Los días y los meses pasaron. Los jóvenes muchachos ya se habían acostumbrado al ritmo de las clases y, algunos más que otros, habían adquirido un nivel comparable al resto de sus compañeros. Aun así, lo más complejo para los que fueras caballeros divinos era aceptar el hecho de que Shun no era el muchacho que siempre habían creído.

Por otro lado y a pesar de las inmensas molestias que le ocasionaba la menstruación, Shun lo había aceptado bastante bien, pues ahora podía mostrar sus sentimientos sin tener que ser restringido por ello. Además de que le hacía gracia ver las caras de algunos de sus compañeros cuando les ganaba en alguna actividad física. Y aunque aún no se sentía cómoda con el uniforme escolar, no podía negar que le gustaba llevar esas anchas y cortas faldas pues le permitían más libertad de movimiento que los pesados pantalones a los que estaba acostumbrada. Lo que peor llevaba era que sus amigos ya no se portaban como siempre con ella. En ocasiones le excluían de las conversaciones e incluso habían llegado a desaparecer al entrar ella en la estancia. Con Saori todo había sido a mejor pues le facilitaba la tarea de escoger la ropa que debía llevar y siempre estaba pendiente de ella. Aun así, en cuanto tenía ocasión, se colocaba aquellas prendas íntimas a las que estaba acostumbrada por la comodidad de las mismas. Más de una vez había intentado entablar conversación con su hermano mayor pero este siempre parecía esquivar ciertos temas y se mostraba en verdad nervioso ante su presencia. El único de sus compañeros que seguía portándose de igual manera con ella, era Hyoga. Siempre que tenía un rato y coincidía con él, este se mostraba amigable e incluso más cariñoso de lo que solía recordar. No le molestaba aquello pues siempre se había sentido más que cómoda con Hyoga, cosa que no le ocurría con nadie más.

Las clases estaban por acabar para dar paso a las vacaciones de verano. Aquello sí comenzaba a estresarla pues Saori y el resto de sus compañeras estaban presumiendo y hablando constantemente de bikinis y de donde pasarían sus vacaciones. Y aunque eso lo podía soportar, cuando comenzaban a hablar de chicos, se incomodaba en demasía pues ni siquiera sabía por donde empezar a pensar en ello.

Junto a Saori pasaba la mayor parte del tiempo extraescolar, aunque a veces Seiya se les unía cuando trataban de desempañar las tareas dictadas por los profesores. Se encontraba a gusto con sus amigos de toda la vida, aunque a veces tenía la impresión de sobrar cuando estaban los tres solos.

Una mañana, al comenzar la hora del almuerzo, un muchacho se acercó hasta donde Shun se encontraba.

- Shun-chan, ¿podríamos hablar un momento?

La muchacha asintió y siguió al chico hasta una zona escondida en la parte trasera del jardín. Mientras seguía a aquel chico, se preguntaba que es lo que querría de ella pues apenas si había intercambiado un par de palabras con él. Se paró al ver que aquel había hecho la misma acción y le observó voltearse. Se quedó mirando al chico a los ojos y notó como sus mejillas se coloreaban en una tonalidad rosada, al tiempo que se pasaba una de las manos por la parte trasera de la cabeza. ¿Qué sería lo que le pasaba al chico para estar tan avergonzado? ¿Le habría tomado algo de material escolar sin su permiso? Como si con ese gesto pudiera darle ánimos al chico, le sonrió levemente. Aquello fue lo que le dio fuerzas al muchacho para decirle lo que acontecía

- Shun-chan… tú… – Su voz denotaba titubeo, como si lo que tuviera que decir fuera algo importante – tú me…

Más no pudo acabar aquella frase. Hyoga, que salía del gimnasio en ese momento, había visto pasar a la parejita y en un ataque de celos, les había seguido. Al ver que aquel chaval estaba por declararse a Shun, no pudo evitar el interrumpir la escena. Sujetó a su amigo por el cuello y le dio un beso en la frente, más para espantar a aquel que osaba interactuar con su presa.

- Al fin te encuentro, Shun. – La atrajo más hacia su cuerpo en un intento de ahuyentar al chico – Vamos a comer, ¿sí?

Shun sonrió abiertamente a su amigo y sin soltarse de aquel agarre, volteó hasta el muchacho para que continuara con la conversación.

- Ahora voy Hyoga, pero Hikaru-kun quería decirme…

- ¡Nada! – Se apresuró a contestar el chico. Hyoga le estaba amenazando con la mirada y no quería meterse con el que se había convertido en el capitán del equipo de atletismo – Será mejor que me vaya.

Sin esperar respuesta, salió corriendo, dejando a una confundida Shun y a un Hyoga que aún no soltaba el agarre que ejercía sobre el que fuera su amigo. Cuando el chico desapareció de la vista, Shun habló en un susurro.

- Hyoga… ¿Podrías… soltarme?

El muchacho medio ruso, se dio cuenta de donde estaba apoyada su mano en ese instante. Se sonrojó por la vergüenza del momento y soltó a la muchacha mientras se disculpaba con un leve "lo siento". Shun se sintió un tanto avergonzada en ese instante pues no le había molestado aquel roce, sino que le había resultado placentero.

- ¡Chicos! - En ese instante Seiya aparecía por una esquina para llamarles a comer - ¿Vamos a comer o qué?

Al parecer él y Saori habían seguido a Shun, no para molestar o espiar sino por si cuando acabara su compañero de clase con aquella declaración fuera a necesitar de ellos. Les sorprendió, en parte, ver que Hyoga se interponía entre aquel chico y Shun, pero prefirieron dejarlo correr. Al fin de cuentas, era su amigo y quizá solo estaba tratando de defenderla.

Al escuchar el llamado, Hyoga volteó para hacer un gesto con la mano a Seiya, en señal de que ya iban y sin proponérselo aferró fuertemente la mano derecha de Shun y tiró de ella para que le acompañara. Shun estaba avergonzada por aquel roce y su corazón parecía que quería salir de su pecho, pero no se soltó y siguió a su amigo hasta donde los demás compañeros estaban, ya, preparados para comer con sus cajitas de alimento. Al llegar, Hyoga soltó el agarre ya que se había dado cuenta de aquel inconsciente gesto, debido a la mirada advertidora de Shiryu, pues Ikki estaba por llegar.

Shun se acomodó junto a Saori y ambas comenzaron a comentar alegremente sobre las figuras que habían preparado las sirvientas de la mansión. Ikki llegó un poco más tarde, excusándose pues le habían retenido más de la cuenta en el equipo de baseball. Como pitcher debía pasarse a entrenar en sus ratos libres.

- Siento el retraso.

Se sentó justo al lado de Shun y le dio un pequeño beso en la frente a modo de bienvenida. Shun sacó una de las dos cajitas de comida que llevaba entre manos y se la pasó a su hermano mayor junto a sus palillos para comer.

- ¡A comer!

Dijeron todos los presentes y comenzaron a devorar los alimentos, aunque uno de ellos recibió un codazo en el costado pues se había quedado embobado mirando como Shun se llevaba aquel pequeño pedazo de pescado a la boca. Últimamente le pasaba más a menudo de lo deseado, solo ver aquellos palillos oscuros rozar los labios rosados de la pequeña Shun le producía una alteración en todo su cuerpo. Decidido a no dejar que aquello le afectara, comenzó a degustar la comida de su caja aunque alguna mirada seguía desviándose hacia Shun. Esta, preocupada por lo que había sentido con Hyoga mientras llegaban al césped, miraba de vez en cuando a su amigo, tratando de comprender porque temblaba cada vez que lo veía o estaba cerca de él. Sus miradas se cruzaron un leve momento y ambos se sonrojaron tras mirar hacia otro lado. Aquel momento no había pasado desapercibido por Saori y Shiryu, que ahora corroboraran lo que hacía tiempo llevaban pensando.

Dos semanas habían pasado desde ese momento y con ello, las vacaciones de verano daban comienzo.

Se encontraba sentada en el enorme jardín cercano a la mansión, cobijada en la sombra de un sauce llorón, leyendo uno de sus libros favoritos. Leves rayos de sol rozaban su blanca piel, luchando con las hojas verdes por llegar a tocarla. Una suave brisa acarició sus cabellos al tiempo que removía un poco el vestido color marfil que vestía. Separó su vista de aquel libro al escuchar unas voces que conocía a la perfección. A lo lejos, una pareja se divisaba entre los árboles. Quedó callada observando como se sentaban bajo un árbol lejano, sin siquiera percatarse de su presencia. La muchacha reía divertida en cada roce procedente del muchacho, que la abrazaba y besaba en cuanto tenía ocasión. Aquella escena le hizo pensar: ¿Cómo sería estar con Hyoga de esa manera? ¿Estar entre sus brazos? ¿Sentir sus caricias? Miró atentamente cuando aquella pareja se besó intensamente en los labios, provocando en ella un leve sonrojo al pensar en el sabor de los labios de Hyoga. ¿Sería posible? ¿Por qué pensaba todo eso de su amigo? ¿Es que acaso se había enamorado? ¿Y de Hyoga? Eso no podía ser. Se levantó sobresaltada, recogió su bolsa tras meter ahí el libro y salió de aquel bosque, dispuesta a nadar un rato en la piscina. Quizá así conseguiría refrescar sus ideas. Entró a la mansión un tanto apurada, dejó su pequeña mochila en una de las sillas del salón y se dirigió a la cocina para beber algo. Al entrar, se encontró con su hermano Ikki y con Hyoga, que por algún motivo estaban callados y mirándose a los ojos. Notó tensión en el ambiente y trató de quitarla, llamando la atención de su hermano mayor. Se acercó y le abrazó haciendo que este le correspondiera de igual manera.

- ¿Qué tal princesa? – Desde que se enteró que era una chica le llamaba de esa manera y en verdad no le era molesto, pues cualquier apelativo procedente de su hermano, le resultaba gracioso.

- ¿Qué hacéis aquí solos?

Se separó del abrazó y se dirigió hasta el refrigerador, de donde sacó un pequeño botellín de agua. Los dos muchachos se miraron nuevamente. En los ojos de Ikki se podía ver una clara amenaza mientras que los de Hyoga reflejaban una determinación poco vista con anterioridad. Shun se acomodó en una silla junto a ellos y de nuevo, intentó liberar aquella tensión.

- ¿Cuándo llegó Shunrei?

Hyoga fue quien apartó primero la mirada para posarla sobre ella. Aquellos ojos azules la observaban tan intensamente que un escalofrío recorrió su cuerpo. Se sentía desnuda ante aquella mirada, tanto que tuvo que apartar su vista y depositarla en la mesa de la cocina. Al escuchar su voz, no pudo evitar el volver a fijarse en él.

- Llegó esta mañana. – Sonrió a Shun provocando que el corazón de esta se acelerara más de lo que ya estaba – Al parecer, viene a quedarse. El próximo curso vendrá a nuestro curso.

Aquello era una gran noticia pues se notaba que entre Shiryu y Shunrei había un gran sentimiento que les unía. Ella misma había sido testigo del amor que se procesaba. Sonrió ante aquel pensamiento y se sonrojo al darse cuenta que estaba aún mirando a Hyoga. Ikki había observado la escena sin decir palabra, pero al ver como su pequeña hermana se sonrojaba, se levantó de golpe y salió de la cocina, dejándolos solos en aquel lugar. Shun se levantó tras su hermano pues necesitaba saber que le ocurría pero Hyoga la sujetó por el brazo y le negó con la cabeza para que le dejara solo.

- Shun… Déjalo.

- Pero… - Quedó mirando a la puerta un momento para después hacer caso a Hyoga y sentarse dejando escapar un leve suspiro.

Hyoga soltó su brazo y esta quedó pensativa. Tratando de entender que era lo que ahí había pasado. Levantó la mirada hasta enfrentar a Hyoga y le preguntó, pensando que él le sacaría de dudas.

- Interrumpí algo, ¿verdad? – Hyoga tan solo la miraba. Había aprendido a leer sus ojos por lo que sabía que esa mirada le estaba diciendo que sí - ¿De que hablabais?

Hyoga suspiró y se levantó de su asiento. Sin ser apenas consciente y como acto reflejo, atrajo hacia sí la cabeza de Shun y besó sus cabellos antes de salir de la estancia. Confundida por lo que acababa de acontecer, siguió a su amigo hasta las escaleras de la entrada y subió las mismas con la intención de seguirle para pedirle algún tipo de explicación.

- Shun – Se detuvo de golpe al escuchar el llamado de su hermano. – Cocina. Ahora. – Hacía mucho tiempo que no lo notaba tan alterado, por lo que decidió seguir sus indicaciones sin rechistar.

Una vez dentro, de nuevo, de aquella estancia, Ikki sacó una silla de la mesa y le indicó a Shun que se sentara. Esta lo hizo callada, esperando a que su hermano mayor se sentara frente a ella y comenzara a hablar. Pasaron un momento incómodo en silencio, hasta que, por fin, Ikki lo rompió con voz serena.

- ¿Tienes algo que decirme sobre Hyoga?

¿Algo que decirle sobre Hyoga? ¿Cómo qué? ¿Es que acaso había sido tan evidente que le ponía nerviosa? ¿Acaso llevaba un cartel en la frente remarcando que su amigo le gustaba? Estaba callada, tratando de aclarar sus propias ideas, cuando Ikki suspiró y cambio su semblante a uno más pacífico. Se cruzó de brazos y observo un momento a su pequeña hermana antes de volver a hablar.

- Prefiero que sea con el pato a que sea con algún degenerado.

- ¿Qué… ?

Shun estaba extrañada. No entendía por qué le estaba diciendo aquello. No le había dicho nada a Hyoga sobre sus sentimientos y ni mucho menos se sabía correspondida. Aunque, al parecer Ikki ya había hecho la labor de investigación. El mayor se levantó del asiento y tras despeinar un poco a su hermana, salió de la cocina sin siquiera contestarle. Aquello parecía subrealista, por lo que, cansada, decidió subir a su habitación para tratar de olvidar lo allí acontecido.