Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.

Hola mis niñas preciosas... Véis como no ha sido para tanto...¡ya estoy aquí de nuevo! ahhhhh! que nervios, ¿qué pasará..?

En fin corazones, sin más distracciones,

os dejo con el 3 capi, esperando que os emocione...jajajajja

Ainsss...espero y deseo que os guste...¡Qué nervios!


Secreto de una traición

Capítulo. III.

"-¿Es eso cierto, Bella..? -pregunté apenas con un hilo de voz tratando de ver la respuesta en sus ojos…"

- Bella…-. Mi voz se ahogó al ver que ella no contestaba, en cambio, sus ojos comenzaron a humedecerse mientras me miraba con… culpabilidad.

-Es cierto…-afirmé sintiendo como me partía en dos; ese silencio era demasiado revelador -, al parecer estoy predestinado a llegar siempre tarde - concluí mirándola con todo el dolor que azotaba mi corazón en ese preciso instante.

- Edward…-musitó ella, pareció que quería decirme algo, pero finalmente… se calló.

El tal Jake no me quitaba el ojo de encima mientras la mantenía sujeta por la cintura; desde la distancia podía sentir como se tensaba y apretaba más sus dedos en ella. Cómo me hubiese gustado saltar sobre él y arrancarlo de su lado para dejarle claro que ella me pertenecía a mí; pero no era verdad y en todo caso, a quién pertenecía, por lo visto, era a él.

"Pero ese beso…" Me dije deseando tener una pequeña esperanza… "¿Ese beso qué, Edward?" Me pregunté a mí mismo al darme cuenta de lo que pretendía; "ese beso bien podía haber sido consecuencia de una discusión entre ellos, todas las parejas discuten…"

Admitir eso fue más doloroso aún. Ya no tenía caso. Ella llevaba dos años tratando de sacarme de su corazón y finalmente lo había logrado; ese chico había conseguido que se olvidara de mí, y no podía reprochárselo, ni siquiera podía reprocharle a él. Qué hombre no se prendaría de su belleza, de sus encantos…

Derrotado, y con el alma hecha pedazos, la miré una última vez. ¡Era tan hermosa! Me moría de ganas de extender mi mano y acariciar su rostro, mis dedos ardían ansioso por hacerlo, pero me contuve haciendo el mayor de los esfuerzos. De nuevo un nudo atoró mi garganta y nuevas lágrimas comenzaron a escocer mis ojos. Ni siquiera me importó que él me viese así, no podía evitarlo, toda la vida llevaba enamorado de ella, pero esta se negaba a darme la felicidad de tenerla, para mí, para siempre… Definitivamente el destino no nos quería juntos.

- Creo que llegó la hora de irme… -dije pausándome incapaz de tragar el nudo que atenazaba mi garganta -. Me alegra haberte visto, Bella… ojala todo te vaya bien en la vida - le deseé aunque roto de dolor. Me estaba matando despedirme de nuevo de ella y ahora sabía que para siempre -. No me guardes rencor por todo lo que te hice, estaba totalmente ciego… y recuerda lo que te dije, ya no tienes de que perdonarte.

- Edward…- volvió a musitar. Ya sus lágrimas corrían sin restricción por sus mejillas. El tal Jake tuvo la deferencia de mirar hacia otro lado mientras veía claramente que me despedía de ella. Yo me quedé por un instante prendado de su rostro, aunque fuese bañado en lágrimas. Quería recordarla así, tal como era ahora, estaba completamente seguro que ese recuerdo me acompañaría el resto de mi vida, porque sin ella… la mía no tenía sentido-. Si no te importa le diré a mi… a Carlisle que te encontré, él está deseando verte -. Le dije tragando mi propio dolor.

- Edward….-. Mi nombre volvió a escaparse de entre sus labios bañados de lágrimas.

Yo le sonreí, aunque tristemente, no quería que se sintiera mal, bastante daño le había hecho ya como para seguir haciéndoselo.

- Hasta siempre… Bella…- me despedí finalmente y, sin poder soportar más el dolor de mi pecho, comencé a caminar hacia atrás sin dejar de mirarla hasta perderme en la oscuridad.

- Vamos Bella, entremos… -oí que le decía él y fue la señal para salir de allí de una vez por todas…

No tardé en meterme en el coche y, a toda velocidad, conduje hasta llegar a Seattle, aunque todo el camino, y una y otra vez, se repetía en mi cabeza el encuentro con ella, provocando continuamente que mi corazón se contrajese dolorosamente…

Tomé el primer avión que me llevaría a Atlanta y, sumido en el dolor más profundo, regresé a mi solitario y frío apartamento.

Ahora definitivamente no me quedaba nada.

Los primeros días traté de volcarme en el trabajo; pasaba el mayor tiempo allí sin apenas regresar a casa, pero al ir transcurriendo los días, la sensación de pérdida se hacia cada vez más grande, provocándome un vacío tan inmenso, que ya ni el trabajo conseguía sacarme de ese estado. Sólo quería olvidarme de todo, pasar de todo, no tener conciencia de nada a mi alrededor para que aminorase este dolor que me desgarraba el alma…

-¡Vamos, levántate de ahí! -escuché que me pedía mi padre. Yo cerré los ojos con fuerza tratando de impedir que la luz, que de pronto había irrumpido en mi despacho, me cegara-. Edward, ¡ya está bien!, Mandy me ha dicho que llevas así desde que llegaste de Seattle, no puedes hundirte de esta manera…¡Eres un Cullen, maldita sea!- me espetó, yo apenas conseguí mirarlo.

- Un Cullen…- siseé con ironía -, ni siquiera soy eso… no soy nada… ¡Nada! -. Terminé gritando frustrado.

- Sí, lo eres - volvió a decirme con severidad -. Puede que mi sangre no corra por tus venas, pero te he criado como un Cullen, con todo el cariño y el amor que se le puede tener a un verdadero hijo, eres mi hijo de todas todas, Edward, y no voy a consentir que te destruyas así, ¡no pienso consentirlo! -gritó taladrándome con la mirada, con esa mirada que desde niño tenía el poder de amedrentarme, aunque en esta ocasión falló.

- ¿Y qué quieres que haga? - le pregunté amargamente, incorporándome un poco y mirando sobre mi escritorio en busca de otro trago-. No ves que no me queda nada…

- No puedo creer que te des por vencido tan fácilmente. No lo puedo creer -me recriminó.

- ¿La viste? -. De pronto recordé que él había salido hacia Forks en el mismo momento en el que le dije donde podía encontrarla.

- Si, la vi. Y por eso quiero que luches por ella.

- Ella ya tiene a otro hombre, papá, ya me ha olvidado -dije sintiendo como de nuevo mi pecho se contraía dolorosamente-. La perdí, la idea de que éramos hermanos la ha mortificado hasta que ha conseguido olvidarme.

- ¿Estás completamente seguro de eso?, porque algo me dice que ella nunca se olvidará de que te amó Edward, cada día recordará que a ti fue a quién entregó su amor.

- Eso ya no importa, ya no, ahora se lo entregará a él.

- Pues por eso mismo Edward, si realmente la amas, reconquista su corazón, sé que puedes conseguirlo, eres un Cullen ¡Maldita sea! Y no sólo eso , también eres un Masen.

- ¿Masen? -. Ese comentario hizo que por primera vez tuviese curiosidad por saber quién fue mi verdadero padre...

- Sí, Masen, Edward Masen, así se llamaba tu padre, hijo… y te aseguro una cosa, no había nadie más seguro, más seductor, y más embaucador como tu padre. Si alguien puede conseguir que Bella regrese, ese eres tú. Además, sé que ella aún te ama… - De nuevo mis ojos se clavaron en los de él al escucharlo -, lo vi en sus ojos, Edward, lo vi en su expresión mortificada cuando le conté que te había confesado que no eras mi hijo, lo vi cuando gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas, ajena a que yo la observaba, mientras miraba a… al vacío, ausente de todo. Lo de ese muchacho no es más que una salida fácil.

Escuchar todo eso de boca de mi padre me estaba ilusionando de nuevo, era cierto, puede que ese patán fuera su novio ahora, que se aprovechara de que ella buscara olvidarse de mí, pero ella me amaba a mí, sus lágrimas me lo confirmaron, sólo que aún seguía luchando contra ese amor.

- ¿De verdad crees que puedo reconquistarla? -pregunté con una pequeña esperanza.

- No sólo lo creo, es lo que debes hacer, recupera a tu mujer y a t..

- ¿A mi… qué? -pregunté intrigado al notar que se quedaba callado.

- A tu… familia… a todos nosotros… haz que volvamos a ser una familia unida Edward, trae a casa a mi hija - me pidió emocionado…

Tenía razón, Bella era nuestra familia, era mi mujer, o al menos es en lo que la convertiría una vez reconquistara su corazón y después volveríamos a casa… con nuestro padre, y me encargaría con gusto de hacer que esta creciese…

- Tienes razón papá - me levanté y rodeé la mesa para acercarme a él que también se había levantado -, aún no está todo perdido, aún puedo reconquistarla, lo hice una vez… ¿Por qué no iba a poder hacerlo otra? - dije cada vez más convencido.

- Eso es hijo, recupera a Bella y tráela de vuelta, ella nos necesita, necesita a su familia…- dijo mi padre emocionado apoyándose en mis hombros.

- ¿Piensas darle tu apellido? - pregunté de pronto al ver la necesidad que tenía de que su hija, su verdadera hija, regresara a su lado… y no le reprocharía nada.

El clavó los ojos en mí y puede ver en ellos una clara determinación, lo que me hizo sentir, por un segundo, el dolor de saber que ella era la verdadera Cullen.

- No Edward, no sí ese apellido se lo das tú - dijo sorprendiéndome -. Ella me pidió encarecidamente que nuestro lazo sanguíneo quedara en secreto, para nosotros. Bella no necesitaba saberse mi hija sobre un papel y créeme, eso me hace sentir más orgulloso de ella. Aunque te confieso que quiero que lleve ese apellido, porque es lo que es, una Cullen… - Yo bajé mi rostro por un momento, lo entendía, pero no por eso dolía menos saber que era yo el que ocupaba un lugar que no me correspondía - , y por eso espero que seas tú quien le des el lugar que le corresponde. Edward… - dijo suavizando la voz y mirándome con ese inmenso amor con el que siempre lo había hecho -, no puedo renegar de ti en favor de ella; has sido, eres y seguirás siendo mi hijo para toda la vida, así lo siento y así lo deseo… - escuchar esas palabras de su boca aún me hizo sentir más afortunado de que un hombre como él quisiese ser mi padre -… pero ella también lo es, así que, si no consigues reconquistarla, sí se convertirá en tu hermana, porque ahí si que le daré mis apellidos.¿Y sabes por qué..?

Yo negué con la cabeza tragando el nudo que acaba de formase en mi garganta.

- Porque sus hijos serán mis nietos, Edward, y quiero poder decir orgulloso que son Cullen, como su abuelo.- De pronto una nueva punzada me atravesó el corazón, sus nietos, claro, los hijos de Bella serían sus verdaderos nietos, y el simple hecho de imaginar a Bella siendo la madre de los hijos de otro me hizo sentir un dolor atroz.

- Me fue negada la oportunidad de mostrar orgulloso a mi hija…- siguió diciendo ajeno a lo que sus palabras estaban provocando en mí, aunque traté de volver mi atención a lo que me decía - por eso no pienso perderme la oportunidad de disfrutar de sus hijos. Aunque…-dijo mirándome de nuevo con un brillo especial en sus ojos -, realmente desearía que esos nietos fueran por partida doble.

- Gracias papá - dije emocionado al saber que él realmente era feliz con nuestra unión -, y no pienso defraudarte. Primero, porque amo a esa mujer como no tienes idea, es la única mujer que he amado, lo hice desde la primera vez que la ví… - Él seguía mirándome con la emoción contenida en sus ojos al igual que estarían los míos -; y segundo, porque es mi forma de agradecerte el buen padre que has sido para mí. Te quiero papá y te aseguro que no tendrás que darle tu apellido, con gustó seré yo quien se lo de.

- No esperaba menos de ti, hijo - dijo apretando con cariño mis hombros - ¿Y qué piensas hacer? - me preguntó de pronto con una gran sonrisa, la cual, no tardé en corresponder.

- Para empezar, pedir a mi secretaría que me despeje la agenda para el próximo mes, ¿no te importará que me tome unas vacaciones, verdad? - le pregunté con cierta socarronería..

Él amplió su sonrisa y negó divertidamente su cabeza - Te aseguro que son más que merecidas hijo, no has tomado vacaciones desde que Bella se marchó. Tómate el tiempo que necesites, yo me quedaré en tu lugar. Sam hace ya tiempo que lleva el control de la hacienda…

Escuchar eso me hizo recordar que la vida de mi padre había dado un drástico giro desde la muerte de mi madre, y supongo que la desaparición de su recién conocida hija, no hizo más que acrecentar su apatía; pero yo estaba sumido en mi propio dolor, en mi propia lucha por encontrarla, y no le presté la atención que debía…

- Lo siento papá, sé que no he sido el mejor hijo en estos dos últimos años…-dije realmente arrepentido.

- No es tu culpa hijo, no ha resultado fácil acostumbrarme a la ausencia de tu madre; a pesar de que antes de su muerte ya pasaba menos tiempo con ella, incapaz de verla marchitarse frente a mis ojos sin poder hacer nada para evitarlo, ha sido lo más duro por lo que he pasado en la vida… - Sus ojos, a la par que los míos, se aguaron al recordar esos momentos. Qué equivocado estaba con él. Ese hombre, mi padre, era el mejor hombre del mundo y por eso haría todo lo que estuviese en mi mano para devolverle un poco de luz a su vida.

- ¿Pero ahora te sientes mejor? -pregunté francamente interesado y preocupado.

- Ahora, mucho mejor, y si me devuelves a mi hija, la dicha será completa, hijo. Os necesito a los dos cerca de mí. Así que, cuenta conmigo para todo lo que te haga falta, incluso para prepararle una emboscada si hiciese falta - me dijo sonriente…

- ¿Realmente lo harías? -pregunté con la ceja levantada y algo divertido, me gustaba verlo así, y más aún poder hablar así con él…

- Ya lo creo… así que, dime… ¿qué planearás? -. Sólo le faltó frotar sus manos con satisfacción y diversión…

Yo no pude evitar reír a carcajada al verlo y de pronto la suya se unión a la mía.

- Pues, me voy a Forks, papá, y te aseguro que se va a llevar una gran sorpresa… más de uno -dije pensando en el agente que pretendía robarme el amor de mi mujer…

- Pues ya me puedes ir contando, ni te creas que me vas a dejar a mí con la intriga - me contestó él; y así, con el ánimo totalmente renovado, comenzamos a urdir el plan que nosotros llamaríamos: Al rescate de nuestra princesa.

.

.

.

Tres días hacía que había regresado a Forks, me hospedé en un hotel a las afuera de la población para poder así pasar desapercibido; aunque eso no me impidió acercarme a su restaurante para, desde la distancia, poder verla. ¡Dios! Que ganas de abrazarla, de besarla, que ganas de sentirla de nuevo mía…

En estos tres días me había recorrido todo el pueblo en busca del que sería, durante el próximo mes y esperaba que como mucho, mi nuevo hogar; y desde donde pretendía comenzar con la reconquista de mi amor. Y no podía sentirme más afortunado, ni queriendo me hubiese salido mejor…

Reconozco que las pocas personas que había conocido hasta entonces, me hicieron ver lo hospitalarios y vecinales que eran todos aquí. Eso en el fondo me hizo sentir bien, al saber que Bella se habría sentido arropada.

Sin ir más lejos, tanto los dueños del hotel como sus hijas, fueron de lo más amables y, a pesar de que la mayor parte del tiempo la pasaba fuera, me ayudaron en mi búsqueda y me pusieron al día de todos los sitios de interés en Forks.

En apenas tres días, hasta sabía el horario de autobuses, por no mencionar, los de la comisaría, hospital, farmacias, bares, cafeterías, parques, y los parajes con un encanto especial; incluso me ayudaron a instalarme, algo que agradecí; ya que, aunque mi padre se ofreció para ocupar mi lugar en la empresa, me vine con el material necesario para poder trabajar desde aquí… de alguna manera tenía que ocupar mi tiempo mientras Bella trabajaba, no siempre podría estar donde ella, desgraciadamente…

Tres días aguantando mis ganas de presentarme de nuevo a ella, tres días viendo como ese maldito la recogía cada noche para acompañarla a su casa, tres días soportando la soledad de esa habitación de hotel mientras pensaba que ella estaba a pocos kilómetros de mí…

Pero había llegado el momento, me había instalado ya en mi nueva casa y era el momento de entrar a escena.

Contaba con la sorpresa de Bella, incluso con su rechazo, pero iba bien reforzado. Mentalizado que era un empezar de nuevo, un volverla a enamorar y tenía que armarme de paciencia. Al fin y al cabo, era yo el que irrumpía de nuevo en su cómoda vida.

Me sentía verdaderamente ansioso; mas de dos horas me llevé delante del armario para decidir que me ponía. ¡Dios!, parecía un imberbe preparándome para intentar ligarme a la jefa de las animadoras…

Me debatía si presentarme ante ella con el traje, haciendo alarde de que ya era un hombre con bastante seguridad y que no pararía hasta conseguir lo que quería; o ponerme los vaqueros con una camisa; total, así es como me gustaba vestir en mi tiempo libre, y que denotaba que no era un estirado y que no pretendía obligarla, sino volver a enamorarla.

Y así fue, me decidí por los vaqueros, mi camisa de cuadro sobre una camiseta gris y mi cazadora. Quería borrar la imagen dura que tenía de mí cuando, equivocadamente, la odiaba a muerte por pensar que me había cambiado por mi padre… Un nuevo escalofrío me recorrió la espalda sólo de recordarlo…

A mi juvenil y despreocupado atuendo, le añadí una gorra y mis gafas de sol, al fin y al cabo era medio día y al menos esperaba pasar desapercibido hasta tenerla justo en frente…

Tragué dolorosamente el nudo que engarrotaba mi garganta, tratando a la vez de tranquilizar mi alocado corazón, cuando la campanilla de la puerta avisó al personal que entraba un nuevo cliente. Algunos, ya sentados, se volvieron a mirar al forastero que entraba, obviamente yo, pero hasta el momento, Bella permanecía dentro, lo que me permitió respirar y sentarme en una de las mesas más próximas a la puerta. Tomé la carta que había sobre ella y, después de comprobar que mi audiencia volvía su interés a sus platos, me enterré en ella para pasar lo más desapercibido posible hasta que Bella apareciese…

- Buenas tardes señor, ¿qué desea tomar? -. Esa voz me hizo estremecer en el acto provocando que, de nuevo, mi corazón galopase angustiosamente. Respiré hondo, aún escondido tras la carta, hasta que tomé el valor que necesitaba…

- Eso depende…¿Qué me aconsejas? -. Le pregunté bajando por fin la carta para fijar mi vista en ella.

Ver la expresión de su cara, a punto de salírseles los ojos de las orbitas, fue de lo más divertido, lo que en cierta forma comenzó a relajarme; necesitaba tener el control de esto, y no dejarme llevar por las emociones que me embargaban con sólo tenerla delante.

- Edward…-musitó sorprendida unos segundos después, y poniéndose tan nerviosa… que la bandeja que llevaba, con algunos platos, cayó provocando un ruido ensordecedor, lo que hizo que de nuevo todos miraran hacia donde estábamos…

Enseguida se agachó para recogerla, mostrando el sonrojo más encantador del mundo, y disculpándose ante los demás clientes; yo también me agaché para ayudarla, era lo menos que podía hacer.

- ¿Qué haces aquí? -preguntó entre dientes mientras recogía las cosas del suelo.

- Pues, pretendía almorzar -contesté sin poder evitar quedarme embobado en sus ojos, unos ojos que me miraban desconcertados…

- Sabes muy bien que no es a eso a lo que me refiero -contraatacó taladrándome con la mirada, antes de subir, para apoyar las cosas de nuevo sobre la bandeja. Yo la seguí y me quedé de pie a su lado…-. Edward por favor, este no es lugar… - dijo mirando a su alrededor algo preocupada -, en serio, pensé que todo estaba zanjado entre nosotros…

Yo la miré un tanto dolido, pero enseguida me recompuse. Paciencia, la paciencia era una virtud, y yo tendría que hacer uso de ella.

- Y lo está -contesté tratando de aparentar indiferencia volviendo a mi sitio.

Después de mucho pensar en cómo abordar la situación, finalmente decidí que lo mejor sería no ir avasallándola ni suplicarle que me aceptara de nuevo, la volvería a enamorar, aunque para eso tuviera que usar la indiferencia. - La verdad es que, cuando vine la otra vez quedé maravillado con el lugar, y bueno, después de meditarlo… he decidido mirar por aquí la posibilidad de expandir el negocio - respondí tomando de nuevo la carta como si tal cosa.

Sonreí cuando la sentí bufar al ver mi actitud despreocupada. "Eso es Bella, así te quiero ver." Me dije a mi mismo encantado de provocar todo eso en ella...

- Entonces ¿qué, realmente vas a pedir…? -preguntó con un tono molesto -, tengo mucho trabajo y no puedo estar pasándola de cháchara -. Me contestó altiva.

- ¿A todos tus clientes los tratas así? - le dije para picarla y enfoqué mis ojos en los de ella. Tuve que morderme el labio para no sonreír abiertamente, al ver como sus ojos refulgían de rabia… y su rostro se notaba algo tenso…

- Sólo a los pesados -respondió sorprendiéndome, pero para nada cambiando mi humor.

- Esta bien, que carácter -Le contesté enfocando de nuevo mi vista en la carta aguantando la risa-. Mmm, ¿qué tal los huevos revueltos con queso y tostadas? - pegunté con una radiante sonrisa.

- Exquisitos, como todo lo que ponemos aquí -respondió apuntando con dureza la comanda, lo que me hizo reír-. ¿Tomarás también café? -preguntó mientras seguía anotando…

- Claro, si no es mucha molestia -suavicé mi voz, la verdad que esperaba un recibimiento así de parte de ella, aunque eso no podía evitar que mi corazón galopase emocionado de verla de nuevo, y tan cerca, tanto...que me llegaba su embriagante olor a Fresia lo que me hizo cerrar lo ojos y aspirar profundo cuando pasó por mi lado para ir a por mi pedido.

- Aquí tienes -dijo dejando mis cubiertos y sirviéndome una taza de café.

No sé si era porque la comida estaba verdaderamente exquisita, por estar de nuevo cerca de ella, o tal vez porque llevaba varios días sin comer en condiciones… el caso es que comí con verdadera avidez, lo que me hizo pedir una segunda ración, ya que había comido tan rápido que no tendría excusa para quedarme un rato más…

Ella miró extrañada pero en silencio me sirvió una doble ración y así, mientras esta vez comía con más tranquilidad para poder disfrutar de cada moviendo que Bella hacía, llegó el momento en el que tenía que irme.

Le pedí la cuenta y ella, aún tensa, me la ofreció. Involuntariamente nuestras manos se rozaron cuando le acerque la tarjeta, y de nuevo ese cosquilleo que sólo sentía con ella hacia acto de presencia.

"Tranquillo, Cullen, no la puedes asustar." Me decía a mi mismo. Era hora de marcharme, realmente tenía que aparentar que estaba trabajando, aunque con gusto me hubiese quedado allí hasta que cerrara, sólo viéndola trabajar.

Me despedí con una sonrisa, esperaba que seductora… antes de salir de allí. Una vez dentro del coche, me permití el lujo de mirar hacia el restaurante, y mi estomago se contrajo al ver que ella miraba hacia mí, con tristeza…

"¿Será que también se le removió algo por dentro al verme?" pensé algo esperanzado. - No te preocupes princesa, pronto haré que vuelvas a sonreír, te lo prometo - musité sin apartar la vista de ella haciéndole, aunque sabía que no me escucharía, una promesa que esta vez si cumpliría… fuese, como fuese…

Continuará…


N/A: Ay por Dios, no me digáis que no es para comérselo...pues quién quiera, ya sabe...que se vaya poniendo a la cola.../(-_^)\ ; porque os aseguro una cosa, este Edward no se dará por vencido...no parará, pase lo que pase, hasta conseguir de nuevo a su amor...(Noe suspira de amor mientras que a saraes se le ve ya un hilillo de baba en la comisura) jajajajaja...Imaginaros lo que está por venir... ¡Ahhhh!

En fin, preciosas mías, espero que os haya gustado, y gracias por vuestro apoyo, especialmente a:

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Mil gracias preciosas, es emocionante sentir el cariño a través de vuestros rr... Y bienvenida a las chicas que se incorporan en este capí, espero que nos sigáis acompañando en este viaje hasta el final. También os agradezco a todas las que me añadís a favorito, tanto a mí como autora, como a la historia, espero no defraudaros.

Un besazo guapísimas, y nos leemos el próximo Sábado/Domingo...¡Hasta entonces!

/(^_^)\ saraes.