Séptima sesión.

"Un puente a ese mundo"

Veo el humo del cigarrillo dar volteretas en el privado aire del consultorio, él exhala con tranquilidad, tomándose su tiempo para volver a llevarse el cigarrillo a los labios y agregar:

— ¿Por qué?

Parpadeo varias veces antes de agachar la mirada un poco avergonzado, en realidad la curiosidad me ha podido más que el sentido común de quedarme callado.

—Bueno… es que… estoy leyendo un libro con ese tipo de temática, me preguntaba si es posible.

Se encoge de hombros y da una calada al cigarro.

—Hay muchas opciones, amnesia, por ejemplo. —Me mira esperando a que responda.

—Lo dudo, en la historia no relata algún tipo de percance o accidente que pudiera provocar amnesia. —Niego con rapidez.

—Bueno, entonces, tal vez, su "personaje" tuvo un episodio traumático, quizás olvido a esa persona especial para protegerse, para no sufrir, quizás no quería llegar a odiarlo y solo se obligó a ahogar ese sentimiento. Suele suceder cuando la persona es débil de pensamiento y muy emotiva. —Explica de forma sencilla.

—Ahh. —Me muerdo el labio inferior y miro hacia la ventana, esta anocheciendo. — ¿Qué le recomendaría al personaje si no desea recordar, pero los recuerdos han aparecido años después?

—Que entierre los recuerdos en el patio trasero y vaya con un psicólogo. —Dice casi en chiste. —Dicen que el tiempo ayuda a olvidar.

Rio un poco divertido por el comentario.

—Eso está bien… supongo.

— ¿En que termina su libro? —Pregunta con curiosidad, baja el cigarrillo balanceándolo entre sus dedos y me perfora con la mirada.

—No… aun no lo he terminado de leer. —Agrego titubeante.

—Cuando lo termine, cuénteme el final.

—La verdad… no sé si quiero terminarlo. —Frunzo el ceño y niego lentamente.

Parece como si de repente hemos dejado de hablar del libro, de un libro que en realidad no existe.

— ¿Por qué no le gusta o porque le confunde?

—Un poco de ambas, quizás. —Respiro el humo de cigarro y este se hace espacio entre mis pulmones. —Su… gato, creo que necesita un poco de ejercicio. —Comento para desviar el tema.

Descansa el cigarrillo en los labios y baja la mirada hacia el minino que no deja de mirar mi maleta, esperando paciente a que Armin salga a jugar.

—Mi hermana dice que sirve para alimentar a todo un ejército, por eso me ha obligado a traerlo conmigo, para cuidar su alimentación y todo eso, estoy demasiado tiempo fuera de casa.

—Es un lindo gato pero debe cuidarlo más, podría enfermar.

Me mira un momento antes de asentir y volver la vista al gato.

—Le compre una caminadora, quizás más tarde lo ponga en ella.

Aprieto los labios para no reír, creo que él ese tipo de persona que podría entrar al ejército y obligar a todos a dar cien abdominales al grito de "YA"

Vuelve a darle otra calada al cigarro y exhala lentamente, dejando que el humo se mezcle con nuestro oxígeno.

— Bien, señor Jaeger…

—¿Podría dejar de llamarme de usted? Hace que me sienta mucho mayor. Está bien que me llame por mi nombre, Eren.

Arquea las cejas un poco sorprendido.

—Claro, como gustes. —Aprieto la cuerda de la maleta y me dispongo a salir de una vez. —Entonces, hasta mañana, trabaja en la novela por la mañana y durante la tarde seguimos con los perfiles psicológico - patológicos.

—Si.

—Ah y trae a tu gato.

Me giro un tanto contrariado, él ha dado media vuelta y está sentado frente al escritorio.

—Por supuesto.

No sé quién es más extraño de nosotros dos, creo que en realidad él también necesita un poco de ayuda psicológica o al menos alguien con quien desahogar sus ideas.

—¿Puedo hacerle otra pregunta?

—Adelante. —Esta vez no me mira, se ha enfrascado de nuevo dentro de las carpetas de sus pacientes.

—¿Está seguro de que no nos hemos visto antes?

Con eso logro captar su atención de nuevo, los anteojos se le resbalan por el puente de la nariz y me mira sobre ellos, el color plateado del iris me absorbe, siento que puede leer cada historia dentro de mi piel, cada fragmento del diario dentro de aquella caja.

—Eso mismo pregunto la primera vez que nos vimos.

—Es que… siento que he visto su rostro en otra parte.

Sonríe casi de forma imperceptible y una chispa de electricidad estalla entre dos neuronas, un fragmento del diario me llega a la mente casi en automático.

—Si llegas a recordar, házmelo saber, estaré gustoso de oírte.

Asiento lentamente, un poco confundido por el conjunto de palabras que ha elegido para contestarme, pienso que en realidad él es una extraña persona, tal vez, simplemente está actuando dependiendo el paciente, en este caso, un extraño escritor con preguntas incómodas.

Tomo el pomo de la puerta y lo giro dispuesto a irme, Armin maúlla dentro del bolso, desesperado por irse.

—Eren. —Mi corazón da un leve vuelco dentro de mi pecho, me giro un poco para observarlo, aunque él a mí ya no me mire. —Mi nombre es Levi, de ahora en adelante llámame así, por favor.

Inhalo lentamente, no contesto, salgo del consultorio y una vez que la puerta está cerrada dejo que el aire abandone mis pulmones.

Agito la cabeza con energía y pegando la maleta a mi pecho abandono el lugar. Petra ya se ha ido al parecer, por lo que no tengo que sonreír y despedirme de buena gana, me aliviana un poco eso.

Camino de forma distraída por las calles de vuelta a casa, trato de ordenar mis pensamientos y los sucesos que acaban de pasar, siento que tengo las neuronas más revueltas que antes y un poco desordenadas. Tal vez un poco de helado y soda ayuden para calmar los nervios y la confusión.

Al llegar a casa abro rápidamente la puerta, dejo el bolso en la entrada y rápidamente Armin lo abandona, se mete en una orilla y empieza a asearse, parece como si quisiera quitarse la esencia del consultorio y su experiencia con el otro gato. Un gato realmente grande y gordo.

—Eren, bienvenido.

Doy un brinco hacia atrás, resbalo entre el enrede de mis pies y caigo al piso dando un grito de sorpresa y dolor. No esperaba que alguien estuviera en casa, al menos no ahora.

—¿Qué demonios? ¿Isabel, que mierda haces en mi casa? —Digo tratando de calmar mi ritmo cardiaco.

—Yo… vine a ver si seguías con vida. —Contesta con calma, eso hace que me desespere.

—Llamaste en la tarde, confórmate con eso, maldita sea, casi muero de un infarto. —Se acerca a mí con un suspiro de pesadez y me ayuda a incorporarme. —No puedes entrar en las casas ajenas y no avistar de ello.

—Lo siento, lo siento, pero tú también tienes la culpa, vienes en tu propio mundo que ni siquiera notaste el carro en el garaje y las luces prendidas, vaya, dudo que hayas escuchado el sonido de los vasos. Alguien podría meterse a robar y tú ni en cuenta.

—Al menos el ladrón me mataría por detrás y no de un susto. —Recrimino tocándome el pecho.

—Ya, ya, deja de molestarte, ya paso. Anda, he preparado lasaña.

Aun no muy convencido y feliz por el susto accedo a ir con ella a la cocina, me obliga a lavarme las manos y luego a sentarme en la mesa frente al plato humeante, me recuerda a mi madre, a mi infancia y las reglas en la mesa. Es un poco extraño.

Me pregunta sobre la sesión de hoy, le invento algún cuento sobre lo mucho que hemos hablado sobre mi vida y cosas de ese estilo, luce complacida con la respuesta vaga, aunque sigue indagando un poco. También pregunta sobre la novela y hace una leve observación.

—Hanji me comento que encontraste un libro con historias antiguas.

Levanto mis platos y los dejo caer en el fregadero, ella me reprende por el poco cuidado que les doy.

—Ah, si… encontré una caja llena de fotos de la preparatoria, dentro había un álbum y una… —Frunzo el ceño. —Una libreta con historias. —No recuerdo haber visto la libreta el otro día.

— ¿De qué iban?

Alejo la libreta de mi mente, en otro momento la iré a buscar.

—Izzy, ¿De quién estuve enamorado en la preparatoria?

Si alguien me conocía, o me conoce, demasiado bien, esa es Isabel. Me felicito por la idea tan brillante, ella debe darme las respuestas que necesito y que pueden alivianar mis pensamientos al menos de este asunto. Ella debe recordar todo lo que yo olvide, ella debe conocer ese fragmento de mi pasado.

Parpadea rápidamente, como si no comprendiera la pregunta.

— ¿No lo recuerdas?

—No, es extraño, hay fotos de esa persona pero todas están llenas de marcador, no se quien sea y detrás no viene su nombre, solo una rara descripción.

Ella pone cara de tristeza, un poco de desolación, confusión y como si sufriera en mi lugar, se lleva una mano al pecho y respinga quedito.

— ¿En serio? —Suena dolida.

—Sí, hablo en serio, dime de quien se trata, hay muchas cosas referentes a eso. —Me encojo de hombros, no entiendo el cambio repentino en su semblante y actitud.

Da un largo suspiro, como si se preparara para dar un discurso extenso y profundo.

—Lo siento, pero no voy a decirte.

—Entonces sabes de quien hablo.

—Por supuesto que lo sé, como olvidarlo, fue… —Se debate entre dame más información o callarla. —No, lo siento, no voy a hablar, si decidiste olvidarlo fue por algo, algo que yo no sé, y respetare esa decisión. —Luego se lleva las manos a los labios y los ojos se le llenan de lágrimas.

— ¿Isabel?

—Perdóname, tengo que irme.

—Espera, Isabel, tienes que decirme… ¿Qué paso?

— ¿Por qué no recuerdas?

—Eso quiero saber. —Casi parezco desesperado. Quizás porque en verdad lo estoy.

Aprieta los labios y un hilillo de lágrimas recorre su rostro de muñeca rota, corta la distancia que nos divide y me abraza.

—Por favor perdóname, si llegas a recordar algo, quiero ser la primera en saberlo. Juntos sabremos cómo resolver todo. ¿Ok?, espero que lo entiendas, es algo que tú solo debes hacer. Pero… si me pides un consejo, no recuerdes, quédate como estas, en esta ocasión te doy la razón, los recuerdos pueden llegar a ser destructivos y más los recuerdos de este tipo.

§

Miro el techo, tratando de unir parte de lo que Isabel ha dicho y la explicación rápida del psicólogo sobre posibles causas emocionales para olvidar a alguien, por desgracia ambas encajan bastante bien en mi perfil de personalidad. Por primera vez me siento como si estuviera desenterrando el pasado de un desconocido y no el mío, como si estuviera leyendo la vida ajena de otro ser vivo, eso es incómodo, descubro que en realidad soy un completo desconocido para mí mismo y no termino de creerlo.

Mi color favorito es el azul combinado con el verde y el rojo combinado con el rosa, dando como resultante el color aqua y el magenta, me gusta leer, escribir, las series policiacas, soy un completo cobarde ante reacciones de miedo, me gustan los gatos, adoro el helado de menta con chispas de chocolate, amo el chocolate, la música pop y la clásica…

¿Eso es lo único que podría decir de mí?

Entonces si soy un caso completamente perdido.

Me cubro la cara con la palma de mis manos.

¿Qué pudo herirme a tal punto de olvidar?

Algo lo suficientemente fuerte para mandar el recuerdo al olvido pero no lo suficiente para odiar a ese alguien misterioso, algo que me hizo querer deshacerme de todos los sentimientos, deseos y anhelos escritos en aquel libro.

¿Era yo alguien débil de pensamientos y emociones?

No lo sé, tal vez, en realidad nunca he sido alguien muy extravagante, sé que soy terco y necio ante mis ideales pero nada más.

Me levanto de la cama y voy de nuevo al estudio, saco la caja de debajo del escritorio y revuelvo su contenido, sé que había una libreta dentro de la caja, aparte del álbum, las fotos y la caja, sé que había una libreta azul. Quizás haya partes del diario que no hay en el álbum, miro debajo del escritorio, dentro de la papelera, debajo de la computadora, entre los libros, debajo de los libreros, esculco cada rincón del despacho para dar con el objeto pero nada, ha desaparecido, se la ha llevado el aire. Trato de recordar donde fue que la vi por última vez pero nada, solo sé que la avente dentro de la caja pero no está.

Es frustrante.

"Enterrar los recuerdos en el patio trasero."

Quizás el consejo no fue exactamente en el sentido literal aunque no es mala idea, dijo que el tiempo ayuda a olvidar.

Trago saliva con fuerza, cierro la caja, la sello con cinta adhesiva y salgo al patio trasero, Armin me mira con curiosidad y termina por acompañarme.

—Tal vez estaría bien quemar todo, así no habría evidencias, ¿Verdad? —Miro al gato, como si este fuera a darme una buena respuesta pero solo mira la gran caja con curiosidad digna de un animal.

Miau˜

—Creo que es una buena idea, así… así voy a volver a mi vida normal ¿No?

Tomo la pala colgada en la pared y empiezo a excavar, hago un gran hoyo en la tierra dura, Armin se ha puesto cómodo, observando analíticamente cada movimiento, de repente me mira como si esperara que me arrepienta para saltarme a la cara y obligarme a seguir con mi labor.

Cuando el hoyo tiene una buena profundidad dejo caer la caja perfectamente sellada y protegida con cinta, luego de observarla y meditar sobre su contendido vuelvo a dejar caer la tierra sobre ella hasta que la cubro y el suelo vuelve a ser más o menos normal e igual a antes de romper su estabilidad. Cuando termino el gato da un leve gruñido y entra en la casa balanceando la cola. Casi parece feliz.

Al regresar al interior de la casa hay un apagón, me tenso en mi lugar, en realidad la obscuridad no es demasiado de mi agrado, llamo a mi mascota en susurros altos pero parece que se ha ido al otro lado de la casa o simplemente no desea contestarme, doy un largo respiro y tomo valentía para volver a mi habitación o al menos al estudio donde está la computadora y la lámpara de emergencias.

Tropiezo varias veces y otras tantas grito asustado, la casa es grande para alguien tan diminuto como yo, no la conozco del todo por desgracia para mí. Pero de alguna forma logro llegar con vida al estudio, mi visión se ha adaptado a la obscuridad, trato de recordar donde está la lámpara de emergencias y una vez que la ubico alumbro el lugar, se ve fantasmagórico y un tanto aterrador. La mente es una mala amiga cuando estas en este tipo de situaciones, trato de tomar aire y de conservar la calma, de no ser así posiblemente entre en un ataque de pánico nivel tres.

No sé cuánto tiempo paso dentro del estudio, pero en cuanto empiezo a bostezar me doy por vencido con la esperanza de que la luz vuelva esta noche, así que emprendo mi camino hacia mi habitación, rogando por no encontrar nada raro o terrorífico, pero tengo la suerte suficiente para solo llegar a mi cama con un par de moretones en las rodillas.

No sé si es por los pensamientos necios de tratar de recordar o por mi pavor a la obscuridad pero esa noche no puedo dormir.

Continuará…


Próximamente:

Octava sesión

"Saltador de realidades."


Gracias por leer.

"Parlev"