por la emoción.
-Mami… -susurró Noah con sus mejillas sonrojadas. -¿No te gusta?
-Mi niño… -un sollozo se escapó de sus labios. –Jamás me molestaría… te amo.
Freddie observó el cuadro embelesado, totalmente enamorado de lo que sería su familia de ahora en adelante. Parece solo un sueño el episodio que acaban de experimentar, aun sentía los nervios de punta y apenas se calmaran un poco las cosas, iría a la policía a levantar la denuncia. Kim no se iba a salir con la suya, se lo debía a Karen, a Sam y a sus hijos.
-Todo estará bien… -susurró Sam desde su lugar, tenía el niño dormido en sus brazos. Freddie sonrió y se acercó a ella para abrazarla.
-Sí, todo estará bien…
