Capítulo 9 – Shurima
Cuarta Parte: Gangrena
No supo con exactitud en qué momento, pero cuando hubo recuperado su conciencia tuvo la sensación de que ya la había restaurado hacía tiempo. De hecho, estaba casi convencida de que su cerebro no se había dormido en todo el período que permaneció desmayada, sino que seguía funcionando como si no necesitara descanso alguno. Su cuerpo era el que necesitaba reposar, pero sus pensamientos fluían a borbotones y procesaba toda la información que podía percibir a través de su oído y su olfato. Sus otros sentidos se hallaban aletargados junto con el resto de su organismo. Estaba inquieta e impotente, no tenía idea de qué había acontecido después de aquella pelea con el sujeto-águila donde había sido cercenada con esos imbatibles soldados de arena.
Debido a que no tenía noción alguna de dónde se encontraba ni cuánto tiempo había transcurrido, conforme consigo misma sabiendo que le sería imposible morir, se puso a meditar. Recordó cómo había intentado asesinar a aquella mujer sólo por robarle su bolsa de monedas y sintió cómo el remordimiento le mordió el pecho. ¡Sólo eran unas míseras serpientes de plata! ¿Realmente casi asesina a una persona por eso? Sabía que la situación en Shurima no era favorable y menos para sus patriotas, ¿y aún así trató de matar a alguien por monedas, cuando ella permanecía viva a pesar de no ingerir alimento ni bebida alguna? La ira la había consumido, esa ira que le había transmitido Aatrox al revivir la escena de El Placidium. Esa ira que, luego de arrasar con todo, desaparecía dejándola con el remordimiento y la angustia.
Sin embargo, un nuevo sentimiento había nacido al ver la batalla desde otro punto de vista. Consumida por su anterior rabia no lo había notado, pero ahora éste resurgía desde la punta de sus dedos hasta la última fibra nerviosa de su lengua: la repulsión. Cuando tuvo que pelear no lo había sentido, cuando lo revivió tampoco. ¿Por qué ahora sí lo sentía? Porque no estaba consumida por la rabia. La ira era aquella arma que la estaba separando de todos los seres humanos… y ahora que miraba como uno de ellos entendía por qué en Jonia todos le temían. Tenía las manos tintas en sangre y tripas, ¡demonios, su arma había adquirido ese color carmesí metálico por eso! Era desagradable, mirarla era como recordar los rostros de las personas torturadas por ella misma, era recordar la desgracia que habían sufrido.
"Irelia, ¿nunca te has arrepentido de algo?" rememoró, cuando sus pensamientos le llevaron al momento donde Riven le había hecho aquella pregunta.
Sí que se arrepentía y mucho. Ahora lamentaba abandonar a Riven quien, pese a su terrible confesión, se había mostrado siempre prudente, bondadosa y hasta amable… ¡Y tenía en frente suyo a la asesina de todos sus amigos! ¡A la persona que había despedazado ejércitos enteros, consumidos por una ira insaciable! Se arrepentía, claro que se arrepentía. Aún así la pregunta más importante de todas trataba de evitar el centro de sus pensamientos pero terminó cayendo en ellos: ¿Se arrepentía de salvar Jonia?
"¿Y bien? ¿Has podido deshacerte por fin de ella?" inquirió una voz femenina en el exterior, ante la cual Irelia prestó suma atención ignorando sus pensamientos. Reconoció en ella a la misma ladrona que había tratado de asesinar.
"Buenos días, Sivir, ¿cómo has estado?" replicó otra voz, masculina y grave, con un notorio sarcasmo. La joniana se sorprendió al comprobar que el dueño de esa voz, por el volumen utilizado, se encontraba a escasos centímetros de ella. "Bonito día, ¿no crees?"
"No me vengas con cortesías a esta altura" le cortó la mujer, con desdén. Sin embargo, pareció rectificarse ya que luego añadió con un dejo de burla: "y todos los días son iguales en Shurima, pero si quieres educación, puedo dedicarte un woof woof cada mañana"
Sintió cómo el hombre soltaba un profundo suspiro y lanzaba hacia la joniana su fuerte aliento que logró despeinarla un poco. Olfateó un poco y se aturdió al comprobar que olía similar a la mismísima arena. ¿Acaso se la comía?
"Entonces, ¿pudiste hacer algo?" reiteró la mujer, con notable impaciencia.
"Temo que es inmortal, Sivir, no puedo deshacerme de ella" respondió el sujeto, son una simpleza y parsimonia tal que alteró a la aludida.
"¿Me estás queriendo decir que esa psicótica puede recuperar su conciencia en cualquier momento e intentar matarme de vuelta? ¿Para eso te sirven todos tus libros y tus experimentos, Nasus?" exclamó exasperada, dando una fuerte patada al suelo.
"Ha recuperado su conciencia hace ya dos días" repuso éste con la misma calma y tranquilidad.
"¿Qué?" preguntó Sivir.
"¿Qué?" se preguntó Irelia, atenta a cada palabra que esas dos personas se intercambiaban.
"Recuperó la conciencia una hora después que Azir la trajo hasta aquí, exasperado igual que tu al no poder acabarla. Durante todo este tiempo he utilizado mis poderes para tratar de envejecer su cuerpo, pero sólo consigo aletargarlo e inhibir algunos de sus sentidos."
"¿Cuáles sentidos?"
"Vista, tacto y gusto"
"Vista, tacto y gusto" repitió, digiriendo esas palabras. Luego cayó en la cuenta de qué significaban y su voz se alteró aún más. "¿Eso quiere decir que su oído y olfato permanecen intactos? ¿Acaso nos está escuchando ahora mismo?"
Irelia respiró profundo, sabiéndose descubierta. Le generaba mucha curiosidad ese sujeto llamado Nasus, más aún al comprobar con sus palabras que había permanecido durante días al lado suyo, tratando de envejecer su cuerpo, incluso ahora mismo evitaba que ella recuperara sus propias facultades. Mas, ¿qué partido tomaría ahora? ¿Qué le haría?
"Nasus, ¿pero qué demonios? ¡Ese monstruo escuchó toda nuestra conversación!"
"Aún así no puede hacer nada al respecto" repuso este, bajando el tono de su voz para tratar de tranquilizar a la mujer. "He estado reflexionando y, a pesar de que estaría sumamente encantado de pasar toda la eternidad aquí sentado aletargando a esta persona, he decidido quitarle mi influencia y dialogar con ella"
Podía sentirse en el aire cómo Sivir pretendía protestar en su contra, cómo suspiraba y bramaba furiosa ante aquella sugerencia, pero no dijo palabra alguna para contrariarlo. Le llevó varios minutos dominarse a sí misma mas lo logró con éxito y dio varios pasos hacia atrás.
"Como preparándose para atacar ante cualquier inconveniente que surja" pensó Irelia, mientras contaba los segundos para que Nasus la liberara y volviera a la normalidad.
Para su sorpresa no sintió nada. Había esperado que fuera una influencia avasallante como lo había sido el mismo Aatrox, mas éste poseía un aura muy distinta ya que lo único que sintió fue una inmensa tranquilidad como señal de que ya podía recuperar sus facultades. Comprobó que aquel sujeto no sólo había aletargado su cuerpo, sino que había sido el responsable de eliminar la ira y el odio que la consumía. Esa era la razón por la cual había optado por dialogar.
Empezó por mover sus dedos y luego sus brazos, tanteando dónde se encontraba. Supo que estaba recostada sobre una tabla hecha de un material duro, probablemente una mesa de madera, pero aun así no sentía ninguna molestia en sus músculos. Tragó saliva, sintiendo el gusto de la arena sobre su lengua, seguro habían entrado granos en su boca mientras peleaba con los soldados de arena, y por último abrió sus ojos. Soltó una ligera exclamación de sorpresa ante la primera imagen que veía después de varios días.
Una inmensa cúpula se alzaba encima de ella, adornada con un gigantesco vitreaux que ilustraba, en tonalidades beige, marrón, carmín y dorado, cómo varias personas caminaban hacia un disco solar que alcanzaba con sus rayos toda Shurima. Incluso los propios rayos de febo, quien se asomaba envidioso por aquel arte, parecían opacos ante tanta belleza.
Bajó su cabeza y se encontró con una increíble biblioteca, tan grande que no podía hallar su final en el horizonte. Aquellos muebles almacenaban libros tan antiguos que habían varias hojas y pergaminos sembrados en el suelo, amarillentos y casi comidos por las polillas. Le saltó un gran deseo por salvarlos mas, ¿por cuál empezaría? Había miles de ellos desperdigados por todos lados y todos los lugares parecían ocupados y abarrotados.
Recién ahí prestó atención en las dos personas que estaban hablando antes. Reprimió una exclamación de sorpresa al comprobar que el sujeto que la había mantenido aletargada durante tanto tiempo era un hombre que medía más de dos metros de altura cuya cabeza era la correspondiente a un chacal. Llevaba una extraña armadura en el cuerpo y en su mano derecha cargaba un arma similar a un hacha, salvo que ésta tenía distinto filo y se veía mucho más pesada. Detrás suyo, oculta casi por completo de su mirada y de la luz del sol, se encontraba la ladrona denominada antes por el nombre de Sivir. Tal como se lo había imaginado, permanecía en posición de combate empuñando su extraña arma.
Se sentó cruzando sus piernas y mantuvo el silencio unos minutos, tanteando si le correspondía a ella empezar a hablar. Al no obtener respuesta alguna, inspiró con fuerza y habló con la mayor cortesía y dulzura que pudo:
"Buenos días" saludó, observando con atención sus reacciones. "Mi nombre es Irelia y soy una joniana. Busco atravesar el desierto de Shurima para llegar al Monte Targon y de allí hacia Noxus." Tragó saliva y clavó su mirada sobre la joven. "Lamento mucho haber tratado de matarte, es sólo que no me hallaba en mis cabales… estaba enojada y enfurecida porque reviví un hecho del pasado que trastornó mucho mi ser y me descontrolé por una estupidez. Te pido perdón."
"¿Así de simple?" inquirió Sivir, alzando su mentón con altivez y orgullo. "Trataste de empalarme con esa arma tan extraña y así de simple voy a aceptar tus disculpas. Muy bien."
"Sivir, por favor" pidió el inmenso hombre-chacal con su voz profunda. "Espera a que termine de hablar, nos estaba por comentar bajo qué circunstancias llegó a Shurima y cómo posee la inmortalidad"
Irelia abrió los ojos sorprendida, no pensaba decirles nada referente a eso. Aquel gigante Nasus había llevado la pequeña conversación hacia el punto que realmente le interesaba con una sutileza aplastante. En cualquier situación se hubiera negado, pero sintiendo que debía ofrecerle una disculpa contundente a la mujer, comenzó a contar su historia.
Inició con la invasión noxiana-zaunita, contó cada una de las miserias y crueldades que tuvo que soportar su gente durante quince largos años de matanzas y enfermedades mortales. Contó cómo su padre había muerto por un virus misterioso y letal que consumió hasta la última molécula de vida de su cuerpo, dejándole a su hija su extraña arma. Luego pasó a la decisiva batalla de El Placidium, su encuentro con Aatrox y su transformación. Aclaró cómo, a medida que iba viajando, descubría nuevas aptitudes que la iban separando del resto de los seres humanos y trató de explicarles que la ira era el alimento de su inmortalidad. Al final de todo les contó de su hermano Zelos y la razón por la cual se había propuesto recorrer todo Valoran si fuera necesario.
Cuando terminó, contempló el rostro de sus oyentes: Sivir había relajado su postura ofensiva y permanecía apoyada contra una de las bibliotecas, sosteniéndole la mirada con firmeza a Irelia mientras digería toda la historia. Nasus también había estado observándola a los ojos con detenimiento mas, cuando escuchó la historia del hermano de la joven, se sentó en una silla y, apoyando el mentón en una de sus manos, permaneció pensativo.
La joven esperó con paciencia que alguno de los dos le diera alguna devolución de su relato, manteniendo el silencio y contando mentalmente los segundos para distraerse.
"Bueno… esa es una historia" concluyó Sivir, largando todo el aire que había inspirado. "Tu vida es intensa"
"Algo" sonrió con simpatía.
"Por lo menos no eres una ascendida como Xerath o Renekton, eso sí que me hubiera preocupado bastante."
"Perdona, ¿de quienes hablas?"
"Olvídalo, no es importante." Repuso Sivir, haciendo un gesto con su mano para cambiar de tema.
Ambas guardaron silencio y esperaron la devolución de Nasus, quien permanecía en la misma posición pensando y repensando todo lo que la joven había dicho. Estuvieron varios minutos aguardándolo hasta que de pronto éste se irguió cuán alto era, apoyó su pesada hacha a un costado y miró a la joniana:
"Estimada Irelia, he estado pensando que había leído en algún libro o pergamino lo que habías comentado: existió una raza llamada darkin que, si mal no recuerdo, estaba compuesta por sólo cinco individuos" comentó, avanzando hacia uno de los muebles y rebuscando entre los antiquísimos archivos aquel al que se estaba refiriendo. Tardó varios minutos hasta que encontró el que buscaba. "Ah, es afortunado ser tan ordenado. Según este libro, escrito por mi antecesor en mi ardua labor…"
"Disculpa pero, ¿cuál es tu labor?" interrumpió Irelia."
"Soy un curador, encargado del análisis detallista del arte y de su restauración, a su vez archivista y copiador de manuscritos y pergaminos con demasiados años encima como para continuar en este mundo." Explicó con su voz cargada de orgullo y solemnidad. Alzó el libro que tenía en sus manos frente a sus propios ojos y añadió: "este libro data de milenios atrás, pero he procurado su restauración por completo y he agregado algunos detalles que su autor había olvidado. Como llegué a considerarme uno de sus grandes amigos, utilicé ese título para hacerle unos minúsculos cambios." Sonrió, mostrando sus filosos dientes lobunos.
"¿Miles de años?"
"No sé si lo has notado, pero tanto Nasus como Azir, el palomo que te atacó para salvarme la vida, son ascendidos del Disco Solar, el cuál les otorgó el poder de semidioses inmortales, bla bla bla" explicó Sivir, anteponiendo su simple descripción a todo el largo sermón que sabía que soltaría Nasus ante aquella pregunta. "En fin, explica bien qué es eso de los darkin".
"Como ya he dicho, eran una raza conformada por sólo cinco individuos cuyos nombres no han sobrevivido en el historia. Se creía que eran las almas de dioses crueles y sanguinarios que bajaban a la tierra y adherían su esencia junto con la de un arma. Así, todo ser humano que la tocase obtendría un poder ilimitado que le permitía cumplir con sus más negros deseos. Sin embargo, los darkin iban consumiendo su alma y su mente con lentitud a medida que la ira y el deseo de venganza invadía a los humanos, poseyendo su cuerpo por completo."
Nasus tomó un respiro ante el cual Irelia se estremeció, reconociendo en aquellas palabras la terrible verdad que había escuchado de Aatrox. Ella se estaba transformando en un darkin.
El lector dio vuelta varias páginas hasta encontrar lo que buscaba y continuó narrando con su voz grave y profunda:
"Aun así, cuatro de esos cinco darkin han muerto por razones desconocidas. Hay hipótesis que dicen que, una vez que los cinco tuvieron un cuerpo físico, lucharon hasta que sólo uno quedó en pie. Otros creen que un valeroso guerrero había descubierto el secreto que los condenaba, pero había muerto en el intento de salvar a Valoran de esa temible raza. En concreto, no se sabe mucho de ellos" concluyó, cerrando aquel libro y devolviéndolo a su lugar original. "Pero eso explicaría la constante radiación de energía que sentía un par de días atrás. Como una onda expansiva que llamaba a alguien pero que no me permitía identificarla para seguirla."
"¡Exacto!" exclamó Irelia. "Esa extraña vibración me hizo caminar varios días… y allí me encontré con Aatrox, que en realidad es una curiosa espada dentada que tomó control de mi cuerpo para hablarme. Y decirme que terminaré siendo una darkin como él" murmuró, bajando el tono de su voz a medida que terminaba la oración, melancólica consigo misma.
"Ah, ya veo. Por eso mismo envié a Sivir hasta ahí, esperando que me diera alguna noticia al respecto… y que me comprara algún libro exótico en el mercado negro el cual todavía no llegó a mis manos" masculló, clavando su mirada en la aludida.
"No me digas nada, vi ese maldito libro que querías pero no me alcanzaba el dinero que me diste… entonces la vi a ella medio muerta en el lugar que me habías indicado y me acerqué para ver si tenía dinero." Explicó, cruzándose de brazos. "Tenía varias serpientes de plata, las cuales cotizan muy bien en Valoran, así que decidí tomarlas e ir a conseguirte lo que me pedías cuando ella saltó como una fiera para matarme."
"Ah" murmuró Irelia, conociendo bien la historia y sonrojándose un poco.
"Sin embargo, ahí estaba el gran Emperador de Shurima para restablecer el orden de las arenas e impartir justicia" anunció una voz grave y majestuosa que entró súbitamente al recinto.
Se trataba del mismo hombre con cabeza de halcón que le había atacado para proteger a Sivir. Ahora podía verlo mejor, con un enorme casco dorado que cubría su rostro aviar, un enorme báculo blandiendo en su mano derecha y sus manos suplantadas por garras. Tenía la misma altura que Nasus, pero emitía mucha más solemnidad que el otro.
"Veo que has despertado a la falsa ascendida" comentó de forma despectiva, clavando su mirada sobre la joven. "Pues bien, semi-deidad suplante, ¿qué razón tenías para atacar de forma tan cruel a mi querida tataratataratataratataratatara nieta?"
"No es una ascendida, puedes estar tranquilo" le explicó Sivir, cambiando su tono de voz por uno más dulce ahora que estaba aquella criatura presente. "Al parecer sufre una transformación que no corresponde al Disco Solar sino a una raza de darkin, los cuales se creen que son crueles deidades, que la llevará a la inmortalidad."
"¡Ah! Lo sabía, el Disco Solar tiene otro criterio" suspiró, aliviado. Al saber aquella información, se mostró mucho más amable con la joven.
"Lamento mucho lo ocurrido" reiteró Irelia. "Es que… estaba enfurecida y tu tomaste las serpientes de plata que tenía y-"
"¡Sivir! No tenía la más mínima idea de que le habías hurtado sus efectos personales" exclamó sorprendido, mirando a la aludida con desaprobación.
"¡Necesitaba dinero para comprarle un libro a Nasus!" se defendió la mujer, mirando a su vez al aludido. Éste sólo levantó sus hombros en señal de comprender y añadió: "Pero aquí está su bolsa, no te preocupes, pensaba devolvérsela si es que no trataba de asesinarme de vuelta."
"Ay, mujer, mujer, ¿no tienes suficiente dinero con todas las tumbas que profanas?"
"¡Pero era para un valioso libro que me había pedido Nasus!"
Irelia soltó una pequeña risita ante aquella escena tan bizarra. Aquella mujer entablaba una discusión familiar con una persona de enormes dimensiones y rostro de halcón con tanta naturalidad que era cómico. En cambio Nasus, algo hastiado por aquellas escenas que se reiteraban con mucha frecuencia, emitió un gran suspiro.
La joniana miró hacia el techo tratando de reflexionar sobre la lectura de aquel libro y cuánto se semejaba con la realidad, pero la belleza del vitreaux volvió a llamar su atención y quedó obnubilada observándolo durante varios segundos.
"Ah, veo que te gusta" murmuró Nasus a su lado, con satisfacción. "Me ha costado muchos años, pero estoy muy orgulloso de él. Combiné el antiguo arte shurimano con algunos conceptos del gótico noxiano y el rococó demaciano… y si podés observar con detenimiento estoy seguro de que encontrarás varios detalles arquitectónicos jonios en los costados" le iba señalando, con una evidente pasión por su creación y el arte.
"Si una increíble obra, querido Nasus, pero recuerdo haberte comentado mis deseos de que cambiaras aquella cúpula y pusieras un vitreaux en honor a mi ascensión. Es cuestión de moverlo para otro lugar, sencillo" pidió, con una voz dulce que cayó como un trueno sobre el curador.
"Pero Su Excelencia, moverlo después de siglos en aquel lugar podría causar que se resquebrajase alguna parte y se arruinara para siempre."
"No te preocupes, puedo hacer ese arduo trabajo por ti" comentó Sivir, entrando en la conversación. "Sólo les costara ochocientas serpientes de plata"
Nasus, al ver cómo el emperador consideraba la oferta, retrocedió dos pasos y, llevándose una mano a la altura de donde estaba su corazón, suplicó:
"Su Excelencia, por favor, ese vitreaux es uno de los valiosos testimonios que quedan del antiguo arte shurimano. Además, nadie más que su humilde servidor se ha atrevido a combinar el gusto noxiano y el demaciano en una misma obra, tan sublime bajo la magnificencia de nuestro caído imperio. Majestad, este exquisito vitreaux habría costado una vida entera a cualquier ser humano."
Sivir escuchó sus palabras con suma atención, asintiendo con su cabeza. Se mantuvo pensativa unos segundos más y, mirando a Azir, agregó:
"Mejor que sean mil quinientas serpientes de plata"
El emperador soltó un suspiro de indignación, molesto por el elevadísimo costo que le saldría deshacerse de aquella cúpula mientras que el curador soltó un sollozo tan lastimero que conmovió el corazón de Irelia.
Ésta, una vez que vio aquella atmósfera tan agradable y fraternal, tosió para llamar un poco la atención y les anunció:
"Una vez más, puesto que todavía no las han aceptado, quiero pedirles disculpas. Lamento mucho lo ocurrido y les agradezco que hayan tenido la bondad de comunicarse conmigo. Es el momento de partir, sólo les pediría que me indicaran hacia dónde queda el Monte Targon y, si no es mucha molestia, me devuelvan mi bolsa, necesito de ella para proseguir mi viaje."
"Aquí tienes" y Sivir le tendió su dinero. "Ah, y acepto tus disculpas. Se nota que no eres mala persona, pero si no controlas esa ira terminarás realizando acciones de las cuales te arrepentirás." Le aconsejó con gran nobleza y esa mirada llena de orgullo que tenía. "Que tengas un buen viaje".
"No te despidas de ella, Sivir, deberás acompañarla hasta el Monte Targon" le contó Azir, con esa simple dulzura que utilizaba para comunicar sus órdenes.
"¿¡QUÉ!?"
"Ya me escuchaste. Tú le hurtaste sus pertenecías y la desquiciaste, ahora tú la acompañas."
"No es necesario, tengo una gran orientación" se apresuró a decir Irelia, notando el enorme disgusto que se había grabado en el rostro de la mujer.
"No, no. No siempre puedo ser permisivo con ella, como mi discípula debe aprender."
"Claro, todo yo, ¡todo yo!" exclamó la aludida y pasó a imitar la voz de Azir: "Sivir, acompaña a Irelia al Monte Targon, Sivir no uses a mis soldados de arena para asaltar una caravana, Sivir deja de robar los tesoros de mi tumba…" se quejó, tomando su arma y saliendo refunfuñando de la biblioteca.
"¡Perfecto!" exclamó el Emperador, dando un golpecito en el suelo con su báculo, señal evidente de que se encontraba satisfecho. "Sólo te pediré que aguardes hasta mañana antes de que partan, Irelia, así ella tendrá el suficiente tiempo para preparar a sus hombres ya que seguro aprovechará el viaje para hacer alguna de las suyas, como siempre" explicó.
La joven asintió con su cabeza, algo contrariada por aquel retraso pero agradecida por aquella cortesía. Iba a darle sus gracias cuando éste tomó su brazo con fuerza entre las garras de su mano derecha y tiró de ella hasta que su rostro quedó a escasos centímetros del dorado casco del emperador. Este, con un imperio que no había demostrado hasta ahora, le susurró suavemente:
"Por si aún no lo has notado, puedo sentir la presencia de Sivir doquiera que ella se encuentre. Puedo sentir si está cabalgando, si está durmiendo, si tiene hambre o si una mujer se lanza a matarla hecha una fiera. ¿Entiendes lo que digo? En cuestión de segundos puedo estar allí para ayudarla, así que cualquier tentativa que tengas contra ella lo sabré y yo mismo procuraré encontrar la forma de quitarte la vida, aunque me cueste años, siglos o milenios."
Soltó su brazo de la misma forma abrupta con la cual lo había tomado, Alzó su gran pecho y dirigió una última mirada sobre Irelia quien, sorprendida por aquella súbita amenaza, asintió de forma casi imperceptible su cabeza. El gran pico de Azir imitó su gesto y el emperador se dio vuelta, retirándose de la biblioteca con la misma solemnidad y majestuosidad que lo había caracterizado tantos siglos atrás.
Fin del arco de Shurima.
(Por fin, ya se me acabaron los títulos que rimaban con Colmena, Condena, Arena y Gangrena)
Así es, por fin terminó ese maldito desierto e Irelia se encuentra rumbo a Noxus! Sé que me va a costar mucho describir todo lo que tengo en mente ya que van a aparecer muuuuchos champs y la cosa va a costar un poquito... además voy a tener que leer muchos lore para que la cosa quede lo mejor posible (:c)
En fin, quería preguntarle a la tribuna si le gustó la idea del arco y de los títulos con rimas, porque estaba pensando de hacer un arco de Noxus ya que va a durar un par de capítulos... ¿Qué opina la tribuna? ¿La tribuna quiere arcos? ¿La tribuna quiere acción? ¿La tribuna quiere verme desnuda? ¡Todo por ustedes, mi adorada tribuna! Dejad vuestros reviews al respecto c:
