Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.
¡Hola mis niñas preciosas! De nuevo estoy aquí, un poco tarde, lo sé, pero me ha resultado prácticamente imposible hacerlo antes, lo lamento. Os agradezco todas las palabras de ánimos, y aunque practicamente ha sido un horror hasta ayer, ahora me encuentro mucho mejor. Lo único que me preocupa es que el capítulo no esté a la altura de lo que se esperaban, realmente mi estado de ánimo ha sido pésimo en estas dos semanas, igualmente gracias por todo vuestro apoyo y deseo de corazón que os guste. Excusarme de nuevo por no poder contestar los rr, en verdad el ánimo lo he tenido por los suelo, lo lamento, y prometo poner los agradecimientos para la próxima semana. Un besazo a todas, preciosas y hasta el próximo miércoles. Reques, os echo mucho de menos u.u
Espero que os guste.
¡Disfrutadlo!
;)
"Secreto de una traición"
Capítulo XXXI
-Dios, cuánto te amo…- acaricié con una mano su espalda desnuda y con la otra, enterraba mis dedos en su cabello sujetándola por la nuca para que no se alejara. Mi boca no le daba tregua, apenas unos segundos escaso para respirar.
-Te amo, más de lo que jamás pensé… que un hombre podría amar a una mujer - seguí susurrándole totalmente entregado al placer, jadeante, estremeciéndome al sentir como su cuerpo, humedecido por el sudor, se deslizaba por el mío; mientras ella, a horcajadas sobre mí, continuaba ascendiendo y descendiendo a lo largo de mi erección… lentamente… jadeante, dejándome deleitarme con la expresión de placer que mostraba su rostro; mientras yo permanecía sentado sobre la cama extasiado al sentir como me clavaba una y otra vez en su ardiente carne.
Adoraba, ¡no! amaba tomarla así; penetrarla mientras podía sentir todo su cuerpo en contacto con el mío, mientras podía tomar sus deliciosos pechos con mi boca, o devorar su boca a la vez que la sentía deshacerse entre mis brazos, temblando, vibrando, gimiendo y jadeando mi nombre mientras la hacía mía…
Aún no podía creer que estaba haciendo de nuevo el amor con mi mujer, sí… mi esposa.
Ocho horas antes…
Miraba ansioso hacía el final del camino alfombrado que guiaría a la mujer que amo hasta mí. Una vez más pasé mi dedo índice por el cuello de mi camisa tratando de aliviar en algo la ansiedad por verla aparecer, antes de recibir una palmada en mi espalda.
- Tranquilo Edward, no se arrepentirá, Bella te ama- me dijo Emmett con algo de diversión en su cara tratando de relajarme. El era mi padrino, no podía ser de otra manera.
Dejé escapar el aire de mis pulmones tratando de relajarme asintiendo. Tenía razón, Bella no se arrepentiría, en pocos minutos esa preciosa mujer se convertiría en mi esposa..
Una vez más eché un vistazo a mi alrededor. No podía creer lo hermoso que estaba todo a pesar del poco tiempo en el que lo habíamos organizado. Dos semanas, sólo dos semanas para poder estar aquí, bajo un arco de flores ante un improvisado altar y como fondo las aguas plateadas de nuestro río, con el murmullo arrullador de ese salto de agua envolviéndonos…
Miré emocionado hacía mí derecha para sonreír agradecido a Jasper y a Jacob, quienes no dudaron en aceptar la invitación para venir a nuestro enlace. Bella me abrazó sintiéndose verdaderamente feliz cuando supo que sus amigos estarían aquí, junto a ella.
Aparte de ellos, también nos acompañaban algunos directivos de la empresa, y como no, la mayoría de los jornaleros y capataces de la Hacienda. Aunque era una celebración íntima, sin ningún medio, en todo momento me sentí arropado.
De pronto el grupo de cuerda comenzó a tocar los primeros acordes de la que sería la marcha nupcial, provocando en el acto que mi estómago se contrajese y mi corazón se desbocara fijando mis ojos de nuevo al final de la alfombra.
Mi sonrisa se ensanchó irremediablemente cuando vi a mi pequeña aparecer como toda un princesita, con un precioso trajecito rosa de organdí y una tiara de flores silvestres adornando su precioso cabello, y caminar graciosamente hacía donde yo estaba, cargando un pequeño cesto de donde cogía los pétalos que felizmente arrojaba al suelo por donde Rose, Alice y Leah caminaban hasta colocarse a mi izquierda.
Todos rieron cuando mi pequeña, ignorando las señales que Alice le hacía para que fuera con ellas, vino corriendo hacia mí y extendió sus brazos para que la cogiese.
Ni lo dudé, la abracé fuerte y mi corazón se encogió emocionado cuando ella se abrazó fuerte a mi cuello. No pude evitar que mis ojos se humedecieran cuando se separó y besó mis labios. Tan hermosa mi tesoro, tan adorable…
- Mia papi, mia apa toi, y mami ¡apppppppa tanien!-exclamó con admiración. De nuevo mi estómago dio un vuelco de pura anticipación.
- Estas hermosa mi amor, la niña más hermosa del mundo -le contesté y una vez más se abrazó fuerte a mí.
Finalmente Alice consiguió llevarla a su lugar entreteniéndola con algo y fue cuando sentí que ella estaba ahí.
Mis ojos se clavaron en ella de inmediato, como si de un imán se tratase, y juro por Dios que jamás había visto a una mujer más hermosa…
Ella se veía nerviosa, notaba como su pecho se agitaba ansiosamente y miraba a mi padre, su padre, que con la emoción contenida la miraba con adoración mientras sujetaba su brazo y caminaba lentamente hacía mí, tratando de tranquilizarse. Lo que no ocurrió hasta que por fin sus ojos hicieron contacto con los míos.
No puedo explicar la emoción que me embargó cuando eso ocurrió, cuando ella, con una casi imperceptible sonrisa en sus labios, comenzó a caminar con más seguridad hacia mí, sin cortar ni en un segundo la conexión de nuestros ojos. Todo mi cuerpo se estremeció al ser consciente de lo mucho que ella me amaba, tanto como yo a ella.
Un ángel, así era ella, como un ángel. Su cabello lo tenía recogido en un bajo moño con algunos mechones cayendo sobre su rostro, un poco más maquillada de lo que la acostumbraba a ver, pero de una manera tan sutil, que parecía un ángel. Y ese traje, que se ajustaba a toda su figura como si de un guante se tratase hasta abrirse en una hermosa capa desde su rodilla terminando en una hermosa cola detrás.
Sin poder evitarlo mis ojos se humedecieron al verla acercase, no podía creer que estaba ocurriendo, al fin sería mía, mi esposa…
Le sonreí emocionado cuando mi padre, después de besarla, me la entregó como si fuera su bien más preciado.
- Estás preciosa - susurré en su oído y ella, como siempre, se ruborizó antes de sonreírme, lo que me hizo sentir de nuevo el hombre más jodidamente afortunado del planeta.
El pastor de la comarca comenzó la ceremonia, una ceremonia a la que confieso no presté atención, porque era incapaz de dejar de estar pendiente a ella, no podía , simplemente no podía…
- Yo, Edward Cullen - repetí como me pidió el pastor cuando llegó el momento de los votos tomando sus manos entre las mía -, te tomo a ti Isabella Swan como legítima esposa - no podía dejar de mirarla, mi corazón latía furioso y emocionado bajo mi pecho mientras veía como sus ojos se humedecían antes mis palabras - y prometo amarte y respetarte, en la salud y en la enfermedad- apreté sus manos e intenté que mis ojos le dejaran ver la verdad de lo que decía -… en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte no separe. Te amo- declaré mientras colocaba el anillo en su dedo. De nuevo apreté sus manos acariciando el anillo y luché por no dejar que las lágrimas que amenazaban con escapar de mis ojos saliesen mientras un remolino de emociones me embargaban.
- Yo Isabella Swan - repitió ella al igual que yo con voz temblorosa - te tomo a ti, Edward Cullen, como legítimo esposo, y prometo amarte y respetarte, en la salud y en la enfermedad , en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe. Te amo - declaró ella con un hilo de voz mientras colocaba el anillo en mi dedo y me sonrió con los ojos colmados de lágrimas.
-Yo os declaro marido y mujer, puedes besar a la novia - dijo el pastor y no tardé ni un segundo en llevar mis manos a su cintura y, como si fuera la última vez que la besara en la vida, estrellé mis labios con los suyos, besándola con adoración, con necesidad, con entrega, como si sólo estuviéramos nosotros ahí…
De pronto todos comenzaron a aplaudir y a vitorear lo que nos hizo saber que habíamos alargado el beso más de lo debido, y Bella escondió su rostro en mi cuello mientras yo miraba a todos con la sonrisa más genuina que jamás había tenido.
Aún no lo podía creer, ¡Bella era mi esposa!
La fiesta duró hasta bien entrada la madrugada, donde decir que nos sentimos felices era quedarse muy corto. Aunque en verdad la mayor parte de la fiesta me la pasé devorando con mis ojos a mi preciosa esposa, deseando hacer uso de esa pequeña luna de miel que los chicos nos habían regalado, ofreciéndose a quedarse con nuestra pequeña mientras tanto…
-Te amo… como nadie puede… amar a nadie… en el mundo …- susurré jadeante sintiendo aún mi cuerpo tembloroso justo después de que los dos nos dejamos caer a ese abismo de placer en el que se habían convertido nuestros orgasmos.
- No puedes asegurar eso -susurró de vuelta, también su voz salió necesitada de aire.
- Sí, sí que puedo - le contesté y ella rió mientras se acurrucaba en mi pecho.
-No, no puedes, en algún lugar seguro hay otro hombre que ama igual o más a su mujer -me respondió pero su voz estaba teñida de diversión.
- Créeme amor, nadie en este jodido mundo puede amar tanto a alguien como yo te amo a ti, hazme caso -le contesté pagadamente lo que la hizo reír de nuevo.
Eso también lo adoraba, el poder escuchar su risa después de hacer el amor. ¡Dios!, eso lo hacía incluso más increíble aún. Definitivamente amaba a esta mujer con todos mis sentidos.
-Eres un engreído, Edward - dijo una vez más con diversión golpeando suavemente mi pecho- pero te creo, yo también te amo así- continuó aunque su voz se tornó más sería, realmente quería hacerme comprender que ella sentía lo mismo por mí.
-Duele amarte tanto -le confesé unos segundos después y ella frunció su frente con una mueca de confusión -. Duele porque constantemente temo perderte - me apresuré a aclararle llevando una de sus manos a mi boca besando sus dedos- me atormenta la idea de perderte Bella, de perderos a ambas, es algo que me aterra de una manera que no puedes imaginar -le confesé estrechándola más a mí -. Dime que nunca te irás, que nunca me dejarás sólo, dímelo Bella - le rogué realmente necesitado de oírlo.
-Edward, mi amor - su voz se tiñó de preocupación - no pienso irme a ningún sitio, no lo haré, nada puede separarme ya de ti, soy tu esposa - me contestó y una vez más la estreché a mí.
-Te amo - le volví a susurrar, no podía dejar de decírselo.
-Te amo - contestó ella besando ligeramente mis labios.
La acurruqué de nuevo entre mis brazos, había sido un día agotador sobretodo para ella, pero había merecido la pena… a los pocos minutos escuchaba como su respiración se pausaba haciéndome saber así que se había quedado dormida; me quedé por un rato mirando el techo mientras dibujaba distraídamente figuras en su espalda, en la espalda de mi esposa.
Habían sido dos semanas estresante y agobiantes, y no precisamente por la preparación de la boda.
Aún me rechinaba los dientes al recordar la mañana que me llamó totalmente asustada, desde el interior de una boutique en la que se había refugiado con mi pequeña, tras haber sido abordada por un grupo de paparazzi…
A nuestro regreso de la hacienda, después de haber puesto, al fin, fecha para nuestra boda, todo se volvió un caos.
Nunca había sido un blanco de la prensa sensacionalista; al contrario de lo que en un principio se especuló sobre mí en mi adolescencia, dado que era un joven rico que pertenecía a una de las familias más conocidas y respetadas del estado, jamás di motivo de escándalo, nunca se me conoció novia alguna ni era un mujeriego, y mi carácter tampoco admitía ese acoso. Para la prensa era aburrido y demasiado serio para mi edad, incluso algunos medios se atrevieron a decir que amargado. Y no se equivocaban…
Pasados mis años de estudiante, al formar parte de la empresa de la familia y tomar el relevo de mi padre, hizo que dejaran de verme como un joven aburrido y amargado, para verme y considerarme como uno de los empresarios más jóvenes y brillantes del estado. Y como tal era respetado.
Por eso me extrañó ver a varios fotógrafos apostados en la puerta de mi apartamento cuando salí, al día siguiente de nuestro regreso de la hacienda, con mi coche hacia la oficina. No le dí importancia, y ese fue mi gran error...
Dos semanas antes…
Mientras me sentaba en mi sillón y prendía mi ordenador, no podía borrar la sonrisa tonta de mi cara. Me sentía diferente, me sentía más vivo, y no era para menos…
Adoraba amanecer enredado entre las piernas de mi Bella y sentir sus cálidos labios darme los buenos días con un delicioso beso; adoraba también oír la risueña voz de mi pequeña y sentir sus brazos rodear mi cuello mientras me dejaba dulces besos en mi cara… Adoraba comenzar el día junto a ellas.
Aunque también comenzaba a preocuparme ese malestar que sentía Bella, de nuevo, en cuanto abrió los ojos y me dio el beso de buenos días, fue corriendo al baño. Era ya la segunda vez que la veía así, y aunque en la hacienda era cierto que no había vomitado, pude notar muecas extrañas en su cara.
"Nervios, puros nervios" Repetía ella para tranquilizarme, ella insistía que era causa de todo lo acontecido, pero a mí no dejaba de preocuparme.
Tuvimos una pequeña discusión ya que yo insistí en que visitara a un médico, pero ella, haciendo honor a su terquedad, se negó. Aunque me prometió que si el malestar persistía, lo haría, lo que hizo que mi enfado disminuyese considerablemente; ayudado, eso sí, al ser alimentado sensualmente con una uva, después de que viera lo que me excitó ver con la satisfacción con la que ella se llevaba una a la boca previamente, nada más entrar en la cocina… Definitivamente Bella adoraba las uvas.
Reí de nuevo ante ese pensamiento.
-¿Señor Cullen?, ya está todo preparado para la Junta -me informó Mandy a través del intercomunicador.
-Gracias Mandy, iré enseguida.
Hoy era el día en el que le pondría el punto en la boca a Maxwell, me había retado con lo de Aro y desde el mismo viernes, como Aro aseguró, se dio sendas ruedas de prensa por parte de las dos empresas donde dejábamos claro que la relación entre ambas estaba intacta y más fortalecida aún.
-Buenos días a todos - saludé con un semblante serio mientras caminaba hacia mi sillón y con seguridad abría el informe que todos ya tenían delante.
Todos se mantenían en silencio, apenas el sonido de las carpetas abriéndose lo rompía. Alcé mis ojos y, fríamente y con autoridad, miré a cada uno de los directivos y miembros de la junta de accionistas.
- Hace unas semanas- comencé diciendo con una voz monocorde y colocando los brazos sobre la carpeta - alguien cuestionó y dudó de mi profesionalidad a la hora de dirigir esta empresa - Mis ojos buscaron los de mi padre que con un semblante serio miraba hacía Maxwell, a decir verdad, todos miraron hacía él…
- Como ya han podido comprobar, nuestra relación con "Vulturi Timber Constructions" continuará, por lo que espero nunca más se vuelva a cuestionar mi profesionalidad -dije apretando mis puños y con un semblante furioso en mi cara, mirando a John con dureza.
- Si ven el informe que les he facilitado, ahí podrán leer el motivo por el cual salió el rumor. Nada tenía que ver con nosotros, siempre fue un error cometidos por ellos del cual Aro se ha disculpado personalmente.
Todos los miembros asintieron y se relajaron…
-De igual forma quiero aprovechar esta reunión para informaros que he decido investigar todos los departamentos de esta empresa. Y no pienso volver a tolerar que se tomen decisiones de ningún tipo en mi ausencia, yo soy el director general de "TreesRiver Cullen Company" - mi voz sonó una vez más con rabia y la mirada que dediqué a John bien podría considerarse asesina.
- Si descubro que alguien a formado parte de todo lo que ha pasado con Vulturi o ha perjudicado la empresa de cualquier modo, no dudaré en levantar un procedimiento de exclusión.
- Esa es una acusación muy grave Edward. ¿Acaso tienes sospechas de que algo así esté ocurriendo? - preguntó Davidson, uno de los socios. Inmediatamente el resto comenzó a murmurar.
- Peter, ten por seguro que ya ha ocurrido un movimiento irregular. ¿Verdad John? - le pregunté desafiante, él se envaró y me fulminó con la mirada, el resto de socios nos miraba expectantes tratando de entender que estaba ocurriendo.
- ¿Me estás acusando de algo, Edward? - me reprochó con dureza. Juro que odié cada silaba que profirió su boca.
- Te advierto - dije levantándome y apoyando mis puños en la mesa inclinándome un poco hacia delante de una manera amenazante - que esa empresa está siendo investigada, y que si encuentro el más mínimo rastro de ti en ella, date por fuera de esta empresa.
- No me hables así, no eres nadie Edward Cullen, solo un muchacho con suerte -dijo despreciativamente. Pude ver como mi padre se tensaba al igual que el resto de socios.
- Soy el director general de esta empresa y te aseguro que no te permitiré que me faltes ni una sola vez más el respeto. Más te vale que no encuentre nada que ver contigo en esa empresa. No te imaginas que placer será para mí excluirte de nuestra empresa.
- Eso jamás sucederá - contestó rojo de ira levantándose de la silla y saliendo de la sala de Juntas dando un portazo.
- Lamento que hayan presenciado esto, pero ahora más que nunca debemos estar unidos para salvaguardar los intereses de esta empresa.
Todos los socios, a pesar de estar aún en shock por lo ocurrido, asintieron y me ofrecieron todo su apoyo.
De pronto Leslie Hoffman , la jefa del gabinete de prensa de la empresa, irrumpió en la sala de junta.
- Edward, debes de ver esto - me pidió colocando su portátil frente a mí y mostrándome un video.
Mis ojos se abrieron estupefactos por lo que estaban viendo. En el video aparecía Bella saliendo del edificio con mi pequeña y siendo rodeada por un grupo de periodistas que comenzaron a acribillarla a preguntas impidiendo su paso.
Mis manos se hicieron puños y sentí como mi corazón comenzaba a bombear alarmantemente bajo mi pecho, al ver la cara de terror que tenían tanto Bella como mi pequeña, y como ella luchaba por abrirse paso entre ellos…
De pronto mi móvil vibró sobre la gran mesa de la junta. Un estado de total preocupación se instaló en mi pecho cuando leí en la pantalla que se trataba de Bella..
-Bella, ¿Bella dónde estás, mi amor? - contesté inmediatamente tratando de tranquilizarme..
-Edward, tienes que venir, Edward por favor, no puedo salir, Sarah, Sarah está muy asustada, Edward por favor, sácanos de aquí - dijo atropelladamente mientras rompía en un llanto nervioso al otro lado de la línea.
- ¿Bella, dime dónde estás?, ahora mismo voy para allá, cariño, tranquilízate -le pedí tratando de tranquilizarla aunque sentía como la ira iba recorriendo todo mi cuerpo.
Enseguida me dio el nombre de una boutique que quedaba cerca de donde estaba nuestro apartamento y cortando la comunicación salí corriendo para ir con ellas.
- ¡Edward!, ¡Edward, espera! tienes que decirme, qué hay de cierto de que ella es tu prometida y que tienes una hija, ¡maldita sea Edward, para! -gritó Leslie detrás de mí.
- Todo es cierto, Bella es mi prometida, en dos semanas nos casamos y tengo una hija. Haz todo lo que tengas que hacer, pero haz que paren esto, no quiero volver a ver a ningún periodista alrededor de mi mujer y mi hija, ¡entiendes! - le grité mientras me dirigía al ascensor. - ¡Haz tu trabajo y para esto! - volví a gritarle mientras veía como las puertas del ascensor se cerraba.
En cuanto llegué al hall del edificio de las oficinas, hice que varios chóferes viniesen conmigo a modo de escolta. Iba a sacar a Bella y a mi hija de ahí a como diera lugar, y ellos me abrirían el camino.
-Edward, Edward yo….yo….me asusté - Dijo Bella nada más verme llegando hasta mí y tirándose literalmente en mis brazos.
- Ya estoy aquí mi amor, lo siento, siento mucho todo esto, jamás pensé que algo así podría ocurrir…- le susurraba abrazándola fuertemente tratando de tranquilizarla oyéndola llorar nerviosamente entre mis brazos…- Bella ¿dónde está Sarah? - le pregunté con ansiedad al no ver a la niña.
- Ella está con Carri, la encargada de la boutique, estaba tan asustada…
Miré a mi alrededor y entonces la vi salir de la trastienda en los brazos de la encargada y mirando un muñequita..
- Papi - musitó cuando al girarse me vio y al instante comenzó a llorar tirando sus brazos hacía mí. Mi alma se partió al ver a mis chicas así. Llevando a Bella por su cintura caminé hacia mi hija y la tomé en brazos.
- Ya está mi cielo, ya está papá aquí - le susurré mientras ella se acurrucaba en mi cuello.
Cuando las noté más tranquila y después de agradecer a la encargara que les dejaran cobijarse ahí, salí agarrado de Bella y con mi pequeña en brazos escoltado por los chóferes quien nos abrieron paso hasta llegar al coche.
Varios periodistas comenzaron a hacernos preguntas pero yo evité contestar ninguna, simplemente los taladraba con la mirada lo que los hacía retroceder. Jamás había hablado de mi vida privada y no creía tener que empezar ahora…
Esa noche mi pequeña tuvo pesadillas lo que nos obligó a meterla con nosotros en la cama y Bella, aunque se mostró avergonzada por su reacción, no pudo ocultar su estado ansioso y preocupado por lo ocurrido.
Al día siguiente hice llegar un comunicado a la prensa donde afirmaba que Isabella Swan era mi prometida y que nos casaríamos en una celebración íntima en dos semanas.
Leslie, haciendo su trabajo, consiguió que los paparazzi dejaran de apostarse a la puerta de mi casa. El comunicado no había sido extenso pero si lo suficientemente informativo y dada mi trayectoria, no fue difícil conseguir de nuevo ese trato.
Aunque eso no evitó que ciertos programas de corazón nos mencionara en más ocasiones de las que me gustaría y casi siempre tratando de conocer quien era realmente la Señorita Swan, la hermosa joven que había cautivado el corazón del implacable Edward Cullen…y que era una total desconocida.
Mi sangre hervía cada vez que oía que la prejuzgaban como una trepadora que había enganchado al joven empresario con una hija, ganando así a potenciales "futuras Señoras Cullen" como era, entre otras, la hermosa Tanya Denalí. Otros en cambio, se mostraban más benévolos y hacían hincapié en la forma en la que nos mirábamos si de pronto nos cazaban en algún restaurante o en la calle con nuestra pequeña, recalcando el amor que se veían en nuestros ojos y como yo parecía otro, mucho más sonriente y amable.
Afortunadamente y al ver que no nos ocultábamos, pronto dejamos de ser noticias. Ese fue el mejor consejo que nos dio Leslie que al día siguiente mantuvo una conversación privada con Bella y desde entonces, Bella enfrentó a la prensa con una sonrisa, mostrándose amable aunque sin poder evitar su timidez, lo que hizo que los periodistas comenzaran a tratarla de otra manera; incluso se cautivaron con mi pequeña, que en varias ocasiones, y desoyendo a su madre o a mí cuando algún periodista se acercaba a hacernos alguna pregunta, tiraba del micrófono para hablar ella haciendo las delicias de todos…
- Gracias mi amor - susurré dejando un beso sobre su cabeza - Gracias por no salir huyendo, gracias por no asustarte y adaptarte a esta nueva vida, gracias mi amor, no me alcanzará la vida para agradecerte el ser como eres -musité besando el tope de su cabeza de nuevo.
De pronto Bella comenzó a removerse entre mis brazos…
- ¿No puedes dormir? - me preguntó con la voz adormilada, lo que me hizo sonreír antes de volver a besar su frente, en esta ocasión.
- Resulta difícil dormir cuanto tengo a mi recién estrenada esposa entre mis brazos -le contesté sensualmente y no pude evitar frotar mi nariz con la de ella, lo que la hizo sonreír.
- ¡Mmnnn! Interesante, ¿quieres que te ayude a relajarte? - preguntó removiendo la pierna que tenía entrecruzada con la mía provocando que de inmediato mi miembro vibrara feliz.
- Oh sí, Señora Cullen, me encantaría que me ayudase - le susurré y nos giré quedando completamente encima de ella y apresando sus labios con los míos. -Tengo hambre de ti, déjame alimentarme de tu cuerpo - seguí susurrando mientras comenzaba a besar y lamer su cuello para luego descender hasta dar buena cuenta de esos preciosos pechos que me enloquecían..
- Oh, Edward…si…- gimió Bella comenzando a retorcerse bajo mi cuerpo.
- Eso es preciosa, déjame oír tus gemidos, déjame sentir todo lo que te hago sentir - mordí suavemente uno de sus pezones ganándome un nuevo gemido por parte de ella..
- Dios Edward, me vas a volver loca - susurró y aferrándose con fuerza a las sábanas dejó caer su cabeza en la almohada mientras yo descendía por su vientre, de una manera tortuosa, hasta llegar a su entre pierna y hacer que ella vibrara con mi lengua, lo que sabía que adoraba.
-Oh Dios mío, si - gritó cuando a los pocos minutos todo su cuerpo convulsionó bajo mi boca.
- Sabes exquisita - susurré sobre sus labios antes de besarla con un hambre voraz - jamás consigo saciarme de ti, nunca tengo suficiente de ti - seguí susurrando mientras me colocaba entre sus piernas y lentamente me introducía en ella.
-Oh Dios, adoro cuando entras en mí - gimió Bella al sentirme mientras la invadía, lo que me hizo estremecer de placer.
-Dios, podría correrme con solo oírte, cariño - le confesé llevando mis manos a sus manos y, colocándolas a cada lado de su cabeza, entrelacé con fuerza nuestros dedos mientras una y otra vez la penetraba más fuerte, más rápido, sin dejar de besarla, prácticamente ahogando sus gemidos en mi boca mientras mis caderas seguían sus deseos, sintiendo como se retorcía y me apretaba dolorosamente en su interior llevándonos a disfrutar una vez más de nuestro paraíso personal.
Definitivamente era el jodido hombre más afortunado del mundo. Iba a ser una luna de miel cortita, pero por Dios que la iba a aprovechar al máximo..
Continuará…
