Capítulo 11 – Noxus

Segunda Parte: Turbación

Permaneció en el callejón el tiempo suficiente para que los intensos latidos de su corazón amainaran. Aquel enfrentamiento inesperado había despertado toda la furia que ardía en su ser y que, por más que procuraba controlar, amenazaba con desbordarse. Se sentó con su espalda contra la pared, aún con el escudo que su arma había creado delante suyo, temiendo que ese sujeto volviese. Fue consciente que le tomó varias horas relajarse por completo, implementando los ejercicios que el Maestro Lito le había enseñado durante su extenso entrenamiento.

Cuando por fin se sintió dueña absoluta de sus cabales se puso en pie y deshizo el escudo dejando que vuelva a adquirir aquella forma de espada. Tanteó con sus manos las zonas que habían sido heridas y notó que su hermoso vestido blanco estaba tan empapado por su propia sangre que había perdido su color característico.

"Arruinado" murmuró mientras soltaba un hondo suspiro. Llevó una mano a sus cabellos para acomodárselos y notó que la rosa negra se había resbalado durante la pelea y quedó enredada entre varios de sus mechones. La tomó entre sus manos y, pese a que estaba algo machucada y manchada por el plasma sanguíneo, conservaba esa textura suave y ese bello color intenso. "Hasta ahora tú eres el mayor símbolo de belleza que pude encontrar en Noxus. Sólo pasó un día, pero es mucho más terrible de lo que me imaginaba" masculló, presionando con suavidad la flor.

Alzó la vista al cielo y, por la posición en la cual se encontraba la luna, dedujo que ya había pasado la medianoche. No tenía idea de cómo funcionaban las cosas por la ciudad, pero en aquel estado era consciente de que necesitaba una muda de ropa noxiana para no levantar sospechas y una posada donde dejar su alforja. Vigilando constantemente la única entrada al callejón se despojó del vestido ensangrentado y se atavió con la remera a rayas y el jean que había adquirido en Aguasturbias. Sabía que de todas maneras llamaría la atención ya que las mujeres en aquella ciudad tenían un estilo más provocativo y usaban tonalidades oscuras, sin embargo era preferible antes de que supieran cuál era su verdadera procedencia. Así, con la alforja cargada sobre un hombro, la pseudo-espada en su espalda y la rosa negra en su mano derecha, volvió a sumergirse en la metrópoli.

Entró en el primer hostal que vio, sin muchos ánimos para seguir rondando por las calles ya que, a esa altura de la noche, la presencia de soldados había aumentado aún más y sus miradas se clavaban varias veces sobre ella, desconfiadas. Se topó con una gran barra de madera donde una mujer joven se encontraba limpiando vasos y sirviendo tragos.

"Disculpe, ¿tendría alguna habitación disponible?" preguntó con voz suave, observando de reojo a las personas que estaban sentadas en la barra y que hundían sus narices en grandes tarros de alcohol.

"Por supuesto" repuso la mujer, sonriendo y alzando hasta Irelia unos grandes y confortables ojos azules que también le sonreían. Tomó una llave de debajo de la barra y se la tendió. "Es la quinta puerta de la derecha. Si quiere hacer uso de la caldera le recomiendo abrir primero la canilla y esperar unos minutos hasta que se pueda calentar el agua."

"¿Caldera? ¿Canilla?" inquirió la joven, levantando una ceja ante el desconcierto.

"¡Ah! Usted es extranjera, ¿verdad? ¡Debí haberlo adivinado por su ropa!" exclamó la muchacha, con una ligera risilla inocente. "¿Nunca antes estuvo en Piltóver o en Zaun? La caldera es un sistema para calentar el agua sin necesidad de calentarla en baldes. Con un mecanismo de caños metálicos llega a su bañera y usted puede regular su cantidad por medio de una canilla que abre y cierra ese mecanismo"

"Wow" suspiró, tratando de asimilar las palabras de su interlocutora. "En tal caso, me muero por probarlo."

"De todos modos recuerde que el agua caliente no le durará más de diez minutos, la caldera consume muy rápido los leños."

"Muchas gracias."

Subió unas escaleras y localizó la habitación que le fue asignada. En cuanto entró se permitió soltar otro suspiro de alivio ya que temía que su ignorancia al asunto de la caldera terminara descubriéndola. Sin embargo parecía que la posadera no tenía tantas luces como el viejo que le había dado albergue en Aguasturbias o el yordle en las afueras de Ciudad Bandle. Sólo era una chica bonita que atendía la taberna, sin preguntarle cuál era su nombre.

La habitación constaba de una gran cama de blancas sábanas, una pequeña mesita a un costado de esta, una mesa más grande en el centro de madera de caoba junto con sillas del mismo material, con un jarrón azul en el centro para adornar. Una ventana con cortinas también azules daba al lateral derecho de la posada y, a un costado, había una puerta que conducía al baño. Ansiosa por conocer los mecanismos de la caldera, lanzó su alforja en el suelo, depositó la rosa negra encima de la mesita y fue al baño, donde abrió la canilla y esperó, como decía la posadera, hasta que el agua se calentara sola. Se desvistió y, una vez que notó como el vapor subía en grandes columnas hasta el techo, ingresó a la bañera. Un suspiro de placer brotó de sus labios al sentir la cálida temperatura de las aguas que la rodeaban, relajando sus músculos y su tensión.

Chapoteó un poco en el agua mientras llevaba una mano a su vientre y recordaba que allí fue donde clavó su primera cuchilla aquel mercenario. La herida había desaparecido y su piel era tan suave como algodón, mas ese recuerdo despertó la mente de Irelia. Ese sujeto había aprovechado que se encontraba aturdida en un callejón para lanzarse sobre ella pero no entendía bien cuál había sido su propósito. Si intentaba robarle su dinero lo hubiera hecho con mucha más facilidad, sin necesidad de lanzarle tantas navajas.

"Sin embargo, con aquel talento para esconderse en las sombras pudo robarme la bolsa mucho antes. Pero se limitó a atacarme mientras tomaba una postura defensiva y a huir cuando tomé una postura ofensiva." Se dijo a sí misma, mientras hundía todo su cuerpo en el agua caliente. La verdad cayó como un relámpago sobre su mente cuando sacó su cabeza con estrépito y logró comprenderlo todo: "Él sabía quién era yo. Él sabe que soy la persona que acabó con cientos de soldados en la invasión a Jonia. Por eso retrocedió cuando decidí atacarlo."

Llevó una mano a su cabeza, dándole vueltas al asunto para tratar de encontrar alguna otra alternativa que pudiera contrarrestar a aquella que se había formulado. Pero al no encontrar una opción viable que la anulara, la afirmación de que sabían quién era ella creció en tal magnitud dentro de su mente que se sorprendió al notar que su corazón palpitaba de forma desaforada. Ni siquiera se había percatado de que había pasado más de diez minutos en la bañera y el agua ya estaba helada.

Se secó y, saliendo del baño, se arropó sin vestirse entre las blancas y confortables sábanas de la cama. Si bien carecía de la posibilidad de conciliar el sueño, tenía la impresión de que era el sitio más cómodo para pensar.

"De acuerdo, veamos: si es cierto que ese sujeto sabe quién soy, ¿por qué me atacó? ¿Acaso pretendía quitarme algo? ¿Hacerme una advertencia para que me vaya de Noxus?... O quizás sólo quería comprobar si se trataba realmente de la mujer que asesinó a tantas personas." Pensó, mientras peinaba su cabello húmedo con sus dedos. "Esta última opción es la más probable, sumado al hecho de que quien me atacó era un mercenario: un hombre enviado por otra persona para confirmar sus propias sospechas. Debía de estar prevenido de mí ya que, en cuanto vio a las hojas dispuestas para acabarlo, escapó."

Esa era la razón, ahora estaba más que convencida. Aun así, otra preguntaba rondaba inquieta por su mente: ¿Quién y cómo supo que ella estaba en Noxus?

"¿Qué me pudo haber delatado? El vestido, si bien no pertenecía a la moda noxiana, no llamaba la atención y estoy segura que mi actitud tampoco… quizás cuando salí corriendo del Coliseo, mas habían muchas otras personas que no habían entrado. O quizás cuando ingresé por las murallas y le mostré mi pasaporte al general. O quizás…"

El hilo de sus pensamientos se detuvo de forma abrupta cuando saltó de la cama y revolvió su alforja con desesperación. Lanzó todos sus ropajes y otros trastos por el aire, hasta que encontró lo que buscaba con tanto ahínco: el pasaporte falso que le había entregado Miss Fortune. Abrió sus hojas y los registró, insultándose a sí misma por haber confiado ciegamente en aquella mujer y no haberlo registrado antes. Sin embargo, no encontró nada sospechoso. De hecho, esa libreta era una obra maestra de la falsificación ya que poseía los sellos referentes a la ciudad donde se suponía que había nacido, Piltóver. Parecía como si Priscilla Blair existiera en realidad. Incluso lo llevó hasta la ventana tratando de encontrar alguna marca de agua con la luz de la luna, mas el pasaporte era inmaculado.

Volvió a guardarlo en su alforja, junto con todos los trapos que había sacado, y volvió a recostarse en la cama. Aún no sabía cómo, pero la habían descubierto, ¡y apenas llevaba un día en aquella ciudad! Jonia también tenía una red de espionaje pero no podía compararse con aquella telaraña que en pocas horas la había desenmascarado y seguro ahora pensaba como hacer para que cayera por completo. A esa altura seguro que la máxima autoridad de Noxus sabía de ella. Pero, ¿qué harían ahora que sabían que se encontraba en la metrópoli?

"Quizás manden un ejército para acabarme… pero si eso no funcionó en Jonia, ¿por qué funcionaría aquí? Sus fuerzas están debilitadas y encima causarían pánico entre los pobladores. ¿Mandarían más mercenarios como ese para tratar de encontrar algún flanco débil? Tampoco esa es una opción viable ya que, si bien el primero tuvo éxito, con montar un poco de cólera podría acabarlos… entonces, ¿qué harán las autoridades?" pensó, mientras cerraba sus ojos y dejaba que sus pensamientos saltaran de un lado a otro a la velocidad de la luz. En ese momento recordó a Nasus y los días que había pasado en Shurima y se dijo a sí misma: "Quizás… quizás no me atacan, quizás sólo me dejan estar hasta marcharme, siempre vigilándome, o quizás desean hablar conmigo. De todas maneras, será mejor que consiga una muda de ropa y averigüe en los registros sobre el paradero de Zelos."

Permaneció en la cama hasta que vio que el sol se asomaba desde la ventana de la habitación; la noche transcurrió rápida entre todos los pensamientos que su mente estuvo procesando a la vez. Se levantó del lecho, se vistió con la misma vestimenta de Aguasturbias y salió del cuarto, colocándose la rosa negra de vuelta entre sus mechones de pelo.

Salió de la posada y se dirigió a una tienda de ropa donde compró unas calzas negras y un suéter rojo de lana. El verano estaba llegando a su fin y el otoño se anunciaba desnudando a los árboles que se encontraran por la ciudad con una fuerte corriente de viento. Era bastante intensa considerando que aún no finalizaba la época de calor.

Vagó varias horas por la metrópoli, sabiéndose bien vigilada por ojos escondidos. Según recordaba de los libros que había leído, Noxus mantenía un gobierno militar donde el ejército controla cada aspecto de la vida política de sus propios ciudadanos. Éste era controlado por el Alto Mando, una entidad conformada por los generales más poderosos y astutos de toda la ciudad quienes, a su vez, eran dirigidos por el Gran General. Éste último, la autoridad máxima de la ciudad, era el general inmortal: Boran Darkwill, quien llevaba siglos gobernando de forma ininterrumpida, gracias al uso de la magia nigromante, según sus libros.

Sus pasos le llevaron hasta una plaza, repleta de grandes árboles y pequeñas flores que trataban de resistir las fuertes corrientes de viento. Se sentó en un banco hecho de piedra mientras se acurrucaba más sobre su suéter al sentir una ráfaga que agitaba sus cabellos con furia, sosteniendo la rosa negra entre sus dedos para evitar que esta volara. Cerró sus ojos, sintiendo que aquel viento que golpeaba su rostro era el producido por una carrera que estaba corriendo y, por un momento, sintió la adrenalina por sus venas. ¿Acaso Darkwill sabía que ella se encontraba en Noxus? ¿Qué haría para echarla? Ningún líder cuerdo deja que una potencial amenaza vague por sus territorios cuando quisiera, entonces, ¿qué haría al respecto?

"¿Disfrutando de Noxus, joniana?" preguntó una voz femenina muy cerca de su oído.

La joven ni se inmutó. Parecía que había sido reemplazada por una estatua de piedra que, aun así, tenía más expresiones que ella. Un leve alzamiento de cejas fue todo el movimiento que hizo, pero luego éstas volvieron a su posición normal. Le tomó unos segundos asimilar el vértigo que sentía en su interior, pero cuando lo logró abrió sus ojos y dirigió una sonrisa llena de dulzura a aquella persona que le había hablado. Ésta era una mujer que, por su ropa negra y ajustada, los fuertes músculos de su abdomen y brazos, y las cuchillas que portaba a sus costados, se deducía que era un soldado. Su melena pelirroja bailaba en el viento como fuego y destacaba una cicatriz que poseía en su ojo izquierdo.

"Primero me mandan un mercenario y ahora me mandan… ¿una mercenaria?" pensó, pero luego quitó ese pensamiento de su mente. "No. Ningún mercenario actúa a la luz del sol y menos en el medio de una plaza. Será alguna especie de almirante o teniente a la cual le tienen la suficiente confianza como para mandarla a enfrentarme de esta manera."

Se sostuvieron la mirada unos segundos. Los ojos negros de Irelia se clavaban con fijeza con los verdes de aquella mujer de fría expresión, la cual mantenía una mano en una de las cuchillas que portaba. Dedujo que esperaba algún tipo de respuesta, tanto verbal como física, así que desvió su mirada hacia un punto lejano del horizonte y respondió:

"Hasta ahora lo más sorprende ha sido la caldera. Admito que tiene lindas construcciones, pero Jonia la supera en todo sentido… deberías conocer Jonia." Agregó, volviendo a mirarla y convirtiendo su sonrisa dulce en una sarcástica: "Aunque quizás tienes la mala suerte de haber conocido Jonia y a mí al mismo tiempo."

Sabía que había sido muy orgullosa, pero se sintió satisfecha cuando vio cómo la expresión seria de la mujer se volvía torva y emitía un gruñido casi imperceptible. Su sonrisa recuperó su dulzura y franqueza y presionó con suavidad la rosa negra que palpitaba entre sus dedos. La mujer suspiró con suavidad y se esforzó por restaurar su impasibilidad.

"Acompáñame" pidió. Se había esmerado en que su voz sonora como una orden, mas se le quebró mientras hablaba.

Irelia se puso de pie y se paró a su lado, conservando esa sonrisa amable en su semblante. La pelirroja le miró con algo de desconfianza y luego se puso a caminar, seguida por la joniana con suma docilidad.

Ya era mediodía y se veía gran cantidad de personas y soldados por las calles empedradas. Varios pasaban por al lado suyo y dirigían palabras de respeto e inclinaciones de cabeza hacia la noxiana, la cual permanecía inmutable ante aquellas muestras de admiración que le dedicaban. La joniana caminó hasta ubicarse a un costado de ella, murmurándole con discreción:

"Al parecer eres muy famosa y querida dentro del ejército"

La aludida le miró de reojo y luego alzó su mentón con orgullo, sin dignarse a hablarle. Luego mantuvo su mirada fija en el camino, sólo desviándola un par de veces para observar algunas esquinas de las casas, precisamente a aquellas que conducían a callejones. Irelia notó esto y chasqueó sus dedos.

"¡Claro! Fui muy tonta al pensar que tú me escoltarías a cualquier lugar sin contar con vigilancia, ¿no es así? ¿Acaso es el mismo sujeto que me mandaron ayer? Si es así, muy buena elección, tengo que decir que es hombre de talento."

Nada. La mujer continuó impasible, aunque ahora su mirada iba al frente, sin desviarse una sola vez. Sabía que eso significaba que había dado en el clavo pero aun así no se encontraba satisfecha. Tenía que averiguar a dónde la llevaban, así que optó por intentar una tercera vez entablar conversación, manteniendo siempre esa sonrisa afable:

"¿Cómo supo Boran Darkwill en tan poco tiempo que me encontraba en Noxus? Tengo que admitir que tienen una increíble red de espionaje"

La noxiana dobló un poco su cabeza y le miró con fijeza durante unos segundos. Luego volvió a mirar al frente pero, justo cuando la joven creyó que había fracasado de vuelta, esta murmuró con una voz cargada de un sentimiento que no pudo identificar bien:

"Boran Darkwill fue asesinado hace tres años cuando iba en camino a la villa de Kalamanda. El actual líder supremo de Noxus es Jericho Swain, Gran General y un maestro estratega en el ejército." Y volvió a sumirse en el mutismo, mientras sus ojos parecían brillar de una forma extraña que llamó la atención a la joven.

La sonrisa se borró rápidamente de su rostro. Bajó un poco la vista y se sumió en sus pensamientos. Había esperado encontrarse con el hombre que había decidido y ordenado la invasión a Jonia, pero en cambio se iba a encontrar con su sucesor. Ya no tenía dudas, estaba segura que aquella mujer le estaba conduciendo hasta él. Frunció el ceño y desistió en su propósito de hacer hablar a la pelirroja, lo cual pareció agradarle a ésta.

A medida que avanzaban el territorio se volvía más empinado y aumentaba la cantidad de soldados. Además, las casas perdían ese aspecto rústico para volverse más modernas y cada vez más grandes, hasta que adquirían dimensiones de mansiones o, incluso, palacios. Siguieron caminando y se detuvieron en el más grande de todos: era el mismo castillo que había contemplado Irelia a lo lejos. Era gigantesco y tenía numerosos soldados custodiándolo, tanto en las múltiples entradas como en las múltiples ventanas que se podían observar. Era de un color negro que refulgía bajo los potentes rayos del sol e intimidaba a cualquiera que lo viera.

Varios soldados dejaron su puesto de vigilancia para acercarse a la pelirroja y escoltarla hasta la entrada, sin dirigirle ninguna mirada a ella y menos a la joniana que traía consigo. Las condujeron hasta dentro del palacio y las abandonaron una vez que se encontraron dentro de una inmensa sala, decorada con un gusto exquisito. La joven observó con atención los numerosos cuadros que allí había, mostrando escenas de guerra y briosos caballeros portando la armadura noxiana. Sin embargo pronto notó que había un patrón que se repetía en todas las obras e, incluso, en varios adornos colocados por allí: siempre aparecía la sombra de un gigantesco cuervo negro que sobrevolaba, a veces en primer plano y otras muy atrás, pasando casi desapercibido.

"El Gran General nos aguarda" anunció la pelirroja. La joven había estado tan distraída que no había notado que había desaparecido detrás de una puerta y había vuelto con ella.

Ambas pasaron por una puerta que conducía a un amplio y extenso pasillo, custodiado por guardias en ambos costados, y llegaron hasta una maciza puerta de roble colorado. La noxiana tocó dos veces y, sin esperar respuesta, la abrió usando mucha fuerza.

La sala donde entraron era más pequeña de largo que la anterior, pero las paredes ascendían a tal altura que apenas era visible el fin de aquella torre. Los muros sostenían estantes repletos de libros y pergaminos, y cada tres estantes de altura se hallaban cuatro velas que alumbraban. El suelo estaba tapizado con una sedosa alfombra roja y, en el centro, se hallaba un inmenso escritorio de roble color endrino. Detrás de él se hallaba un hombre de avanzada edad, sus cabellos negros escaseaban en su cabeza y portaba una inmensa capa color esmeralda que llegaba hasta el suelo y, encima de ella, portaba algunas piezas de armadura dorada que cubría su pecho y la zona de sus hombros; en su boca llevaba un pañuelo también esmeralda. Al lado de su asiento se hallaba apoyado un báculo que parecía hecho de pino y, al otro costado, se hallaba un atril de metal dorado donde se encontraba apoyado un gran cuervo negro que poseía tres ojos rojos que parecía vigilar cada movimiento de las recién llegadas.

"Teniente Du Couteau, aguarde afuera mis órdenes" demandó con una voz que pareció vibrar por todo el recinto. La aludida salió de la sala y cerró la puerta detrás de si.

Irelia permaneció en pie, clavando la mirada sobre aquel hombre que ni siquiera se había fijado en ella una sola vez, sino que escribía con el ceño fruncido un pergamino con una exótica pluma. Sólo el cuervo parecía notar su presencia y le observaba con la opaca profundidad de esos ojos rojos, soltando cada tanto un tenue graznido.

Sin quitar los ojos de donde escribía, hizo un gesto para que se sentara en la silla enfrente suyo. La joven obedeció y espero pacientemente a que se dignara a hablar, mientras fulminaba con su mirada aquel papel y observaba de reojo al monstruoso pajarraco.

"¿A que debemos su visita?" preguntó, luego de varios minutos de espera. Dejó el pergamino a un lado y sus ojos se clavaron cual dagas en los de la joven. Su ceño fruncido acentuaba aún más las arrugas de su rostro, dándole un aspecto intimidante.

"Vine aquí a comprobar algo" respondió, procurando sonar resuelta y segura, lo cual era complicado con aquel hombre en frente.

Ambos se mantuvieron la mirada durante varios segundos, en una lucha tácita para ver cuál de los dos desistía primero. Sin embargo el Gran General era un sujeto duro y frío, no le llevó mucho tiempo lograr que la joven bajara los ojos por incomodidad.

"No permitiré que rondes por mi ciudad" exclamó, con una voz opaca y gruesa. Tomó un libro que estaba apoyado en el escritorio, junto con muchos otros papeles, y lo agitó un poco en el aire: "Los sobrevivientes dieron testimonio de una criatura alada y de color rojo que apuntó con una espada a una moribunda en el campo de batalla. Luego ésta se alzó y comenzó a aniquilar al ejército" citó, recordando las palabras de sus hombres. Apoyó el libro de vuelta sobre el escritorio y continuó: "Quizás ahora te sientas omnipotente pero la transformación apenas ha comenzado, y Noxus tiene muchos más recursos de los que te imaginas. De hecho, una guerrera que regenera sus heridas constantemente sería un espectáculo que los ciudadanos bien gozarían en El Coliseo."

Los dedos de Irelia se apretaron con fuerza sobre la rosa negra, despedazándola ante la presión que ejercía. Abrió sus manos y dejó que sus restos cayeran al suelo mientras sentía cómo la hiel recorría sus venas y los latidos de su corazón se aceleraban. Tragó saliva, procurando controlar la ira que comenzaba a nacer en sus extremidades y se iba prolongando por todo su cuerpo.

"Comprendo que, luego de quince años de guerra, la resistencia de Jonia logró asombrar a las grandes potencias de Valoran. Sin embargo, la única razón por la cual me encuentro aquí fue para comprobar si, durante la invasión, mi hermano fue interceptado por soldados noxianos." Explicó, procurando sonar amable y que no se notara cuánto le habían afectado sus palabras.

"Ah, el hijo pródigo del Maestro Lito" murmuró éste. Irelia alzó los ojos, brillantes en rabia y sorpresa. "Te equivocas, Jonia no representa ninguna amenaza para Noxus. Estoy bien informado de la severa crisis que pasa por la isla la cual, si no es tratada como corresponde, decantará en una guerra civil y la caída de la ciudad por mano propia."

Las manos de la joven se crisparon sobre los brazos de la silla. Estaba muy bien informado al respecto, lo cual significaba que aún no había acabado por completo con la red de espionaje que habían instalado en la isla. ¿Y cómo sabía tanto ese sujeto? Estaba incluso informado de la presencia de Aatrox y de lo que él era… y lo que ella era.

"Tienes exactamente veinticuatro horas para dejar la ciudad" concluyó, haciendo un pequeño gesto al pergamino que había estado escribiendo. "Si no dejas Noxus, te quedarás aquí para siempre" sentenció. Luego puso su mirada en otros papeles y tomó de vuelta su pluma mientras llamaba: "¡Teniente Du Couteau!"

Irelia se puso de pie como un resorte, haciendo que la silla donde estaba se volcara hacia atrás. Sus ojos centellantes de furia y sus puños cerrados eran señales evidentes de que se esforzaba por no saltar encima de ese hombre. El enorme cuervo graznó con fuerza ante esa imagen, alzando sus grandes alas negras, preparado para atacar ante cualquier movimiento. La teniente entró justo a tiempo, llevando ambas manos a las cuchillas de su costado. La joniana la observó y consideró sus posibilidades de triunfar si se enfrentaba con ambos al mismo tiempo.

"Él carece de humanidad… pero ella la tiene. No volveré a lastimar a ningún humano" se dijo. Sin siquiera saludar ni mediar palabra alguna, dio media vuelta y, soltando todo el aire que había acumulado en un prolongado suspiro, se retiró de aquella sala.

"Escóltala doquiera que vaya, muéstrale nuestra ciudad" ordenó el Gran General a su subordinada, la cual acató dirigiéndole una significativa mirada. Luego cerró la puerta detrás de si.

Jericho Swain se puso de pie, ayudado por su bastón y una pequeña muleta que se hallaba detrás del gran sillón donde se sentaba, como un rey en su trono. El inmenso cuervo dejó de graznar y fue volando a posarse sobre su hombro derecho. Él le acarició las alas y se acercó al lugar donde la joven había estado sentada. Levantó la silla y contempló los restos de la rosa negra.

"¿Qué planeas, Luisa?"


Irelia salió del castillo a grandes zancadas, mientras evocaba una vez más los ejercicios de relajación de Karma. Nadie la detuvo, ni siquiera los soldados de la puerta le dirigieron la mirada, así que continuó caminando hasta saberse bien lejos de aquel lugar. Notó que la teniente seguía sus pasos con gran agilidad, sin decir tampoco una palabra ni perderla de vista.

El sol se había opacado por gruesas nubes blancas como pompones que ocultaban todo trocito celeste del cielo. Aquello significaba una futura lluvia y se notaba en el ánimo de las personas y de los animales cercanos.

La joven se detuvo en seco, sorprendiendo tanto a la teniente que tuvo que hacer un rápido movimiento para evitar chocarse con la gran espada que portaba en su espalda. Volteó para observar fijamente a la pelirroja y le ordenó:

"Llévame con Emilia".


Bueno, bueno! Sé que tendría que haber subido el capítulo hace tres días pero no saben lo que me costó escribirlo! Apagué y encendí la computadora tres veces consecutivas porque creía haberlo resulto pero NOPE! El problema seguía estando :c aún así, me siento satisfecha como quedó (no tienen idea de cómo era antes) pese a que Swain no quedó tan badass como quería que quedara...

Encima estuve dos días sin luz, llorando por los rincones porque no podía ver Inuyasha :C Pese a ser el capítulo más flojito de todo el arco, quedó bien, dentro de toooooooooooooodo.

PD: pasé las 100 hojas de word! Sé que suena tonto decirlo, pero es la primera vez en mi vida que escribo algo con esa longitud y uso una letra relativamente chiquita c: gracias por tanto! Dejen reviews para hacer feliz mi kokoro :c