Cuarta sesión.

"Entre mundos"

—Esta puede ser la hamburguesa más deliciosa que podrías probar en toda tu vida. —Izzy toma entre los dedos el grasoso pan y le da una mordida gigantesca, exageradamente se ha metido media hamburguesa a la boca.

Siento unas terribles ganas de devolver lo poco que he comido esta mañana, es asqueroso.

—Paso. —Digo haciendo a un lado el plato donde está mi propia comida "rápida"

—Oh, vamos, solo dale un mordisco, es deliciosamente mortal, la piña le da un sabor dulce a lo picoso.

Arqueo una ceja como si no le creyera, pero en realidad me viene valiendo muy poco que sabor le da a que o que cosas pueden hacer con mi sistema gustativo.

—Tengo pensado como voy a morir, pero creerme que no va a ser por exceso de colesterol en la sangre.

—Dios, solo es una hamburguesa, no vas a morirte por tener solo un poco de colesterol.

—No quiero arriesgarme.

Hace casi como unos diez años que no como una de estas cosas, creo que la última vez fue cuando mi madre me llevo a Mc Donald, en realidad tampoco fue la mejor experiencia del mundo, la carne estaba algo cruda y mi madre se peleó con el dependiente del lugar, no es exactamente el mejor recuerdo, dicen que una de estas cosas tarde seis meses en abandonar tu sistema. No es bonito pensar en eso.

El aroma del jamón friéndose, las papas, cátsup, salsa, pan, mayonesa y todo ese tipo de cosas grasientas en el aire no me abren el apetito como lo hicieron con mi pequeña y tragona amiga, al contrario, provocan que me den ganas de vomitar, es demasiado asqueroso. Tal vez por el hecho de que hace mucho que no como en la calle o porque estoy acostumbrado a no oler comida en mi entorno, Izzy siempre abre las ventanas cuando cocina en mi casa y yo nunca estoy presente hasta que me jala de las orejas para hacerme sentar frente al plato. En realidad no lo sé, solo estoy consciente de que esto no me da hambre y que quiero regresar a mi hueco de ratón como suele llamarlo Hanji e Isabel.

—No seas payaso y come, no comerás nada hasta la noche. —Declara ella pidiendo una segunda hamburguesa, no puedo evitar poner cara de asco, tiene los dedos brillantes gracias al aceite y llenos de queso y cátsup, las comisuras de la boca no son mejores, parece una niña pequeña que no sabe comer sola.

—Olvídalo, no voy a tragarme eso, te esperare a que termines, después buscare otra cosa de comer, debe haber algo que no me mate lentamente o que permanezca en mi organismo por medio año.

Suspira rendida, sabe que no voy a cambiar de opinión por mucho que insista.

—Está bien, entiendo. —Se estira por una servilleta y se limpia la cara y las manos. — ¿No quieres unas papas? —Niego rápidamente antes de que las pida por mí.

—No quiero nada grasoso.

—El helado que te atascas en casa es grasoso, niño.

—Es grasa congelada.

Pone los ojos en blanco, el tendedero del pequeño restaurante le da su nuevo pedido y ella ataca el bocadillo como si fuera un tigre sobre un venado y creo que el tigre sería más benévolo y delicado, se supone que es mujer, debería tener algo de pudor, ahora entiendo porque no tiene novio ni se casa, nadie podría con ella y su enorme hoyo negro que tiene como estómago, llevaría a la bancarrota a cualquiera.

Después de eso compramos helados de yogurt, ella lo atiborra de chocolate, chispas, crema de galletas y pasas, el mío es demasiado sencillo, granillo y chocolate.

Pasamos a varias recreaciones, principalmente a las que Isabel le atraen, los juegos rápidos, de altas velocidades y alturas, esos que te hacen ir de cabeza por todo el recorrido o el pasaje dentro de una casa de terror, donde por cierto termine gritando la mayor parte del recorrido y lleno de alguna sustancia de procedencia desconocida en el cabello, Izzy asegura que es agua pero no le creo, entramos a la casa de los espejos donde ella no paraba de burlarse de mí y me golpeo cuando le dije que se veía gorda en el espejo normal, me jalo hasta el juego donde lo más divertido es pasar debajo de una cascada de agua a toda velocidad, por supuesto termine mojado hasta los huesos, al único juego que me negué a subir fue a una cosa parecida a una resortera que te lanzaba al aire sobre quien sabe cuántos metros, escuchar a las personas gritar en el aire y girar sobre la silla ya era de por si aterrador, no soy fan de las alturas, ni de la velocidades peligrosas, pero en definitiva no de las alturas.

No niego que me divertí, me reí bastante en algunas recreaciones, ya sea por lo divertido o por lo nervioso que me puse al posiblemente estar al borde de la muerte en más de una ocasión, grite hasta que la garganta me ardió y quede afónico por unos minutos y, debo admitirlo, vomite durante mucho tiempo después de subir a un juego donde el asiento privado giraba, la plataforma donde estaba el asiento giraba, la maldita rueda también giraba y todo termino girando fuera y dentro de mí, a Izzy se le hizo gracioso girar más rápido nuestra plataforma, a mí no. Claro.

—Me duele la barriga de tanto gritar y reír, hay que sentarnos allá, ¿Quieres?

Asiento, porque la verdad mis piernas no funcionan del todo correcto, podría desfallecer en cualquier instante.

—¿A que ahora añoras la hamburguesa que despreciaste en la tarde?

—No, moriría y no la añoraría jamás, créeme.

—Claro, solo falta el espectáculo de juegos artificiales y volveremos a casa, aunque vi algunos anuncios sobre un espectáculo sorpresa, ya mero es navidad.

Miro el cielo, está a punto de cerrar el día, aún hay colores cálidos, un leve naranja y un diluido amarillo, allí donde termina el sol, pero predominan más los colores fríos, como el azul naval y el morado obscuro, la luna brilla solo un poco más, creo que tendremos cuarto menguante esta noche.

—Sí, ya mero. —Recargo mi cabeza sobre el respaldo de la banca, esta frío y una corriente de escalofríos me recorre la espalda pero no me aparto.

—¿Iras a visitar a tu madre? —Pregunta Izzy en un susurro audible.

—No, sabes que no, me quedare en casa viendo películas hasta tarde y comprare ponche en alguna tienda, tal vez compre galletas de edición especial, lo de cada año. —Contesto vagamente.

—Eren.

—Izzy.

—No está bien, ella te extraña, tu padre también, ha sido mucho tiempo.

—Yo también los extraño… pero…

—¿Isabel?

Una tercera voz se nos une, no la conozco, así que me siento correctamente imitando a Izzy, una chica de corto cabello negro y una bufanda roja alrededor del cuello se acerca hasta nosotros con un chico detrás de ella, cabello rubio ceniza y de ojos azul traslucido.

—¿Mikasa? Vaya coincidencia. —Izzy se levanta como un resorte y abraza a la chica. —¿Es tu hermano?

—Sí, Farlan, Isabel, Isabel, Farlan.

—Mucho gusto.

Hacen presentaciones cortas, se sonríen y hacen preguntas personales, por mi parte me quedo callado en mi lugar, sin hacer ruido o bulla, esperando que no me noten y me pasen de largo, son conocidos de ella, no míos, así que no importa si tengo que ser cortes o amable.

—Él es Eren, es un amigo de la infancia, se podría decir que nos conocemos desde antes de nacer. —Ese es el mismo chiste de siempre.

Cierro los ojos, como si me hubieran golpeado levemente con fuerza, luego los abro y sonrió lo más amable posible.

—Hola. —Me levanto de la banca y hago el rito pertinente a los saludos y presentaciones informales.

—Mikasa es una amiga de la compañía, aunque estudio conmigo el primer año de la preparatoria, ¿Tal vez la recuerdes? —Indica Isabel.

Es alta, bonitas facciones, ojos de un profundo gris obscuro, cabello casi perfectamente peinado de forma desordenada, sus ojos están ligeramente rasgados, largas pestañas curvas, de complexión delgada, como el de una modelo sin anorexia, bien alimentada y ejercitada… no la recuerdo.

No es personal, no recuerdo a nadie que pase rápidamente por mi vida, a pesar de que parece ser alguien que llama la atención con su simple presencia no es alguien que me genere algún recuerdo vago.

Pero…

—Discúlpalo, tiene mala memoria. —Se adelanta Izzy al ver que no contesto.

Pero…

—No hay problema, de hecho creo que jamás nos hemos visto hasta ahora, ¿No? Tal vez solo nos cruzamos en la preparatoria, pero nada más.

—Si eso creo.

La conozco.

Bueno… tal vez a ella no exactamente, pero… sus rasgos, son tan similares, la forma de los ojos, el tono de piel, la complexión… alguien igual a ella pero del sexo contrario.

Trago saliva al dar con ese contraste.

No es algo cómodo después de encajar perfiles.

Tuerzo los labios y trato de mostrar indiferencia por estas dos personas nuevas, me gustaría no tener nada que ver con ellos, algo me susurra que ella no es solo una coincidencia física.

Hablan durante unos minutos, sobre cosas del trabajo y cosas triviales como los boletos que se ganaron para venir al parque de diversiones, trato de fingir estar distraído con el celular o con el ambiente del parque, aunque sea mentira.

—Eren, el espectáculo ya va a comenzar, vamos.

Cuando pienso en decir que quiero ir al baño ella me toma de la muñeca y me jala detrás de ella y su compañera de trabajo.

—Oye, Farlan, ¿Dónde está? —Pregunta Mikasa.

—Quería ir al baño, iré a buscarlo.

—Okey, aquí estaré, si se llena de gente llámame.

El chico se aleja corriendo agitando la mano en señal de que ha entendido.

—¿A dónde fue? —Pregunta Izzy después de ver que el chico ha desaparecido.

—Ha ido a buscar a mi hermano mayor, te lo presentare tan solo lleguen.

—¿Cuántos hermanos tienes?

Antes de que responda el espectáculo empieza y ambas se distraen admirando el cielo lleno de luces de colores, una tras otra explotando en imágenes divertidas, los niños ríen y señalan las figuras, algunas parejas se toman de las manos y lanzan suspiros.

Admito que es algo digno de ver, los rostros de las personas reflejan el color de las luces, amarillos, anaranjados, rojos, verdes, azules, explosiones de todo, chispas de luz que bajan y se apagan lentamente hasta tocar el suelo, a lado de los pies de la gente.

Me recuerdan a demasiadas cosas, como aquel proyecto de física en último año de preparatoria, donde el chiste era lanzar globos de cantoya al cielo, más que algo escolar lo veíamos como nuestra propia despedida, iluminando el cielo con las tenues luces de la llamas de fuego que hacían que el globo se elevase más y más, ya fuera para perderse en el cielo o atorarse en algún árbol.

En esas fechas en que las flores de jacaranda florecían, los arboles con pétalos morados acompañados de los globos, a finales de la tarde del mes de abril, el cielo casi obscurecido, con las luces de los edificios apagadas, solo uno que otro salón que tenía clases que impartir nos acompañaban, un aire cálido que nos acariciaba las mejillas mientras observábamos nuestro espectáculo privado, todos juntos, esa generación que nos despidió, allí era donde todos murmuraban el futuro que deseaban que les esperara, deseando ser alguien en la vida muy pronto, no todos lo lograron, tal solo hay que mirarme para confirmarlo, pero era algo tan nostálgico que incluso después de muchos años hace que tenga ganas de llorar.

Los fuegos artificiales terminan y después todo el parque se ilumina con series de luces de todos los colores que representan la navidad, dándole la bienvenida a esta celebración nueva.

Comienzos de Diciembre, el mes donde las esperanzas son táctiles, los sueños alcanzables y los deseos una realidad, la fecha donde todos piensan que el mundo está pintado de rosa y azul.

Siento un peso extra en el brazo, Izzy me abraza y me susurra.

—Tengo hambre.

Sí, todo en ella hace que el bello efecto de los fuegos artificiales se pierda y el delirio de algo bonito se vaya a la basura, en serio, ¿Cómo es que somos amigos de tanto tiempo?

—Vayamos por algo antes de volver a casa, después te iras a dormir, que tengo trabajo que hacer. —Digo como si fuera su padre.

—Sí, Capitán, como ordene. —Hace un saludo militar gracioso.

El chico, Farlan si no mal recuerdo, vuelve jadeante, ni siquiera recordaba que nos había abandonado antes del espectáculo de luces.

—Se fue, el bastardo uso el baño como excusa y se largó. —Murmura entre jadeos exagerados.

Mikasa frunce el ceño y aprieta los puños.

—Maldito, todavía que me tomo la molestia en invitarlo hace estas niñerías.

—Dejo un mensaje en la puerta del baño diciendo que Erwin necesita alimento.

La chica bufa divertida.

—¿Su maldito gato obeso? Esa cosa no necesita más alimento, es más con él podríamos hacer barbacoa para un centenar de soldados.

—Deja de despotricar contra su gato aquí, Mikasa, mejor vamos por el coche y despotricas contra él en casa.

El sonido de un celular interrumpe su plática, la chica saca su móvil y abre el mensaje, sé que no es nada bueno cuando su aura se vuelve terriblemente peligrosa, está a punto de matar el aparato y parece que en algún lugar del mundo va a ocurrir una desgracia.

—Se llevó el auto. —Murmura con voz silbante, como si fuera una serpiente venenosa.

—¿Qué? Pero si yo tengo las llaves ¿Cómo pudo…?

Al meter las manos en la bolsa de su sudadera descubre que en realidad esa otra tercer persona si los ha dejado sin medio de transporte.

—Voy a matarlo, en serio, voy a matar a ese mal nacido.

Isabel y yo nos quedamos quietos, calladitos, como si hacer cualquier mínimo movimiento provocara la tercera guerra mundial.

Sin decir nada más Mikasa da media vuelta y camina haciendo que sus tenis resuenen fuertemente contra la grava, Farlan titubea, se ha dado cuenta de nuestra presencia y no sabe qué hacer con exactitud, termina dando una rápida disculpa y va tras su hermana.

—Vaya. —Digo

—No digas nada, que de seguro pensaste en hacer lo mismo en más de una ocasión.

— ¿Escaparme por el baño?

—Si.

—Admito que sí, pero no soy tan ágil ni valiente.

—Vamos por algo de comer, ¿Te parece?

—Claro.

Caminamos como muñecos de resortes, como si hubiéramos sido nosotros a quien amenazaron con matar a patadas o gritos de recriminación.

§

Lo primero que encuentro al despertar es un peludo paisaje, es decir, el trasero de mi gato sobre mi cara.

—Armin, ya te dije que no duermas aquí, dejas todo lleno de pelos. —Me sacudo y el gato salta de la cama, corre hasta su plato de comida, diciendo que como no he muerto para que sea capaz de devorarme al menos lo alimente correctamente.

Me doy una ducha rápida, como no hay planes importantes para el día, igual a los otros, me pongo un pants holgado de tela demasiado delgada y suave, bajo hasta la cocina para ver que comer, Isabel se ha ido temprano, tenía una llamada de emergencia, solo hay galletas y leche, dejo café preparado pero no soy muy partidario de él.

Me hago leche achocolatada con hielos y caliento unos waffles huérfanos que había en el congelador, los baño de miel y me voy al estudio a continuar con el proyecto que tengo en mente.

La trama se dará en un país alterno y futurista, comienzo el prólogo con un asesinato simple y con poca descripción, doy la primer pista del asesino sin dar a conocer realmente su identidad, me levanto y lleno una botella con agua para pasar el resto de la mañana, saco un bote de helado y vuelvo de nuevo a mi mullida silla hecha de un material esponjado y cómodo.

Izzy llama para verificar que me haya levantado de la cama, me pide que caliente la lasaña que ha dejado en el refrigerador y que esa noche no vendrá, volverá a su propia casa porque tiene mucho trabajo, le digo que no hay problema y que la espero hasta la próxima semana o el próximo mes si es mejor, me regaña, exige que le llame al psicólogo y pregunte sobre mi horario de citas, le llevo la corriente durante unos minutos antes de que me grite:

Tomate las cosas en serio y deja de perder el tiempo.

Y aun así no hago caso.

Me dedico más que nada a redactar la nueva historia y a perder el tiempo con otros proyectos no oficiales, uno que otro que tengo en mente pero que no me atrevo a publicar, uno de ellos es demasiado personal que me da algo de pena y los demás que son como mis primeros hijos, pequeños polluelos de letras y tinta de colores. Suena extraño, lo sé.

A eso de las tres de la tarde, cuando decido ver una buena serie policiaca que recomiendan mucho por la TV, el teléfono suena, al no estar lleno de basura y papeles es fácil dar con él.

—Diga.

¿Señor Jaeger?

—Supongo que a él llama.

Una risita femenina me contesta del otro lado.

Soy Petra Ral, la asistente del Doctor Ackerman, llamo para agendar su primera cita y mandarle su horario a partir de ahora.

Casi estoy a punto de decir que mejor cancele todo y que desisto de los servicios psicológicos, pero, como si estuvieran a mi lado, las voces de Hanji e Isabel molestando hasta el fin de los tiempos hace que me arrepienta.

—Sí, claro, creí que llamarían a finales de la semana.

Bueno, un par de pacientes se han dado de alta y el Doctor ha dicho que cuanto antes mejor.

Suena más a "Entre más rápido me deshaga del extraño escritor mejor."

No podría estar más de acuerdo.

La cita principal queda programada para este lunes entrante a las siete de la tarde, el ultimo paciente como habíamos quedado antes, el resto de las sesiones no serán diferentes se ajustaran dependiendo los avances que tengamos y ese tipo de cosas que solo él podría entender y que yo finjo comprender para no parecer un ignorante completo.

—¿Tiene alguna duda?

—Ninguna, gracias.

Por cierto… ¿Puedo hacerle una pregunta?

—Claro.

¿Ya se ha enterado del nuevo libro que sacara "Akira Cassie"? lo ha publicado en su blog hace solo unos días y hace unos minutos a dado el reparto y subió un boceto de la protagonista, al parecer la trama será policiaca.

No puedo evitar sonreír algo divertido.

—Sí, me llego el aviso a mi correo, ¿Le parece interesante? Creo que lo será.

Siempre lo son, me gusta el diseño que le está dando, quiero saber quién será el protagonista, aunque tengo varias dudas ¿Cree que si le pregunto en su blog me conteste?

—Claro, siempre lo hace, no creo que deje que sus fans se decepcionen de ella.

La chiquilla da un chillido emocionado y escucho como es reprendida del otro lado de la línea.

Tengo que volver al trabajo… ¿Podríamos hablar después de los libros? No conozco a mucha gente de mi edad que los lea y los pacientes que llegan son demasiado viejos como para que los lean, me emociona encontrar a alguien que comparta mis gustos.

"Si supieras…"

—Claro.

Bueno… me despido, que pase una buena tarde, señor Jaeger.

—Hasta luego.

"Y no soy señor"

Dejo salir una bocada enorme de aire atascado en mis pulmones.

Bueno, supongo que el libro estará antes de lo previsto, llamo a Hanji para darle aviso de que su amigo me ha marcado en su agenda, parece demasiado emotiva.

Hay un pitido en la computadora, lanza un nuevo mensaje.

De: Firefly 34

Buenas tardes, Akira, lamento las molestias que podría causarle, soy una de sus grandes fans, estoy emocionada por su nuevo libro, he visto cada publicación que ha hecho acerca, un amigo y yo hemos hablado mucho de su nueva obra pero tenemos un par de dudas y quisiera que me ayudara. Espero no sea un inconveniente…

Sonrió divertido, así que lo ha hecho después de todo, leo todas sus preguntas, algunas de ellas tienen que ver con el género del libro y sus contenidos y otras tratan sobre cosas que vienen dentro del pequeño prologo que he dado hace unos días.

Respondo a casi todas las preguntas sin que lleguen a ser reveladoras o muy exclamativas, le doy un enorme agradecimiento por escribirme y leer los libros, de alguna forma se siente bien leer todos esos comentarios, hacen que no me sienta tan yo.

Es extraño que ella me haya mencionado como un amigo, se siente raro.

Preparo algo de chocolate caliente antes de volver al trabajo, hago un par de dibujos digitales en la computadora, personajes nuevos y otros antiguos, sigo respondiendo mensajes y sigo escribiendo. En algún momento de la tarde me quedo dormido sobre una pila de hojas y trabajos.

Tengo un sueño extraño, un sueño sobre mi pequeño y vergonzoso pasado secreto.

Continuará…

Próximamente:

Quinta sesión

"Un mundo roto"

Gracias por leer.

"Parlev"