TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 6: Verano en Siam
John
Estaba metiendo las armas en el maletero del Impala cuando Bobby dejó un periódico sobre el capó del coche. John leyó el titular del panfleto sensacionalista en el que había un dibujo de un escudo con la cabeza de Medusa grabado en él.
- ¿qué se supone que estoy mirando?
- Mira la fecha
- ¿Hace diez años? ¿por qué? – calló al leer que la policía había descubierto el arma usada para petrificar a un grupo de traficantes de mujeres y había ocultado la información - ¿crees que hay algo de verdad en esto?
- Podemos preguntar, es uno de los pocos artículos de periódico amarillista que cita fuentes reales – Bobby señaló el nombre del sargento que cerró el caso – está ingresado en una residencia para enfermos mentales.
Y efectivamente el hombre estaba como un cencerro, pensó John mientras el sargento Fillion gesticulaba excitado explicando como la atractiva mujer con los ojos ocultos por gafas de sol le liaba una manta en la cabeza y después escuchaba el "ruido atronador del silencio"
- Así que la mujer atractiva te salvó la vida
- Exacto – los ojos azules del policía licenciado le miraron intensamente – ¡y vosotros me creéis!
- Usted cree que vio lo que nos está contando – respondió rápidamente John – así que nos está contando la verdad
- Gracias – murmuró Fillion visiblemente aliviado – aquí no me creen, dicen que estoy loco por intentar contar mi historia, aunque no sé en qué puede serles de ayuda a ustedes.
- Es un hecho que esos traficantes murieron en extrañas circunstancias, sargento y usted sobrevivió. Estaba allí, si su mente ha elaborado estos "nuevos" recuerdos – Bobby tuvo especial cuidado en no mencionar la palabra falsos – es para equilibrar una realidad traumática de la que no tiene todos los datos por lo que es posible que entre todo lo que recuerda pueda haber una pista o algún indicio de lo que ocurrió realmente. Quiero que me cuente todo, nosotros lo grabaremos y analizaremos cada detalle. Tanto el agente Rogers como yo estamos convencidos de que su declaración será de gran utilidad
- Pero no será válida ante un tribunal – protestó el enfermo
- Ahora no tenemos nada Sargento Fillion – intervino John apoyando la versión de Bobby – si damos con la mujer ya nos ocuparemos de los procedimientos legales, sólo queremos la verdad…
- Si solo buscan la verdad… - el ex policía asintió y conectó la grabadora – adelante, pregunten.
Sam
Había confiado en que después de la discusión de esa mañana Dean volvería a ser el de siempre. Aprovecharon el resto de la mañana para lavar la ropa y jugar a las cartas en la lavandería.
Y hablaron. Su hermano lo sometió al tercer grado sobre el grupo de chicas con el que salía, si le gustaba alguna en particular, cómo eran, si sus padres no le consideraban una amenaza y Sam contestó alegremente, feliz de que todo volviera a la normalidad.
- Ahora me toca preguntar a mí ¿estás tomando drogas? – preguntó a bocajarro
- Venga Sammy, no te cortes…
- Sé que nuestra vida es difícil Dean, pero no me parece buena idea…
- Hay que ser un imbécil para tomar drogas y como yo soy un imbécil pues…
- ¡No he dicho eso!
- Dime que tampoco lo has pensado – los ojos de su hermano brillaron peligrosamente y Sam no supo responderle inmediatamente - ¿ves? ¿qué quieres saber? De verdad.
- ¿Estás tomando drogas por mi culpa?
- ¿Qué? – la rigidez con que le había ofrecido responder se transformó en genuina sorpresa
- Empezaste cuando te dejé plantado el día que íbamos al cine, a partir de ahí empezaste a actuar de forma extraña – Sam enlazó los hechos como hacía cuando buscaban pistas de alguna cacería.
- Eres un pequeño niñato creído, entonces ¿piensas que mi vida es tan patética que si me dejas un día de lado me daré a las drogas? – Dean volvía a parecer enfadado.
- No es eso
- ¿Entonces?
- Creo que no vamos a llegar a entendernos así – murmuró el pequeño desalentado
- A la carta más alta, el que pierda responde sin tapujos – su hermano sonrió sin que la sonrisa llegara a su mirada – sin rodeos Sammy, la verdad pura y dura
La lavadora terminó, sacó las sábanas y metió los pantalones, aún quedaba una más con camisas y otra con camisetas y ropa interior. Cogió la baraja y repartió, ambos levantaron un 5, después Dean sacó un As y él un siete.
- ¿Te arrepientes de haber insistido que me quedara contigo? – preguntó el pecoso cogiendo una sábana y dándole dos esquinas para doblarla
- Sólo cuando te portas como un capullo – replicó Sam
- Entonces todo el tiempo ¿no?
- Eso son dos preguntas – se rió Sam poniendo la sábana doblada encima de una lavadora vacía a su lado – pero no, por ejemplo ahora no. Me toca. ¿Ayer tomaste drogas o sólo bebiste?
- Fumé maría
- ¡Dean!
- Me toca, ¿vas a salir con alguna de tus amigas?
- Voy a pedirle a Rachel que venga conmigo al baile de graduación – Dean intentó hacer un comentario jocoso y se adelantó insistiendo - ¿Por qué fumaste maría?
-Me ofrecieron y acepté
- Eso no es una respuesta, ¿fue por curiosidad? ¿por diversión? ¿para evadirte?
- Eso son cuatro preguntas, no una
- Has hecho trampa con la respuesta, merezco una contestación
- No lo sé Sam, me ofrecieron y acepté, punto. Me toca ¿Por qué Rachel y no otra de tus amigas?
- Me gusta de verdad, ahora yo, prométeme que no vas a volver a fumar maría, no quiero volver a verte como anoche.
- Eso no es una pregunta
- Es una petición, por favor Dean, prométemelo
- No volverás a verme como anoche ¿contento? – el mayor guardó la baraja y metió el resto de la ropa sucia en la lavadora libre
Sam no insistió, pero la preocupación volvió a instalarse en forma de arruga en su frente.
Dean
El marcaje a que le sometía su hermanito empezaba a agobiarle. Después del interrogatorio en la lavandería y de almorzar en un restaurante de comida rápida el chico se había pegado a él como una lapa y ni siquiera parecía tener pensamientos de abrir un libro o estudiar un rato.
Le dio el mando de la tele de segunda mano que compraron en la casa de empeños y se puso la chaqueta, necesitaba que le diera el aire. Sam apagó el televisor y se puso también su chaqueta dispuesto a seguirle.
- ¿Dónde crees que vas?
- Contigo
- Eso no va a pasar
- Dean, voy contigo
- Sólo voy a despejarme un poco
- Bien, yo también necesito despejarme un poco.
- Como quieras, pero dónde voy no entran los menores de edad – advirtió
- Puedes ir a otro sitio…
Apenas era media tarde, empezó a andar a paso ligero y Sam le seguía hombro con hombro, "no hace mucho tenía que correr para aguantar este paso" pensó el pecoso sonriendo.
- ¿vamos al cine? – sugirió Sam
- No me apetece
- Dean, espera – su hermano pequeño le miraba algo cansado entre el flequillo revuelto – yo siento haberte dejado plantado, lo hice sin querer, se me olvidó…
-No te preocupes por eso – Dean siguió andando, estaban fuera del casco urbano, el polígono comercial quedaba a unos quinientos metros por la vía de servicio.
No escuchó los pasos del chico que se había quedado parado. Se giró con desgana para ver lo que sabía que iba a ver. Sam estaba llorando. ¡OH Dios! ¿Por qué le había tocado en suerte un crío tan llorica? ¿Y por qué demonios le tenían que afectar tanto sus lloriqueos?
- ¿Qué tripa se te ha roto ahora? – gruñó exasperado
- Lo siento, lo siento mucho… - musitó el chico entrecortadamente tratando de esconder sus sollozos sin ningún éxito.
- ¿Qué sientes? – preguntó condescendiente
- Olvidarme de ti a veces… - consiguió responder audiblemente
- No pasa nada, yo también me olvido de ti a veces, eso se llama tener una vida
- No es cierto
- Sam, ¡deja de hacer dramas porque me haya fumado un porro, tío! ¡Soy un adulto y los adultos hacen estupideces de adultos! ¡tú no tienes ninguna responsabilidad en mis meteduras de pata! ¿te enteras?
- Nunca lo habías hecho antes
- ¿Qué es lo que quieres de mí, Sam? – de verdad que el chico le estaba poniendo frenético
- Que no me odies.
- ¿Qué no te odie? – repitió pensando que había oído mal, ¿odiarle? – Sammy, que el porro me lo he fumado yo, no tú
Una camioneta les pitó porque estaban dentro de la carrera, cogió al chico de la chaqueta automáticamente y lo llevó al arcén y el conductor les gritó algo desagradable por la ventanilla al pasar a su lado.
- No tiene nada que ver contigo Sam, no me importó que se te olvidara, no es la primera vez, estoy acostumbrado – cortó el nuevo intento de disculpa con un gesto – en serio, no me molestó. Salí, conocí a un tipo, jugamos al billar, un par de chavalas se pegaron a nosotros y nos fumamos un par de petas, eso es todo. Sólo me divertí un poco y conocí gente.
- Pero…
- Sólo eso Sam
- Anoche…
- Anoche me pasé un poco de la raya, pero no tengo intención de volver a hacerlo ¿vale? – suspiró y retiró el flequillo de los ojos enrojecidos de su hermano – Sammy no eres el ombligo del mundo, no eres el responsable de todo lo que pasa a tu alrededor.
_ Continuará
