Juntos
Como el Sol
Freddie
Sam se veía tan hermosa con su vestido blanco, era sencillo y distaba mucho de ser un vestido de novia. A pesar de haber cambiado mucho, aun conservaba viejos hábitos; ella había dejado atrás su típica actitud masculina para ser un poco más femenina. Odiaba pintarse y arreglarse como lo hacía Carly, ella era más una mujer sencilla. Me giré solo un poco para buscar a mi hijo con la mirada, estaba sentado en una de las mesas con Carly, Gibby y Spencer. Sonreí ante los juegos que el mayor de los Shay le hacía a Noah. Se parecía tanto a su madre, pero al mismo tiempo tenía un parecido asombroso conmigo.
Después de un rato de tanto observar, me levanté de mi asiento y caminé hacia la mesa donde se encontraban todos mis amigos. No hacía falta invitar a mucha gente, había treinta invitados cuando mucho, amigos y familiares.
-Freddie, está muy hermosa… -esa fue mi madre, ella sonreía con calidez y emoción oculta. Por mi parte yo no pude hacer otra cosa que sonreír.
-Lo sé, aun me parece mentira que este junto a mí –sentí los brazos de mi madre rodear mi cintura.
-Todo tiene un propósito, Hijo. Tal vez, conocer a Karen y traer al mundo a ese pedacito de cielo era necesario –susurró mirándome a los ojos.
-Sí, Karen cambió muchas cosas en mi vida, algunas de ellas de forma brusca –susurré con una sonrisa en mis labios. –Pero… no me arrepiento. Noah lo es todo en mi vida, él es mi vida y ahora lo será Sam con nuestro hijo.
Mi madre no me respondió, la verdad es que no me importaba mucho. Mis ojos estaban fijos en Sam, que reía alegremente mientras hablaba con Carly. Suspiré y decidí caminar un poco por el lugar, ese hotel era el más lujoso de Seattle, un pequeño regalo de mi madre. En mi bolsillo derecho descansaba la llave de nuestra habitación, que sería nuestra por cinco días con todos los gastos pagos. Cinco días donde compartiría con Sam y nadie más, solo ella y yo.
Aun no asimilaba todo lo que había sucedido, dieciséis meses habían pasado desde la muerte de Karen, de los cuales ocho meses los pasé en vela. Cuidar a Sam era mi prioridad y evitar que la desconectaran, los doctores al no ver mejoría habían decidido desconectarla. Por supuesto yo me negué, implorando por más tiempo, dándole el tiempo necesario para despertar.
Cuando ella despertó, no estuve a su lado para apoyarle, estaba al otro lado del hospital firmando los últimos papeles, donde permitía utilizar los fondos de mi cuenta de ahorro para los gastos administrativos de Sam. Nunca me arrepiento de eso, hubiese dado mi vida si eso era necesario. Luego vino el detalle de su recuperación, el habla fue lo de menos, las sensaciones o percepciones fue cosa de susto. Sin embargo, ella era una mujer fuerte, capaz de superar todo.
-¿Qué hace aquí tan solo, Señor Benson? –Escuché la voz más hermosa y suave a mis espaldas.
Sam estaba parada a pocos metros de distancia, tenía esa sonrisa cautivadora en su rostro que tanto me encantaba.
-Pensando, recordando y todo eso, ya sabes –dije encogiéndome de hombros mientras acortaba la distancia, quería sentir sus labios otra vez y el calor de su cuerpo.
-Hmm, interesante… yo estaba entretenida hablando con Carly cuando te perdiste. No podía permitir tanta distancia, Benson, te quiero cerca ahora y siempre… -dijo abrazándome con todas sus fuerzas.
Podía sentir el pequeño bulto, ya se había comenzado a notar. Ella se veía simplemente hermosa de esa manera, sus ojos azules brillaban más de lo que alguna vez pudo hacerlo, su piel tersa y suave, y sus cabellos dorados como el sol, caían libremente sobre sus hombros y espalda.
-¿Debemos regresar? –Preguntó Sam con un puchero en sus labios.
-Podemos ir a la habitación –susurré contra sus labios.
-Me parece perfecto… -respondió de vuelta.
Hemos pasado por tanto, hemos cometido tantos errores, que parece mentira estar celebrando mi boda junto a esta mujer, mi mujer. Ella fue mi enemiga, luego mi amiga y confidente, fue mi primer amor y el único. No creo tener palabras para expresar lo mucho que la amo, lo indispensable que es en mi vida. Necesito de sus locuras para ser feliz, de su compresión para seguir adelante y de su fuerza para seguir viviendo.
En menos de lo que se logra respirar estábamos en nuestra habitación. Las luces estaban apagadas, cosa que no nos importaba mucho. Solo nos dejamos caer en la enorme cama y nos acurrucamos, listos para dormir. No mentiré, deseaba con todas mis ganas hacerla mía, pero los últimos días habían sido de muerte, así que primero nos merecíamos un descanso.
-Descansa, mi amor. Mañana será un nuevo día –susurré con una sonrisa en mis labios.
A la mañana siguiente, desperté con una sonrisa en mis labios, pero algo faltaba. Sam ya no estaba a mi lado, me senté en la cama rápidamente solo para darme cuenta que su ropa estaba esparcida por el suelo y había una nota en su almohada. "Si quieres encontrarme, búscame en la bañera". No pude evitar tragar grueso, me encantaba esta mujer, la adoraba y a cada una de sus ocurrencias.
Me levanté esperanzado, quería encontrarla y darme cuenta que aun no era demasiado tarde, y así fue. Sam estaba completamente relajada en la bañera, su cabeza estaba apoyada en el borde y sus ojos estaban completamente cerrados. Mis ojos viajaron lentamente hacia el suave movimiento de sus piernas, se veía hermosa.
-¿Vas a mirarme o vas a entrar? –Preguntó con tranquilidad.
Sonreí ante su pregunta y comencé a quitarme la ropa, que era algo incomoda debo admitir. Mientras me quitaba prenda a prenda la ropa, no noté como sus ojos azules estaban puestos en mí. Solo cuando me faltaba una pieza para quedar completamente desnudo, noté esa leve sensación de hormigueo en tu cuerpo. Tuve que mirar.
-¿Te entretiene? –Pregunté con sorna, ella solo sonrió y me hizo una seña para entrar.
En el primero momento que mi cuerpo estuvo en contacto con el agua, dejé de escapar un pequeño gemido de alivio. El agua estaba tibia y sumado al contacto de su piel, era una sensación inexplicable. Sam dejó caer su cuerpo sobre el mío, apoyando su cabeza en mi hombro. Debía admitir que adoraba esto, la sensación de su pecho pegado al mío y de su cabello dorado esparcido por todos lados, esa era una de las cosas que más amaba de Sam, su cabello.
Creo que debo estar soñando, no puedo creer que la tenía por fin a mi lado. Ella me miraba con una zona sonrisa dibujada en sus labios, sus hermosos y rojos labios. Mis manos recorrían su cuerpo con suavidad, no podía dejar de hacerlo, amaba la textura en mis dedos, era casi adictivo. Creo que no pudimos soportar más la distancia porque unimos nuestros labios para comenzar un beso deseado y necesitado.
Amarla no es solo un acto, es todo en mi vida. No habrá jamás una expresión más completa que el de su cuerpo unido al mío. Jamás podré sentirme de esta manera con otra persona, ella era única en mi vida y nada podrá cambiar eso.
