Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.
¡Hola mis niñas preciosas! Ya estoy aquí de nuevo, y llena de energía, jajajaja, la fiebre no pudo conmigo así que tendréis saraes para rato (movimiento de cejas)
Y ahora os dejo con el capi, espero que os guste.
¡Disfrutadlo!
;)
"Secreto de una traición"
Capítulo XXVII
Aún no podía creer que fuera cierto, era ella, era mi Bella.
Aferré mis manos a su cintura temeroso de que todo no fuese más que un sueño y se desvaneciese. Mi cuerpo se estremecía y temblaba mientras de mis ojos no dejaban de brotar lágrimas de una manera espontánea y totalmente incontrolable. Ni siquiera mis piernas habían aguantado tal cúmulo de emociones, obligándome a tirar de ella hasta caer arrodillados.
Sus labios, sus dulces y embriagantes labios, de nuevo me regalaban su candidez. Una candidez que pensé, jamás volvería a sentir, una que no merecía, a la que no debería tener derecho después de haberla tratado así.
Mil cachetadas, eso es lo que merecía, mil cachetadas por necio, por estúpido, por no saber aguantar la presión, por no entenderla, por no pensar y actuar siempre por impulsos, por mi maldita forma de ser.
Pero ella seguía besándome, a pesar de que no la merecía, ella seguía arrodillada junto a mí, temblando entre mis brazos como yo mismo estaba temblando, y llorando a la par que yo lloraba.
-Perdóname Bella, perdóname…- me sentía tan miserable, había pasado tanto miedo pensando que la había perdido de nuevo… -, perdóname, perdóname…- que era lo único capaz de proferir una y otra vez.
-Ya todo pasó, mi amor, ya todo pasó- me susurró mientras me abrazaba tratando de consolarme; esas palabras se forjaron en mi corazón como fuego ardiente. ¿Sería verdad que todo había pasado? La abracé más fuerte mientras me derrumbaba sin poder evitarlo.
Habían sido muchos días añorándola, ansiándola, deseando sentirla de nuevo, y sólo pensar que apenas unos minutos antes lo estaba dando todo por perdido, era algo que no conseguía canalizar. Tenía demasiada tensión acumulada, demasiados sentimientos encontrados.
-Te amo Edward, te amo…
-Eres tú, has venido, no puedo creer que seas tú...mi Bella- A pesar de oírla, a pesar de sentirla, me costaba creer que fuera cierto.
-Si, soy yo...
-Pero... Cómo...yo pensé...No me cogías el teléfono, no sabia nada de ti, me estaba volviendo loco...-las palabras salían de mi boca atropelladamente.
-No podía estar un día más sin ti ,mi amor, te amo demasiado-susurró entre sollozos, besándome de nuevo. Mi llanto y mi agarré se hicieron más fuerte al escucharla.
-Yo también te amo, mi vida, yo también…- conseguí contestar entre sollozos, incapaz de controlarlo, al igual que a las emociones que me embargaban.
Dejé por un instante sus labios y, como un poseso, deslicé mi nariz por su mandíbula hasta enterrarla en el hueco de su cuello, y allí seguí vertiendo mis lágrimas mientras me iba colmando de su olor, como el drogadicto que se sacia con su mejor dosis. Necesitaba su olor, necesitaba su esencia para sentirme vivo, lo necesitaba para respirar; y sólo así y a las caricias que cariñosamente ella daba a mi cabello, me fui tranquilizando.
-Edward, mi amor, mírame- me pidió con una voz un tanto angustiada. Una vez más enterré mi nariz para aspirarla antes de apartarme para mirarla a los ojos, esos hermosos, profundos y cristalinos ojos marrones que me miraban con tanto amor que, aún con los ojos anegados en lágrimas, me hicieron sonreír al sentir como mi corazón volvía a latir con vida -, ya pasó- volvió a repetir y al fin pude admitir que sí, que ya había pasado, la tenía aquí, la tenía entre mis brazos, y esta vez no iba a dejarla machar nunca más.
-Dime que has venido para quedarte, Bella, dímelo por favor -le pedí desesperado.
-Si, he venido a quedarme amor.
-Te amo- susurré antes de tomar su propio rostro entre mis manos y negar un segundo con mi cabeza -, no sabes que aterrado estaba Bella, creí que te había perdido, creí que no volvería a verte nunca más...- le confesé apenas con un hilo de voz antes de atraerla de nuevo a mis labios y volver a perderme en ellos -. Perdóname Bella, perdóname mi amor- le seguí pidiendo mientras besaba sus labios una y otra vez, totalmente desesperado y necesitado.
-Ya te he perdonado tonto, es que no me ves aquí- me contestó separándose de mí lo suficiente para volver a clavar sus hermosos ojos en los mío -pero no lo hagas nunca más Edward, jamás vuelvas a dejarme así- Sus ojos reflejaron todo el dolor que había sentido.
Cerré los ojos con fuerza al escuchar su ruego. Mi propio corazón se encogió de dolor al imaginar todo lo que habría pasado por su cabecita. Mi preciosa Bella, mi dulce e inocente Bella.
-He sido un estúpido…
-De los grandes- me interrumpió para continuar ella antes de acortar la distancia, pasando sus manos por mi cuello, y besarme de nuevo.
-Ni siquiera te merezco…
-No, no me mereces- siguió contestando; lo que consiguió hacerme sonreír sobre sus labios; unos labios que era incapaz de dejar.
-Una cachetada no es suficiente para…
-No te preocupes, luego te doy otras cuantas si quieres- volvió a contestar provocando que mi risa brotara espontánea sobre sus labios a pesar de las lágrimas que aún humedecían mis ojos.
-No dejas de ser un demonio- le susurré ya más animado, viendo todo lo que ella se esforzaba por hacerme sentir mejor.
-Pues sabiéndolo, más te vale no volver a desatar mi ira…
Estaba claro que no quería mis disculpas con lo que decidí comenzar a disfrutar de tenerla de nuevo junto a mí.
-¡Ya calla! Y bésame, que aún no me he saciado de ti- le reprendí esta vez yo apoderándome con más ímpetu de sus labios, llevando una de mis manos a su nuca para profundizar aún más el beso, obligando a abrir sus labios con mi propia lengua, la que no paró hasta enredarse con la suya.
Mi corazón, hasta hacía pocos minutos helado, volvió a latir con calor cuando los primeros gemidos comenzaron a escaparse de su boca. Cuánto los había extrañado, y cuán necesitado estaba de ellos.
Por varios minutos estuve saciándome de ellos, disfrutando del estremecimiento de mi cuerpo al sentir como sus manos tiraban suavemente de mi cabello, o como su cuerpo temblaba bajo las caricias de las mías.
-Te amo…- le susurré con la respiración entrecortada, mientras apoyaba mi frente en la suya y acariciaba sus mejillas enterrando mis dedos en su pelo, una vez que la falta de aire nos obligó a separarnos -, te amo con toda mi alma Bella, no dudes eso nunca amor mío, nunca más vuelvas a dudarlo.
Ella a penas asintió con un leve movimiento de su cabeza dejándome conocer así que no me equivocaba, que esos pensamientos se habían colado en su cabeza y seguramente la hizo sufrir muchísimo. Mi hermosa salvajita, siempre tan insegura, cuando era una de las mujeres con más entereza y más fortaleza que había conocido en la vida. Sólo una gran mujer como lo era ella pudo haber criado a mi hija sola…
¡Mi hija! Inmediatamente la imagen de mi pequeña se proyectó en mi cabeza… ¿Dónde estaba mi hija? ¿sería posible que mi pequeña… De pronto mis ojos comenzaron a aguarse sin previo aviso mientras me separaba lo suficiente para enfrentar su mirada.
-Bella, ¿dónde está…
Ella me sonrió y no me dejó acabar la pregunta ya que se acercó de nuevo y volvió a besarme suavemente.
-Ella espera por ti, Edward- susurró sobre mis labios. No pude evitar fruncir mi ceño. ¿Esperaba por mí, pero… dónde? Puse mis manos en sus hombros y la separé de mí para encararla de nuevo.
-¿Dón… dónde está mi pequeña, Bella?- la voz se me atoró de la emoción -. Necesito verla- le confesé desesperado; ella llevó su mano a mi mejilla para acariciarme cariñosamente.
-No sabía cómo iba a encontrarte Edward, no quería que la niña se asustara. Déjame llamar a mi papá para que la suba…
-¿Está con él?- pregunté ansioso, interrumpiéndola. Ella sonrió y asintió.
-Sólo tengo que hacerle una llamada y la traerá…
- No…no, no puedo esperar- dije levantándome y tomándola de los brazos para atraerla conmigo.
-Edward…- me riñó con diversión por mi forma de levantarla.
-Necesito ver a mi pequeña, Bella, ¡vamos!, ¡vamos a por ella! - le pedí emocionado tirando de su mano. Al pasar por el puesto de Mandy fue que me di cuenta que ella no estaba.
-Yo le pedí que se fuera, espero que no te moleste- susurró a modo de disculpa mordiéndose el labio.
Me frené en seco y me giré para quedar de nuevo frente a ella y volver acunar su rostro entre mis manos.
-Una orden tuya, será tomada como si fuera una orden mía Bella, no te quepa duda de eso mi amor, no tienes porque disculparte- le consolé y volví a atraerla a mis brazos -. Y me alegro de que lo hicieras, no hubiésemos dado un bonito espectáculo. Mañana me disculparé con ella, no he sido un jefe muy agradable últimamente.
-Cierto- secundó sonriendo pasando sus manos por mi cintura y abrazándome.
-Te amo- le susurré rozando de nuevo sus labios- Dios, aún no me creo que estés aquí- la abracé con más fuerza; ella comenzó a reír sobre mis labios -. ¡Vamos!, muero por abrazar a mi pequeña -le susurré antes de darle otro beso en la frente y tomarla de la mano para ir donde estaba mi preciosa hija.
El tiempo que permanecimos en el ascensor no pude dejar de abrazarla y besarla, provocando su risa, sintiendo como mi corazón latia con fuerza sólo con oírla. Necesitaba sentirla, olerla, oírla. La había necesitado tanto…
Llegamos a la planta donde mi padre mantenía un despacho. Nada más abrirse las puertas del ascensor ya pude escuchar la armoniosa y burbujeante risa de mi pequeña, lo que en el acto provocó que mis ojos comenzaran a humedecerse. Caminé despacio, aunque estaba ansioso por verla, las emociones me embargaban de tal manera que no podía dejar de temblar.
-Tranquilo Edward, nada a cambiado- me susurró Bella cerca de mi oído apretando a su vez mi mano para infundirme ánimos.
-¿Me extrañaba? - pregunté apenas en un suspiro, sintiendo como mi corazón galopaba furiosamente bajo mi pecho, temeroso de que de nuevo fuera un extraño para ella.
-Cada día desde que te fuiste te extrañó - me contestó. Volví mi cara hacía ella y pude comprobar que estaba igual de emocionada que yo. Lo que hizo que una lágrima se escapase de mis ojos -Tranquilo, mi amor -volvió a repetir llevando su pulgar a mi rostro para llevarse la lágrima con él.
-Gracias…-susurré tragando el nudo que oprimía mi garganta. Era consciente de que todo se lo debía a ella. Bella asumió el control de nuestra relación cuando yo lo había perdido...
-Ve con ella- me susurró ofreciéndome una sonrisa comprensiva animándome a anticiparme. Me incliné y volví a besarla.
-Te amo.
-Nosotras también te amamos- contestó y de nuevo me incitó para que me adelantase.
Me giré de nuevo mirando hacia el despacho desde donde provenían las risas tanto de mi padre como de mi hija. Lentamente acorté la distancia y por unos segundo me quedé apostado en la puerta observándola.
-Chii lelo, yo vuelao achi, mia mia- de pronto comenzó a dar vueltas por el piso con los brazos extendidos. Aún no me había visto lo que me dio la oportunidad de disfrutar de su risa, de su juego, de volver a oír sus palabrejas mientras mi corazón se encogía angustiosamente al pensar que podía haberla perdido.
-Achí, achi lelo mia, vionnnn, vionnnn….
De pronto se frenó en seco y miró hacía mí. Sus hermosos ojos verdes se cruzaron con los míos. Por unos segundos, que a mí se me hicieron eternos, ella permaneció en silencio, hasta que sus ojos brillaron y sonriendo, como nunca antes la había visto sonreír, gritó:
-¡PAPIIIIIIIIIIIII! -y comenzó a correr hacía mí.
Por más que quise reprimir mis lágrimas para no asustarla, me resultó totalmente imposible, sobretodo viendo como venía corriendo hacía a mí con sus brazos extendidos. No tardé ni un segundo en hincar de nuevo mi rodilla en el suelo para quedar a su altura y abrir los brazos a mi pequeña deseando sentirla entre ellos de nuevo.
-Papi, papi, ya enio, papi -balbuceaba mientras me rodeaba con sus bracitos el cuello y enterraba nerviosamente su cabecita ahí.
- Si mi amor, ya estás aquí-le contesté estrechándola fuertemente entre mis brazos mientras no dejaba de besar su cabecita - Cuánto te he extrañado, mi amor - le susurré emocionado mientras, al igual que con Bella, me colmaba de ese suave y delicado olor a bebé, mi bebé, mi preciosa hija que por fin volvía a tener entre mis brazos -Te quiero, mi niña, te quiero tanto - susurré sobre su cabecita la que no dejaba de besar.
- Io quelo papi, io quelo mucho, io enio - seguía balbuceando separándose de mí lo suficiente para mirar mis ojos -. No llode papi, Chada quele, no llode- me pedía, lo que me hizo sonreír y volver a abrazarla con fuerza mientras me levantaba con ella en brazos.
- Déjame verte, preciosa, estás hermosa -susurré mientras la miraba. Se veía tan linda en ese trajecito rosa con sus puñitos y cuellito blanco y sus zapatitos tan pequeñitos. Y ese hermoso cabello, recogido en una coqueta colita.
-¿Chada apa, nena apa papi?
- La más guapa de todas, mi amor.
Mientras seguía hablando con mi pequeña pude ver como mi padre pasaba por mi lado y se dirigía hacia donde estaba mi preciosa mujer, y pasando cariñosamente un brazo por sobre sus hombros, le dejó un cariñoso beso en su frente para después susurrarle algo al oído.
Ahora lo entendía, ahora que tenía a mi propia hija entre mis brazos entendía porque mi padre cambió cuando supo de la existencia de Bella. Lamenté que él no hubiese tenido la suerte que tuve yo, de saber de mi princesa aún cuando ella es un bebé, Carlisle se había perdido toda la infancia y adolescencia de su única hija y sólo esperaba que ellos pudieran, a partir de ahora, recuperar todos esos años perdidos…
-Papi, io vuelao , io vuelao mucho, achíiii - y de nuevo extendió sus bracitos.
-Así que has volado, ¿eh?, ¿cómo, así? -le pregunté y subiéndola sobre mi cabeza comencé a dar vueltas con ella haciendo el ruido del motor de un avión.
En pocos segundos la burbujeante y contagiosa risa de mi pequeña inundó toda la sala provocando que todos riéramos con ella.
-Ota ve papi ota, ota vez- volvió a pedirme y yo seguí dando vueltas con ellas, riendo, sintiéndome vivo por primera vez, después de casi dos semanas como un auténtico zombie.
-¿Qué os parece si nos vamos a cenar para celebrar que estamos todos juntos?-dijo mi padre aún abrazando a Bella, la que , cariñosamente, lo tenía cogido por la cintura dejándose querer -No sabes lo feliz que me siento por tenerte al fin en casa, hija -añadió emocionado abrazándola más fuerte.
-Yo también me siento feliz de estar aquí, con mi familia...- dijo mirándo hacia mí, lo que hizo que mi corazón saltara jubiloso, antes de volver la mirada a mi padre y abrazarse más fuerte a él -Siento mucho todo lo que te he hecho pasar, papá- susurró entristecida.
-Eso ya no importa, todos los padres sufren por sus hijos, hija, yo no iba a ser menos -dijo ofreciéndole una sonrisa antes de besar su frente de nuevo -, pero ahora estáis aquí y eso hay que celebrarlo.
-Por supuesto, esto hay que celebrarlo- secundé besando de nuevo la mejilla de mi pequeña la que no tardó en corresponderme.
-Claro - contestó Bella sonriente -, pero… tendremos que recoger las cosas de Sarah, esta pequeñaja no tardará en colapsar después de tantas emociones.
-Tranquila hija, cenaremos en un restaurante que queda cerca de vuestra casa, así podréis descansar pronto, estarás agotada -le contestó mi padre-. Edward, ¿qué te parece en casa di Marco?
-Perfecto papá.
-Pues mejor adelántate con ellas, os seguiré con mi coche y bajaré las cosas de mi tesoro - dijo soltando a Bella y caminando hacía mí.
- Ven preciosa, dale otro beso grande al abuelo antes de irme -le pidió y mi pequeña no tardó en abrazarse a él.
- Lelo, quelo - le dijo ella provocando que los ojos de mi padre se humedecieran.
-Y yo te adoro, mi tesorito, tú siempre serás mi tesoro - le contestó él.
Bella caminó hasta acercarse a mí y yo no tardé en pasar mi brazo por su cintura para atraerla.
-Te quiero -le susurré antes de besar su sien y sentir como ella pasaba sus manos por mi cintura y también se apretaba.
-Yo también te quiero -me contestó y se estiró para besarme de nuevo. Un pequeño beso que con todo el placer del mundo recibí.
- Anda, ve con tu papá, te veré luego -le dijo mi padre a mi pequeña y me la pasó.
Ahora todo era perfecto, tenía a mi pequeña cogida en un brazo y a mi mujer sujeta por su cintura con el otro, ahora tenía a mi familia conmigo.
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- ¿Cómo te sientes? - me preguntó de pronto mi padre mientras los dos veíamos como Bella se alejaba, con mi princesa en brazos, hacia los servicios para cambiarla.
- Cómo quieres que me sienta papá, me siento feliz, me siento completo, siento que ahora puedo con todo...- le respondí sin siquiera pensarlo.
- Me alegra mucho hijo, ya iba siendo hora de que pudierais estar juntos, mi nieta os necesita a los dos -añadió tomando un sorbo más de su copa de vino.
- Vaya, vaya, veo que los problemas de la empresa no os quitan las ganas de festejar- La desagradable e irónica voz de Maxwell nos interrumpió.
- John - saludó mi padre por pura cortesía; yo simplemente le miré. Nunca me había gustado, pero desde que me había declarado la guerra abiertamente, ya no trataba de disimularlo -. A ti parece que tampoco- contraatacó después -. Te invitaría a sentarte pero tenemos compañía, a parte de que estamos por irnos- continuó; yo por un segundo miré ansioso hacía la zona de los servicios, aunque si de algo estaba seguro, es que no escondería ni a mi futura esposa ni a mi hija de nadie, y mucho menos de él.
-Tranquilo, estoy acompañado, sólo me he acercado a saludar -dijo con esa voz petulante -. ¿Ya se sabe algo de Vulturis? - indagó mirándome fijamente.
-No te preocupes, Maxwell, cuando se sepa algo, tú serás el primero en enterarte -le contesté un tanto amenazante. El encogió sus ojos tentativamente, tratando de leerme. Yo me mantuve firme, hasta que por detrás de él vi que Bella se acercaba hablando distraída con mi pequeña en brazos, lo que hizo que toda mi atención fuese a ellas.
-Ya estamos aquí - dijo sin darse cuenta de que no estábamos solos - Oh, lo …lo siento, no quise interrumpir -trató de disculparse al percatarse al fin de la presencia de Maxwell.
Inmediatamente, tanto mi padre como yo nos pusimos de pie caballerosamente.
-Tranquila hija, no interrumpes nada- contestó mi padre.
-Papii, coge -me pidió mi pequeña que, con carita soñolienta, tiraba los bracitos hacia mí.
-Claro preciosa, ven conmigo - le contesté cogiéndola en brazos, de inmediato mi pequeña se acomodó en mi hombro y con carita cansada comenzó a jugar con el cuello de mi camisa.
-Vaya, no…no sabía que tú…- dijo de pronto Maxwell mirándome con cara de asombro.
-Creo que aún no tienes el placer de conocer a mi prometida, John. Bella, él es el Señor Maxwell, uno de los socios de la empresa- Bella frunció el entrecejo y me miró algo nerviosa. Supuse que su nombre no le resultaba desconocido ya que en la semana anterior le había hablado de él - John, ella es Isabella Swan, mi prometida- dije con satisfacción.
-Es un placer conocerla, Señorita Swan, lo cierto es…-por un momento se pausó pero luego un brillo de malicia recorrió sus ojos - que no tenía idea de que Edward tuviese novia - dijo algo contrariado.
-El placer es mío Señor Maxwell, y es comprensible su desconocimiento, a Edward y a mí nos gusta llevar nuestra relación con discreción. Aunque yo si sé de Usted -le contestó con mucho aplomo, sonreí satisfecho al ver como Bella hacía honor a lo que era, una Cullen; Maxwell la miró con detenimiento, como midiéndola.
-Y esta pequeña que ves aquí…- intervine de nuevo mirando a mi princesa con devoción -es mi hija Sarah.
-Vaya, veo que no has perdido el tiempo - murmuró mirando de nuevo algo conmocionado a la niña que tenía en brazos -realmente se parece a ti, no se puede dudar que sea tu hija.
-Y nunca lo he dudado -contesté con rabia su comentario insolente.
-En fin, he de regresar a mi mesa, ha sido un placer conocerla, Señorita Swan…
-Igualmente Señor Maxwell- le contestó Bella educadamente.
-Ah, Edward, espero que ...-dijo mirando de nuevo a Bella y a mi hija con una cínica sonrisa- la presencia de ellas no te distraigan más de tus obligaciones. Ya las has descuidado bastante -añadió antes de alejarse de nosotros caminando hacia otra mesa.
-Maldito sea...
-¡Edward, calmate!-me reprendió mi padre al ver como me había alterado -No merece la pena, no caigas en sus provocaciones, vas a asustar a tu hija-me pidio tratando de serenarme.
La simple mención de mi hija hizo que mi mirada fuera a ella y suspiré aliviado al ver que, media adormilada, no se había percatado de nada; en cambio Bella se mordia el labio nerviosamente.
-Lo siento Bella, siento que hayas presenciado esto- me disulpé acercándome a ella para llevar mis labios a su sien, tratando de tranquilizarla, ella solo asintió apenada.
No pude evitar seguir con la mirada a Maxwell que se sentó junto una pareja joven que acompañaba a su mujer. Una chica pelirroja y un hombre joven, de aproximadamente mi edad, que miró hacia mí cuando Maxwell llegó y le comentó algo.
-El mundo es un pañuelo, mira que hay restaurantes en Atlanta- comentó mi padre tratando de relajar el ambiente.
-Es por él que tuviste que regresar, ¿no? -se aseguró Bella tomando asiento de nuevo. Mi padre pidió al camarero que trajesen la cuenta.
-Sí - contesté con renuencia, sentándome con mi pequeña que seguía entretenida con el botón de mi camisa - estoy seguro que él tiene que estar detrás de todo esto. Me ha odiado siempre, desde que mi padre dijo en una junta que yo me convertiría en el próximo director general.
-Así es, por eso lo mejor es no entrar en sus provocaciones, no te tomes a mal lo que diga sobre ti hija. Su intención siempre será herir.
-Tranquilo papá, ya Edward me puso al tanto - le contestó y esté no tardó en inclinarse y darle un beso en la frente.
El camarero llegó con la cuenta y mi padre se apresuró a sacar su cartera.
-No, deja papá, yo me hago cargo- le pedí y él asintió sonriente.
- Está bien, pero la próxima invito yo -dijo con una amplia sonrisa -No os libraréis tan fácilmente de mí - dijo a modo de amenaza lo que nos hizo reír.
-No digas eso papá -le contestó Bella acercándose a él y dejando caer su cabeza en su hombro- Yo nunca me querré deshacer de ti -Sonreí al ver el brillo emocionado en los ojos de mi padre.
-Lo sé hija, lo sé -le contestó él besando de nuevo su frente.
Mientras los observaba sentí que mi pequeña se removía, lo que me hizo mirarla.
-¿Tienes sueño? - le pregunté y ella me miró con ojos cansandos asintiendo. Bella también miró hacia ella.
-Mi bebé tiene que estar agotada -susurró Bella mirándola con preocupación.
-Pues entonces, no demoremos más. Será mejor que nos despidamos. ¿Qué os parece que mañana comamos juntos?, así podemos decidir que hacer para la cena. Será nuestra primera cena de Acción de Gracias y no tendremos ni pavo -dijo mi padre con diversión.
-Si, mañana ya vemos como lo hacemos -concordé. Terminé de pagar la cuenta y con mi pequeña en brazos salimos del restaurante.
Era cierto que apenas estaba dos calles más abajo de nuestro apartamento, por lo que le pedí a mi padre que dejase las cosas de Bella en mi coche cuando nos reunimos y dejé el coche dentro del garaje para volver paseando.
Bella abrigó bien a mi pequeña que cansadita reclinó su cabecita sobre mi hombro. Pasé un brazo por la espalda de Bella y la atraje a hacia mí mientras caminábamos.
-Aún me cuesta creer que os tenga aquí - susurré llevando mis labios a su cabeza. Ella no tardó en rodearme por la cintura.
-A mí también- contestó levantando su cara para enfrentar mi mirada -Pero lo estamos, y espero que no nos separemos nunca más -dijo abrazándome con más fuerzas.
-Yo también lo espero Bella, estos días sin ustedes han sido un calvario -le confesé -.¿Crees que extrañará? - pregunté con preocupación señalando con mi cabeza a mi pequeña.
-No lo sé, igual los primeros días, no podría estar segura -me contestó.
-Y tú ¿te siente bien aquí? -de nuevo mi preocupación a flote. No quería que después de todo ella no se sintiese a gusto aquí.
-Supongo que al principio será todo muy extraño, pero estar contigo lo hará más fácil.
-No quiero que te sientas una extraña en casa Bella, desde ahora, todo lo que es mío te pertenece, no te sientas una extraña.
-Lo intentaré -susurró ofreciéndome una sonrisa.
-Te amo.
-Yo también te amo -me contestó e inclinándome le robé un beso.
-Io quelo echo mio -saltó de pronto mi princesa haciéndonos reír a los dos. Definitivamente nada había cambiando y mi pequeña celosilla de nuevo salía a flote haciendo mis delicias.
-Aquí tienes tu beso -le dije antes de llevar mis labios a los suyos -Te amo princesa- le susurré y ella, como si entendiese, me dedicó una sonrisa satisfecha antes de volver a reclinar su cabecita en mi hombro.
Sonreir emocionado al darme cuenta que mi pequeña apenas se había separado de mí desde que nos habíamos reencontrado. Como si necesitase estar en contacto conmigo. Buscando en todo momento la protección de mis brazos. Mi corazón se infló al ser consciente de cuánto me había extrañado y lo imprescindible que me estaba conviertiendo para ella...
Cinco minutos más tardes subíamos por el ascensor hasta llegar a mi penthouse.
-¡Oh Dios mío, es aún mayor que en las fotos!-dejó escapar Bella llevando su mano a su boca mientras la hacía pasar hacia dentro.
-Ya sabes que puedes cambiar todo lo que no te guste- le recordé. Aunque era un apartamento de soltero, no era del todo masculino. Mi madre, durante el tiempo en el que vivió en Atlanta me ayudó a decorarlo, y aunque era minimalista, no dejaba de ser luminoso y acogedor.
-Es hermoso Edward - dijo pasando la mano por los pocos muebles que adornaban el espacioso salón donde destacaba mi piano que quedaba al lado derecho de una acogedora chimenea; frente a ésta y sobre una espesa alfombra, varios sofás de color crema junto con varios sillones, delimitaban lo que era la sala de estar del comedor, donde una gran mesa de roble con hermosos candelabros de plata y rodeada de sillas predominaba como único mobiliario; tanto los muebles como las pinturas que colgaban de las paredes enmarcaban la estancia resaltando el color tierra de las paredes y el blanco tanto de los techos como de las cortinas, que cubrían delicadamente todos los ventanales que daba acceso a una gran terraza que rodeaba todo el penthouse y desde donde se tenía una hermosa vista del Buckhead.
Desde el salón se pasaba a la cocina sólo separada del mismo por una gran barra americana y un arco, haciendo a su vez de acceso a la misma. Toda la cocina estaba equiparada, y aunque no la usaba casi nunca, trataba de tener todo lo que en algún momento pudiese necesitar. También en la parte baja se encontraba mi despacho, mi habitación favorita hasta el momento, donde durante esos dos años de soledad me encerraba para tratar de gastar el tiempo trabajando, y al lado de este un aseo.
Bella miraba todo con asombro -¿Aún tocas? -preguntó acariciando el piano.
-Sólo para relajarme - contesté, y era cierto, aunque era muy diestro con el piano, no me dediqué a él profesionalmente.
-Io quelo, a ve papi - dijo mi pequeña removiéndose entre mis brazos para que la soltase. Sonreí al ver como la curiosidad podía con su cansancio.
-No Sarah, eso no se toca - le regañó Bella cuando mi pequeña fue disparada hacia el piano.
-Déjala Bella, esta es su casa, puede tocar todo lo que quiera -le dije frenándola.
-Pero..y si lo estropea.
-Qué puede hacerle una bebita a un piano tan grande, Bella, déjala que se familiarice con todo; todo lo que hay os pertenece a ambas, no la hagas sentir extraña en su propia casa Bella - le pedí, ella se mordió el labio algo incómoda.
-Lo siento - se disculpó avergonzada.
-Ven acá -dije tirando de ella -. No te disculpes- aparté un mechón de cabello de su rostro y la miré fijamente a los ojos levantando su barbilla -sé que todo es nuevo para ti, y que por más que te diga, necesitarás tiempo para acostumbrarte, sólo, no pienses que a mí me pueda molestar algo de lo que hagas o dejes de hacer. Sólo quiero que seas feliz Bella, que seas feliz conmigo estemos dónde estemos, que te sientas en tu casa.
-Está bien, lo intentaré, aunque...espero que recuerdes esto cuando veas tu flamante apartamento de soltero con juguetes regados por todos lados - se burló lo que me hizo soltar una carcajada. Luego acortó la distancia para besarme de nuevo -. Lastima que tengamos que dormir con Sarah hoy…-susurró con una mueca de disgusto.
-Con ella, ¿por qué con …- pero entonces recordé que ella aún no lo sabía -Mnnn…- gemí sobre sus labios al besarla de nuevo -, cierto, una verdadera lástima teniendo en cuenta lo mucho que te deseo -susurré y no pude evitar morder su cuello. Lo que la hizo gemir y a mí sonreír ansioso por llevarla arriba.
-Tendremos que conformarnos con dormir abrazados -dijo con diversión.
-Ajam -asentí tirando de su labio inferior - aunque…-me separé y miré a mi pequeña que batallaba para subirse a la banqueta del piano -Sarah, mi amor, ¿qué te parece si te muestro cuál será tu habitación? Os tengo una sorpresa- dije mirando a Bella con una sonrisa. Ella elevó las cejas antes de fruncir el ceño.
-¿Sorpresa?
-Ajam- volví asentir antes de besarla de nuevo -, vamos, subamos arriba -le pedí y cogiendo de nuevo a mi pequeña en brazos las guié hasta la que sería la habitación de mi princesa, justo la que quedaba frente a la nuestra.
-¡Oh Dios, mío! -profirió Bella llevándose la mano a la boca en señal de asombro - Es, ¡Oh Edward, es preciosa! -dijo entrando en ella.
-¡Ohhhhhhh!- mi pequeña dibujó una perfecta "O" con su boquita y sus ojos relampaguearon emocionados -. Baja papi -me pidió media hipnotizada. Yo sonreí satisfecho al ver la cara de asombro de las dos y dejé a mi pequeña en el suelo quién corrió mirándolo todo-. ¿E mio papi?- preguntó mirando ansiosa el paquete que había sobre la cama.
-Claro mi amor- contesté adentrándome hasta llegar donde ella estaba -Todo lo que hay aquí es tuyo- le aseguré y tomándola en brazos la senté sobre la cama.
Bella continuaba mirándolo todo con asombro. Lo cierto era que la habitación había quedado hermosa. Pintada, al igual que la que tenía en Forks, de un hermoso color rosa chicle, miles de estrellas de distintitos tamaños iluminaban la estancia. El mobiliario era de manera lacada en blanca con hermosos detalles rosas pintados en ellos. La cama, recubierta por un hermoso edredón rosa tenía un dosel desde donde caía una vaporosa tela de gasa que constractaba con la guirnalda de yedra y flores que enmarcaba el mismo dosel. Había quedado hermosa, era la cama de una princesa de cuento y sabía que mi pequeña sería feliz allí.
La pared que quedaba a la izquierda de su camita estaba recubierta de una gran estantería en forma de castillo que albergaba una multitud de cuentos infantiles y peluches. Debajo de la gran ventana, había una casita de muñecas de madera de un tamaño considerable. Y al lado derecho, a parte del baño privado de mi pequeña, estaba el clóset, dónde Bella podría colocar todas las ropitas de mi princesa.
Una enorme alfombra reposaba sobre el parqué haciéndola más acogedora y calentita.
-¿Te gusta? -le pregunté sentándome en su cama para ayudarla con su regalo.
-Chi papi, mi usta.
-Y a ti, ¿te gusta? - pregunté a Bella que estaba curioseando el baño.
-No tengo palabras, Edward, es la habitación más hermosa que he visto nunca- susurró y caminó hacia donde estábamos nosotros -Gracias - musitó. Yo extendí mi mano y se la ofrecí, ella no tardó en recibirla y tiré de ella hasta sentarla en mis piernas. Sarah gateaba sobre la cama ansiosa por abrir su regalo.
-Mia mami, papi ompó e mio -dijo tomando la caja, hermosamente envuelta - Abe mami, abe- le pedía nerviosa.
Sonreír al oírla, había echado tanto de menos esa vocecita que no podía dejar de mirarla. Mi pequeña le entregó el paquete a su madre y ansiosa comenzó a tirar del papel. Bella, aún sobre mis rodillas, casi se veía más entusiasmada que ella y ayudó a nuestra pequeña a desenvolverlo.
-Ohhhhh- volvió a exclamar mi pequeña al ver una hermosa muñequita vestida como una princesa, la que no tardó en abrazar -mi queca papi, mi pinchecha -Yo sonreí satisfecho al ver como a mi pequeña le brillaban los ojos.
-Es muy bonita Edward, pero… esto es demasiado -dijo señalando todo a su alrededor - no era necesario…
-Shhhhss -la hice callar llevando mi dedo índice a sus labios - Todo es poco para mi hija Bella, déjame consentirla, déjame disfrutar de ver como brillan sus ojos - le pedí y ella me sonrió pasando uno de sus brazos por mi cuello, yo la mantuve sujeta por su cintura.
-Eres un gran padre, Edward, Sarah es afortunada por tenerte.
-Gracias…-le contesté emocionado y vi como mi pequeña, que sin duda estaba exhausta, se había acomodado sobre la almohada y parloteaba distraída con la princesita - Mírala -le dije a Bella para que se fijara en ella - como no nos demos prisas se quedará dormida.
-Tienes razón, voy por la bolsa, ahí le tengo un pijamita, ya mañana subimos el resto…
-Tranquila, tú acomoda a la niña, yo iré a por vuestras cosas, enseguida regreso.
-Pero…- trato de protestar.
-Vuelvo enseguida- le aseguré dándole una palmadita en su trasero para que se levantase.
Corrí hacia el salón y no tardé en regresar con la bolsa de mi pequeña - Toma, aquí tienes lo de Sarah, bajaré por las maletas.
-Edward - me llamó antes de cruzar la puerta, me giré y sonreír al verlas a las dos sobre la cama, aún me costaba creer que las tenía aquí, conmigo -, me alegro de haber venido -dijo algo emocionada. Aunque mi intención era irme, al oírla no pude evitar regresar a su lado y ahuecar su rostro entre mis manos.
-Te aseguro que yo me alegro más -le aseguré y acortando la distancia uní mis labios con los de ella.
-Mami onmí- se quejó mi pequeña restregándose un ojito.
-Enseguida cielo - le respondió Bella antes de acortar de nuevo la distancia que nos separaba para unir una vez más nuestros labios.
De nuevo abandoné la habitación y corrí para llegar cuanto antes al garaje. Cogí las dos maletas y el neceser de viaje, y haciendo verdaderos malabares, regresé para dejar la que supuse era la maleta de Bella en nuestra habitación. Luego volví a la habitación de mi pequeña y vi que Bella ya la había cambiado y le contaba un cuento mientras mi pequeña cerraba sus ojitos chupando su chupete y abrazándose por un lado a la nueva princesita y por otro al pequeño pony que le había regalado en Forks.
-Déjala en el clóset, Edward -susurró Bella dejando un beso en la frente de mi pequeña antes de levantarse de la cama. Dejé la maleta donde me indicó y al regresar vi que trataba de poner almohadones a su alrededor.
-¿Qué haces, mi amor? - le pregunté abrazándola por la cintura deteniendo su movimiento.
-No puedo dejarla sin protección, Sarah podría girarse y caer -trató de explicarme como si no me hubiese dado cuenta.
-No es necesario, mira - recogí un poco la colcha y elevé dos barandillas que impedirían que mi pequeña cayese.
-Oh, eso es perfecto, ahora parece su cuna -dijo Bella más tranquila.
-Ven, vamos a nuestro cuarto, ella estará bien y tú también te ves agotada - le sugerí tirando de su mano.
Bella entró en la habitación un tanto dudosa -Esta no me ha dado tiempo a cambiarla, pero ahora que estás aquí, podrás ponerla a tu gusto.
- Oh, no… no… Es perfecta - dijo entrando en la habitación.
Era una habitación espaciosa y contaba con su chimenea propia, una gran cama presidía la estancia, y a cada lado sus respectivas mesitas de noche; en la pared de la izquierda y recubierta por unas cortinas de seda de un delicado color plateado a juego con el edredón que cubría la cama, había un cierre grande que daba acceso a una de las terrazas, al otro lado, a parte de un tocador, que nunca había usado, estaban el vestidor y el baño.
-Es…es tan grande - dijo mirando todo fascinada.
-Bueno, es lo que tiene un penthouse de lujo, tiene pocas habitaciones pero son enormes -dije con diversión acercándome a ella y abrazándola desde atrás -Aunque, hasta ahora no parece una habitación cálida, siempre me resultó fría- Noté como ella se dejaba recaer sobre mi pecho y suspiraba; yo aproveché para besar su cuello -¿Estás muy cansada? - susurré sobre su piel.
-Un poco - contestó, un pequeño gemido de satisfacción escapó de su garganta- aunque prefiero seguir disfrutando de ti -dijo volviéndose y pasando sus manos por mi cuello para después besarme lenta y candentemente, lo que me hizo gemir en su boca.
-Sabes, creo que sé la manera de hacer que descanses sin dejar de estar conmigo.
-A sí, me gustaría comprobarlo, Señor Cullen - me retó mordiendo mi labio inferior, lo que me hizo sisear de placer.
-Aún no has visto el baño, ¿verdad? - le pregunté y ella frunció el ceño separándose de mí.
-Qué…-apenas llegó a decir antes de que la sorprendiera tomándola en brazos -¡Ahh!-gritó al verse en volandas.
-Esta siempre ha sido una de mis fantasías, amor -le susurré antes de fundirme en sus labios mientras caminaba hacia el baño de nuestra habitación -. Hacerte el amor en mi hidromasaje.
-Oh,Dios mío, Edward...me vas a matar...
Continuará…
N/A: Ahhhhh! lo sieennnnto, se que de nuevo no tengo perdón de Dios por dejaros así, pero... ¡ya iban 22 pg de works!, ni modo...así que..mis queridas pervers...jajajajjaa a esperar al próximo. Además, creo que Edward estaba tan conmocionado por volver a tenerlas que ni en eso pensaba...hasta ahora, claro ;)
Espero que os haya gustado, ya me lo haréis saber.
Gracias a todas por todo vuestro apoyo y por estar siempre ahí acompañandome a traves de vuestros rr, de verdad que significan mucho para mí. Gracias muy especialmente a:
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Espero que no se me haya olvidado nadie, si es así, háganmelo saber. Y me repito, es tan lindo ver como la lista sigue creciendo... No sabéis cuánto os agradezco vuestra presencia. Bienvenidas todas las que os incorporáis a la historia.
Gracias también a todas las que me añadís a favoritos y alertas,y a las lectoras silenciosas. Gracias preciosas.
También me gustaría compartir con vosotras mi alegria por un aviso que me llegó a mitad de semana y que me hizo sumamente feliz. Dos de mis historias han sido nominadas por las lectoras de (FFAD) a "The Next Book 2012" Un concurso donde vosotras votáis para elegir que Fic os gustaría ver convertido en libro. ¡Dios! en serio, estoy tan emocionada que no puedo más que compartirlo con vosotras ya que tanto esta historia como "La chica del rincón" están ahí gracias a vuestro apoyo. Aquí os dejo el link del blog donde podreís seguir las votaciones.
http :/premios-ffad(punto) blogspot(punto)com/
(recordar quitar los espacios)
Ahora sí me despido, que vaya que he venido con ganas de hablar...ajajaja, un besazo a todas, especialmente a mis Reques que me han soportado incluso febril..ajajajajjja. Hasta el próximo miércoles, guapísimas.
Besitos.
/(^_^)\ saraes.
