CAPITULO 7
La luz que se colaba por la ventana me despertó, olvidé cerrar las ventanas cuando me desperté, pero no tenía el cuerpo para moverme. Maldecí completamente al sol por salir y a ese demonio, no quería ir a clase, tampoco podría hacerlo, tenía el cuerpo entumecido y cubierto en moratones, sin contar la marca bajo mi pecho, que ardía.
Escuché la puerta trás de mí abrirse y un pequeño zapateo acercarse, esos pasitos rapidos y ese sonido de taconeo, era Ino.
-Saakuu...- Dijo en voz baja, noté la cama hundirse y una mano ponerse sobre mi hombro. Me giré y la miré sobre mi hombro. -Mira te he traído el desayuno...- Puso frente a mí una bandeja con zumo, leche, tostadas, galletas, una pieza de fruta...
-Ino te has pasado...- Dije incorporandome en la cama. La verdad es que tenía hambre de mil demonios, cogí la tostada y le dí un muerdo. -Muchas gracias...- Le sonreí con los cachetes llenos de comida.
-¿Me vas a contar ya lo que está pasando...?- Preguntó sobresaltandome, de la impresión tragué mal, ahogandome con unas miguitas de pan, tosí un par de veces para aclarar la garganta. La miré unos segundos, si se lo contaba... No podía.
-Nada... llevo una temporada durmiendo fatal, eso es todo...- Dije sin mirarla, con la mirada fija en la bandeja que tenía frente a mis ojos.
La escuché bufar, y cuando quise mirarla estaba saliendo de la habitación, dando un pequeño portazo. Sabía que estaba perdiendo a mi amiga, pero no podía ponerla en peligro, ni a ella ni a nadie.
Después de aquello no me dirigió la palabra ni un solo día, sólo silencio, solo desprecio. Aquello no era lo único, Él no volvió a dar señal alguna, pasaban los días y parecía mas dificil que volviera a aparecer, cogió lo que buscaba y se marchó de la misma forma que vino, sin dar alguna explicación.
Mis notas comenzaron a subir, y poco a poco recuperé mi confianza de que aquel demonio no regresaría jamás, Ino seguía sin hablarme, no perdonara que le ocultara las cosas, pues eramos como hermanos, al menos lo habíamos sido algún tiempo, ahora todo se había torcido y sólo me quedaba la soledad. Por un lado era feliz, pero por otro me sentía completamente desdichada.
Y aún así, por alguna razón que nunca llegaré a comprender, extrañaba a ese ser que me había aterrorizado, echaba de menos su voz y su roce con mi piel. Pero todo apuntaba a que no lo volvería a sentir.
Me había convertido en la apestada de la clase, no hablaba, no me sentaba con nadie, no comía con nadie. Sólo acudía a clase, sacaba buenas notas y leía.
Una tarde, saliendo de la habitación para ir a la biblioteca a estudiar, me topé con Karin y su séquito de zorras, y a Ino con ellas. Me quedé sin habla, tan solo estaba ahí plantada mirando como una tonta. Ino devió la mirada en seguida, y Karin me miró altiva. -Vamos Ino-chan, aquí huele a perra...- DIjo con esa odiosa voz chillona, ambas se alejaron enredando los brazos. Las lagrimas amenazaban con salir, apreté los puños y corrí hasta la biblioteca antigua, no había vuelto a ir, pero era el único sitio que seguro que nadie visitaba y donde no me encontrarían llorando como una niña pequeña.
Cerrando la puerta tras de mí, me adentré en la biblioteca, llegando a la zona más oscura y alejada.
Me dejé caer sobre mis rodillas, dejando salir todo aquello que tenía dentro del pecho, lloré hasta quedarme sin lagrima alguna. Me sentía horriblemente sola, la soledad era un infierno, demasiado que la tenía que soportar en mi casa, ahora había perdido a mi amiga.
Escuché unos pasos acercarse a través de las estanterías, alcé la mirada, tenía los ojos rojos e hinchados, estaba horrible, no quería que nadie me viera con esas pintas. Con la manga de la camisa me sequé las lagrimas y me levanté del suelo, me apoyé en el borde de aquel mueble enorme y asomé la cabeza, tratando de acostumbrar mi vista a la oscuridad.
Me quedé sin aire, había un chico alto, con el pelo largo negro sujeto en una coleta, el perfil era recto, como de otra época, pero era muy atractivo, estaba buscando algún libro entre los cientos que había. No llevaba el uniforme escolar, iba con una camisa blanca y unos vaqueros ajustados. Ví como paraba de golpe y miraba en mi dirección entrecerrando los ojos.
De la impresión me escondí, me recordaba "peligrosamente" a alguien, y me daba mala espina. Tratando de hacer el menor ruido posible me acerqué a la puerta de salida.
-¿Qué haces aqui?- Escuché tras de mi, era una voz profunda, no había duda, era identico a Sasuke, solo cambiaba (ligeramente) el aspecto físico. Giré la cabeza y ahí ví esos ojos negros, como oscuros pozos en los que hundirse. Retrocedí.
-Eh... nada, buscaba un libro...- Dije apartando la vista de él, me giré y abrí la puerta saliendo de allí a toda velocidad, la marca que había bajo mi pecho comenzó a palpitar cuando ese hombre apareció y eso no me gustó para nada. No podía fiarme.
Corrí hasta mi cuarto y entré dando un portazo y dando enormes zancadas.
-¡Ahhh!- Me había chocado con Ino y caimos al suelo, la miré preocupada y cuando quise abrir la boca para disculparme ella comenzó a reir. -¡No seas patosa Saku!- Dijo entre risas.
Yo no pude más que quedarme boquiabierta, cuando quise darme cuenta me estaba abrazando. -¿Ino?- Pregunté.
-Lo siento... Saqué las cosas de quicio...- Le correspondí el abrazo y comenzamos a reir juntas, aquello no había podido ser mas fortuito. Después de aquello nos pasamos la noche comiendo dulces y viendo peliculas del estilo Greace, Pretty Woman... Hasta quedarnos dormidas.
(Siento haber tardado tanto en sacar capitulo nuevo y que encima sea tan corto, estoy de examenes ;3; lo sientooo! El proximo capitulo será mucho mas largo y mejor! :3)
