Misty trataba de disimular su recurrente distracción por las cosas más vanales que estaban sucediendo aquella dura tarde de investigación Pokemon. Por primera vez en días, no tenía que soportar la presencia de Ash en el Gimnasio a causa de la investigación de la Liga, por lo que para ella, era recobrar la aparente normalidad de su vida en los últimos meses.

Aun así, no podía quitarse de la cabeza la reacción que el moreno había tenido el último día que habían coincidido cuando trato de despertarle. Abalanzarse sobre ella y agarrarle del cuello con fuerza, incluso con un deje de agresividad la había dejado impactada y temerosa a partes iguales. Es cierto que la personalidad del moreno había cambiado con el paso de los años, e incluso eran cada vez más frecuentes las discusiones entre ellos, pero jamás había llegado a ese punto.

Se acarició el cuello con ambas manos mientras permanecía con la vista perdida en unos libros. Masajeó la zona que había sido tomada por las manos de Ash horas antes, y trató de recobrar la concentración, aunque le costase. Y cuando todo comenzaba a encajar en su cabeza, y las ideas comenzaban a llegar para quedarse, e incluso parecía que no le costaba prestar atención a una lectura científica más de cinco minutos, sonó su teléfono móvil.

Gary, que estaba sentado a su izquierda, levantó ligeramente la vista y miró a la pelirroja, que mantenía su rostro en unos folios escritos con letra diminuta.

¿Misty? – preguntó Gary confuso.

¿Ah? – reaccionó la pelirroja volviendo a la realidad.

Tu teléfono.

Misty reparó en el sonido y supo que efectivamente, se trataba de su celular, que descansaba bajo unos libros de la fisionomía de los Gyarados. Estuvo a punto de silenciarlo y ver después de quien se trataba, pero la curiosidad le pudo en ese momento. Maldijo para sus adentros cuando vio de quien se trataba en la pantalla de su celular, pero no tardó en leer el mensaje que el moreno acababa de enviarle.

Mierda…-murmuró mientras tecleaba para responder, para después dejar el móvil con fuerza en la mesa, logrando que Gary diera un respingo en su silla.

¿Qué ha pasado? – preguntó mirándola de nuevo.

Nada – río ella tratando de disimular. Sólo que se me olvidó contestarle un correo a Dawn, y ahora me está insistiendo.

Misty río con fuerza, pensando para sus adentros cuanto tardaría Gary Oak en percibir que le estaba engañando. Mentir no era su especialidad, el disimulo mucho menos, pero es que además el investigador Pokemon parecía tener un sexo sentido cuando se trataba de ella.

Mmmm – asintió Gary, retirándose las gafas y palpando el puente de su nariz. ¿Qué tal si hacemos un descanso? Comienza a dolerme un poco la cabeza.

¡Claro! – contestó efusivamente Misty, levantándose de su asiento y dirigiéndose a la cocina – te traeré un analgésico y un poco de zumo.

Gary la observó abandonar la estancia y dejando pasar unos segundos de precaución dirigió la vista hacia el móvil de la pelirroja que descansaba sobre el escritorio. ¿Debería traspasar ese límite? ¿Quién era él para curiosear en los asuntos de Misty? Al fin y al cabo, el solo era un buen amigo para ella. Dudo, pero finalmente logró acallar su conciencia y abalanzarse rápidamente sobre el teléfono y ver quien era la persona que había espantado a Misty hacía poco.

Así que eres tú, rata callejera…-murmuró Gary realmente enfadado, mientras dejaba el teléfono en el mismo sitio.

Te traje un zumo de manzana, Gary – dijo Misty desde el umbral de la puerta, caminando despacio para no derramar su contenido.

Gary dio una carcajada y se levantó para ayudarla. Ella dejó que el moreno recogiese la bandeja, y le acompañó hacia un pequeño sofá que había en la sala de estudio. Al fin y al cabo ella era muy patosa, pero más ahora, que sabía que iba a reencontrarse con un Ash, aparentemente pacífico, que tan solo quería hablar y aclarar las cosas entre ellos.

Estaba de los nervios, y por ello no podía evitar tambalear su pierna derecha, haciendo crujír la madera del suelo de la salita. Conocía a Ash, o eso creía ella. Quizás el Ash de ahora fuera una auténtica caja de sorpresas. Antaño, habría sabido manejar la situación con el pelinegro para lograr que las cosas no se pusieran realmente feas, pero con este nuevo Ash, resentido y muy dolido con Misty le daba miedo. De hecho, tenía casi más miedo de que tras un intento por reconciliarse, la conversación terminará en una discusión por rencillas personales, y eso le perjudicara de cara a la investigación de su gimnasio.

Sus pensamientos estaban fuera de control. Acababa de entrar en bucle y no podía hacer nada para remediarlo. Tan solo cuando Gary posó su mano sobre la rodilla desnuda de Misty, logró volver a la realidad.

Siempre haces eso cuando estás nerviosa – comentó Gary tomando de su vaso, mirándola fijamente a los ojos.

Lo siento – se disculpó ella tratando de disimular – No me había dado cuenta.

Gary observó el perfil de la mujer que tenía al lado. Era realmente bella. Sus ojos aguamarina, quedaban enmarcados en unas pestañas largas, rizadas y oscuras. Su nariz respingona le otorgaba un toque aniñado, que la convertía en una mujer sumamente atractiva. Ella se retiró el flequillo mientras resoplaba, y el río de improviso, llamando la atención de la muchacha.

¿Sabes, Misty? – dijo el, acomodándose en el sofá y pasando su brazo por la espalda de la pelirroja. No voy a pedirte que me cuentes que ha pasado, pero no puedes negarme que estás de los nervios – sentenció con una sonrisa torcida.

Son solo tonterías…-se disculpó ella. Odio que me conozcas tan bien.

¿Estás segura que lo odias? – río el de nuevo, provocando la risa de la pelirroja.

¡Callate! – respondió ella golpeando el pecho del investigador, para después acomodarse sobre él. Sabes Gary, nunca te he dado las gracias.

Gary se tensó al notar el aliento de la pelirroja bajo su camisa. Ella se había vuelto más cercana con él en el último año, pero aun así, pocas veces habían establecido un contacto físico tan íntimo como en aquel momento.

¿Y por qué deberías darme las gracias? – preguntó el extrañado.

Tu sabes…Sin ti aquí, yo…-susurró agarrándose con fuerza a él. Siempre me pregunto si tomé la decisión correcta hace dos años.

Gary lo recordaba. Misty había llegado con Ash a Pueblo Paleta muy ilusionada. El abuelo de Gary, el Profesor Oak había reunido a todos los familiares y amigos de la pareja para anunciar su casamiento. Había sido tan repentino. Ash había vuelto de su viaje por Kalos Sur, y después de ello, de golpe y porrazo, anunciaban que se casaban. Recordaba que se había tomado la noticia especialmente mal, aunque en aquel momento, Gary todavía no lograse alcanzar a comprender porque. Ahora ya lo sabía. Siempre le había gustado Misty, pero había estado autoengañándose durante toda su adolescencia.

Si lo elegiste, debió de ser por algo Misty – respondió Gary tranquilo. Hiciste lo que en ese momento querías hacer.

Ojalá nunca hubiese regresado, Gary - dijo Misty con un aire triste en su voz. Si él nunca hubiese regresado a Kanto, si se hubiera quedado en Kalos o si tan siquiera hubiera tratado de recuperar el contacto conmigo, no habría caído de nuevo en sus redes. Como una tonta, yo me dejé llevar por él y terminé en una relación sin sentido y sin futuro. Lo único que hicimos fue hacernos daño.

Sí. Había sido una estúpida de remate. Nadie daba un duro por aquella relación, pero allí estaba la pelirroja para luchar contra quien hiciese falta. Ash por fin había decidido que quería comenzar una relación con ella. ¡Por fin demostraba sus sentimientos! Y la pelirroja no iba a perder la oportunidad que le brindaba el destino. No quiso ver y se cegó ante la posibilidad de permanecer junto al moreno para siempre. Desgraciadamente, nada es para siempre.

Gary sentía rabia por lo que Misty estaba pasando. ¿Por qué de nuevo Ash Ketchum tenía que aparecer en la vida de la entrenadora de agua para desordenar todo lo que él había construido? ¿Tan fuerte podía ser la atracción por ellos dos que siempre terminaban reencontrándose? Gary no podía soportar que Misty tan siquiera gastase más saliva en nombrar a aquel espécimen. No se merecía ni el tiempo ni las lágrimas de aquella maravillosa mujer que le había conquistado su duro corazón.

En la adolescencia, Gary solía jugar a conquistar a muchas chicas, justo lo contrario que Ash. Incluso llegaba a burlarse del moreno por su inocencia ante asuntos amorosos. Él había recorrido mucho camino y muy rápido, sin embargo había sabido frenar a tiempo y madurar. Aunque hubiese hecho daño a algunas chicas por el camino, sabía que eso no volvería a repetirse porque de aquí en adelante, su única misión iba ser conquistar el corazón de la pelirroja.

Ahora mismo era la oportunidad perfecta. Ella estaba vulnerable, nerviosa y abierta en canal expresándole sus emociones. Estaban solos en una habitación acogedora hablando de algo que no era investigación. Una oportunidad como esa tardaría en volver a suceder, y no podía desaprovecharla así como así.

Misty, es hora de que pases página con Ash. Tu te mereces un hombre que te ame, te respete y te anteponga como prioridad a todo. Debes comprender que hay muchos chicos que querrían ser capaces de ganarse tu corazón – dijo Gary acercándose a la pelirroja.

Misty se paró en seco. ¿Iba a besarla? Tan solo tuvo unos segundos para reaccionar, pero logró hacerlo a tiempo. Retiró su rostro, logrando que los labios del investigador aterrizasen en su mejilla. Estaba a punto de levantarse del sofá cuando escuchó un carraspeo y una voz másculina en el umbral de la puerta.

¿Molesto? – preguntó un Ash aparentemente indiferente. La puerta estaba abierta, así que decidí entrar.

¡No! – dijo Misty dando un respingo sobre el sofá para recolocar su ropa. Estar tan cercano a un hombre delante de Ash todavía la incomodaba.

Yo no puedo decir lo mismo…-gruñó Gary poniéndose de pie y recogiendo los papeles del escritorio. Mejor me voy. Creo que tenéis muchas cosas de las que hablar.

Si, estaría bien que desaparecieses – murmuró Ash con burla, pero lo suficientemente alto como para que Gary lo escuchase, mientras lo seguía con la mirada.

Ash…-dijo Gary girándose hacia él. ¿Por qué no me acompañas a la puerta y me ayudas a cargar estas cajas?

Ash dudó, pero entendió por la mirada de Gary que éste quería hablar con él. Exponiéndose a lo que podría pasar, decidió aceptar la proposición de su enemigo, y lo acompañó en silencio hacia la puerta.

Una vez salieron del recinto, Gary dejó caer una de las cajas que portaba y sacó su pitillera del bolsillo de la americana, ofreciendo un cigarrillo a un Ash que lo aceptó sin contemplaciones. Gary encendió su cigarro, aspiró fuertemente el humo y tras dejarlo unos segundos en los pulmones lo expulsó con lentitud mientras observaba el cielo.

Es curioso. Tu y yo. De nuevo. Enfrentados – comentó Gary con ironía.

¿Alguna vez hemos dejado de estarlo? – respondió igual de sarcástico Ash, mientras se apoyaba en la pared y ajustaba su chaqueta de cuero.

¿Sabes, Ash? En otro momento te hubiese dejado hacer cuanto quisieras. No hubiera ni rechistado porque llegases de la nada a joder la vida de Misty. Pero esta vez no – sentenció observándole. No vas a joderle la vida de nuevo.

Ash clavó la mirada en él y acto seguido frunció el ceño.

Cuidado, Gary. No digas cosas de las que puedas arrepentirte después.

Ese comentario encendió el orgullo de Gary. ¿Pero que se creía ese niñato? Él era dos años mayor que él, mucho más inteligente, amable y dedicado a los demás que él. ¿Qué se creía?

Es gracioso verte jugar en un mundo de adultos, cuando todavía sigues comportándote como un crío.

El único que está jugando eres tu tentando mi paciencia. No te metas en lo que no te llaman, ¿entendido? – amenazó Ash.

Ella no es tuya. En realidad nunca lo fue. Y eso es lo que puedes soportar.

Esa frase sirvió como revulsivo para que Ash se abalanzase sobre Gary para tomarle del cuello de la americana y empujarlo contra la pared. Gary soltó una carcaja.

¿Así es como arreglas las cosas? Cuando te dicen algo que no te gusta, lo solucionas con un puñetazo, ¿no?

No tienes ni idea de cómo soy o como es Misty – gruñó Ash apretándole todavía más contra el muro.

Tu sí que no tienes ni idea de cómo es ella –dijo Gary dándole un empujón al moreno, logrando zafarse del agarre. ¿Sabes que es lo que le gusta? ¿sabes tan siquiera que le emociona, disgusta, o la hace reír? ¿Sabes que todos los días a las 3 de la mañana se despierta llorando ya no puede volver a dormir? ¿Sabes por qué? ¿O también sabes que cada vez que hay una nueva edición de la Liga de Kanto, desconecta Internet y la televisión porque le atormenta tu recuerdo?

Ash retrocedió dos pasos y respiró profundamente. Si alguien conocía a Misty en el mundo entero era él. Y solo él.

Me ha costado mucho trabajo hacer que volviese a sonreír, que quisiera reunirse con nuestros antiguos amigos de nuevo, que no le diese miedo despertarse en casa y encontrarse sola, que estuviese abierta a conocer a personas nuevas. Y te diré una cosa – dijo Gary avanzando hacia el con seguridad. Creo que no te gusta nada ver lo cerca que estoy de ella, y ¿Sabes por qué? – Ash no contestó. Porque yo sí puedo darle lo que tú no pudiste en su día: tranquilidad, amor y comprensión. Y sobre todo yo sí que estoy en disposición de priorizarla a ella por encima del resto. Cosa que tu en su día no supiste o no quisiste hacer.

Gary se recolocó la americana y tomó ambas cajas como si no le costase trabajo ante la aturdida presencia de Ash.

Tu momento ha terminado. Ya no eres el primero para ella.

Gary desapareció en la oscuridad de la noche, dejando a un Ash furioso y dolido a partes iguales. Sin pensarlo estrelló su puño herido contra la pared donde minutos antes, Gary había estado atrapado. Ojalá hubiese estampado su puño en la cara del investigador cuando tuvo la oportunidad. Se lamentó por la estupidez que acababa de cometer y se tocó de nuevo la mano, que volvió a sangrar con intensidad de nuevo.

Joder…-gruñó apretándose la herida. La historia volvía a repetirse.

¡Ash! - gritó Misty corriendo hacia el al ver las gotas de sangre caer al suelo. ¿Qué has hecho? – gritó horrorizada tratando de cogerle la mano.

Tranquila – dijo el fríamente, mientras apartaba la mano. Estoy bien.

Estás sangrando mucho. Tengo un botiquín dentro. Vamos.

Ya en la sala de curas, Ash respiraba profundamente cada vez que la pelirroja tocaba la herida con un algodón empapado en alcohol desinfectante.

Estate quieto…-pedía ella con paciencia, al ver que Ash no podía parar de mover la mano.

Es que me duele – protestó él, tratando de quedarse quieto.

Afortunadamente, la herida no parece profunda. Te haré un vendaje provisional,pero mañana deberías ir al médico a que te revisase. Me preocupa que pueda infectarse – dijo colocándole una gasa y un esparadrapo.

Estaré bien – dijo el moreno poniéndose de pie y moviendo la muñeca como si nada.

Misty frunció el ceño. No había cambiado nada en ese aspecto. Seguía siendo el mismo crío impulsivo y alocado que años atrás. Se levantó y alistando la falda de su vestido recogió las cosas del maletín de emergencia y lo guardó en un armario. Después se dio la vuelta y le observó. El también la estaba mirando. ¿Parecía nervioso? Pasaron unos minutos de silencio incómodo hasta que la pelirroja se atrevió a tomar la iniciativa.

Bien. ¿De que querías hablar? - preguntó sin más dilación, haciendo verse como si le fuera ajeno o indiferente aquella conversación.

Ash tardó unos segundos en reaccionar, y después aclaró su garganta. El tiempo que le había llevado venir desde su hotel al Gimnasio lo había invertido en pensar que iba a decir, porque, y de qué manera. Pero en ese momento, parecía que se acababa de quedar en blanco. No recordaba nada de lo que traía planeado decir y eso comenzó a ponerle más nervioso. Los ojos aguamarina de ella se clavaron en él, y entonces sucedió. Ella soltó una carcajada. De nuevo aquel sonido despreocupado. Como cuando la reconoció en la fiesta de la Elite de su homenaje. Un sonido angelical que se colaba por cada poro de su piel para atormentarle.

¿Vas a quedarte ahí callado? – río ella de nuevo, tratando de aguantar la risa.

Era preciosa. ¿Por qué tuvieron que salir las cosas más entre ellos? ¿Por qué él no supo darle el lugar que merecía? ¿Por qué ella tuvo que recurrir a los brazos de otro hombre y traicionarle? Todo lo que le había dicho Gary en el aparcamiento era verdad. El ya no importaba. Ya no era primer plato, segundo, ni siquiera postre. Había pasado a la historia en la vida de Misty. Y la risa despreocupada de ella no hacía más que confirmárselo. El estaba muerto de miedo y de nervios, sin saber que decir, y ella tan solo acomodaba la falda de su vestido, balanceando sus pies al compás del sonido de las gotas de lluvia, mientras reía sin preocupaciones.

Quizás no fue buena idea venir – reaccionó Ash, temiéndose que nada bueno saldría de esa conversación. Había llegado muy relajado, pero la conversación con Gary le había alterado mucho y comprobar que Misty parecía indiferente a su presencia, no hacía más que empeorar las cosas.

Estaba cabreado consigo mismo. ¿Por qué no podía aclararse de una vez? ¿La odiaba o la quería? ¿Quería hacerla sufrir o le deseaba lo mejor con otro hombre? Los sentimientos cada vez se enfrentaban más y analizando la situación, sabía que no sacaría nada en limpio esa noche. Así que tomó su chaqueta de cuero y se la colocó de nuevo con gracia, reparando en que la sonrisa de Misty se congelaba en su rostro.

¿Qué haces? – preguntó ella sorprendida.

Mejor me voy – dijo el dándose la vuelta.

¿Qué? ¿Se iba a ir? ¿Había recorrido una hora de trayecto para hablar con ella y se iba a ir sin decirle una palabra de eso tan importante que tenían que hablar? Ella dudó. Quería escuchar lo que él tenía que decirle, pero por otro lado, el simple hecho de encontrarse de nuevo solos, expuestos a sus sentimientos y emociones la incomodaban. No estaba preparada para abrirse con Ash, y contarle todo lo que había sufrido. Pero aun con todo, deseaba saber y escuchar lo que el moreno tenía que decirle. Así que no se lo pensó dos veces. Corrío hacia él y le tomó de la mano para impedir que se fuera. Una corriente eléctrica les sacudió a los dos, logrando que el moreno se detuviera y se girara para observarla.

Ella sintió perder la respiración al sentir la mirada de Ash tan cerca. De nuevo esos ojos profundos que lograban traspasar su alma.

No te vayas – dijo finalmente. Quiero escuchar lo que tienes que decir.