Chapter 3: Chapter 3

El techo no ofrecía nada interesante que ver, pero al menos servía de distracción para un Ash confundido, con la conciencia a medio carcomer, que trataba de no pensar en el error que acaba de cometer. Cegado por la rabia y las ganas de olvidar, había llamado a su gran amiga Serena para pasar la noche en compañía.

Aquella inocente joven, aun sabiendo las intenciones del Maestro Pokemon, había acudido a su apartamento sin dudarlo. Y aunque al principio Ash se sintió feliz, distraído por el placer momentáneo, pronto llegó ese estúpido sentimiento de culpabilidad que le acechaba últimamente, y que se estaba haciendo ya demasiado familiar.

Se tocó el abdomen por debajo de la camiseta, dejando entrever sus abdominales y suspiró. Una nueva cagada del señor Maestro Pokemon. Niños, no hagáis esto en casa, pensó con resignación. Giró su rostro y se encontró con la espalda desnuda de Serena, que se movía al compás de su respiración. Estaba dormida. Sin duda, Serena no debía tener ninguna preocupación en su cabeza, pues descansaba en un profundo sueño. Resopló agotado, y ella respondió girándose y colocando su brazo derecho en el pecho de Ash.

El se tensó. Ese gesto era demasiado íntimo para lo que acababa de suceder entre ellos. Lo retiró con cuidado y se giró sobre si mismo. Tenía que dormir si o si, pues mañana le esperaba otro interminable día junto a Misty Waterflower.

El ruido de la cafetera le despertó. Una voz femenina que tarareaba en la cocina le recordó el gran error cometido. Ya no había manera de escapar, tendría que afrontar las consecuencias de sus actos. Se levantó con desgana y caminó hasta donde se encontraba Serena. Una serie de dibujos animados acompañaba a la rubia, que estaba sentada sobre un taburete de la cocina con las piernas cruzadas. Parecía contenta.

Buenos días…-susurró el, procurando no establecer contacto visual con ella.

¿Sabes? Todavía no me puedo creer que hiciesen también una serie animada de tu vida. Es tan, pero tan increíble – río encantada.

Yo tampoco…-sururro malhumorado. Mejor quítala.

¿Por qué? – dijo ella extrañada. Si me hiciesen una serie a mi, grabaría todos los capítulos para verlos uno tras otro.

Sólo quítala, Serena – ordenó Ash fijando la vista en ella. Serena le miró confundida, y finalmente accedió.

Está bien…¡Vaya humor, ya por la mañana!

Una serie de dibujos animados. El último invento de La Elite. Tengo que ser siempre el mejor, mejor que nadie más. Menuda absurdez. Quizás hace años ese hubiese sido su lema. Pero ese Ash había muerto hace tiempo. Todo en su vida había dejado de tener sentido. La vorágine de la fama, ser el ejemplo de los entrenadores, un sex symbol acosado por fans no era para él. Nadie le había dicho que llegar a ser el Maestro Pokemon no solo consistía en ganar si no también conllevaría perder muchas cosas.

¿Ash? – gritó Serena poniendo sus brazos en jarra. ¿Me estás escuchando?

¿Qué?

Ay, siempre tan despistado. Que que harás hoy – repitió ella hablando muy despacio.

Tengo…cosas que hacer – frunció el ceño. ¿Por qué?

Serena captó la negativa de Ash a su indirecta y se mordió el labio. Tenía pensado organizar una ruta en la que irían de compras, a comer fuera y después quien sabe, quizás podría repetirse lo de la noche anterior. Pero sabía que el entrenador Pokemon no cedería, lo conocía demasiado bien, por eso prefirió abandonar su plan.

Por nada. Curiosidad – sonrío abiertamente.

Bien…Puedes irte cuando quieras – pidió mientras se daba la vuelta para no tener que ver la cara de Serena.

Ella no dijo nada. En el fondo no le sorprendió esa actitud. El tampoco volvió a decir palabra. Serena. Serenita. Pobre oveja descarriada, a buen lobo has venido a parar, pensó Ash para si mismo mientras se preparaba para salir.

Eres un auténtico traidor – gritó Misty por el teléfono. Todos estos años confiando en ti. ¿Así me lo pagas?

Querida, calmate un poco. No te sienta nada bien ese humor.

¡No me digas que me calme! Le has traído hasta mi – se retiró el flequillo con fuerza de la frente. ¿No había otro inspector? ¿tenía que ser él? Por que no me atas una soga al cuello y me tiras por un barranco.

Misty, por Dios. Que dramática eres. Es Ash Ketchum. Tu amigo de la infancia, joder – gruñó Lance.

Mi ex amigo – corrigió ella con un tinte de pena.

¿Has tenido problemas con él acaso? ¿Te ha insultado? ¿Despreciado? Si es así, házmelo saber, por favor.

Misty silenció. Hay cosas peores que un insulto o desprecio. La indiferencia, es sin duda, la peor de las actitudes que podían venir de Ash.

¿Hasta cuándo? – preguntó ella resignada, dejándose caer en el sofá del Hall del Gimnasio.

Lo que dure la investigación. Estate tranquila, Misty. No me cabe duda que todo irá bien. Te tengo que dejar.

Pero…

Misty miró el teléfono con furia. Estaba comunicando. El condenado de Lance le había vuelto a dejar con la palabra en la boca y le había colgado. Así le pagaba su amistad. Enviando a su mayor enemigo al Gimnasio que le estaba dando de comer. Parecía una paradoja. Ash el encargado de arruinar su vida de nuevo, esta vez con una clausura de uno de los Gimnasios más longevos en Kanto. Gruñó. No podía consentir que el trabajo de sus padres se perdiese así como así.

Tendré que ser un poco amable – dijo Misty en voz baja.

El sonido de la puerta principal avisó a Misty de la llegada de alguien. Miró su reloj. Demasiado temprano para cualquier otra persona. Tenía que ser el de nuevo. Apretó los puños, puso su mejor cara, y se dirigió a la entrada.

¡Buenos días, Ash! – saludó ella alegre. Ash se tensó.

Buenos días. Veo que esta vez has sido puntual – apuntó el, procurando distraerse de aquella sonrisa tan fascinante que le mostraba la peliroja.

Creeme. Ayer fue una excepción. Te lo aseguro. ¿Continuamos? – volvió a sonreír ante la indiferencia de Ash. Como dolia.

¿Tienes despacho? Hoy quisiera ver papeleo.

Si. Hay uno en la plata de arriba – contestó ella extrañada. Por aquí.

Detrás de ti.

Misty se alistó los pliegues de su nuevo vestido. Había estado meses esperando para estrenarlo. Se decía así misma que esperaría por una ocasión especial. Y allí se encontraba, con aquel precioso vestido, y un hombre estúpido que ni siquiera le había dicho lo guapa y cambiada que estaba. No sabía ni porque había decidido echarse perfume o peinarse el cabello, pero lo había hecho, y había disfrutado arreglándose para la ocasión. Que ingenua.

Es aquí – dijo encendiendo las luces de un imponente salón, con paredes de cristal, que mostraba el paisaje espectacular que rodeaba a Celeste. Hace tiempo que no lo utilizamos, espero que sea de tu agrado.

Está bien. No hace falta que te quedes. Puedes ir…- guardó silencio por un momento – a hacer aquello que sueles hacer en tu día a día.

No. Está bien. Hoy no tengo nada importante a lo que atender – dijo ella nerviosa.

Como quieras – respondió él encogiéndose de hombros.

Misty le miró. Había cambiado mucho. Ya no se veía como un crío perdido. Cada movimiento del Maestro Pokemon imprimía una seguridad y aplomo que impresionaba. Sus facciones se habían endurecido y seguía luciendo aquel cabello alborotado que tan sexy le hacía. Se había convertido en un hombre.

Sin embargo ella seguía pareciendo la misma niña de siempre. La misma niña malhumorada perdida de un año atrás. Misty se mordío el labio y giró el anillo de su dedo anular. Le miró y descubrió que el también la estaba mirando, fijamente.

¿Qué, que pasa? – balbuceo ella sintiendo que se sonrojaba ante la mirada oscura de Ash.

Todavía lo llevas.

¿Qué?

El anillo – Ash hizo un gesto con su cara para señalarlo.

¿El anillo? – Misty miró sus manos y entonces creyó morir. ¡Que vergüenza! Como iba a salir de esta.

¿Por qué? – preguntó el incorporándose para colocarse en la silla y tener un mejor angulo de visión sobre ella.

¿Por qué qué? – preguntó de nuevo, avergonzada.

Por qué sigues llevando el anillo.

Bue…bue…no. Verás, es que yo, yo, yo – Misty buscó nerviosa una excusa.

Tranquila. Yo también lo llevo – dijo mostrando una cadena atada al cuello.

¿De verdad? – dijo ella ilusionada. Quizás no todo estaba perdido entre ellos. El corazón de Misty comenzó a latir con fuerza.

Si. Me ayuda a recordar los errores cometidos, para no volver a repetirlos – zanjó el devolviendo la vista a los papeles.

Misty se enfureció. ¿Un error? ¿Acababa de decir que lo que hubo entre ellos era un error? Se levantó de golpe, dispuesta a golpearle, cuando la puerta del despacho se abrió de par en par.

¡Alo! – gritó May colgada del marco de la puerta, tras un Gary sofocado que trataba de agarrarla.

¡Te dije que no molestases! – gruñó el, tratando de recuperar el aliento, tras haberla perseguido por todo el gimnasio para impedir que molestase a Misty en su reunión.

Cierra el pico, viejo. Tan siquiera puedes respirar – señaló May, mientras entraba en la sala y le daba un fuerte abrazo a Misty. Peliroja, que es de tu vida, ¿eh?.

Hola, May – dijo Ash, levantándose de la mesa para saludarla.

¿Estás de broma? ¿Ash? – miró a Misty tratando de averiguar que sucedía. ¿Qué haces aqúi?

Estoy trabajando – aclaró el rápidamente. Dame un abrazo.

Misty frunció el ceño. ¿Dame un abrazo? Por favor, que mal gusto. Ash estaba dispuesto a lo que fuese por darle celos, pensó la pelirroja. Aunque al ver la sonrisa de ambos, comenzó a dudarlo.

¿Todo bien? – susurró May preocupada, recordando la última vez que había visto a Ash.

Perfecto. ¿Qué haces aquí? – preguntó el separándose de ella.

Pues venía a invitar a Misty al cumpleaños de Drew. Pero ya que estás aquí, me ahorro el viaje y te entrego tu invitación – dijo sonriente cogiendo un par de tarjetas de su bolso. Toma.

¿Fiesta temática? – leyó Misty en voz alta.

¡Si! ¡Será maravilloso! Todos nos vestiremos con la ropa con la que nos conocimos, así podremos recrear y contar anécdotas de aquellos grandes momentos que hayamos vivido juntos – aplaudió exagerando el discurso.

¡Si, maravilloso! – ironizó Gary leyendo por encima del hombro de Misty.

Tranquilo, Gary. No hay invitación para alguien tan aburrido como tú – echó la lengua a modo de burla. Gary apretó la mandíbula.

¡Tampoco pensaba ir! Tengo más cosas en las que invertir mi valioso tiempo.

Misty y Ash se miraron de reojo. Ash guardó la invitación en el bolsillo trasero de su vaquero y no dijo nada más. Se sentó y volvió a remover los papeles de su escritorio. May lo miró, y sin decir nada, agarró a Misty del brazo y se dirigió a la salida.

Ya no molesto más. Tengo que entregar mas invitaciones. Bye bye – dijo en alto despidiéndose con el brazo en alto. Ven conmigo – susurró a Misty sacándola a la fuerza del despacho.

Misty dio un traspiés y consiguió enderezarse antes de darse de bruces con el suelo.

Por poco me matas – gritó la pelirroja colocando de nuevo los pliegues de la falda de su vestido.

Mmmmm – murmuró May, juzgando el atuendo.

¿mmmm? – imitó Misty.

Te ves muy linda. ¿Es nuevo? – dijo May cruzándose de brazos con una sonrisa de oreja a oreja.

¡No es lo que estás pensando, May! – gritó ella sonrojada, cruzándose de brazos.

Veo que hay cosas que no cambian – sonrío May. ¿Qué tal con él?

Mal – zanjó ella.

¿Mal? – preguntó extrañada.

Peor que mal. Se me revuelven las tripas solo de verle. Intento ser amable pero de verdad que no puedo, May – gruño de nuevo.

Ya – asintió May. ¿Te veré en la fiesta?

Misty miró de nuevo la invitación. Tenía ganas de pasárselo bien por una vez. Hacía un año que no había vuelto a salir, centrándose en el gimnasio, en la investigación de Gary y en su pen. Misty abrazó a su amiga, y le guiño un ojo. May comprendió. Se despidió de Misty y salió tan rápido como había llegado. En ese momento la puerta se abrió, y salió un Gary malhumorado del despacho.

No le soporto. ¡Ese aire de prepotencia! – gritó para que Ash escuchase. El moreno tan solo se sonrío sin despegar la vista de los papeles. Estaré en el laboratorio, linda.

¿Linda? Ash apretó el bolígrafo. Como se atrevía ese descarado. Aunque Misty y el ya no tuviesen nada, ella no podía estar con otro hombre. No tenía derecho a querer a otro. Su corazón se encogió al pensar cuantas veces durante su ausencia Gary había abrazado a la pelirroja o había reconfortado su pena.

Ir a la fiesta de cumpleaños de Drew significaba verla de nuevo, y fuera de un ambiente de trabajo, pero por otro lado, le apetecía tomar unos tragos y distraerse un poco. Sonrío ante la idea de volver a reencontrarse con sus viejos amigos en un ambiente más distendido del que había sido la recepción de Pokemon.

¿Y que le dijiste? – preguntó Drew mientras cambiaba de canal en la TV.

Les di las invitaciones. ¿Qué iba a hacer? Se sentía la tensión en el ambiente – narraba May con aspavientos. El de un lado, con la mirada centrada en los papeles. Ella, super linda, sin saber que decir. Cómo una telenovela.

¿No estarás exagerando, querida? – frunció el ceño al verla. Ella le propinó un golpe en la cabeza.

¡Que no! Te lo digo yo. Entre estos todavía queda algo. No se han olvidado.

¿Me lo juras? – torneo los ojos irónicamente.

Tu eres un hombre y jamás entenderás de estas cosas. ¡Ya se! – dijo levantándose rápidamente – Voy a llamar a Dawn y Serena para contárselo.

Una cosa – dijo Drew interrumpiendo el recorrido de la castaña. ¿Van a arruinar mi cumpleaños?

¿A que te refieres? – dijo ella extrañada con el teléfono en la mano.

Ya sabes. Si van a discutir o a hacer un espectáculo. Prométeme que no van arruinar la fiesta – pidió Drew serio.

Está bien – dijo ella acercándose. Nadie va arruinar tu fiesta, amor. ¡Va a ser la fiesta más recordada!

Misty se probó de nuevo su top amarillo y sus shorts. Todo le quedaba demasiado apretado y pequeño. ¡Diablos! Apenas tenía tiempo de ir a comprar algo parecido. Se giró y miró su trasero. Definitivamente no podía ir con aquella ropa.

Cariño, sabemos que la situación del gimnasio es mala, pero no hace falta que busques trabajo de payasa, ¿vas a un circo? – dijo Daisy entrando en la habitación.

¿No te han enseñado a llamar antes de entrar? – gritó Misty avergonzada.

¿Para perderme este espectáculo? ¿Qué haces con tu ropa de cuando eras adolescente? – sonrío la hermana.

Tengo una fiesta.

¿Una fiesta? ¿tu? – Daisy miró de arriba abajo a su hermana. ¿Y vas a ir así vestida? De ninguna manera.

Tranquila Daisy. Se trata de que todos vayan a la fiesta con la ropa de antaño. Es un evento temático – explicó Misty. Además de que…

Entonces hay que hacerle un arreglo a ese top y ese short – interrumpió a Misty dándole un empujón hacia el vestidor. ¡Este es un trabajo para el equipo de las Hermanas Sensacionales!

Ash se sorprendió al descubrir lo apretado que le quedaba su remera patrocinada por la Liga Pokemon. Apenas podía articular movimiento con aquel chaleco. Frunció el ceño y se dio la vuelta. Todavía no alcanzaba a comprender porque acudía a aquella fiesta. Sin duda, se encontraría incómodo toda la noche por la presencia de la pelirroja, pero bastante tiempo había dejado pasar sin ver a sus amigos. Era hora de que recuperase su vida, y esta parecía ser la ocasión idónea. El timbre sonó y Ash miró extrañado a la puerta. Nadie tenía la dirección del nuevo piso, por lo que se acercó a ver quien era. Tragó saliva al comprobar por la mirilla, que Serena conservaba un buen sentido de la orientación, al recordar la dirección de su casa. Chasqueo la lengua y espero un segundo antes de abrir.

¡Tadam! – gritó la rubia con los brazos en alto. He tenido que hacerle unos arreglos a la falda pero aquí…- su rostro se congeló al verle. ¿Qué es esa ropa?

¿Eh? – Ash miró su remera. ¿No es que había que acudir con la ropa con la que nos conocimos?

Precisamente. Yo jamás te vi con esa ropa. Tan solo en fotos con…- Serena se calló al darse cuenta. Ash enrojecío y torció su rostro hacia otro lado.

Es solo ropa. ¿Qué haces aquí?

Venía a buscarte – balbuceo ella agarrándose el pliegue de la falda.

Serena estaba avergonzada. Se había presentado en casa de Ash sin avisar, y encima le había abochornado con su comentario recordando a la pelirroja. Se mordío el labio y trató de calmarse. Ahora tenía la oportunidad de conquistar al Maestro, y ella no hacía más que meter la pata.

Podemos ir juntos, ya que tu no sabes donde vive May exactamente – se disculpó ella, intentando mostrar su sonrisa más franca.

Está bien. Pasa.

Mientras tanto, Misty y Brock que se habían encontrado de camino a la fiesta, reían en el jardín mientras estaban tomando un par de cervezas.

¿Y cuando suspiraba por la Joy de Ciudad Carmín? ¿Recuerdas? – río Brock negando con la cabeza.

¡Brock! Cualquiera te gustaba. ¡Todas menos yo! – se quejó ella fingiendo estar enfadada.

Por que tu eres como mi hermanita – río Brock colgándose del cuello de la pelirroja.

¡Si, claro! – sonrío Misty dando un trago a su cerveza.

Oye, y hablando de viejos tiempos. ¿Qué tal estas? – Misty frunció el ceño. Si, ya sabes. Por la llegada del hijo Pródigo.

Ah. Eso. Gruñó dándole un trago más grande a su bebida.

Si es que podemos definir a Ash como "Eso" – sonrío Brock compasivo.

No lo se. A veces le miro y me parece encontrar al pequeño Ash de siempre. Pero de repente, descubro una nueva faceta fría y calculadora. Ha cambiado.

No podemos culparle – aclaró Brock. La pelirroja le miró sorprendida.

No es culpa mía.

No estoy diciendo que lo sea, Misty. Escusa no pedida…

Justificación manifiesta – completó Misty en susurro.

¡Chicos! Ya llegaron todos. Vamos a sacarnos las fotos de inicio de fiesta – gritó May desde el porche de la casa.

Misty y Brock se miraron, y sin decir nada, ingresaron al interior. Brock siempre había dejado su posición clara respecto a ambos, Misty y Ash eran como sus hermanos y procuraría no posicionarse, por el bien del trío. Otros sin embargo no habían podido evitar tomar partido en el bando del Maestro o Misty. Las heridas estaban todavía muy abiertas, y a Brock le entristecía ver a una Misty apagada y gris, lejos de la chica alegre y soñadora que había conocido tiempo atrás.

¡Misty! Estás increíble – gritó Dawn mientras le daba un fuerte abrazo que la dejaba sin respiración.

¡Y tu, Dawn! ¿Es la misma ropa de hace años? – dijo Misty sorprendida al verla.

¡No inventes! Un apaño por aquí y por allá, y ya ves. ¿A que me veo igual? – dijo exagerando la pose. Misty sonrío divertida. ¡Ay, por Dios! Ahí va Tracey. Ya hablamos.

Dawn se marchó tan rápido como vino y mientras Brock comentaba la indumentaria de Drew, Misty decidió dar un vistazo general a los invitados. Sus ojos se paralizaron al ver a una rubia de faldita roja de tablas haciéndole una carantoña a Don Perfecto Ketchump. Notó el chirriar de sus dientes, cuando él le regaló una hermosa y sincera carcajada que recordaba al antiguo Ash, entrenador Pokemon con aspiración a Maestro, de Pueblo Paleta.

Bueno, vamos a comenzar las fotos de la fiesta, antes de que todos nos veamos muy perjudicados – bromeo May, mientras atraía la atención de los invitados de la fiesta. ¿Quién quiere empezar?

¡Nosotros! - gritó Brock, cogiendo a Misty del brazo y obligándola a acercarse al Photocall.

¿Nosotros? – susurró Misty enfadada.

Ash, tu también – gritó Brock, alzando el brazo.

¿Qué? – gritó ella, tratando de guardar la compostura.

El moreno dudó. Brock volvió a insistirle. Misty clavó las uñas en el brazo moreno del líder de Ciudad Plateada, mientras le suplicaba entre dientes que parase de una vez. Finalmente, Ash decidió unirse a los compañeros.

Ash, mejor en medio. Misty y Brock, haceros a los lados – gritó Tracey mientras preparaba la cámara.

Diablos…-susurró ella. Escuchó la sonrisa victoriosa de Ash y ella todavía se encendió mas.

¿Listos? Digan Goldeen.

Tracey sacó un par de fotos, y mientras miraba el resultado en su pantalla digital, Ash observaba a Misty.

¿Qué sucede? – decía ella de reojo, mientras mantenía los brazos en cruz.

Sigues teniendo ese gesto.

¿Qué gesto? – dijo ella mirándole sorprendida.

De enfado constante – contestó el volviendo a mirar al frente.

Y tu esa cara de bobalicón…-susurró de mal humor, mirando a otro lado.

Serena se mordía las uñas de manera insistente. Dawn se acercó por detrás y le dío un pequeño susto.

Se ven bien, ¿no lo crees? – preguntó la morena con picardía.

¿Eh? – dijo Serena volviéndose a la coordinadora.

Si. Ellos. Misty y Ash. Se ven bien juntos.

Demasiado bien. Tanto que da miedo – contestó Serena preocupada.

Continuará -