LA HISTORIA ESTÁ TERMINADA, PERO PROMETÍ UN EPILOGO Y AQUÍ ESTÁ. ESPERO LES GUSTÉ Y COMENTEN :D ME GUSTARÍA SABER SUS OPINIONES

BESOS

ISA

Juntos

Epilogo

Los ojos de la rubia estaban fijos en el espejo que reflejaba a una hermosa mujer a punto de casarse. Ella tenía veintitrés años, era un poco más alta que la rubia y su piel era tan blanca como la de ella. Su vestido brillaba intensamente bajo la tenue luz de la mesa de noche. Su cabello rojizo caía delicadamente sobre sus hombros y espalda, que estaba perfectamente adornado con hermosos pétalos de cristal. La pelirroja tenía la mirada fije en su propio reflejo, estaba tan nerviosa que no paraba de retorcer sus dedos con fuerza.

Sam, su futura suegra sonrió apretando su agarre en ella antes de volver a observarla, pero esta vez buscaba detalles en su maquillaje. Estaba perfecta, sus labios y ojos tenían el equilibrio ideal, fuerte y suave por igual.

-Tranquila, todo saldrá bien –le dijo Samantha Benson que no había dejado de sonreír desde que la vio. –Mi hijo es tan afortunado por tenerte, estoy segura que lo harás feliz.

Caroline se giró bruscamente ante sus palabras. Estaba sorprendida.

-¿Cómo puedes estar segura de eso, Sam? Tengo tanto miedo de no ser…

-Shh… ¿Cómo puedes pensar así? Él te ama desde hace tanto –confesó aun sabiendo que ella sabía.

La pelirroja se levantó y caminó hasta la puerta. Ella estaba lista para caminar hasta el altar, lo único que le dolía era hacerlo sola. Sin embargo, cuando abrió la puerta, Freddie Benson estaba allí. Tenía esa sonrisa que vio muchas veces en Noah, ella pensó que el parecido era esplendido y a pesar de no ser Sam la madre biológica, él tenía muchos rasgos en común.

-Wow ¡Estás hermosa! ¡Mírate! –Le dijo con una sonrisa en los labios haciéndola sonrojar. –Bueno, no tenemos mucho tiempo y necesito hablar contigo.

Su esposa se acercó a él sonriente y tomó asiento a su lado. Caroline estaba sorprendida, ¿Acaso hizo algo malo?

-Estamos muy contentos de saber lo mucho que se aman, tu y nuestro hijo. Queremos que sepas que eres como nuestra hija, siempre contaras con nosotros –la pelirroja tenía lágrimas en sus ojos, los amaba tanto como para considerarlos sus padres. –Para mí sería un honor llevarte hasta el altar, entregarte a mi hijo…

Las manos de Caroline viajaron a su boca y dejó escapar unas cuantas lágrimas antes de asentir. Sus labios tenían una hermosa sonrisa.

-Entonces, Señorita, es hora –dijo el castaño mientras borraba las lágrimas de su futura hija. –No querrás que mi hijo sepa que lloraste.

La pelirroja negó con la cabeza mientras dejaba escapar una pequeña risa. Ella vio como su suegro la llevaba de la mano hasta la entrada de la iglesia. Nunca se pudo haber imaginado que su enamoramiento con Noah pasaría a esto, no tenía motivos para creer que había un futuro con él.

**Caroline**

Seis años atrás, Sam me había convencido de que lo mejor era hablar con Noah. Al principio fue algo incomodo saber que él lo sabía, pero llegamos a un acuerdo que si, a los diecisiete años, aun sentíamos lo mismo no lo pensaríamos dos veces para estar juntos. Después de esa conversación las aguas se calmaron, seguimos con nuestras travesuras y más de una vez estuvimos involucrado en un problema serio; como siempre era Sam la que nos sacaba de apuro, era nuestro ángel.

"Los años pasaron volando y sin darnos cuenta nos estábamos graduando, Noah tenía 17 años y yo igual. Ambos aplicamos a la misma universidad, pero con diferentes carreras. Él amaba el diseño y yo el baile, increíble de mi parte tomando en cuenta que nunca había demostrado verdadero interés en ello. Esa noche nos separaron ubicándonos en grupos diferentes, no es que yo no trate a nadie más, la verdad era que tenía muchos amigos, pero me sentía incomoda con esa situación.

De vez en cuando trataba de buscarlo, pero era imposible mirar dentro de ese mar de estudiantes. Recuerdo haber dejado escapar un suspiro y, entre tantas cosas, decidí salir por un poco de aire. En pocos minutos mi vida iba a cambiar y él no estaría a mi lado para apoyarme, al menos no esa noche.

-Ya nos estamos graduando… el tiempo paso rápido –él se había acercado a mí sin que yo me diera cuenta, sin embargo, no grité ni me sobresalte.

-Parece que apenas fue ayer cuando te conocí. Ya no eres ese pequeño bebé indefenso y callado –susurré en ese momento recordado viejos tiempos. –Deberíamos regresar…

-¿Quieres hacer nuestra última travesura? –Murmuró mirando el estacionamiento y yo no le entendí en ese momento, no podía imaginar lo que se traía entre manos.

Sin embargo, lo miré con una sonrisa en los labios indicándole que estaba dentro. Lo vi tomar su celular y escribir un mensaje rápidamente. Me hizo una seña con su mano para que lo siguiera y me encontré perdida en el clímax de la excitación. Desde que cumplimos dieciséis años nuestros planes se habían vuelto cada vez más pesados y nuestros métodos de escape más efectivos. Fruncí el ceño cuando vi que nos dirigíamos a su coche, no pude evitar mirar hacia atrás y preguntarme si eso estaba bien.

-Hoy escaparemos del mundo. No necesito de un acto para saber que soy bueno… -giré los ojos mientras dibujaba una sonrisa. "Estúpido engreído" pensé cuando entré. –Tú tampoco necesitas de un acto para saber lo excelente que eres…

-¿Qué te traes entre manos, Benson? –Él solo me regalo una sonrisa, esa que me hacía temblar y desear besarlo como nunca lo había hecho.

Pasaron veinte minutos cuando me di cuenta de sus intensiones. Quería pasar tiempo en nuestro lugar favorito, el mirador o así le llamamos. Llegamos al edificio más alto de Seattle, saludamos al portero y este solo movió su cabeza en señal de aprobación. No hablamos en todo el trayecto hasta el mirador, mi mirada estaba fija en el espejo del elevador, había cambiado tanto. Mis ojos habían adquirido una forma menos redondeada y algo estilizada. Mis labios también eran diferentes, poco quedaba de esa chica flacuchenta y poco agraciada. Mi cabello era más manejable gracias a Sam que me dio su secreto.

Una campanada me trajo a la realidad, llegamos a nuestro destino. Como era de esperarse, Noah había preparado todo como siempre. Un par de mantas y algunas almohadas para protegernos del duro concreto. Estar aquí me relajaba, ni hablar de la intensa sensación de paz que lograba él en mí. Después de un par de minutos nos encontrábamos acostados observando el firmamento, definitivamente no era una travesura, pero no me arrepentía de eso.

Lo miré de vez en cuando, él solo tenía los ojos cerrados y mordía su labio como cuando estaba nervioso. ¿Pasaba algo malo? Eran muy pocas las veces que nos sentábamos a hablar con seriedad sobre algo y esas veces fueron cuando reprobé literatura y había comenzado un rumor de que Noah tenía novia; por todo lo demás, nunca nos vimos en la necesidad de llegar a tanto rodeo para conversar. Estuve tentada un par de veces en preguntarle, pero se veía tan concentrado que lo dejé pasar.

-A veces me pregunto, ¿qué sería de nosotros si lleváramos vidas separas? –Me giré sorprendida y levanté una ceja pidiéndole en silencio que siguiera. –Es decir, tu me conociste o me salvaste yo no sé. Solo digo que tal vez las cosas transcurrirían diferentes de ese modo.

-Sí, es posible. Cuando era niña pensaba en muchas cosas y creo que siempre mantuve presente lo que era lealtad y amistad –me encogí de hombros mientras decía todo eso-.

Lo vi sonreír aun con los ojos cerrados y giré mi cuerpo solo para estar un poco más cerca.

-Tienes diecisiete… -esbocé una sonrisa confundida.

-Y tu también –respondí de vuelta y ahora fue su turno de sonreír.

-Quiero saber algo, Cerecita –mi corazón dio un vuelco al escuchar mi sobrenombre. Noah había dejado de decirme de esa forma desde aquella vez que conversamos. -¿Aun sientes algo por mí? –Su pregunta apenas fue un susurro audible.

Sus ojos, ya abiertos, mostraban un miedo infinito y también mucho amor. Su cuerpo estaba tenso, al igual que yo en ese momento. No lo podía creer, se había acordado de nuestra promesa.

-No quiero que te sientas comprometida, solo quiero que me digas si sientes o no algo por mí. Te prometo que nada cambiara, aunque este enamorado de ti jamás dejaras de ser mi amiga –volvió a susurrar con una sonrisa triste esta vez, de seguro piensa que ya no siento lo mismo que él.

Sin embargo, no podía hablar ni siquiera podía moverme, estaba petrificada de la emoción. Cuando era más chica y tenía catorce años, hice un movimiento algo torpe, confesarle mis sentimientos. Aunque él me asegurara que sentía lo mismo, no podía arriesgarme. Después cuando cumplí mis quince juro que todo parecía haber desaparecido, pero un año después de eso, en su cumpleaños dieciséis volvió con furia. Mi corazón latía rápidamente cuando lo veía, sonreía sin motivo alguno desde mi cama y suspiraba cuando me abrazaba. Todo en él me gustaba.

Estaba tan metida en mis pensamientos que él dio por sentado mi decisión, yo no lo quería más. Se levantó y se colocó sus zapatos para luego caminar hacia el mirador. Yo lo observaba con timidez desde mi lugar y sabía a la perfección que él estaba sufriendo y mucho. ¿Valía la pena acabar con años de amistad por un nuevo sentimiento? ¿Qué tan dispuesta estaba yo a amarlo? ¿Es posible vivir sin él? Todas esas preguntas tenían una respuesta segura y esa sería un "Sí".

Me levanté lentamente y respiré hondo, tratando de buscar mi fortaleza. Era ahora o nunca. Caminé a paso tranquila hacia donde él se encontraba. Tenía la cabeza gacha, de seguro observando los choches pasar de un lado al otro. Bajé la mirada, solo para imitar su acción y suspiré.

-Sí… -él se giró con el ceño fruncido, no había entendido mi respuesta. Suspiré nuevamente buscando fortaleza y sonreí. –Aun siento lo mismo por ti…

Al principio no hizo nada, solo mirarme a los ojos y aguantar la respiración. Lentamente se fue formando una gran sonrisa en sus labios mientras acortaba distancia. Pegó su frente con la mía y su sola respiración me hizo estremecer. Cerré los ojos inconscientemente mientras sentía mi cuerpo relajarse.

-Yo no he dejado de sentirlo… -murmuró rozando sus labios con los míos. –Estoy enamorado de ti…

Mis piernas flaquearon y mi cuerpo se estremeció ante la sola respuesta. Estaba enamorado de mí. ¡Estaba enamorado de mí! Repetía una y otra vez en mi cabeza. De pronto, todo a mí alrededor dejó de existir cuando su piel tocó mi piel y sus labios los míos."

-¿Estás lista? –Me preguntó Freddie con una sonrisa contagiosa, nunca podía estar sería cuando estaba a su lado. Él era como mi padre, me apoyaba en todo y estaba agradecida por eso. Escuché como comenzaba la suave tonada que me acompañaría hasta que mis manos tocaran las de Noah, mi futuro esposo.

Caminamos a paso lento hacia al altar, mi vestido bailaba suavemente sobre mi cuerpo con cada paso. Este vestido, jamás podré estar más agradecida y emocionada por este regalo, lo aprecio tanto que casi no lo creo cuando me lo regaló. Dicen que es de mala suerte que el novio vea el vestido, pero en mi caso trajo buena suerte.

"Ese día acompañaba a Sam, a lo que comúnmente llamaba "depuración". Yo estaba sentada en la cama cuando dejó caer, de forma delicada, su vestido de novia. Sonreí como una idiota cuando lo vi, recuerdo haber visto a Sam luciéndolo, parecía una princesa.

-¿Es hermoso, no? –Me preguntó mirándome a los ojos. -¿Quieres probártelo?

Mi boca se abrió por la sorpresa para luego formar una sonrisa, claro que quería. En secreto ese había sido mi sueño, casarme con ese vestido. Por años me imagine con ese vestido, bailando con Noah en nuestra boda. Mientras me lo colocaba, alejé esos pensamientos, apenas si teníamos dos años de novios y ya quería ser su esposa. Sonreí con tristeza cuando subía el cierre y me giré dispuesta a salir y observar ese vestido en mí.

Esperaba encontrarme a Sam sentada en la cama o arreglando su armario, pero en vez de eso estaba Noah con una sonrisa en los labios. Me sonrojé tanto que necesité cubrir mi rostro con mis manos.

-¿Qué haces aquí? –Murmuré la pregunta sin mirarlo.

-Tomando la decisión más grande de mi vida… -susurró con voz soñadora. La curiosidad pudo más que mi pena y fijé mi mirada en la suya.

Mis ojos se abrieron como platos cuando se arrodilló frente a mí con una pequeña cajita en sus manos. No pude evitar lanzar un grito que fue ahogado por mis manos.

-Caroline Green, te amo tanto mi amor que no tengo dudas de este paso tan importante… -mi respiración se agitó y mis ojos se llenaron de lágrimas. -¿Aceptarías ser mi esposa?

Su voz apenas fue un susurro y mi visión comenzó a fallar a causa de las lágrimas. Pestañeé rápidamente para poder mirarlo a los ojos y darle mi respuesta.

-Sí… -mi voz salió tan baja que, estoy segura, no logró escucharme.

-¿Qué? –Murmuró con voz temblorosa, tal vez me equivoque, si me escuchó.

-Sí… -dije con fuerza y determinación. -¡Sí! Acepto… -no pude evitar chillar eso último, estaba sorprendida.

Él no me dijo nada más, solo me abrazó y me beso, envolviéndonos en nuestra pequeña burbuja personal."

Sus dedos rozando los míos me trajeron a la realidad, ya era el momento, sería su esposa.

***Sam***

Esbocé una sonrisa cuando Freddie comenzó a caminar hacia mí. Aun, con el pasar del tiempo, sigo amando a este hombre con la misma intensidad de siempre. Tomó mis manos entre las suyas y las besó con delicadeza. Este día era especial, hoy mi hijo se casaba y nuestra familia crecía. Yo sabía que él estaría bien, sabía que mi hijo estaba en buenas manos. Solo saber que ella lo amaba de la misma forma que él la amaba me daba la confianza para dejarlo ir.

-¿Estás feliz? –murmuró Freddie en mi oído.

-Sí, lo estoy… -susurré mirándolo a los ojos. –Te amo…

Él dibujo esa sonrisa que tanto adoraba y beso mis labios.

-Te amo… -susurró entre besos.

Nada podía ser mejor.

Fin…