Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer yo sólo sueño con ellos.

¡Hola mis niñas preciosas! ¿Cómo os fue la semana? Espero que bien. Yo me pasé el finde de parranda y no vea como tengo el cuerpo ¬¬ en fin. Siento muchísimo la tardanza pero os aseguro que este capi esta prácticamente saliendo del horno...Y nunca mejor dicho (movimiento de cejas)

Bueno, ahora sí, os dejo con él y espero que os guste. Para mí, hay algo en él que me gusta particularmente. ;) a ver si adivináis qué ..ajjajajajjajaja

¡Disfrutarlo!

;)


"Secreto de una traición"

Capítulo XXXIII

Para que iba a negarlo. Llegué a la oficina y agradecí que sólo estuviesen los guardias de seguridad y el equipo de limpieza. No tuve que disimular, sólo avanzar hasta encerrarme en mi despacho.

Sabía que iba hacer. Aún me seguía hirviendo la sangre cada vez que pensaba en ella; en lo que le había hecho a Bella. Esto no se iba a quedar así. Tanya había cavado su propia tumba.

Esperé sintiendo como mi corazón estaba hecho pedazos recordando la cara de dolor de Bella mientras me enfrentaba.

Cerré fuerte los ojos, mi mandíbula se tensó irremediablemente y clavé los dedos en los brazos de mi sillón. Cómo fui tan estúpido al pensar que esto no la dañaría de una u otra forma. Quise protegerla, evitarle un dolor innecesario, y así conseguí hacerla más vulnerable.

-¡Maldita! ¡Maldita sea! -maldije entre dientes. Yo era el culpable todo. Por más que lo intentaba, no dejaba de hacerle daño. Me odiaba a mí mismo por eso. Yo no era bueno para ella… Nunca había sido bueno para ella. Sentía mi pecho contraerse de puro dolor ante esa realidad.

Dos horas más tarde al fin pude pedirle a mi secretaria que llamara al despacho de los Denali para ver si Tanya estaba allí. Con la mala suerte que me gastaba, igual hacía, incluso, el viaje en balde.

Al menos con eso tuve suerte. Mandy me confirmó que la Señorita Denali estaba allí. Había llegado el momento. Iba a hacer tragarse todas sus palabras, y esta vez no me iba andar por las ramas… La quería lejos de Bella y de mi hija. No le consentiría que se acercara a ellas ni una sola vez más aunque para eso tuviera que matarla con mis propias manos.

Con la ira recorriendo cada una de mis venas, bajé al vestíbulo y no tardé en subirme a mi coche.

Todo el camino mi corazón bombeaba furiosamente; recordar la cara de desolación y dolor de Bella, mantenían mi rabia encendida.

Ni siquiera me detuvieron para registrar mi visita. Todo el mundo sabía quién era yo. Nadie se atrevió a acercarse a mí mientras atravesaba el vestíbulo de sus oficinas y tomaba el ascensor.

No me llevaría mucho tiempo. Atravesé el espacio que me separaba de la mesa de su secretaria y ésta, antes incluso de que yo llegará, ya había avisado a su jefa.

- De acuerdo Kate, no hay problema - escuché su voz por el intercomunicador. Ni siquiera me paré, llegué directo al despacho de Tanya y cerré la puerta tras de mí.

-Vaya sorpresa, nada más y nada menos que el mismísimo Edward Cullen - dijo Tanya a modo de saludo sin levantarse de su silla - ¿A qué se debe el honor? -preguntó la muy zorra con cara de suficiencia. Cómo si no lo supiera.

- ¿Cómo te has atrevido a acercarte a mi mujer? - Le pregunté con los dientes apretados y seguramente destilando odio por los ojos…

- Cuidado Edward, esta es mi oficina, no te voy a permitir…

- Eres una zorra -destilaba veneno al decirlo -. ¿Cómo te has atrevido a mentir de esa manera? - La interrumpí. Sus ojos de pronto se achicaron y noté como comenzaba a envarase. Conocía a Tanya, no era una mujer débil, pero mi voz sonaba demasiado peligrosa. Ahora mismo era demasiado peligroso.

-Porque la odio - contestó levantándose de la silla apoyando sus manos en la mesa inclinada hacia mí. En sus ojos, en verdad, pude ver todo el odio que emanaba. Sinceramente me estremecí al ver su mirada.

-Cómo puedes odiar a alguien a quién no has visto en tu vida - le reproché indignado, tratando de no dejarme llevar por lo que realmente quería… Estrangularla -. No te lo voy a permitir, Tanya. ¡No vuelvas a acercarte a ella! - le advertí acercándome más a ella de la manera más amenazadora que podía -. Te mato yo mismo si vuelves acercarte a mi mujer. ¡ME HAS ENTENDIDO! -grité apretando los nudillos en la mesa.

Ella se encogió un poco ante mi grito pero enseguida alzó la mirada desafiante.

-Siempre te has creído superior a todos - dijo de pronto destilando veneno - "El gran Edward Cullen" - añadió con una voz irónica y amargada - El gran jodido hijo de puta de Edward Cullen. El puede y tiene derecho a todo…¿no es cierto?…sin pensar en los demás- continuó y de pronto sus ojos, que una décima de segundo antes lucían altaneros y fieros, ahora mostraban un brillo cristalino... -No sabes cuanto te odio. No tienes ni puta idea de cuanto os odio ¡A los dos! -gritó finalmente hirviendo de rabia.

Podía notar su pecho alterado, su respiración agitada y errada. Yo me quedé impactado, esperaba alguna reacción parecida, pero el dolor implícito en sus palabras me desconcertó.

-No sabes cuánto tiempo llevo esperando esto. Cuántas noches, cuántos días, cuántos años buscando la manera de hacerte pagar- añadió con rabia.

-¿Hacerme pagar? -Musité sin llegar a comprender.

Ella dejó escapar una triste risa mientras de sus ojos se escapó la primera lágrima.

- Ni si quiera entiendes de que te hablo, ¿verdad? - me preguntó con reproche en su voz, una voz que se teñía de amargura. Yo no respondí nada, sólo la miraba, aún con ganas de estrangularla yo mismo por su maldad, por haber hecho sufrir a Bella..

-¡Jamás!, óyeme bien, Edward Cullen, jamás nadie me ha humillado cómo lo has hecho tú. Nadie en este puto mundo jamás lo ha hecho - soltó clavando su mirada de odio y dolor en mis ojos - Yo te quería…- dijo de pronto. Su voz se estranguló.

De pronto mi corazón comenzó a latir angustiosamente.

- Siempre te quise Edward, siempre. Y no como todos pensaban - dijo y las lágrimas ya no se reprimían - Pero tú no me dabas ni la hora - dijo con despecho - Yo… la chica que era admirada por todos los tíos del campus. Inteligente, hermosa. No conseguía para nada tu atención. Y todo… todo por una chiquilla estúpida que conociste en tu hacienda- volvió a reír tristemente.

- Tanya… - musité su nombre, en verdad no sabía ni que decir.

- Todos esos años estuve esperando por un oportunidad. Sabía que en el momento en el que me dejaras acercarme, te demostraría que yo era la mujer perfecta para ti. Yo te amaba Edward, te deseaba, te quería; cada noche me dormia soñando que me amabas, que me correspondías. Y cuando ya lo daba todo por perdido. Cuando ya intenté dejar de sufrir por algo que era imposible. Entonces te encontré en aquella barra de bar.

- Yo…- Dios, ni siquiera quería seguir oyendo. Ahora me sentía mucho más miserable que antes.

- Sabía que sufrías por ella. Pero yo no pensé en eso, solo vi mi oportunidad, la oportunidad que siempre esperé para llegar a ti, para demostrarte que yo también podía amarte y podría hacerte sentir bien.

- Pero ese fue mi gran error - continuó sonriendo tristemente, ni siquiera me mantenía la mirada -. Esa noche tuve que soportar la mayor humillación hacia mi persona -de pronto su voz se estranguló de nuevo - ¿Sabes lo que llegué a sentir cuando me follabas y de pronto comenzaste a decir su nombre? ¡Tienes una puta idea de cómo me sentí! - gritó empapada en lágrimas. - Me follaste duro Edward, no fuiste para nada delicado, me hiciste daño, pero lo que dolía más es que tú ni siquiera me veías a mí, la veías a ella…¡Por eso la odio! - gritó de nuevo - Ella estaba ahí, seguía ahí. Dios Edward, me usaste de la peor manera….

-Tanya… - mis ojos se humedecieron y apreté mis puños intentado mantenerme firme, aunque por dentro estaba rompiéndome en pedazos. Cómo nunca pensé realmente en como se pudo sentir ella.

-Sabes que fue lo más humillante de todo - su voz era más calmada aunque no dejaba de estar teñida de dolor - ni siquiera conseguí que te corrieras, ni eso, aún cuando era a ella a la que veías, mi cuerpo no te sirvió.

-Tanya …- volví a musitar cerrando los ojos. Dios, cómo pude ser tan mal nacido.

-Aún así… - se pausó y se volvió dándome la espalda mirando por su ventanal -, que tonta fui, aún mantuve la esperanza de que a la mañana siguiente fuera diferente. Finalmente yo sabia que estabas bebido. No podía culparte. Pero entonces ocurrió lo que terminó de matarme.

- No sigas por favor - imploré en un susurro sabiendo lo que venía.

- Te fuiste Edward, te fuiste sin decir nada, ni un lo siento, ni una disculpa, ni un: "No puede ser Tanya y lamento lo pasado, tú no lo mereces" - dijo y se abrazaba a ella misma, podía sentir como su cuerpo temblaba. - No estaba dormida del todo Edward, y deseé que me abrazaras, pero en cambio me separaste de ti como si tuviera la peste y tu cara puso una expresión de asco.

Mis ojos se cerraron y las primeras lágrimas de dolor, de pesar, de vergüenza, de culpa, comenzaron a humedecer mis mejillas.

-Ese día decidí aceptar la propuesta de trabajo en el extranjero que llevaba posponiendo sólo esperando por ti. Me fui Edward, me fui totalmente rota, humillada, huí de aquí para intentar salvar un poco de mí, si es que habías dejado algo.

-Los primeros meses fueron devastadores, no sólo porque me encontraba sola, sino porque la herida que me habías ocasionado no se cerraba. Yo realmente te amaba Edward, te amaba como una estúpida colegiala, suspiraba al verte cuando te dignabas en ir con el grupo. Pero lo intenté, intenté olvidarte, me dije que no merecías la pena, que yo podía seguir adelante, soy hermosa, soy culta e inteligente, soy valiente y decidida. Ya no iba a ver mas Edward Cullen en mi vida.

- Pero como no podía ser de otra manera, hasta a Europa llegaban los éxitos del gran Edward Cullen - dijo con desprecio -Y así, poco a poco, cada vez que leía las revistas de economía y había artículos sobre ti, mi cota de odio aumentaba. Mi herida fue cerrada a base de puntadas de odio… y comencé a pensar la manera de vengarme. Era lo único que me hacía sentir bien. Quería hacerte sufrir lo mismo, querías que perdieras todo lo que yo perdí. Quería que te sintieras humillado, que te sintieras solo, que lloraras cuando acabara contigo…

-Lo siento Tanya - susurré con la voz ahogada. En verdad no lo soportaba más, esto era más de lo que podía soportar. Jamás pensé en todo el daño que le había ocasionado a ella. La culpé a ella, fue ella quien accedió, yo jamás la alenté; pero tampoco pensé cuando sucedió, lo que en verdad significaba para ella. Cómo iba a hacerlo si mi vida era la peor mierda en esos momentos. Si me sentía el ser más miserable del mundo. Si la mujer a la que amaba con toda mi alma me había dejado y era la amante de mi padre. Fue fácil encubrir mi culpa culpándola a ella por acceder. Fui un maldito hijo de puta -. No puedo decir nada más que lo siento - volví a repetir sintiendo el nudo atorando mi garganta.

Ella comenzó a llorar, aún de espaldas a mí, sus hombros se agitaban y su llanto ahogado me desalmaba.

Me acerqué a ella y por primera vez en estos tres años le dí lo que siempre esperó. La abracé, la abracé fuerte y ella se volvió y enterró su cara en mi cuello llorando como una niña pequeña, indefensa, dolida. La mantuve fuerte. Era lo único que podía hacer después del daño que le había ocasionado - Perdóname por favor - le rogué entre sollozos -No lo merecías Tanya, yo lo siento mucho, perdóname por favor -insistí.

Ella se abrazó más fuerte a mí sin llegar a contestarme, sólo desahogando todo lo que tenía guardado.

Unos minutos después, ella misma se separó de mí y me ofreció una triste sonrisa.

-Gracias Edward - dijo y de nuevo las lágrimas brotaron de sus ojos. Use mi pulgar para apartarla. No quería hacerla llorar más -Esto era lo que siempre necesité, que al menos lo sintieras.

-Lo siento con toda mi alma Tanya, perdóname por favor - le pedí de nuevo. Y ella finalmente asintió.

-Sabes, eres un maldito hijo de puta afortunado - dijo de pronto y su sonrisa fue más sincera - Tu mujer es extraordinaria - continuó y en verdad me llamó la atención.

-Qué…- musité sin llegar a comprender.

-Tenías que haber visto como se enfrentó a mí. Y lo que me sorprendió más, que lo hizo sin llegar a levantar la voz, pendiente en todo momento de que tu hija ni siquiera notara que estaba peleando conmigo. Puede que finalmente lo que le dije le hiciera pensar después. Lo doy por hecho ya que has venido a reclamarme, supongo que conseguí lo que buscaba, hacerte sentir mal - dijo con una triste sonrisa - Pero allí no dio crédito a mis palabras. Te lo juro Edward. Ella no dejó que mis palabras se filtraran. Y me dijo la verdad más absoluta. Tu siempre fuiste suyo, siempre… y lo dijo con tanta seguridad, que fue cuando entendí porque la amabas tanto. Ahora lamento en verdad haberla herido, como dices, finalmente ella no tenía la culpa de nada, pero era la manera más fácil de dañarte a ti. ¡Joder! Si incluso salió bien parada del acoso mediático. Te juro que pensé que eso la haría salir despavorida. Esa mujer en verdad te ama, ahora sé que incluso más de lo que yo pude amarte. Lo siento de verdad.

-Tanya…

-Lo sé, soy maravillosa, ¿verdad? - dijo con una sonrisa más divertida. No pude evitar sonreír. Ella se alejó y volvió a sentarse en su sillón, y me invitó a tomar asiento -Sólo…¿puedes contestarme a una pregunta? -inquirió insegura.

-Claro -le contesté sinceramente.

-Si… si nunca la hubieses conocido a ella, me… ¿me habrías considerado?-preguntó tímida.

Me quedé por un rato pensando en la respuesta. Me obligué a recordar como era antes de conocer a Bella. De nunca fui un mujeriego, pero apreciaba la belleza y sí, ¡joder! sin duda Tanya era una mujer hermosa -Probablemente Tanya - le confesé e inmediatamente una sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios.

-Gracias por tu sinceridad Edward, te lo agradezco - contestó y yo asentí - Espero que consigas arreglar las cosas con tu mujer. Ahora odio haber sido tan perra - dijo cerrando los ojos.

-Supongo que lo merecía - le contesté con una triste sonrisa. No sabía como lo haría, ni siquiera que me encontraría al llegar a casa, pero confiaba en volver a recuperarla, en volver hacerla sentir bien. -Será mejor que me vaya- añadí.

-¡No, espera!-casi gritó cuando hice el amago de levantarme - Yo…Edward, ahora que hemos hablado… necesito contártelo todo.

-¿Qué quieres decir?- inquirí confundido.

-¿Sabes qué fue lo que me hizo volver? - preguntó. Yo negué con la cabeza frunciendo el ceño.

-Se presentó la oportunidad de vengarme, Edward - Mi mente comenzó a procesarlo todo -. Mi padre me comentó en una de sus llamadas que un socio vuestro le había propuesto un plan que les beneficiaría a los dos. El por supuesto lo desechó de inmediato pero cuando yo lo supe, lo tuve claro, había llegado mi oportunidad de vengarme - seguía diciendo mientras yo cavilaba sin parar…

-Maxwell…-musité con entendimiento. Ella asintió clavando sus ojos en los mío.

-Ese viejo te quiere fuera Edward. Cuando me entrevisté con él para hacerle conocer que estaba interesada en su propuesta, al principio dudé, realmente lo que planteaba no tenía mucha consistencia. Pero él me dijo que llevabas casi un mes fuera y me hizo ver que era por un asunto de falda.

-Lo sabía - dije apretando los dientes.

-El plan era fácil, se trataba de desacreditarte, hacer que tu empresa se tambaleara un poco, y eso venía por hacer que Aro, vuestro mayor cliente, se molestara y pretendiera dejaros. Ambos sabemos que Aro no tolera equivocaciones.

Mi mandíbula se tensó mientras apretaba mis manos alrededor del sillón.

-Se suponía que tardarías algo más en volver, el tiempo suficiente para que yo tratara de convencer a Aro de que nuestra empresa era la idónea, incluso Maxwell me dio una copia del contrato que tenías con Vulturi, así fue fácil ofrecer lo mismo a mejor precio. Eso dejaría de manifiesto tu falta de profesionalidad y a Maxwell la oportunidad de conseguir lo que siempre había ansiado, la presidencia de "TreesRiver Cullen Company"

-Hijo de puta, lo sabía - mascullé sintiendo como de nuevo me llevaban los demonios.

-Lo mejor era que, cuando eso ocurriese, él se asociaría conmigo, y así, yo, no sólo veía como tu reputación se iba al traste sino que además me convertiría en socia de tu propia empresa.

-Pero obviamos que el rumor de que Aro estaba en negociaciones con otra empresa iba a surgir tan pronto. Lo que obligó a Maxwell hacer el papel del que diera la voz de alarma.

-Volviste antes de tiempo. Yo supe que enseguida descubrirías que todo había sido amañado. Fue fácil convencer a Mike de que cambiase el pedido ya que James sólo podía hacerlo si un jefe de obras se lo pedía. El hijo de puta lo tenía bien calculado.

-James,¿ él también? -pregunté sabiendo en el fondo la respuesta.

-El es el ejecutor Edward, incluso el impulsor, él fue quien lo planeó todo, a cambio eso sí de una cuantiosa recompensa. Mike fue un pobre infeliz que se prestó por un simple revolcón - De inmediato bajó la mirada avergonzada -. No estoy orgullosa de ello, Edward, pero en ese momento mi sed de venganza era mayor -se excusó.

Yo apreté mis labios. Cada segundo que seguía oyendo sentía revolverse mis entrañas.

-¿Y por qué el impulsor? ¿qué tiene él que ver conmigo? -pregunté encolerizado.

-El ese la pareja de la sobrina de Maxwell.

-¿Cómo? -pregunté realmente conmocionado.

-Victoria es sobrina de la mujer de Maxwell. Ella ha vivido toda su vida en Nueva Yorks, pero por lo visto a James le había surgido un negocio en Atlanta y de ahí que se reencontrara con sus tíos. No sé exactamente como fue, pero James acabó trabajando para Aro y supongo que vieron la oportunidad…

-¿Qué sabes sobre la empresa de Victoria?-Indagué ávido de respuestas.

-Una tapadera para que James cobrara por sus servicios. Ese maldito pensó en todo, incluso en que fueras tú mismo quien pagara para que te enterraran en mierda- confesó.

Yo estaba realmente impactado por todo lo que estaba oyendo. Tenía en mi poder información sobre todo lo que había ocurrido, intentaba de procesarlo todo. Ahora entendía el porque la inversión en esa empresa, ese hijo de puta estaba desviando fondos para pagar por mi salida de la empresa. Tenía que hablar con Emmett, tenía que contarle todo para ver como conseguíamos las pruebas necesarias para acabar con él. Y tenía que hablar con Aro con respecto a ese tal James.

-Lo siento de veras Edward, tú no mereces que te quiten por lo que, tanto tú como tu familia, habéis luchado, todo por un viejo celoso y ambicioso. El odia a Carlisle, siempre lo odio, tenías que ver con cuanto veneno se dirige a él. Y tú te convertiste en su peor enemigo cuando tu padre te cedió la presidencia.

Todo lo que ella me estaba contando ya lo sabia, nada era nuevo para mí. Tenía que salir de aquí, necesitaba aclarar mis ideas y pensar en mi próximo movimiento.

-Gracias Tanya, con todo esto conseguiré al fin deshacerme de él - le confesé ansioso por salir de allí. - ¿Qué vas hacer ahora? - le pregunté casi por cortesía.

-Me vuelvo a Europa , realmente allí tengo un trabajo que me gusta. Y estoy seguro que conseguiré que la empresa de mi padre algún día sea una gran competencia para ti - dijo con suficiencia, pero con una sonrisa cálida en su labios.

-No me cabe duda Tanya, espero que al menos consigamos ser una competencia leal - le sugerí alzando las cejas.

Ella rió y se levantó de su sillón. Yo la imité ansioso, y junto a ella caminé hacia la puerta de su despacho.

- Así será Edward, espero que arregles las cosas con tu mujer, y bueno, sé que ya no podremos hacer amigos como cuando estábamos en la universidad. -Dijo dándome un golpe en el brazo divertidamente- Pero tendrás mi respeto, y por supuesto mi competencia será leal. ¡Oohhh! Me encantará patearte el culo de tú a tú en este mundo empresarial - dijo divertida.

-Supongo que eso me da el mismo derecho de patearte el tuyo - le contesté siguiendo su broma y ella rió aún con más intensidad.

-No por Dios, mi trasero es de admirar Edward, no permitiré que me lo patees - se burló y terminó de acompañarme hasta las puertas del ascensor.

-Gracias Tanya - le agradecí de nuevo por todo.

-Gracias a ti, Edward, de verdad que ahora me siento liberada.

-Espero que todo te vaya genial por Europa.

-Lo mismo digo - me contestó y extendió su mano para despedirse.

Yo la miré y la tomé, pero no la estreché, sino que me la llevé a los labios y la besé como a una dama. Puede que me hubiese aprovechado de ella en un momento de debilidad, pero nadie, ni el mismísimo Edward Cullen tenia derecho a humillar y dañar tanto a una mujer, usándola como un simple objeto.

Salí de allí con cierta tranquilidad, Tanya ya no sería nunca más una amenaza, pero no podía evitar que la cota de odio y rabia aún fuese mayor, aunque esta vez enfocada hacia la sabandija que estaba deseando quitarme de encima.

Mientras conducía de regreso a la oficina marqué a Emmett para citarlo allí. El se mostró entusiasmado cuando le dije algo por encima, al parecer él tenía pruebas que podía sustentar dicha historia.

Terminando su llamada, y sintiendo de nuevo mi pecho ansioso, marqué a casa, necesitaba saber cómo andaba las cosas por ahí.

-¿Diga? -contestó escuetamente y con apenas un hilo de voz Bella. Pero al menos al oírla mi corazón dio un vuelco. Ella seguía en casa.

-Hola Bella, soy yo… -contesté sintiéndome como un idiota. La línea permaneció en silencio al otro lado -Yo….quería saber…¿estás bien? -pregunté finalmente.

El silencio permanecía, aunque podía sentir su respiración al otro lado. No pude evitar clavar mis dedos en el volante, odiaba sentirme así, tan inseguro.

-- contestó en apenas un suspiro y como única respuesta.

-Bien -contesté sin saber que más decir - Nos vemos luego - añadí y de nuevo se hizo el silencio al otro lado.

-Adiós -contestó al cabo de un rato.

-Te quier…-pero antes de acabar ella había cortado la llamada.

Cerré lo ojos con fuerza y apoyé la cabeza en el volante, derrotado, mientras permanecía en un semáforo en rojo. ¿Por qué? ¿Por qué teníamos que sufrir tanto? Era tan doloroso percibir su frialdad, su indiferencia. Sentía que mi pecho se iba a desquebrajar en cualquier momento.

Al menos la reunión con Emmett consiguió hacerme olvidar por unos momentos el drama que tenía en casa.

-Lo tenemos Edward, no te das cuenta. ¡Ya lo tienes! - exclamó Emmett mientras yo seguía viendo las fotos y documentos que me había traído.

Efectivamente ahí había material suficiente para sustentar con imágenes la historia que al día siguiente pensaba contar en otra junta extraordinaria que había convocado con carácter de urgencia.

Y me asombré muchísimos al ver la imagen de Victoria y de James, al reconocerlos como la pareja que los acompañaba en el restaurante el día que Bella volvió.

-Sí, lo tenemos - contesté con un suspiro cansado y tiré de nuevo las fotos sobre la mesa. Me serví otro coña y le ofrecí otro a él.

-Creo que deberías irte a casa, Edward, necesitas estar fresco para mañana - me sugirió Emmett dando un trago a su copa.

-A casa… - musité con desgano y me dejé caer en el sillón girándolo para contemplar la ciudad. Era bonita la imagen de la ciudad iluminada por los tonos rosados y violetas del crepúsculo -. Cuando llegue a casa me espera una mujer dolida, decepcionada, incluso, y no me extrañaría… - dije apretando el vaso antes de dar un sorbo y sisear al sentir el caliente licor atravesar mi garganta -, con las maletas preparadas para irse.

Mi estómago se contrajo ansiosamente ante ese pensamiento.

-No digas tonterías Edward, Bella no va a salir corriendo, ya no es una niña, y ella te ama. Es comprensible que esté molesta, no debió ser fácil para ella lidiar con Tanya, más cuando ésta buscaba hacerle daño directamente. Y espero de una puñetera vez, que hayas aprendido la lección Edward, aunque las cosas duelan, es mejor decir la verdad, no ocultar nada, más cuando no has cometido falta alguna. No le debías nada…

-¡Lo sé! Lo… sé - le interrumpí pasando mis manos repetidamente por mi cabello -Pero aún así me duele haberla defraudado, si tan sólo le hubiese contado…

-No le des más vueltas Edward, y ve con ella. Sólo has de tener paciencia. Bella volverá a ti, eso no te quepa duda. Además, recuerda que tu hija también está ahí, ella estará deseando verte.

-Tienes razón - admití y apurando el trago, decidí irme a casa.

Conduje despacio, en verdad no tenía ninguna prisa por llegar. Ver la cara de Bella dolida, me mortificaba, y sabía que el ambiente que se respiraría entre nosotros sería bastante espeso, tenso. No, definitivamente no tenía mucha prisa por llegar.

-¡Papi! ¡ya enio! -llegó gritando mi pequeña nada más oírme abrir la puerta.

De nuevo una sonrisa se pintó en mi cara. Como siempre, me incliné hasta cogerla en brazos y la abracé fuerte mientras la besaba.

-Hola, mi amor. Cómo te extrañe..- le susurré enterrando mi nariz en su cuello para colmarme de su tranquilizador aroma.

-No ontaste tento aye, ¿hoy conta? -me preguntó y de nuevo un sentimiento de culpabilidad me abrasó.

-Lo siento mucho mi amor, no volverá a ocurrir, y sí, hoy te contaré dos cuentos, ¿te parece? - le pregunté tratando de redimirme.

-¡Chiiii! Do tentos, do tentos -comenzó a canturrear mientras se removía entre mis brazos.

-Y mamí, ¿dónde está? -pregunté un tanto ansioso.

-Mami etá maita, mami lloda le luele da badiga -dijo con algo de preocupación.

-OH - exclamé y en verdad mi estómago se contrajo -Mejor vamos a verla - Mi pequeña asintió y me señaló hacia la cocina.

Caminé con ella en brazos mientras me contaba lo que había estado haciendo en su día. He de reconocer que no le estaba prestando mucha atención, realmente estaba ansioso por saber cómo estaba Bella.

Y mi corazón se contrajo cuando la vi preparando la cena. Estaba de espaldas a mí, pero aún así pude percibir la tristeza que la rodeaba. Sus hombros estaban un tanto caídos, apoyaba su peso en una pierna mientras distraídamente aderezaba la ensalada.

-Hola -saludé a media voz. Ella giró un poco la cabeza pero no llegó a mirarme.

-Hola -contestó y siguió con lo suyo, sólo que en esta ocasión su cuerpo de irguió por completo, se mostró algo tensa.

-¿Estás bien? -pregunté con preocupación -Sarah me ha dicho que no te sentías bien - le aclaré rápidamente.

-Sí, estoy bien - pero al volverse para poner la ensalada en la mesa, pude ver la profundidad de sus ojeras, se veía francamente demacrada y me sentí tan… tan miserable por hacerla sentir tan mal.

-Bella…- su nombre se escapó en un susurro de entre mis labios. Deseaba ir hacia ella, estrecharla fuerte entre mis brazos, hacerle ver que ya todo había terminado. Que me perdonase, que volviésemos a ser como antes. Pero su actitud claramente me impedía dar el paso.

-La cena ya está casi lista, prepárate - me pidió y sin llegar a enfrentar mis ojos siguió con su tarea.

-Amo omé escao, io no quelo escao, a mí no usta - dijo mi pequeña de pronto. Inmediatamente la miré y no pude evitar sonreír, aunque en una mueca triste.

-Pues hay que comer lo que mamá ponga, señorita, para eso ella lo prepara con todo su amor - dije mirando hacía ella intencionadamente. Bella alzó por un momento sus ojos y por fin nuestras miradas se cruzaron.

Dios Bella, no nos hagas esto. Dije para mí al ver el dolor en sus ojos, estaba completamente seguro que ella se sentía tan mal como yo por esta situación, por no poder arroparse en mis brazos.

Inmediatamente bajó su mirada y siguió con sus cosas. Yo, que por ese brevísimo momento había esperado poder conectar con su corazón, me entristecí al ver que ella mantenía su muralla arriba. Miré de nuevo a mi pequeña y le sonreí.

-Ven, siéntate y comételo todo, yo me ducho enseguida y me reúno contigo. ¿Okay?

Mi pequeña asintió y me dejó colocarla en su sillita. Bella ya le estaba preparando el pescado. Antes de salir de la cocina me permití mirarla de nuevo, pero ella se esforzó para que nuestras miradas no se encontrasen.

No tardé ni veinte minutos en reunirme de nuevo con ellas. Mi pequeña ya casi tenía todo su pescado comido, a base de una paciencia infinita por parte de Bella. Ella me sirvió nada más verme entrar. Quise hacerlo yo, pero ella lo tenía todo dispuesto. Cenamos. El ambiente seguía siendo tan tenso como el día anterior, sólo que ahora entendía el porque, y no podía dejar de sentirme mal por haberlo estropeado todo otra vez.

Cuando acabamos de cenar, me pidió que acostara a Sarah mientras ella recogía. Me hubiese gustado quedarme a ayudarla, así pasar más tiempo con ella, pero sabía que lo que quería era estar sola. De todas formas no quería que volviese a suceder lo de la noche anterior así que, cogí a Sarah y acercándola a Bella, le hice darle un beso de buenas noches.

No negaré que disfruté de la cercanía, era patético, lo sé, pero al menos al acercar a mi hija pude colmarme de su olor. Y aunque me costó la misma vida no rodear su estrecha cintura con mi brazo y atraerla a mí, lo conseguí y acabé apartándome. De verdad que me sentía como un verdadero drogadicto sintiendo la necesidad vital de tomar su droga. La necesitaba a ella.

-¿Y pogqué la madasta no quedia a bancanieve? -preguntó como siempre cada vez que le leía ese cuento.

-Pues porque era una mujer muy mala que le tenía mucha envida a la pequeña Blancanieves, porque era la mujer más hermosa del mundo.

-Muje mala, io no quelo madasta.

-Tú nunca tendrás una madrastra Sarah, tú mamá siempre estará contigo y te querrá como a nadie en este mundo, al igual que yo - le dije y ella me sonrió, aunque de pronto su sonrisa se apagó y su ojos se mostraron tristes.

-Mamá lloda, io no quedo que llode mi mamí.

-Lo sé mi amor, te prometo que arreglaré esto mi niña, te lo prometo -le susurré apoyando mi frente en la suya -Ven acomódate aquí - le dije abriendo mis brazos para cobijarla y comencé a tararearle la nana que siempre le cantaba.

A los pocos minutos mi pequeña dormía placidamente sobre mi pecho. Con cuidado y besando ligeramente su frente, la arropé y salí de la cama. Le levanté la barandilla y dejando una pequeña luz encendida, salí de la habitación.

Cuando entré en la mía encontré a Bella, cepillándose el cabello aún húmedo, ensimismada. Ni siquiera se dio cuenta que había entrado a la habitación. Mi cuerpo se estremeció mientras mis ojos recorría el trayecto que su mano hacía distraídamente con el cepillo desde la base hasta la punta.

Me perdí por unos segundos detallando su perfecta y delicada figura, ahora enfundada en una camiseta de tirantas y un pequeño short. Cómo la echaba de menos… Moría por abrazarla, por volver a enterrar mi nariz en el delicado hueco de su cuello, por sentir la tibieza de sus labios, la humedad de su lengua mientras se enredaba con la mía, sus manos tirando delicada, y a veces no tan delicadamente, de mi cabello profundizando así nuestros apasionados besos. Necesitaba sentir cómo se estremecía ante mi toque, antes mis palabras susurradas, necesitaba sentirla gelatina entre mis brazos.

Lentamente fui acercándome a ella. Aún seguía perdida en su mundo. Su mirada, aún cuando la tenía sobre el espejo, iba más allá.

-¿Estás bien? -musité cuando me situé justo detrás de ella pero lo suficientemente separado para sólo sentir su calor, nada de rozarnos.

Ella fijó inmediatamente sus ojos en los míos a través del espejo.

-Hum, ya acabo - dijo a modo de disculpa sorprendida de verme de pronto.

-No, sabes que no hace falta - le susurré y no pude evitar tomar la mano que tenía el cepillo y quitárselo.

-Edward, por favor - me pidió en un susurro y vi en sus ojos una tristeza que me desarmó.

-Por favor Bella, dime qué puedo hacer, qué puedo hacer para que me perdones - le imploré suplicándole con la mirada.

Ella bajó la vista y de pronto un sollozo se escapó de su pecho.

-Bella, mi amor…-susurré y sin poder evitarlo por más tiempo la abracé desde atrás enterrando mi cara en su cuello - Ayúdame a arreglar esto, amor mío, no quiero que sigas sintiéndote mal, ni quiero que sigas llorando- le rogué apretándola fuerte contra mí, sintiendo como mi pecho se encogía de dolor al oírla.

-No… sé…-musitó ella entre lágrimas -. No lo sé -volvió a repetir apenas con un hilo de voz - sólo se que duele, duele sentirse así.

-Mi amor - una vez más la apreté contra mí -Perdóname, perdóname -le suplicaba una y otra vez mientras la sentía temblar entre mis brazos, mientras sus sollozos hacían aún más grande mi herida.

-Me obligas a desconfiar de ti Edward -apenas susurró aún entre mis brazos - ¿Cómo quieres que confié en ti si sigues ocultándome cosas?

-Lo sé - admití enterrando aún más mi cara en su cuello, atreviéndome a rozar con mis labios su delicada piel - Sé que no consigo ser bueno para ti, por más que intente hacerlo, acabo siempre metiendo la pata. Pero hay una única verdad Bella, y es que te amo más que a mi vida y aunque me equivoque, todo lo hago pensando en ti.

De nuevo su cuerpo se estremeció ante mis palabras aunque pocos segundos después se removió de manera que quedó frente a mí. Por lo que pareció una eternidad nuestros ojos se cruzaron. El uno intentando llegar al alma del otro.

-Lo siento Bella, siento no ser el hombre perfecto para ti, el hombre que tú mereces, me duele en el alma no serlo - le confesé y una traidora lágrima se escapó de mis ojos sin poder evitarlo.

-Hazme el amor, Edward - me pidió de pronto suplicando con sus ojos -Por favor…

-Mi amor -mi voz salió estrangulada ante la conmoción por su pedido.

Icé mi mano y la llevé a su rostro. Mis dedos picaron ansiosos al sentir su delicada piel. Con mi pulgar acaricié con ternura su rostro, asegurándome de llevarme las lágrimas que también brotaban de sus suplicantes ojos.

-Te amo…-le susurré, y sintiendo como mi corazón iba a estallar bajo mi pecho, me acerqué muy lentamente a ella, con los ojos cerrados, sintiendo al acercarme la calidez de su aliento, impulsado por una respiración cada vez más acelerada, más ansiosa.

-Te amo…-volví a susurrarle justo antes de atreverme a rozar sus labios sintiendo en el acto el impacto que ese beso, después de lo que había pasado, provocaba en mí.

-Por favor… -volvió a suplicar sobre mis labios. Y eso me dio la valentía de profundizar el beso. De pronto nuestras bocas se unieron en un beso voraz, necesitado. Nuestras lenguas no tardaron en unirse haciéndolo aún más profundo y entonces, sentí como sus manos se acomodaban en mi cuello y volvían a tirar tímidamente de mi cabello.

-Bella…-musité cuando la falta de aire nos obligó a separarnos emocionado al ver como de nuevo empezaba a ser ella.

-Por favor…-lloriqueó.

No pude soportar oírla tan insegura, como si una parte de ella aún dudara de que fuera hacerlo, cómo si eso fuese posible; dejándome llevar por lo que mi propio cuerpo gritaba, pasé mis manos hasta llegar a sus nalgas y la icé provocando que sus piernas se enredaran en mi cintura.

Volví a arremeter contra sus labios, con fuerza, con ansias, mientras caminaba sin apartar nuestras bocas hasta la cama. Ella enterraba sus dedos en mi pelo, apretando su cuerpo más contra mí. ¡Dios! mi cuerpo despertó desesperadamente. Me dejé caer de espalda en la cama con ella sobre mí y sin dejar de besarla, tiré de su camisa hacia arriba, para sacarla rápidamente por su cabeza.

No decíamos nada, no lo necesitábamos, solamente nuestras respiraciones jadeantes y anhelantes hablaban por nosotros...

Dejé sus labios y seguí besando su piel hasta apresar uno de sus pechos. El que no dudé en lamer, succionar, provocar que ese pequeño botón se endureciese entre mis dientes mientras ella comenzaba a gemir dejando caer la cabeza hacia atrás ofreciéndome más sus pechos.

Dios, sentir cómo se contoneaba sobre mí me estaba llevando al mismísimo cielo y aún teníamos demasiada ropa interponiéndose entre nosotros.

Nos hice girar quedando esta vez yo sobre ella. Mis caderas embestían sin remedio sobre su vientre. ¡Dios! La deseaba enloquecidamente, todo mi cuerpo aclamaba el suyo, rogaba por saborearlo, por acariciarlo, por enterrarse en él.

Volví a recorrer con mi lengua hasta llegar a su cuello el que no dude en morder antes de volver a su boca.

Mordí su labio, la besé impetuosamente. ¡Dios! El deseo me consumía, enloquecía por volver a unirme a ella de todas las formas posibles.

Ella, como pudo, comenzó a desabrochar mi camisa, yo mismo ayudé impaciente por sentir su piel con mi propia piel, y un gemido gutural brotó de lo más profundo de mi garganta cuando mi propio pecho conectó con el suyo.

-Bella…-su nombre salió de mis labios con tal carga de deseo que provocó que ella se arquease gimiendo de placer, dejando sus pechos en la posición perfecta para volver a ser devorados por mí…

Me sacié cuanto quise de ellos, aun cuando era una tortura sentir como su pequeño cuerpo se retorcía bajo el mío buscando esa fricción que tanto deseábamos.

-Déjame darte lo que deseas, Bella - le susurré lamiendo una vez más uno de sus pezones pero sin apartar mis ojos de sus ojos. Quería saber que estaba de acuerdo, que ella deseaba todo esto tanto como yo. Y no tuve duda, cuando sus ojos se voltearon junto con su cabeza al sentir que comenzaba a deslizarme, sin dejar de besar su piel, aferrando fuertemente mis manos a su cintura hasta llegar a ese lugar, mi lugar favorito.

-Oh, Edward…-gimió débilmente y de nuevo se arqueo en respuesta cuando mis dedos llegaron a su centro y con delicadeza separé sus pliegues para tener acceso a esa pequeña protuberancía que la haría llegar a tocar el cielo.

Lamí, chupé, succioné, acaricié con mi lengua y mis dientes mientras con mis dedos rodeaba su entrada y con la otra mano presionaba su cadera impidiendo su movimiento.

-Oh Dios mío - siguió jadeando mientras presionaba con mis dedos su entrada a la vez que mi lengua jugueteaba con su clítoris.

Todo su cuerpo vibraba, temblaba, sus gemidos brotaban descontrolados, a veces más sonoros, otras más jadeantes, pero todos llevándome a un estado de excitación que jamás antes había experimentado.

Sabía que estaba cerca, sentía sus paredes ajustarse con fuerza a mis dedos lo que me hizo sacarlos y con desesperación conseguí sacarme el pantalón lo suficiente para liberarme.

-Oh…OH Dios…OH Edward - siguió gimiendo ella, retorciéndose, temblando, hasta que de nuevo penetré su entrada con mis dedos y explotó apretándome tan fuerte que como acto involuntario un pequeña cantidad de semen se me escapó.

Seguí bebiendo de ella, sintiendo como tiraba inútilmente de mi cabello para que la liberara, pero yo no podía más, necesitaba estar dentro de ella. Me deslicé por su cuerpo, pasando mi lengua desde su plano vientre, rodeando sus pechos para acabar en sus labios.

Ella tiró de mi cabello presionandome contra su boca. Lamía y succionaba mis labios como un animal, enfurecida, enloquecida. Sus jadeos morian en mi boca provocandome una excitación mayor ante su impetuosidad. Y sin pensarlo dos veces, y sin necesidad si quiera de orientarla, entré en ella haciéndonos a los dos gemir de placer.

-Dios Bella, OH dios mío - gemí incoherentemente al sentir ese volcán que se había convertido su interior.

Estaba tan jodidamente húmeda que me deslizaba dentro y fuera de ella sin ningún tipo de restricción, lo que me hacía embestir más fuerte, más rápido, totalmente consumido por el deseo y el placer.

Mi manos encontraron las suyas y nuestros dedos se entrecruzaron al lado de su cabeza.

Nos besamos, ahogábamos nuestros gemidos en nuestras bocas mientras nuestras lenguas se enredaban. Mi cuerpo se deslizaba sobre el suyo al ritmo de mis embestidas, y aún así necesitaba más.

Llevé una de mis manos a su muslo y la hice rodearme con él. Oh Dios, sí. Ahora me enterraba más profundo en ella, pero aún necesitaba más, ella misma me pedía por más. Con una de sus piernas rodeando mi trasero, llevé mis manos al cabecero y me ayudé de el para impulsarme con más fuerzas.

-Dios…Dios…OH Edward, Edward….Edward…- gritaba ella, unos gritos jadeantes que trataba de acallar con mi boca, hasta que ya no pude más y cuando sentí que todo su interior ardía por mí y abrazaba mi polla con todas sus fuerza, me dejé llevar por una ola de placer que me hizo embestir de manera descontrolada y descompasada hasta vaciarme por completo en su interior.

-Bella…- de nuevo su nombre salió de mis labios mientras luchaba por conseguir aire que retener en mis pulmones. Mi corazón martilleaba desenfrenado bajo mi pecho. Gotas de sudor caían de mi pelo estrellándose contra la piel de sus pechos. Su propio cuerpo estaba rociado de sudor.

Aún con la respiración jadeante busqué sus labios, necesitaba besarla, seguir sintiendola.

-Te amo, te amo como a nadie en este mundo Bella, te amo más que a mi vida - le susurré y de nuevo la besé.

Ella rodeo mi cuello y me apretó fuerte contra ella.

-Yo también te amo - dijo cuando liberé sus labios, con una voz sollozante.

-Bella…- musité al mirarla y ver que de sus ojos comenzaban a brotar lágrimas -No lo volveré hacer mi amor, te lo prometo, desde hoy no te ocultaré nada aunque piense que así evite tu sufrimiento.

Ella asintió y acortó la distancia para besarme de nuevo. Y no se lo impedí. Todo un día sin sus besos había sido una verdadera tortura.

Me dejé caer a su lado. Ella se situó de lado frente a mí. Aún podía notar como su pecho se elevaba agitado ante los últimos resquicios del inmenso placer que nos había azotado.

-Hoy fui a verla - le confesé comenzando a poner en práctica mi promesa. Ella me miró algo tensa. Le sonreí tratando de tranquilizarla y gentilmente coloqué un mechón de su cabello tras su oreja.

-No debiste - musitó e intentó apartar la mirada.

-Si Bella, si debía, ella jamás debió decirte una mentira tan atroz. Y aunque en verdad iba con ganas de estrangularla, al final le dí lo que siempre había deseado.

-Qué…- musitó algo nerviosa. De nuevo le sonreí imagiando lo que podía estar pasando por esa cabecita.

-Le pedí disculpa por haberla utilizado aquella vez..

-Qué…- volvió a musitar impactada.

-Todo esto fue una venganza por lo que pasó Bella, no me enorgullezco de lo que hice, pero verdaderamente la usé, de la peor de las manera la usé, me dejé llevar por mi propía desesperación y le hice daño a una mujer, que yo no sabía que estaba enamorada de mí.

-Ella te dijo…

-Si Bella, yo siempre pensé que Tanya sólo me consideraba como un capricho más. Ella era una chica muy popular, hermosa y muy inteligente. Realmente el sueño de cualquier hombre, pero yo tenía mi propio sueño, y ese eras tú. Jamás la consideré como mujer porque para mí no hay más mujer que tú Bella, nunca imaginé que ella sentía eso hacia mí y cuando me dejé llevar, no pensé en eso.

-Dios, debío ser horrible para ella…- musitó Bella llevándose la mano a la boca.

-Aún peor Bella, en verdad la traté como un animal, y lo peor, que ni lo recuerdo, no se puede humillar más a una mujer. Por eso ella buscaba vengarse, y sabes qué - le pregunté realmente entusiasmado. Bella negó con la cabeza pero se acercó más a mí y comenzó a acariciar mi rostro - Ella me lo contó todo, todo - le repetí sonriendo feliz.

-¿Todo? - preguntó confundida.

-Si Bella, ella me contó que todo lo de la empresa había sido un plan pensado por Maxwell. Lo tenemos Bella, ahora nada impedirá que ese maldito deje nuestra empresa.

-Oh, eso…eso es ¿fantástico? - preguntó graciosamente.

No es fantástico, es lo mejor que nos ha podido pasar. Ahora nada puede enturbiar nuestra vida…Nada - dije convencido y atrayéndola por la cintura la coloqué de nuevo sobre mí.

- Ah, Edward - gritó ella pero dejó escapar una risa al verse arriba de mí.

- Dime que me has perdonado Bella, necesito oírte decir que me has perdonado, que te sientes mejor.

- Si Edward, claro que te perdono, realmente lo que más me dolió fue saber que seguías ocultándome cosas. No sabes lo insegura que me hiciste sentir.

-No volverá a suceder, te lo prometo mi amor, jamás te ocultaré nada.

- Eso espero - dijo y se inclinó para besarme de nuevo, asegurándose de restregar su cuerpo contra el mío.

- ¿Estás buscando más, Señora Cullen ? - Le pregunté mordiendo su labio inferior y tirando de él.

- Es que esta noticia es para celebrarla , ¿no? - dijo divertida sacando su lengua y delineando juguetonamente mi labio.

-Definitivamente hay que celebrarlo - y sin previo aviso llevé mis manos a sus caderas y la hice levantarse hasta posicionarme en su entrada e introducirme de nuevo en ella.

-Amo comprobar como siempre estás lista para mí - susurre mordiendo mi labio al sentir como se deslizaba hacia arriba y hacia abajo lentamente - Amo como tu cuerpo se adapta completamente al mío - volví a susurrar apretando con fuerza una de sus nalgas.

-Y yo te amo a ti - me contestó buscando de nuevo mis labios.

Una vez más hice el amor a mi mujer. Los dos entregándonos completamente, disfrutando de nuestros cuerpos, de nuestras caricias, de nuestra conexión; apartando al fin esa sensación de inseguridad que, en las últimas veinticuatro horas, se había apoderado de nosotros. Y con la tranquilidad que me proporcionaba sentirla entre mis brazos, y sumidos en ese sopor placentero que nos dejaba nuestra liberación, nos quedamos dormidos con una sonrisa en los labios sabiendo que mañana iba a ser un gran día…

Continuará…


N/A: Ohhhh, por Dios, que bonito, ¿verdad? , ainsss...pero si ellos no pueden vivir el uno sin el otro ¬¬ siempre es el exterior el que les obliga separarse.

Cómo habéis podido comprobar, y al contrario de lo que pensabáis muchas de ustedes, Bella si se emfrentó a Tanya, si supo dar la cara por Edward y creer en él, pero no deja de ser perturbador que el hombre que dice amarte tanto, te siga ocultando cosas y eso le hizo dudar cuando llegó a casa. Y más, cuando acabó escuchando su nombre en sueños, ¿cómo actuarían ustedes?

Pero, independientemente que ellos finalmente se arreglaran, incluso que Edward consiguiera esa valiosa información; lo que más disfruté de este capi fue mostrar a una Tanya realmente dolida y agraviada. Nadie es tan malo ni tan bueno, todos nos equivocamos, él fue el que más se equivocó. Y ahora, con el corazón en la mano, si hubieseís estado en la situación de Tanya, ¿habrías ido con él, aprovechariais la oportunidad de estar con él? Sabéis, soy de las que piensa que para todo lo que ocurre en el mundo hay una razón , por muy descabellada y retorcida que sea. Pienso que Edward es tan valioso que cualquier mujer se podría enamorar de él, y no sólo por su dinero o su estatus, no creo que sea exclusividad de Bella el amarlo incondicionalmente y querer ser amada por él. Cualquier mujer podría hacerlo, sólo que él la eligió a ella. Mala suerte para las otras..ajajja...Aunque lo cierto es que la venganza no es buena ni para quien la busca, finalmente casi siempre se reduce a un pedir perdón a tiempo. Bueno, ahí lo dejo ;)

Y ahora...Ay por Dios...¿Os habeís dado cuenta? (Noe/saraes con ojitos cristalinos y emocionados) Ya hemos superado los 2000 rr. ainsss...Gracias, de verdad, no podéis haceros una idea de lo mucho que esto significa para mí. Contad con vuestro apoyo es la mayor satisfacción de escribir esta historia. GRACIASSSSSSSSS! muy especialmente a:

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Espero que no se me haya olvidado nadie, si es así, háganmelo saber. Y me repito, es tan lindo ver como la lista sigue creciendo... No sabéis cuánto os agradezco vuestra presencia. Bienvenidas todas las que os incorporáis a la historia.

Gracias también a todas las que me añadís a favoritos y a alertas, me sorprende tanto que sigan llegando sin parar esas alertas de nuevas lectoras ya sean silenciosas. Lastima que no os puedo conocer y agradeceros que también estéis ahí, que también disfrutéis con ella...

Ahora sí me despido, un abrazo enormísimo y un besazo a todas, especialmente a mis Reques de mi alma, os amo.

Hasta el próximo miércoles, guapísimas.

Besitos.

/(^_^)\ saraes.