TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO

Cap. 13: Seis para ir

John

Hacía frio en la bodega de la mansión. Desde dónde Estefanía Alvarado lo había atado, el cazador escuchaba a ambas mujeres discutir acaloradas. No podía ver nada, le habían vendado los ojos y Eleanor le había pedido que no se quitara la venda porque si lo hacía no podría protegerle. Entonces el famoso mito era cierto. La historiadora debía tener el escudo de Atenea con la cabeza de Medusa incrustado.

Alguien bajó a la bodega, por el perfume ligero, que recordaba vagamente a un bosque, supo que era Visyak. John no sabía qué pensar de ella, siempre sospechó que podía saber algo, pero no que estuviera implicada directamente. Esto iba a hacer mucho daño a Bobby y eso sin contar con lo que pudiera hacerle a él. Al menos sus hijos ya eran mayores y podrían cuidarse solos.

- Voy a desatarte Brad… Winchester, pero te pido que no te quites esa venda, a mí no va a hacerme nada pero a ti…

- ¿Por qué debo escucharla?

- Porque a pesar de saber que eres un cazador que ha venido a matar a Estefanía, tú y Kenny seguís con vida – le contestó ella dolida – tampoco es su nombre auténtico ¿verdad? Tenía que haberlo sospechado.

- No voy a tenderle una trampa – manifestó el cazador

- No te estoy pidiendo eso

¿Por qué no me habéis matado?

El silencio se hizo denso y John comprendió que aún no habían decidido si lo matarían o no. Ella le tomó del codo y le ayudó a subir los escalones hacia la vivienda. Debieron entrar en una habitación, le esposó a un sillón (bastante más cómodo y cálido que la bodega, desde luego) y le quitó la venda.

- Conozco a Fannie desde hace mucho tiempo y lo que hace…

- Asesina hombres – recordó obstinado

- Salva mujeres – replicó ella más obstinada aún

- Vais a matarme – afirmó mirándola a los ojos

Eleanor no lo negó iba a irse pero cambió de idea y se sentó frente a él. Había algo extraño, antiguo, en la forma de moverse de la catedrática.

- No es un escudo ¿verdad?, es ella – afirmó convencido John – ella es Medusa y tú ¿qué eres?

- Medusa no era la única Gorgona

- ¿eres una Gorgona?

- No me has entendido, Medusa era mortal y murió – la doctora Visyak intentaba hacerle comprender algo pero John no sabía qué – te estoy diciendo que Fannie no es Medusa

- Pero sí es una de esas Gorgonas

- Sí, lo es, y al contrario que su hermana ella sí es inmortal. Kenny – pronunció el nombre con desilusión, sí que le gustaba el chatarrero desastre que en otra vida hubiera podido ser un historiador más que decente – o como se llame tu compañero, y tú, no podéis hacer nada porque no puede morir.

- ¿Y a ti te parece bien? ¿Qué se convierta en juez, jurado y verdugo?

- No se ha equivocado todavía

- Admito que en prácticamente todos los casos que hemos investigado tu amiga tenía motivos, pero ¿y la ley? – preguntó el cazador

- ¿Te ha detenido la ley cuando has matado a un hombre lobo, a un vampiro, a alguna criatura sobrenatural…? Si eres ese John Winchester, (sí, conozco tu nombre y el de algunos cazadores…) Si eres el John Winchester de quién he oído hablar, el cazador sediento de venganza, eres el último que puede apelar a la ley ¿no crees?

- He matado monstruos que habían matado personas antes – murmuró roncamente y sin estar muy convencido

- Tu definición de monstruo es más limitada que la mía, la mía incluye a los humanos que han torturado, violado y matado a otras personas por el simple hecho de querer hacerlo.

Eleanor se fue dejándole solo. John miró hacia la puerta durante mucho rato. Intentó soltarse pero ni podía mover el pesado sillón, ni podía llegar a la cerradura de las esposas, demasiado apretadas como para dislocarse un dedo y quitárselas.

Era extraño verse al otro lado. Defendiendo a tipos a los que él mismo daría una paliza sin pensárselo un segundo frente a quien estaba intentando ayudar a mujeres inocentes que podían ser atacadas en cualquier momento. ¿Quién era el monstruo? ¿El ser antiguo que intentaba salvar a esas mujeres o el cazador que quería saber cómo matarlo?

Sam

Faltaba una semana para el baile de graduación y por primera vez no estaba seguro de querer ir. Si no se lo hubiera prometido a Rachel. Su novia había dicho que no le importaba, pero ¿cómo no iba a llevarla si en el instituto no se hablaba de otra cosa? En cada rincón, en cada clase, las chicas hablaban de sus vestidos, de sus parejas, de lo importante que era. Las amigas de Rachel ya habían alquilado una limousine y contaban con ellos, serían seis, las tres chicas y sus parejas.

Pero la cabeza de Sam estaba en otro sitio, en los problemas de los que Dean no hablaba, en el silencio de su padre que no había llamado para interesarse por su hermano después de saber que había estado tan enfermo. Que no había contestado a su mensaje pidiendo ayuda.

Entró en clase y vio a Rachel hablando con Nicky y Katie, se acercó sonriendo y notó que ellas estaban serias y que su novia además parecía impresionada.

- ¿Ocurre algo? – preguntó pasándole un brazo por los hombros y diciendo hola con un beso en su pelo

¿No te has enterado? – preguntó Rachel con voz trémula

- No, ¿de qué?

- Don Parrish se ha suicidado – dijo Katie apretando una mano de Rachel en señal de apoyo

- Creí que Dean te lo había dicho y que por eso llegabas tarde.

- Dean no lo sabe, lleva días sin salir de casa… - Sam no sabía cómo iba a reaccionar su hermano, ¿debía decírselo?

- Encontraron el cuerpo en el lago George, cerca del cementerio dónde… - Nicky abrazó a Rachel - ¡oh, lo siento tanto!

Las tres muchachas se abrazaron emocionadas mientras Rachel rompía a llorar. Sam no sabía qué hacer, comprendía que a pesar de todo ella sintiera la muerte de quién fue el novio de su hermana, más aún cuando todo indicaba que nunca superó el perderla.

- ¿Por qué lo habrá hecho ahora? – murmuró Rachel tranquilizándose y secándose los ojos – ha pasado mucho tiempo

- No lo sé – murmuró Sam abrazándola

El profesor les autorizó a ambos a ir a solicitar el día libre para presentar sus respetos a los Parrish. De repente, el pueblo que había despreciado a Don se congregaba en casa de sus padres para darles el pésame. Todo el mundo recordaba al chico enamorado y nadie al yonki que trapicheaba con drogas.

Al parecer, se había suicidado hacía ya unos días, según la autopsia. Sam pasó toda la mañana en casa de los Parrish, con Rachel, a la que la familia de Don trató con mucho cariño agradeciendo su presencia. Los padres de Rachel llegaron al medio día y Sam no podía evitar esperar que Dean apareciera, aunque hubiera sido durante poco tiempo fue su amigo.

Dejó a Rachel con sus padres y marchó a la cabaña, quizás no lo sabía aún. Cambió de opinión al abrir la puerta y percibir el olor a whisky mezclado con otro que había esperado dejar de oler.

- ¡Dean!

Estaba tirado en un rincón, los ojos inyectados en sangre, una botella de whisky barato casi acabada entre sus manos. Le miró perdido y Sam olvidó todas las recriminaciones que le iba a hacer.

- Venga, levanta tío – dijo tirando de él

- Soy un mierda Sammy…

- No, no, quítate eso de la cabeza, sólo estás triste, pero Don tenía problemas y no supo enfrentarse a ellos, nadie podía hacer nada – sabía que Dean no reaccionaba bien cuando habían perdido a alguien en una cacería, pero esto era mucho peor, nunca le había visto así, es decir, le había visto mal, pero entero, verle así le rompía el corazón – no tiene nada que ver contigo Dean

- Era mi amigo – Dean estaba más allá de todo razonamiento – era mi amigo y lo he matado

- No eres tú quien habla, estás borracho, y triste, y era tú amigo, pero tú no has hecho nada.

- Si hubiera hecho caso a ese fantasma…

- ¡Dean! ¡Ya vale! – chilló el chico desesperado - ¡Ya está bien! ¡Cierra el pico!

El mayor asintió y dejó que lo ayudara a ponerse de pie, apenas pudo evitar que le vomitara encima.

Dean

Habían enterrado a su amigo esa tarde y Sam dormía agotado en la otra cama. Se levantó despacio y sin ruido para no despertarlo. Cogió sus botas y su chaqueta y se las puso en la calle.

El frío de la noche acabó de desvelarle del todo. Había asistido al sepelio con su hermano y con ella. Había tenido que aguantar toda su rabia, todo su odio porque no se trataba sólo de sí mismo o del amigo que era enterrado frente a él.

Seguía sin poder comunicarse directamente con su padre y por lo que sabía, Sam ni lo había intentado. Ese puto crío estaba ciego, no veía más allá de los rizos de su novia bruja. "¿Qué esperabas? ¿Qué Sammy descubra lo que es? Esa puta lo tiene tan engañado como a todos los demás ¿Cómo puedes ser tan jodidamente egoísta?" pensó andando a paso ligero.

Como había esperado el cementerio estaba vacío. Era habitual después de un funeral, el mismo Don se lo había contado: los yonkis del pueblo, por respeto o por superstición, no solían ir la noche siguiente a colocarse o emborracharse. Sacó la sal, la gasolina y la pala que ocultó junto al lago esa mañana.

- ¿En serio Dean? – Sam le había alcanzado, se acercó

- Se ha suicidado Sammy – no había pretendido que su voz sonara tan rota – déjame hacer esto

- Cuando volví a casa y te encontré… ya lo habías pensado ¿no?

- Si

- Dean, joder, no es culpa tuya, Don estaba mal, aguantó cuanto pudo y cuando no lo soportó más pues…

- Sé que no es culpa mía – dijo para que se callara, la tumba de su amigo aún no había sido cubierta con una losa, comenzó a cavar – pero se lo debo, no es una muerte natural, puede convertirse en un fantasma Sammy, y yo puedo evitarlo. Vete a casa.

- Puedo ayudarte – se negó el chico

- Oye, de esto a Rachel ni una palabra, una cosa es que sepa a qué nos dedicamos y otra que…

- No soy tonto Dean – Sam había encontrado una pala junto a otra tumba un poco más lejos, la cogió y se puso a cavar a su lado

- Si tú lo dices capullín

- Yo lo digo imbécil.

Dean aunque con tristeza, sonrió sinceramente por primera vez en semanas, descubrieron el féretro de Don que ya apestaba y lo incineraron en su agujero. Después taparon la tumba y volvieron a la cabaña cuando la oscuridad sobre el lago comenzaba a debilitarse.

_ Continuará