Juntos
Por siempre
Sam esperaba sentada en la oficina del director Jefferson. Observaba detenidamente la decoración del lugar, algo lúgubre para su gusto. Había ciento de diplomas y carteles de los directores pasados, entre ellos se encontraba el de su maestro favorito. La rubia sonrió y suspiró dejándose envolver por los recuerdos.
-Muy bien, señora Benson, ¿cierto? –Preguntó un hombre joven, de aproximadamente cuarenta años.
-Sí, me llamaron está mañana por Noah –dijo la rubia enarcando una ceja.
-En efecto, su hijo está causando problemas aquí. Regó por todo el colegio una foto de su profesora de Biología recién levantada –Sam intentó no reír, eso era una locura. –Le aseguro, señora Benson, que su hijo va de mal en peor con esa chiquilla malcriada de Caroline…
Sam dejó escapar un suspiro de supuesta decepción y asintió con la cabeza, sabía que no podía luchar ni cambiar la forma de pensar de ese hombre. Tenía conocimientos de leyes arraigadas de la institución que ni el mismo Franklin en sus tiempos de gloria.
-Hablaré con él, gracias por mantenerme al tanto –dijo dibujando una falsa sonrisa. –Me encargaré de ellos…
Ella se levantó, cogió su bolso y se encaminó hacia la puerta. Noah y Caroline estaban sentados al lado del escritorio de la secretaria. Ambos chicos miraban el piso y ella sabía el por qué, desde que inició esa extraña amistad con ella habían comenzado sus problemas.
Noah Benson tenía catorce años de edad, estudiaba en la secundaria de Ridgeway junto a su nueva y peculiar amiga Caroline. Ella era de baja estatura, cabellera larga y lisa de color rojo, su piel blanca y sus ojos verdes; la chica era hermosa y a Sam no le extrañaba que su hijo estuviera enamorado de ella. Noah, por su parte, había cambiado mucho. Con el pasar de los años se había convertido en un mini Freddie, era muy parecido a su padre a pesar de tener muchos rasgos de su madre.
Ambos chicos la siguieron hasta el coche en silencio, solo cuando cerraron las puertas se permitieron reír. Sam los observaba desde el espejo retrovisor una ceja enarcada, a ella también le causaba gracia todo ese asunto, pero si quería enseñarles lo correcto debía reprenderlos.
-Estoy muy decepcionada de ustedes –susurró la rubia encendiendo el coche.
-Pero mamá… nosotros solo le jugamos una broma –se excuso Noah con una sonrisa de disculpa.
-Sabes que te he… los he apoyado en muchas cosas, pero jamás aprobaré que hagan algo que pueda causar una expulsión –Sam estaba molesta.
-Tía… no fue culpa de Noah –susurró Caroline con pesar.
-No… ¿Qué estás diciendo? –Gritó el castaño sorprendido. –Prometí…
-Ya lo sé, te hice prometer que no dirías nada –susurró abatida la pelirroja-, pero no quiero que te pase nada. Eres mi mejor amigo… eres importante para mí y no puedo aprovecharme de ti…
Sam suspiró, aparcó el coche en un estacionamiento y se giró para encararlos. No pudo evitar sonreír por la escena que estaba presenciando. Noah estaba desconcertado y no apartaba la mirada de su amiga que no dejaba de moverse en su asiento, estaba notablemente nerviosa.
-Bueno, voy por un helado y los dejaré… ya saben, para que puedan hablar –susurró Sam antes de bajar del coche.
Caroline no podía mirarlo a los ojos, ella siempre lo había considerado como su compañero de travesuras, pero nunca le había confesado lo que de verdad sentía por él. ¿Ahora como iba a mirarlo a los ojos? ¿Cómo se iba a comportar de ahora en adelante? ¿Y si pensaba que estaba loca? Ella se sorprendió al escucharlo reír y no pudo evitar sonrojarse por dos razones, la primera era porque le encantaba escucharlo reír y la segunda porque se sentía apenada.
-No te burles de mí… -susurró la pelirroja con lágrimas en los ojos, no podía creer lo estúpida que había sido como para decirle eso.
-No me burlo, cerecita –ella enarcó una ceja, odiaba y amaba al mismo tiempo su sobrenombre. –Me encanta saber que te importo, ¿sabes por qué?
Ella negó con la cabeza sin apartar su mirada de la suya.
-Porque tú también me importas… -Noah tomó las manos de Caroline y las entrelazó con las suyas. –Más de lo que crees.
Se miraron fijamente, sin parpadear.
-Gracias… por estar conmigo siempre –susurró la pelirroja fijando su mirada en sus dedos entrelazados. –Cuando nadie creyó en mí, tú lo hiciste y me siento…
No puso seguir hablando porque él se acercaba lentamente a ella. Dejó escapar todo el aire cuando sintió sus labios, eso era más de lo que podía soportar. Caroline se separo abruptamente, lo miró como si quisiera disculparse antes de abrir la puerta y escapar.
Sam que observaba todo desde afuera suspiró y sonrió, esa chica se parecía tanto a ella. Comenzó a caminar hacia el coche y vio como su hijo frunció el ceño antes de cerrar los ojos. Sus ojos mostraban una infinita tristeza y ella se encargaría en demostrarle que había hecho lo correcto, pero aun no. El viaje hasta su casa fue relativamente corto y silencioso. Cuando llegaron, Noah saludo a su padre y beso a su hermana antes de subir por las escaleras y encerrarse en su cuarto.
-Hola, mi amor –Freddie se acercó para besarla. -¿Sabes que le pasa a Noah?
-Está enamorado –susurró con picardía la rubia. –Creo que deberías hablar con él…
Sam
Observé como Freddie subía las escaleras para hablar con nuestro hijo, sonreí ante el sentimiento que causaba llamarlo hijo. Habían pasado siete años y medio desde nuestra boda, y aun sentía todo como si fuera la primera vez. Cada vez que escuchó a Noah llamarme "mamá" me sentía en el cielo. De igual forma me sentía cuando dormía todas las noches con Freddie, sus brazos a mi alrededor, el beso de buenas noches en los labios y luego en mi cuello; pequeñas cosas que se asemejaban más a una monotonía, pero era algo que necesitaba.
-Mami, quiero ir al parque –la voz de Alex me trajo a la realidad.
-Espérame aquí, voy por mi bolsa –le dije antes de subir las escaleras.
Entré a mi habitación y busque todo lo necesario para un paseo largo, me puse algo más cómodo para luego salir. Pero cuando pase por la habitación de Noah, escuché a Freddie hablar.
-No te preocupes por eso. ¿Quieres que te cuente un secreto? –Imaginé que había asentido puesto que no escuché palabra alguna. –Cuando conocí a Sam tenía como once años de edad. Era la chica más altanera de la escuela, le tenía tanto miedo…
-¿En serio? –Preguntó Noah con sorpresa plasmada en su voz.
No pude evitar sonreír mientras me dejaba caer en la alfombra.
-¡Sí! Era sorprendente lo que podía hacer con una media y un poco de mantequilla o con su mirada. Era asombrosa –dijo Freddie. Cerré mis ojos y me dejé transportar a aquellos momentos tan especiales.
-¿Cómo supiste que estabas enamorado de ella?
-Cuando todo en ella me importaba más de lo que quería admitir y sé que ella se sentía de esa forma –no tenía idea de cuánto me gustaba en aquel tiempo.
Decidí bajar las escaleras y pasear con Alex, sabía que él estaría en buenas manos.
Vivíamos a las afueras de Seattle, nos mudamos un mes después de la boda. Al principio la casa estaba vacía, pero poco a poco la pintamos, compramos muebles y más. Es el lugar perfecto, allí compartimos como familia y nos consolidamos como una. Pasamos momentos maravillosos, como el día que llego Alex a nuestra vida. "Yo estaba sentada en el mueble de la sala mirando la TV, Freddie fue a comprar la cena así que me había quedado sola.
Me levanté algo confundida, me sentía algo incomoda y no sabía porque puesto que faltaban dos meses para el parto. La presión en mi vientre aumentó y el dolor comenzó a extenderse por todo mi cuerpo, entonces mis manos fueron instintivamente a mi vientre y me precipité al teléfono.
-Contesta, Carly… por favor… -suplicaba jadeante. -¡Carly! Gracias al cielo… no sé qué hacer… me duele mucho –comencé a explicar con lágrimas en los ojos.
-Sam, ya volvimos –gritó Freddie desde la puerta.
-¡Freddie! Ayúdame, me duele… -grité más fuerte. –Creo que ya viene… -las lágrimas no se hicieron esperar, no soy una mujer que llore con facilidad y por su rostro supe que estaba preocupado.
-Tranquila, mi amor, todo estará bien –me aseguró, pero pude ver en sus ojos un poco de miedo.
Llegamos al hospital más cercano, las enfermeras al verme me prepararon para el parto y yo estaba, en definitiva, muerta de miedo. ¿Por qué se había adelantado el parto? Eso no era normal. Entonces, allí estaba yo, acostada en una camilla esperando por mi doctora, todo mi cuerpo temblaba y mis mente trabajaba al máximo. ¿Y si algo pasaba? ¡No! No pienses eso… me reprendía una y otra vez. Por otro lado, Freddie caminaba de un lado al otro, esperaba impaciente a la doctora.
-Buenas tardes, Samantha. Veamos cómo está –la doctora hizo el chequeo rutinario y cuando finalizó…"
-Mami, mira unas tórtolas –dijo Alex señalándolas. No pude evitar sonreír ante su arrebato, era tan curiosa e inteligente. Era tan igual a su padre y muy parecida a mí.
-¡Que hermosas, cariño! Vamos a tomar una fotografía de ellas –la alenté con una sonrisa en mi rostro.
Si había algún parecido a su padre, era su amor con las cámaras.
-Ya la tengo –chilló emocionada.
Ella era mi pequeño sol, jamás olvidaré la reacción de Freddie al tenerla en sus brazos ni la mía propia. La amo tanto, ella es la última pieza de mi rompecabezas, sin ella mi vida no estaría completa. Cuando nació, mi vida cambió por completo. Sus hermosos ojos marrones y su cabellera rubia eran la perfecta combinación de Freddie y mía.
-¡Perfecto! Cuando llegues se la enseñas a tu padre, estará complacido de verla –susurré y ella asintió. Alex dejó la cámara en su bolso y corrió hacia los columpios, ella podía ser inteligente, pero jamás dejaría de ser una niña.
Me giré solo un poco y no pude evitar sorprenderme al ver a la chica sentada en un banquillo del parque. Suspiré indecisa, no sabía si acercarme a ella o no. Me encogí de hombros al decidir y comencé a acercarme. Caroline al notar mi presencia se tensó, esa chica era tan parecida a mí y yo solo le iba a dar un pequeño empujón, la ayuda que yo nunca recibí.
-Hola… ¿Cómo te sientes? –pregunté con interés.
-Usted vio todo… -no estaba haciendo una pregunta, lo estaba afirmando.
-Sí, una locura, ¿no? –pregunté y ella comenzó a llorar. -¿Qué sucedes? A veces hablar ayuda…
Ella guardó silencio por unos cuantos segundos antes de iniciar.
-Todo estaba bien hasta que yo lo arruiné… le dije que me importaba y yo…
-¿Te importa mi hijo? –Ella me miró a los ojos y asintió. – ¿Solo te importa o sientes algo más por él?
-Yo… creo que… estoy enamorada –susurró con pesar. –Y sé que él no está enamorado de mí. Tía, lo he tratado mal, lo he arrastrado a hacer cosas que… ¡Dios! Debe odiarme…
-¿Por qué no se lo preguntas? –La alenté.
-No lo creo…
-¿Sabes? Cuando era joven, un par de años mayor que tú… -comencé a relatar mi historia. –Besé al padre de Noah en el colegio, tarde mucho en darme cuenta que estaba enamorada de él y negarlo fue lo peor que pude hacer… no cometas el mismo error que yo –dije antes de levantarme.
Recogí todas mis cosas con la esperanza que la chica recapacitara, minutos más tardes estaba en de regreso. Freddie preparaba la cena y yo estaba pensando en todo lo que había pasado ese día.
Freddie me abrazó con fuerza y susurró palabras de amor en mi oído, yo solo pude sonreír. Mi vida entera había cambiado gracias a él. Sus ojos me miraban con ternura y en sus labios estaba dibujada la sonrisa más hermosa que he visto en horas.
-Señora Benson, ¿quiere usted hacerme el honor de salir conmigo esta noche? –Susurró mordiendo suavemente mi cuello.
-No lo sé, mi esposo se pondrá celoso –ronroneé ante sus caricias.
-No me importa, solo quiero estar contigo –susurró antes de besarme. Sus besos me encantaban, con cada beso que me daba me llevaba al cielo.
-Muy bien, acepto… -susurré entre besos.
-Que bien… -beso mis labios con ternura. -¿Estarán seguros los tres?
-Estoy segura de eso… -susurré antes de abrazarlo. –Yo solo quiero que no comentan los mismos errores…
-No lo harán, mi amor. No lo harán –Freddie me miró a los ojos con infinito amor y me sonrió. –Estoy seguro que Noah sabrá cómo resolver sus problemas, él descubrirá el amor igual que nosotros lo hicimos.
-¿Te he dicho que te amo? –Susurré con una sonrisa en mis labios.
-No desde hace horas. Te amo –dijo acunando mi cara en sus manos.
-Voy por una ducha, nos veremos en una hora –susurré besando su nariz.- Por cierto, feliz cumpleaños… tienes un regalo en la mesa de noche.
Subí las escaleras a toda velocidad y me encerré en el baño, pero no le pasé seguro a la puerta. Estaba tan ansiosa de saber su respuesta, de saber cuál sería su reacción. Cuando me enteré está mañana no pude esperar para decírselo, sería el mejor regalo de cumpleaños del mundo. Comencé a quitarme la ropa cuando la puerta del baño se abrió súbitamente.
-¿Es cierto? –Su se había elevado un poco y estaba un poco temblorosa.
-Sí… -susurré sin apartar la vista de la prueba.
-¡Dios, Sam! –se acercó a mi tan rápido que no lo vi venir. Rodeó mi cintura con sus brazos y me beso con todas sus fuerzas. –Te amo… tanto –comenzó a reír sin dejar de besarme.
-Por siempre te amare, Freddie… por siempre –susurré cerrando la poca distancia que nos separaba. Ahora estaba completa y sabía que todo estaría bien mientras él este junto a mí.
FIN
Es mi segunda historia terminada, me encanta el final ya que es diferente y algo inusual de lo que se espera de dichas historias. Pero me caracterizo por no seguir un patrón... espero sea de su agrado...
Besos
Isa
