TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 12: Zorrito rojo
John
Un cazador como Bobby Singer conocía a tanta gente en lugares y posiciones tan distintas que hasta John estaba sorprendido de los recursos de su amigo. Esta vez esos recursos sirvieron para conseguir papeles a las muchachas y enviarlas con una familia de acogida que las recibió con los brazos abiertos.
Con ese problema solucionado, porque, como decía el chatarrero ¿de qué sirve matar monstruos si no salvamos a la gente? Se dedicaron al que realmente traía de cabeza a ambos. Ahora que sabían que Estefanía Alvarado estaba implicada en el caso de las petrificaciones, ¿debían ir por ella?
- Seguimos sin saber qué es y cómo detenerla – esta vez el reticente era Bobby
- Y si la doctora Visyak tiene algo que ver
- No creo, creo que sólo son amigas
- Bobby…
- Ella no está implicada – afirmó inapelable el más bajo – necesitamos investigar más sobre Alvarado, Rufus me ha dado el número de un cazador de Miami que la conoce
- ¿Y el no…?
- No ha cambiado nada John, no se va a negar a dar una indicación, pero no volverá a trabajar conmigo – el chatarrero se rascó la barba que amenazaba con recuperar rápidamente su largura original – y no puedo reprochárselo ¿cómo podría? Si prefieres llamarlo tú y trabajar con él en este caso…
- Déjate de idioteces, sabes que eres el único en quien confío.
El conocido de Rufus les confirmó varias desapariciones más en su ciudad, que dejaron de producirse cuando la doctora se marchó de Miami. Empezaban a haber demasiadas coincidencias rodeando a la catedrática hispana de mitología helénica. Pero como no iban a colarse en casa de la mujer con unas sandalias aladas para cortarle la cabeza, el sospechar de ella sin un arma efectiva no iba a servir de mucho.
John salió de la tienda de ocultismo sin que el cazador con el que había quedado hiciera acto de presencia. Pensativo, cogió su teléfono. Tenía un mensaje de Dean, su hijo mayor debía estar aburrido de hacer de niñera del más joven y quería saber cuándo iría a recogerle. No le respondió, le tenía dicho que no malgastara el dinero en tonterías, vale que ya llevaba casi un mes en Minnesota pero había sido herido y dudaba que estuviera preparado para volver al trabajo tan pronto.
Sonrió divertido, Dean era demasiado inquieto como para permanecer demasiado tiempo sin hacer nada y un mes era más que una eternidad para él. Si le llamaba era que ya estaba bien de la gripe que dijo Sam.
Al levantar la cabeza vio a las doctoras justo frente a él. Por el ademán hubiera jurado que iban a la tienda de la que acababa de salir pero, sólo pasaron de largo ignorándole mientras continuaban por la acera.
- Buenas tardes – dijo irónicamente, entonces la doctora Visyak se volvió y fingió que le reconocía
- Ah señor Rogers, no me había dado cuenta de que era usted
- Brad – corrigió John - Quedamos en que me tutearía
- Ah sí, ¿Cómo está Kenny?
- ¡John! ¡Menos mal que te pillo…! – el dueño de la tienda, un brujo que había dejado el negocio para rehacer su vida sin magia se paró en seco al verle con las mujeres
- ¿John? – preguntó Estefanía antes de que el cazador pudiera reaccionar.
- Si, ¿John Winchester? – contestó el ex brujo indeciso sabiendo que había cometido un error.
John retrocedió unos pasos, sabiéndose descubierto, Eleanor Visyak no sabía que decir ni qué preguntar, su amiga ordenó al brujo que volviera a la tienda. El cazador intentó no mirar a ninguna a los ojos.
- ¿Por qué no nos acompaña a la mansión John Winchester? – la mano pequeña y delicada de la hispana se clavó en su brazo con la fuerza de una garra de metal – hace muy bien no mirándome a la cara.
Sam
La tarde anterior le había contado a Rachel todo, su vida, su historia, la de Dean, para ayudar a su hermano. Sin embargo Dean prefería fumar porros, prefería emborracharse y tratarle como a un estorbo que sólo le amargaba la vida. Sam ya no sabía que hacer, le hubiera ido mejor haberse quedado solo que pedir a su padre que dejara que Dean le acompañara.
Se levantó y se duchó. No era capaz de desayunar, hizo un poco de café y se sentó en la cama mirando el cuerpo de su hermano desparramado e inerme. Si la respiración acompasada del mayor no sonara tan fuerte hubiera parecido un cadáver como los varios que ya había visto tirados en cunetas.
- Nunca te he dicho a qué se dedica mi padre… - le había dicho a Rachel
- Es Marine
- Lo fue… yo… - la miró a los ojos – te he mentido, mi padre no está en una misión en el extranjero y la herida de bala de Dean no fue un accidente cuando ayudaba a mi padre a limpiar sus armas para marcharse. Nosotros nos dedicamos a cazar.
- ¿Sois furtivos? – exclamó Rachel abriendo mucho los ojos y alejándose unos centímetros del chico
- No, no, no somos furtivos, lo que cazamos… no tenía que haberte dicho nada, no me vas a creer
- Inténtalo
- Cazamos monstruos, seres sobrenaturales, fantasmas, poltergeits, hombres lobo…
- ¿Qué? Sam, no bromees…
- No bromeo, te lo juro Rachel, nunca antes le había contado esto a nadie, por favor, no estoy loco – insistió el chico – existen los monstruos y mi familia los destruye para que no hagan daño a la gente.
- ¿Eso te han dicho? Venga Sam, no puedes pretender que…
- Es la verdad, lo es…
Ella se levantó dispuesta a irse y el chico se llevó las manos a la cara derrotado, estaba perdiendo a su hermano y ahora había arruinado lo que tenía con Rachel. Dean le había dicho muchas veces que nunca contara a qué se dedicaban, que nadie le creería, que le tomarían por loco, pero.
- Sam – no se había ido, estaba frente a él y le miraba con una expresión que no logró descifrar – mírame a los ojos y dime la verdad, te creeré, si me dices la verdad te creeré.
- Es cierto, lo que acabo de decirte – dijo obedeciendo y deseando que le creyera – te lo juro por mi vida
- Es… está bien – se sentó a su lado y puso una mano sobre las que él mantenía enlazadas – os dedicáis a cazar monstruos, ¿por qué? ¿qué tiene que ver con lo que le ocurre a tu hermano?
- Cuando yo era un bebé, algo, no sabemos qué fue, mató a mi madre y quemó mi casa.
- ¡Es espantoso!
- Mi padre, desde entonces, está buscando respuestas, se hizo cazador de monstruos, y nos llevó con él, nos enseñó a defendernos, he visto muchas cosas Rachel, cosas horribles, pero mi padre y mi hermano han salvado a mucha gente – suspiró y la miró, ella estaba impresionada, y lo mejor era que le estaba creyendo – antes de venir aquí eliminamos el fantasma de una casa embrujada, pero ese fantasma casi consigue que Dean se suicide, no sé cómo, ni qué le dijo, ni cómo consiguió desviar el arma de su propio corazón, fue… desde entonces Dean ha estado raro.
- ¡A tu hermano lo ha atacado un fantasma! Sam, ¡es un milagro que no esté loco! – exclamó ella
- No es la primera vez, ya lo han herido antes, a él, a papá, siempre se recuperan…
- Son personas Sam, y hablas de ellos como si fueran superhéroes de los comics que se recuperan y punto. Si a mí me atacara un fantasma con la suficiente fuerza como para obligarme a matarme a mí misma, aunque sobreviviera, ¿te imaginas lo que haría con mi mente? ¿lo que ha podido hacer con la mente de Dean? Ahora entiendo por qué siempre me ha parecido que está vigilándome.
- ¿qué?
- Tu hermano, es como un halcón vigilando a su cría cuando está cerca de ti, no pierde a nadie de vista.
- No… ¿de verdad hace eso?
- Probablemente lo haya hecho desde que perdisteis a tu madre, es la única explicación a que no lo hayas notado, porque no puede ser más evidente – Rachel sonrió, ahora sí que le creía, y Sam se sintió mucho mejor
- Papá pensó que Dean necesitaba un descanso, por eso se quedó conmigo en lugar de ir con él, pero… tienes razón Rachel, tiene que haberle hecho mucho daño ese fantasma, ¡dios! ¡soy un hermano horrible!
- No, quítate eso de la cabeza ahora mismo, si le dijeras eso a Dean seguro que no está de acuerdo
- Pero ¿Si está tomando drogas qué puedo hacer?
- No lo sé, pero no vas a estar solo Sam, voy a ayudarte, la verdad, estaba pensando que tu hermano era un capullo, pero ahora entiendo muchas cosas
Cuando ella se fue estaba convencido de que en cuanto Dean regresara le obligaría a decirle qué le pasaba y después lo solucionarían, como fuera. Esta vez Sam iba a ser el hermano mayor, esta vez Sam iba a ser el que salvara a su hermano. Pero no era tan sencillo, Dean estaba peor de lo que había creído. Menos mal que Rachel le prestó de buen grado su teléfono viejo, marcó el número de su padre y, como siempre, saltó el contestador.
- Papá, te necesitamos, Dean te necesita, está muy mal, ven tan rápido como puedas.
Dean
Si no podía llamar él a su padre haría que Sam lo hiciera. Y lo estaba haciendo bien, aunque se la estuviera jugando con el asunto de los porros. Pero no iba a seguir fumando, si quería ser útil, si quería salvar a Sam, a los Minner y ayudar a Don debía tener la mente clara y no evadirse de lo que estaba ocurriendo. Podría ser un maldito egoísta estúpido pero no era un cobarde y no iba a abandonar a su hermano.
Aunque ahora mismo Sammy pensara todo lo contrario. Le fastidiaba hacer eso, pero era la única forma de engañar a Rachel, de hacerle creer que su adicción y su forma de actuar eran por miedo a sus represalias y que estaba siguiendo sus instrucciones.
No era tan fácil. La niña había encontrado la forma de acorralarle sin que Sam supiera nada. Se suponía que tenía que estar en clase y no en su casa dónde Dean se había colado a buscar en su habitación algo que usar contra ella.
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó acercándose, y echando un vistazo sin ver nada fuera de su sitio
- Quería verte
- Pero se supone que estoy en clase y que en casa no hay nadie ¿cómo has entrado?
- La puerta de atrás no tenía echado el pestillo
- Tendré que tomar medidas con los descuidos de mi madre
No comprendía como podía darle tanto miedo esa muchacha, pero se lo daba, y no quería meter a la señora Minner en un lío.
- Forcé la puerta – reconoció
- Por qué
- Quería saber qué clase de criatura sobrenatural eres
- Ya viste que no me afecta la plata
- Lo vi
- Estoy haciendo un esfuerzo por ser amable contigo Dean, por el bien de Sam, pero no me lo estás poniendo nada fácil.
- Lo siento
- Tendré que ser más contundente contigo – hizo un gesto con la mano y Dean se vio lanzado por los aires hasta chocar dolorosamente con la pared – no quería llegar a esto, vete, vas a tener noticias mías pronto
Dean trató de levantarse pero ella se puso sobre él, creyó que esta vez iría más lejos de besarle y la empujó para gatear hacia la puerta y salir. Bajó las escaleras tropezando y corrió como un loco hasta que dejó de escuchar su risa burlona.
Ella dijo que iba a castigarle, pensó en Sam y se pasó el resto de la mañana vigilando el instituto. Al terminar las clases le vio salir de la mano de la bruja y tuvo que aguantarse y seguirles a distancia. Ella no hizo nada raro, con Sam era la típica chica que se sabía bonita enamorada del misterioso chico nuevo. Pasearon, fueron a casa de ella y después fueron a la cabaña. Siempre seguidos por Dean que una vez los vio entrar decidió que lo normal era que entrara él también.
- ¿Dónde has estado todo el día? – debió haber imaginado que Sam iba a estar preocupado
- Necesitaba pensar – se justificó sin mucho interés – no necesito que me abronques delante de tu novia
- Dean, ni siquiera has comido, ¿estás drogándote otra vez?
Si la situación hubiera sido otra (si no tuviera delante al mayor monstruo que se había encontrado jamás y con la vida de su hermano y la de gente inocente en sus jodidas manos) ni siquiera habría respondido, habría mandado a Sam a pillar viento y se habría marchado. Pero no iba a dejarlo a solas con ella aunque eso supusiera tragar toda la mierda que hiciera falta.
- No he comido, sí, he fumado maría – contestó mirándola a ella de la única forma en que podía desafiarla
- ¡Dean! – Sam no estaba enfadado y el joven cazador no era capaz de mantener su desafío ante el semblante herido y preocupado del pequeño – creí que estabas bien, que…
- Tu hermano me ha dicho a qué se dedica tu padre – la jodida bruja era muy buena actriz, se acercó a él y parecía preocupada de verdad – lo de los fantasmas, no te juzgo y te aseguro que tu hermano no te odia.
Por un momento estuvo tentado de mandarla a la mierda. Pero no tenía elección, no podía delatarla a su hermano y no podía acabar con ella. Estaba atrapado.
- No sé qué me ocurre Sam – masculló concentrado buscando las fuerzas y la convicción para mentir al chico a la cara, lo mejor era usar una verdad a medias – ese fantasma tenía razón, no soy más que un inútil
- No, no, no es cierto – su hermano lo abrazó – eres el mejor Dean, no importa que metas la pata alguna vez, o que no salgan las cosas como quieres, eres el mejor y vas a superar esto.
El puto crío le estaba emocionando, había una cosa con la que el fantasma no contó cuando le embrujó, con la que Rachel no contaba, había una cosa que el mismo Dean tendía a olvidar y que siempre le hacía dar lo mejor de sí mismo: Sam le quería y confiaba en él.
_ Continuará
