CAPITULO 4
Cuando hubo sonado el timbre que daba paso a la segunda clase del día yo ya estaba allí, sentada al fondo de la clase, mirando por la ventana, no podía dejar de pensar sobre lo ocurrido la noche anterior, tenía lagunas, pero lo esencial podía recordarlo con lucidez.
Cuando la imagen de su lengua recorriendo mi piel se me pasó por la cabeza, un calor abrasador me cubrió hasta mi parte más intima.
Me mordí el dedo pulgar para ahogar el suave gemido que amenazaba con salir. El sabor metálico que sentí me hizo aflojar la mandíbula, me había hecho sangre.
*Shh... todo lo que cubra tu cuerpo quiero hacerlo yo mismo...* Otra vez esa voz, como la del auditorio. Ahora estaba segura que ese ser tenía que ver con la voz, con los sueños, y con el incendio... Estaba segura, no había otra explicación.
*Sal de mi cabeza, sal de mi cabeza...* Pensé, cerrando los ojos y concentrandome. *Sintiendolo mucho... tu, yo no, he de decirte que estare aquí mucho, mucho tiempo...* No podía verle, pero sabía que estaba sonriendo. Apreté la mandibula, estaba acumulando mucha tensión.
*Sal de clase.* Ordenó, el miedo me invadió y negué con la cabeza. Un fuerte calor empezó a subir por mis muslos hasta mi zona intima, me estaba obligando a salir desde dentro de mí, si no salía montaría un espectaculo curioso en clase. Alcé la mano llamando la atención del profesor, que paró de explicar y con la cabeza dió paso a mi palabra.
-¿P-puedo ir a la... enfermeriahh... Me duele...- Fingí, asintió con la cabeza y yo salí corriendo de allí, me dirigí a la biblioteca cerrandola con pestillo desde dentro. ¿Qué me pasaba? Era como si mi cuerpo no lo controlase yo. Me giré aún apoyada en la puerta.
-¿Quien eres...?- Pregunté con miedo, no se veía nada, apenas había un par de ventanas, y estaba nublado sumado a las altísimas estanterias que no dejaban pasar la luz. -¿¡QUIÉN ERES!?- Repetí gritando y dejando caer lagrimas por mis mejillas.
-Shh... No grites pequeña...- Dijo desde algún lugar de aquella biblioteca, el corazón me iba a mil. Cuando mis ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad pude ver una figura sentada en una de las mesas del fondo. Ví como alzaba la mano y con el dedo me decía que me acercara. Lentamente me aventuré hacia allí, me movía el miedo, la curiosidad...
Cuanto más me acercaba más detalles podía sacarle, cuando estuve lo suficientemente cerca ví que era un joven alto, vestido con vaqueros y camisa negra, tenía un cuerpo atlético, ojos negros, pelo lacio y azabache... Me quedé embobada mirandole, era, era increiblemente bello, como un ángel caido. Me abofeteé mentalmente por pensar eso de un ser que no era ni siquiera humano y que estaba jugando conmigo.
-¿Qui-quién eres?- Pregunté temblando y abrazandome a mi misma.
-Tengo muchos nombres...Saacaro, Belaam, Alpiel, Efelios, Leviatán... Pero me gusta más que me llamen Sasuke.- Dijo sin más, con un rostro de indiferencial total.
-U-un momento...se dice que Leviatán es uno de los cuatro príncipes del infierno, junto a Satán, Lucifer y Belial... ¿No?- Retrocedía poco a poco, si los libros tenían razón estaba en problemas, aunque, en problemas seguía estando.
Aplaudió lentamente, bajando de la mesa, era mucho más alto de lo que parecía, avanzaba a pasos lentos hacia mí. Yo solo retrocedía dando traspiés, ví que sus ojos estaban tornando a un rojo carmesí, solo bastó esto para que diera la vuelta y corriera, corriera con todo mi alma, pero éste apareció frente a mí, cuando quise frenar tropecé y caí al suelo, torciendome el tobillo y haciéndome un corte en la rodilla.
-¿¡Que quieres de mi!? ¡Joder!- Sentada en el suelo me arrastré hacia atrás hasta la estantería. De un salto se posó frente a mí agachado hasta mi altura, mirandome fijamente con esos ojos rojos.
-Lo quiero todo.- Susurró a pocos centímetros de mí con una voz profunda y penetrante, sentía que podía verlo todo de mí, me sentía desnuda ante su mirada. -Hagamos un trato, tu cuerpo, tu alma... a cambio de la seguridad de los que quieres.- Sentenció.
Las lagrimas comenzaron a brotar de mis ojos, ví como acercaba su boca a mis ojos y depositaba un suave beso, impregnando sus (perfectos) labios de mis lagrimas y lamiéndolos.
-Delicioso...- Susurró en mi oido, con una mano sujetó mi cara y con la otra mis manos, acercó su cara a la mía y me besó, un beso voraz, podía notar su lengua queriendo abrirse paso por mi boca y algún que otro mordisco.
Buscando aire permití entrar su lengua, acarició la mia, estaba caliente, sentía que en cualquier momento podía prender en llamas. Me soltó sin separar su boca de la mía y de un momento a otra me ví cargada en brazos, con las piernas alrededor de su cintura sujetandome para no caerme. Sus manos agarraban mi culo con firmeza, quise separarme de él y mordí con todas mis fuerzas. Le ví sonreir. -Hmm... si te portas mal, te tendré que castigar...- Entonces sentí un fuerte azote en mi culo, de la impresión hundí mi cabeza en su cuello y grité.
Noté su lengua recorrer mi cuello, me removí en mi sitio y le golpeé en la cara haciendole ladear la cabeza, aunque sabía que no le había hecho nada.
-Tu lo has querido...- Me llevó hasta una mesa y me colocó boca abajo con el culo en pompa, quise moverme, correr y esconderme, pero unas serpientes que no sé de donde salieron comenzaron a enrollarse sobre mi cuerpo, no me podía mover. Noté las manos de Sasuke calientes subirme la falda y bajarme las bragas. Chillé, esto no me podía estar pasando a mí.
Otro azote fuerte, y otro, y otro... El dolor se transformó en picor y el picor en calor que se extendía hasta mi intimidad, la cual se humedeció. No entendía por qué mi cuerpo reaccionaba así. -¡Sueltame! ¡Porfavor!- Supliqué removiendome en mi sitio.
-¿Te vas a portar bien?- Susurró agachado sobre mi espalda y con la mano posada sobre mi culo, noté el roce de su erección bajo los vaqueros sobre mi intimidad. -Ahh...S-si...- Las serpientes desaparecieron y dejé de notar su contacto.
Me incorporé en la mesa y no había nadie, solo yo, sobre la mesa, sin bragas, llorando y con el culo rojo, bajé de la mesa y corrí hacia la salida tropezando con todo.
