Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.

Hola preciosidades, pues aquí estoy de nuevo, y no os podéis imaginar con cuantas ganas... ainss sigo mordiendo el dichoso cojincito...siiiii

Ahora sí,y dejando mis desvarios a parte...¡qué lo disfrutéis!.

;)


"Secreto de una traición"

Capítulo XV.

A las nueve de la mañana en punto y más feliz que una perdiz, golpeé la puerta de Bella ansioso por volver a verlas.

- ¡Entra, está abierta! -oí que me gritaba Bella desde algún lugar de la casa. Enseguida la obedecí y siguiendo el exquisito y tentador olor a tortitas, casi levité hasta la cocina.

- ¡Papiiii! - gritó mi ratona nada más verme. Una radiante sonrisa se debió de pintar en mi cara al verla, con la cara llena de mermelada de arándanos y en sus deditos un tenedor de plástico con un pedazo de tortita embarrada en mermelada.

- ¡Hola princesa! - la saludé caminando hacia ella para darle un beso en la frente. Bella se volvió al grito de la niña, y ahí me di cuenta a quien salía mi hija tan descuidada. En la cara de Bella había manchas de harina por todos lados. No pude evitar levantarme y caminar hacia ella, coloqué una de mis manos en su cintura y la otra la llevé a su mejilla para borrarle la mancha de harina que tenía.

- No das buen ejemplo a nuestra hija se te la pasas manchada - me burlé antes de darle un beso en los labios. Ella con un trapo en una mano y en la otra la espátula con la que hacía las tortitas se dejó hacer-. Buenos días, preciosa -la saludé perdiéndome en sus ojos.

- Buenos… días - balbuceó ella y no pude resistirme a besarla nuevamente esta vez con más intensidad, olvidándonos por completo de que no estábamos solos.

- Echo mio papi…echo - La queja de mi princesa demandando mi atención hizo que volviéramos a la realidad. Bella sonrió sobre mis labios y mis ojos se abrieron como platos… Me separé de Bella y giré para ver a mi preciosa y pringada hija con los morros en posición y toda llena de esa pegajosa mermelada… ¡Dios!, definitivamente existía el amor de padre, ese lo puede todo, dije para mí cuando caminé hacia ella y dejé un suave beso en sus pequeños labios antes de que sus bracitos, aún con el tenedor en la mano, rodeara mi cuello.

- Mmmn… este beso sabe más rico que el de mamá - dije divertido saboreando el resto de mermelada que había quedado en mis labios…y ella, como si entendiese, comenzó a reír con esa burbujeante y risueña risa que me hizo secundarla en el acto.

- ¡Anda toma!, siéntate a desayunar, traidor - dijo mi celosa Bella colocando una bandeja con más tortitas y comenzó a servirme el café antes de sentarse frente a mí.

No podía pedir más, estaba rodeado de las dos chicas más hermosas del universo y encimas las dos rivalizaban para darme besos ricos… ¡Esto señores es el paraíso!

Desayunamos entre risas a causa de las gracias de mi pequeña, que se la pasaba intentando hablar mientra se esforzaba por pinchar con su tenedor otro trocito de tortita, provocando con ello que su pequeña mesita tuviera trozos de tortita y mermelada por todos lados.

Una hora y media después y tras cambiar de pañal y ponerle su ropita a mi hija mientras Bella se terminaba de arreglar… ¡por fin! llegamos al coche, donde tuve que admitir que necesitaba una clase intensiva de cómo ser padre, cuando Bella me dijo que guardará el carrito de Sarah en el maletero. Fue humillante verme delante de aquel amasijo de hierros sin saber que hacer y escuchar la risita de Bella tras haber acomodado a nuestra pequeña.

- Vamos Edward, admítelo, no tienes ni idea - se burló mirándome con los brazos cruzados.

- Dame un minuto que lo analice.¡Dios! he montado maquetas de veleros esto no será más complicado - dije tocando en todo lo que me parecía un botón bajo la mirada atenta y divertida de Bella que trataba, sin mucho éxito, amortiguar su risa..

- Admítelo, Edward, o nos pasaremos el resto de la mañana aquí, Sarah en menos de cinco minutos se desesperará ahí dentro - siguió burlándose.

- ¡Ahhh, está bien!, ¿cómo demonios se cierra este cacharro?- grité frustrado. Ella rió con ganas y apartándome colocó sus dos manos en las manecillas, pisó algo con el pie y en menos de treinta segundo el dichoso carro se plegó como un paraguas.

- Ves, facilísimo - dijo sacudiéndose las manos y mirándome orgullosa aguantando la risa… Yo la miré de reojo y cogí el dichoso carro para guardarlo en el maletero.

- Tranquilo Edward, después tendrás la oportunidad de desquitarte abriéndolo -dijo burlona mientras caminaba hacia la parte del copiloto. Yo eché un vistazo de nuevo al maldito cacharro. ¡Dios!, esto iba a seguir siendo muy humillante, pensé antes de cerrar el maletero.

El camino a Port Ángeles fue de lo más divertido entre los balbuceo de mi muñequita, que trataba de llamarnos continuamente la atención desde la parte de atrás, y las anécdotas que Bella me contaba de ella y que yo escuchaba emocionado. Cuánto hubiese dado por estar presente el día que dijo su primera palabra, o su primer pasito, o cuando se lastimó al caerse en el patio, o ver sus ojos ante su primer juguete….tantas cosas que me había perdido de mi pequeña pero que intentaría que fuesen las únicas que me perdiera de ahora en adelante.

Una vez allí, y tras otro vergonzoso momento intentando abrir el dichoso carrito hasta que tuve que pedirle ayuda, nos dirigimos a la calle donde se encontraban la mayoría de los comercio. Fue emocionante caminar por esas calles con un brazo sobre el hombro de Bella mientras ella empujaba el carrito de Sarah. Paseaba orgulloso ante la vista de todos los que se nos quedaban mirando, seguramente enviando mi maldita suerte. Era fascinante ver la cara de mi pequeña al ver los escaparates, los gritos de entusiasmo cuando algo le llamaba la atención, o la sonrisa de Bella cada vez que me acercaba a ella para estrecharla más a mí y dejar un beso en su sien. Sencillamente maravilloso.

Recorrimos varias tiendas, y fue un verdadero placer para mis ojo ver a Bella desfilar ante mí con los trajes más sugerentes, que por supuesto, y tras haber recorrido con mis pervertidores ojos todo su maravilloso cuerpo, negaba con la cabeza impidiendo que se los comprara, tendría serios problemas para no arrancarle a uno la cabeza si la mirase como sabía que la estarían mirando si lo llevase puesto. Otras veces Bella se paraba a admirar otros vestidos pero cuando veía su precio ni siquiera se molestaba en probárselos. Yo insistí en que lo hiciera pero me hizo prometer que no me inmiscuiría en la compra de su vestido, ya que no aceptaría, por nada del mundo, que yo lo pagase. Ese fue motivo de una pequeña discusión que hizo que nos sintiéramos molestos por un rato, incluso comenzó a probarse algunos sin dejar que ni Sarah ni yo le diésemos la opinión. Finalmente y tras asegurarle que no volvería a insistir, ella se relajó y por fin pudimos continuar con la compra de una manera más divertida.

- ¿Que le parece este, Señora? - le preguntó una dependienta enseñándole un vestido hermoso de color azul. Bella se sonrojó, estaba completamente seguro que esa dependienta daba por hecho de que estábamos casados, y sabía que eso fue lo que causó su sonrojo.

- Oh, no yo…

- ¡Precioso!- interrumpí antes de que ella la hiciera salir de su error, no me importaba en lo más mínimo presumir de que ella era mi esposa aunque aún no lo fuese - Pruébatelo, amor, me encantaría vértelo - le dije y ella se encendió de nuevo. La dependienta, que nos miraba, suspiró, y yo no pude evitar sonreír al oírla.

- Esta bien - dijo Bella tomando el vestido y probándoselo. Era un hermoso vestido azul eléctrico con escote en forma de uve y sujeto al cuello, dejando sus hombros y el nacimiento de sus senos a la vista, dibujaba sus hermosas curvas de una manera sutil y elegante, ajustándose hasta su cadera para después acabar en una falda de varios volantes de gasas que le quedaban justo por la rodilla. Sencillamente deslumbrante, y eso que se lo había probado con sus converses, lo que me hizo sonreír al verla.

- Estás hermosa… - le dije llegando hasta ella y tomando una de sus manos para hacer que girara-, endemoniadamente hermosa - me reafirmé y me acerqué para darle un suave beso en los labios-. Llévatelo, estarás radiante en la fiesta - le aseguré y ella volvió a sonrojarse. Ella trató de mirar el precio pero yo tomé sus muñecas parando el movimiento impidiéndoselo-. No lo hagas, simplemente, llévatelo.

- Edward, me prometiste no insistir, no voy a permitir que pagues por este vestido. Yo lo pag…- la voz se le atoró cuando se soltó de mi agarré y cogió la etiqueta…- será mejor que mire otro - dijo dándose la vuelta dando por zanjado el tema.

-Bella…- la llamé pero ella seguía caminando hacia los probadores - Bella, no seas testaruda, quiero que tengas ese vestido.

-He dicho que no, y no hay más que hablar - dijo tajante desde el probador pasando el vestido por encima de la puerta del mismo. Yo rodé los ojos y suspiré pesadamente mirando a mi pequeña que estaba durmiendo su siesta de media mañana sobre su carrito. De pronto oí unos suaves sollozos provenientes del interior del probador. Miré buscando a la dependienta y vi que ella estaba entretenida con un libro de cuentas. Fijé de nuevo la vista en la puerta del probador y sintiendo como mi corazón se contraría susurré su nombre.

-Bella…mi amor, ábreme - le pedí rogando para que me permitiera entrar -, por favor - le supliqué apoyando mi frente en la puerta.

Durante un eterno minuto nada se oyó tras esa puerta y mi corazón comenzó a latir frenético hasta que el sonido del cerrojo abriéndose me sobresaltó. Empujé lentamente la puerta y mi corazón se encogió cuando vi a Bella, sentada en el suelo del probador y abrazada a sus piernas.

- Mi vida…- susurré acuclillándome a su lado - no te pongas así, si no lo quieres, ya está… no nos lo llevamos, pero no llores por favor -le rogué-, no puedo verte llorar.

Un sollozó entrecortado brotó de sus labios y levantó sus enrojecidos rojos para clavarlos en los míos - No puedo permitírmelo… - susurró provocando en el acto que mi corazón se parase -. Nunca he podido permitirme algo así - siguió diciendo tratando de controlar su sollozo - no insistas, por favor…

Yo tiré de sus brazos y la atraje hacia mí -. Bella mi amor, ya no estas sola, mi vida -le dije y ella aumentó su llanto - Si no lo quieres, tranquila, no lo llevaremos, pero si te gusta permíteme regalártelo, mi amor. Jamás te he regalado nada, y eres lo más importante en mi vida, todo lo que es mío te pertenece. Me gustaría que mi novia aceptara ese regalo - le dije intentando convencerla apelando a esa nueva relación entre nosotros.

- Yo… es muy caro Edward, no me sentiría cómoda…

- Estas preciosa con el Bella, compláceme sí, déjame disfrutar y presumir de una novia tan hermosa- ella se apartó de mi abrazo y me miró intensamente..

-¿De verdad estoy hermosa?- preguntó sorbiendo por la nariz y esbozando una efímera sonrisa.

- Estas radiante con él, mi amor, es perfecto, como tú eres perfecta - Ella me regaló otra tímida sonrisa y de pronto pasó sus manos rodeando mi cuello abrazándome con fuerza.

- Lo siento, siento haberme enfadado contigo. Pero no quiero que pienses que soy como esa mujer que pensaste una vez que era - susurró escondiendo su cara en mi cuello. Inmediatamente mi mandíbula se tensó. ¿Así que de eso se trataba? Ella temía que pensara que era una oportunista, me avergoncé en el acto de haber pensado alguna vez una atrocidad así. Cómo me pudieron nublar tanto los celos, como pude hacerla tanto daño.

- Perdóname tú mi amor, perdóname. Si pudiera volver a tras, Bella, te juro que volvería para borrar todo lo que te dije - susurré sintiéndome un mierda por haberla maltratado tanto - pero no puedo y odio haberte hecho pasar por eso, no entiendo cómo pude ser tan necio, cómo no te exigí una explicación antes de dar por sentado….

- Edward…- musitó mi nombre interrumpiéndome al separase de mí y quedarse mirando, con sus ojos enrojecidos, a los míos -. No te culpes, tu no sabias..

- Aún así, jamás debí de tratarte así. Dios, cada vez que recuerdo todo lo que llegué a decirte - dije mortificado apartando la vista de ella - Lo siento Bella, daría lo que fuera por emendar aquel error. Dime qué puedo hacer para que me perdones Bella, qué puedo hacer para sanar esa herida que te hice - mi voz murió ahogada en mi garganta por el dolor.

- Prométeme que nunca más me dejaras - Me pidió mirándome con tanto dolor, con tanto miedo en los ojos... -. Tengo miedo de que todo vuelva a desaparecer. No soportaría perderte de nuevo Edward, esta vez, no lo soportaría, no sería capaz de superarlo - dijo rompiéndose…

- Mi amor….-susurré tragando el nudo que atenazaba mi garganta -. Nunca, ¡óyeme bien! - dije llevando mis manos a su rostro y obligándola a mirarme -, nunca más desapareceré, aunque tenga que volver; esta vez regresaré, porque no puedo vivir sin ti, sin vosotras - dije mirándola fijamente -. Te lo juro mi amor, nunca, nunca más podría apartarme de ti…-musité antes de besarla sintiendo un dolor inmenso en el corazón por todo lo que habíamos pasado - No ves que si me faltas tú me falta el aire - le volví a susurrar aún rozando sus labios, sintiendo como sus lágrimas humedecían mi rostro-. Ya no volverás a estar sola nunca más mi amor, nunca más tendrás que hacerte cargo de todo, yo estoy aquí, déjame cuidar de ti, déjame cuidar de vosotras, sólo así volveré a sentirme vivo - le rogué besándola de nuevo, necesitado, implorando de nuevo su perdón, pero un perdón sincero, deseando que ese malogrado corazón al que tanto había herido, volviera a latir dichoso por mí..

- Te quiero Edward …- musitó entre sollozos sobre mis labios; en el acto gruesas lágrimas anegaron mis ojos -, siempre te he querido… te quiero, te quiero - siguió diciendo abrazándose a mí de una manera que me hizo estremecer, al sentir lo indefensa que se sentía ante esto que nos envolvía y como , aún temerosa, me aceptaba…

- Y yo te amo, mi amor - le susurré antes de volver a buscar sus labios y besarla con todo ese amor, con toda esa necesidad que durante tantos años había guardado en mi corazón.

- ¿Mami..mamá? -De pronto la voz asustada de nuestra pequeña, que se acababa de despertar, nos hizo separarnos.

- Estoy aquí mi amor - le dijo Bella tratando de limpiar el resto que habían dejado sus lágrimas en su rostro con la manga de su camisa.

- ¿Papi? - su voz, aún asustadiza, me llamó y no puede más que sonreír al ver como Bella rodaba los ojos.

- La tienes en el bote, no es justo - me reclamó en broma antes de besarme de nuevo, algo que yo recibí con gusto-. Anda, salgamos antes de que empiece a llorar como loca - susurró.

- Bella… - La llamé antes de que se levantara, ella volvió a mirarme expectante -. Te quiero - le susurré y entonces sus ojos volvieron a brillar y una hermosa sonrisa comenzó a formarse en sus labios.

- Yo también te quiero - volvió a repetirme y esta vez mi corazón brincó el doble.

Ella se levantó y yo la seguí, inmediatamente una sonrisa radiante se dibujó en el rostro de mi pequeña al vernos.

-¡Mami, papi! -dijo con entusiasmo sujetando el chupete en un lado de la boca lo que me hizo reír al verla. ¡Era tan linda! Que agarrando a Bella por la cintura la giré para pasarla tras de mí y llegar a mi princesa antes que ella…

- Edward…- se quejó Bella pero sonrió al ver mi intención.

- Hola mi amor….- le dije inclinándome y besando sus sonrojadas mejillas - ¿Ya descansaste? - le pregunté y ella se acurrucó en mi cuello risueña…

- coge papi, coge -me pidió agarrándose a mi camiseta y tirando de ella para que la sacase de la sillita.

- Vamos, papá te cogerá -le dije liberándola del cinturón de seguridad y subiéndola por encima de mi cabeza mientras ella trataba de aferrarse a mi pelo para no caerse, con una burbujeante y contagiosa risa.

- Oh, que simpática bebita -dijo de pronto la dependienta detrás de nosotros-. Entonces, ¿le queda bien el vestido, puedo sacarle otro si no…?

- No, no será necesario, nos lo llevamos -dije mirando a Bella. Ella se mordió el labio pero finalmente asintió regalándome una tímida sonrisa. Yo, sintiéndome totalmente feliz por como estaban arreglándose las cosas entre nosotros, no pude evitar llevar mi mano a su barbilla, y sujetando a mi pequeña con el otro brazo, me incliné y le dejé un suave beso en sus labios.

- Echo, echo…- comenzó a removerse mi pequeña llevando sus manitas a nuestras caras tratando de separarnos… yo sonreí al dejarla y miré a mi pequeña celosilla que enseguida estrelló sus labios con los míos…- mi echo papi - dijo como si no me hubiese enterado que cada vez que besara a su madre, también tenía que besarla a ella, y desde luego no me iba a quejar por ello, pensé, mientras reía al oírla.

Salimos de la tienda justo a la hora del almuerzo. Llegamos hasta un restaurante y mientras Bella pedía al camarero que le calentase la comida que ella había traído preparada para Sarah, yo me dediqué a entretener a mi pequeña, que sentada sobre la mesa entre mis brazos, jugaba a acariciarme la cara mientras yo permanecía con los ojos cerrado para luego abrirlos y asustarla, lo que la hacía gritar rompiendo seguidamente en contagiosas risa, diciéndome: " Ota ve papi, ota ve"

Fue maravilloso compartir el almuerzo con ellas, ese sin duda era mi sitio, no podía, aunque quisiera, apartar los ojos de ellas, las dos me cautivaban de distinta manera y yo me sentía verdaderamente afortunado de tenerlas ahí, a las dos, riendo, felices, mirándonos con cariño, como si siempre hubiésemos estado así…

Después del almuerzo y aprovechando que Sarah de nuevo se había vuelto a dormir en su carrito, entramos a una boutique de hombre donde me dispuse a modelar, de la manera más sexy, para mi preciosa novia, que entre risas y miradas lascivas, me piropeaba cada vez que me presentaba delante de ella con un traje distinto.

- Oh Edward, no sé que decirte, estás guapo con todos - dijo con una mueca al verme con el último traje. Me acerqué a ella y no pude evitar besarla de nuevo, apoyando mis manos a cada lado de su cabeza dejándola entre mis brazos y la pared.

- Dime cuál es el que más te provoca quitármelo - le susurré con voz ronca antes de morder delicadamente el lóbulo de su oreja…

- Oh Dios mío, Edward - gimió Bella estremeciéndose entre mis brazos. Yo sonreír al escuchar la carga de deseo que había en ese gemido y no pude evitar morder también su cuello…- por dios, deja de hacer eso…no….no puedes provocarme así…- me riñó con dificultad.

- Entonces dime, preciosa - volví a insistir-, ¿este te provoca?

- Dios Bendito, Edward, si… - dijo en otro largo gemido y yo de nuevo volví a sonreír al ver lo que provocaba en ella, que no era menos de lo que ella, con el simple gesto de morderse el labio, provocaba en mí.

- Te aseguro Bella que… si no fuera porque estamos en un sitio público y que nuestra princesa está con nosotros, ahora mismo te arrastraría al probador y de esta no te librabas - le susurré intentando disimular mi voz ronca pero que fue imposible, antes de besarla como si fuera la última vez que lo hiciera.

El carraspeo entrometido de uno de los empleados hizo que abandonase dolorosamente los labios de mi preciosa mujer y me perdiera en la mirada enfebrecida de deseo que tenía.

- Me llevaré este - dije sin dejar de mirarla y ella tratando de disimular una sonrisa me miró divertida, yo le sonreí y dejé un último beso antes de regresar al probador para quitármelo -. Vuelvo en seguida preciosa.

- Una excelente elección Señor, ese traje le queda impecable, le hace verdaderamente sexy - dijo el dependiente con un deje afeminado y devorándome con los ojos; yo le miré con el ceño fruncido comenzando a sentirme verdaderamente incómodo por la mirada del dependiente, mientras oía como Bella trataba de esconder la risa que le estaba provocando la situación.

- Dios, no me lo puedo creer, ¿es qué ya no puede uno ni siquiera comprar un traje sin sentirse acosado? - me quejé una vez más cuando nos sentamos en una cafetería donde le dimos la merienda a Sarah y tras aguantar, por más de media hora, las bromas de Bella por lo ocurrido.

- Vamos Edward, el chico sólo decía la verdad - se burló una vez más mientras mi pequeña, esta vez sentada en la mesa pero frente a su madre, jugueteaba con sus pendientes.

- Dios Bella, sabes que humillante fue sentir las manos de es hombre acariciar mi trasero mientras trataba de colocar bien la pierna del pantalón…- dije estremeciéndome lo que provocó que ella volviera a romper en risas….

- Ya déjalo Edward, en serio, me vas a matar de la risa - me reñía y yo, aunque algo molesto por la situación, no podía negar que me fascinaba oírla reír así….

De pronto unas gotas comenzaron a golpear sobre los cristales de la cafetería.

- Dios mío Edward, ¿has traído paraguas? - me preguntó de pronto mirando aprensivamente hacia la ventana…

- No, la verdad es que no, el día amaneció azul Bella, yo que iba a imaginar…

- Edward, aquí siempre tenemos un paraguas en el coche, en cualquier momento se puede poner a llover. Será mejor que nos marchemos ya, creo que se avecina una buena tormenta -.Y de pronto, como para darle crédito, el destello de un relámpago iluminó el oscurecido cielo…

Sarah, tras el estruendo del trueno, comenzó a llorar asustada llevándose sus manitas a sus oídos.

- Tranquila mi niña, no es más que una tormenta - le susurraba Bella que la abrazó y la mecía entre sus brazos tratando de tranquilizarla.

- Vamos - dije tras haber pagado la cuenta. Al salir afortunadamente solo lloviznaba, pero a lo lejos el cielo se veía verdaderamente encapotado y con señales de una enfurecida tormenta.

De nuevo un relámpago iluminó el cielo provocando que mi pequeña llorara aterrada.

- Dámela Bella - le dije cogiendo a mi princesa y arropándola entre mis brazos -. Tranquila mi niña, papá te protegerá - le susurré resguardándola de la lluvia con mi cazadora. Corrí suavemente con ella hasta llegar al coche. Bella se metió por el otro lado de la puerta y entre los dos le pusimos las ataduras de seguridad. Sarah seguía llorando, asustada.

- Ya está mi niña - le decía Bella pero al sonido de otro trueno ella misma se encogió y de nuevo Sarah gritó asustada - Será mejor que yo me quede con ella detrás.

- Si, será mejor - le secundé, ella se acomodó buscando el pequeño pony con intención de entretenerla y yo rodeé el vehículo para cerrar la puerta de Bella, volví a mi lugar y en pocos segundo estaba camino a casa de nuevo.

- Edward, por favor, no corras - me pidió Bella cuando la lluvia comenzó a caer con más violencia. Sarah lloriqueaba cansada, puse un poco de música lo que consiguió que en menos de diez minutos, mi pequeña se olvidara de la lluvia del exterior y se quedara completamente dormida.

Tuve que parar para repostar gasolina y Bella aprovechó para colocarse de nuevo en el asiento del copiloto. Yo le sonreí y le di un suave beso en la frente antes de arrancar y volver a la carretera…

- Ha sido una buena idea ponerle música clásica -aprobó Bella cuando "Claro de luna" comenzó a sonar en el reproductor - Me gusta mucho, "Claro de luna" - dijo mirándome y yo por un segundo me giré y le sonreí - Mi madre siempre me la ponía de pequeña - dijo mirando hacia al frente con algo de nostalgia…

- Es curioso, fue mi padre quien me hizo amar esta pieza -susurré pensando en esa casualidad, que quizás no era tan casual -Bella - la llamé. Ella volvió su atención a mí y yo, después de mirarla por otro segundo volví mi atención a la carretera…- Tu madre…- me pausé, tenía curiosidad aunque era un poco doloroso saber que con ella, mi padre le fue infiel a mi madre…

- Edward - dijo con tristeza- Nunca tuve oportunidad de pedirte perdón, sé que no fue justo para tu mamá, pero quiero que sepas que mi mamá jamás amó a otro hombre que a Carlisle - me confesó volviendo su mirada al frente.

- Ella nunca….

- No, jamás estuvo con otro hombre y… - de pronto noté como una lágrima comenzaba a correr por su mejilla.

- Bella, no es necesario…

- Yo la ví llorar muchas noches, ella pensaba que no la oía pero lo hacía, me quedaba de pie sobre la puerta viendo como ella lloraba y se abrazaba a una almohada…

- Bella, no sé que decir… - le confesé sinceramente. En un principio sentí rabia por que hubo otra mujer, pero mi madre, ella…. Si mi verdadero padre nunca hubiese muerto quizás no se hubiese casado con Carlisle y tal vez él hubiese sido feliz con esa mujer que tanto lo amo y que por no romper una familia fue capaz de sacrificarse-… pero ahora sé que tu madre fue una gran mujer, y que su amor era sincero… Me hubiese gustado conocerla.

- Era muy linda mi mamá, seguro le hubieses caído muy bien, de hecho ella te conoció, alguna vez que tu padr…bueno mi padre…Esto es horrible, me cuesta saber como decirle estando contigo, es tan extraño - dijo apenada…

- Lo sé - le sonreí…

De nuevo el silencio se instauró entre nosotros, las vibrantes y hermosas notad de "Claro de luna" nos envolvía y aunque fuera se desataba una furiosa tormenta, nosotros allí, juntos, nos sentíamos a salvo.

La llegada a casa fue también toda una odisea. La lluvia caía con fuerza y auque aparqué lo más cerca posible de la casa, aún teníamos que salvar varios metros y con mi pequeña, que era lo peor; me maldije mil veces por no haber sido más previsor, aunque, con la violencia con la que soplaba el viento tampoco hubiese servido de mucha ayuda.

- ¿Preparada? - le pregunté cuando, después de esperar dentro del coche por unos interminables minutos a que la lluvia amainase, cosa que nunca ocurrió, decidimos salir, ya que Sarah, que de nuevo se había despertado, lloraba no sólo por lo asustada que estaba, sino porque era la hora de su cena.

Ella asintió mordiéndose el labio y encogiéndose una vez más al oír otro trueno. Sacó las llaves de la casa para tenerlas en la mano y desató a Sarah para que tardara menos tiempo a la hora de cogerla, y así, tras haber planeado juntos la actuación, salimos del coche bajo una lluvia torrencial calándonos a hasta los huesos. Cogí a mi princesa que arropé todo lo que pude y salí corriendo con cuidado de no resbalar hacia la casa, donde Bella ya abría la puerta..

Fueron apenas unos segundos pero los suficientes para empaparnos completamente, sólo mi pequeña se mantenía seca lo que nos hizo suspirar aliviados.

- Ya princesa, deja de llorar ,ya estamos en casa - le susurré antes de dejarla en el sofá. Bella, aún empapada, salió disparada a la cocina y le preparó el biberón a mi niña. Yo aproveché para quitarme la camisa que tenía empapada y me quedé con una camiseta, que aunque también estaba húmeda, al menos no era incomoda.

- Toma Edward - me dijo Bella pasándome una toalla-. ¿Podrías entretenerla mientras me cambio? - me preguntó mordiéndose el labio. Yo le sonreí… se veía tan hermosa a pesar de tener el pelo chorreando y despeinado y la punta de la nariz enrojecida a causa del frío.

- Claro, ve, yo le daré el bibi y la subiré - le aseguré y ella me lo pasó dedicándome una agradecida sonrisa.

Sarah permanecía sobre el sofá expectante, mirándonos de hito en hito hasta que su voz hizo que dejará de mirar a su hermosa madre para prestarle toda mi atención..

- Papi ambe - dijo con esa vocecita que provocó que rompiera en risas ante su impaciencia…

- Ya fierecilla - le contesté y me senté a su lado. No quise cogerla porque estaba con los pantalones empapados y helados así que la atraje hacia mi pecho donde ella se recostó y mientras yo le daba el bibi ella lo sujetaba con su dos pequeñas manitas jugando distraída con los dedos de mi mano que rodeaba el biberón.

Bella bajó pocos minutos después, pude ver que se había dado una rápida ducha y se había colocado un pantalón de pijama de algodón, suelto, y una camiseta. Cualquiera que la viera podría adivinar su intención de pasar desapercibida. Estaba cómoda, no pretendía más, pero para mí el resultado fue totalmente diferente. La camiseta marcaba a la perfección sus maravillosos pechos, ajustándose a esa delicada y estrecha cintura que podía abarcar con mis manos en su totalidad, la suave tela de su pantalón caía sobre sus caderas y su trasero como una caricia, marcándolo también, dejándome intuir todo lo que ya antes había disfrutado. En el acto una parte de mi anatomía comenzó a despertarse. Me removí incómodo, no podía ser, toda ella me excitaba, y por dios, tenía aún a mi hija entre mis brazos. Dejé de mirar a Bella para controlar las ganas que tenía de ir donde ella y tomarla allí mismo, sonriendo al ser consciente del poder que ella ejercía sobre mí.

- Edward, estás empapado - dijo al ver como de los bajos de mis pantalones caían gotas , yo me encargaré de ella, porque no te das una ducha, tienes que estar helado - susurró viniendo hacía mí y cogiendo a Sarah, la que en un principio protestó pero que después se relajó entre los brazos de su madre que continuó dándole en biberón.

- No te preocupes, iré a casa, solo son unos metros.

- No no…de ninguna manera, no te dejaré salir como está lloviendo…- protestó ella..

- Pero Bella, no tengo ropa, tengo que…

- Te dejaste un pijama la última vez - susurró mordiéndose el labio con cara de haber sido pillada con algo entre las manos…

- A sí, no me dí cuenta - le confesé

Ella, tímida, volvió la mirada a la niña - Está sobre la cómoda, usa mi baño, ya sabes donde están las toallas - me invitó y yo no puede más que sonreírle e inclinarme junto a ellas.

- De acuerdo, iré a darme una ducha - le contesté y me acerqué hasta rozar sus labios. Me encantaba poder hacer eso, poder besarla siempre que quisiera y llevaba ya mucho tiempo sin hacerlo.

Mientras estaba bajo los calientes chorros de agua, golpeando mi cuerpo, iba sintiendo como mis músculos se desentumecían. Realmente la lluvia me había calado hasta los huesos. Permanecí más tiempo de lo normal disfrutando de esa placentera sensación. De sentir como mi cuerpo iba recuperando el calor corporal. Cuando salí de la ducha me puse el pijama, que afortunadamente, me había dejado olvidado; me sentí algo violento ya que no tenía ropa interior, aunque no negaré que es como siempre andaba por casa…

Al salir de la habitación de Bella vi luz en la de mi hija, supuse que estaban allí y caminé hacía ella pero cuando llegué, sólo mi pequeña dormía placidamente sobre su cunita. Miré mi reloj de muñeca y me asombré al comprobar que había tardado en la ducha como una hora. Definitivamente tendría que hacerme cargo de la factura del agua este mes. Acaricié suavemente la mejilla sonrojada de mi princesa y aparté el chupete que tenía caído al lado de su carita…¡Era preciosa mi ángel! Y cuando un suspiro entrecortado salió de su boquita me estremecí. Le daban miedo las tormentas y no pude evitar pensar en las noches de miedo que habrá pasado aquí, donde continuamente llovía… Un motivo más para llevarla conmigo a Atlanta, al menos allí no llovía tanto.

Bajé con algo de timidez a la sala para encontrarme con Bella, pero oí ruido en la cocina y fui directo para allá. Bella había preparado algo de cena y terminaba de poner la mesa.

- Vaya, al fin saliste de la ducha, pensé que te habías quedado dormido dentro - se burló regalándome una sonrisa mientras dejaba una ensalada en la mesa.

- Mmmm, la verdad es que se estaba a gusto en ella - le contesté acercándome y rodeando su cintura hasta atraerla hacia mí - aunque… se de otra manera que hubiese sido mucho más placentera - le susurré y delicadamente delineé sus labios antes de besarla, candentemente, saboreándola, sintiendo en todo momento la textura de sus labios, su calor, hasta que ella entreabrió sus labios y me dejó degustar su sabor, enredando mi lengua con la suya, notando como sus manos viajaban hasta mi nuca y con suaves caricias, enterraba sus dedos en mi pelo, volviéndome loco…

Tuve que liberarla para poder respirar aunque me hubiese quedado toda la noche ahí, perdido entre sus labios…- Me encanta besarte -susurré cerca de su oído, podía notar como su respiración se agitaba y un pequeño gemido brotó de su garganta..

- La cena…- susurró a duras penas..

- Mmnnn - gemí en respuesta sin dejar de lamer y morder su cuello mientras clavaba mis manos en sus caderas provocando que mi erección presionase sobre su estomago…

- Edward…la….cena…se …enfría - consiguió decir y yo me separé para mirarla a los ojos. Unos ojos oscurecidos por el deseo, dilatados, deslumbrantes, en sus mejillas su peculiar sonrojo y sus labios entreabiertos dejando escapar entre ellos su respiración acelerada.. Dios, me volvía loco, pero había prometido ir lento.

- Mmmmm- volví a gemir antes de besar de nuevo sus labios, suavemente, apenas una caricia -, definitivamente estoy hambriento -. Ella sonrió sobre mis labios y yo aproveché para besarla una vez más.

- Vamos, se nos enfriará el pollo - dijo regalándome una sonrisa y tomándome la mano tiró de ella hasta llevarnos a la mesa.

Cenamos casi en silencio, sólo mirándonos, sonriéndonos, algo tímido los dos. No podía dejar de mirarla, ni siquiera quería pensar en que tenía que irme, sólo quería seguir así, disfrutando de una tranquila cena con la chica de mis sueños…

- Bueno…-dije dejando el trapo con el que le había ayudado a secar los platos - Creo que va siendo hora de irme - susurré mirando por la ventana; seguía lloviendo casi con la misma intensidad.

- Sí, supongo que sí - oí que contestaba ella casi con un hilo de voz lo que me hizo volverme y mirarla. Ella permanecía de espaldas a mí colocando algo sobre la mesa…

Me acerqué a ella y la abracé rodeándola con mis brazos, sintiendo en el acto como ella se estremecía; apoyé mi cara sobre su hombro y no puede evitar besar su cuello mientras la estrechaba entre mis brazos - Gracias por este día, mi amor - le susurré. Ella dejó caer parte del peso de su delicado cuerpo sobre el mío, lo que esta vez me hizo estremecer a mí, era maravilloso sentirla así, tan mía…

- No te vayas…- susurró mientras yo me deleitaba con la suave piel de su cuello..

- ¿Qué…?- pregunté en un susurro temiendo haber escuchado mal.

- No te vayas, Edward - dijo de nuevo girándose y quedando frente a mí entre mis brazos; sus ojos tenían un brillo que sólo vi una vez, y fue el bendito día que por primera vez la hice mía… - quédate…- volvió a susurrar de un modo suplicante...

Continuará…


N/A. Lo siento, lo siento, lo siento...yo no quería, lo juro (Noe con ojos suplicantes y casi de rodillas implorando compasión ) yo le decía:"No lo cortes ahí"...bueno, en realidad le decía..."Nooo(baba) lo (baba) cortes (baba) ahíiiiiiiiii (baba, baba, baba y muerta por lo que viene luego), pero ella me miró con esa mirada petulante y malvada y dijo solemnemente:"Ahí se que da"

¡Ahhhhhhhhhh! saraes es odiosa , y las entiendo, pero puestos a mandar a algún vampiro a que haga justicia, dios manden a Edward que yo con verlo ya caigo muerta...ajajajajajjajajajajajja

Espero que os haya gustado, ya me lo hareís saber .Os agradezco infinitamente vuestro apoyo, especialmente a:

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Espero que no se me haya olvidado nadie, si es así, háganmelo saber.¡ Ah! y el hecho de que haya distinguido con negritas y normal, eso sólo para que os sea más fácil reconoceros, si quereis, no porque haga distinción.

Aprovecho para daros la bienvenida a todas las que os incorporáis a la historia.

Gracias también a todas las que me añadís a favoritos y alertas, espero no defraudaros..

Y ahora si mis niñas, os dejo. Un beso enorme a todas, especialmente a mis reques y a mis seudoreques, sobretodo a la londinense que se te extraña; y no sabes cuanto te odio...pudiste ver a rob! AWWWWWWWW

Que tengáis un buen fin de semana y recuerden, no olviden el kit de supervivencia para el próximo ¡ahhhhhhhhhhhh ya saben lo que viene!...jajajajajjaj ¡HASTA EL DOMINGO!

Besitos.

/(^_^)\saraes.