TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 11: Cinco porros y Dean
John
No habían tenido que esperar demasiado, el inspector Olsen, de homicidios del departamento Norte de San Francisco les avisó que tenían un nuevo ataque de su misterioso asesino en serie. John fue a la habitación de Bobby, un tipo de más o menos la altura de su amigo con un barato traje negro le miraba fijamente parado junto al impala.
- ¡Joder Bobby! ¿de qué te has disfrazado? – murmuró frotándose los ojos mientras se acercaba al chatarrero
-He ido a la peluquería, un agente del FBI ha de ir bien afeitado
- Pues no sé qué va a decir tu catedrática, seguro que lo primero que le atrajo de ti fue tu barba – se burló sentándose al volante mientras su compañero subía al asiento del copiloto.
- Ja, ja, me mondo y me parto – le fulminaron los ojos grises de su amigo que destacaban más que nunca en la palidez del rostro sin una sombra de pelo
- El inspector no te va a reconocer tampoco
- Deja de darme la murga, idiota.
Lo único que dijo el policía sobre el nuevo aspecto de Bobby fue cuando preguntó si había terminado una misión encubierta a lo que su amigo contestó que eso era información reservada.
La víctima (o, según la opinión no expresada de John, el cabrón que había obtenido su merecido) era el proxeneta de un grupo de jovencitas brasileñas que se abrazaban aterrorizadas sin responder a las preguntas de la policía.
- Esas zorras no han dicho nada inteligible – manifestó con desprecio el compañero de Olsen
- Vaya, es usted todo un modelo de profesionalidad inspector Burrel – John apartó al policía y se acercó a las chicas, constatar que probablemente todas fueran menores sin papeles no mejoró su humor - Boa tarde senhoras, eu tenho que lhe fazer algumas perguntas
- Não vimos nada, não sabemos nada... – murmuraron dos de ellas que parecían cuidar de las demas
- Eu sou o agente especial Brad Rogers FBI e este é o meu colega agente Hawkes – desempolvó su mejor portugués aunque sería más adecuado conseguir un intérprete
- Nós não ver nada, senhor, eu juro... – murmuró nerviosamente la que parecía mayor, John estaba convencido de que no tendría aún los diecisiete.
- ¿Cuál es tu nombre?
-Sophia
- Dile que nos encargamos nosotros de la investigación y que nos haremos cargo de la custodia de las cinco – pidió Bobby cortando la protesta de los policías con un gesto autoritario – son testigos de un caso federal señores, me haré cargo de su custodia hasta que envíen a un agente de Washington para su traslado.
Sophia pareció comprender lo que había dicho el federal vestido de negro y se decidió a contarles lo que había visto. Tuvieron que dejar la habitación de Bobby a las muchachas y conseguirles algo de ropa y comida.
- Te lo juro Bobby, como me encuentre a la Medusa esa en lugar de cargármela la beso, ¿has mirado a esas niñas?
- John…
- No tío, son crías y a saber lo que ese mierda les obligó a hacer, es… de verdad me alegro que esté tieso porque lo habría reventado ahí mismo – gruñó enfadado
- Céntrate amigo
- Seguimos sin saber por dónde buscar…
La única que se había decidido a hablar con ellos fue Sophia, quizás porque era la mayor y porque entendía un poco el inglés. Su declaración no se diferenciaba mucho de la de Fillion, una mujer les dijo en perfecto portugués que se taparan los ojos y no los abrieran hasta que les diera permiso. La única diferencia era la descripción de la mujer, esta vez no era ninguna modelo de pasarela, se trataba de una mujer hispana, sobre la cuarentena que hubiera podido pasar por la madre de alguna de ellas.
- ¿Conseguiste sacar foto a la doctora Alvarado? – preguntó Bobby cuando volvían de comprobar que las muchachas estaban bien
- Si, a tu Ellie también
- Estoy hablando en serio John, enseñémosle la foto a Sophia
-No va a ser ella, sería demasiado fácil.
- Eliminemos la duda
Era ella, la mujer que les dijo que cerraran los ojos, la reconocieron en la foto, las cinco, sin ninguna duda. La amiga de la doctora Visyak tenía relación con el caso, ¿Eleanor Visyak también?
Sam
Dean volvía a comportarse de forma rara. Le evitaba, cuando no podía evitarle se limitaba a hablar con monosílabos. No había vuelto a acompañarle a casa de los Minner y ni siquiera había probado el otro pastel que la Señora Minner hizo expresamente para él, y estaba buenísimo, Sam podía dar fe de ello.
Pero lo peor de todo es que sus compañeros de instituto le habían dicho que habían visto a su hermano andar con Don Parrish otra vez y eso, junto a que no acababa de recuperarse hizo al chico preguntarse si Dean no estaría, de nuevo, fumando María.
Entró en la cabaña y no le sorprendió ver que su hermano no había tocado la cocina. Esto tenía que terminar, tenía que hablar con papá y contarle lo que estaba pasando. Debía decirle todo lo que sabía, odiaba tener que ser un chivato, pero era por el bien de Dean.
Sacó el móvil de la mochila y se dio cuenta de que no funcionaba, ¡con lo caros que eran esos trastos! Ni siquiera comenzaba a cargar, no le llegaba corriente. Se puso frenético ¿y si su padre llamaba? Necesitaba un teléfono.
- ¿Qué estás haciendo? – Dean entró con la compra
- No sé qué le pasa, no carga – miró a su hermano que esquivó sus ojos y cogió el aparato abriéndolo
- No parece problema de la batería, miraré los conectores – murmuró cogiendo unos guantes de goma y un destornillador
- Dean ¿te pasa algo?
- Si no conseguimos que funcione tendrás que llamar al pastor Jim para que avise a Papá
- Puedo pedirle a Rachel que me preste el suyo…
- No
- Dean, seguro que no le importa, acaba de comprarse un modelo nuevo, nos dejaría el viejo y…
- No
- Venga hombre ¿por qué no?
- Haz lo que te dé la gana – gruñó mientras desmontaba el móvil
Rachel llegó cinco minutos más tarde, tenían deberes de matemáticas y Sam se había comprometido a explicarle la ecuación de la regla de tres inversa. El comportamiento de Dean pasó de ser distante a rozar la mala educación. Cuando ella entró cogió su chaqueta y salió por la puerta sin decir nada.
- ¿Qué le pasa? – preguntó la chica sorprendida - ¿he hecho algo?
- No tengo ni idea, desde que se recuperó no puede estar más raro.
- ¿Tú estás bien? – la muchacha se acercó tocándole el rostro con cariño y apartando el flequillo de sus ojos – estás preocupado
- ¿Y si ha vuelto a…? – balbució asustado – nunca le había visto así, no lo entiendes, es Dean, no…
- Ven, necesitas hablar, tienes que contarme todo lo que te preocupa – Rachel le tomó de la mano y se sentaron en el sofá – estamos juntos ahora y se lo importante que es un hermano mayor, yo perdí a la mía porque creí que dejándola hacer y dándole su espacio sería capaz de abrirse y superar sus problemas, no me di cuenta de que con su actitud estaba pidiendo ayuda en lugar de rechazarla, y a ti no te va a pasar lo mismo. Conozco a tu hermano de apenas unas semanas pero se nota que le ocurre algo.
Dean
Anduvo sin rumbo por las afueras, la cabeza en mil cosas distintas. Sin darse cuenta estaba frente al local donde conoció a Don. Era temprano y estaba cerrado aún. No sabía qué hacer ni cómo enfrentarse a Rachel. No tenía ni idea de cómo contactar con su padre sin que ella se enterara.
Estaba en la puñetera calle y no podía sentirse más encerrado y más impotente. Joder, ¡era una puta cría! Dejó atrás los pubs, la zona de fiestas, y siguió andando bordeando uno de los lagos hasta llegar a un cementerio. Vio a Don, sentando junto a una tumba, en el suelo, fumándose un porro.
Se dejó caer a su lado y su amigo no preguntó nada, le pasó el canuto y lo cogió sin protestar, al menos durante unos minutos no pensaría en nada. No le sorprendió leer en la tumba el apellido Minner. Ruth Minner, debía ser la hermana de Rachel.
- Lo siento tío – murmuró Don
- Gracias – aceptó el nuevo porro y dio una profunda calada, señaló la tumba – yo también lo siento
- Era una criaja encantadora, Rachel, era la hermanita pequeña que todo el mundo adora tío – Don se rió sacudiendo la cabeza – ni te imaginas la de veces que Ruth y yo nos la llevábamos al parque, o de paseo, más de una vez se pensaron que era nuestra. Adorábamos a Rachel, y de repente, cuando cumplió los siete, Ruth…
- No tienes que contarme nada – murmuró Dean pasándole el porro
- No era así, era la pequeña más dulce y alegre que te puedas imaginar. Ruth la quería tanto y de la noche a la mañana empezó a decir que no era su hermana
Su nuevo amigo había bajado las defensas por completo con él, encendió otro canuto y se lo pasó. Dean pensaba furiosamente en lo que estaba oyendo, cambió, la novia de Don decía que no era su hermana. Pero no era un metamórfico, eso estaba claro, y un fantasma furioso no posee a nadie durante tanto tiempo. Días, quizás semanas, pero no años.
- De eso hace ¿once años?
- No, trece, trece años… y no la creí – iban por el cuarto canuto, y las lágrimas de dolor y arrepentimiento surcaron el rostro delgado y macilento de su amigo – fue justo después de que unos perros salvajes entraran en casa de Caleb y mataran a sus padres. Ella intentó hacer daño a Rachel y sus padres la encerraron unas semanas en una clínica. Yo… me pidieron que fuese a verla y parecía que se recobraba. Los médicos dijeron que era un brote psicótico pero que con medicación podría llevar una vida normal y ser la de antes
- ¿se suicidó en el hospital?
- No, fingió que estaba mejor, les hizo creer que el tratamiento funcionaba y yo sabía que no, que seguía pensando que su hermanita era un malvado monstruo que iba a hacer cosas terribles – suspiró y sacó sus últimas reservas de droga de la chaqueta – este es el último.
Se lo dio a Dean que lo encendió y dio una calada con los sentidos algo entumecidos, pero no había dejado de pensar en lo que estaba contando Don. Analizando cada palabra, incluso creyó que podía tener algo que ver la muerte de los padres de Caleb con lo que había ocurrido con Rachel de pequeña.
- Sólo hablaba conmigo de Rachel, me contaba cosas que… dijo que había sido ella quien había degollado a unos perros que aparecieron desangrados en varias casas, que la escuchaba hablar en un lenguaje extraño, decía que cuando estaban a solas se reía de ella y le hablaba de forma muy distinta a como hablaba a los demás, yo quería convencer a Ruth de que era sólo su enfermedad, ¿sabes? Pensé que si conseguía grabar un video de ellas dos solas sin que supieran que lo grababa podía demostrar a Ruth que sólo eran alucinaciones – se rió amargamente – conseguí grabar ese video
- ¿Lo grabaste? ¿descubriste algo?
- Ruth tenía razón, la niña pequeña era un monstruo, era cruel, era… jamás había escuchado nada más monstruoso que las cosas que le decía, con las que la torturaba – llamé a los Minner y les dije lo que había hecho y que les demostraría que Ruth no estaba enferma, pero cuando les enseñé la película estaba velada, sin sonido, el señor Minner se enfadó y me echó de su casa y me prohibieron acercarme a Ruth. Después de eso, la volvieron a internar varias veces. Yo intentaba ir a verla y me echaban. En lugar de fingir y hacerme el simpático con Rachel cometí la idiotez de contar lo que había visto, lo que había grabado. No tengo ni idea de cuándo empecé a beber sin control y a fumar maría. Y una noche esa bruja diminuta estaba en mi dormitorio, o quizás lo soñé, puede que lo soñara, me dijo que ya había cumplido su labor y que tenía lo que quería. A la mañana siguiente encontraron el cuerpo de Ruth en el lago. Yo, les dije a los padres que ellos la habían matado, que habían permitido que Rachel la matara. Mis padres intentaron ayudarme, me internaron un tiempo pero al final no pudieron, dijeron que eran ellos y mis hermanos o yo y me echaron de casa… y hasta ahora.
- Y ahora ha ido por mi hermano.
Había oscurecido, un viento helado llegaba hasta ambos desde el lago al que se asomaba el lado este del cementerio. Dean echó un último vistazo a su amigo sin saber que sería el último. La cabeza le daba vueltas y cuando entró en la cabaña apenas escuchó las recriminaciones de su hermano que incluso lo zarandeó. Murmurando "Vete a dormir Sammy" se echó sobre la cama con ropa y todo y se quedó dormido.
_ Continuará
