Capítulo 1 – Después de la tormenta
"¿Ves?" preguntó Zelos, mientras el arco de su violín subía y bajaba con gran rapidez. Trataba de seguir el movimiento de sus dedos pero eran demasiado veloces para sus ojos. Claro, cuando él lo tocaba era algo sencillo pero en sus propias manos se tornaba difícil y agónico, tanto para ella como para los que la oían "Sólo tenes que recordar que al subir la escala se colocan becuadros en el sexto y séptimo grado de la misma, mientras que al bajar continúan los bemoles"
"Sigo sin entender por qué tengo que estudiar el violín" le cortó Irelia, confundida ante aquellas palabras. Cierto que Zelos ignoraba que se había escapado de las clases del profesor el cual, sumido en sus muchos alumnos y en su propio estudio, no se había percatado de la ausencia de la pequeña… o tampoco le importaba. No solía prestar mucha atención a los alumnos que no sintieran un sincero amor por la música.
"Recuerda lo que dijo el Maestro Lito: para dominar el Arte Hiten debes ser capaz de dominar lo elemental, esto quiere decir, dominar un arte. La música, al igual que la pintura, es un arte que nació con el mismo hombre y la capacidad de dominar sus bases te permitirá dominar la base del Arte Hiten" citó con fidelidad. Ambos hijos eran fieles devotos de su padre, le admiraban y deseaban, algún día, descifrar la misteriosa disciplina Hiten que él mismo había creado. El Maestro Lito era famoso y muy querido en toda Jonia mas nadie comprendía cómo manipulaba una espada tan grande y cómo acababa con los enemigos del Equilibrio.
"No es justo" bufó su hermana menor "yo soy inútil en ambas disciplinas, todo lo que tocan mis manos explota" suspiró. No es que fuera mala en la manipulación del instrumento, sólo que su hermano mayor demostraba mucha mayor capacidad y varios monjes jonios pregonaban que sería el heredero de su padre.
"No tenes mala técnica, solo necesitas compenetrarte más en lo que haces" le aclaró, mientras volvía a colocarse el violín debajo del mentón y tocaba algo con suma suavidad. "Tenes que ponerle todo lo que sos, eso es lo que va a distinguir tu forma de tocar con la forma de tocar de otra persona… y eso es lo que va a convertir a tu melodía en una melodía única" agregó, emocionándose más con lo que interpretaba. Se puso de pie y la música fue vibrando en cada árbol de la isla, atrayendo los pequeños ruidos del bosque por la intensidad y pasión que salía del pequeño instrumento. Luego fue llegando al final de la misma y terminó con una nota grave que vibró en todo el cuerpo de Irelia como una firme sentencia: Zelos será quien domine el Arte Hiten y no ella.
Cuánto tiempo había pasado de aquella escena. Ahora ella se encontraba en el mismo valle, rodeada por los frondosos árboles y del arrullo del río que bajaba del cordón montañoso trayendo consigo los silenciosos secretos del centro de la tierra. Estaba sentada en el pasto, vestida con una larga y fina sotana escarlata que usaba los días de verano como ese. Una ligera brisa soplaba entre sus largos cabellos negros y ella cerró los ojos para compenetrarse dentro del lugar donde se encontraba.
En el suelo reposaba el arma que le había permitido avanzar entre las fuerzas noxianas y le había concedido la victoria. Le generaba escozor ver el color que había adquirido pero a la vez lo consideraba una cicatriz de guerrera, por lo cual no le daba mucha importancia.
No podía dejar de pensar en Zelos. Si no hubiera sido nombrado Sargento del ejército jonio no hubiera tenido la responsabilidad de encabezar aquella expedición a Demacia en busca de ayuda por parte del monarca Jarvan III. Él era quien debía ser capaz de dominar el gran secreto del Maestro Lito, lo demostraba en su gran talento al desenvolverse en el entrenamiento que había estipulado su padre.
Ya habían pasado dos meses desde el triunfo Jonio y la recuperación de la isla, pero él nunca regresó. ¿Estaría vivo? ¿Habría muerto antes de llegar? ¿Acaso cayó prisionero en alguna ciudad de Valoran? Eran demasiadas las posibilidades y, por más que quisiera salir a buscarle, le habían nombrado, como muestra de agradecimiento por su valentía y liderazgo, Capitana de la Guardia Joniana para velar por el Equilibrio y por todos los habitantes de la isla. Una gran responsabilidad pesaba en sus espaldas, más considerando enemigos potenciales como Syndra, aquella mujer de inmensos poderes mágicos que había asesinado a sus maestros e instalado su Fortaleza Celestial con el templo en el cual le entrenaban. Aquella psicótica hambrienta de poder podía descender y atacar a los jonios que estaban reconstruyendo su pobre sociedad que había sido atacada con tanta crueldad. ¿Quién los defendería? ¿La extraña figura del cielo que la quitó de las garras de la muerte y la alzó como una heroína?
¿Quién y qué era esa figura? Ese recuerdo torturaba la mente de Irelia. ¿Cómo había tenido el poder de, no solo regenerarla, sino de hacerla inmune a cualquier daño externo? Por más que los noxianos le hundían y clavaban sus hachas y espadas en ella, a pesar de sentir el intenso y punzante dolor, regeneraba sus heridas con una pasmosa rapidez y continuaba con su ataque. Nada le causaba daño, incluso cuando se arañaba su propia piel esta se reconstituía con tanta velocidad que dudaba si realmente se había arañado. ¿Qué le había ocurrido? ¿En qué se había convertido?
"Irelia" le llamó una voz suave y delicada, con los ojos cerrados sentía como si esta fuera una caricia en su rostro. Los abrió con lentitud observando a Karma con un vestido verde que resaltaba su piel morena y sus ojos jade. Le sorprendió la etérea imagen de su amiga que parecía armonizar con el valle pero aún más el rostro serio que portaba.
"Entonces, ¿lo encontraron?" preguntó, poniéndose de pie. El arma a sus pies comenzó a bailar alrededor de ella, sabiendo que era hora de actuar. Quiso tomar camino a Navori cuando la mano suave y cálida de su amiga se posó en su hombro y detuvo la que sabía que sería una rápida carrera hasta la ciudad. Era en esos momentos cuando recordaba por qué le tenía tanto aprecio a Karma: por más delicada y femenina que esta fuera tuvo una importante y valiosa participación durante la invasión y era la única que no le temía a las hojas metálicas que levitaban a su alrededor. Hasta los mismos Ancianos del Consejo le respetaban y mantenían cierta distancia para con ella. Pero la actitud de su amiga no había variado por más que fuera una de las pocas personas que conocía la misteriosa transformación que se había dado en Irelia.
"Escucha, no es un enemigo del Equilibrio" su voz seguía sonando suave pero con seriedad "reaccionó según su deber y la desesperación al perder a su pueblo y a los seres que amaba" le aclaró, su voz se quebró en un sentimiento que Irelia presumió que era piedad con el mismo. Luego se repuso: "Incluso fue de gran ayuda para acabar con los invasores, no puedes condenarlo"
"No puedo correr el riesgo" suspiró. Le molestaba volver a tocar ese tema, ya había decidido qué hacer con aquel individuo, ¿por qué no podía respetarla? Se deslizó por el pasto, dejando colgada en el aire la mano que antes estaba apoyada en su hombro y salió caminando del valle.
"No ha hecho daño a ningún jonio" replicó, siguiendo sus pasos. Sus piernas no eran tan largas como las de su amiga, por lo que tenía que dar muchos más pasos que ella y pronto se agitó.
"Reitero, no correré el riesgo de que algo que nadie tiene idea qué es esté rondando por la isla"
"Vos no sabes lo que sos y mira, te convertiste en capitana y pesan sobre tus hombros la seguridad de toda la isla" respondió. La aludida se volteó un segundo a mirarla y luego continuó con su caminata, apresurando más su paso. Eso era lo que más le molestaba de discutir con Karma: ella tenía la mala costumbre de demostrarle sus errores y confundirla aún más.
Les tomó unos minutos llegar a Navori. La ciudad se encontraba devastada después de la invasión: Todas las casas habían sido incendiadas con toxinas zaunitas al igual que las cosechas, volviendo la tierra estéril. Se habían juntado varios monjes de la aldea de Karma quienes, convencidos del poder espiritual de la fuerza de voluntad, ponían esperanzas en la recuperación de los nutrientes del suelo. Los templos habían sido destruidos y profanados al igual que los cadáveres de las pobres víctimas que habían sido apilados dentro de estas edificaciones. Claro que a estas alturas los cuerpos ya habían sido retirados y sepultados en el cementerio de la provincia, condecorados con la plantación de un árbol por cada fallecido. Así equilibraban la vida y la muerte.
Cuando llegaron se encontraron con la Guardia Joniana quienes, esperando la llegada de su capitana, estaban colaborando con los sobrevivientes en la reconstrucción de sus hogares y en la repartición de los víveres. Navori había sido una de las ciudades más afectadas de toda la isla ya que allí había comenzado la invasión y esa había sido la base de los noxianos y los zaunitas todo los años que duró la contienda. La mayoría de los muertos habían sido esclavos o ratas con las cuales experimentaban, humillaban y torturaban. Pocos lograron sobrevivir a semejante suplicio, sólo aquellos que eran utilizados para hacer recados a otras provincias conquistadas eran los que se encontraban exentos de algunos martirios.
Los miembros de la Guardia Joniana solían vestir armaduras color carmesí, igual que su capitana, ligeras y de un metal liviano pero resistente que permitían el libre movimiento de sus portadores. Aun así, en días de verano como aquellos, ella les concedía el derecho de vestirse de otra forma para no acalorarse. Confiaba en ellos y sabía que la armadura era más un símbolo de distinción que protección, los guardianes eran monjes, hechiceros, ninjas y samuráis de gran talento que ella misma había escogido para integrar la fuerza. Habían sido valiosos pilares donde los guerreros se sostuvieron para continuar con la lucha y ella los había reunido para trabajar "por debajo", como habían dicho los Sabios Ancianos, y proteger el Equilibrio de cualquier criatura que lo amenazara.
De entre unos árboles salieron dos de estos guardianes, escoltando a una tercera persona. Bah, aunque sea antes había sido una persona: tenía la estatura normal de un hombre pero todo su cuerpo había sido corroído hasta deformarse. Había perdido el color piel para reemplazarlo por una palidez mortal en su torso y en un musgo purpúreo sus piernas, como si estuviera devorando el tronco poco a poco. Sus ojos brillaban en la misma tonalidad púrpura y no podían distinguirse pupilas de estos. Lo que más llamaba la atención era un increíble y enorme arco violáceo que sostenía con su brazo derecho. Irelia recordó que él era un famoso arquero antes de que la corrupción del Pozo de Pallas se apoderara de él y lo convirtiese en semejante monstruo.
"Aquí lo tiene, capitana" afirmó uno de los guardianes. Era uno de los pocos que se reservaba el derecho de vestirse de otra forma y lucía su armadura carmesí. Su cuerpo era bastante delgado pero pese a eso era un hombre que se destacaba por su gran agilidad entre los árboles, su gran conocimiento de magia y arte Shojin, el cual constaba de la capacidad de regeneración de heridas.
"Gracias, Roshan" repuso la aludida. Luego observó al curioso personaje que escoltaban y avanzó unos pasos. Le llamó la atención que ninguno de los dos guardianes le tocaran, simplemente caminaban a su lado y vigilaban con atención sus movimientos. "Miedo" pensó. Algunos de los guardianes eran de edad mucho más avanzada que ella, pero aún le sorprendía encontrar este sentimiento en corazones con más experiencia. En cambio, ella lo había desterrado después de la victoriosa batalla de El Placidium. "Con que él es Varus… o era" comentó, observándole fijamente. El aludido sólo miraba hacia los árboles, abstraído dentro de su propia mente.
Estaba a punto de comentar algo cuando sintió de vuelta esa mano suave y delicada sobre su hombro. Ese contacto molestó a Irelia pero fue tan significativo que las dudas volvieron a disparar sobre su mente y le hicieron replantearse de nuevo qué es lo que había ocurrido con ella.
"¿Dónde lo encontraron?"
"Cerca del Pozo de Pallas, lo estaba custodiando" respondió de vuelta Roshan. Ladeó un poco la cabeza, dudando, y agregó: "cuando nos acercamos a la escalinata bajó sin oponer resistencia, pero ante cualquier tentativa de subir el primer peldaño alzaba su arco y nos amenazaba con atravesarnos si continuábamos subiendo."
"Vaya" repuso sorprendida Irelia. Caminó alrededor de los tres hombres, observando con cuidado y luego comentó: "Pese a eso no lleva carcaj"
"Él las genera en el mismo momento que levanta el arco" explicó el guardián que había permanecido callado. Era más corpulento que Roshan y vestía con unos simples pantalones y una camisa blanca. Era de baja estatura y tenía un rostro agradable mas solía reservarse los comentarios hasta que fuera necesaria alguna explicación técnica: "Es probable que, utilizando la infección que lo consume, genera las flechas, intoxicando a cualquiera que sea atravesado con ellas" terminó, cerrando la boca de forma tal que indicara que no pensaba volver a hablar.
Irelia se sentó en el pasto y comenzó a meditar. Roshan había confirmado las palabras de Karma: no hería a los jonios y, pese a la contaminación de su cuerpo, seguía con su deber de proteger el Pozo de Pallas. ¿Era correcto asesinarlo? Al parecer tenía conciencia de sus actos y tenía recuerdos de su vida de humano pero, ¿siempre sería así? ¿Podía confiar?
"De acuerdo, está bien" dijo al fin. Hizo un gesto con su mano como para quitarle importancia. "Déjenlo, todavía no sé bien cómo actuar" confesó, molesta consigo misma. Se puso de pie y volteó la espalda, ignorando a Karma y su rostro. No era de las personas que solía gozar de la victoria sobre otra persona, pero aunque no expresara nada, no quería verla. Más por ella misma que por su amiga.
Avanzó por Navori contemplando los cimientos de la ciudad que había sido. Si bien nunca fue una ciudad propiamente dicha, su población y edificaciones cumplían las características de un pueblo, era una de las principales regiones que abastecía de alimento a la isla. Y ahora estaban suplicando a los espíritus de la tierra y forzando al máximo su fuerza de voluntad para recuperar algo de todo lo que habían perdido.
Algunos guardianes repartían víveres a los sobrevivientes, los cuales constaban de una provisión para una semana de arroz, tres papas, una gran vasija de agua potable (creían que algunos ríos habían sido contaminados y la identificación de estos llevaba su tiempo, mientras tanto estaba prohibido que alguien bebiera de sus aguas), medio kilo de carne de pescado y compresas de lana para las mujeres, a parte de alguna hierba medicinal que necesitaran. Las toxinas zaunitas no sólo habían quemado pastizales, personas y valles, sino que habían extendido enfermedades desconocidas sobre Jonia. Claro que los jonios no eran huesos duros de roer, eso lo entendieron los invasores después de dieciséis años de guerra para concluirlos con la victoria de los isleños, y aún lo demostraban recuperándose de estos virus e infecciones gracias a las viejas tradiciones que habían mantenido a Jonia en pie durante milenios.
Siguió caminando hasta llegar al límite de la ciudad, el cual constaba de toda una cadena de enormes robles que indicaban la entrada a un espeso bosque. Se apoyó en uno de estos nobles árboles y contempló a la guardia: ya habían repartido todos los víveres, Navori se había quedado con pocos ciudadanos y los monjes que habían ido para restaurar los nutrientes de la tierra no comían demasiado. Aún así las provisiones tenían que alcanzarles para una semana y ella sabía que era casi imposible, pero todos los jonios se encontraban en la misma situación. Las reservas apenas alcanzaban.
Quería que Jonia se levantase, pero la isla se encontraba en un momento de gran debilidad y dependía tanto de ella que le molestaba e incluso le enfurecía. Entendía que había sido trascendental en la victoria definitiva pero las dudas y las circunstancias que se dieron le confundían y le ponían nerviosa. Zelos no hubiera tenido ese problema, él siempre sabía qué decir y qué pensar, había aprendido y superado bien las pruebas que le habían puesto su padre y la vida… salvo aquella en la cual nunca regresó. Si la isla no se encontrara tratando de superar aquella situación, dejaría todo y se embarcaría en busca de su hermano. Pero miles de vidas dependían de ella y no podía hacer nada.
"Irelia" le llamó la suave voz de Karma que, por lo que respectaba a ese día, ya le había hartado "¿en qué estás pensando?" preguntó, manteniendo el mismo tono.
La aludida levantó el rostro y se sorprendió al encontrar a sus brazos envolviendo su cabeza, demostrando cómo las confusiones y las dudas de su mente le estaban carcomiendo. Se enderezó y miró por el rabillo del ojo a su amiga, luego soltó un gran suspiro.
"Pensaba en Zelos. Si no tuviera tantas responsabilidades aquí saldría a recorrer toda Runaterra hasta saber qué pasó con él…"
"Deberías hacerlo" opinó Karma, jugueteando con sus dedos. "Creo que victimizas un poco a Jonia: entiendo que sientas que debes ayudar al remonte de la isla, pero hemos sobrevivido a un estado de guerra durante más de quince años y somos fuertes"
"No niego eso, pero ahora comando la Guardia Joniana, está la psicótica de Syndra rondando por algún lugar del cielo además del riesgo de que Noxus y Zaun vuelvan a unirse contra nosotros" replicó Irelia, volviendo a soltar otro suspiro.
"Sabes a la perfección que los guardianes pueden mantenerse como tales sin tu presencia, son grandes guerreros que pueden afrontar cualquier circunstancia… además, junto con los Elders, logramos recuperar grandes extensiones de tierra que creímos que estaba perdida, y la pesca no anda muy mal" se tomó una pausa y se cruzó de brazos. "Creo que buscas una razón para quedarte más que para afrontarte a la realidad"
"Si ese es el caso, partiré lo antes posible" repuso, ofendida ante aquel comentario. Sus miradas se cruzaron durante unos segundos y luego agregó: "Atravesaré todo el océano si es necesario para saber, pero no pienso quedarme aquí, dejaré que Jonia se equilibre ella misma"
Se condenó por sus propias palabras. Luego de que las hubo pronunciado supo que no podía retractarse, más por orgullo que por otra cosa, por lo que partió lo antes posible a la capital de la isla. Quería notificarse cuando se abriría el puerto de la misma para partir.
Bueno, acá concluye el primer capítulo. Espero que el fic no resulte muy pesado (ahora que lo pienso, es más longfic que otra cosa... :c nunca escribí uno de estos).
Gracias por leer! En serio, me inspiran a continuar con este hobbie... aunque tengo que superar varios errores porque Irelia representa a mi álterego, por eso toca el violín y nada... se parece demasiado a mi :c
En fin, gracias de vuelta!
