TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 17: Infinito
John
La carretera comenzó a distinguirse con la tenue luz que se insinuaba frente a él. John ni siquiera lo notó tras más de quince horas conduciendo sin detenerse salvo para echar gasolina y tomarse un café.
- ¿Estás seguro de que el humo era negro John? – la voz distorsionada de Bobby en el altavoz del teléfono chirrió llena de estática
- Tan negro como los ojos de un demonio amigo
- Entonces eso es lo que ha manipulado los mensajes John, es un demonio – replicó su amigo – cogeré un avión
- Gracias, aún tardaré más de medio día en llegar – Apenas había parado cinco minutos desde que salió de San Francisco - los chicos no responden al teléfono, Jim aún no me ha llamado tampoco para decirme si está con ellos.
- Tienes que mantener la cabeza fría John, tus hijos son mucho más fuertes de lo que parecen.
- ¿Y si los ha poseído? – John se restregó los ojos cuando las luces de otro coche en dirección contraria le deslumbraron momentáneamente
- No ganas nada poniéndote en lo peor, pero no creo que hayan poseído a Sam…
- Pero dijo que Dean estaba raro… - inconscientemente pisó el pedal del acelerador alcanzando las cien millas por hora – se suponía que estarían a salvo Bobby…
- Jim llamará de un momento a otro, y tú y yo estaremos ahí pronto. Tranquilízate.
La comunicación se cortó y dejó el teléfono a mano en el asiento del conductor. Media hora después había amanecido y el sol le obligó a ponerse las gafas para seguir viendo la carretera. El teléfono sonó de nuevo, por fin era el número de Jim Murphy.
- ¡Jim! – graznó con la boca seca y toda la ansiedad acumulada
- John, estoy en Fairmont. Sam duerme pero no he encontrado a Dean
- ¿Has preguntado a Sam?
- Han discutido John, y Sam sigue muy enfadado, no atiende a razones
- De acuerdo, no pierdas de vista a Sam, Dean estará desfogando su mal humor por ahí, llegaremos pronto
- ¿Llegaremos?
- Bobby estará ahí esta tarde y yo llegaré al anochecer – respondió y añadió advirtiendo a su amigo – Jim, creemos que hay un demonio en Fairmont ten mucho cuidado.
- ¿Un demonio? Ok, tomaré medidas
Que Sam discutiera con su hermano hasta el punto de llegar a las manos no era algo normal, sus hijos podían bromear o picarse, pero pelear de verdad era algo realmente extraño. Era mucho más común que Sam discutiera con el mismo John y que Dean hiciera de mediador.
¿Tendría algo que ver con el destino de Sam y la muerte de Mary? No era el primer demonio que descubría rondando a su hijo. Bobby y él ya habían enviado a un par de ellos de vuelta al infierno. Quizás debía haber explicado a los chicos cómo defenderse de ellos. Había apuntado en su diario todo cuanto sabía sobre esas criaturas y como mandarlas de nuevo al infierno pero no les había dicho a los muchachos qué hacer ni cómo encararlos, un demonio no era un ser sobrenatural que te fueras a encontrar todos los días.
Que él supiera sólo Bobby, Rufus y Jim, aparte del mismo John, se habían encontrado antes con demonios. De hecho John tenía el récord de enfrentamientos, no, de hecho era Bobby quien lo tenía, su amigo había enfrentado un par de ellos más, era un alivio saber que estaría allí cuando llegara, los chicos confiaban en él mucho más que en Jim. Le respetaban y, sobre todo, le querían lo bastante como para dejar de discutir si el chatarrero estaba delante, cosa que no harían con su propio padre.
Sacudió la cabeza, ¿qué habría podido enfrentarles tanto como dijo Jim? Ese demonio debía haberles manipulado de alguna manera. Quizás si Sammy le contaba qué había pasado y porqué habían discutido podría descubrir dentro de quien se ocultaba el demonio. Volvió a llamar al sacerdote
- Pásame a Sam, por favor
- John, se ha ido, no lo he visto salir.
Sam
Un demonio, estaba completamente seguro de que el Pastor había mencionado la palabra demonio. Y Dean estaba ahí fuera, con la cabeza hecha un lío y un error tras otro en los bolsillos, el campo de cultivo perfecto para ser poseído. Tenía que encontrarlo, por muy enfadado que estuviera con él, por muy furioso, sabía que los demonios odiaban a los cazadores y podían hacerles cosas terribles, no permitiría que ese ser cogiera al capullo de su hermano.
No es que supiera muchas cosas sobre esas terribles criaturas, aparte de que podían dominar la mente de la gente, poseerlos, y hacerles comportarse de formas aberrantes. Palideció, Dean se había estado comportando tan raro desde que llegaron. ¿Y si ya había sido poseído?
Salió del dormitorio y fingió que le seguía la corriente al padre Murphy. El sacerdote no le dijo nada de lo que había hablado con su padre, sólo que llegaría esa noche y que Bobby no tardaría en llegar tampoco. Consiguió disimular su pánico, si su padre llegaba tan rápido y había enviado al sacerdote y a Bobby delante es que estaba muy asustado y muy pocas cosas podían asustar a John Winchester.
Mientras Jim Murphy hablaba por teléfono, esta vez con Bobby. Sam sacó del diario de cazador del sacerdote los datos que necesitaba para identificar, detener y exorcizar a un demonio. Lo único que no tenía era agua bendita pero no tuvo que molestarse en ir a ningún sitio a buscarla. El padre Jim, en previsión por lo que pudiera pasar había bendecido un par de botellas.
Sam cogió una y la metió en un petate junto a una barra de hierro y un paquete de sal. Se escabulló aprovechando un descuido del cazador.
Era la hora del almuerzo y probó en todos los establecimientos de comida rápida sin encontrar a Dean. Sabía que no era la mejor idea que había tenido nunca pero tenía que comenzar por algún lado. Fue al cementerio, a los sitios en que sus amigos le habían dicho alguna vez que le habían visto solo o con Don.
Se lo había tragado la tierra. ¿Y si se había tomado en serio lo de marcharse? Era muy capaz. Pasó junto a la casa de Rachel y de repente se le ocurrió que la chica podía haber seguido con su mentira, ¿y si había dicho a sus padres que Dean había intentado propasarse?
No había hablado con ella desde la fiesta y ella tampoco le había llamado. Pero no podía presentarse ahora en su casa, ella había notado que no la había creído, estaría dolida en su orgullo y no iba a decirle nada sobre Dean aunque supiera algo. Quizás si se colaba por la cocina. La señora Minner solía tener la puerta del patio abierta. Podría enterarse de algo.
Era consciente de que estaba cometiendo un delito cuando saltó la pequeña vaya de madera pintada de blanco y espió el momento en que la mujer salió a tender la colada. La mujer estaba asustada y parecía haber llorado, Sam se dio cuenta de que se dolía de un brazo, pero lo que le importaba ahora era encontrar a su hermano.
La casa estaba vacía aunque se escuchaba la voz del doctor Minner en el piso inferior, el chico bajó lentamente las escaleras del sótano dónde se escuchaba al hombre murmurar excitado "Te lo advertí muchacho, te dije que te alejaras y alejaras a tu hermano, tu sólo te has buscado esto, no me mires así porque sabes que eres el único responsable".
Sam se ocultó lo mejor que pudo, mordiéndose el puño para no salir al escuchar el parloteo incesante del padre de Rachel y los ruidos poco tranquilizadores de lo que estuviera haciendo. Lo peor era que no escuchaba a Dean, si estaba ahí no podía hablar, sólo emitir algún sonido inarticulado. "Joder, joder, vete ya, vete a cualquier sitio" pensó frenético, sólo quería que el doctor se marchara de una vez y poder comprobar que se estaba equivocando y que no estaba haciendo daño a su hermano.
Dean
Como se había imaginado la chica monstruo estaba pagando con sus padres su fracaso con Sam. Se había acabado guardar las apariencias, entró con la pistola empuñada impidiendo que volviera a golpear a su madre de nuevo.
No había agradecimiento en el modo en que los Minner le miraron. Sólo compasión. Dean comprendió que su arma no iba a parar a Rachel incluso antes de disparar, pero lo hizo, una vez, sin dar en el blanco, antes de que escapara de sus manos.
- No sé cómo lo has hecho, cómo un inútil como tú ha convertido años de trabajo en basura – Dean retrocedió despacio, cubriendo con su cuerpo a los Minner y haciéndoles señales para que salieran de allí – no van a irse, ¿creías que podías salvarles? Pues te equivocabas porque ellos no pueden ser salvados.
La pareja se había quedado quieta, y ninguno de ellos levantaba la mirada, avergonzados. El joven cazador sabía que no tenía escapatoria, pero aun así intentó volver a coger su arma antes de que el doctor Minner lo noqueara con una silla.
Despertó unas horas después, semidesnudo y amordazado, atado por las muñecas a una viga que atravesaba bajo el techo del sótano. Se retorció intentando liberar sus manos, las cuerdas estaban demasiado ceñidas y sólo consiguió desollarse dolorosamente.
- Intenté advertirte muchacho, te dije que te alejaras y alejaras a tu hermano, tu sólo te has buscado esto – lo miró con furia, había intentado salvarles y todo indicaba que iban a matarle de la forma más lenta posible – No me mires así, sabes que eres el único responsable de lo que pase ahora
Le había amordazado de tal manera que el grito, cuando el bisturí del doctor comenzó a dejar marcas en su espalda, quemó en su garganta sin emitir más que un resoplido por la nariz. Minner seguía con su letanía: "Te lo advertí muchacho, tu sólo te lo has buscado, no podías salvarlos, no pudiste salvar a tu amigo, no puedes salvar a nadie"
No podía alejarse, los cortes eran lentos, separados por lapsus de minutos y llevados a cabo para provocar un dolor horrible sin matarle, de momento. Sus intentos de escapar cada vez eran motivo para que el doctor uniera la burla a la tortura "Quise ayudarte y tú solo me provocaste más, yo no quería que esto pasara, por el bien de Sam, no sé por qué pero le importas, ¿por qué alguien tan especial como él siente interés en una basura como tú? es una característica de los seres humanos que se me escapa"
El dolor le hizo tensarse de nuevo y levantar la cabeza, fijó la mirada en la oscuridad intentando aguantar. Había alguien ahí, oculto, y Minner, concentrado en su víctima no había notado su presencia. Si aguantaba un poco más quizás tendría una oportunidad de sobrevivir a esto.
Era difícil, los minutos se le antojaban horas, el dolor era insoportable, y a su torturador sólo le interesaba presenciar cómo se retorcía impotente al borde de la inconsciencia. Por un momento, cuando comenzó a "trabajar" con sus brazos y su pecho, para Dean, quien estaba frente a él era Rachel, los mismos gestos, la misma sonrisa de suficiencia, la misma forma sarcástica de hablar.
- Hubiera sido tan sencillo para todos que te mantuvieras al margen, no comprendes nada chico, los Minner tienen lo que se merecen, lo que pidieron, sabían lo que hacían, no son víctimas – Dean no podía soportarlo más, las lágrimas acudieron rebeldes a sus ojos – te dije que sólo cuidaba de Sam, que no te interpusieras en mi misión.
El doctor le cogió del pelo, levantando su cabeza, y acercando el bisturí a su rostro. Dean trató de alejarse aterrado por la sonrisa complacida del hombre que tan solo unas horas antes había tratado de salvar.
- Es suficiente por ahora – le dejó limpiando la sangre de la cuchilla en la piel de su garganta – seguiremos dentro de un rato, ahora disfruta un poquito de la soledad
Le dio un par de palmadas en la cara y se marchó. Temblando trató de afianzar las piernas en el suelo para ver si sus ataduras habían cedido aunque fuera un poco. Un hilo de sangre recorría sus brazos desde las muñecas. No habían cedido nada, empezó a retorcer las manos desesperado, tirando, haciendo mayores las heridas que la basta cuerda había desgarrado en su piel.
- Para, para Dean – el susurro no caló en su conciencia hasta que notó las manos de Sam a la altura de las suyas – eh, no te muevas, voy a soltarte
Sam cortó las cuerdas con su navaja y le sostuvo unos segundos mientras recuperaba las fuerzas para permanecer de pie. Intentó quitarse la mordaza, pero sus manos aún no tenían precisión, temblaban sin fuerzas. Su hermano notó sus intentos y le liberó del todo.
- Tranquilo, vamos a salir de aquí.
- Samm… - quería agradecerle que hubiera venido por él, quería decirle lo impresionado y agradecido que estaba por su gesto, de verdad – no has debido venir.
_ Continuará
