Capítulo 7 – Compañía inesperada
Querida Karma:
Te escribo desde el puerto de Ciudad Bandle, en una taberna cuyo nombre ignoro pero que es cómoda y transmite una sensación muy acogedora. ¿Por qué te aclaro esto? Porque encontré varios extranjeros que apoyaban en espíritu nuestra causa y que brindaron conmigo con cordialidad y buen humor. Vos, más que yo, sabes que el apoyo espiritual pese a la distancia aumenta el poder de quien lo necesita, así que confío que el deseo de todas esas personas por nuestra victoria haya sido el pie para nuestro triunfo.
Hablando de ese tema, he llegado a descubrir algo de aquella criatura que obró ese cambio en mi en la batalla de El Placidium. Sólo sé que se lo conoce como Aatrox, alguna entidad poderosa que se divierte entrometiéndose en causas perdidas. Según me han contado, interfirió en la legendaria contienda de El Protectorado y los Señores Hechizos, inclinando la balanza a favor de los primeros. Además parece que, antes que a mi, ha experimentado con otra persona ubicada en Freljord. No se nada más al respecto.
En estos momentos, donde aún trato de acostumbrarme a los cambios obrados en mi cuerpo, mente y alma, maldigo su nombre, pero al ser informada de sus costumbres me siento melancólica al pensar que, si nunca me hubiera transformado en esto que soy ahora, Jonia estaría perdida.
Aún estoy analizando los caminos que me conducirán a Noxus. He entablado amistad con una famosa cazarrecompensas que me ha obsequiado un pasaporte con identificación falsa con el cual me permitirán atravesar sus murallas. Dirige la respuesta de esta misiva a aquella ciudad bajo el remitente de Priscilla Blair. Pasaré por el correo para retirarla.
Deseo con fervor que las cosas en Jonia marchen bien. Por favor, infórmame al respecto.
Tu amiga que tanto te quiere,
Irelia.
PD: aún no tengo noticias del paradero de Zelos, pero confío obtener alguna pista en cuanto llegue a Noxus. Manda mis saludos a Soraka.
Esperó a que la tinta se secara, devolvió la pluma al mozo y selló el sobre con una estampilla joniana que había guardado en su alforja. Era la única que tenía, sabía que poseer más podría delatar su paradero en ciudades donde corriera riesgo si alguien supiera cuál era su origen.
"Muchas gracias" dijo al cantinero, mientras observaba la misiva en su mano y la pasaba entre sus dedos, como si realmente dudara de enviarla. El yordle inclinó la cabeza, colocó un poco más de hidromiel en su vaso y continuó sus quehaceres. "Ya que eres oriundo de por aquí, ¿te importaría que te hiciera una pregunta? ¿Tienes idea de cómo puedo llegar al desierto de Shurima?"
El aludido se quedó unos momentos pensativos mientras rascaba el pelaje de detrás de sus orejas, tratando de concentrarse en aquella pregunta. Irelia había procurado omitir el verdadero destino de su viaje aunque, luego de estudiar un mapa, comprendió que tomara cualquier camino que tomara estaba obligada a atravesar aquel condenado desierto.
"No se mucho al respecto, pero el equipo de reconocimiento de Ciudad Bandle suele tomar el camino que atraviesa la selva de Kumungu." Contestó con lentitud, sopesando cada una de las palabras que pronunciaba. Luego chasqueó sus dedos con satisfacción: "¿Recuerdas al yordle de ayer que estaba bebiendo con una humana? Pues bien, como te comenté, es el especialista del equipo de reconocimiento, si está de buen humor es muy probable que te guíe. Suele recorrer esos parajes y los conoce como a la punta de su hocico."
"Gracias de nuevo" sonrió. "¿Sabes donde puedo encontrarlo?"
"Viene todos los días cuando empieza a caer la tarde… es probable que en una hora pase por aquí."
La joven salió de la taberna y se encaminó hacia el puerto para que el correo portuario entregase su carta. Se había enterado que hacía cuatro días Jonia había reanudado el servicio de correspondencia con el continente, mandando unos pocos barcos, pero los suficientes como para demostrar que estaban remontando luego de tamaña crisis. Luego de entregar su carta preguntó y supo que el barco de Miss Fortune había zarpado a primera hora de la mañana. Una pequeña etapa de su viaje ya había quedado atrás.
Luego de adquirir varios víveres y de cambiar su atuendo por la fina sotana carmesí que solía llevar en la isla, retornó a la taberna. La cantidad de personas aumentó de forma considerable y, tal como le había dicho el mozo, aquel yordle que había visto el día anterior se encontraba en la posada, bebiendo de un grueso tarro de vidrio. En realidad, se encontraban casi las mismas personas, incluyendo a la mujer que antes competía con este y quienes le habían mostrado su simpatía brindando con ella por Jonia.
"Disculpe, ¿usted es el especialista en reconocimiento de Ciudad Bandle?" el aludido sonrió y asintió la cabeza con buen humor. "Mi nombre es Irelia y me he enterado de su fama como explorador y de sus costumbres de atravesar la selva de Kumungu… ¿le importaría guiarme hasta llegar al desierto de Shurima, señor… señor...?"
"Capitán Teemo, de servicio" se presentó con una voz cordial y aguda. "Por supuesto, Irelia, estaría encantado de acompañarte y llegas en un buen momento: precisamente iba a emprender un viaje hasta esos parajes para acompañar a una amiga hasta Shurima" explicó, mientras miraba a la mujer de cabellos plateados que estaba a su lado. "Riven, esta mujer también desea llegar hasta el desierto… si están de acuerdo, pueden pagar la mitad cada una del precio que les cobraré por guiarlas."
"Ah, miserable rata, ¿me cobrarás pese a nuestra amistad?" bramó la aludida, clavándole la mirada mientras recibía del yordle una pícara sonrisa. "¿Tanto deseas beber y beber?"
"Se acerca el cumpleaños de Tristana… y no creo que tengas idea de cuánto sale un cañón yordle de bombardeo nuevo, pero estoy seguro que te lo imaginas" se explicó. Pero le restó importancia, moviendo sus peludas manos. "No te preocupes, por ser vos, no les cobraré mucho… si es que salimos cuanto antes, no sé cuándo me puedan necesitar para una misión del equipo de reconocimiento y siempre debo de estar disponible."
"Si es por mi, podemos partir ya mismo" comentó Irelia. "Sólo tengo que subir a la habitación a sacar mi alforja y ya estaré lista."
"¿Riven?"
"En marcha" repuso ésta, terminando de un solo trago el conteniendo de su vaso.
Los tres se dividieron y pactaron reencontrarse en aquella taberna al cabo de una hora, para que cada uno pudiera prepararse. Irelia sólo fue a buscar su alforja y a pagar el cuarto que le habían rentado, agradeciendo la gentileza del mozo. Luego se sentó bajo la sombra de un árbol a esperar a sus compañeros. Para su suerte, Teemo apareció al cabo de media hora, cargando una pequeña mochila a sus espaldas y con la misma cordial sonrisa que todos apreciaban. A la hora estipulada apareció Riven, luciendo la misma armadura que cubría sus hombros con la cual la joven la había visto por primera vez.
De esta manera los tres iniciaron el camino para cruzar las montañas Sablepiedra que dividían la amurallada Ciudad Bandle de la salvaje Selva de Kumungu. Gracias a la experiencia del terreno que tenía el yordle, pudieron atravesar la cordillera en un día y medio, evadiendo a las bestias y procurando tomar el camino más corto y seguro.
Mientras descendían podían contemplar los espesos y enormes matorrales verdes esparcidos por toda la selva. Los gigantescos y numerosos árboles trepaban hasta el cielo, ocultando la visión del horizonte e impidiendo conocer toda la extensión de Kumungu. El sol, pese a ser atardecer, quemaba con sus rayos anaranjados y trataba de filtrarse entre los recovecos de la selva.
Pese a que era un lugar famoso por contener numerosas especies de animales y de criaturas tanto conocidas como desconocidas, todo Kumungu estaba sumido en un sepulcral silencio. Hasta los tres viajeros se callaron al mismo tiempo y colocaron sus manos sobre la empuñadura de sus armas, atentos a cualquier mínimo movimiento. Aquella selva había sido uno de los lugares que más habían sufrido las guerras rúnicas, generando como consecuencia, extrañas mutaciones en sus habitantes.
Caminaban en fila india respetando un sendero marcado con hojas secas y pisoteadas que, seguramente, había sido generado por las incursiones del equipo de reconocimiento de Ciudad Bandle. Teemo iba a la cabeza, Irelia lo secundaba y Riven cerraba la marcha.
La joniana avanzaba con tensión, furiosa consigo mismo por no ser tan cautelosa como sus compañeros. El yordle parecía que flotaba entre las hojas y las lianas, no generaba sonido alguno cuando caminaba, y Riven, pese a que solía ingerir hidromiel de una cantimplora que siempre llevaba consigo, se movía con una gracia de bailarina y la destreza de un guerrero. En cambio, Irelia sentía que cuando pisaba una hoja hacía un ruido de mil demonios y atraía centenares de bestias que los vigilaban y los seguían.
Estuvieron una hora caminando cuando Teemo detuvo la marcha. Las dos mujeres se colocaron rápidamente a sus dos costados y contemplaron la razón que lo llevó a frenarse: un enorme y gigantesco puma se encontraba echado sobre el sendero que estaban siguiendo, moviendo la cola con velocidad y olfateando el aire. Su pelaje era beige, casi dorado, y sus ojos despedían un brillo peculiar que Irelia no había visto en ninguna bestia.
El puma rugió, se puso de pie y encorvó toda su postura, en posición ofensiva. Su mirada felina estaba clavada en la joniana, quien no apartaba su vista de aquella criatura. Parecía que ambas realizaban una lucha silenciosa pensando en quién atacaría primero a quién.
"La guardiana no nos dejará pasar" comentó Teemo, hablando en un susurro. "Irelia, algo huele en ti que no le inspira confianza" explicó, seguido por un gruñido del puma que afirmó sus palabras.
"No quiero hacerle daño a tu bosque" habló la aludida, con el tono cargado de toda la autoridad y convencimiento que pudo acumular. "Mi intención es atravesarlo para llegar a Shurima. Sólo por eso estoy aquí."
La bestia no se movió. Mantuvo su posición y su mirada aún era torva. La joniana maldijo entre sus dientes. Aquella criatura pudo percibirla, igual que los tiburones en el mar, igual que su caballo, igual que Tahm Kench. Todos los animales percibían algo extraño en ella, esa monstruosidad que la volvía tan fuerte y ese aroma a sangre que emanaba.
"Acampemos aquí" ordenó el explorador, apoyando su mochila en el suelo pero sin soltar su cerbatana. "Será difícil convencerla cuando el sol se está poniendo, creerá que atacaremos la selva mientras la mayoría de sus residentes duermen. Quizás cuando amanezca nos deje pasar."
Así dicho todos relajaron sus posturas, pero sin dejar de prestar atención al enorme puma que observaba todos sus movimientos. Levantaron una pequeña carpa a un costado y encendieron fuego, donde cocinaron las sobras de una cabra que habían cazado cuando atravesaban la montaña y algunas raíces que llevaba el yordle en su mochila.
Luego de comer, los tres permanecieron sentados alrededor de la fogata, contemplándola en silencio. Irelia se maldecía una y otra vez por haber elegido ese camino y no aquel de las Tierras Vudú. Usaba toda la fuerza de su espíritu, tal como hacía Karma, para tratar de convencer a la guardiana de que ella no tenía malas intenciones con su bosque… mas sabía que el aroma a sangre impregnado a su cuerpo era una señal más que evidente para cualquier animal que ella era alguien a quien temer. Pero antes ella no era así. Antes era humana.
"Iré a hablar con ella" anunció Teemo, mientras se ponía de pie y se alejaba de ellas. Ninguna de las dos lo notó, pero había dirigido una rápida mirada a la joniana quien, sumida en sus pensamientos, no notó aquel gesto.
"Lamento mucho que por mi culpa no podamos pasar" se excusó, luego de que el yordle se retirara a un costado con el puma que seguía vigilándolos.
"No te preocupes" le sonrió Riven, "estoy más que segura de que podremos pasar. En cuanto amanezca y toda la selva esté despierta, nos dejará cruzar, la guardiana suele hacer eso." Y sacudió la mano para restarle importancia, "Además, es amiga de Teemo, estoy convencida de que el logrará que podamos pasar."
"¿Por qué te diriges a Shurima?" preguntó Irelia, animada por el buen humor de su compañera. "Claro, si es que puede saberse… tengo entendido de que aquel desierto, junto con la isla de Aguasturbias, es uno de los lugares donde prolifera el mercado negro."
"Exactamente" repuso ésta. Tomó su bolso y vació en el suelo su contenido, mostrando los metálicos pedazos de lo que alguna vez fuera una espada. "No tengo arma y no me acostumbro a llevar dagas y cuchillos, fui entrenada para combatir con espadas y sables. Además, son mi especialidad." Agregó, guiñando un ojo.
"Ah, fuiste entrenada como una guerrera" exclamó la joniana, mientras se le iluminaban los ojos al reconocer a una compañera en la lucha cuerpo a cuerpo con armas blancas. "Lo había imaginado, te movías con tanta gracia y destreza entre las ramas y las hojas que me había llamado la atención." Comentó, y luego preguntó: "¿De dónde provienes?"
"Piltóver" respondió y bebió un largo trago de su cantimplora. Luego tragó y agregó: "Voy hacia Shurima ya que sólo allí se consiguen los metales que necesito para forjar una nueva espada. Una nueva y poderosa espada. Teemo contactó con un famoso herrero dentro de Ciudad Bandle y me entregó una lista: si le llevo aquellos materiales, el me hará la espada que tanto deseo."
"¿Y qué materiales son esos?"
"Muchos no los conozco y tienen nombres algo raros..." comentó, mirando la lista con confusión. "Sólo reconozco el metal estrellado, aquel extraño material proveniente de los meteoritos que caen a la tierra."
"¡Ah! El arma de mi padre esta hecha con aleación de aquel metal" exclamó Irelia. Realizó la conexión mental con su arma, la cual reposaba sobre su espalda, y ésta flotó hacia Riven.
La muchacha extendió su brazo para tocar aquella extraña hélice que flotaba ante sus propios ojos. El metal despedía intensos brillos rojizos intensificados por la luz que producía el fuego que danzaba frente a ellas. Aquella arma le había llamado la atención desde el principio, pero el hecho de que flotara le extasiaba aún más. Sin dudas aquella mujer provenía de Jonia.
"Es increíble. Realmente una magnífica arma" suspiró, mientras sus dedos seguían recorriendo toda la extensión de la hélice hasta que algo llamó su atención. Aquel metal emitía una leve vibración, casi imperceptible, que daba la impresión de que estaba vivo. Parecía… parecía el palpitar de un corazón. Aquello realmente estaba vivo.
Retiró su mano con rapidez, como si hubiera recibido un choque eléctrico en sus dedos. Irelia se sobresaltó ante aquella extraña reacción y, con su mente, devolvió su arma a su lugar en su espalda, mientras miraba con confusión a su compañera, quien aún más confusa observaba sus dedos y trataba de darle una explicación a aquella sensación que había tenido.
Unos pasos provocaron que ambas se sobresaltaran aún más, pero pronto se relajaron al ver que se trataba del yordle que avanzaba trotando con una sonrisa en sus labios.
"Será mejor que durmamos, la guardiana prometió dejarnos pasar si partimos temprano por la mañana" anunció con buen humor. "Nos vigilará de cerca, pero si podemos pasar, calculo que no habrá problema. Además, la convencí de que nos dejara darnos un baño en el río que se encuentra más al norte y que atraviesa nuestro sendero."
"Perfecto" coincidió Riven, quien la sola idea de un baño repuso sus ánimos. "Pues entonces durmamos".
Los tres improvisaron sus propios lechos y se echaron a dormir. Irelia aún seguía sorprendida por la extraña reacción de su compañera, mas unos ojos dorados en la espesura captaron su atención. Al menos vigilará que nada se nos acerque mientras dormimos, se consoló, mientras cerraba sus ojos y se disponía a dormir.
He vuelto! Ya sé, ya sé, hace mucho tiempo que no subo nada y había desaparecido por completo... pasa que me había viciado con un anime, del cual sigo enamorada, y luego tuve que irme a Chile a un campamento musical. Sin embargo, nunca olvidé mi amado fic :c y pese a que tarde y necesite tiempo para subir, no pienso abandonarlo.
Espero que sea de su agrado el capítulo! Saludos!
