POV: ROSALIE

Capítulo 1: Tercer día de clase

"Tercer día de clase: empiezo a planear mi suicidio."

"¿Te ató la soga?"

"Por favor, soy tan mala que si intento colgarme, se suelta"

"Tranquila, yo te aseguro la muerte"

"Que bella, te amo"

"Lo sé, ¿Cómo no amarme?"

"¿Realmente quieres que te responda?"

"No, cállate. Mejor lárgate a clase"

"El tema que estamos dando ya lo sé"

"Tú siempre sabes"

"¿Es mi culpa?"

"No, te odio"

"El profesor empieza a mirarme mal, te llamo al final de las clases"

"Vale. Y trata de empezar a conseguir chismes, sabes que eso me alimenta."

"Lo intentaré"

Salí del chat antes que respondiera. Después si la dejaba en visto me armaba un show. Guarde el celular y seguí copiando la información de la pizarra. Ni siquiera le estaba prestando atención, solo escribía.

No le había mentido a Alice, pero aparte de saber el tema, también es que estaba desganada. Desde que me había mudado las cosas habían cambiado, no había nada malo en mi nueva vida pero había muchas cosas que extrañaba.

Sin darme cuenta, había empezado a dibujar en el cuaderno, como siempre que me distraía. La hoja entera estaba llena de mi firma, costumbre horrible que tenía. Sonreí.

Alice me habría regañado.

Suspiré. No llevaba ni un mes sin estar en casa y la echaba de menos. Pasar de verla todos los días a no verla era algo un poco chocante. Tomé el celular de nuevo y le tome una foto a la hoja, vigilando que el profesor no me viera. En cuanto se la envié me mando muchas caritas rodando los ojos. Me reí en voz baja.

"Deja eso, mujer"

"Sabes que no me doy cuenta"

"Es obsesivo, te faltan dos años para la cédula"

"No la práctico, solo la hago"

"Igual, no"

Iba a responderle cuando una sombra apareció delante de mí. Pegué un brinquito cuando alcé la vista y mi profesor de algebra estaba delante mío, mirándome detrás de sus lentes muy enojado.

-Eh… señor Brown, yo… -

-Nada. Lleva toda la hora de clase pegada a ese aparato, señorita Hale, ¿usted cree que esto es un juego? –

-No, señor Brown, yo solo… -

-Pase y resuelva ese problema, ahora. –

-Pero señor... –

-Nada. –

Me levante cuando vi su mirada tan decidida. Me tomé como buena señal que no me pidiese el celular, así que lo guarde rápidamente y pase al tablero. Al principio solo vi muchos números y muchas letras sin sentido. Solo fueron tres segundos de confusión, luego la respuesta fue demasiado fácil de sacar. En menos de dos minutos el largo procedimiento estaba en el tablero, sin errores. Me voltee hacia mis compañeros que me miraban muy asombrados y hacia mi profesor, que no sabía si regañarme o no.

Mierda. Pensé. ¿Por qué siempre tienes que lucirte, estúpida?

-¿Ya había dado usted este tema, señorita Hale? – preguntó el señor Brown

-Sí, señor, hace un año. –

-¿Estaba usted adelantada? –

-Estoy adelantada, dos años… – aunque lo dije bajo, los que aún no me miraban sorprendidos, lo hicieron

-Eso veo… - me analizó un momento y al final dio el veredicto – comprendo perfectamente que estos temas para usted puedan ser aburridos, señorita Hale, pero al menos no saque el celular en clase, nadie puede hacerlo. Ahora siéntese. –

Con la cabeza gacha, me hice huequito en mi silla.

Tercer día de clase: ya sabían que era un genio.

Tercer día de clase: jamás sabrían que Alice era mi eterno parasito

El resto de la clase me dedique a fingir que ignoraba las miradas que me lanzaban todos en el salón. Veía en sus rostros las ganas de hablarme y al mismo tiempo el temor de tratar con una desconocida. Genial, ya los veía después de cada clase de matemáticas pidiéndome explicaciones… excelente.

Cuando el timbre que indicaba el almuerzo sonó, tomé rápidamente mi mochila y salí disparada por la puerta, sin darles chance a ninguno de ellos a dirigirme otra mirada.

Caminando por el pasillo marque rápidamente el número de Alice y lo primero que dije en cuanto contesto fue:

-¡3312!

Lo sé, madurez nivel: yo.

-¿Qué ocurrió?

-El profesor de matemáticas me pasó al tablero.

-¿Y?

-Respondí bien

-Oh, mierda, ¿en serio?

-Sí.

-¿Ya saben que eres un bicho raro excepcionalmente bueno en matemáticas?

-Sí.

-Y tú que planeabas ocultarlo. – se burló

-¿Por qué a mí?

-Tienes una suerte muy buena

-Oh, cállate

-¿Vas a almorzar?

-Sí, esa horrorosa comida de hospital pero sí

-Oh, mi amor, te acompañaría pero Alex me acaba de llamar y… saldré con él.

-Oh, vale, no importa, así que… suerte, saluda a Alex.

-Vale, iré a maquillarme

-Uh, entonces muévete, demoras media vida en eso.

-Muérete. – me reí

Para cuando cerré la llamada ya estaba en la fila de la cafetería. Había un par de chicos delante de mí así que empecé a revisar las notificaciones en mi celular. Uno que otro comentario, algunos mensajes de gente poco importante y ya. Respondí rápidamente para no ver la barra de notificaciones llena y salí sin esperar ninguna respuesta.

Cuando me toco, compre lo mismo de los últimos tres días (un emparedado, unas galletas y un refresco), pagué y me fui a sentar en el rincón que al parecer iba a ser mi lugar el resto del año escolar.

Comencé a masticar distraídamente una galleta mientras abría mi libro de lectura actual y me zambullía en la historia.

Estaba muy bueno, iba justo a treinta páginas de acabarlo y toda la historia estaba sumamente enredada. Quería saber cómo en esas treinta página se iba a solucionar todo… y que no hubiera final abierto, no. Eso era horrible.

Al menos la protagonista estaba dejando un poco de lado su estupidez y empezaba a actuar coherentemente. La muy tonta llevaba todo el libro haciendo todo lo que no debía, ¿Cómo no podía darse cuenta?

Dios, es que si pudiera le pegaba. ¡Y lo peor es que igualmente el chico la ama y le hace caso! Claro, pero cuando una es pendeja en la vida real, ya te mandan a la chingada.

En algún punto de mi lectura, mi comida había desaparecido pero yo seguía metida de lleno en el libro, tanto que no me di cuenta hasta que ya el sonido fue exasperante, que alguien se estaba raspando la garganta. Alcé la vista, ligeramente enojada, dispuesta a despachar rápidamente a este intruso cuando le vi la cara.

Era un chico, alto, delgado y me estaba mirando. Repare fugazmente que era guapo, solo quería poder seguir leyendo.

-Eh… disculpa, ¿está ocupado?

Sinceramente, Alice me hubiese golpeado tan fuerte que me hubiera tirado de mi silla, por ser tan cortante con un chico guapo, pero lo único que mi mente pudo procesar fue que alguien acababa de interrumpirme en una parte muy emocionante del libro, que ese alguien estaba haciendo una pregunta muy estúpida y que mi limitada paciencia solo pudo responder con lo que mejor se le daba: sarcasmo.

-¿Acaso ves a alguien sentado allí? – dije mirándolo frívolamente

-Bueno, quizá esperas a alguien… -dijo sensatamente, sin alterarse por mi tono

-¿Tengo la pinta de estar esperando a alguien? –

-No pero…

-¿Pero?

-Prefiero preguntar antes de y…

-Mira, si te vas a sentar y vas cerrar la boca, hazlo y déjame en paz.

No me moleste en mirar si hacia lo que yo acababa de decir, me miraba mal, daba media vuelta y se iba o si tenía intenciones de responder, solo tome mi libro y trate de volver a conectar con la historia. Pero me fue imposible, había perdido todo el hilo y ya no era capaz. Muy molesta, guarde mi libro en la mochila y mientras me preparaba para llamar a Alice a liberar mi frustración, me fije en el chico.

Estaba sentado en la mesa, comiendo tranquilamente y mirándome divertido y con una sonrisa leve.

"Yo juraba que se había ido…"

"Yo igual"

"Y se está burlando de ti"

"Eso veo"

"Es un descarado"

"Y la va a pagar"

-¿Qué? – dije altivamente

-Nada – sonrió y se llevó otro pedazo de pizza a la boca, sin dejar de mirarme.

Será hijo de…

Pensé algo para contestar inteligentemente pero me di cuenta que lo mejor era no decir nada. Mi enojo paso a ser fría indiferencia, lo mire de arriba abajo y me dedique a seguir con lo que estaba haciendo.

"¿Qué hacías…?"

"Oh, llamar a Alice"

"Oh, no puedes, recuerda que debe estar saliendo a encontrarse con Alex"

"Mierda, cierto"

"¿Qué harás? No puede quedar como pendeja"

"Revisare el celular, me haré la tonta unos minutos y me largaré"

"Buen plan"

Trate de hacer algo con mi celular pero ya no había notificaciones y nadie había respondido mis mensajes. Genial. Seguí igualmente pasando los dedos sobre la pantalla como si estuviera escribiendo cuando se me ocurrió algo. Sonreí malvadamente, en parte por la idea, y en parte para hacerle entender a ese idiota que no le prestaba atención

"Pero estas actuando para fingir no prestarle atención…"

"Oh, cállate"

Abrí la cámara de mi celular y a través de ella me puse a analizarlo. Debía tener algo con lo cual poder burlarme con Alice más tarde, quizá la nariz, la gran mayoría de hombres que había conocido en mi vida tenían una horrorosa nariz.

En cuanto hice zoom y empecé a detallarlo la sonrisa se me borró de la cara. Primero: seguía mirándome mientras comía tranquilamente. Segundo: su nariz no era para nada fea, era perfilada y bonita. Tercero: su jodida cara era perfecta.

Fruncí el ceño y me dije que probablemente mi celular tenía esta rara opción de belleza facial, la desactivaría y podría hacer mi crítica tranquilamente. Pero no, estaba desactivada y mi celular tenía perfecta resolución como para culpar a la cámara. Seguí mirando y poco a poco me di cuenta que yo estaba loca. (En este momento fue que entendí que Alice me hubiese pegado)

No era guapo… era lo que le seguía. Su piel era blanca, pero se le veía un poco dorada, seguramente por salir al sol. Sus ojos eran muy expresivos, de color verde esmeralda; su mirada era fuerte, literalmente podía sentirla aun cuando lo miraba por medio del celular. Sus facciones eran varoniles sin ser bruscas. Tenía una elegancia muy rara, quizá era más su misma postura entretenida… y su cabello.

Creo que haré una pausa para explicar que amo el cabello de los hombres. Bueno, cierto tipo de cabello. Y él de aquel chico que había tenido el atrevimiento de interrumpirme era todo lo que me encantaba, me derretía y me dejaba tirada a los pies de cualquier hombre. Trate de controlarme y parecer desinteresada.

Era muy negro, casi del mismo color que el mío, solo que se le veían reflejos en café y el mío era tan negro que a la luz se veía con un ligero tono morado. Tenía el cabello largo, hasta las mejillas, desordenado. Daba la impresión de que al pasar la mano, lo encontraría sedoso a pesar de los ligeros rizos que se le formaban. Un rizo rozaba ligeramente sus labios. Unos labios delgados pero carnosos que estaban siendo mordidos de manera muy… sensual… y…

¡¿Qué mierda?!

Quise morirme allí mismo cuando me di cuenta porque él se estaba mordiendo los labios. En algún momento había dejado de mirarlo a través de mi celular y mi mirada había estado fija en su rostro sabrá Dios cuanto tiempo, pero el suficiente para que se diera cuenta y me hubiera hecho caer como tonta, claro, sabía que le había estado viendo los labios, quizá incluso creyó que quería besarlo.

"Esta besable, es guapo, te está mirando y está sentado contigo"

"¡Se está burlando de mí!"

Roja como un tomate tome la mochila, guarde el celular y con manos temblorosas agarre la bandeja de comida para tirar las sobras. Levantándome casi me caigo, cosa que solo me hizo ponerme más colorada. Y allí fue cuando me di cuenta que al menos, la mitad de las personas en la cafetería me miraban muy atentas.

Algo hizo click dentro de mí y volvió todo mi orgullo, mi dignidad y mi enojo. Bote las sobras, me acomode la mochila, levante la cara y fulmine rápidamente a todos con la vista y me detuve tres segundos más con el chico aquel. Aquella sonrisa dulce y divertida que tenía me daba ganas de quitársela con un golpe en la cara con la bandeja. Pero solo me di la vuelta y salí.

.

El resto del día fue aburrido, clases tontas. Lo único que había cambiado desde la mañana, era que entre clase y clase, algunas personas me miraban de reojo y susurraban entre ellas. Probablemente hablaban de mi pequeña muestra en matemáticas o mi escena en la cafetería. Oh, porque me entere tarde que al parecer todos habían estado muy pendientes de todo lo ocurrido en la mesa con el chico.

Los rumores de pasillo iban algo así:

"Esa chica es muy rara…"

"Llego hace poco y ya se está luciendo…"

"Creo que es inteligente, dejo callado a Brown…"

"¿Si viste quien se sentó con ella en el almuerzo?"

"Yo vi cuando se enojó…"

"Es bien torpe, la tonta esa, casi se cae…"

"Mírala, va con un libro en las manos, que nerd…"

"Es odiosa, en la cafetería casi le arranca la cabeza…"

"¡Él se sentó con ella! ¡Y ella ni lo notó! ¡Es el chico más guapo de aquí! ¿Cómo puede?..."

Y así.

Al parecer lo que me prometí antes de venir aquí se estaba yendo al fiasco. Yo no quería eso, no quería ningún tipo de atención y mucho menos del "chico más guapo del instituto"

Había llegado a la conclusión que era el típico engreído que le gustaba molestar a los nuevos y por eso había hecho todo aquello en la cafetería. Y claro, yo era idiota. Claro que ahora que sabía esto no planeaba dejarme molestar por él, estaba en proceso de olvidar lo del almuerzo y sabía que en cuento se lo contara a Alice yo podría distraerme y estar tranquila.

Después de sufrir muchas burlas de su parte.

Sí, bueno, así era Alice.

El timbre que indicaba la salida lo sentí como una bocanada de aire fresco. Ya quería salir corriendo de ese lugar donde la gente solo le gustaba mirar y hablar de los demás. Necesitaba irme. Afortunadamente la gente también tenía afán por salir, y esta vez me tome mi tiempo al recoger todo y acabe saliendo la última. Me puse a jugar con mi cubo de rubik mientras iba a la salida sin fijarme en nada ni en nadie.

Estaba a tres movimientos de terminarlo cuando me choque con alguien.

-¡Ay! Perdón, disculpe… - me quede callada cuando vi al señor guaperas en frente de mí, aunque esta vez no estaba sonriendo

Estaba ligeramente en el aire, al parecer realmente nos habíamos chocado sin querer. Nos miramos un momento un poco confusos y ambos reaccionamos al tiempo. Él sonrió abiertamente y yo fruncí el ceño

-No, perdóname tú, estaba distraído.

-Yo igual

-Bueno, igual, lo siento

-Está bien

Lo mire un momento como para asegurarme que no se burlaba. Su expresión parecía sincera, así que me encogí de hombros y me di la vuelta para irme, pero él me tomó del brazo.

-Eso es… ¿un cubo de rubik? – estaba mirando fijamente mi cubito que apretaba en una mano

-Eh… sí – le mostré

-¿Puedo…? – hizo amago de cogerlo y aunque mi primer pensamiento fue negarme e irme, mi voz interior me hablo

"Mira, arregla las cosas, quizá si actúas como alguien decente mañana nadie te voltee a mirar"

"Ugh, ¿con él?"

"Sí, mira, ¿qué daño puede hacer? Igual, también está siendo cortes."

"Ash, está bien…"

-Sí, claro. – se lo di

Lo miro por dos segundos e hizo casi mecánicamente los tres movimientos faltantes. Abrí mucho los ojos sorprendida. No era que fuera muy difícil pero solo alguien que supiera armarlo podría hacer eso…

-¡Woah! Tu…. ¿sabes armarlo? – él sonrió

-No me gusta ser sarcástico… pero ¿crees que hubiera hecho eso de no saber? – aunque no lo crean, me reí. Me estaba devolviendo el sarcasmo de la cafetería

-Sí bueno… podría ser suerte. –

-¿Realmente lo crees? – me miro entre la diversión y el reto

-No – sonreí de vuelta – en fin… ¿puedes dármelo? Debo irme

-Sí, claro, ten.

Me lo dio y lo guarde en mi mochila mientras él me miraba. Estaba en mi mejor plan con él, cuando de reojo vi un par de personas con las orejas bien abiertas. Fruncí el ceño.

¿Por qué la gente es tan chismosa?

-Ohm… supongo que hasta luego. – dije no muy segura

-Te acompaño a la salida –

-Está bien… - no sabía si era buena idea pero era una tregua

Fuimos a paso lento y en silencio por los pasillos hacia la salida. De reojo vi su postura relajada y lo envidie un poco. Yo siempre iba mirando al piso y con el cabello como cortina con el mundo y él parecía muy confiado.

Bueno, no es ni tan engreído…

Estando así de cerca pude fijarme en sus brazos y me sorprendí al ver músculos. Era de esa clase de chicos delgados que no eran flacuchos y, vamos a aceptarlo, eso lo hacía más guapo. Rodé los ojos.

Que estúpida yo pensando esto.

-Oye, creo que me entendiste mal en la cafetería –

Todo iba tan bien, amigo mío…

-Ugh, solo olvidado, ¿vale?

-No, no lo haré – dijo con firmeza. Lo voltee a mirar y estaba serio

-No importa… yo estoy loca, reaccione mal y… - me cortó

-No, me refiero a cuando me mordí los labios. – use todo mi autocontrol para no sonrojarme al recordar la escena

-Sé que te burlabas, pero es mi culpa, yo estaba mirándote y…

-Oh, jamás me burle. – lo mire confundida. – solo lo hice para ver si me prestabas atención, puesto que estabas muy distraída en tu celular. Fue allí cuando me miraste totalmente roja como tomate y me causo mucha gracia, hacía años que no veía a una chica sonrojarse por algo tan tonto. Fuiste muy tierna, aunque después vi que estabas realmente enojada… -

Oh… por… Dios…

Sabía que mi cara debía estar totalmente roja y lo único que pude hacer fue voltear a mirar a otro lado y evitar que me viera. Pero claro, mi suerte es bien grande, hermosa y preciosa y me vio.

-Oye – me detuvo y me sonrió - ¿de nuevo colorada? – me estaba mirando fijamente y de manera tan tierna con esos precios ojos verdes que yo solo supe sonrojarme más.

-Es que… bueno, creí que me estabas molestando…lo siento, soy una tonta, es por vergüenza. – agache la cabeza

-No, no lo eres, es entendible – se rio

Me solté y seguí caminando totalmente apenada. El chico estaba siendo lo más educado posible y yo había sido la loca que había causado revuelo. Algún día yo acabaría muy mal por mi mal carácter…

-Oye, ya puedes olvidarlo, solo quería explicarte

-Sí, lo sé, lo siento

-Tranquila

-Pero… ¿por qué fuiste a sentarte conmigo, en primer lugar? – pregunte en cuanto caí en cuenta

-Oh, bueno, siempre me siento allí. Estos últimos dos días no pude asistir a clases y supongo que por eso te habías sentado en esa mesa. – explico encogiéndose de hombros

-Oh… entonces nuevamente la culpable soy yo – dije aunque ya mi rubor no estaba

-Creo que por eso no hay culpas – se echó a reír

-Sí – le correspondí la risa

Habíamos llegado finalmente a la salida. Quedaban pocos chicos en el instituto y los últimos coches ya estaban saliendo. Me di cuenta que iba a llover a torrenciales esa noche por las nubes grises en el cielo y la ligera llovizna que empezaba a caer.

-¿tienes coche? – preguntó

-Eh, sí, aquel – señale a mi sencillo Fiat gris

-Oh… me iba a ofrecer a llevarte pero supongo que tu sola puedes – le sonreí

-Que amable, pero sí, tranquilo, no creo que me pierda –

Me di cuenta que esa era la despedida y resultaba un poco incomodo

-Eh…. Supongo que hasta mañana – dije mirando al piso

-¿Te sentaras conmigo mañana? – pregunto clavándome la mirada

-Eh… si no te molesta… - dije un poco perdida

-Siempre me siento solo, y eres muy simpática, no creo que vuelva a pasar lo de hoy – se burló un poco

-En ese caso, cuenta conmigo – le sonreí sinceramente

-Vale, hasta mañana –

-Hasta mañana

Me aleje jugueteando con las puntas de mi cabello hacia el carro. Saque las llaves, abrí la puerta y tire la mochila al asiento del copiloto. Estaba a punto de sentarme cuando escuche que el muchacho me gritaba desde su coche, unos quince metros más allá.

-¡Andrew! – gritó

-¿Qué? – le hice señas de confusión

-¡Mi nombre es Andrew! – le sonreí

-¡Rosalie!

El me dedico una amplia sonrisa que se veía muy blanca desde mi lugar y se sacudió el cabello antes de entrar en su coche. Yo hice lo mismo. Encendí la calefacción, puse algo de música y salí del estacionamiento. Yo iba delante de su auto así que nunca supe hacia donde se fue, yo solo seguí manejando.

A mitad de camino empezó a llover con fuerza y lo único que supe hacer fue subirle el volumen a la música y empezar a cantar a todo pulmón. No entendía porque, pero aquella charla con Andrew me había relajado mucho, en parte porque no quería estar de enojona con todo el mundo en el que ahora sería mi instituto y porque era una de esas personas que trasmiten una paz que te hace pensar positivo. Era algo muy bueno.

Así que me dedique a disfrutarlo. Y mejor si era con música.

La radio estaba sintonizada, al parecer, y solo salían canciones que me gustaban, así que lo tome como una señal y canté aún más fuerte. Hubiera abierto las ventanas pero la lluvia aumentaba y para cuando iba llegando, ya casi no se oía la música.

Baje del auto casi dando saltitos mientras seguía cantando. Tome mi mochila y subí rápidamente al apartamento, sin dejar de tararear y menear la cabeza. Abrí la puerta y entre al apartamento llamando a mi mamá.

Sin respuesta. Supuse que no estaba, así que cerré con llave, tire la mochila en el pasillo de entrada y me encamine a la cocina, moría de hambre. Afortunadamente, para mi estómago, mi madre había dejado mi almuerzo en el microondas, solo para calentar. Me hice una nota mental de darle un gran beso en cuanto la viera.

Le puse un minuto y medio, salí de la cocina, tome mi mochila y me dirigí al cuarto. Puse la mochila sobre el escritorio, ya haría tareas. Me quite el jean, me puse un chándal que usaba como pijama y libere a mis pobres senos de la prisión que eran los corpiños. Una vez que me sentí liberada, salí del cuarto haciéndome una coleta hacia la cocina; tome una cuchara y saque mi almuerzo humeante. Lo puse en la mesa y mientras se enfriaba un poco, me serví un vaso de agua.

Comer algo salado fue el paraíso. Realmente lo necesitaba. Después de eso mi tarde se limitó a aburrirme. Lave los platos, me tire en la cama a escuchar música, hice tareas solo como por hacer algo, levantarme una y otra vez por galletas (hasta que me cansé y las lleve al cuarto) y esperar a que Alice volviera de su cita con Alex, quería hablar con ella.

Mamá llego casi en la noche, había salido a hacer algunas compras, así que, aburrida, le conté mi día.

-Oh, cariño, pero ser buena en matemáticas no tiene nada de malo. – dijo ella mientras organizaba algunas compras

-Lo sé, pero ahora me verán como el bicho raro o querrán preguntarme…

-Solo ignóralos. Pero ayudar no está mal. – me miro medio en regaño, medio entendimiento

-Bueno… solo es que no quería tener que seguir en lo mismo de toda la vida. – me apoye en los codos y puse cara de tragedia

-Oh, hija, tranquila, eres muy especial y es bueno que la gente lo sepa – me sonrió

-Siempre dices que soy especial – le sonreí de vuelta

-Es verdad – lo dijo seria y siguió ordenando

Cuando iba a responderle sonó mi celular. Salte de la silla a buscarlo, corriendo por toda la casa hasta mi cuarto. Lo tomé ya por el quinto timbrazo y conteste

-¿Diga? –

Niña, que no contestas -

-Alice, perdón, estaba en la cocina y el celular en el cuarto

-Oh vale, no importa

Le hice señas desde la puerta del cuarto a mi mamá para darle las buenas noches, ella me mando un beso, yo sonreí y cerré. Me acosté en la cama, puse el altavoz y empecé a armar el cubo de rubik (que había desarmado)

-¿Ya estás en casa? – pregunte

-Sí, hoy llegamos temprano –

-Milagro, siempre llegas tarde

-Sí, bueno, mañana hay clases así que quiero tener tiempo para dormir

-Uhm… tienes razón. ¿Qué hicieron?

-Fuimos a la feria, comimos comida chatarra y eso

-Que cursi

-Déjame ser

-Oye… debo contarte algo que pasó hoy

Me detuve con el cubo de rubik, lo deje a un lado y me prepare mentalmente para contar lo que había pasado.

-¿Qué ocurrió? Aparte de lo de mates.

-Bueno, fue raro, primero fue casi una pelea en la cafetería

-¿Qué?

-Mira, yo estaba sentada, comiendo y leyendo y un chico tonto me interrumpió la lectura

-Uh… Okay, eso lo entiendo

-Entonces le trate mal, seca y sarcástica pero el solo me sonreía. ¡Era estresante! Porque ni siquiera se burlaba, solo sé que quedaba allí mirándome con esa sonrisa tan… arg, buena

-¡woah! Espera, ¿era guapo?

-Me sonroje un poco al recordarlo

-12

-¡¿QUÉ?!

-Sí… 12

-¡Oh por Dios! ¡12! ¡Nivel 12! ¿De verdad? Me debes estar jodiendo…

-No, te lo juro… blanco, alto, delgado con músculos, cabello rizado como me encanta y ojos verdes…

Me puse a jugar con un mechón de mi cabello… esa descripción se le quedaba corta, otra cosa era verlo en persona y sentir el impacto de ver semejante espécimen

-Mi Dios…

-Sep.

-¿Y es tan tonto como para interrumpirte?

-Oh, espera, es que allí no acaba.

-Sigue…

-Veras, me hizo perder el hilo de la historia, tuve que dejar el libro y quise llamarte para contarte pero recordé que no debías estar y abrí la cámara del celular para detallarle y fue cuando me di cuenta que era guapísimo

-Bueno…

-Y pues… me vio y me hizo pasar vergüenza, estaba tan roja y temblando que casi me caigo, toda la cafetería me estaba mirando

-¡Ay, por Dios!

-Sí, entonces le mire horrible y me fui enojada… a la salida me lo encontré de nuevo, bueno, nos chocamos

-¿Tipo película?

-Sí, pero no tan estúpido

-Vale, ¿entonces?

-Entonces hicimos una tregua, me explico que me había interrumpido porque esa mesa era en la que siempre se sentaba y me hizo sentir aún peor

-Uh ...

-Sí, dijo que no se había burlado, que solo le había causado mucha ternura

-Eso… ¿es bueno o malo?

-Sigo preguntándomelo. Por un lado es tierno, pero normalmente la gente me compara con el diablo como para que él llegue diciendo que soy tierna… es raro

-Bueno, pero al menos se disculpo

-Sí, y yo igual, incluso charlamos un rato, quedamos de comer juntos mañana

-Óyeme...

-En buen plan, estúpida

-Pero es guapo

-Pero no me gusta, solo se ve como alguien que es buena persona

-¿Tan guapo y tan bueno? Eso no puede ser cierto

-Lo sé, te juro que creía que era el típico Don Juan pero al parecer también es un apartado

-Bueno, entre marginados se entienden

-Cállate, que tú eres mi amiga

-Pero aquí no eras una marginada

-Cierto…

-Gané

-Pendeja

Y nos echamos a reír. Hablamos otro rato hasta que ella dijo que debía irse, así que cerramos y yo me quede tirada en la cama mirando al techo… que día.

Pero al menos había algo bueno que había sacado de hoy: tendría con quien almorzar mañana.


¡Hola! Bueno, si llegaste a leer esto es porque leíste todo (o hace trampa 7u7) y solo quiero agradecerte por leerme, que tengas una bonita mañana/tarde/noche :3

Subiré el próximo capítulo en menos de una semana, espero, en cualquier caso, el martes estará disponible ;)

Bye!