TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 16: Maldición de amor
John
Bobby levantó en brazos a la catedrática, desmayada aún, pero viva gracias a la sangre de su amiga, subió las escaleras hasta el piso superior mientras John vendaba el costado de Estefanía que ya casi no sangraba.
- No es necesario, mi propia sangre cerrará la herida – dijo la menuda mujer poniendo su mano sobre la del cazador – habéis salvado a Ellie, gracias
- En realidad has sido tú
-Siento que no haya funcionado con vuestro amigo, pero el escudo es muy inestable y peligroso, no debió bajar aquí.
- ¿Qué vas a hacer con el escudo? ¿Y con nosotros?
- Me marcho a casa y me lo llevo conmigo
- ¡Pero en Miami no va a estar más a salvo que aquí!
- ¡Ay que mono! – sonrió Esteno y John recordó de repente que no era humana – no John Winchester, mi casa no está en Miami, ni siquiera se puede decir que esté en este mundo. Ellie tenía razón, tú, tu amigo, no sois como otros cazadores, como ese brujo. En lugar de haceros poderosos, de querer usar lo que sabéis para obtener un beneficio personal intentáis salvar a la gente y eso os honra.
La dejó en el sótano pues iba a envolver el escudo con la lona especial para empaquetarlo y no quería que nadie más resultara afectado por el mismo. Bobby aguardaba en el salón. Apoyado en el marco de la puerta con su eterna gorra entre las manos.
- Está descansando – le dijo señalando a la escalera que subía hasta los dormitorios
- Está guardando el escudo – respondió John señalando por dónde acababa de subir – dice que se va
- Entonces nuestro trabajo aquí ha terminado – el chatarrero se puso su gorra dispuesto a marcharse
Eleanor apareció en lo alto de la escalera, y Bobby se detuvo, mirándola como si no quisiera irse de allí. John le empujó con el hombro para que subiera a su encuentro. Ahora que estaba convencido de que la historiadora no era más que lo que pretendía ser y que habían terminado allí, su amigo podía quedarse un poco más mientras él volvía por sus chicos.
Miró cómo subía las escaleras hasta encontrarse a medio camino con ella en el primer rellano y sonrió cuando el incorregible chatarrero se puso su gorra para besarla. Lo dejó allí.
En el hotel se duchó, y recogió sus cosas. El móvil terminó de recargar su batería y comprobó si en ese par de días había tenido algún mensaje, eran varios. De Sam, de Dean, había algo raro en ellos como si sus hijos estuvieran leyendo un guión en lugar de hablar por sí mismos.
John se sentó en la cama y volvió a escuchar uno por uno los mensajes, no lograba quitarse la sensación de que pasaba algo malo, la entonación, la forma de hablar. Retrocedió hasta los que sí había oído, el último de Dean cuando le pedía que fuese por él que estaba perfecto y que podía ayudarle en el trabajo.
De repente fue como si lo escuchara por primera vez, si Dean hubiera estado bien, si hubiera considerado que podía irse a trabajar a pesar de decirle que se quedara con Sam, su hijo mayor se habría presentado en San Francisco, sin consultarle y sin pedir permiso. Con ese mensaje estaba pidiendo ayuda, intentando engañarle para volver a Fairmont.
El resto de mensajes eran para decirle que estaban bien, que Sam ya tenía esmoquin, que tenían dos asientos reservados para la entrega de diplomas de graduación. Los mensajes que una familia normal intercambiaría con un padre que trabaja fuera de la ciudad cuando se acercaban esas fechas. El tipo de mensajes que los Winchester no se mandaban entre sí.
- ¿Qué cojones? – con un mal presentimiento sacó una vela de revelación de la mochila de Bobby – cómo era esto…
Dibujó un pentagrama sobre la mesa y colocó el móvil y la vela en el centro, volvió a poner los mensajes atrasados esta vez con el altavoz y prendió la vela que en lugar de luz desprendía humo desvelando que había magia sobrenatural oculta en los mensajes.
Se cortó en un dedo dejando caer unas gotas de sangre sobre el auricular y murmurando "Sicut umbra et lux, flamma, veritas est in timore sensuum delectationem. Et revelabit in topic de cura fumum lucernae vere audivit arcana verba", el humo se volvió negro antes de que una vacilante llamita se atreviera a aparecer.
En el altavoz la voz de Sam decía que Dean había conseguido dinero para alquilar su esmoquin, cambió radicalmente de entonación y de palabras "Papá, por favor, esto es serio, no sé qué le ocurre, te necesitamos, Dean te necesita". John palideció, tenía que marcharse ya.
Sam
Era de madrugada cuando llegó a la cabaña sin haber logrado dar con Rachel, iba a pedir a Dean que le ayudara a buscar a su novia. Escuchar la voz de la chica en el interior le sorprendió tanto que no llegó a meter la llave en la cerradura.
- El tonto de Sammy nunca va a enterarse de esto
El chico se quedó congelado por la enorme cantidad de desprecio que había en cada palabra. Retrocedió hasta la ventana, los veía de perfil, Dean en el sofá y Rachel sobre él, se estaban besando y Sam sintió que todo el universo se quebraba a su alrededor. Volvió hacia la entrada, a ver que explicación eran capaces de inventarse ahora.
Abrió la puerta para ver cómo ella abofeteaba a Dean y corría a sus brazos. Estaba tentado de decir que lo había visto todo, pero no lo hizo. La actuación de su hermano era mucho más convincente que la de ella. Tenía curiosidad por saber qué iba a decir ahora el mayor. ¿Era por eso por lo que había estado tan raro todo este tiempo?
- Llévame a mi casa Sam, por favor – pidió ella como si tuviera miedo de su hermano
- ¿Qué ha pasado aquí? – preguntó el chico con frialdad separándola de su cuerpo
- Ha intentado… - la niña se atragantó con las lágrimas mientras temblaba, si no hubiera visto lo que había visto, pensaría que Dean se había propasado con ella
- ¿Dean?
Su hermano seguía sentado, no le miraba. Sam no comprendía nada y Rachel le cogió de la chaqueta suplicando "Sam, sácame de aquí"
La llevó a su casa sin decir una palabra. Ella, como si no notara que el brazo alrededor de sus hombros no tenía nada de protector ni de amigable comenzó a contarle cómo había llamado a Dean para que viniera por Sam y cómo este la había hecho ir a la cabaña con engaños para aprovecharse de ella.
Sam la dejó hablar sin interrumpirla una sola vez, ni cuando ella dijo que la sujetó y la besó a la fuerza, ni cuando afirmó con toda desfachatez que gracias a haber llegado cuando lo hizo la había salvado de que su hermano le hiciera algo peor.
- Hemos llegado – murmuró Sam frente a la casa de los Minner
- He pasado tanto miedo – entonces notó que el chico no estaba reaccionando como ella había esperado – Sam, ¿estás bien?
- Buenas noches Rachel, ha sido una noche inolvidable – se despidió alejándose de ella.
Había gente por la calle aún. Rezagados que volvían del baile, algún coche, sus pasos le volvieron a llevar hacia la cabaña. Tenía la falsa historia de Rachel, ahora quería saber la falsa historia de Dean antes de pensar en qué haría después.
Su hermano seguía sentado en el sillón. No se había movido. No le miró a la cara. El chico se plantó frente a su hermano y se cruzó de brazos, en silencio.
- Sammy…
- Sam
- Sam – los ojos verdes de su hermano se levantaron llenos de remordimientos – yo no le he hecho nada
- Cuéntame que ha pasado
- No puedo hacerlo
- Dice que la has atacado
Dean se rió breve y amargamente "Si, por supuesto que ha dicho eso". El mayor se levantó por fin y le miró cara a cara.
-¿La has creído? – preguntó
- No, sé que no la has atacado, os he visto
- Gracias a Dios Sammy – inesperadamente Dean parecía aliviado – vámonos de este puto pueblo y…
- ¿Qué estás diciendo? ¿Crees que voy a ir contigo a algún lado después de lo que me has hecho? – se sacudió la mano que el pecoso había puesto en su hombro
- ¿Qué?
- Deja de fingir Dean, aunque te salga mejor que a Rachel no me engañas, si estabais liados no tenías que mentirme de esa manera, eres mi hermano – le empujó haciéndole retroceder – vete, no quiero volver a verte
- Sam te estás equivocando
- Nunca has querido quedarte aquí, me has hecho imposibles estas semanas, emborrachándote, drogándote, ¡te has liado con la chica que me gustaba a mis espaldas! – Sam retrocedió por no golpearle, porque toda su rabia amenazaba con estallar de un momento a otro - ¿Qué pasa? ¿No podías soportar que tuviera la oportunidad de ir a un baile de instituto? ¿te daba envidia que yo si pudiera coger mi diploma en la ceremonia de fin de curso?
- Sam, para…
- No, no voy a parar, esta vez me vas a escuchar Dean, estas semanas lo he pasado fatal por ti, pero Rachel me convenció que era por lo del fantasma, que… ¿desde cuándo me habéis estado engañando?
- Yo no tengo nada con Rachel, Sam
El chico no aguantó más la mentira y golpeó a su hermano en la cara, Dean se frotó el rostro y murmuró "cree lo que quieras" dándole la espalda. Pero Sam no estaba dispuesto a dejar su ira, su decepción y su enfado ahí y se tiró sobre él derribándole.
Dean
Cuando Sam volvió de llevar a la maldita bruja a su casa esperaba una gran pelea, estaba listo, era imposible que el chico tuviera alguna idea de lo que estaba pasando. Demonios, él mismo todavía no sabía qué estaba pasando. Sin embargo, el puñetazo y que lo derribara de esa forma le pilló por sorpresa y lo que más le sorprendió fueron las acusaciones de hacer la vida imposible al chico.
¿Hacerle la vida imposible él? ¿Estar celoso de Sam, ÉL? ¿Para eso servía haberle cuidado toda su puñetera vida? Se revolvió bajo la avalancha de golpes y le retorció el brazo inmovilizándolo contra el suelo.
- Basta Sam, quieto
- Eres un cabrón Dean – forcejeaba el chico obligándole a aflojar el agarre para no romperle el brazo – ¡suéltame hijo de puta!
- Te soltaré cuando te calmes
- ¿Por qué me has hecho esto? – el chico empezó a llorar de rabia y Dean comprendió que estaba tan confuso como él – Ella me gustaba
Le soltó y le ayudó a levantarse, la decepción de Sam le dolía más que el ojo morado que se le hinchaba por momentos. Cogió una bolsa de guisantes del congelador y se presionó el ojo con ella.
- Sam, sé que no me crees pero te juro que no te he engañado con ella y que no la he tocado
- ¡Otra vez! ¡Te he visto! ¡Os he visto enrollados en ese sofá! – le acusó e imitando la voz de ella repitió – "el tonto de Sammy nunca va a enterarse de esto"
- ¿Lo has visto todo Sam?, ella me ha besado a mi…
- Y tú no has podido negarte, claro que no, una cría de cinco pies y cuarenta kilos te tenía inmovilizado e indefenso en el sofá – replicó su hermano sin dejarle terminar.
- Ella no es lo que parece
- Tú tampoco eres lo que parece, o mejor dicho, sí eres lo que parece, tarde o temprano eres exactamente lo que pareces, un mierda, sin principios, sin respeto por nada y por nadie
- Sam, tenía que…
- No pienso escuchar ni una palabra más, si no quieres irte, no te vayas, pero yo no tengo por qué estar en la misma habitación – se metió en el dormitorio y cerró por dentro.
Dean se puso su chaqueta y fue a la casa de Rachel. Sam estaba fuera de su embrujo, ahora estaría a salvo. Pero los Minner corrían más riesgo que nunca y debía sacarlos de allí porque esa cría de cinco pies y cuarenta kilos sí que lo había inmovilizado, y tocado y hecho sentir impotente con sus atenciones sexuales, sabía de lo que era capaz y, si estaba enfadada porque sus planes se hubieran estropeado, también sabía con quienes podía desquitarse.
_ Continuará
