Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.
¡Hola mis niñas preciosas! Quisiera no tener que estar escribiendo esto, pero realmente lamento no haberos contestado los rr, lamento también la tardanza y como excusa, mi lamentable salud. Tengo un infección que me repercute en el riñón que me está jodiendo, y perdón por la expresión, bastante, lo que me limita tanto física como emocionalmente mis horas delante del portátil,por lo que prácticamente lo dedico a escribir el capi. Pero quiero que sepan que he leido todos y cada uno, y que me han levantado en muchas ocasiones el ánimo. No me cansaré de decíroslo, sois el mortor de cualquier historia. Gracias por todos vuestras palabras de cariño y afecto, me alegra muchísimo que os gustara el capi, que disfrutaran con nuestra pequeña consentida, y con una Bella achispada y muy excitante (movimiento de cejas) . Os prometo que de alguna forma os compensaré cuando me recupere.
Un beso a todas y hasta el próximo miércoles.
Ahora os dejo con el capi, espero que os guste.
¡Disfrutadlo!
;)
"Secreto de una traición"
Capítulo XXX
- Eres tan deseable… -le susurré mientras me deslizaba lentamente con mi boca sobre su plano vientre dibujado con ese encaje negro que me enloquecía -. Tu olor es tan excitante…-le seguí susurrando mientras introducía mis manos bajo su camisón y acariciaba sus muslos. Los pequeños gemidos que comenzaban a brotar de sus labios me encendían cada vez más…- Eres tan perfecta…
-Oh sí…. Oh Edward sí….-gimió y se retorció arqueando su cuerpo.
Pero algo no iba bien, esa voz… esa no era la voz que esperaba. Inmediatamente me separé de su cuerpo para enfrentar su mirada.
-Lo soy, siempre he sido la mujer perfecta para ti…- siguió susurrando Tanya apoyándose en sus codos y mostrándose ante mí antes de comenzar a reír perversamente mientras permanecía con las piernas abiertas.
-No… no…-musité alejándome rápidamente de ella cayendo al suelo de espalda. Todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor mientras seguía oyendo la risa perversa de esa maldita mujer. No… otra vez no, pensé sintiendo como de nuevo mi corazón comenzaba a latir frenéticamente y un miedo atroz se apoderaba de mí.
-No… No… ¡Nooooooooooooooooooo!- grité.
Sobresaltado me incorporé con la respiración jadeante - Bella…- susurré sintiendo de nuevo ese hueco en mi pecho. Inmediatamente me giré para buscarla a mi lado y una vez más mi cuerpo se estremeció al ver su lugar vacío.
-No, otra vez no… no puede estar ocurriendo de nuevo- musité aterrado mientras llevaba una mano a la cabeza y como un resorte salía de la cama para colocarme los bóxer.
Entonce lo vi… su camisón, el camisón de Bella permanecía en el suelo en el mismo lugar que lo arrojé cuando la desnudé antes de hacerle el amor nuevamente…
-Bella…-musité recogiéndolo del suelo y llevándolo a mi nariz para aspirar ahí su olor.
De pronto un sonido proveniente del baño me alarmó…
-¿Bella? - pregunté en un susurro dejando el camisón sobre la cama y apresurándome a llegar al baño…- Bella cariño, ¿estás bien? - pregunté con preocupación aunque con cierto alivio al saberla ahí.
- Si, estoy bien, no ent… -Pero entonces oí que comenzaba a vomitar impidiéndole hablar.
-¡Bella! ¿Qué te ocurre, Bella? - pregunté abriendo la puerta sin pedir permiso y llegando hasta ella que continuaba inclinada sobre la taza del váter…-Bella, Bella mi amor…
- ¡No, vete! Edward vete…-me pidió con voz rasposa tras el esfuerzo del vómito mientras pulsaba la cisterna y se sentaba sobre la taza...
-Cómo me pides eso amor, no pienso irme. ¿Qué tienes Bella? ¿Te sientes mal? -pregunté preocupado acuclillándome frente a ella . Sabía que la noche anterior había bebido pero tampoco tanto como para estar en ese estado.
-No es nada -contestó pasando una de sus manos por mi cabello tratando de tranquilizarme…-Anda, pásame un poco de agua, por favor - me pidió con una tímida sonrisa.
Enseguida me levanté y tomando un vaso que había sobre la encimera del lavabo, lo llené para entregárselo, también tomé una toalla y la humedecí para pasarla por su frente con intención de refrescarla.
Ella sonrió y negó con la cabeza para después mirarme con un brillo distinto en sus ojos.
Cómo podía verse tan hermosa a pesar de su estado. Por unos segundos me quedé prendado de ese brillo tan radiante que desprendía su mirada.
-Eres tan hermosa…-pensé en voz alta mientras llevaba una de mis manos a su mejilla y la acariciaba. De nuevo ella me sonrió y presionó su cara contra mi mano cariñosamente.
- No puedo creer que me veas hermosa, debo lucir horrible -contestó con algo de diversión.
Yo sonreí negando con la cabeza antes de acortar la distancia que nos separaba y darle un suave beso en sus labios.
- Eres la mujer más hermosa que conozco -le susurré antes de besarla de nuevo -. ¿De verdad te sientes bien? - volví a preguntarle con preocupación jugando con sus manos.
- Si, de verdad, igual me pasé con el vino ayer -contestó bajando tímidamente su rostro luciendo un hermoso rubor. Yo sonreí y no puede evitar presionar mis labios en su frente.
- Ya te dije que te estabas excediendo - le recordé con diversión.
- ¡Eh!, no recuerdo que te quejaras mucho anoche - me reprendió dándome un golpe en el hombro.
No pude evitar carcajearme y levantándome pasé una mano bajo sus piernas y otra por su cintura para cargarla en mis brazos. Ella profirió un grito de sorpresa y llevó corriendo sus brazos a mi cuello aferrándose a él.
- Edward…- me reprochó.
- Y nunca me quejaría -le contesté divertido antes de estrellar mis labios con los suyos besándola de nuevo -. Aunque la próxima vez me aseguraré que estemos completamente solos, futura Señora Cullen, es usted demasiado charlatana cuando se achispa - le recordé y ella, escondiendo la cabeza en el hueco de mi cuello, comenzó a reír…
- Lo siento, lo siento…-se disculpaba divertida sobre la piel de mi cuello amortiguando su voz lo que me hacía reír al sentir las cosquillas.
- Lo sé - le contesté besando el tope de su cabeza mientras caminaba con ella hasta llevarla de nuevo a la cama -Por cierto, te ves muy sexy con mi camisa -le susurré mientras la acomodaba entre las sábanas. Ella volvió a sonreír y llevando sus manos a mi cuello tiró de mí haciéndome caer sobre ella…
- Dónde te crees que vas - susurró antes de estrella sus labios con los míos.
Por un momento me dejé llevar por todas las sensaciones que su boca me proporcionaba, estremeciéndome al recordar lo que había conseguido con ella la noche anterior. De nuevo la imagen de Bella succionándome, lamiéndome, introduciéndome en su boca, mientras su lengua batallaba con la mía y sus manos se enterraban en mi cabello, me provocó de tal manera… que no pude evitar hacerla mía de nuevo…
- Amo amanecer así…-susurró divertida mientras intentaba recuperar la respiración.
Yo sonreí sobre su pecho y no pude evitar succionar sobre uno de sus pezones una vez más antes de elevar mi cabeza para mirarla- Te amo - le contesté aún con mi respiración jadeante y de nuevo arremetí contra sus labios...
De pronto el sonido de unos tacones se comenzó oír desde la habitación de al lado.
- Ay Dios, Sarah, nos va a pillar - musitó Bella y entre risas nos separamos y comenzamos a vestirnos, ella con mi camisa y yo con el pantalón del pijama que siempre tenia ahí.
- ¿Mamá, papá ?- entró mi pequeña trastabillando con sus tacones mientras arrastraba a su princesita de un brazo.
Tanto Bella como yo nos quedamos maravillados al verla aparecer. Tenía todo el pelo enmarañado y con una de sus manitas se restregaba un ojito, aún traía el chupete puesto y el pañal, que debía de estar muy mojado, le hacía un culete aún más respingó bajo ese pelele rosa. Pero lo más gracioso era ver como calzaba sus tacones y se había colocado los collares.
-Esa es mi pequeña, antes muerta que sencilla -susurró Bella y en al acto los dos rompimos en carcajadas…
-¡Papi, mami! -gritó con una amplia sonrisa aún con el chupete en la boca al darse cuenta que estábamos despiertos y comenzó a correr pegando taconazos hasta llegar a la cama…
- Bueno días, mi amor - le dije cogiéndola para subirla con nosotros. Enseguida, tanto Bella como yo comenzamos a comérnosla a besos recibiendo de su parte esa burbujeante y contagiosa risa.
Durante media hora continuamos jugando los tres en la cama. Adoraba tener a mis chicas así. Bella reía como loca viendo como mi pequeña batallaba para colgarme los collares y yo me removía en la cama impidiéndoselo lo que la hacia reír y gatear sobre nosotros con tal de llegar a mí.
Finamente los tres caímos sobre el colchón exhaustos y muertos de la risa..
- Dios, me duele el abdomen de reírme - dijo Bella aún riéndose, antes de girar su cara y, con la sonrisa más hermosa del mundo, entrecruzar su mirada con la mía.
Pero de pronto su entrecejo se frunció -¡Oye!…¿Tú no tenías una sorpresa para mí? - me reprochó y su cara de pronto lució entusiasmada por saber, lo que me hizo carcajearme de nuevo.
Era cierto, pero me sentía tan bien con ellas así que había olvidado los planes que tenía para hoy.
- Y así es señorita - le contesté dándole un toquecito en la nariz haciéndola sonreír antes de volverme y comprobar la hora. Apenas eran las nueve de la mañana, ya era hora de ir saliendo de la cama -…pero para poder descubrirla tendrás que levantar tu precioso trasero de aquí - le dije dándole una nalgada mientras me levantaba -. Vamos Sarah, yo te cambiaré para que mamá pueda ducharse.
- Pero , pero…¿qué vamos hacer? - me preguntó levantándose para seguirme.
- Tú dúchate y ponte ropa cómoda, iré preparando el desayuno.
- ¿Cómoda? ¿cómo que cómoda? ¿cuánto de cómoda? -siguió preguntando cuál niña pequeña lo que me hacía sonreír mientras entraba a la habitación de mi pequeña -Oh vamos Edward, dame más pistas - me lloriqueó entrando tras de mí.
- Está bien… - le contesté dejando a mi pequeña en el suelo y comenzando a rebuscar ropa cómoda y calentita para mi pequeña.
- Edward….-me apremió siguiéndome al clóset.
Me volví y la miré con varios pantaloncitos de algodón en la mano - ¿Cuál es el lugar al que más te gustaría ir? -le pregunté y no pude evitar sonreír de medio lado.
De pronto su ceño se frunció para un segundo después sus ojos comenzar a brillar a la par que se humedecían…
-No…- musitó llevándose la mano a la boca.
-Sí preciosa, nos vamos a pasar el fin de semana a "TreesRiver" - le dije e inmediatamente se lanzó a mis brazos.
- Oh Edward..es…es…es maravillos, gracias, gracias, gracias - comenzó a decir mientras me dejaba besos por toda la cara…
- Me alegro que te guste cariño - le contesté y abrazándola fuerte acabé besando sus labios.
- Te amo… - susurró emocionada y me abrazó más fuerte aún.
- Y yo te adoro - le contesté y volví a besarla - y ahora ve a ducharte, se nos echa la hora encima - le sugerí y una vez más se abrazó a mí antes de salir corriendo y sonriente hacia nuestro cuarto.
Terminé de cambiar a Sarah colocándole un calentito pantalón de algodón color lila con su respectiva camisetita y una sudadera del mismo color que el pantalón. Cepillé su precioso cabello humedeciéndolo un poco para no tirar de sus rizos y, llevándola en brazos, bajé a la cocina para comenzar a preparar el desayuno.
En menos de un cuarto de hora Bella aparecía enfundada en unos vaqueros, con un jersey de cuello vuelto y unas botas marrones que le llegaban a mitad de la pantorrilla. Sencillamente hermosa, pensé sonriéndole.
- ¿Qué voy haciendo yo? - preguntó tomando una uva y llevándosela a la boca.
- Toma, ve dándole el bibi mientras yo preparo las tostadas. ¿Cuántas quieres? -le pregunté mientras apagaba la cafetera donde había preparado el café.
- Dos, no no…tres, ¡estoy hambrienta ! - exclamó cerrando los ojos teatralmente. Yo sonreí al verla y como me pidió preparé todas sus tostadas. Corté también un buen trozo del pastel de chocolate que nos llevamos de casa de Rose y preparé dos zumos de naranja natural.
Durante media hora disfrutamos de un divertido desayuno donde mi princesa no dejaba de pedirnos bocados ya fuese de pastel, tostada, incluso trató de que le diéramos café.
Bella lucia más hermosa que nunca, y la sonrisa no abandonaba en ningún momento su rostro lo que hacia que mi corazón latiese totalmente emocionado al verla así.
No dejaba de hablar de todo lo que quería hacer cuando llegase allí, sabía que eso le gustaría, y después de hablarlo con mi padre, decidimos pasar el fin de semana allí juntos; en realidad él pasaba allí mucho tiempo, por lo que la casa estaba más que preparada para nosotros.
Bella aprovechó mientras yo me alistaba para preparar un bolsa de viaje para ella y otra para nuestra pequeña. Yo no tardé ni diez minuto en tener lista la mía lo que supuso que una hora después y con Bella totalmente emocionada y entusiasmada partíamos rumbo a "TreesRiver"…
A medida que nos íbamos acercando, noté que Bella cambiaba su entusiasmo por un semblante melancólico.
- ¿Estás bien? - le pregunté tomando su mano y dejando un beso en su dorso…
Ella dejó de mirar por la ventanilla y clavó sus ojos en mí para sonreírme.
-Sí, estoy bien, sólo que me vienen muchos recuerdos - me comentó y, suspirando profundamente, volvió a mirar por la ventana. Una vez más besé su mano y la mantuve entrelazada con la mía en su regazo.
Diez minutos más tarde traspasamos las enormes puertas de hierro que daba acceso a nuestra hacienda. Sarah comenzó a gritar entusiasmada al entrar en la plantación, además de mirar emocionada los caballos que se veían pastando en el prado…
Bella apretó aún más mi mano lo que me hizo mirarla; ella mantenía la vista al frente, la notaba algo tensa, supuse que tendría recuerdos de todo tipo, y en este fin de semana me había propuesto seguir añadiendo recuerdos a esa lista, aunque esta vez todos serían recuerdos lindos y felices…
Mi padre apareció a la puerta de la casona nada más oírnos llegar.
- ¡Y dónde está mi princesa!- gritó abriendo los brazos para recibir a una entusiasmada Sarah que no hacía más que señalarlo todo, que nada más verlo, salió corriendo hacia él..
-Lelo… Lelo… ai ballo, io vi, ai ballo - le decía sorprendida. Mi padre reía tratando de entenderla.
Bella caminó hacía él y no tardó en saludarlo y abrazarlo. Yo cargué las tres bolsas y las llevé hacía la habitación de invitados. Tenía pensado dormir con nuestra pequeña hasta comprar un cuarto para ella, pero cual fue mi sorpresa al ver, que tanto mi cuarto como el que quedaba justo al lado, habían sido remodelados.
-Papá…- musité asombrado al ver la habitación. Ya no estaba la cama juvenil ni mis cosas ahí, era una habitación completamente distinta, con su cama de matrimonio y los muebles que se adaptaban a ella. Y en la otra, había una habitación infantil casi tan hermosa como la que teníamos en Atlanta.
- En cuanto te fuiste a Forks mandé a arreglar estas habitaciones hijo- dijo mi padre que, seguido de Bella, pasó una mano por mi hombro-… Sabía que me las traerías a casa - declaró emocionado lo que hizo que un nudo se formara en mi garganta.
- Gracias papá - le dije volviéndome y abrazándolo con fuerza - Gracias…- repetí emocionado. Me sentía verdaderamente afortunado que un hombre como el fuera mi padre.
Levanté la mirada hacia Bella , aún abrazando a mi padre, y vi como de uno de sus ojos se derramaba un lágrima. No pude evitar tirar de su mano para que se acercara y ella se abrazó a la espalda de mi padre, uniendo su frente con la mía.
Mi padre, al sentir a Bella, se giró un poco y acabó abrazándola a ella también - Os quiero mucho hijos, espero que a partir de ahora la dicha acompañe a esta familia y vosotros seáis siempre felices - nos dijo abrazándonos más fuerte. Acabó dándole un beso en la frente a Bella y un apretón en mi hombro, antes de separarse y, tomando a mi pequeña en brazos, que se había metido directamente en la que sería su habitación y andaba toqueteándolo todo, nos dejó para que nos acomodáramos…
- Vamos preciosa, ¿quieres ver los caballos? - le preguntó mi padre a mi niña la que comenzó a gritar y a removerse entusiasmada en los brazos de su abuelo…
-Chii, io quelo ballo, lelo..
Bella y yo permanecimos abrazados mientras los veíamos desaparecer.
- ¿Estás bien? - volví a preguntarle; desde que habíamos llegado tenía cierta inquietud oprimiéndome el pecho. Sabía que la haría feliz volver, pero eso no evitaba que tuviéramos que enfrentarnos a viejos fantasmas.
Ella asintió antes de separarse y alejarse de mí hasta pararse frente a la ventana.
- Aún me cuesta creer que esté aquí de nuevo - dijo abrazándose a sí misma -, fue tan distinto la última vez que entré aquí- musitó recordando aquel fatídico día -. Lo siento Edward - dijo de pronto sollozando -, siento que por mi culpa…
-No Bella, no por favor, no lo hagas - le pedí acortando la distancia que nos separaba abrazándola fuertemente desde atrás -. Tú no tuviste la culpa de nada, por favor, si alguien tiene que pedir perdón aquí soy yo, yo fui quien te dañó injustamente, fue mi arrebato el que lo propició todo, no mi amor, no pidas perdón por algo de lo que no eres culpable - le susurré abrazándola fuerte.
-Siempre quise volver aquí, necesitaba regresar para poder superar esto Edward, pero no imaginé que sería tan duro - musitó apoyando su cabeza en mi pecho.
-Lo sé Bella, pero estoy seguro que tanto tu mamá como la mía, nos quieren aquí, y nos quieren felices - sentí que ella asentía aunque llevó su mano a su mejilla tratando de limpiar sus lágrimas…- Te amo mi amor, eso es lo que importa - le dije llevando mi mano a sus hombro para girarla -. No importa el lugar Bella, siempre que estemos juntos - tomé su barbilla y la elevé para que me mirase -… seremos felices - y acercándome besé suavemente sus labios.
Ella sonrió bajo mis labios - Tienes razón, Edward, ya es hora que dejemos el pasado a atrás. Lo siento, es que estoy más sensible de lo normal - dijo sonriendo mientra sorbía por la nariz, lo que me hizo sonreír.
De pronto escuchamos la risa de mi hija que apareció montada a caballo con su abuelo.
-¡Mamiiiii! -Gritó desde abajo -¡Miaaaaaaaaaaaaaaaa, miaaaaaaaaa el ballooooo! -gritaba como una descosida sin dejar de reír agarrada fuertemente a las crines del caballo mientras movía sus piernecitas como espoleándolo.
- ¡Ay por Dios papá , ten cuidado! - le gritó Bella al verlos.
- Hija me ofendes, yo nací entre caballos - dijo mi padre negando con la cabeza sonriente -. Voy a presentar a todos a mi nieta - nos informó y, mientras Sarah seguía chillando y riendo emocionada, comenzó a cabalgar al trote, agarrando con fuerza a nuestra pequeña, con la sonrisa más genuina y orgullosa que jamás le había visto.
- Míralo Bella, sólo por eso ya merece la pena haber venido - le susurré abrazándola de nuevo -Nuestra hija ha devuelto la sonrisa a nuestro padre - ella asintió y se abrazó más fuerte a mí - ¿Qué… te apetece? - le pregunté besando su cuello.
- Qué…- preguntó dudosa.
- Vamos con ellos - le susurré y de pronto volvió a aparecer esa sonrisa en su rostro.
-Me encantaría -contestó girándose para llevar sus brazos a mi cuello -. Hace ocho años que no comparto un caballo contigo - me susurró divertida.
De pronto el recuerdo de cuando la conocí que estuvimos juntos paseábamos a lomos de mi purasangre, mientras la abrazaba, sobrevino a mi mente.
- Vamos pues - dije tirando de su mano para llevarla a los establos, donde Sam, que no tardó en darnos un cariñoso abrazo, tanto a Bella como a mí, nos tenía preparado a mi precioso purasangre.
Es inexplicable el cúmulo de emociones que se arremolinaron en mi interior al volver a cabalgar junto a ella. Mantenerla entre mis brazos, rodeando con uno de mis brazos su pequeña cintura y sintiendo como se dejaba caer de mi pecho mientras íbamos a un paso lento, meciéndonos al vaivén del trote.
- ¡Dios, amo esto! - Exclamó apretando su mano con mi mano - siempre amé esto - dijo más susurrante y elevó su cara para enfrentar mi mirada - Siempre te recordaba así, como mi príncipe que aparecía a lomos de su caballo y me rescataba llevándome con él..
- Y tu siempre eras esa princesa que permanecía oculta en la maleza para no ser descubierta - le contesté de vuelta besando su sien, ella rió bajito.
Seguimos cabalgando, disfrutando del aire golpeando nuestras caras, de cómo nuestros traseros se elevaban para volver a caer en la silla provocando al mismo tiempo que nuestros cuerpo se rozaran, de una manera placentera. Adoraba sentir como su cabello acariciaba mi rostro. No podia evitar mi maldita obsesión por enterar mi nariz ahí y aspirar profundamente. Amaba cabalgar con ella, y habían pasados muchos años para poder volver hacerlo.
En el paseo nos encontramos con mi padre que, junto a un grupo de jornaleros, nos saludó; Sarah simplemente nos ignoraba totalmente entretenida con unos cachorritos que la perseguían.
-Papá, vamos a dar un paseo al río, ¿vienes? -pregunté y él aunque nos sonrió negó con la cabeza.
- No hijo, id vosotros, Sarah está entretenida con los cachorros y no quiero molestarla - dijo mirando amorosamente a nuestra pequeña que de pronto se acercó a nosotros, cargando a duras penas a un cachorrito que luchaba por escapar de su apretado abrazo.
- Mamiiiiii, io quelo - comenzó decir - Io quelo peito.
- Bebé, tú eres muy pequeña para cuidar perritos cielo, cuando seas mayor -
- Pedoo…mia e dindo, io quelo mami - y comenzó a abrazar más fuerte al pobre animal.
- Ay Bella, déjala, que lo lleve a la casona luego siempre se quedará aquí..- intercedí por mi pequeña.
- Edward, Sarah querrá llevárselo después, ¿podrás lidiar con eso? - me contestó, yo me quedé pensando por un momento, ¿llevárselo? Ummm… vivimos en un maldito penthouse, tenemos terraza, no es como que estuviera en un apartamento - Creo que podré con eso - dije no muy convencido del todo , pero, joder, no podía ver la cara suplicante de mi pequeña.
- Io quelo papi - dijo de pronto mi hija como si me hubiese oído. No, definitivamente no podía negárselo.
- Dejemos que pase estos días a ver, luego decidiremos.
- Eso es cruel Edward, hasta yo puedo encariñarme de esa bola de pelo - dijo entredientes lo que me hizo reír.
- Esta bien princesa. ¿Si al abuelo no le importa? - dije mirándo a mi padre y Sarah me imitó pero con los ojitos suplicantes…
- Edward - dijo negando con la cabeza - No sé cuantos cachorros he tenido que permitir en casa por ti - dijo lo que provocó que Bella riese por lo bajito - cuánto más por mi preciosa nieta, no te hagas - dijo divertido. Yo simplemente sonreí y también negué con la cabeza.
- Esta bien entonces - le contesté y Bella mordió su labio reprimiendo una sonrisa mientras veía como Sarah saltaba con el pobre animal retorciéndose por librarse de ella.
- Pobre cachorro - dijo divertidamente.
Nos despedimos de ellos, ya que aunque quisimos llevarnos a Sarah, ella olímpicamente pasó del río y de nosotros y cabalgué hasta llegar allí.
Fue inevitable pasar por la pequeña casa donde vivía Bella, como también fue inevitable que ella quisiera bajar y entrar en ella, aunque me pidió hacerlo sola.
No negaré que me frustró, mientras veía como Bella tomaba su propia llave, aún mantenía la llave en su llavero, y la abría, yo dejé la rienda bien sujeta de una rama. Me entretuve un tiempo mirando los alrededores pero los minutos pasabas y Bella no salía, lo que comenzó a ponerme ansioso.
Le prometí unos minutos, y ya había pasado cinco, para mí eran suficiente. Caminé la distancia que me separaba de la puerta y empujándola suavemente la abrí. Mi frente se arrugó al percatarme que todo estaba igual a cuando ella se marchó; a excepción de mí, que vine a buscarla, nadie había entrado aquí.
El polvo se acumulaba sobre los mubles, había telarañas por las esquinas y cierto olor a humedad de todo el tiempo que estuvo cerrada.
-¿Bella…?- la llamé, pero ella no contestó. Sentí como mi corazón comenzó a latir aceleradamente mientras caminaba lentamente hasta la habitación de Bella y me asusté un poco cuando la vi en mitad del cuarto, mirando hacia la cama que aun seguía desordenada y al igual que el resto con esa capa de polvo.
-Bella…- susurré caminando hacia ella. Sentí como se estremeció cuando puse mis manos en sus brazos - Bella, ¿estás bien? - le pregunté.
- Sí -dijo y llevó rápidamente una mano a su rostro tratando de eliminar sus lágrimas. Estaba llorando.
- Bella, mi amor - susurré y la estreché con fuerza. La culpa me golpeó de pronto. Cómo no iba a llorar si estaría recordando como prácticamente la forcé.
Cerré los ojos con fuerza tratando de alejar ese recuerdo, a pesar de que fue el detonante, recordar lo que me motivó a tomarla de esa manera, a ejercer ese derecho que no tenía sobre ella , me hizo sentir el ser más miserable.
- Lo siento…- musité y mi abrazo se aflojó. Realmente no me sentía digno ni siquiera de estar tocándola - Nuca debí forz…
- No…no lo hagas Edward, no me forzaste, finalmente no me forzaste.
- Si lo hice Bella, no quieras enmascarar eso -dije algo cabreado alejándome de ella y volteándome. Realmente me sentía una mierda por haberme dejado llevar por los celos de esa manera. ¿Qué clase de bestia soy? Me recriminé.
- No ensucies el acto por el cual procreamos a nuestra hija Edward - dijo de pronto y la miré tristemente sobre mi hombro - Ella es hermosa, es tierna, es un ángel, ella no puede ser el fruto de un acto forzado - dijo y se acercó a mí acariciando mi brazo -. Quizás al principio si lo fue, quizás al principio te dejaste llevar por la ira, pero yo pude haberme negado más y en cambio me fundí contigo, clavé mis uñas en ti, te recibí Edward, porque no me negaba a ti, me negaba al que creía mi hermano, pero al sentirte, aunque quise evitarlo, no pude, simplemente mi cuerpo te necesitaba, te añoraba…
- Bella…- susurré de nuevo - aún así te dañé…
- No lo hiciste.
- Estas llorando, lo recuerdas, te hice daño, por eso lloras -dije desesperadamente y sintiéndome de nuevo el ser más miserable.
-Lloro porque ahora no siento la culpa que sentí al recibirte - me confesó y eso me impactó -. Lloro porque ahora puedo besarte - se acercó a mí y empinándose un poco rozó nuestros labios -…porque puedo abrazarte y enterrar mi cara en tu pecho - me abrazó por la cintura y en el acto sentí su tibio aliento golpear mi pecho aun sobre mi camisa…-. Lloro porque sé que ahora si puede ser, que si había una esperanza.
- Mi amor - casi dije en un lamento besando su frente y manteniendo mis labios ahí...
- Ven, vamos…-susurró separándose de mí y tirando de mi mano.
En silencio salimos de la casa y olvidando el caballo, Bella nos hizo caminar hasta llegar al río. Soltó mi mano al llegar allí y se colocó sobre una roca, nuestra roca...
- ¡Mira Edward, míralo, todo sigue igual! -dijo girando su cara para mirarme mientras me sonreía y me miraba con esos hermosos ojos que no dejaban de brillar - ¿No lo sientes? - susurró tirando su mano para que yo la cogiese. La miré y caminé lentamente hasta tomarla, subía a la roca, y como había hecho tantas veces, durante esas semanas en la que la conocí, la abracé fuertemente desde atrás, ella no tardó en pasar sus manos sobre mis brazos.
Pasé mis ojos por el lugar y me maravillé por su belleza, el rumor del agua cayendo por esa pequeña cascada, el canto de las aves, el cimbreo de los insectos a nuestro alrededor y ese lugar, ese lugar casi a mitad del río donde ella se entregó a mí por primera vez.
- ¿Lo sientes amor? - susurró de nuevo al notar mi silencio - sientes como si el tiempo no hubiese pasado, como si ayer mismo vinieras a buscarme para pasear conmigo, para hacerme reír con tus comentarios, para burlarte de mi despreocupado aspecto de salvajita - sonreí, no pude evitarlo al recordarla -. Estamos en casa Edward, estamos en nuestro lugar. Volviste, finalmente volviste y estamos aquí - dijo y mis ojos de nuevo se humedecieron.
No podía creer que ella pensara así, después de todo lo que le fallé.
- Quiero que sea aquí - dijo de pronto y yo fruncí el ceño porque no la entendí.
- ¿Qué? - pregunté confundido.
- Nuestra boda, quiero que sea aquí, en "TreesRiver", en nuestro hogar -susurró y se volvió para encararme - Casémonos aquí, Edward.
Yo por un momento me quedé viéndola, ni siquiera era capaz de decir nada, había querido retomar el asunto de nuestra boda y no había encontrado el momento, me sentía ansioso por lo que quería ella , por ese deseo de posponerla, pero ahora…ahora era ella la que lo pedía.
Una fuente de calor extraña comenzó a apoderarse de mi corazón, juro por Dios, que hasta dolía de lo cálida que era, mi ojos comenzaron a picar, aunque hice un esfuerzo por mantener la lágrimas a raya. Seguí mirándola, no sé por cuánto tiempo hasta que de nuevo ella habló.
- Si es que aún quieres que sea tu esposa - susurró y su vista cayó al suelo.
¡Qué!, ¿de verdad me estaba preguntando eso? en que jodido mundo me plantearía siquiera la posibilidad de no quererla como esposa.
- Acabas de decir la cosa más estúpida que hayas pronunciado en tu vida - le dije casi con molestia - Ella se mordió el labio y subió sus ojos algo avergonzada - Bella, aunque solo quisieras casarte si fuera en la luna, allí te llevaría, de eso no te quepa duda - le contesté mitad emocionado mitad molesto por su inseguridad. Ella rió y su mirada cambió de nuevo de expresión - pero…igual me hace más ilusión hacerlo aquí - le dije finalmente y ella, pegando un grito de entusiasmo, se lanzó a mi cuello y comenzó a besarme.
- Te amo, te amo, te amo - comenzó a susurrar sobre mis labios. Yo afiancé mi agarre a su cintura y la mantuve bien pegada a mí.
- Yo también te amo, Bella, con toda mi alma.. - le contesté y profundicé el beso - Me has vuelto hacer el hombre más feliz de este jodido mundo, cariño -susurré sobre sus labios con nuestras frentes unidas cuando el aire nos obligó a separarnos - el más feliz del mundo…
Continuará…
