TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 8: Hombre arcoíris
John
- No sé si deberíamos dejar correr el asunto – murmuró John en su tercera visita en dos días a la doctora Visyak – no tenemos medios para descubrir quién puede ser el siguiente y te juro que si tengo que vigilar a un solo tipo de éstos para protegerle, nuestra Gorgona no tendrá que aparecer para cargárselo.
- Paramos cosas sobrenaturales, no somos jueces John, ese monstruo tampoco, puede cometer un error o haberlo cometido ya – respondió Bobby mientras caminaban por el campus de la universidad hacia las instalaciones del departamento de historia y arqueología – pero tienes razón no podíamos usar a esa chica como cebo, ni a ella ni a nadie por eso es mejor que consigamos toda la información posible por otro lado.
- Ahora tendremos que darnos prisa por mi culpa, lo siento
- No creo que esos chavales te denuncien, serían muy estúpidos… - Bobby sonrió mirando a su amigo – después de la paliza que les has dado quizás cambien, por eso creo que lo mejor es hablar con Eleanor Visyak y pedirle todos los datos que pueda tener sobre Medusa.
- Tú lo que quieres es estar cerca de la doctora – gruñó el Winchester sin estar convencido de seguir investigando el caso - No me necesitas para ligar, ya eres mayorcito
- Eres un capullo, ¿no te lo he dicho nunca? – replicó alegremente Bobby
- Sí, pero no hago caso de las tonterías que dices – se resignó John – ¿has llamado a Turner por si tiene alguna idea?
- No – la alegría del chatarrero se esfumó como por arte de magia
- Sigue sin hablarte
- La cagué John…
- Todos metemos la pata, nuestro trabajo es difícil – murmuró John arrepentido por haber sacado el tema
Sabía lo que ocurrió en Omaha un par de años antes, y es cierto que la esposa del cazador de que hablaban murió en esa cacería, pero Bobby sólo había hecho lo que cualquier otro cazador, John estaba convencido de ello. Rufus Turner no lo había visto así, culpaba a su amigo por haberle convencido de que contaban con el factor sorpresa. Si Bobby era el mejor amigo de John en este mundo de lo sobrenatural, Rufus lo había sido del chatarrero desde que le salvó la vida exorcizando a un demonio.
El departamento de Historia y literatura clásica parecía cerrado, John llamó a la puerta sin mucha fe y la profesora les abrió sorprendida de su presencia, pero parecía contenta de verles, o al menos de ver a Bobby. El chatarrero inventó otra justificación para volver a molestarla, y John sólo le siguió el juego.
- Así que la elegida para su novela es Medusa ¿no? – preguntó la doctora Visyak – verán ahora mismo estoy ocupada pero si les apetece podrían venir a cenar a casa, tengo unos cuantos facsímiles de originales en griego clásico en los que se habla del mito de Medusa, Perseo, Atenea…
- Yo no… - comenzó a protestar John
- Genial, llevaré la cena ¿Qué le apetece? – aceptó encantado el chatarrero
- Sorpréndanme, cualquier cosa que no sea comida rápida – dijo ella sin dejar de sonreír a Bobby - ¿no tendrán problemas para leer el griego clásico?
- Es una de mis lenguas clásicas favoritas – John miró a su amigo sin poder creerle, ¿estaba coqueteando abiertamente con la doctora?
Tras veinte minutos de despedida interminable que le puso al borde de la histeria, se marcharon.
- Es usted una caja de sorpresas señor Hawkes – le dijo a Bobby en el coche imitando el tono coqueto de la mujer.
- Ya cállate, idiota – replicó su amigo.
Sam
Era genial salir con Rachel. Su novia, si, su novia, era estupenda. Y la gente cercana a ella le aceptaba como si le hubiesen conocido siempre. Los padres de Rachel se mostraban encantados cada vez que iba a casa de la chica a estudiar, siempre le ofrecían quedarse para la cena, incluso le dijeron que llevase a Dean con él el fin de semana cuando les dijo que no iría a almorzar el domingo porque no quería dejarle solo.
Todo era perfecto, sus notas eran excelentes, incluso tuvo que hablar con alguno de los profesores pues no pensaba que sus últimos trabajos merecieran un sobresaliente. Pero, porque siempre debe haber un pero a todo, Dean volvía a estar raro.
No quería creer que estuviera fumando maría otra vez, no tenía ese aspecto distraído y enfermizo de las primeras semanas. Seguro que se trataba de otra cosa. Quizás era la inactividad. Era Dean, no servía para estar mucho tiempo en el mismo lugar.
Estaba sentado en las gradas del instituto con Rachel al lado abrazándole mientras contemplaban a un grupo de noveno haciendo las pruebas para el equipo de fútbol. Uno de los jugadores le recordó a Dean por su forma de moverse y no pudo evitar pensar en lo diferentes que eran sus vidas a las de todos esos chicos.
- Estás muy serio, te repito que estás más que preparado para el examen de física – ronroneó su novia besándole en el cuello.
- No es eso – murmuró – es Dean
- ¿Se encuentra mal? ¿Su brazo no se cura bien? – la muchacha le miró interesada en la salud de su hermano, le había dicho que se rompió el brazo en un accidente de moto – no entiendo por qué no se lo han escayolado, si quieres hablo con mi padre…
- No, no es eso, se cura bien, pero…
Te preocupan sus salidas, pareces el hermano mayor en lugar del pequeño – sonrió ella abrazándole – por eso te quiero tanto
- Pues sí…
- No quiero echar más leña al fuego, pero Don, el tipo con el que le han visto ir, es vendedor de maría, no es violento ni nada de eso, pero se mete en problemas a menudo.
- ¿Don? ¿Lo conoces?
- Si, antes era como de la familia – murmuró ella perdiendo su animación - salía con mi hermana mayor y cuando ella se suicidó él cambió
No lo sabía, lo siento – murmuró el muchacho besándola en el pelo
- Fue duro, para él también. No hablamos de ello – se apretujó dentro de su abrazo suspirando – Don nos echó la culpa a nosotros, dijo que la habíamos empujado a hacerlo.
- ¿Por qué diría eso?
- A veces pienso que tenía razón, que pudimos estar más pendientes de ella, si la hubiéramos escuchado más, si no le hubiéramos hecho caso al psiquiatra – sollozó en su camisa
- Eh, seguro que hicisteis todo lo que pudisteis, no fue culpa vuestra, no somos responsables de los actos de las personas que queremos, por mucho que las queramos – la meció cariñosamente
- Eres un chico muy profundo, Sam Winchester – los ojos castaños le sonrieron a través de las lágrimas – tienes razón, no eres responsable de los actos de tu hermano
- Has retorcido lo que he dicho
- Lo sé, pero tengo razón, y tú también la tienes, si confías en Dean díselo, dile lo que te preocupa y dile que confías en que hará lo que tenga que hacer, no te guardes la preocupación dentro ¿vale? – pidió repentinamente seria – si presientes que algo está mal no te arrepientas de no haber preguntado.
Dean
Antes de conocer personalmente a Rachel, Dean había llegado a plantearse que estaba siendo un mal hermano, estaba dando por buenos los delirios de un "fumeta" sólo porque era su amigo, aunque con ello pudiera fastidiar el "enamoramiento de instituto" del pequeño.
Había sido duro esquivar los ojillos de cachorro apaleado de Sammy, esos que ponía cada vez que quería explicaciones. Pero conocer a Rachel le hizo comprender que su padre tenía razón al afirmar que llegaría el día que distinguiría la maldad sobrenatural con sólo tenerla delante. Con sólo mirar a esa chica sentía escalofríos.
No se tragaba su "amabilidad", no creía en absoluto que le gustara Sam, y ahora que la había conocido ya no tenía dudas sobre su deber para apartarlo de ella. Había algo, en su comportamiento, en su presencia, en la forma de acercarse a ellos, al propio Dean, que le resultaba tan falso, tan de cartón piedra que era evidente para el joven cazador que esa niña ocultaba un secreto realmente feo.
Escondió las fotocopias de los periódicos de hacía diez años al escuchar a Sam abrir la puerta de la cabaña. No venía solo, su novia venía con él. Les dijo hola mientras fingía que miraba interesado una serie (ni siquiera había comprobado el canal cuando encendió el televisor)
- No te creía fan de "Dawson's Creek" – preguntó la chica dejándose caer a su lado en el destartalado sofá
- Yo no… - la miró con desconfianza – sólo estaba viendo cómo son los estudiantes de hoy día
- Claro – se rió ella coqueteando abiertamente con él mientras Sam estaba en el aseo - ¿y cómo somos, ancianito?
- Muy descarados – devolvió el coqueteo, a ver si la cría se pensaba que le iba a acobardar.
- ¿Ah sí? – bajó el tono y se acercó más, invadiendo su espacio personal - ¿Cómo para decir que Sam no me había contado lo guapo que eras?
- Lo hace para que sus novias no se enamoren de mi – replicó deseando que el pequeño saliera del puñetero baño de una vez y viera cómo la chica se le echaba encima.
- Uh, le quitas las novias a tu hermanito, eres un asaltacunas.
- No, sólo aparto de su camino a las chicas malas – advirtió antes de poder evitarlo.
Supo que había cometido un error al creer que, por una fracción de segundo, los ojos de Rachel se habían oscurecido. Tomó una decisión, si en realidad era una bruja o algún tipo de ente sobrenatural no debía provocarla hasta que supiera cómo detenerla sin que hiciera daño a nadie.
- En realidad no creo que seas una mala chica – sonrió disculpándose y rogando que su sonrisa no fuera tan falsa como la sentía – sólo estoy de mal humor y lo he pagado contigo, lo siento, tengo puesto eso porque no hay nada en la puñetera televisión Rachel.
- ¡Sabes mi nombre! – exclamó ella encantada.
- ¡Qué remedio! Sam no para de hablar de ti.
_ Continuará
