Pues este es el final, gracias por estar ahí leyendo esta chorradilla. Espero que no haya sido demasiado pesado ^_^


Cap. 20: Noche lluviosa en el Soho

John

Sam se había ido, a la universidad, con una beca. Dean había ido detrás, a hablar con él y a convencerle de que volviera. Bobby le había echado a escopetazo limpio (otra vez) de su casa. Había sido un fin de semana movidito.

Paró el impala en una cuneta y se sentó en el capó, simplemente a mirar el paisaje. Su fin de semana había sido un remanso de paz comparado con la tormenta que bullía en su cabeza. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Tenía derecho a elegir entre sus hijos quien salvar y quién sacrificar?

Se frotó el rostro, la cabeza, tratando de apartar las dudas. Si volvía a pensar en todo lo que había hecho y en todo lo que debía hacer aún se comería una bala antes de darse cuenta. Dios, sus hijos, si ellos supieran todo lo que sabía él… Probablemente Dean no sería tan protector con su hermano, Sam no merecía eso.

Dean tampoco merecía esta vida y sin embargo su hijo lo había asumido todo como si hubiera nacido para esto. John se miró el anillo de boda, si pudiera volver atrás, saber lo que sabía ahora, detener al monstruo que… ¿con qué arma? ¿Salvar a Mary y dejar que esa cosa se hubiera llevado a Sam? Mary no le hubiera perdonado, Dean no le hubiera perdonado, él mismo no se hubiera perdonado.

En la radio sonaba The Pogues, no le gustaba demasiado el grupo irlandés, pero esta canción no estaba mal. Murmuró siguiendo la música lenta y relajada

"A veces me despierto por la mañana
la botella junto a la cama
cubierta por una capa de silencio
te oigo hablar en mi cabeza"

Pensaba en su esposa, en lo que diría ella. Nunca quiso que volviera a reengancharse al ejército, decía que encontrarían la manera de superar todo juntos y tuvieron problemas de dinero serios, si supiera qué estaba haciendo, si supiera en qué se había convertido y lo que había hecho con sus hijos. Si por algún milagro volviera a verla ella le odiaría tanto como él la amaba aún, estaba seguro.

Sí, estaba seguro. Y sin embargo no podía parar, debía encontrar al demonio que la mató, no sólo para vengarse, esta lucha nunca se trató sólo de venganza, se trataba de salvar a sus hijos, porque ¿de qué servía todo lo que había aprendido? ¿de qué servía si no los salvaba a ellos? ¿Un bien mayor? Él no tenía fe en un bien mayor como el que había intentado inculcarle Jim todo este tiempo, ¿Qué bien mayor hubiera hecho con Mary lo que hizo? ¿Qué bien mayor lo hubiera permitido? ¿Qué puto bien mayor podía exigirle que sacrificara a su hijo, a sus hijos?

Suspiró profundamente deseando que Dean no pudiera convencer a su hermano y que el chico lograra apartarse de todo, de la cacería, de los demonios, de las criaturas que acechan en la oscuridad, de él, así al menos podría salvar a uno.

- Escúchame lo que sea que haya ahí, escúchame dios de Jim, o el poder superior que seas, me importa una mierda como te llames, sólo atiende, se lo que quieren esos demonios de Sam, y no voy a permitirlo, no voy a dejar que mi hijo se convierta en un general demoniaco y si estás viéndolo todo sabes que ese crío no es así, da igual lo que le hicieron, da igual esos poderes que algún día pueda desarrollar, ¡me importa una mierda lo que Missouri, Frank Gordon y todos los putos videntes del mundo digan! ¡Mi hijo no es un monstruo y si tengo que apartarlo de mí para protegerlo de todo esto lo haré, lo haré! – los pondría a salvo, a los dos, si era preciso no volvería a ver a su hijo – ¡me alejaré de él!, no volveré a buscarle porque entonces no sería capaz de volver a dejarle ir, ¡si no vuelve con Dean lo dejaremos al margen! ¡Me oyes! ¡Lo dejaremos al margen!

Un trueno sonó en la distancia, el aire frío y húmedo traspasó la camiseta de algodón provocándole un escalofrío. ¿Era una señal o sólo el comienzo de una tormenta veraniega? Se metió en el coche y apagó la radio.

- Está bien – murmuró – puedo hacer esto.

No sabía si se refería a dejar marchar a Sam o a cazar al demonio que mató a Mary, pero estaba decidido a hacerlo aunque tuviera que acabar consigo mismo en el intento. Volvió a la carretera que en poco tiempo se convirtió en una pista brillante de asfalto y agua.

Sam

Vio a su hermano apoyado en una columna de la entrada a la residencia de estudiantes y frunció el ceño, no iba a ir con él, si no dijo nada cuando su padre renegó de él por querer cambiar de vida ahora no iba a volver con el rabo entre las piernas sólo porque hubiera venido por él, había decidido que iba a estudiar, y nada le haría cambiar de opinión.

Escondió el manual de leyendas tradicionales entre el de matemáticas e informática, que se apartara de la caza no quería decir que no le interesara saber cómo encarar cualquier criatura sobrenatural, sabía lo que había ahí fuera.

- ¿Qué haces aquí?

- Vaya bienvenida

- En serio Dean, ¿qué quieres?

- Lo sabes

- No

Esperó que insistiera, que le diera argumentos que rebatir. Explicar por qué había tomado ya su decisión y no se echaría atrás. Pero Dean no insistió sólo parecía decepcionado.

- No estoy haciendo nada malo, sólo quiero tener una vida Dean

- Y nosotros no podemos estar en ella ¿no? – esta vez sí le miró de frente y Sam sintió que se le encogía el corazón, pero no era su culpa

- Papá me dijo que si quería estudiar que no volviera

- No…

- Dean, deja de defenderle, siempre justificas todo lo que hace, siempre – suspiró – fue él el que dijo que no volviera, no yo. Ni siquiera ha venido, ni lo ha intentado ¿verdad? ¿dónde está?

- Me espera en Reno, tenemos un caso…

- Pues ya puedes irte.

- Entonces ¿ya está?

- No voy a volver Dean, si has venido sólo a eso podías haberte ahorrado el viaje, he terminado con esa vida.

- ¿Y con tu familia? – Sam miró impactado a su hermano cuando escuchó el dolido y ronco susurro

Dean bajó la cabeza, avergonzado, mientras se rascaba el cogote y el pequeño tragó saliva y respondió.

- No he terminado con mi familia Dean, papá me ha echado pero yo no he echado a nadie – suspiró - ¿por qué no podéis entenderlo? Sólo quiero una vida tranquila y segura

- Eso es aburrido

- Me gusta lo aburrido, ¿no es eso lo que dices siempre? – Sam sacó la llave de su habitación del bolsillo – dejo esto en mi habitación y nos vamos a tomar algo ¿de acuerdo?

Subió a toda prisa, dejó los libros y bajó igual de rápido. Por un momento creyó que su hermano se había marchado, pero al dar un segundo vistazo lo vio sentado en la escalera. Se sentó a su lado.

- Dile a papá que puede venir cuando quiera pero que yo no volveré a cazar – Dean asintió en silencio – no tengo que decir que puedes venir a verme siempre que quieras ¿verdad?

- Esto no está mal – murmuró Dean – puede que venga más a menudo de lo que crees

- Ok, tengo hambre y hay un restaurante a dos manzanas de aquí que está bastante bien – lo más duro de esta decisión de apartarse de la caza era sentir que estaba decepcionando a su hermano – os necesito, Dean, siempre lo haré, siempre os querré, sois mi familia y eso no cambia porque yo estudie o papá crea que os he abandonado. Lo entiendes ¿verdad?

- No soy tan listo – murmuró su hermano, pero Sam estaba seguro, ahora más que nunca, Dean le entendía – yo no saqué sobresaliente de media en el instituto, capullo.

- Imbécil – replicó automáticamente

Dean se levantó y tiró de él, revolviéndole el cabello con cariño, como si fuera un mocoso malcriado, y por un segundo estuvo tentado de dejarlo todo y volver con él a la carretera. Pero sólo fueron a almorzar.

Dean

Empezó a llover nada más montar en el autobús. Las gotas de lluvia resbalaban por el cristal de la ventanilla. No había mucha gente, de momento el asiento del pasillo estaba libre y el silencio, aderezado con el ruido del motor, la lluvia y el tráfico era su único compañero. Sacó el walkman de la mochila y cambió de idea, volvió a guardarlo.

No tenía ganas de música ni de nada. Se sentía como al final de una época. Nunca había estado tanto tiempo separado de su hermano, y aunque comprendía que el chico era más que capaz de cuidarse solo y que tenía derecho a elegir lo que quería ser, se sentía como si estuviera abandonando al más joven en medio de una trampa.

Buscó una posición mejor en el asiento a ver si podía dormir un rato. Los últimos meses, los últimos días vinieron a su mente. Peleas, discusiones… Quizás Sam hacía bien y quizás también debería dejarlo él. Tenía 22 años, ¿quería que su vida fuera siempre así? ¿Ir de un lugar a otro arriesgando sus vidas por gente que ni conocían? ¿Vivir del fraude con tarjetas de crédito, del juego, pasando hambre, utilizando nombres falsos, huyendo de las autoridades y durmiendo en moteles de mala muerte cuando no lo hacían en el coche?

Hace años renunció a una vida normal para no dejar atrás a su familia, ahora no tenía nada que dejar atrás. Cerró los ojos con la absurda idea de que si fingía dormir acabaría consiguiéndolo.

- ¿Está ocupado? – ignoró la voz femenina, una mano le sacudió suavemente – perdona, ¿puedo sentarme aquí?

- Es un país libre – gruñó sin abrir los ojos

Ella se sentó a su lado y guardó silencio. Ambos lo hicieron durante un buen rato. Después la oyó respirar más fuerte y pensó "Que suerte tiene, ha sido capaz de dormirse". Dean no lo iba a conseguir, volvió a abrir la mochila para sacar el Walkman y se dio cuenta de que la mujer, de mediana edad, no dormía. Simplemente lloraba en silencio.

- ¿Se encuentra bien señora? – antes había sido indiferente, e incluso grosero, pero no le gustaba ver sufrir a nadie.

- Si, si, lo siento chico, ¿te he despertado? – respondió ella

- No, no se preocupe, no podía dormir – respondió honestamente, a veces es mucho más fácil hablar con alguien al que no has visto en tu vida que con quien pasas ("pasabas" se rectificó a sí mismo) el 90% del tiempo - ¿Puedo ayudarla?

- No lo creo, chico, pero gracias – ella no llegaría a los cuarenta y cinco, no muy delgada, rubia o teñida, poco maquillaje, Dean pensó que era guapa y que probablemente tendría un hijo o una hija de su edad - ¿eres un soldado de vuelta a casa?

- Algo así – sonrió el pecoso, su mochila había sido antes de su padre, del ejército, por dentro estaba destrozada pero había hecho un buen trabajo con ella en el exterior y parecía casi nueva. Era comprensible que con su corte de cabello, su aire retraído y su forma de vestir la gente pensara que era un soldado de permiso.

- Tu familia estará deseando verte

- Supongo

- Mi hijo era soldado, un accidente… - la voz de la mujer tembló – era lo único que me quedaba.

- Lo siento

- Gracias chico, pero tú no tienes la culpa – se repuso ella – tu madre debe estar orgullosa de ti, nunca la hagas pasar por esto.

- No lo haré señora – mintió para contentarla, pero le pareció una falta de respeto y confesó – mi madre murió cuando era un niño

- Oh, lo siento – ella, con la pena reciente por su hijo le tomó la mano queriendo consolarle por algo que había pasado mucho tiempo atrás – estoy segura de que desde el cielo estará muy orgullosa de su joven soldado.

Sonrió incómodo y se mordió los labios. Él no creía en un cielo que permitía lo que había estado combatiendo desde que tenía uso de razón. Pero se encontró tomando la decisión de seguir adelante, por lo que ella había dicho. O quizás no, quizás esa decisión la tomó hace mucho tiempo, y saber que aún había personas que se sobreponían a su propio dolor para brindar su apoyo y compasión a los demás hacía que su trabajo todavía tuviera sentido.

Papá le necesitaba, no sólo para su implacable venganza, le necesitaba para salvar a gente como su compañera del autobús, o las cientos de víctimas que habían vivido porque en su búsqueda de respuestas no podía quedarse al margen cuando algo sobrenatural se cruzaba en su camino. Sam había podido elegir y eligió una vida normal, a salvo, estudiando, ahora su hermano ya no le necesitaba. Durante un momento se había engañado a sí mismo pensando que podría hacer lo mismo, pero sabía que no, él no estaba hecho para una vida normal, no podría vivir tranquilo sabiendo que todas esas cosas acechaban en la oscuridad a la gente normal, a esa señora que se sentaba a su lado, a los Minner...

Alguien tenía que hacer el trabajo y, como decía Bobby, no conocía a nadie más tan tonto como para dedicarse a esto.

FIN