CAPITULO 3
A las dos horas de haber tenido que abandonar la habitación por la emergencia sexual de Ino, volví, dudo que sigan ahí, dale que te pego. Pegué la oreja a la puerta tratando de escuchar el minimo sonido, pero nada, solo silencio.
Lentamente giré el picaporte y abrí lentamente asomando la cabeza, pero ni siquiera estaban ahí, relajé los hombros y entré en la habitación cerrandola tras de mí, su cama estaba destrozada y me reí por dentro. Me quité los zapatos y los dejé cuidadosamente en el zapatero.
Desabroché la falda y la dejé caer al suelo, luego le siguió la camisa. En ropa interior doblé la ropa y la dejé sobre la cama.
Una Ino escandalosa como siempre irrumpió en la habitación como un tornado, dandome un susto de muerte. -¡Ino! No entres así jo...- Hice un pucherito con la mano en el pecho.
-Lo siento Saku...- Dijo sonriendo, cuando me relajé vi que Ino me miraba detenidamente. -Saku... ¿Hay algo que no me hayas contado golfilla?- Dijo con una sonrisa macabra y los ojos entrecerrados, señalando las marcas de mi cuerpo.
-Ehh, no nada, es... falta de hierro.- Dije nerviosa, no había ido al médico pero era lo más probable.
-Hmmm ya, ya me lo contarás...- Soltó sin perder aquella sonrisa rara de su cara. Resoplé.
Del armario saqué un pijama negro de pantalón corto y camiseta de tirantes, era el unico de verano que tenía, porque duraría poco este tiempo.
Ví a Ino salir del baño con un vaquero largo y una camiseta ajustada y unas botas planas, iba a salir, seguramente.
-¿A dónde vas?- Pregunté, si levantar mucho la vista.
-He quedado con Sai en la orilla del lago que hay ahí atrás...- Dijo sonriendo, que mona, ese chico le gustaba de verdad y se le notaba. Salío corriendo de la habitación, no me dió tiempo ni a decirle "Adios".
Negué con la cabeza riendome, esta chica...
Esa habitación, me daba escalofrios, encendí la luz y deslicé la mano por debajo del colchón y saqué el diario. Otra descarga electrica me recorrió la espalda haciendo que lo soltara y se cayera al suelo.
Bajé de la cama posando los piés en el suelo, notando el cambio de temperatura drástico.
El diario había acabado debajo de la cama, me puse sobre las rodillas y me agaché metiendo medio cuerpo bajo la cama. Apenas veía bien, la cama era grande y la habitación que ya de por sí era oscura no ayudó.
La bombilla explotó derepente haciendo que del susto me golpeara la cabeza con el somier de la cama. Salí de debajo y me quedé de rodillas sobando la parte trasera de mi cabeza, alcé la mirada y en efecto la bombilla había estallado.
Me levanté con cuidado de no pisar ningún cristal, me calcé las pantuflas de pelo rosa y me puse una bata, iría a buscar al bedel para que cambiara la bombilla y recogiera el cristal. A esas horas los pasillos estaban desiertos, y las luces apagadas. Fuí por el pasillo pegada a la pared hasta llegar a las escaleras. Las bajé con cuidado de no resbalar.
No se cuanto tiempo estuve dando vueltas en el piso de abajo buscando el bedel, pero no lo veía por ningún lado, me resigné y me dirigí a las escaleras pero un sonido extraño me detuvo, provenía de la biblioteca antigua.
Me dirigí hacia allí empujando con suavidad la puerta de madera y asomando la cabeza, había una luz como de velas al fondo, tras las estanterías.
Entré del todo y cerré sin hacer ningún ruido, me abracé a mi misma mientras avanzaba por las estanterías, cuando llegué al fondo sólo había unas cuantas velas, pero no había nadie.
En la mesa ví una carta, estaba muy envejecida, miré varias veces a mi alrededor cercionandome de que no hubiera nadie y la cogí, esa letra era la misma que la del diario.
"Sea lo que sea que me persigue, ha dado conmigo, no puedo evitar acudir a su llamada, tengo que terminar con ésto, tengo que obtener la salvación.
Todo empezó en este sitio, entre estos libros algo despertó y tengo que hacerlo desaparecer, y sólo hay una manera.
Lo siento.
Victoria."
El corazón comenzó a latirme muy rapido, ¿qué hacía esto aqui? ¿Quién había estado aquí?
Noté una respiración en mi nuca y me giré rapidamente. -¡¿Quién anda ahí?!- Grité, estaba sustada, tengo que admitirlo.
Me guardé la carta en el bolsillo de la bata y corrí hacia la salida, estaba a punto de tocar la puerta con la yema de los dedos cuando un fuerte tirón a mi espalda me hizó salir disparada contra una estantería, haciendo caer varios libros sobre mi.
Me había golpeado muy fuerte en la cabeza y estaba mareada, ví una sombra acercarse a mi, no podía enfocar bien. Noté que me levantaba la cara por el mentón, cuando afiné un poco la vista pude distinguir una sonrisa, unos ojos negros que me miraban fijamente, pelo negro, piel nívea...
Algo humedo bajaba por mi cara, deduje que era sangre, del golpe que me acababa de dar contra la estantería. Queria gritar, pero no podía, esa sensación de anulación en mi cuerpo se me hacía familiar.
-Vaya... Eres una criatura tan fragil...- Dijo mientras acercaba su cara a la mía, noté como su lengua limpiaba la sangre que recorría mi cara, un calor abrasador a su contacto me inundó. Dejé escapar un suave gemido, no sabía por qué mi cuerpo reaccionaba así, sentía pánico y no podía gritar, ni moverme...
Con toda la fuerza de voluntad que pude reunir en esos pocos minutos traté de empujar a ese sujeto, pero no sirvió de nada, con un movimiento rápido me sujetó los brazos sobre mi cabeza con una de sus manos.
-Su...sueltame...- Ví como su sonrisa se torcía y negaba con la cabeza, con la mano que tenía libre me acarició el abdomen y comenzó a subir bajo mi camiseta, estaba caliente, ardía...
Se detuvo bajo mi pecho y comenzó a hundir las uñas, solté un grito ahogado, era como si me estuvieran clavando un hierro candente. Poco a poco iba perdiendo la consciencia, todo se volvió oscuridad.
-Saku... ¡SAKU!- Grité levantandome de golpe en la cama, ¿en la cama? ¿Cómo había llegado hasta allí? Alcé la mirada y Ino me miraba asustada.
-¿Estás bien?- Se acercó a mi poniendo una mano sobre mi frente. -Estas sudando...- Dijo preocupada.
-Eh... ah sí, sólo ha sido un mal sueño...- Dije poniendo la mano bajo mi pecho, me ardía. -Ve... ve yendo a clase, no tardo en vestirme...- Asintió aún preocupada y salió de allí lanzandome un beso.
Me levanté corriendo hacia el baño, parandome frente al espejo me levanté la camiseta. Mis ojos comenzaron a llenarse de lagrimas, no había sido un sueño, bajo el pecho tenía un pentagrama grabado a fuego, con pequeños simbolos rodeandolo, todavía podían verse las heridas de las uñas de aquel... ser.
Me quedé sentada mirando la nada, tratando de calmarme, ya no iría hasta la siguiente clase, iba muy tarde y no me dejarían entrar. Con las piernas temblorosas me levanté y saqué el uniforme, debía llevar una vida normal, por el bien de mi salud mental.
Me vestí lentamente, evitando mirarme en el espejo, aquellas marcas eran horribles, me recordaban lo impotente que me sentía en la presencia de aquel ser.
