TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap. 5: Novena a Lorca

John

Los dos hombres paralizados en el hospital murieron sin que Bobby y él encontrasen lo que había causado la extraña inmovilidad y en todo ese tiempo no se habían dado más casos. Estaban convencidos de que se trataba de una bruja y de que su móvil era la venganza contra los asesinados, pero no tenían ningún indicio de su identidad. Almorzaban en la cafetería junto a la facultad de historia y arqueología de Stanford, el doctor Visyak les había dado plantón y no estaba en su despacho a la hora que acordaron con su secretaria.

- ¿Entonces lo dejamos? – propuso su amigo atacando su trozo de pastel.

- De momento, no tenemos mucho que hacer aquí y quien estuviera tras las maldiciones parece que ha terminado – respondió John frente a su plato de huevos fritos con beicon.

- Vas a ir a echar un vistazo a los chicos entonces – el chatarrero puso los ojos en blanco al probar el relleno de manzana entre las capas de hojaldre - ¿admitirían a alguien de mi edad en la universidad?

- Con dinero… - John se echó a reír, y sacudió la cabeza respondiendo a su amigo – Es el plan, Sam estaba un poco raro la última vez que llamé y Dean se ha tomado ya unas buenas vacaciones, iré a recogerle.

La secretaria de Visyak, una atractiva mujer de edad más cercana a los cuarenta que a los treinta, pasó frente a ellos ignorándoles por completo y recogió una bolsa con almuerzo para llevar.

- ¿Crees que el catedrático estará escondido en su despacho y nos ha hecho creer que no estaba? – preguntó Bobby

- No lo sé, ella no dijo que estuviera o no, sólo dijo que no podía darnos cita hasta las doce y en todo el tiempo que estuvimos fuera no entró ni salió nadie.

- Bueno, ya no tiene sentido, concertar otra reunión…

Un par de estudiantes se acercaron a la mujer que se marchaba ya "¡Doctora Visyak! ¡Por favor!". Bobby miró a John que a su vez miró a su amigo, sabían exactamente lo que el otro estaba pensando "Vaya par de idiotas". Habían supuesto automáticamente que era la secretaria cuando les dijo que no los vería hasta una hora después y la mujer no les sacó de su error cuando se marcharon cinco minutos después de la hora sin decir nada.

Bobby se levantó y fue a disculparse. La invitó a tomarse un café con ellos. John le consiguió una silla de otra mesa galantemente, y ella se presentó como Eleanor Visyak, catedrática de historia clásica y medieval desde apenas hacía un año.

- Lamento el error de mi compañero y mío, doctora – repitió Bobby mientras John se acercaba a la barra a pedir los cafés – no solemos encontrar a mujeres tan atractivas en los departamentos de humanidades de las universidades, creo que es la primera vez que conocemos a un catedrático con menos de setenta años

- Quizás tenga unos cuantos más – sonrió divertida Eleanor

- Imposible, la hubiera creído si me hubiera dicho que estaba haciendo las prácticas del doctorado, no debe tener más de treinta – aduló el chatarrero

- Aquí tenéis, amazónico para la doctora, irlandés para ti, negro para mí – repartió las bebidas John

- Está bromeando – dijo Bobby fulminándole con la mirada, John le miró sin comprender en qué estaba bromeando supuestamente

- ¿Y qué era lo que querían saber? ¿caballeros? – se interesó la catedrática

- Oh, no, doctora, llámeme Kenny, él es Brady – se apresuró a pedir el cazador – estamos haciendo investigación de campo para un libro de fantasía y queríamos saber qué criaturas de la mitología petrificaban a sus víctimas…

- ¿Escritores frikis?, no lo hubiera pensado nunca – pero la mujer parecía encantada con su explicación - Así a grandes rasgos está el Basilisco, los dioses del olimpo, y también una de las Gorgonas ¿conocéis el mito de Medusa?

- Si claro, Atenea la maldijo ¿no? – respondió Bobby – porque estaba celosa

- Atenea es una puta – murmuró la profesora antes de llevarse la mano a la boca y enrojecer – perdón, es que tengo mi propia opinión sobre algún que otro personaje.

- No eran muy encantadores los dioses griegos – la disculpó el chatarrero

- No, la verdad – sonrió Eleanor – ya saben, Poseidón violó a Medusa y Atenea la maldijo por ello impidiendo que nadie pudiera mirarla a los ojos sin convertirse en piedra, en vez de capar a su maridito.

Los dos cazadores sonrieron aunque no pudieron evitar revolverse inquietos en su silla. Terminaron el café y ella se despidió amablemente después de recomendarles un par de estudios sobre criaturas míticas que podían ser interesantes para el supuesto libro que escribían.

- Me quedaré por aquí un par de días más – musitó Bobby con la mirada puesta en la profesora que salía de la cafetería y que le saludó desde la puerta, le devolvió el saludo – quiero investigar lo de Medusa

- ¿Crees que resucitó y va petrificando a todos los tíos que se encuentra?

- Tiene su lógica – murmuró Bobby y sus ojos soñadores volvieron a perderse en la puerta por dónde Eleanor se había marchado – es guapa

- Podría ser ella, ten cuidado – su amigo le miró ofendido, se disculpó – …ni de mi sombra, Robert

- Tendré cuidado

Sam

Hacía tres días que no había visto a Dean, tres días completos sin saber nada de su hermano y sin forma de contactar con su padre porque el mayor se llevaba el móvil y no había memorizado aún el nuevo número de Papá.

¿Qué podía hacer? Llamar a tío Bobby era inútil, nadie le cogería el teléfono, pues el chatarrero estaba con su padre y no en su desguace de Dakota del Sur. Habló con el pastor Jim ayer, al salir de la misa del domingo. Le ayudó a recoger un poco y charlaron sobre Dean, sobre papá y sobre sus estudios. Pero tampoco ayudó demasiado que el religioso dijera que ya conocía a su hermano y que no tardaría en aparecer.

Comprendía que el pecoso era un adulto y que tenía derecho a cometer sus propios errores pero eso no evitaba que se preocupara por él. Dean siempre había sido propenso a meterse en problemas y presentía que se estaba metiendo en uno muy gordo.

Lamentaba haber sugerido a su padre que el mayor se quedara con él. Durante su infancia había estado solo muchas veces, una vez incluso un par de semanas seguidas, sabía apañárselas. Si no hubiera insistido ahora estaría mucho más tranquilo, pendiente sólo de sus estudios, del nuevo grupo de amigos del instituto y de Rachel.

Le gustaba mucho Rachel y por las señales que recibía de ella parecía recíproco. "¿Dónde te has metido Dean? Necesito hablar de esto" Murmuró en voz alta mientras guardaba los apuntes que necesitaba para clase.

- ¿Ahora hablas solo Samm? – le contestó la voz de su hermano sin sonar como Dean

- ¿Qué está pasando contigo Dean? – explotó al verle frente a él, frunció el ceño al oler la mezcla de porro, alcohol, tabaco y suciedad que surgía del recién llegado - ¡Pareces un puto mendigo!

- No me agobies Samantha, voy a acostarme…

- Ni de coña, antes te das una ducha.

- No me rayes tío – tropezó con una de las sillas y tiró la mitad de los libros de la mesa al sujetarse para no caer al suelo

- ¡Dean!

- He tropezado, ¿tú no tropiezas nunca? – masculló pastosamente

- Estás borracho

- Pues déjame dormir la mona – balbució medio inconsciente dirigiéndose a su cama

- Primero te ayudaré a ducharte

Lo empujó al baño y lo ayudó a desvestirse mientras llenaba la bañera con agua caliente. La cabeza del mayor cayó un par de veces sobre su hombro y tuvo que palmearle la cara para despertarlo y terminar de meterlo en el agua. La herida de bala cicatrizaba bien y Dean dejó la cabeza apoyada en el borde cerrando los ojos otra vez.

- Venga, no te duermas o pasarás a la historia como el inútil que se ahogó en una bañera.

- ¿Te importa? – murmuró suavemente – a mí no

- No sé qué pasa contigo Dean, pero me estás asustando – balbució el chico dándole una esponja con jabón

- Estoy bien

Dean

Despertó en su cama sin saber cómo había llegado allí, su estómago rugía de hambre. Se levantó y la única ropa que encontró para ponerse fue un viejo chándal desgastado doblado en la silla que se puso sobre la camiseta con la que había dormido. No se dio cuenta de que Sam no había ido al colegio hasta que le oyó revolverse dormido en la otra cama.

Eh, despierta bella durmiente – gruñó moviéndole el hombro suavemente - ¿no tienes clase hoy?

- Cinco minutos – se giró hacia el otro lado Sam

Fue a la cocina y puso la cafetera, había pan de molde, mantequilla de cacahuete, de todas esas porquerías que le gustaban a Sam pero ni beicon ni salchichas. Improvisó un desayuno para ambos con lo que encontró y volvió a llamar al pequeño que ni siquiera había abierto los ojos.

- Vamos Sammy, levanta - El chico le miró atravesado y se levantó por fin. Tenía mala cara, quizás se estaba poniendo enfermo y por eso no había ido al instituto - ¿estás bien?

- Yo perfectamente – replicó con una rabia que Dean no entendía - ¿y tú?

- Bien, pero se supone que estamos aquí por ti, para que vayas a clase y no para que te quedes durmiendo en casa

- ¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda Dean!

- ¡Joder Sam!, ¿vas a decirme qué cojones te pasa? – el chico le estaba mirando como si el mayor se hubiera dedicado a disparar gatitos en la calle – ¿te ha dado calabazas alguna chica? ¿te has peleado? ¿Qué?

- ¡Me pasas tú! – le gritó en su cara - ¡Tú y tu nueva moda de desaparecer durante días! ¡Tú y llegar tan borracho a casa que tengo que bañarte yo para que no te ahogues en la bañera! ¡Tú y no importarte nada una mierda!

- ¿Qué? – murmuró suavemente, no había pensado que Sam notaría ni siquiera sus salidas, siempre había salido y nunca le había hecho esta escena

- ¡Estoy asustado! ¿Es eso lo que querías oír? – siguió reclamándole con los ojos arrasados en llanto – ¡me dijiste que no te importaba!, ¡te dije que te ibas a ahogar en la bañera y me preguntaste que si me importaba!, ¡que a ti no! ¿cómo no iba a importarme? ¿cómo puedes decir que no te importa?

- No me acuerdo de eso Sam, eh – cogió a su hermano y lo abrazó mientras el chico golpeaba su pecho llorando y temblando de rabia, le susurró tratando de calmarlo – sería una mala borrachera, si me importa, ¿vale? Tranquilo

Sammy asintió y se sentó frente a sus tostadas. Estarían heladas pero se las comió sin decir nada y sin mirarle. Dean no apartaba los ojos de su hermano, no había esperado que sus salidas afectaran de esa forma al chico. Él estaba bien, era la primera vez desde que recordaba que no se había sentido presionado o asustado, pero la forma en que llegaba a esa paz hacía daño a Sam.

- ¿Vas a salir hoy otra vez? – le preguntó por fin el pequeño con una muda súplica en su mirada multicolor.

- No, hoy no.

_ Continuará