TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 15: Calamar fuera del agua
John
Alguien le sacudió en la oscuridad, despertándole. La mano de Bobby le tapó la boca para que no hiciera ruido y asintió, sabía que no era el momento de preguntar, sino de huir de ahí. Su amigo tanteó en las cerraduras de las esposas liberándole y se puso en pie aguantando el dolor de músculos y articulaciones por los varios días en la misma posición.
John siguió a su compañero, pero no estaban saliendo de la casa, el otro cazador abrió las enormes puertas de madera del pequeño museo que Eleanor Visyak tenía en su mansión. El salón de baile reconvertido en museo dejaba entrar algo de luz a través de las decorativas vidrieras que cubrían el rosetón y los dos altos ventanales que lo flanqueaban.
Bajo el rosetón el brujo que le había delatado tanteaba la pared hasta que dio con un panel secreto que ocultaba la entrada al sótano. Los tres hombres bajaron en silencio y el brujo volvió a abrir otro panel que escondía una habitación idéntica a la superior, salvo que no tenía ventanas y su única entrada era la que terminaban de cruzar.
En el centro de la estancia había una vitrina cubierta con una lona pesada y opaca que desprendía un leve olor a detergente industrial, Bobby hizo ademán de levantar el tejido para ver lo que había debajo pero el brujo se lo impidió. John no comprendía nada.
- Saquémosla de aquí, en la tienda tengo gafas especiales y hechizos suficiente para manipular el escudo con seguridad
John apenas tuvo tiempo para cerrar los ojos y tapar los de Bobby cuando escuchó el viscoso roce de la enorme cola de la Gorgona. Ambos hombres, a ciegas, intentaron protegerse tras la vitrina, el tercero permanecía en silencio y los cazadores supusieron acertadamente que no volvería a hablar.
- ¡Fannie! ¡Por favor!
Bobby se acercó a la voz de Eleanor, la catedrática estaba en peligro y no quería que se convirtiera en un daño colateral, un coletazo le lanzó contra la vitrina que cayó con estrépito haciendo que la lona cubriera a ambos hombres. El grito de Visyak quedó apagado por uno más terrible, el de la Gorgona llamando a su amiga. Bobby intentó quitarse la lona, quería socorrer a la mujer, John le abrazó diciéndole que no podía hacer nada por ayudarla.
- ¡Suéltame John! ¡Debo intentarlo! – luchó contra el Winchester que a duras penas podía sujetarle y mantenerlos cubiertos a ambos.
La lona escapó de sus manos y volvió a cubrir la vitrina, entonces Bobby corrió hacia el cuerpo petrificado de Eleanor Visyak. La Gorgona tenía otra vez forma humana y contemplaba desolada a su amiga. Bobby sacó su navaja y se volvió hacia ella protegiendo el cuerpo de la académica.
- Era inmune a mí, pero no al escudo – balbució perdida la criatura – iros, dejadme sola si no queréis seguir su suerte y la de vuestro amigo
El brujo estaba de pie, su petrificación era mucho más profunda que la de la doctora, afectaba incluso a la ropa que llevaba puesta. John se acercó a Eleanor Visyak y pudo notar el latido de su corazón aunque muy débil, la petrificación de la mujer era más superficial, como la de los hombres que murieron en el hospital.
- Aún vive – dijo
- Iros, tengo que dejarla descansar, no permitiré que tenga una muerte tan horrible – Alvarado se arrodilló junto a su amiga – te lo dije, te dije que no era buena idea que guardaras esos artefactos, que los estúpidos cazadores intentarían hacerse con ellos y utilizarlos, lo siento Ellie.
- Sálvala – Bobby aún la amenazaba con su cuchillo – hazlo
- Yo no hago magia no puedo salvarla, no me provoques humano, no estáis muertos porque ella te amaba.
- Bobby…
- ¡Déjame John! – gritó desesperado el cazador – escúchame Estefanía, eres una Gorgona ¿no? Tu sangre puede salvarla
- Era la sangre de Medusa la que tenía esa propiedad
- Pero los escritos…
- Nunca he curado a nadie con mi sangre, sin embargo sí he matado a gente con ella
- ¿Qué puedes perder si lo comprobamos? – preguntó John – eres inmortal, puedes soportar una pequeña herida ¿no?
- ¿Y si muere?
- Has dicho que no dejarías que muriera como los hombres que enviaste al hospital – Bobby entregó su navaja a la mujer – si no funciona su muerte será más rápida
- Entonces cerrad los ojos los dos.
Sam
La limousine iría recogiendo a las parejas en casa de las chicas, Sam llamó a la puerta de los Minner y la madre de Rachel lo recibió con una gran sonrisa y el flash de su cámara digital en la cara haciéndole parpadear deslumbrado.
- ¡Cariño, ya está aquí! – gritó la buena señora haciéndole otra foto
- ¡voy mamá! – la niña corrió hacia las escaleras deteniéndose en lo alto con un revuelo de satén rosado - ¡Sam! ¡Estás espectacular de esmoquin!
- Tú sí que estás fantástica – la recibió al pie de la escalinata ofreciéndole su brazo y el ramillete de flores para su muñeca
- Sam, no sabía que ibas a comprar uno, no tenías que haberte molestado – murmuró la chica emocionada poniéndose la pulsera con el ramito – son preciosas
- Como tú
- Poneos que os haga una foto, ¡Qué pena que tu padre salga hoy más tarde y se pierda esto, cariño!
La bocina del enorme vehículo les avisó de que sus amigos ya estaban en la puerta. El viaje hasta el colegio apenas les llevó diez minutos. No eran los únicos que habían alquilado una limousine, diez de ellas, aparcadas en batería, llenaban casi por completo el parking del instituto dónde un par de semanas después sería la ceremonia de graduación.
Entraron al gimnasio, convertido sala de baile con las gradas móviles y los elementos deportivos retirados tras un escenario en el que un grupo musical de la zona tocaba temas populares.
Sam enseguida se dio cuenta que no encajaba allí, no le gustaba la música, todo eso de los bailes y el cotilleo y los corrillos, no iba con él y tampoco le interesaba la bebida. Lo único que le interesaba era pasar el rato con Rachel, pero a los cinco minutos de estar ahí ella fue al baño, después desapareció otra vez cuando fue por un refresco para ambos y en dos horas que llevaba en la fiesta apenas habían estado juntos diez minutos. Aguantó hasta que nombraron reyes del baile a Nicky y su acompañante.
- Rachel, ¿podemos salir fuera un momento? – le pidió cuando ella dejó de bailar con el rey del curso.
- Si, vamos
Le tomó de la mano y subieron las escaleras hacia la zona de las aulas dónde apenas había un par de parejas besándose a escondidas. Sam se detuvo, no era eso lo que quería.
- Rachel
- ¿No hacían una pareja preciosa? Nicky parecía campanilla y Alan estaba impresionante con su traje rojo burdeos – dijo ella colgándose de su brazo
- Tú estabas más guapa, si no hubieses ido conmigo habrías ganado
- La verdad es que debía haber ganado por ir contigo, tú estás mucho más guapo que Alan – dijo Rachel besándole en la mejilla y buscando su boca, al notar que no le devolvía el beso le miró confundida.
- Quería preguntarte si nos podemos ir ya, estoy un poco cansado y…
- Es por Dean ¿no?
- No, no es eso, sólo estoy cansado
- Pero Sam, acaba de empezar…
- Está bien, como quieras
- Oye, con esa cara mejor nos vamos, para esto nos podíamos haber quedado en casa – se dio la vuelta y empezó a bajar las escaleras
- Rachel no te enfades
- No estoy enfadada – gruñó sin mirarle
- Quédate tú, estarás con Katie y Nicky y la limousine te dejará la primera en tu casa – ella le miró haciendo un mohín a medias entre la ilusión y el disgusto – de verdad que estoy cansado, ha sido una semana muy difícil y…
- Mis padres se enfadarán si vuelvo sola… - le retiró el flequillo de la frente y dejó su manita helada sobre ella mirándole preocupada – nos vamos, creo que tienes un poco de fiebre, vamos a decirles a los demás que nos vamos.
- Creo que me estallará la cabeza si vuelvo a entrar ahí con todo ese ruido – murmuró Sam sentándose en las escaleras
- Quédate aquí, yo les avisaré y llamaré a mi padre para que nos recoja que tiene que estar a punto de salir del trabajo.
No le dejó oponerse, bajó rápidamente las escaleras y desapareció entre la gente que bailaba y reía dentro del gimnasio. Desistió de seguirla, no se había dado cuenta de lo realmente cansado que estaba. Apoyó la cabeza en la pared buscando la frescura de la piedra y se quedó dormido.
Abrió los ojos un rato más tarde. Estaba mucho mejor y el amodorramiento y la sensación de pesadez había desaparecido. Rachel aún no había regresado y se levantó dispuesto a buscarla. La fiesta estaba mucho más tranquila, entró al gimnasio y apenas quedaban tres o cuatro parejas, sus amigos entre ellas.
- ¿Dónde está Rachel?
- Dijo que iba a llamar a tu hermano para que te llevara a casa que te sentías mal – respondió Katie sorprendida
- ¿A casa? – miró la hora, era tardísimo, casi las dos de la madrugada, habían pasado más de tres horas desde que se separaron en la escalera - ¿cuánto hace de eso?
- Hace horas Sam – Nicky le agarró de la manga poniéndose muy nerviosa – si en todo este tiempo no estaba contigo ¿dónde está?
Dean
Vio a las tres parejas bajar de la limousine y entrar en el colegio, el coche del sheriff volvió a dar una vuelta por el recinto y Dean decidió subirse a un árbol que lo ocultara de la vista de transeúntes y policía. Después de su detención sería complicado explicar por qué seguía espiando el colegio a sabiendas que había un agresor asaltando a las chicas del pueblo.
Se acomodó lo mejor que pudo entre las ramas de un roble desde el que tenía una panorámica perfecta de la entrada del colegio, gimnasio y parte del parking. Al principio todo iba bien, los chicos felices, el griterío, las parejitas escabulléndose, la espera no era tan aburrida ¿así que así eran los bailes de instituto? Si hubiera acudido a alguno habría ligado un montón.
Sonrió mientras intentaba moverse lo mínimo cuando una de esas parejitas empezó a besarse bajo él. Se mordió el puño para no reírse cuando el chico formuló la famosa frase "quiero que tú seas la primera", la chica dijo que no estaba preparada y que mejor volvieran al baile, pero el muchacho no hizo lo que hubiera hecho el mismo Dean en su lugar. No volvieron a la fiesta, cogió a la muchachita de un brazo y la contuvo contra el árbol.
- Les he dicho a todos mis amigos que hoy sería el día – escuchó al chaval
- No, déjame, eres un idiota – se quejó la chica
Dean escuchó un forcejeo y una bofetada, esto iba demasiado lejos y bajó de un salto impidiendo que el chico siguiera insistiendo.
- ¿Qué pasa contigo chaval? – gruñó amenazador - ¿no la has oído? Te ha dicho que no
- Tú no te metas – el chaval, apenas mayor que Sam cogió a su acompañante de un brazo y echó a andar hacia los coches
- Suéltame – lloriqueó ella
- Suéltala – ordenó Dean cortándole el paso
Cara a cara y a la luz de una farola el estudiante debió comprender que no era rival para el desconocido de cazadora de cuero, soltó a la niña y empujándola hacia Dean huyó del colegio. La muchachita temblaba de miedo y frío, no tendría más de dieciséis años.
- ¿Estás bien? – preguntó furioso, siempre había sido un engreído, un chulillo que jugaba con las chicas el poco tiempo que había pasado en un instituto u otro, pero nunca intentó abusar o hacerles daño, se quitó la chaqueta y se la puso por los hombros y la chica comenzó a llorar – Ey, no te preocupes, en seguida pasará el coche del sheriff a dar otra ronda, hablaremos con ellos y…
- ¿Puedes llevarme a mi casa? – pidió ella llorando – está ahí, un par de calles más abajo
- Claro, claro – echó un vistazo al colegio, mientras Sam estuviera dentro Rachel no haría nada.
Acompañó a la muchacha hasta la misma puerta de su casa, asegurándose desde la calle que su madre le abría y entraba dentro. Se puso la cazadora y volvió pensando en cómo esos chicos que lo tenían todo arruinaban las vidas de otros solo por capricho, y no eran monstruos, sólo personas que se creían con más derecho que quienes tenían alrededor.
- Vaya, además de porrero e idiota también eres un caballero – Dean sintió cómo se le helaba la sangre en las venas al escuchar la voz de sus pesadillas
- ¿Qué quieres? – masculló volviéndose hacia ella y fingiendo una entereza que no sentía en absoluto
- Me estoy cansando de este jueguecito, tienes que dejar a Sam y marcharte del pueblo
- No voy a dejar a mi hermano contigo – esta vez no estaba fingiendo su resolución.
- Por el bien de Sam será mejor que te vayas voluntariamente, tu hermano se sentiría fatal si te ocurriera algo.
- ¿Me estás amenazando?
- Qué bueno eres pillando lo obvio, que no se diga que no eres un Winchester – se rió ella, se acercó y le cogió de la solapa - ¿vas a ser bueno y te vas a marchar con papi?
- No cuentes con ello puta
- Entonces no me queda más remedio que disgustar a nuestro pequeño Sammy.
_ Continuará
