Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.

¡Hola mis niñas preciosas! De nuevo estoy aquí. ¡Al fin recuperada!, espero no pasar por lo mismo en los próximos años , décadas, siglos... por Dios ¬¬

Quisiera daros las gracias a todas por vuestro apoyo y muestras de cariño, por vuestra paciencia y por excusarme. No os haceís una idea de lo importante que llegáis a ser para mí. Gracias.

Y bueno, ya no me enrollo más y os dejo con el capi.

¡Disfrutadlo!

;)


"Secreto de una traición"

Capítulo XXXII

Las seis de la tarde, esta se había convertido en mi segunda hora más feliz del día desde que habíamos regresado de nuestra mini luna de miel. ¿Por qué?…Obvio. A esta hora, cada tarde, regresaba a casa después de un infernal y estresante día de trabajo, y era recibido por los cálidos brazos y besos de mi preciosa esposa y los gritos de entusiasmo y cariño de mi adorable hija.

¿Alguien puede desear algo más en la vida…?

Una tarde más, después de recoger varios documentos que aún me quedaban por revisar; lo haría más tarde en casa; cerré mi maletín y tras dedicar una sonrisa a mi eficiente secretaría, me despedí hasta el día siguiente.

El camino a casa, a pesar de ser hora punta, no me estresaba, me lo tomaba con calma. Y es que sabía que en cuanto llegase a casa la paz y la tranquilidad me inundarían, y comenzaría a disfrutar con mis chicas…

Sí, lo sé… Soy el jodido hombre más feliz y afortunado del planeta. ¿Alguna vez tendría que tocarme a mí? ¿no?

Con una sonrisa de oreja a oreja y el familiar cosquilleo de anticipación en mi estómago, subí ansioso en el ascensor hasta llegar a mi planta; saqué la llave de mi bolsillo; y ya me preparaba para recibir el abrazo de mi pequeña nada más abrir la puerta…

-¡Papi! -gritó como todos los días nada mas oír la llave y vi como venía corriendo hacia mí. Dejé el maletín en el suelo cerca del recibidor y me incliné para cogerla en mis brazos.

¡Dios! Amaba esto.

Sentir el apretado abrazo de mi pequeña en mi cuello y el impacto de su delicado olor a bebé, me hacía desprenderme de todas las preocupaciones. ¡Al fin estaba en casa!

- ¿Qué tal tu día, renacuaja? - le pregunté jugando con ella lanzándola sobre mi cabeza lo que le provocaba unas cosquillas que la hacía reír a carcajadas mientras tiraba de mi cabello.

- Ben papi ben. Io fui a paque y Ada mi pujó y mi caí, ota ve - dijo con un pucherito cuando la sostuve en mi brazo y comencé a recorrer el salón con la mirada extrañado de no ver a Bella.

- Vaya, seguro fue sin querer. Adam es tu amigo , ¿no? - le pregunté tratando de quitarle importancia.

- Chii, Ada mi quele, Ada mi migo - contestó mientras yo comenzaba a caminar con ella en brazos.

- ¿Y dónde está mami? - le pregunté y ella señaló hacia la cocina - ¿Bella, cariño…? - la llamé francamente extrañado por su ausencia.

- Papi, baja, io quelo ve Dola - me pidió mi pequeña, que nada más dejarla en el suelo fue de nuevo a la alfombra y se sentó a ver sus caricaturas favoritas.

Caminé hacia la cocina y ya desde el salón pude ver a Bella preparando algo en la encimera. Mientras me iba acercando podía apreciar el delicioso olor del estofado. Me acerqué sigilosamente a ella, un poco extrañado de que ni siquiera se volviese. ¿Estaría escuchando música con los auriculares puesto y no me oyó?

-He extrañado tu cariñoso recibimiento - le susurré en su cuello a modo de reproche, antes de besarlo, rodeando su cuerpo con mis brazos para dejar mis manos en su plano vientre.

-Oh, no me dí cuenta que habías llegado, lo siento - se disculpó girando un poco la cabeza y dedicándome una pequeña sonrisa. Irremediablemente mis ojos se achicaron ante su falta de entusiasmo. Podría incluso jurar que fue una sonrisa forzada. ¿Qué pasaba aquí…?

- Bella... ¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo? - le pregunté preocupado por su actitud.

- Qué…no, ¿debería ? -contestó a la defensiva dejándome aún más conmocionado.

¿A qué venía esto? Este sin duda no era el recibimiento que esperaba recibir, pensé frunciendo mi entrecejo.

- ¿Te encuentras bien, cariño? - insistí haciéndola girar para enfrentar su mirada.

Había algo, su mirada estaba más apagada, incluso su mandíbula se tensaba como si estuviera luchando por no decir algo.

- Bella, cariño, ¿qué pasa?- volví a preguntar ahuecando su rostro obligándola a mirarme.

- No me pasa nada, Edward, de verdad -contestó pero no me convenció ni lo más mínimo. No pude evitar observar su mirada más detenidamente. Sé que me ocultaba algo, pero también sabía que cuando ella actuaba así, era mejor no insistir… al menos por ahora.

- Esta bien… - le contesté nada convencido, pero como siempre, dejándole su espacio.

Me incliné y me apoderé de sus labios. Oh sí… Gemí interiormente. Necesitaba sentir sus labios para que la dicha de volver a casa fuera completa.

Ella respondió mi beso, aunque de nuevo extrañé que no llevase sus manos a mi pecho o las enredase en mi cabello mientras la besaba, tratando de profundizarlo. Definitivamente le pasaba algo.

No negaré que eso me molestó, incluso me inquietó. Si algo le ocurría debería de compartirlo conmigo, ¿no? Aún así traté de no darle importancia, tal vez estaba en sus días.

Sus días, vaya, no había pensado en ello. Sí, definitivamente sería eso. Supongo que hoy no tendría mi maravillosa y placentera sesión de sexo con mi apasionada esposa. Que se le iba a hacer… En lo bueno y en lo malo, ¿no? Me encogí de hombros mentalmente.

-Llevaba esperando este momento todo el día - susurré sobre sus labios antes de aprisionar su labio inferior y tirar de él -. No me siento en casa hasta que no me has besado -no pude evitar medio reprocharle aunque sin dejar de besarla, suavemente, y atrayéndola más a mí por su cintura.

-Edward, la cena…- musitó y removiéndose sutilmente se zafó de mis brazos -. Se me va a quemar. Será mejor que te vayas a dar una ducha, enseguida estará lista - me sugirió ofreciéndome una pequeña sonrisa pero sin llegar a mirarme.

Una vez más la observé con detenimiento . Cuánto desearía poder estar en su cabeza y saber que estaba pensando. ¿Qué le ocurría?

-Está bien, me cambiaré y bajaré enseguida… -Ella hizo el amago de girarse pero antes de que lo hiciera y se alejara, la atraje de nuevo por su cintura e hice que su pecho chocara con mi pecho -, pero antes quiero otro beso - le susurré y sin pedir permiso la besé de nuevo, de una manera más demandante, pasando mi lengua por sus labios obligándola a darme acceso.

Cerré los ojos cuando un pequeño gemido derrotado se escapó de su garganta ante mi forma de besarla. Bella no podía con eso, por más molesta que estuviese no podía resistirse a lo que mis besos y mis caricias le provocaba.

- Te amo…- susurré sobre sus labios cuando bajé la intensidad del beso y sentía su aliento jadeante chocar contra mi boca, antes de acariciar sus labios de nuevo.

Ella sólo sonrió un poco sobre ellos y con delicadeza puso sus manos sobre mi pecho y presionó lo suficiente para separarme.

- La cena…- volvió a musitar como si eso explicase su reacción.

Llevé mis labios a su frente, y después de besarla suavemente ahí, me separé y asentí con una sonrisa. Ella aprovechó y se volvió alejándose hacía el fregadero y comenzó a remover la ensalada que tenía a remojo en un bol.

Me obligué a salir de allí. Verdaderamente la actitud de Bella era fría y distante, aunque trataba de disimularlo, a medias.

Mientras subía las escaleras me fui quitando la chaqueta y desabrochando la camisa. Sonreí cuando vi sobre algunos escalones algunos juguetes de mi pequeña. Me agaché y los recogí. No quería que estos muñequitos acabaran provocando un accidente. Volví a sonreír negando con la cabeza al ver en el pasillo el triciclo y el carro de capota de su muñeca.

Sarah tenía desperdigado sus juguetes por todos lados. Y no era para menos…

No hacía ni dos días que habíamos celebrado la Navidad, nuestra primera Navidad juntos, y mi pequeña amaneció con un sinfín de juguetes y disfraces bajo su árbol.

Mientras me terminaba de desabrochar la camisa, recordaba lo divertido que había sido ir en busca de nuestro abeto. Como se le iluminaron los ojos a mi pequeña al verlo todo iluminado cuando lo adornamos, o lo que disfrutaba quitando y colocando una y otra vez los adornos que quedaban a su altura; ese había sido su entretenimiento los dos días previos a la celebración de la Navidad, para disgusto de Bella que se la pasaba componiendo el dichoso árbol cada vez que pasaba por ahí.

Este estaba siendo el mejor año de toda mi vida y estas Navidades, las más felices de todas, sin lugar a dudas. Ver el rostro de mi pequeña abriendo los regalos, o el de Bella emocionada de verla hacerlo, eso fue maravilloso.

Entré a su cuarto y dejé allí todo los juguetes antes de ir al mío y finalmente darme esa merecida y necesitada ducha. Me coloqué un cómodo pantalón de deporte gris y una camiseta de algodón blanca y después de tratar de peinarme un poco, bajé para encontrarme con mis chicas de nuevo.

Con suerte el humor de Bella habría cambiado y finalmente pudiera disfrutar de una velada de películas con ella entre mis brazos, antes de irnos a la cama.

- ¿Te ayudo? - me ofrecí cuando la vi colocar la fuente con la ensalada sobre la mesa de la cocina.

- No, no hace falta, ya todo está dispuesto. ¿Traes a Sarah? - me pidió y continuó colocando las cosas sin más.

No, definitivamente su humor no había experimentado cambio alguno. Comencé a sentir esa sensación angustiante y molesta en la boca del estómago.

La cena transcurrió en un ambiente algo incómodo. Solamente las intervenciones de mi pequeña conseguían relajarlo. Bella apenas habló, contestaba con monosílabos si le hacía alguna pregunta y apenas probó bocado. Se la pasó jugando con su tenedor todo el tiempo.

Cuando acabamos de cenar, la ayudé a recogerlo todo. Su silencio seguía mortificándome. ¿Qué carajo le pasaba? Pero cualquier intento de sacarle algo era en vano ya que ella insistía en que no le ocurría nada.

Un largo suspiro se escapó de sus labios cuando acabó de recoger la cocina y se volvió dejando el trapo doblado sobre la encimera. Clavó sus ojos en los mío y apretando ligeramente sus labios hizo una, casi inapreciable, negación con la cabeza, como queriendo alejar algo de su mente o lo que era peor, combatiendo para no decir algo.

-Voy a acostar a Sarah, ella querrá que le cuentes su cuento antes de dormir - dijo sin apenas emoción en la voz.

- Bella…- musité cuando pasó por mi lado, sintiendo de verdad como algo en mi estómago comenzaba a arder, era casi doloroso; el no saber lo que le estaba ocurriendo me estaba molestando y mucho. Tanto era así, que asentí y, apretando mis labios, me obligué a salir de la cocina cuando la vi alejarse con mi pequeña en sus brazos.

Frustrado, pasé repetidamente la mano por mi cabello, esto me estaba agobiando demasiando y sabia que en algún momento estallaría. No me gustaba sentirme así: ansioso, expectante, como si en cualquier momento una bomba fuera a estallar, o algo peor, que me fuera a decir que se había dado cuenta de que no me quería y que me iba a dejar…

-¡Mierda, no! - me reproché a mí mismo por pensar así. Bella me amaba. ¡Dios! ayer mismo hicimos el amor de la manera más enloquecedora del mundo y ella no dejó de susurrarme lo mucho que me amaba. Incluso en la mañana; la manera en la que se acurrucó contra mi cuerpo al despertarnos buscando mis caricias, buscando mis beso -¡No, joder!, ella no está penando en dejarme.

Odiaba sentirme tan inseguro. Sin tan solo ella supiera lo mal que me estaba haciendo sentir…

Molesto, salí de la cocina y tomando mi maletín me encerré en mi despacho. Revisé los documentos que Mandy necesitaba firmados por la mañana y se los envié por correo electrónico. Revisé los que me habían llegado y después de terminar con todo, miré el reloj para darme cuenta que había estado más de una hora encerrado allí..

-¡Mierda!-volví a exclamar al ver la hora. No solía hacer esto hasta que Sarah no estaba dormida y Bella en la ducha; eso en el caso de que me hubiese traído algo de trabajo a casa; lo que, desde que ellas estaban aquí, había pasado muy pocas veces.

Apagué rápidamente el portátil y salí corriendo de mi despacho subiendo los escalones de tres en tres. Cuando llegué a la habitación de mi hija, ella ya estaba dormida. Su cuento de cenicienta sobre su mesita de noche, reprochándome que no se lo había leído.

Me acerqué a su cama y arrodillándome, me quedé observándola por un tiempo.

- Los siento bebé, lo siento mucho - susurré apenado mientras apartaba un mechón de cabello de su carita, y retiraba un poco su chupete que se le había caído para que no se lo clavase en la mejilla si se giraba. Me incliné y dejé un beso en su frente. Me odié por haber permitido que mi malestar impidiera que le contara su cuento, como a ella le gustaba.

Con tristeza por haberla defraudado, salí de la habitación de mi hija esperando que ella me perdonase por ser tan gilipollas y caminé hacia mi habitación.

Nada más entrar en ella vi que Bella ya estaba en la cama, y por su postura, debía de estar durmiendo.

Un suspiro derrotado brotó de mis labios y con un hondo pesar me dirigí al cuarto de baño y me cepillé los dientes.

Ella siempre me esperaba despierta, deseando sonsacarme información sobre como había ido mi día y si me había ligado a alguna secretaria o recepcionista buscona; siempre buscando picarme, lo que me hacía acusarla de celosa y me daba pie a tomarla para demostrarle que ella era la única mujer en mi vida. Amaba cuando me provocaba así.

Hoy en cambio, eso no sucedería…

Caminé hacia la cama y me metí en ella. Bella me daba la espalda así que aproveché para deslizarme hacía ella, y la rodeé por la cintura enterrando mi cara en el hueco de su cuello.

- Te quiero - musité sobre él y lo besé ligeramente atrayéndola más a mi cuerpo.

Ella no se inmutó, ni siquiera colocó su mano sobre la mía, como acostumbraba hacer, cuando la abrazaba así. Mentiría si no dijese que mi corazón casi lloró ante ese hecho.

Aunque eso no impidió que siguiera enterrando mi nariz en el hueco de su cuello buscando colmarme, al menos, de su embriagador aroma. Pero entonces el tirante de su camisón se deslizó un poco dejando al descubierto su hombro, y no pude refrenar mi deseo de besarlo, incluso morderlo, mientras comenzaba a sentir como una parte de mi cuerpo despertaba tímidamente obligándome a presionar un poco sobre su precioso trasero buscando algo de fricción.

Sí, soy un jodido adicto al sexo con mi mujer, pero es que con ella siempre es tan excitante y placentero, que con sólo ver su hombro desnudo, o escuchar un pequeño gemido brotar de sus labios, me encendía como un loco; y porqué negarlo, a Bella le costaba resistirse tanto como a mí. En el fondo buscaba tener ese efecto en ella y poder así terminar con esta estúpida y agobiante situación.

- No…- dijo de pronto y presionó mi mano para detener el movimiento cuando comencé a deslizarla lentamente camino a su entrepierna -. Hoy no, estoy cansada y me duele la cabeza - me contestó sin llegar a girarse, alejándose un poco de mí hacía el extremo de la cama.

- ¿Se puede saber que coño te pasa, Bella? - le espeté encendiendo la luz de la mesilla buscando confrontarla de una puta vez - Llevas fría desde que he llegado. ¿Se puede saber que jodida cosa he hecho para que estés enfadada conmigo? -le reproché llegando al límite de mi paciencia.

Ella se giró y me miró con rabia.

- ¿Es que tiene que haber un motivo? - preguntó enfurecida - Sólo estoy cansada, y me duele la cabeza, ¿tampoco tengo derecho a sentirme mal y querer descansar? - me reprochó con rabia, incluso con dolor - Apaga la luz de una maldita vez y déjame dormir - dijo entre dientes dándome la espalda de nuevo dejándome totalmente choqueado por su reacción.

Por varios minutos me mantuve con la luz encendida mirando su espalda, sintiendo mi corazón latir furiosamente bajo mi pecho provocando que esos latidos golpearan en mis oídos. Vi como se aferraba a su almohada pero no volvió a dirigirme la palabra. Entonces mi estado de preocupación fue dando paso a un mosqueo monumental. ¡Ella no tenía derecho a dejarme así! ¡joder! ¡No tenía derecho! Espetaba en mi interior y con rabia apagué la luz y me giré dándole la espalda a ella también.

La siguiente hora fue un puto infierno. No podía dormir. Necesitaba tenerla entre mis brazos para poder conciliar el sueño. ¡Joder! ¿por qué se portaba así?

Frustrado me obligué a cerrar los ojos y fue el mismo cansancio del día el que finalmente, y pese a mi estado irritado, me llevó al sueño…

-No…no…¡Noooooooooooo! - grité de nuevo y me incorporé abruptamente bañado en sudor y con la respiración jadeante, como siempre que tenía ese sueño.

¡Maldita sea! Maldije para mí tratando de tranquilizar los latidos de mi corazón que bobeaba dolorosamente bajo mi pecho. Esto era ya enfermizo. No podía seguir así. Esa maldita mujer no dejaba de colarse en mis sueños dejándome con esa sensación de pérdida. Y en esta ocasión había sido mucho peor. Bella y mi hija aparecían rodeando la cama donde me encontraba entre las piernas de Tanya, ella reía como loca mientras mi Bella se iba alejando junto a mi hija desapareciendo en la inmensa oscuridad hasta perderla completamente de vista.

Inmediatamente me giré en busca de Bella y una vez más me sorprendió no encontrarla allí.

-Bella…- se escapó de mis labios con una voz estrangulada por el dolor y la angustia, acrecentada mucho más por la manera en la que nos acostamos.

Pasando la mano de nuevo por mi cabello agudicé el oído por si ella de nuevo estaba en el baño. Estaba apunto de girarme para encender la luz de la mesilla cuando su voz, que provenía de algún lugar de la habitación, me sorprendió.

- ¿Es por ella, verdad? - su voz sonó vacía, distante…

- ¿Bella? - pregunté mirando hacía el lugar desde donde provino la voz. Agudicé la vista y cuando ésta se acostumbró a la oscuridad vi su silueta sentada en un sillón esquinado, el más alejado de la cama -. Bella… - musité y girándome de nuevo presioné el interruptor y me quedé estático al ver su imagen.

Ella estaba sentada con las rodillas flexionadas y abrazadas a su pecho. Sus ojos estaban enrojecidos..

- Bella - volví a musitar e hice el amago de levantarme para ir hacía ella pero su voz me lo impidió.

- ¡No!… ¡no vengas!, ¡quédate ahí! - me ordenó mirándome de una manera tan penetrante y amenazante que me hizo desistir y me quedé sentado sobre la cama, sintiendo una angustia aún mayor en mi pecho y totalmente conmocionado por lo que estaba pasando.

- Bella, ¿qué tienes? - apenas le pregunté con un hilo de voz cansado de todo esto.

- Todas esas pesadillas… Siempre ha sido por ella, ¿verdad? ¿Quién es tu pesadilla exactamente, Edward, ella o yo? -me preguntó dolida y, a pesar de la separación que había entre nosotros, pude ver como sus ojos se humedecían de nuevo.

-Bella de qué me estás hablando -le reproché sin llegar a entender.

-No sigas haciéndome esto Edward, ¿por qué? -me reprochó en un hilo de voz.

No lo pude soportar más e ignorando su deseo de que me mantuviera alejado, me levanté y llegué hasta ella acuclillándome a su lado.

-¿Por qué, qué, Bella? No te entiendo cariño, qué te está pasando, habla conmigo por favor - le rogué llevando mi mano sobre la de ella aunque ella, en un rápido movimiento, rechazó mi caricia.

-Yo si tengo que hablar contigo, pero al parecer tú no. ¿No era qué no iba a haber más secretos entre nosotros? ¿no era qué nos lo íbamos a decir todo?, ¿hum? - me reprochó apretando los dientes -¿Cuándo es qué pensabas contarme Edward?… A no, espera - rió irónicamente -, es que no pensabas hacerlo jamás - dijo con una mueca de desprecio en la cara.

Yo no conseguía entender nada, pero su actitud y sus reproches me estaban doliendo en el alma, ¡joder! que me estaban doliendo.

-Hoy ni siguieras has podido evitar murmurar su nombre - volvió a decirme con dolor y desprecio - Finalmente ella tiene razón, no puedes sacarla de tu cabeza -dijo y juro por Dios que hasta ese momento no estaba entendiendo una puta cosa.

¿Sacarla de mi cabeza? ¿Soñar con ella? ¡Mierda! Me golpeé mentalmente al darme cuenta de pronto de todo.

- Bella, yo…- balbuceé sin saber exactamente que decir.

- ¿Por qué Edward? ¿Por qué me haces daño de nuevo? - Sus lágrimas se desbordaron y un sollozo ahogado brotó de su garganta..

- Bella mi amor, no es lo que tú crees - le dije llevando mis brazos a ella con la intención de abrazarla y consolarla, arropándola con ellos.

- ¡No! ¡No me toques! - me gritó y empujándome, provocando que cayera hacia atrás, se levantó, y salió corriendo de la habitación.

- ¡Bella!, ¡Bella espera! - grité levantándome y corriendo tras ella -¡Maldita sea Bella, no me dejes así! - mi voz sonó enfurecida.

- ¡Vete al infierno, Edward! ¡Vete al maldito infierno! - me gritó cuando llegamos al salón y asiéndola fuertemente por los brazos la hice que me mirase.

- Me iré al infierno o donde carajo tú quieras, ¡pero antes me vas a escuchar! - le grité de vuelta y con brusquedad la hice caer sobre el sofá. Ella me miró sorprendida por mi pronto pero no tardó en abrazarse a sus rodillas como un animalito indefenso - Joder Bella, no es lo que tú piensas o crees. ¿Y qué es eso de que ella tiene razón? ¿Cómo es que la conoces? - le pregunté furioso.

- Eso que importa ahora. Es verdad, eso es lo único importante. ¿Qué es lo que sueñas Edward? ¿Qué es eso que tanto te mortifica? ¿Acaso es lo que dice ella, que sólo estás conmigo porque tenemos una hija? ¿Es por eso? ¿Sueñas con ella porque tu responsabilidad como hombre te obliga a estar conmigo? - me espetó y juro que vi rojo. ¿Quién demonio le había metido esa mierda en la cabeza?

- ¡No sabes lo que dices! ¡No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo! - le grité desesperado. Me levanté y comencé a andar de un lado a otro del salón tirando de mi cabello totalmente cabreado. Por más que le daba vueltas no encontraba la razón de que ella me estuviese diciendo eso…

-¿Por qué? Sólo dime por qué volviste a por mí, cuando claramente la amas a ella..- dijo ahogándose en sollozos, totalmente rota.

- Dios, ¿cómo puedes pensar eso? - le respondí impotente incluso dolido por su falta de confianza-. No ves que no tiene sentido lo que dices Bella. Yo no la amo a ella, jamás la he amado. ¡Por el amor de Dios! - espeté apretando los dientes - Ella no ha significado nada para mí nunca Bella, jamás ella ha significado nada para mí…

Cerrando los ojos por un instante intenté tranquilizarme y moderarme. Lentamente volví a acercarme a ella y me senté en la mesa que quedaba frente al sofá, justo frente a ella.

-Cometí un error, sólo fue un maldito error. Ni siquiera me había acordado hasta que ella lo refirió - le confesé. Inmediatamente sus ojos se clavaron en los míos, mucho más reprochadores que antes, dolidos, afectados por lo que acaba de decir.

-Lo siento Bella - susurré sin apartar la mirada de ella, rogándole porque me escuchase y me creyese -. Podría excusarme diciendo que tú tuviste la culpa, que tú me empujaste a eso… -sus ojos se agrandaron sorpresivamente al oírme -, podría decirte que ni siquiera te debía nada, que tú me había echado de tu lado y de la peor manera - frunció la frente aunque eso no evitaba que de sus ojos siguieran brotando lágrimas -. Pero no quiero hacerlo- le dije bajando mi cabeza - , no quiero excusarme porque me comporté como un auténtico idota. Mi corazón siempre fue tuyo, mi amor, aún cuando pensé que me habías dejado por otro y no otro cualquiera…

Ella sollozó más fuerte abrazándose más a sus rodillas.

- Bella, mi amor, no puedes pensar que yo quiero nada con ella. Y sí tengo pesadillas; tengo pesadillas desde que ella regresó y me hizo ser consciente de lo que pasó. Eso me hizo sentir culpable, y esa culpa me ha estado martirizando todo este tiempo, soñando que te perdía una y otra vez, una y otra vez - le confesé atormentadamente, deseando transmitirle con mis ojos lo que estaba sintiendo.

-Pero no quise decírtelo porque no quería que te sintieras engañada, traicionada. Esa mujer no lo merece Bella, esa mujer no merece ni siguiera que derrames una sola lágrima ¡Maldita sea! Ella jamás ha sido una rival, porque la única mujer que ha habido en mi vida y a la que quiero en mi vida eres tú - me levanté de la mesa y me senté junto a ella en el sofá.

- Pero ella…ella me dijo…- balbuceó entre sollozos.

- ¿Es qué esa maldita perra se ha atrevido a acercarse a ti? - espeté hirviendo de ira al escucharla.

Bella asintió y levantó su rostro para enfrentar sus enrojecidos ojos con los míos, que seguramente tenían que lucir amenazantes y llenos de odio hacia Tanya.

- Ella se acercó hoy mientras estaba en el parque con Sarah - Mis ojos se cerraron a la par que mis puños mientra la escuchaba. La iba a matar, juro por Dios que la iba a matar con mis propias manos -. Al principio se sentó en el banco en el que yo estaba y me sonrió cordialmente, pero al minuto se volvió y me preguntó qué si sabía quién era ella.

-¡Maldita zorra! - mascullé entre dientes.

-Yo le contesté que no, qué si debía. Entonces ella me dijo que tú y ella habían sido amantes, y que yo me había interpuesto con mi hija cuando ustedes estaban pensando en formalizar vuestra relación e incluso pensabais casaros - su voz volvió a salir temblorosa al decir eso último.

- ¡Maldita hija de puta! -espeté encolerizado -Nada de eso es cierto Bella. Jamás he tenido nada que ver con esa mujer a excepción de aquella maldita vez, y estaba tan borracho, que casi me siento mal por usarla, podría haber hecho lo mismo con una prostituta - le confesé. Sus ojos volvieron a abrirse sorpresivamente por mi aclaración.

- Sí Bella, sólo fue aquella vez y en aquellas circunstancias. Conozco a Tanya desde la universidad, era una del grupo con el que solía salir, y aunque sabía que ella tenía interés en mí, mi corazón sólo latía por una persona. Por ti. Por eso siempre mantuve las distancias con ella, no quería que sacara conclusiones equivocadas. Pero aquella noche, esa noche yo no podía soportarlo Bella, tú rechazo me desgarraba el alma y el que lo hicieras por mi padre, recuerda que es lo que yo pensaba por aquel entonces, eso lo agravaba más. Te odiaba, sentía que te odiaba con toda mi alma y te odiaba más porque en el fondo sabía que con la misma intensidad te amaba, y no entendía como es que tú no sentías lo mismo por mí -le confesé y no pude evitar que mi rostro se contrajera en muecas de dolor reviviendo cada una de esas emociones que sentía.

- La usé Bella, traté de arrancarte de mi corazón y de mi mente usando a Tanya, ella siempre lo intentó y ese día simplemente la usé. Ni siquiera recuerdo nada, ni como fue, ni tan siquiera si llegué a concluirlo, no recuerdo nada, estaba tan borracho que es como si nunca hubiese existido.

-Al día siguiente me di cuenta de mi gran error. Ella no merecía que yo la usara así, finalmente era una amiga, pero no podía soportar siquiera que me tocase Bella, no quería que ella pensara que eso podía significaba algo entre nosotros, simplemente me largué. Ahí quedó todo, nunca más supe de ella. A las pocas semanas ella se fue a terminar sus estudios o a trabajar al extranjero, ni siquiera me importó.

Bella escuchó todo mi alegato, aunque su rostro tenía una expresión dolida, defraudada.

- Lo siento Bella, sólo fui un maldito hijo de puta que no soportaba la idea de perderte. Lo siento.

- Deberías habérmelo dicho -musitó con la mirada perdida - ¿Qué quieres que crea Edward? He tenido que enterarme por ella. Tienes ni siquiera un puta idea de como me he sentido -añadió y de nuevo una lágrima se escurrió por su mejilla.

- Bella, por favor - le imploré y tomé sus manos entre las mías. Ella las enfocó y unos segundos después levantó su mirada hasta cruzarla con la mía.

- Necesito pensar en todo esto - susurró apenas con un hilo de voz con una mueca de dolor en su rostro - me voy a la cama -añadió y sin más se levantó y comenzó a caminar, con los hombros caidos, hacia arriba.

-Bella…- su nombre brotó de mis labios mientras mi corazón se paralizaba. ¿Qué había hecho? Me reproché mentalmente pero me obligué a seguirla. Quizás ahora al menos pudiera abrazarla. Quería abrazarla fuertemente, hacerla sentir que nada era cierto y que la amaba como no he amado a nadie en este mundo. Necesitaba consolarla. Sabía que estaba dolida, pero ella tenía que creerme, ella lo haría ¿verdad?

Sintiendo un nudo enorme atorar mi garganta llegué arriba justo cuando ella miraba tristemente hacia nuestra habitación antes de girar hacia la de mi hija…

- Bella - susurré y apresuré mi paso para interceptarla antes de que entrara -¿Qué estás haciendo? - le pregunté sintiendo como mi estomago se contraía y mi corazón latía anhelante de aire..

- Hoy voy a dormir con ella - susurró sin llegar a volverse…

-¡Qué!, ¡no! - espeté entre dientes apretando mi mandíbula - vamos a nuestra cama, solucionemos esto ¡maldita sea! - le reproché agarrándola del brazo.

- No Edward, no puedes pedirme eso. Estoy cansada y ahora mismo no tengo fuerzas para seguir discutiendo. Necesito estar lejos de ti, no podría compartir la cama.

-Bella…-mi voz apenas era un suspiro ahogado.

- Es mejor así Edward, necesito espacio…

Miró su brazo por donde la tenía sujeta y eso hizo que de inmediato la soltara.

-Gracias - musitó y lentamente se alejó de mí, bajó una de las barandillas de la cama de mi hija y se metió en ella acurrucándose a su lado.

Por varios minutos me quedé viéndola, sintiendo como me ahogaba en mi propio dolor. De pronto el vacío en mi pecho era tan aplastante que me hizo sollozar. Apoyé mi frente en la jamba de la puerta y así permanecí por unos minutos más.

No podía ver su rostro. Ella estaba dándome la espalda, pero podía notar perfectamente como sus hombros temblaban, estaba llorando, y yo me odié por hacerla sentir así. Finalmente todos mis temores se estaban haciendo realidad…

Totalmente derrotado me fui a nuestro cuarto y enterré mi rostro en su almohada. No podía creer que estaba ocurriendo. Bella había abandonado mi cama, no hacía ni tres semanas que nos habíamos casado y ya ella no dormía conmigo… De nuevo la felicidad que creí haber alcanzado se esfumaba de mis manos como si fuera humo.

Sobre las cinco de la mañana y después de haber estado dando vueltas toda la noche en la cama, reviviendo una y otra vez todo lo que había sucedido, decidí dejar de luchar contra el insomnio y me levanté. Me dí una ducha tratando de recuperarme un poco y me vestí para ir a la oficina.

Era muy temprano, pero no podía seguir aquí. Antes de bajar pasé por la habitación y mi corazón se oprimió en un puño cuando la vi abrazada a mi hija y con los surcos de las lágrimas marcando un rostro cansado y agotado.

-Mi amor, lo siento …-musité acariciando su mejilla y colocando un mechón de cabello gentilmente tras su oreja -. Haré que todo vuelva a ser como antes, te lo juro mi vida, esa mujer no volverá a acercarse a ti y conseguiré que confíes en mi de nuevo, conseguiré que me perdones -mi voz sonó temblorosa - Te amo… - susurré antes de dejar un suave beso en su frente, y en la de mi pequeña, y con el corazón partido en dos, salí de allí…

Continuará…


N/A: Ay Dios! si ya lo decían agunas de ustedes, no podia callarse algo así...pobre Bella, me imagino lo que debió de sentir cuando esa mujer se le presenta y le cuenta semejante bomba, máxime cuando ella es consciente de esas pesadillas y para desgracia de Edward, justo hoy se le escapa el nombre de ella en sueños, ainss... ¿Qué pensáis que va a suceder?

Gracias a todas por todo vuestro apoyo y por estar siempre ahí acompañandome a traves de vuestros rr, de verdad que significan mucho para mí. Gracias muy especialmente a:

Vale; A Bella Cullen; Sarah-Crish Cullen; Milhoja; NaChiKa Cullen; yasmin-cullen; tany cullen; AnndieCullenM; Itzel; Paaameeelaaa; Dreams Hunter; beluchiss; mariees; Sky Lestrange Aliena Cullen; gbyaln; evecullen94; cutita2; Areli Pattirson; samyzoe; Nurymisu;SerenitySey; Cullen Vigo; EdwardKaname; deandramari ; NuRySh; EdbEll CuLLen; alicia; EdithCullen71283; mariclau; jupy; Sieg-93; maddycullen; litzy; JosWeasleyC; Iare; toat86; BeeLaDarcy; Saha Denali ; vivi S R; Pacita Delitah Cullen; Angie Masen; hilarycullen17;Denisse-Pattinson-Cullen;VictoriamarieHale; klaxi; mmenagv; themis78; bellarenesmee alias NATI ; L'Amelie; AnaGabrielaMora; LeidaJim; Addy Ortiz; Pretty in the Sky; Krystel01; gpattz; Partisan11; Yeya Cullen; anita cullen; Adry'XoxO; BlackCullen; Julimuliluli Zwein Siten;Katlyn cullen; LoreMolina; Tamynna; ludgardita; anónimo; Blapagu; indacea; Claudhia Lady Cullen; Karla Masen Lasso;Mon de Cullen; nany87; robsten-pattison; Samy Cullen Black; est cullen; Ara Cullen; Enichepi; EmilioLT; anamart05; GrayLife;Paz Cullen; WiPho; Bellita Hale; Maya Cullen Masen; Dulce isabella 7; mariiarias; codigo twilight; Alisaness Cullen; Tata XOXO; Vilie Walker;Elyta; Dama 89; SalyLuna; MeliRobsten02; ThoraPoison; BETTY CULLEN; Valeria; Pulytas; adriana; ainara; Magtam 1830 YOLANDA DORADO; vale potter; Estteffani Cullen-Sawn; ari; beakis; Kat; Lurix; BkPattz; Cherryland; green'splace; MIMI; miranda cs; amarececullenswan; lexa0619 Keimasen86; bellaliz; Bere Moreno; kellys; MELI8114; Ambarnena;annabolena; ElaMorgan; claudi17 Ginegine; Lore562; VaNeSaErK; Aime Cullen; ISelaCullen; London girl; Laura Katherine; naty;maria; LauraECS; Srta Swan de Cullen; Aby; Vyda; briit; roscidius cullen; LiseHarnett; veritoxs; Randa1; Catalina-Lina; Yose; espejismo de ficcion; alee rodriguez; hildiux; ISACOBO; miranda andonie; marieecullen; BBQ25, martinita; twifanMarie; AlbeetaCullen; natalia; Rosse; Fran Cullen Masen; Leslycan; LUZ C C; solcitopuchta; Esme Mary Cullen ; yeco; Hey vampire girl; Sully YM; daniella maria; Sky LeVan; Medfialuna; Alex-Cullen-Pattinson; crismery; Jocelynne-Cullen; MartyComingSoon; Lullaby Wayllen; betssdi; Franci; inexscor; Bells Swan-Cullen05

Espero que no se me haya olvidado nadie, si es así, háganmelo saber. Y me repito, es tan lindo ver como la lista sigue creciendo... No sabéis cuánto os agradezco vuestra presencia. Bienvenidas todas las que os incorporáis a la historia.

Gracias también a todas las que me añadís a favoritos y a alertas, y a las lectoras silenciosas.

-Karla: Te lo aseguro, esta historia tiene vida propia, me niego a decir cuantos capis queda...basta que diga algo para que ¡zas! diez más...ajajajjajajajja. ;)

Ahora sí me despido, un abrazo grande grande y un besazo a todas, especialmente a mis Reques de mi alma, os amo.

Hasta el próximo miércoles, guapísimas.

Besitos.

/(^_^)\ saraes.