A la mañana siguiente se despertó con el inconfundible olor a hierba recién cortada. Se incorporó perezosamente de la cama y se asomó por el pequeño balcón de su habitación. Fuera en el jardín, Seiya jugaba con Saori en la piscina, mientras Shiryu y Shunrei se abrazaban bajo una sombrilla cercana. Pudo ver a los dos jardineros de la mansión, acicalando el jardín y perfeccionando el tamaño del césped. Buscó a Hyoga o a su hermano con la mirada pero no los encontró. Entró nuevamente a su habitación soltando un pequeño bostezo y se encaminó al servicio para comenzar con su aseo diario. Se sentía contrariada, pues en verdad le apetecía estar con sus amigos en aquella enorme piscina pero le daba vergüenza el tener que llevar aquel tipo de traje tan corto. Una vez duchada y tan solo con una toalla tapando su ahora curvado cuerpo, se dirigió hasta el armario y con un poco de pena, saco aquel trozo de tela doble que Saori le había regalado. Una mueca se plantó en su rostro al ver aquellas pequeñas partes de tela elástica y suspiró dejándolas sobre la cama. Se sentó justo al lado de aquel bikini y lo miró suspirando cuando la puerta de su habitación sonó. Se levantó de la cama, aun pensando en que debería hacer, sin siquiera darse cuenta de como iba vestida. Abrió la puerta y se encontró con la mirada de Hyoga. Hyoga que llevaba una sonrisa de oreja a oreja por proponerle a Shun bajar a la piscina con él, no pudo evitar mirar el escote de la chica. Al percatarse de que solo llevaba una pequeña toalla, volteó el cuerpo, dándole la espalda y sinceramente sonrojado. Fue entonces, que Shun se dio cuenta de que aún no se había vestido. Los colores se instalaron en sus mejillas y corrió hacia su armario para ponerse lo primero que encontrara. Una camisola blanca, que casi era transparente, le caía hasta un poco más arriba de las rodillas. Salió, de nuevo hasta la puerta, en donde hizo pasar a Hyoga a su habitación. Tan avergonzaba estaba de la situación anterior que no se acordó de esconder el bikini, cosa que no pasó desapercibida por Hyoga.

- ¿Me has leído la mente?

- ¿Perdón? – Preguntó la muchacha como respuesta.

Hyoga señaló aquella prenda sobre la cama y continuó hablando.

- Iba a proponerte bajar a la piscina pero veo que ya estás preparada. – Volvió sobre sus pasos para salir de la habitación - Te espero fuera entonces.

- ¡Espera Hyoga!

Shun sujetó a Hyoga del brazo con las dos manos, con la cabeza agachada, como suplicando porque no se fuera. En ese momento, necesitaba de alguien que le diera la confianza suficiente para vestir eso que debía llevar para ir a la piscina.

Hyoga volteó para ver a Shun y no pudo evitar sonrojarse cuando la vio en aquella posición, suplicándole que se quedara. Parecía que su corazón no podía ir más deprisa, pero le sorprendió cuando le alzó la cabeza por el mentón y se encontró con aquellas esmeraldas a punto de derramar lágrimas. Se soltó de aquel agarre y la atrajo hacia su pecho, tan solo notando su cuerpo cerca del suyo propio.

- Tranquila conejito. No te voy a dejar nunca.

Shun alzó la cabeza, soltando un poco aquel agarre y le preguntó con la mirada por aquel apelativo. Hyoga sonreía haciéndole latir el corazón a más de mil por hora. El que fuera el caballero del cisne soltó una pequeña risa y señaló aquel bikini sobre la cama.

- Parecerás un conejito con eso puesto.

- No te burles – Se quejó Shun pegándole un pequeño golpe en el brazo. Volvió a sonrojarse y agachó la cabeza – No… No tengo otra cosa para poder ir a la piscina y me…. – Levantó levemente la cabeza y la apoyó, de nuevo, sobre el fuerte pecho de su amigo – da vergüenza.

Ahí sí Hyoga comenzó a reírse. No había cambiado en absoluto. Shun, sin duda, seguía siendo vergonzoso en cuanto a mostrar su cuerpo se tratara. La muchacha se apartó de Hyoga y le lanzó uno de los cojines que tenía sobre la cama y este lo atrapó en el aire.

- Lo siento. Lo siento. – Respiró profundamente para acortar la risa y miró a Shun mientras se sentaba en la cama y alzaba aquellas prendas con una de sus manos – Pruébatelo. Te diré como te sienta.

- ¿Prometes decirme la verdad?

- Sí – Alargó su mano esperando que Shun se hiciera con las prendas, cosa que ocurrió un instante después.

- Está bien. Espera aquí.

Shun se fue directa y con prisas hasta el baño y se encerró en este para cambiarse. Mientras Hyoga, observaba los sutiles cambios producidos en la habitación de Shun. Seguían estando sus mismos peluches y la misma decoración, a excepción de las cortinas y las fundas de la cama, que ahora, tenían un color más claro y cremoso. Se sorprendió al ver la toalla sobre la cama y sin siquiera darse cuenta, acabó llevándose la prenda a la cara. Sonrió al apreciar aquel sutil aroma a azahar. Aquel aroma del que se había prendado desde la batalla en las doce casas. Fue justo en ese momento, cuando la encontró tumbada a su lado, en estado inconsciente, que pudo apreciar la belleza de su persona. Y no podía engañarse a sí mismo, se dio cuenta que era una mujer al no notar ningún bulto en la entrepierna de aquel ropaje. Se sonrojó pensando en aquel pequeño y apetecible escote que había visto sobre la toalla y sonrió nuevamente mientras apretaba aquella prenda sobre su pecho. A su parecer, sería tan bonito el poder tenerla siempre cerca de su alterado corazón. Suspiró y abrió los ojos al escuchar el sonido de la puerta del baño abriéndose. La voz inconfundiblemente dulce de Shun, se escuchó un tanto apenada.

- ¿Sigues ahí?

- ¡Vamos! ¡No seas tímida! ¡Sal de una vez, que no muerdo!

Un leve suspiro se escuchó y la puerta del baño se abrió del todo. Shun salía a pasos pequeños, ocultando su cuerpo con las manos, pues se sentía desnuda. Las mejillas estaban teñidas de color carmín, contrastando con aquellos ojos brillosos, apunto de romper en llanto por la vergüenza del momento. Hyoga quedó sin aliento ante aquella perfecta imagen. Estaba deleitándose con aquel cuerpo que ya presentaba unas perfectas curvas por toda su extensión. Tan ensimismado se quedó, que Shun tuvo que sacarlo de allí, preguntando por su apariencia.

- ¿Cómo… me veo?

Apenas si Hyoga pudo reaccionar ante aquella pregunta. ¿Qué le podía decir? ¿Qué no podía pensar porque estaba deleitándose en aquella imagen? ¿Qué su corazón estaba brincando en su pecho con la intención de escaparse por su boca? ¿Qué deseaba arrancarle aquel trozo de tela para poder acariciar su cuerpo desnudo? No. Sin duda, no podía decirle nada de eso.

- Estás… - Las palabras parecían haber desaparecido de su diccionario personal. Tan solo atinó a decir algo casi inconexo, o al menos eso era al parecer para Shun - krasivyĭ (*)

Shun, que no entendió lo que Hyoga quería decir, agachó la mirada conteniendo el llanto y le instó para que fuera solo a la piscina.

- Lo sabía. Sabía que no me quedaba bien. Ve tú y disculpa, por favor, mi ausencia en el día de hoy.

A Hyoga se le fue la sonrisa de un plumazo al escuchar aquella declaración. Dio un par de pasos hasta donde Shun estaba y la sujetó firme y delicadamente de los hombros.

- No lo entiendes – Le dijo con una sonrisa a la muchacha – Shun, estás… - Miró nuevamente el cuerpo de la chica antes de proseguir, cerrando los ojos mientras hablaba – Eres la mujer más hermosa sobre la tierra y me da igual cuantas Diosas existan. – Levantó la cara de Shun por el mentón y clavó sus ojos azules en aquellas esmeraldas – Para mí, solo existes tú, Shun. – Sin apartar el agarre, se acercó lentamente a aquellos labios rosados – Y eso… incluye cualquier modelito que te pongas. Eres perfecta tal y como eres – Y para rematar aquel momento, acabó uniendo sus labios a los de ella, fundiéndose en un dulce beso.

Shun, abrumada por aquella declaración y con los nervios a flor de piel, dejó que Hyoga actuara, robándole aquel único primer beso. Pudo notar como este la atraía más hacia su cuerpo, hasta rodearla totalmente con sus fuertes brazos. Una de las manos de su amigo se posó delicadamente sobre su nuca, haciéndola notar una lengua invasora dentro de su boca. En ese punto, cerró los ojos y trató de corresponder a Hyoga, con los mismos movimientos que el muchacho la inundaba. Sus manos habían comenzado, solo los dioses saben cuando, a acariciar el pecho de su amigo, por debajo de aquella camisa color celeste. Unos instantes después y tuvieron que separarse para tomar aire. Hyoga apoyó su frente en la de la muchacha y aún con los ojos cerrados, aspiró aquel dulce aroma.

- Shun… - La muchacha abrió levemente los ojos para encontrarse con un Hyoga completamente alterado y con los ojos cerrados – Yo… - Un breve silencio y un suspiro se dejo escuchar en la habitación – No importa!.

Hyoga se alejó de Shun, dejándola completamente intrigada. ¿El qué no tenía importancia? ¿El beso? ¿Tan mal lo había hecho? Avergonzada por si así era, bajó la mirada, escondiendo sus mejillas con el cabello húmedo que tapaba su cara.

Hyoga estaba ahora en el pequeño balcón, enfadado consigo por no tener la valentía suficiente. Se apoyó en la barandilla y bajó la cabeza mientras se maldecía a sí mismo. ¡Eso no estaba bien! ¡No podía dejarlo así! De nuevo un impulso lo llevó hasta donde Shun estaba. Se quedó a escasos centímetros de la muchacha y cerró los ojos tras inspirar una gran bocanada de aire. Sus puños se cerraron de manera inconsciente, como dándose ánimos para continuar.

- Te amo Shun. – Lo dijo de golpe, provocando que esta levantara la mirada y la posara en los cerrados ojos de su amigo. Sin percatarse de aquel acto, Hyoga prosiguió con su soliloquio – Desde que reviví en la casa de libra no puedo quitarte de la cabeza. Me cuesta conciliar el sueño y cuando estoy contigo, siento que mi corazón va a salir corriendo del pecho. Necesito sentirte cerca, saberte conmigo. Uno solo de tus roces y parece que estoy en el cielo… Esto… – El muchacho se llevó uno de los puños al pecho, como si quisiera arrancar algo de su interior – ¡No es amistad! ¡No lo es! – Se decía más para sí que para Shun – Cuando vi a aquel chico tratando de declarase – Shun abrió los ojos ¿Así que era eso lo que quería hacer Hikaru-kun? ¿Cómo había sido tan tonta de no darse cuenta? – Juro que quise morirme porque se me habían adelantado pero antes quería matarlo a él primero por tener esa osadía. Sé que no te merezco. Qué eres demasiado para mí y que estás fuera de mi alcance pero… - En ese instante abrió los ojos y los posó en las esmeraldas de Shun provocando un leve enrojecimiento en sus blancas mejillas – Te amo. – Sujetó las manos de la muchacha entre las suyas y volvió a hablar, ahora en susurro – Te amo Shun.

La muchacha actuó más por instinto que por lógica. Se lanzó, literalmente, al cuello del muchacho y le plantó un beso en la boca. Su corazón no podía ir más acelerado y Hyoga le acababa de describir lo que ella misma sentía. Cuando pudo reaccionar, atrajo más a la muchacha hasta su cuerpo y correspondió aquel beso, haciéndolo más intenso y duradero. El tiempo no pasaba para ellos pues estaban en un mundo en el que solo ellos existían. Solo ellos, juntos, compartiendo aquel sentimiento que les había unido.

Salió de sus pensamientos cuando notó como unos fuertes brazos la rodeaban, teniendo especial cuidado en su abultado vientre. Pequeñas risas se escapaban de su boca en cada pequeño beso en su cuello o caricia. Necesitó de toda su atención para no estropear el desayuno que estaba puesto en el fuego. Rompió aquel abrazo con un dulce beso en los labios jugosos de su pareja y continuó con la preparación del desayuno. Paró de golpe tras dar la vuelta a las pequeñas tortitas y se llevó la mano a su vientre mientras sonreía. Hyoga, un tanto preocupado, se acercó a la que era su esposa y llevó la mano por sobre la de ella.

- La pequeña Tassa está inquieta.

Hyoga pudo notar el movimiento de su hijita dentro de Shun y sonrió sin poder evitarlo. Se agachó y colocó suavemente ambas manos en la tripita, al tiempo que hablaba con esta.

- ¿Qué pasa, pequeña? Ya quieres salir, ¿Eh?.

En ese momento, Ikki entró en la cocina y no pudo más que sonreía al ver a la pareja. Shun estiró su brazo izquierdo hacia su hermano mayor, instándole a acercarse.

- Sabes que me dan miedo los niños Shun.

- ¡Oh! ¡Vamos! ¡Ikki! Conmigo lo hiciste bien. Serás el mejor tío que pueda tener.

Con un pequeño gruñido, se acercó hasta donde se encontraba su pequeña hermana. Le dedicó una sonrisa sincera al que ahora era su cuñado y este le dejó el espacio que él ocupaba tras darle un beso a su mujer. Le arrebató dulcemente la espátula de la mano derecha y se colocó frente a los fogones, a acabar de hacer el desayuno. Ikki posó sus manos en el vientre de su hermana y se agachó para quedar a la altura. Se quedó mirando aquel bulto por sobre el delantal y sonrió nuevamente.

Estaba por decirle algo, cuando la puerta de la mansión se abrió de golpe. Un pequeño rubio revoltoso corrió hasta la cocina al oler aquel dulce desayuno.

- Papi, papi.

Hyoga volteó para alzar a su pequeñp de cuatro años, que se abalanzó hacia su padre. Shun, sonrió a su hermano y le asintió con la mirada, este se levantó y beso su frente, antes de volver a mostrar aquel frío semblante. Por la puerta de la cocina, Saori entraba siendo ayudaba, como siempre había sido, por Seiya mientras esta se dejaba caer en una de las sillas. Shun se acercó hasta donde esta estaba y se sentó junto a ella, para posar su mano sobre el vientre de esta.

- No deberías de forzarte tanto. Ya has pasado la semana 35 y podría ser perjudicial.

- No es esfuerzo – Saori sonrió a su amiga y le acarició la mejilla. – Además, Seiya es quien se encarga de tu revoltoso. – Cerró los ojos y llevó las dos manos a su bajo vientre - ¡Por todos los Dioses! ¿Es que no paran nunca?

Ikki rio ante el comentario mientras cargaba a su pequeño sobrino para que Hyoga continuara con lo que llevaba entre manos. En ese momento, Shiryu entraba cargando un enorme bolso verde lleno de pañales y cosas de bebé. Tras él, Shunrei entraba con un canasto y un pequeño niño dentro.

- Lamento que hayáis tenido que esperar. El pequeño no quería dormir.

- Bueno – Hyoga colocó una enorme fuente encima de la mesa de la cocina. Shun hizo ademán de levantarse, pero fue detenida por Shiryu.

- De eso ya nos encargamos nosotros. – Le dio un leve beso en la frente y esta le agradeció con una sonrisa.

Las tres muchachas se sentaron en la mesa mientras sus respectivos maridos se encargaban de preparar lo necesario para desayunar. El pequeño Daros se sentó junto a su madre mientras ésta adecentaba un poco la ropa del pequeño.

Aquellas reuniones las podían hacer los fines de semana, cuando el trabajo no les impedía llevarlas a cabo. Sin duda, la vida había unido a aquellos muchachos y se empeñaba en dejarlos juntos. Tan solo faltaba una muchacha en aquella escena, que no tardó en llegar, llamando a aquella enorme puerta. Ikki dejó al trio de matrimonios para recibir a la que era su actual pareja y en breve, su esposa.

Seika se unió a aquel grupo cuando Seiya acabó la universidad. Con el tiempo y la ayuda de todos, consiguió recuperar la memoria y con el apoyo de Ikki, encontrar la verdadera felicidad, que no reside en los grandes lujos, sino en los pequeños detalles que te llenan y aparecen día a día, sin apenas darnos cuenta.

* красивый [krasivyĭ] : hermosa, preciosa.