Disclairme: Los personajes principales no me pertenecen son de , yo solo sueño con ellos.

Hola chicas, lamento muchísimo el retraso, pero de nuevo la salud me está jugando una mala pasada. Lo siento. Espero que me excuséis si hoy solo dejo el capi, pero no puedo estar tanto tiempo delante del portatil. Lo lamento mucho, espero que lo disfrutéis.

Un abrazo a todas y hasta el próximo miércoles.../(;_')\ si Dios quiere.


"Secreto de una traición"

Capítulo XXIX

No podía dejar de mirarla; desde que habíamos salido de la oficina se había convertido en mi pasatiempo favorito, me sentía totalmente cautivado por ella…

Me resultaba imposible dejar de admirar su hermoso cabello castaño que, mostrando delicadas ondas, enmarcaba de una manera tan juvenil sus hermosas y sutiles facciones.

Nada era excesivo en ella, como si toda ella fuera perfecta; sus cautivadores ojos color café, tan expresivos siempre, enmarcados por esas sugerentes y espesas pestañas; esa pequeña nariz salpicada por esas, casi inapreciables, pequitas, que la hacían parecer tan adorable; sus sonrojados labios, esos labios que era continuamente una tentación para mí; su tez blanca casi siempre coloreada por ese tímido rubor, consecuencia de su propia timidez, absolutamente hermosa…

Sentía como mi corazón saltaba pletórico cada vez que oía su risa despreocupada, dibujando esa perfecta y hermosa sonrisa en sus labios, mientras hablaba divertida con mi padre o prestaba atención a cualquier gracia de mi pequeña; cada vez que oía su voz aunque me estuviese regañando por consentir demasiado a mi hija; cada vez que veía ese brillo que tintineaba en sus ojos cuando se cruzaban nuestras miradas; o simplemente ver como se sonrojaba antes de sonreírme al pillarme observándola; no, definitivamente no podía dejar de mirarla.

Habíamos pasado demasiado, y habíamos perdido mucho tiempo… pero ahora, que la veía sentada a mi lado compartiendo una divertida y amena comida en familia, es que me daba cuenta que era real; así debió de ser siempre, ese era su lugar, ella siempre debió ocupar ese lugar entre mi padre y yo, sintiéndose amada, adorada y protegida por ambos…

- Papi, ya omio - La dulce voz de mi pequeña hizo que apartara la vista de Bella y la mirara a ella que, sentada en mi regazo, me miraba con sus vivaces ojos y toda la cara manchada de chocolate, de la tarta que estábamos compartiendo como postre. Sólo mi princesa podía conseguir que apartara la vista de su madre.

- ¿Qué? - Ella me sonrió más ampliamente, mostrándome así sus cuatro dientecitos lo que me hizo sonreír en el acto.

- Ya omio papi, ¿amo ompa usario? - me preguntó impaciente, el brillo de sus hermosos ojos me hacían ver lo entusiasmada que estaba por eso.

- Ahh… cierto, ya has comido- dije tomando mi servilleta para limpiarle su boquita - pero tendremos que acabar todos ¿no? - le contesté y no pude evitar llevar mi frente a su frente, ella apresó mi cabello y me dio un beso, entre risas, en la punta de mi nariz, lo que hizo que riera enternecido.

-¿Y vosotros qué os traéis? - preguntó Bella divertida recuperando así mi atención.

- Esta jovencita, que nos ha salido impaciente - contesté y Bella frunció el ceño -, está ansiosa por ir a comprar su dinosaurio -los ojos de Bella rodaron negando con la cabeza.

- Ya te dije, tú sigue así Edward y después no podrás negarle nada - me reprochó.

De pronto su móvil comenzó a sonar, en un principio me extrañó ya que ella aquí no conocía a nadie, pero luego pensé que seria Alice, incluso Jacob, ya que no me constaba que hubiese hablado con ninguno de ellos.

Ella se apresuró a tomarlo y al mirar la pantalla se sorprendió.

-¿Rosalie? -preguntó un tanto sorprendida. Ella comenzó a escuchar lo que Rose le decía y comenzó a asentir, incluso comenzó a sonreír…

- ¿Qué ?- le pregunté curioso tratando de enterarme de algo, ella sólo movió la cabeza despreocupadamente mientras seguía escuchando a Rose.

- Me encantaría Rose, no te sientas mal, ahora mismo iré, espera un segundo…- le pidió y comenzó a buscar un libreta y un bolígrafo en su bolso - Sí, dime - le pidió y comenzó a apuntar algo en la libreta. Yo la miraba un tanto intrigado, incluso mi padre me dio una mirada interrogante y yo sólo me encogí de hombros..

- Io quelo mami, ame io quelo pinta- comenzó a decir mi pequeña tratando de alcanzar la libreta de Bella…

- No cariño, espera - le pidió Bella y siguió anotando - De acuerdo, nos vemos ahí, hasta luego - se despidió cortando la llamada, pude ver como de nuevo le brillaban los ojos…

- ¿Qué quería Rose? - pregunté ya ansioso por saber. Ella me miró y amplió su sonrisa.

- Me ha pedido ayuda para terminar de preparar la cena, contaba con Emmett pero al parecer le ha surgido algo- comentó.

Yo no pude evitar mostrar algo de decepción en mi cara. Tenía planeado ir con ella a comprar los juguetes de Sarah, pasar la tarde juntos antes de ir a casa de Emmett.

-¿Edward? - me nombró algo preocupada - No te importa, ¿verdad? - me preguntó y en sus ojos pude ver como se sentía algo culpable.

De pronto me sentí idiota, ¿qué estaba haciendo? no podía hacerla sentir mal por algo tan insignificante, tendría muchas tardes para compartir con ella desde hoy. Le sonreí y llevé una mano a su mejilla para acariciarla.

-No, claro que no, amor - le contesté y ella me sonrió, de nuevo sus ojos brillaron.

-Gracias - susurró llevando su mano hacía mi mano recibiendo cariñosamente mi caricia -, me gusta mucho la idea de poder ayudar con la cena, es importante para mí preparar la cena para mi familia- dijo mordiéndose el labio.

Una vez más me sentí idota, cómo no había pensando en eso, era comprensible que ella quisiera participar, así era ella, estaba seguro que se sentiría incómoda si no participaba de cualquier forma.

- Te amo -le susurré no importándome que mi padre estuviese de testigo, tenía demasiados "te amos" acumulados en esas semanas que estuvimos separados deseando ser pronunciados.

- Yo también te amo - me contestó y se inclinó apoyando su cabeza en mi hombro, enseguida mis labios se posaron en su sien.

-¿No amo ompa usario? - preguntó de pronto mi pequeña con el atisbo de un pucherito en sus labios..

- Oh, no princesa, no llores, claros que vamos a comprar tu dinosaurio -Le contesté y sentí como ella se dejaba caer en mi pecho mimosamente.

- Claro mi amor -le reiteró Bella - ¿Qué os parece si volvemos a casa, así puedo cambiarme de ropa y arreglarte a ti, y luego me dejáis en casa de Rose, antes de que os vayáis a por los dinosaurios? - preguntó y mi niña se removió ansiosa entre mis brazos.

-Chii mami, chiiii, io quelo usario dosa -dijo aplaudiendo.

-¡Un dinosaurio rosa! -exclamé con los ojos abiertos de par en par provocando que mi padre rompiera en carcajadas - ¿Existe los dinosaurios rosa? - mi padre incrementó su risa y vi como Bella se mordía el labio para impedir reírse…

Lo que jamás me iba a imaginar yo era la aventura que estaba por vivir con mi pequeña entrando en aquella inmensa tienda de juguetes…

Después de cambiarnos todos preparándonos para la cena, dejamos a Bella entusiasmada en casa de Rosalie con algunas compras que había hecho por el camino, mi padre y yo fuimos con mi pequeña a la caza de esos dinosaurios, en especial uno rosa.

Nada más aparcar a la puerta de aquel paraíso para los niños, mi pequeña comenzó a moverse inquieta, entusiasmada, totalmente ansiosa por bajarse de mis brazos e ir corriendo hacia los miles de estantes repletos de juguetes de todos los tipos…

-¡Ahhhhhhhhhhhh, code papi mia , io quelooooooooooooooo! -comenzó a grita soltándose de mi mano para irse a una estantería repleta de muñecas…

-Sarah, ¿no era que querías un dinosaurio? - le pregunté y enseguida mi pequeña comenzó a mirar con pena la caja de unas pequeñas muñequitas.

-E po-ichi, papi- dijo como si eso lo explicara todo. Yo miré la caja, eran unas graciosas haditas con hermosos cabellos de colores a conjunto con sus trajecitos y con unos enormes ojos. No puede evitar comparar sus caritas con la de mi princesa, ya que sus preciosos y enormes ojos, a su corta edad, destacaban deslumbrantes en su carita como la de esas pequeñas hadas...

-Ahhh…-balbuceé, no podía soportar la carita triste por el dilema que estaba teniendo de elegir entre esas "Pop Pixies" o su dinosaurio, y no es que no pudiera permitirme cómprale los dos, pero cualquiera aguantaba a la madre…

-¡Demonio! -exclamó de pronto mi padre justo a mi lado - ¡por Dios, no es más que un juguete!, cógelas preciosa, éstas te las regala el abuelo - le dijo a mi hija quién inmediatamente se abrazó a la pierna derecha de mi padre y comenzó a decirle "achia lelo" de lo más contenta.

Yo sonreí al verlos incluso suspiré aliviado, ahora la culpa la tenía mi padre y yo me quitaba la desazón que me dejaba la carita triste de mi pequeña…

Seguimos recorriendo los pasillos en busca de los dinosaurios, podía ver como a Sarah se le iba los ojos detrás de todo lo que veía, a veces gritaba entusiasmada soltándose de nuestras manos para señalárnoslo, y por supuesto, mi padre no dudaba en cogérselo, tanto era así, que habíamos tenido que usar una cesta para cargar con todo. Yo sólo reía imaginándome la cara que pondría Bella al ver a parecer a mi pequeña con todo lo que habíamos comprado.

Finalmente dimos con los dinosaurios; mi pequeña chilló entusiasmada al ver, exactamente, el mismo dinosaurios que había malogrado a Adam, otro más que se fue a la cesta, y después de mirar concienzudamente, cosa que nos hizo reír a mi padre y a mí por la expresión de su carita, acabó cogiendo dos dinosaurios más.

-Ete io pesto a Ada -dijo la diablesa, no pude evitar morder mi labio al ver como ella pretendía que fuera Adam quien le pidiese a ella. Era lista mi hija, demasiado lista para su edad, pensé orgulloso.

Cuando íbamos caminando hacía el aparcamiento no dejaba de reír al ver a mi consentidora ¡Dios, estaba para comérsela! Aunque Bella me iba a matar, lo empezaba a asimilar, de esta no me salvaba nadie.

Pero no podía evitar disfrutar del momento…

Dejando a tras el susto que nos llevamos cuando se separó de nosotros y, por unos larguísimo cinco minutos mi pequeña estuvo desaparecida, provocando que tanto a mi padre como a mí estuviera apunto de darnos un infarto, para encontrarla luego, después de haber puesto a todos los empleados y guardias de seguridad en movimiento, como si de un estado de sitio se tratase, en la sección de los adornos de princesas de lo más feliz…

Salvando eso… ver a mi pequeña caminando con ese peculiar balanceo de trasero respigón a causa de su pañal, con unas alas lilas con purpurina a su espalda; según ella, también era una pop pixie; una corona de princesa adornando su hermoso cabello, junto a una diadema que la hacía tener dos antenas plateadas en la cabeza, como si fuera una hormiga, princesa, claro está; unas gafas en forma de corazón de color rosa que le abarcaba casi toda la cara, y una ristra de collares de perlas de plástico color plateado colgados de su cuello, con, por supuesto, un bolso de lentejuelas rosa colgado de su brazo… Definitivamente bien merecía un castigo por parte de la madre.

Pero después de todo, era comprensible, ¿no? Pensé intentando convencerme a mí mismo. Como dijo mi padre, tratando de justificar el que le diera a su nieta todo lo que pedía por su boquita, íbamos a la casa de Emmett, allí todo los juguetes eran de niño, así Sarah tendría con que jugar… Bella tenía que entenderlo.

-¡Oh Dios mío! ¡Rose, Bella, venid, corred! -gritó Emmett cuando nos abrió la puerta…- ¡Te van a a matar, Cullen, de esta no te libras! -dijo carcajeándose dándonos paso hacía su enorme salón.

- Hola eme ¿y Ada? - preguntó mi pequeña con su aguda vocecita mirándolo a través de los lentes rosas de sus gafas, más cómica aún porque me había obligado a ponerle los tacones de fantasías que venía junto a la corona y las joyas de princesas y que le quedaba tan grande, que sus pies sólo ocupaban la mitad del zapatito.

-¡Qué! ¿qué pasa? - llegó Rose con cara de preocupación portando un trapo en la mano…-Oh Dios mío, pero…pero… ¡Bellaaaaaaaaaaa, deja el puré y ven al salón! - le gritó Rose antes de romper en carcajada.

De pronto comencé a ponerme nervioso, por más que iba haciéndome a la idea, la reacción de estos dos malditos no auguraba nada bueno, no parecía más que estaban deseando que Bella llegase sólo para que me matase delante de ellos. ¡Malditos! Tragué en seco y miré con reproche a mi padre.

- La culpa es tuya -siseé con reproché achicando los ojos; él, totalmente satisfecho y divertido, viendo a su pequeña nieta seguir caminando repiqueteando en el parqué con su balanceo, rió moviendo la cabeza.

-¿Qué pasa, por qué tanto revuelo? -llegó diciendo Bella que al entrar en el salón se quedó totalmente quieta mirando a mi hija con una expresión de total asombro en su cara…

-Pe…pero…- balbuceo sin dejar de mirar a mi pequeña.

-Mía mami, mia que apa toi, io po-ichi, io tatone ,mia -dijo levantando su piernecita derecha enseñándole orgullosa así el zapato de tacón.

-Dios Bendito - susurró llevándose la mano a la boca. Vi como trataba de esconder una sonrisa, y no era para menos, Sarah estaba de lo más graciosa y adorable, aunque a los pocos segundos Bella enfrentó mi mirada - Edward Anthony Cullen,¡por el amor de Dios!, ¿le has comprando toda la tienda? - me reprochó mirándome con los ojos desafiantes.

-Ah….yo…no me culpes Bella - balbuceé al ver la intensidad de su mirada, giré la cara al oír las risas amortiguadas de Rose y Emmett y los miré con desprecio - La culpa es de tu padre -dije haciendo una mueca con la cara casi esperando un grito..

-¡Cómo! ¡Ahora vas a culpar a su abuelo!, ¡tú eres su padre! - me reprochó…- Y papá, ¿cómo has podido hacer eso, no veis que la vais a malcriar? -dijo esta vez mirando con el ceño fruncido hacia mi padre.

Yo tragué en seco, entendía a Bella, pero no eran más que juguetes y es nuestra bebé, tampoco era para tanto… De pronto vi que mi padre caminaba para ponerse frente a ella y la tomó de los hombros para que lo mirara.

-Por más que te molestes, hija, no dejaré de consentir y malcriar a mi nieta, ve haciéndote a la idea - Bella lo miró frunciendo el ceño - La vida me privó de vivir todo esto contigo Bella, no me no me niegues la oportunidad de vivirlo con mi nieta, es como si te estuviese consintindo a ti - Un nudo se me formó en la garganta cuando vi que la cara de Bella cambiaba de expresión y sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas…

-Papá…- musitó y él no tardó en estrecharla fuertemente en sus brazos.

- No te molestes por estas tonterías, mi pequeña, y créeme, Edward por un segundo trató de impedírmelo, así que… no le hagas sentir mal por esto. El será un gran padre, te lo aseguro -intercedió por mí.

Bella apresó en puños la tela de la chaqueta de mi padre apretándose más a él

-Ay por Dios, yo mejor voy a ver el pavo -dijo Rose con voz temblorosa antes de dejarnos en el salón

Me giré y pude ver que incluso Emmett trataba de mirar hacía otro lado algo emocionado.

-Lo siento papá, no debí reaccionar así, tienes derecho a consentilar y malcriarla, eres su único abuelo -dijo Bella conciliadoramente.

-Gracias preciosa, no esperaba menos de ti - le contestó dándole un beso en la frente.

-Papi, ¿y Ada? ¿onde etá Ada? - me preguntó mi pequeña tirando de la pierna de mi pantalón.

-Adam está en su habitación, voy a por él -contestó Emmett por mí y salió en busca de su pequeño..

-Papi, ame usario, io doi ¿chii? -dijo sonriente, no podía dejar de reír cada vez que la veía con esas pintas.

Después de aquel emotivo momento, la velada se volvió de lo más divertida siendo nuestros pequeños los culpables de las mayorías de las risas.

Fue hermoso ver como Sarah se acercó a Adam, que con cara de pocos amigos bajó de su cuarto, y se inclinó graciosamente para que la mirase y pedirle perdón, en su peculiar idioma que solo lo entendía ella y que hizo a Adam reír por lo graciosa que se veía, aparte de lo que brillaron sus ojos cuando Sarah le entregó su nuevo dinosaurio, ahí enterraron el hacha de guerra y comenzaron a jugar juntos, eso sí, después de que Adam consiguiera que su madre lo disfrazara a él de pirata también.

- Coge papi, code Ada mi pilla, code, code -Mi corazón bombeaba entusiasmado cada vez que oía a mi pequeña venir corriendo entre risa y repiqueo de tacones porque Adam la perseguía para refugiarse en mis brazos. Su risa burbujeante y fresca, era toda una sinfonía para mis oídos.

Una hora más tarde todos degustábamos una exquisita cena, a base del típico pavo relleno que Emmett trinchó orgulloso, las judias verdes y el puré de patatas, sin contar con los distintos dulces que sumaron el menú. Rose y Bella se veían radiantes y satisfechas viéndonos disfrutar con sus platos. Reían y bebían mientras charlaban divertidamente.

Yo no me podía sentir más feliz. Sentirla a mi lado, poder inclinarme a ella y susurrarle lo hermosa que estaba a su oído antes de besar su cuello, o tomar su mano sobre la mesa provocando que me mirase algo ruborizada pero feliz. No, definitivamente no podía sentirme más feliz de lo que estaba en este momento, tenía por fin a mi mujer conmigo y esta vez para siempre…

-Te ha quedado exquisita -susurré al oído de Bella, elogiando su tarta de calabaza. Ella se giró y clavó sus chispeantes ojos en mí con una amplia sonrisa..

-Me alegra que te haya gustado, amor - dijo con una voz chisposa, no pude evitar sonreír al ver como se había relajado en la cena y estaba tomando más vino de lo que ella estaba acostumbrada, provocando así su risa fácil y unos comentarios chisposos que Emmett no desaprovechó, casi obligándola a contarles, para vergüenza mía y diversión del resto, todo lo que hice durante mi estancia en Forks, primero para que me aceptase de nuevo y luego para que se casase conmigo.

-¡No me lo puedo creer!- exclamó Emmett carcajeándose - Usaste a tu hija para convencer a la madre -su risa se hizo más sonora aún.

-Mismamente -siguió contando Bella con esa risueña voz y sus ojos brillosos - ¿Cómo es que decía? -se paró a pensarlo unos segundo, yo rodé los ojos armándome de paciencia - A sí… "Achate con papi" - dijo imitando la voz de mi pequeña -… me gritaba una y otra vez saltando sobre mi cama, durante el desayuno, incluso se hacían fotos con el móvil, por cierto- dijo mirándome divertida -, ¿cómo consigues que haga todo lo que quieres? -preguntó medio reprochando - Mi hija fruncía el ceño y ponía pucheros para las fotos pidiéndome que me casara con su padre. ¿Os lo podéis creer? ¡Es un auténtico manipulador! - gritó divertidamente - Aunque finalmente le gané - dijo guiñándome un ojo, yo sonreí negando con la cabeza recordando el momento -Cuando me pidió de nuevo que me casara con él en la fiesta de cumpleaños de mi amiga, tocando esa canción tan hermosa, sabía que ya no podría decirle que no, estaba demasiado emocionada y lo quería tanto -apreté su mano ante el recuerdo -pero esperé a las doce y un minuto y así no pudo conseguir su propósito de conseguir mi sí antes de que acabase el día -dijo después con una gran risotada.

-No me jodas, ¿es eso cierto? -me preguntó Emmett carcajeándose.

El resto no paraba de reír, y gracias a mi achispada prometida Emmett iba a tener bastante material para sus burlas los próximo veinte años.

Ya bien entrada la noche y después de haber disfrutado como hacía mucho que no lo hacía, nos despedimos para regresar a casa. Bella no dejaba de reír en el coche mientras mi princesa dormía en su sillita, una hora antes había caído sobre el sofá de Rose aún con la mitad de los abalorios puestos. Ella nos ofreció dejarla allí, para no despertarla, la acomodarían en la habitación de Adam, pero Bella se negó, incluso yo lo hice, no era necesario y no me gustaba la idea de amanecer sin mi pequeña en casa, bastante había tenido con ese maldito sueño.

-¿De qué te ríes?- le pregunté divertido deseando saber que le hacía tanta gracia, aunque me imaginaba que su estado era además consecuencia de ese pequeño abuso con el vino.

-De nada, sólo rio, me siento feliz -declaró girándose en el asiento y acercándose peligrosamente a mí - tengo ganas de morderte -susurró sobre la piel de mi cuello lo que hizo que me estremeciera, para después sentir como clavaba sus dientes ahí y luego pasaba su lengua lamiéndome…

-Bella, por Dios -murmuré cuando, involuntariamente y como acto reflejo, mi pie presionó el acelerador - nos vamos a matar, más vale que te estés quietecita - le sugerí intentando controlarme ya que ese simple gesto me había despertado completamente.

Ella rió más fuerte pero volvió a su asiento. No pude evitar mirarla de soslayo, ella permanecía con su vista al frente y sin borrar la sonrisa de su cara, ¡Dios, era tan hermosa! Presioné con más fuerza el volante intentando mitigar el deseo que en esos momentos me estaba consumiendo. Sin tan sólo supiera lo que provocaba en mí…

Gracias a Dios, en veinte minutos llegamos a nuestro apartamento. Cargué a mi princesa hasta su cuarto y junto a Bella la cambiamos para ponerle su pijamita y acostarla.

-Se ha divertido mucho -murmuró Bella sin dejar de mirarla, había tanto amor en su forma de mirarla que me estremeció - Gracias Edward, ha sido un día inolvidable para las dos -declaró y llevó sus manos a mi cintura para abrazarse a mí. Yo no tardé en pasar mis brazos por su espalda y estrecharla con fuerza.

- Te amo - le susurré y llevé una de mis manos a su barbilla para hacer que me mirase y así poder besar sus carnosos labios.

Por unos minutos estuve deleitándome con ellos, degustándolos, mordiéndolos, lamiéndolos -Eres exquisita- susurré sobre sus labios apretándola más a mí haciéndole notar el estado en el que me encontraba…

Ella rió sobre mis labios, lo que me hizo sonreír -Mmmm…-gimió - está usted muy duro, Señor Cullen, ¿quiere qué le ayude a relajarse?- susurró la muy desvergonzada bajando una de sus manos de mi cintura para acariciar mi miembro sobre la tela del pantalón.

Un gruñido se escapó de mi garganta al sentirla. Y ella comenzó a reír al ver mi estado.

-Creo que necesito una ducha, Señor Cullen -susurró llevando sus labios de nuevo a los míos y pasando sus brazos por mi cuello - déme unos minutos para refrescarme, ¿sí? - me pidió coquetamente. Yo por unos segundo sopesé la posibilidad de ducharme con ella, pero tenía que ser consciente, Bella estaba algo tomada y el vapor del agua junto a un prometido demasiado excitado, no era una buena combinación para ella.

-Por supuesto, futura Señora Cullen - le susurré mordiendo su labio antes de separarme -, aprovecharé para ir a mi despacho a revisar el correo.

-Fantástico- contestó risueña demasiado entusiasmada, lo que me hizo fruncir el ceño.

-¿Bella? - la llamé tratando de averiguar que pasaba por su cabecita..

-Ve, te prometo no quedarme dormida - contestó y comenzó a empujarme para que saliese de la habitación.

-Te aseguro que eso no será un impedimento para mí, preciosa - le contesté con la voz ronca lo que hizo que se mordiera el labio antes de dedicarme una mirada cargada de deseo.

-Ah…ducha…sí, creo que me voy a la ducha -balbuceó y se separó de mí para entrar a nuestra habitación. Yo me carcajeé al ver como huía como un conejito asustado cuando quería aparentar ser una tigresa, Bella podía desinhibirse cuando estábamos en pleno acto pero antes, o después, su timidez siempre hacía acto de presencia, algo que me encantaba.

Mientras bajaba a mi despacho me quité la chaqueta y me desabroché los tres primeros botones de mi camisa, y también los puños los que remangué un poco, necesitaba estar cómodo. Me serví un coñac y me senté dejándome caer pesadamente sobre el sillón. Me incorporé y prendí mi portátil. Aunque era el día de Acción de Gracias, el resto del mundo seguía girando y como esperaba, tenía la bandeja de entrada a rebosar de correo.

Comencé a mirar uno por uno: propuestas, notificaciones, invitaciones a eventos; sonreí al ver el mensaje recibido por la agencia de Viaje, y era algo que tendría que hablar con Bella. Ahora que estaba aquí, podíamos volver a fijar otra fecha para nuestra boda, necesitaba esa seguridad, aún me sentía expuesto sin ella…

Sin darme cuenta me sumergí en el trabajo; aunque sólo era una lectura rápida había tantos que me entretuve demasiado. Y fue precisamente la voz de mi preciosa mujer la que me hizo desconectar de él.

- Creí que subirías enseguida -me reprochó, pero su voz no sonaba molesta sino melosa; mis ojos volaron a ella para ver que me miraba mordiéndose el labio apoyada del marco de la puerta…

¡Dios bendito! Tragué en seco. No daba crédito lo que veían mis ojos. Bella estaba enfundada en un pequeño camisón de encaje negro, que…¡por el amor de Dios! No dejaba nada a la imaginación...

Mis ojos, incapaces de dejar de detallarla, comenzaron a devorarla pasando de su hermoso rostro a sus senos, unos que apenas se traslucían por una tela algo más opaca, pero que dejaba apreciar la sombra de esos exquisitos pezones, que desde la distancia que nos separaba, podía notar erguidos.

Pasé mi lengua por mis labios inconcientemente sólo de pensar en enroscarla alrededor de ellos, de lamerlos, morderlos, hasta hacerla gritar…

Seguí bajando mi vista y mi estómago se contrajo al ver su piel dibujada por el encaje negro, ¡Dios! esto estaba siendo demasiado para mí, mis pantalones me apretaban dolorosamente.

Aún así seguí con mi escrutinio y la boca se me secó al ver ese minúsculo tanga que apenas la cubría. Apreté mis manos en puños al sentir como mi sexo vibraba y comenzaba a humedecerse. Dios, estaba demasiado excitado…

Pero cuando parecía que ya no podría sentir mas deseo por alguien, la muy diablesa se separó de la puerta y se volteó, mirándome primero por sobre sus hombro con una sonrisa satisfecha, para cerrar la puerta..

-Dios Bendito… - esta vez mi voz salió ronca, con un exceso de excitación que rayaba lo vergonzoso, pero juro que lo que estaba viendo mis ojos era la imagen más erótica, hermosa y sexy que había visto en toda mi vida.

Todo el camisón cubría su espalda desde la mitad de ésta hasta poco más abajo de sus glúteos y apenas podía apreciarse el hilo del tanga, lo que la hacía parecer totalmente desnuda bajo él. Estaba literalmente babeando por mi mujer y su trasero…

Ella se giró y comenzó a caminar sensualmente a pesar de estar descalza, hasta rodear la mesa. Yo, inconcientemente, empujé el sillón hacía tras, deseaba tenerla justo delante de mí y le hice hueco.

Ella sonrió y entendiendo mi deseo se colocó entre mis piernas y se dejó caer de la mesa, aún de pie, sólo apoyándose en ella…

- Bella, estás…estás…- ¡coño qué le digo! Que está que rompe, que está tan sexy que me provoca arrancarle ese camisón con los dientes…¡qué!, sin llegar a parecer del todo desesperado por follármela…

- ¿Cómo estoy Edward? - susurró inclinándose un poco a mí para llegar a mi oído -Dime amor, cómo estoy… - me pidió antes de morder el lóbulo de mi oreja para después darle una lamida.

Yo cerré los ojos y llevé mis manos a sus muslos mientras sentía un escalofrío estremecer todo mi cuerpo.

- Estás que me matas - le contesté casi en un gemido antes de llevar una de mis manos a su nuca y, desesperado, atraerla a mí violentamente. Pero necesitaba besarla, por Dios que necesitaba sentir sus labios, su lengua, su sabor, su humedad - Dios, Bella…me vas a volver loco - susurré clavando mis dedos en sus nalgas.

Ella siseó de placer lo que provocó que mi sexo aún creciese más. ¿Es qué eso era posible? Pensé, yo mismo me sorprendía de las reacciones de mi cuerpo.

Nuestros labios comenzaron a rozarse de una manera frenética, animal, hasta que la falta de aire nos obligó a separarnos con la respiración jadeante.

- Te juro que te dejaré tomar más a menudo - susurré sobre sus labios lo que la hizo sonreír.

- ¿Sabes qué he deseado toda la noche? - me preguntó separándose lo suficiente para que nos mirásemos a los ojos. Una vez más mi miembro vibró de anticipación cuando ella se lamió su labio y acabó mordiéndose.

- No, ¿qué has deseado? - le pregunté en un susurro mientras metía mis manos por debajo de su camisón y comenzaba a masajear sus nalgas. Ella gimió y se inclinó para llegar a mi cuello…

- He deseado lamerte, lentamente, pasar mi lengua por tu cuello, por tu pecho- de pronto sentí que comenzaba a desabrochar por completo mi camisa. Mi estómago se contrajo involuntariamente al sentir sus manos sobre él - hasta llegar a lo que más ansío comer…

Mis ojos se abrieron de par en par al ver como ella comenzaba a hacer el recorrido que acababa de decir arrodillándose entre mis piernas, lamiendo toda la piel que quedaba expuesta, provocando que gruñera de puro placer al sentir como mordió mis pezones, o el frío que dejaba el rastro de su saliva en mi piel.

Pero lo que casi fue insoportable, fue sentir la humedad y el calor de su boca rodeando mi virilidad por completo…

-Oh Bella… - gemí largamente al sentir como me introducía lentamente en su boca para después retroceder enroscando su lengua en mi punta - Dios…-susurré antes de dejar caer mi cabeza en el sillón entregándome por completo al placer que Bella me estaba proporcionando. No era la primera vez que lo hacíamos, pero aún así, me estaba pareciendo mucho más placentera…

Volví a mirar hacia ella, y no pude evitar llevar mis manos hasta enterrarlas en su cabello ayudándola así a tomar el ritmo que estaba necesitando. Como efecto inmediato, ella clavó su mirada en la mía aún con mi pene en su boca. Esa imagen hizo que mi placer se multiplicara, era jodidamente excitante ver como me tomaba con su boca mientras veía sus ojos dilatados y oscurecidos por el deseo. Mi respiración jadeante se mezclaba con sus propios gemidos que reverberaban en mi polla provocándome aún más placer… Estaba tocando la cima, mis caderas comenzaron a embestir en su boca, estaba a punto de correrme…. pero no… no quería hacerlo así, no en su boca.

Tiré de su cabello y ella me miró confundida. Sus ojos se veían dilatados, ella también se estaba excitando y yo la deseaba más que nada en este mundo. Me levanté tirando ligeramente de su cabello por su nuca para que me siguiese..

-Edward…- preguntó, pero yo no podía más, la atraje de nuevo a mi boca y con un ansia voraz comencé a besarla, luchando encarnecidamente con su lengua, lamiéndola, mordiéndola, abarcando su boca por completo.

Ella gimió sobresaltada en mi boca cuando sintió que la elevaba por las nalgas hasta sentarla sobre la mesa. Sin mucho cuidado aparté todo lo que había en ella - Ahora te voy a mostrar lo que yo deseo - le susurré, ella se estremeció y me miró con los ojos febriles antes de echar la cabeza hacia tras para ofrecerme su cuello, el que no dudé en devorar.

Sintiendo como me rodeaba con sus piernas, comencé a succionar su cuello, lamiendo, mordiendo; bajando con una de mis manos los tirantes de su camisón dejando al fin sus hermosos pechos a mi merced.

Era increíble su sabor, la textura de su piel, la dureza de sus pezones erguidos y necesitados. Me volvían loco.

Mis manos se colaron bajo su cintura, en el hueco que su propio cuerpo, al retorcerse, dejaba contra la mesa , y comencé a bajar con mi boca mientras apretaba su cintura, enloqueciendo con el sonido de sus gemidos..

-Oh Edward…OH…por Dios - gemía sin restricción mientras yo, enroscando mis dedos en el fino hilo de su tanga, me deshice de él haciéndolo pedazos - Edward…

- Esto es lo que yo deseo…- susurré antes de subirle el camisón, quedando enrollado en su cintura, para luego rozar con mis dedos sus húmedos pliegues abriendo paso a mi lengua..

- Diosssssssss..- gimió más fuerte cuando mi lengua comenzó a presionar ese punto que sabía la llevaría a la locura…

Me sacié de ella, la lamí, succioné, incluso mordí sus sexo hasta hacerla retorcerse y convulsionar de placer, gritando jadeante mi nombre…

Me deslicé sobre su cuerpo hasta besarla con fuerza, ahogando sus gemidos con mi boca, embistiendo enloquecidamente sobre su sexo desnudo….

-Deseo verte retorcer de placer, deseo morder tus pechos mientras tus respiración acelerada los hace embestir en mi boca- pellizqué suavemente uno de sus pezones recibiendo de nuevo un gemido enfebrecido…-Deseo poseerte por completo Bella, hasta que desfallezcas de placer -le susurré y sin poder evitarlo por mas tiempo presione sobre su entrada hasta introducirme en ella de una sola estocada.

-Oh…Edward…- volvió a gemir, podía ver como sus ojos se pusieron blancos para segundos después cerrarlos con fuerza y sus labios entreabiertos, dejaban escapar esa respiración necesitada y jadeante, anhelante …

Sentí como sus manos se aferraban a mi cabello a mi espalda, clavando las uñas en ella y yo mantenía mis dos manos en su cintura, obligándola a resistir mis embestidas, que cada vez eran más fuertes y profundas, totalmente enloquecido…

Dios…no iba a durar mucho, estaba excesivamente excitado y su boca casi me había llevado al limite minutos antes, aún así aparte un de mis manos de su cintura y llevándola a su muslo le hice apoyar una de sus piernas sobre mi hombro, para después atrapar sus manos con una de las mía y posicionarlas sobre su cabeza, maniatándola con ella.

Ese nuevo ángulo me hacía penetrar mucho más profundo, aceleré el movimiento, no podía soportarlo, sus gritos eran ya demasiado audibles y unidos a su jadeante respiración me tenían completamente enloquecido…

- Deseo que todo tu cuerpo vibre ante mis embestidas -le susurré atrapando sus labios en una mordida para luego besarla vorazmente acallando de nuevo sus gritos…

- Edward…Edward…OH…dios…si…si…- gemía totamente entregada al placer hasta que sentí como todo su interior me aprisionaba ardientemente, y su cuerpo comenzó a temblar mientras gritaba en mi boca…

Eso me bastó para dejarme ir completamente ella, mi cuerpo se estremeció y tembló mientras mordía su labio para acallar mi propio grito… Dios, este había sido el mejor orgasmo que había tenido en mi vida, lo que me hacía pensar que con ella siempre iría a más….

Me dejé caer sobre su pecho que aún se elevaba aceleradamente…- Jesús Bella, me vas a matar - volví a repetirle y ella, aún con la respiración jadeante sonrió.

Por unos minutos más estuvimos unidos, besándonos, recuperándonos. El orgasmo que habíamos sentido fue tan devastador que nos constaba recuperar las fuerzas…

- Te amo…- susurró sobre mis labios.

- Ni te imaginas cuánto lo hago yo - le contesté y ella sonrió - Ven princesa, déjame llevarte a la cama - le susurré y saliéndome al fin de ella, oyendo una protesta de sus labios, la cargué hasta nuestra habitación sin dejar de besarla - Descansemos, mañana quiero darte una sorpresa…

-Qué…- susurró sobre mis labios…

-Ya te he dicho que será una sorpresa - de nuevo la besé para que no siguiera preguntando.

Llegué a nuestra habitación y la dejé en la cama para terminar de desvestirme, me quedé sólo con mis bóxer como siempre y ella se acomodó el camisón. Me situé a su lado y la rodeé por su cintura pegando su espalda a mi pecho.

- Duerme mi dulce princesa - susurré besando el tope de su cabeza…

-No me dirás , ¿verdad?- insistió de nuevo pero oí como bostezaba. Sonreí sobre su cabello y no pude evitar besar su hombro, lo que la hizo encogerse presionando su perfecto y deseable trasero contra mi propio sexo.

-No, no te diré, y deja de moverte Bella, o no te dejaré dormir…

-Ah…-balbuceó y se giró para quedar entre mis brazos….-Mmnnn, se me acaba de ir el sueño - susurró sugerentemente y yo no puede evitar emitir una carcajada…

- Créeme, mañana cuando tengas que levantarte no pensarás lo mismo…

- Sabes qué, Señor Cullen, creo que tentaré la suerte - y de pronto se puso a horcajadas sobre mí…

-Oh Bella, no sabes muy bien lo que estás haciendo - la advertí antes de llevar mis manos a su cabello y atraerla hasta estrellar mis labios con los suyos.

Sabía que mañana estaríamos muertos pero esta mujer era demasiada tentación para mí…

Continuará…