CAPITULO 2
*¡Alumnos y alumnas del St. Bernardette, acudan a la sala de ceremonias para el discurso de la directora!*
Suspiramos al mismo tiempo, después de ordenar aquel desastre que teniamos por equipaje nos habíamos tumbado en la moqueta suave, y mirando el techo conversabamos de lo que habíamos hecho en vacaciones, de la familia... Levantarse ahora debería ser un delito, estabamos tan, pero tan apalancadas.
Nos levantamos lentamente y agarradas de la mano (como íbamos siempre desde que eramos pequeñas) nos dirigimos escaleras abajo, hacía la sala de ceremonias. Aquel sitio era tenebroso y oscuro, me recordaba a mi casa, pero peor, pues no estaba mi familia, ni la gente que conocia, ni mi habitación.
-Hola preciosa...- Escuchamos a nuestra espalda, cuando nos giramos ví a Ino correr a sus brazos, ese era Sai, su novio, empezaron en verano cuando se encontraron en Taipei con sus familias. -Yo sigo caminando eh tortolitos.- Bromeé mientras me alejaba, no me gustaba estar de sujetavelas, prefería dejarles intimidad.
Cuando llegué a la sala cogí sitio en la ultima fila, los profesores tenían la extraña manía de mirar fijamente a los alumnos que tenían mas a la vista cuando hablaban.
Sólo se escuchaba el cuchicheo masivo de los estudiantes, hablando entre ellos, cotilleando, bromeando, nada nuevo para mí. *Sakura...* Escuché que susurraban, alterada miré en todas las direcciones pero no parecía que hubiera nadie llamandome, me calmé rapidamente, pues una vez leí que el cerebro de las personas está siempre alerta a cualquier llamado y es normal escuchar nuestro nombre sin que nadie lo haya hecho. *Sakura...Juguemos al gato y al raton.* La imagen de aquel bosque de mi sueño se me cruzó, me estaba volviendo loca, la falta de sueño me estaba volviendo loca. Las marcas de mi cuerpo comenzaron a arder, tuve que taparme la cara con las manos para que la gente no escuchara mis gemidos lastimeros, con fuerza de voluntad apoyé las manos contra mis piernas y me enderecé tratando de calmar el dolor, pues es parte de nuestro cerebro, si piensas que no te duele, no duele.
Respiré hondo, estaba rígida, mentalizandome de que todo era producto del cansancio. Volví a mirar a mi alrededor, nadie, todos andaban metidos en sus asuntos.
El sonido chirriando del micro siendo volteado me devolvió a la realidad, la directora estaba frente a el, tratando de llamar la atención de los alumnos.
-Bien, estamos aquí un año más, para muchos es el principio y para otros muchos es el final, pero deciros a todos que intentaremos que sea vuestro mejor año, como sabeis hemos hecho muchos cambios, la biblioteca antígua esta por fin a vuestra disposición, y el profesorado tiene nuevos miembros...- Blablabla... Todos los años nos echa una charla que no nos sirve de nada, me limité a jugar con los pliegues de mi falda, sabía que estaban hablando los profesores nuevos, pero no atendía, estaba inmersa en mi cabeza.
Además tampoco podía salir, las monjas vigilaban, el centro fué comprado por la directora, pero se seguían encargando de él las monjas, era muy raro todo. Al menos no te obligaban a estudiar religión.
Después de una hora y 38 minutos después la ceremonia de las narices terminó y dió carta blanca al día libre, yo aproveché para visitar la biblioteca antigua, tenía mucha curiosidad por saber como era, por la cara de las monjas, no les debió hacer mucha gracia que abrieran la biblioteca.
Empujé la pesada puerta de madera maciza, olía a libro viejo y a cuero curtido, recorrí los pasillos entre las estanterías, nadie había ido allí, se estaba muy bien alejada del bullicio. Con la yema de los dedos acaricié los libros, uno de ellos hizo que sintiera un pequeña descarga electrica. Me paré en seco y saqué aquel libro, no tenía portada, solo cuero crudo.
Me dirigí a una mesa de las del fondo y me senté con cuidado encendiendo una lamparita, aquel sitio era oscuro.
Apoyé el libro y con cuidado desaté los cordones que lo cerraban, me sorprendí mucho pues estaba escrito a mano, parecía un diario. Pertenecía a una tal Victoria, todo parecía normal, pero después de unos meses la letra era diferente, como temblorosa.
Me paré en seco en una página y comencé a leer detenidamente.
"13 de Diciembre de 1794
Otra vez el mismo sueño, Dios mio ayudame, algo oscuro me persigue, me marca y me perturba mientras duermo, sueño que estoy en un bosque, la niebla baja por la montaña y voy descalza y con un vestido blanco, algo o alguien me sigue... Tengo miedo y solo puedo rezar, no se lo puedo contar a nadie, pensarían que estoy loca..."
Un escalofrío me recorrió, pasé las hojas y cada vez eran mas caóticas, la letra se distorsionaba, a ultimas solo se leía una y otra y otra vez.
"El fuego purifica, el fuego purifica, el fuego purifica..."
Esta chica, ¿era la novicia que quemó el convento? Comencé a temblar, algo no iba bien, pero no me podía permitir emparanoiarme, me levanté rapidamente, guardando para mí aquel diario, rezando por que no se dieran cuenta de que me lo llevé yo, lo tenía que leer entero.
Corrí hasta mi cuarto, tropezandome con varias personas que se cruzaban, al entrar en mi cuarto escondí bajo el colchon el diario, me tumbé en la cama enterrando la cara en la almohada. Una corriente de aire abrió la ventana tirando la lampara de la mesa.
Pegué un gritito ridículo, suspiré, Sakura eres idiota, sólo es una corriente de aire, me acerqué a la ventana, acerqué mi mano para cerrarla y otra corriente me golpeó haciendome perder el equilibrio y caer de espaldas. El breve instante en el que la vista se me nubló por el golpe pude ver una figura alta acercarse a mí, ladeé la cabeza tratando de enfocar, pero ya no había nadie. Mi respiración se alteró, esa presencia se me hacía familiar, pero sabía por que.
Un golpe en la puerta me hizo girarme rapidamente, pero todo el miedo se esfumó, ahí estaba Ino dandose el lote con Sai, se chocaban con todo y tiraban las cosas. Carraspeé un poco la garganta para que se percatasen de mi presencia por lo menos.
-Ah Saku... perdón pensaba que no estabas aquí jeje...- Dijo apenada, todavía agarrada a Sai.
-No te preocupes, os dejo privacidad.- Dije riendome mientras salía, antes de salir de guiñé un ojo a Ino, me lo devolvió y cerre la puerta. ¿Qué hacía mientras Ino follaba con Sai?
Aún apoyada en la puerta pensando algún plan para distraerme pude escuchar los gemidos de Ino, me voy me voy... Escuchar a mi mejor amiga dandole al tema no es agradable.
Si al menos hubiera cogido el diario... No, mejor no, me estoy montando peliculas por culpa suya, en cuanto pueda lo cojo y lo devuelvo.
Bajé a la cafetería, estaba desierta, los estudiantes estaban o en sus habitaciones o en el jardín, pues todavia hacía buen tiempo, y eso en esta montaña es dificil, enseguida empezará el frio, la niebla, la lluvia y la nieve, había que aprovechar el sol.
Pedí una taza de té verde y me senté al lado de los ventanales que daban al lago que había tras la escuela, envolví mis manos alrededor de la taza, sintiendo el calor que desprendía. Cerré los ojos y apoyé la frente al cristal.
