Pues ya sólo queda este capítulo y el último, que es casi un epílogo.
TRES WINCHESTERS Y EL FOSO DEL INFIERNO
Cap. 19: Whisky en jarra
John
La clínica del doctor Minner permanecía a oscuras y en silencio como era lógico a esas horas de la madrugada. Aprovechando la falta de vigilancia John se coló en el despacho de Minner. El demonio le esperaba, pero lo que no esperaba era que el colgante que Bobby le dio le protegiera de ser lanzado por los aires. El cazador tenía que noquear a su rival y sacarlo de ahí antes de que saltara alguna alarma.
No hubo problema, el plan que había trazado junto a Bobby y Jim para asaltar la casa sí valía para atraparlo en la clínica. Las sillas y los muebles que el doctor poseído lanzó contra él no le detuvieron. Consiguió golpearlo en la cabeza y le ató las manos colocándole un saco por encima con una trampa para demonios pintada.
- ¿Funciona? – preguntó su amigo al volante, mientras John ponía el cuerpo inconsciente en la caja de la camioneta
- Parece que sí, vámonos.
Aunque un coche de policía paró junto a ellos en un semáforo, llegaron a la casa sin contratiempos y el doctor ocupó el sótano dónde unas horas antes torturaba a su hijo. A pesar de saber que el hombre que tenía frente a él no era responsable de los actos de la criatura que lo poseía, le costaba contener su ira por lo que había hecho a Dean. El monstruo despertó atado a una silla bajo una llave de Salomón. Querían hacerle unas preguntas antes de enviarlo al lugar a que pertenecía.
- ¿Has dejado a los chicos solos? – preguntó John al pastor, Jim se había puesto su ropa de oficios y había bajado a ayudarles – deberías haberte quedado con ellos, no quiero que vean esto.
- ¿por qué? En algún momento tendrán que aprender cómo actuar con un demonio – el sacerdote se persignó y tomó su breviario iniciando un ritual en latín para conseguir la verdad de una criatura del infierno – No te preocupes, no creo que bajen, Dean apenas puede moverse y Sam no lo dejará solo ¿O lo que querías era que yo no bajara?
John cruzó una mirada de descontento con Bobby y se encogió de hombros. No era la primera vez que veía un ritual así, podría haberlo realizado él mismo. El ser atrapado en el cuerpo del doctor se retorcía de dolor mientras lo hacía gritar toda clase de insultos y medias verdades para atacar a los cazadores.
- Volveré John, volveré y terminaré lo que he empezado aquí mismo, destriparé a tus hijos… Argghh – la letanía del sacerdote le hizo morderse la lengua al mentir durante el ritual, el cazador se acercó intrigado y el demonio con los ojos completamente negros chilló – ¡destriparé a ese grano en el culo que has entrenado con tanto esfuerzo!
- Por qué has atacado a Dean - John se detuvo al borde de la trampa demoníaca - ¿Por qué?
- Lo sabes, sabes lo que es tu precioso hijito pequeño y aun así te empeñas en impedir su destino – jadeó el demonio
- ¡Por qué! – gritó sabiendo que debería responder
- Estás criando el monstruo que necesitamos, está dónde queremos que esté, pero tu otro hijo nos estorba, a él lo estás entrenando para detenerlo …
"exorcizamus te…"
Era lo que se había temido desde el mismo momento en que supo de la presencia del demonio en Fairmont, lo que temía desde que conoció la maldición que pendía sobre la cabeza de Sam, que otros cazadores llegaran a conocerla también. Blanco como el papel, recitó el exorcismo enviando a la maléfica criatura al infierno.
- El doctor no lo ha logrado – murmuró Bobby intentando encontrar el pulso de Minner
- John – el padre Murphy se interpuso entre su amigo y la escalera - ¿Qué ha querido decir con lo de que estás criando al monstruo que necesitan? ¿Qué es lo que no me has dicho de Sam?
- Jim, ahora no
- ¿Robert, tú lo sabías? – el chatarrero resopló fastidiado reconociendo que estaba en el secreto – Ya veo, y yo no soy de confianza ¿es eso?
- Sabes lo cerrados que pueden ser los cazadores, la gente de nuestro círculo, Jim ¿por qué crees que intento mantener alejados a mis hijos de ellos? – John miró a su amigo a los ojos – Sammy es un buen chico, yo lo sé y Bobby también, pero cualquiera podría pensar que lo defiendo porque es mi hijo ¿comprendes?
- Sam es un buen chico, cualquiera que lo conozca… - Jim calló comprendiendo por fin, recordando la primera vez que vio a los niños, a John, cuando la vidente los llevó a su parroquia un par de meses después de la muerte de Mary Winchester – iba por él, lo que mató a tu esposa, iba por el pequeño, ¿desde cuándo lo sabes?
- Es solo un crío Jim, y en todo este tiempo ha demostrado que está muy lejos de… - intervino el chatarrero en ayuda de John
- Bobby, calla… - le pidió un poco brusco
- Espera, ¿Años? ¿desde el principio? – ambos cazadores bajaron la mirada ante el sacerdote que creía que eran sus amigos – No me esperaba esto John
- No queríamos cargarte con este secreto – Bobby, sonrió un poco avergonzado – fue cosa mía, yo convencí a John para que no te lo contara, él iba a hacerlo pero yo pensaba que cuanta menos gente lo supiera más fácil podríamos manejarlo
- Pero si los demonios persiguen a Sam para ponerlo de parte de esas malignas criaturas ¿no creéis que es algo que el resto de cazadores deberían saber?
- ¿Para qué Jim? ¿Para que persigan a mi chico? ¿Para que lo maten porque no pueden arriesgarse? – John explicó – no voy a hacerlo Jim, porque ellos lo considerarían una baja aceptable, sabes que dispararán primero y me darán el pésame después
- Yo no soy como los otros cazadores John – replicó el sacerdote ofendido
Sam
El padre Jim parecía muy enfadado cuando subió del sótano. Se despidió de él y de Dean y se marchó diciendo que ya no le necesitaban allí. El chico iba a interrogar a su padre pero John tenía la su habitual expresión hermética de cuando algo había ido mal en un caso. No era buena idea presionarle en ese momento.
Bobby estuvo un raro hablando con la señora Minner y después se despidió de ellos llevándose a las mujeres con él.
- Iros a la cabaña – ordenó su padre
- ¿Dónde se las lleva Bobby? ¿Y tú que vas a hacer? – preguntó inmediatamente aunque Dean se había levantado del sillón y obedecía sin cuestionarse nada, como siempre
- Terminar el trabajo, ¿o dejo el cuerpo de Minner ahí abajo? – replicó John - ¿tienes algún inconveniente en que trate de que no nos acusen a todos de asesinato? Largaos ya.
- Si necesitas ayuda – Sam miró a su hermano sin poder creer que preguntara eso, Dean se mantenía a duras penas en pie
- Lo tengo controlado – se negó su padre, pero por una vez comprendió las dudas de su hijo menor sobre el estado del pecoso, o eso pensó Sam - ¿Podrás llegar a la cabaña Dean?
- Si señor
- Pues esperadme allí.
Fue un paseo silencioso, aún faltaban algunas horas para el amanecer y ambos caminaron uno junto al otro sumidos en sus propios pensamientos. Sam no podía estar más confundido, sin saber cómo en unas horas las mejores semanas de su vida se habían convertido en una pesadilla.
¿Qué ocurría con él? ¿Es que atraía la mala suerte? ¿Los problemas? Miró a su hermano que caminaba concentrado en sus propios demonios internos. Dean le miró un momento y el pequeño esquivó la mirada porque no sabía cómo interpretarla ¿Alivio? ¿Súplica? ¿Confusión? ¿Qué?
- ¿Dónde habrá llevado Bobby a Rachel y su madre? – preguntó por fin en la cabaña
- No lo sé – respondió Dean
- ¿Entiendes algo de lo que ha pasado aquí? Porque yo no Dean, ¿Un demonio? ¿Estamos a salvo ya?
Su hermano se levantó trabajosamente del sofá y cogió un saco de sal de la despensa. Se lo quitó de las manos y lo mandó a descansar. Dean debía sentirse lo bastante mal como para obedecer y volver a sentarse sin protestar. Cubrió las entradas y las ventanas con la sal.
- ¿Necesitas algo? – su hermano sacudió la cabeza negando – para el dolor, ¿tienes hambre?
- No, estoy bien Sammy.
- Deberías echarte un rato, yo…
- Esperaré a papá
- ¿Crees que nos iremos enseguida de Fairmont? – se le ocurrió pensar, era el "modus operandi" del patriarca Winchester cuando terminaba un caso, marcharse inmediatamente, sobre todo si había habido víctimas mortales.
- Es posible
- Está bien, tampoco me interesa recoger el diploma yo solo – murmuró algo desilusionado
- ¿Eso es lo que te preocupa? – Sam se sintió como un cerdo egoísta al ver la mirada de resignada decepción de su hermano
- Sí, se ve que tenéis todos razón y soy un egoísta de mierda – gruñó el chico – está claro que querer lo que cualquier persona normal querría es ser una decepción para vosotros
Dean no le respondió, sólo le miró, de esa manera que nunca sabía interpretar porque no era enfado, ni disgusto, ni desprecio, ni decepción, ni cansancio… pero lo era todo al mismo tiempo y quizás algo más.
- ¿Crees que estoy maldito Dean? – no pudo evitar preguntarle
- Eres un Winchester, estás maldito – sonrió el mayor repitiendo su máxima de cuando tenían que salir huyendo de algún lugar – no vayas a creerte más especial que nadie por eso.
- Por una vez, por una sola vez, me gustaría saber que se siente haciendo algo normal, como recoger un diploma o ir a un baile del instituto sin que el trabajo de papá se interponga – se sentó en el sofá junto a su hermano – discutiría contigo porque habrías intentado enrollarte con mi chica y…
- Que buen concepto tienes de tu hermano mayor – se rió Dean
- El sufrido estudiante de la familia de mecánicos del pueblo, con un hermano ligón y…
- Suena bien – murmuró el pecoso y Sam hubiera jurado que parecía feliz con esa idea.
Su padre entró por la puerta y no se sorprendió al verles a ambos charlando tranquilamente en el sillón. Llevaba una botella de whisky y le dejó en la mesa buscando algo dónde beber en la despensa volvió con tres jarras para cerveza.
- Bobby regresará por la mañana – avisó vertiendo el alcohol en los tres vasos, Sam parpadeó sin creer que su padre pretendiera que se bebieran esa cantidad de whisky – Sí, soy un padre horrible y ahora bebe… con la boca cerrada a ser posible
- Papá – riñó Dean
Su padre les dio las bebidas y se tomó la suya de un trago echándose más. Dean sí bebió, aunque con menos ansia que John, Sam apenas se quemó los labios con el espantoso brebaje y tosió como si fuera a ahogarse allí mismo.
Dean
- Ya, ya está – las fuertes palmadas de su padre en la espalda de Sam no ayudaban mucho pero su hermano se repuso a pesar de ellas.
- ¿Cuándo nos vamos? – preguntó el chico
- ¿Cuándo es la entrega de diplomas? – preguntó John, y el pecoso llegó a creer que su padre valoraba la idea de asistir al evento.
- Dos semanas
No hizo falta que John respondiera, dos semanas era demasiado tiempo para su padre, nunca lo había visto más de tres o cuatro días sin "Trabajar" y para Dean, que estaba deseando largarse de la pequeña ciudad para no volver. Miró a su hermano, que aunque parecía comprender la situación no estaba demasiado contento. Después de todo lo que había pasado Sam podría mostrar menos decepción, total, tampoco le gustó mucho ir al baile. Recoger un diploma rodeado de desconocidos no debería hacerle tanta ilusión. Pero le entendía, por supuesto que le entendía, no era más que un niño al que habían arrastrado de un lugar a otro desde que nació, y había sacado matrícula en el instituto con la vida que llevaban. Sería genial que pudiera ser algo en la vida, algo más que un soldado en un ejército de tres.
- dos semanas después -
Aparcó el Impala junto a la furgoneta del padre Jim, se arregló el cuello de la única camisa presentable que tenía y se dirigió hacia las sillas destinadas a los familiares de los graduados. El sacerdote ya estaba allí ocupando la silla reservada a su padre, se sentó junto a él y echó un vistazo a las togas y gorritos de las primeras filas tratando de localizar a su hermano entre ellos.
- ¿Y tu padre?
- Caleb y él están investigando una casa hechizada en Dubuque
- ¿Y te ha dejado venir? – preguntó el buen hombre sorprendido
- Vengo a buscar los refuerzos – sonrió señalando con la cabeza al último chico de la fila que se había formado para recoger los diplomas – aunque es más que posible que cuando lleguemos hayan terminado el trabajo
- Era importante para el chico – criticó Jim Murphy
- Por eso he venido yo – Dean se sintió en la obligación de defender la ausencia de su padre, puede que John fuese seco, arisco, pero le constaba que los quería y no iba a dejar que nadie les dijera lo contrario – Papá no quería que lo recogiera él solo
Tuvieron que esperar hasta el final, rodeados de todos los padres puestos en pie y abrazando y charlando con sus hijos. Dean no se cortó, se puso de pie sobre su silla y empezó a silbar cuando el director entregó el diploma a Sam. El chico le miró sorprendido, no le esperaba y miró ansioso a su lado buscando a su padre. Bueno, no era la reacción más emotiva pero al menos le había visto.
Conocía tan bien a su hermano pequeño que podía detectar su decepción en la forma en que agradeció su presencia al pastor Jim. Sam estuvo un poco silencioso en el trayecto a Dubuque, y Dean puso la radio para disimular su propia decepción por el recibimiento del chico.
- Podía haber venido – murmuró por fin el pequeño
- No vino a la mía – le replicó
- No es lo mismo – se mordió los labios por no contestarle mal, ¿qué se creía? ¿Qué porque tuviera peores notas que él no le habría gustado ser un idiota con sombrero ridículo entre un montón de idiotas con sombreros ridículos? – tu aprobaste en septiembre y las ceremonias las hacen en junio.
- Listillo – gruñó reconociendo que era una respuesta lógica, debía una explicación al chico – no habíamos terminado el trabajo, y llamó a Caleb para que pudiera venir uno al menos, sé que le habrías preferido a él y se lo dije, pero no me hizo caso.
- No, está bien – sonrió el chaval feliz – te prefiero a ti.
