Carta de confidencialidad.

"Secreto profesional."

¿Puedo hacerte una pregunta?

— ¿Qué sucede?

¿De dónde se conocen tú y Eren?

Levi.

Veo la portada del libro durante un rato, es un dibujo simple, adornado por los efectos de los editores digitales y la impresión en la tapa, no es algo grandioso, para algunos puede ser algo sin chiste, para otros algo muy filosófico, ya que posiblemente saquen la teoría de que la autora del libro lo ha dibujado o ha dado instrucciones de que así es como quería la portada, pero yo sé todo lo que ese simple dibujo, que en su antigüedad fue hecho a papel y grafito de un lápiz a punto de extinguirse, esconde entre las líneas distorsionadas y mal marcadas.

El reflejo de un adolescente que no se sentía a gusto con su propia existencia. La marca de una persona débil que no soportaba verse al espejo durante las mañanas antes de ir a la escuela.

¿Quién más podría conocer aquellos pequeños secretos?

Tal vez aquella chica pelirroja, Isabel Magnolia.

Pero él incluso me dijo cosas que no era capaz de decirle a ella, así que podría ser la primer persona en la que llego a confiar en ese entonces.

¿Cuántos años han pasado desde la última vez que lo vi? Con esa mirada triste, un semblante deprimido y acabado. Una vida joven siendo absorbida de forma rápida y sin permiso.

¿De dónde se conocen tú y Eren? —Repite Hanji desde el otro lado de la línea.

—¿Por qué la pregunta?

Porque… tu nombre está escrito varias veces dentro de ese libro, al menos en los últimos tres capítulos puedo inquirir que la historia trata sobre ti y supongo que también de él.

Miro el libro de nuevo, no rompo el plástico que lo protege, no necesito leer su interior, porque también lo conozco. Mucho antes siquiera de que este libro fuera pensado en salir al aire. Mucho antes de todo.

—Me refería a porque preguntas algo que está dentro del libro que tú misma corregiste, leíste y que también hurtaste, tengo entendido que Eren ni siquiera pensaba en sacar esto a ventas. Era algo privado. —Pongo énfasis a la última frase.

No pude evitarlo, es una linda historia… o lo era, antes de leer casi todo. Hay muchas cosas que no comprendo, y por supuesto que los lectores no entenderán tampoco, pero no puedo preguntarle a Eren, me imagino que estará molesto una vez que ate cabos…

—Y tiene derecho. —Digo.

Pensé que sería buena idea preguntarte a ti ya que eres el protagonista. —Sigue hablando ignorando lo que he dicho.

—Pues no pienso responder a tus dudas, así que no te molestes en preguntar. Es algo confidencial.

Ustedes tuvieron una relación amorosa. Pero… ¿Por qué parece que él no recuerda eso?

"Porque él no lo recuerda". Respondo para mí mismo.

—No te incumbe, y es mejor que te vayas preparando, espero que sepas que esto va a costarte tu puesto y trabajo… y también carrera.

Ella lanza un chillido.

No, no creo que él sea capaz de hacerme algo así.

—Yo no pensaría lo mismo.

Luego de eso termino la llamada, es divertido verla sucumbir a la desesperación en ciertas ocasiones. Pero tiene razón, él es demasiado… él, como para quitarle su trabajo o mandarla a la cárcel por robar un trabajo literario. Es grave lo que ha hecho, pero Eren no va a hacer nada, quizás solo regañarla y ya. Hacerle prometer que no debe volver a hacerlo de nuevo. Como si fuera un niño pequeño hablándole a un cachorro sobre lo mal que esta orinarse en la alfombra.

Entro al estacionamiento para sacar el auto, lo primero que hago es meter el libro en la maletera principal, tal vez más tarde me dedique a hojear el libro, aunque no lo necesite, yo conozco la historia, fui parte de ella, aunque está bien verlo desde la perspectiva de él, cosas que no llegue a comprender o cosas de las cuales jamás me di cuenta.

Pienso en aquel ultimo día.

Creí que era lo correcto de alguna manera, deseaba ser un adulto y pensaba que él solo era un niño. No estaba tan equivocado, pero él no era cualquier niño. Era uno muy especial, algo que yo no vi hasta mucho tiempo después.

No pensé que volvería a verlo, tal vez al principio sí, pero entre más días pasaban menos esperanzas tenia de ello, olvide su existencia por un instante y luego Hanji menciono a aquel escritor atolondrado con problemas para arreglar su vida privada, su nombre era Eren Jaeger, eran demasiadas coincidencias y aun así decidí creer que solo eran eso, una gran coincidencia.

Por supuesto no lo era.

Allí parado dentro del consultorio, un adulto desaliñado, de cabello castaño sin ningún tipo de orden, con signos de no haber dormido lo suficiente la noche anterior, síntomas de ansiedad, pánico y algo de miedo. Sin haber comido del todo bien, con la piel demasiado flácida, delgado por la mala alimentación pero sin firmeza en los músculos por lo mismo, incluso algo perceptible era aquel exceso de grasa en el vientre. Un poco encorvado, tímido y nervioso. Era él después de todo. No era solo una coincidencia, estaba allí, frente a mí.

Creí que al verme daría media vuelta y huiría, estaba acostumbrado a hacer eso cuando se daba cuenta de que el problema era mucho más grande y fuerte que él, cuando estaba seguro de que no podría con él. Pero no, solo dio un corto saludo y obedeció a mis órdenes, contesto mis preguntas y actuó como si fuera un desconocido más.

Pensé que lo recordaría esa noche y me lo haría ver a la siguiente visita.

Pero nada, incluso ahora él sigue sin saber quién soy y de donde es que nos conocemos.

Y mientras pienso en eso, veo su silueta caminando de forma distraída y ansiosa sobre la acera, aprieta algo contra su pecho, como si fuera un tesoro que no desea perder. Al parecer ha descubierto el libro antes de lo que Hanji pensaba.

Es una mala suerte que el chico haya decidido salir de paseo el mero día de la publicación del crimen.

Le llamo y el parece asustado por un momento, pero al reconocerme se relaja un poco.

Le invito a cenar y a regañadientes acepta, bromeo sobre su libro y terminamos por platicar de mis propios problemas. No habla más allá de lo estrictamente necesario.

—Entonces Hanji ha robado tus escritos. —Digo luego de hacerle hablar sobre el libro.

—Sí, creo que fue cuando encontré las fotos. —Mira la portada del libro, deseando leerlo.

No quiero que lo lea. Si lo lee hay una gran probabilidad de que llegue a recordar algo, eso sería hacerle daño, tal vez es mejor empezar de ceros, que él siga sin saber quién soy en realidad y todo lo que le hice.

—¿Sabes de que va? —Pregunto sabiendo lo que responderá.

—No, hace mucho que escribí todo esto. No recuerdo casi nada de lo que hay aquí, tal vez tonterías rosas y cursis. Usualmente todo eso me hace sentir enfermo.

—Te comprendo. Bien, llegamos, espero te guste la comida italiana.

—Me gusta la pasta y la pizza. —Bizquea un poco antes de enfocar el restaurante al que lo he traído.

Pero al mismo tiempo quiero que recuerde todo, quiero que sepa quién soy, quiero pedirle perdón y que sepa que en realidad jamás me olvide de él. Quiero componer los pedazos rotos que deje aquel día, quiero sanar las heridas que le hice. Quiero que me perdone.

Aunque no sé si lo haga.

A Hanji la perdonara por lo que ha hecho, porque es algo que no le importa demasiado, ama escribir y que lo lean, le gusta saber que está haciendo algo y que lo hace bien, que las demás personas disfruten de su trabajo es su mayor disfrute.

Pero yo no puedo asegurar que lo haga conmigo, porque llegue a tocar cuerdas delgadas y llenas de nervios que no debía tocar, tenía prohibido acercarme a ciertos lugares de él, había hilos que él no deseaba que nadie viera. Y yo rompí esas reglas. Es algo mucho peor que robar un escrito, pero es un error que no se puede pagar con la cárcel.

Veo en su rostro que reconoce el nombre del restaurante, no esté en particular, alguna sucursal en algún lugar del mundo pero con el mismo nombre. No pregunta ni comenta nada, pero piensa.

Quiero abrazarlo y pedirle que me diga que piensa, que siente.

Quiero preguntarle qué fue lo que paso luego de la graduación de preparatoria.

Todo eso no viene escrito en la novela, todo eso tengo que preguntárselo a él. Pero como psicólogo aún faltan muchas sesiones como para hacer que hable conmigo de todo eso.

Necesito saber que paso. Quiero conocer al Eren adulto y corrompido por el tiempo y las circunstancias que lo llevaron a ser como es ahora.

Al principio parece incomodo por el lugar y las personas, en realidad jamás ha sido fan de los lugares atiborrados, pero trato de trabajar en que ese miedo social no pase exactamente a ser una fobia, sería peligroso. Pero luego parece adaptarse más, cuando el mesero le pregunta sobre su pedido, lo hace sin problemas e incluso sonríe amable.

¿Quién eres ahora?

Conocí al Eren joven, un niño desubicado y algo torpe, un tanto agresivo e impulsivo, que muchas veces no sabía callarse las cosas, alguien que solía llorar cuando la rabia le ganaba, cuando no sabía cómo resolver las cosas y se encontraba bloqueado contra el mundo. Un adolescente que se dedicaba a escribir en las horas libres sobre aventuras imaginarias, personajes que eran mejor que él, más valientes, más poderosos, más amables y amigables, llenos de virtudes, pero con algunos defectos disfrazados de errores torpes. El niño que odia la carne porque es grasosa y se tarda mucho en masticar, alguien amante de las golosinas, chocolate, helado, frituras y chatarra. Quien gustaba de leer todo el día de ser posible, alguien con problemas en matemáticas y física.

¿Qué tanto de ese Eren se quedó en el Eren que tengo enfrente?

¿Qué cambio y que se distorsiono?

Quiero saber todo eso.

—¿Cómo está su gato? —Pregunta evitando que nos quedemos mucho tiempo en silencio, porque eso lo pone nervioso. —¿Ha bajado de peso?

—No tanto como quisiera pero creo que lo está haciendo bien, al menos mi hermana ya no lo molesta. Supongo que tendré que premiarlo en algún momento.

—¿Premiarlo? ¿Golosinas? Eso sería contradictorio.

—No me refiero a eso, le prometí una cita con tu gato, ¿Lo olvidas?

Abre los ojos demasiado y arquea las cejas, bastante sorprendido.

—Ah. —Dice tratando de no reír y no ponerse a pensar en lo mala que es la idea.

Nos traen los pedidos varios minutos después, él se esfuerza por no meter la cabeza dentro de la pizza y llenarse las mejillas de la pasta.

Recuerdo que un día dijo que tenía ganas de meter la cabeza en un gran tubo de helado y atascarse las mejillas. No sé si cumplo ese sueño, aunque no lo dudo, es demasiado tonto e infantil en algunas ocasiones.

—¿Su hermana sigue con usted? —Pregunta de nuevo luego de mordisquear la pizza.

—Piensa pasar la temporada acá, dice que nos falta más ambiente familiar. —Respondo cortando un pedazo de lasaña.

—Ya veo. Me gustaría hablar con ella, quiero preguntarle algunas cosas.

—¿Cosas?

Puedo imaginar que cosas y me asusta un poco.

—Sí, de la escuela. Tal vez ella pueda aclararme algunas dudas.

—¿Por qué no le preguntas a tu amiga?

—Ella aún está molesta conmigo, así que tendría que esperar a que se le baje el enojo o tengo que ir a pedir perdón, pero… el error no ha sido mío. —Infla un poco las mejillas mientras se mete otro pedazo de pizza a la boca.

No digo nada, tal vez solo asegurarme de que ellos no se encuentren jamás, al menos hasta que yo sea capaz de hacer que me recuerde o no lo haga en todo caso.

No hablamos más allá de cosas muy triviales y simples, como la comida o los gatos, no tomo más de su tiempo, parece realmente leer el libro, pienso que es bueno hacerme con las consecuencias que puede traer el que lea ese libro.

Lo llevo a su casa, a pesar de que él dice que puede llegar por sí mismo si lo dejo una calle después de salir del restaurante. Aun le avergüenza pedir favores a otras personas.

Hay cosas que quería poner dentro del capítulo pero creo que sería demasiada información x'D solo quería que supieran que es lo que Levi piensa, más que nada. Lamento que sea tan… "así" pero como la historia ya lleva un buen tramo de redacción es un poco complicado narrar todo de golpe. Tengo pensado hacer otro cap de Levi pero no estoy segura ya que se cruza con el mismo de Eren y sería mucho revoltijo xD

Aun así espero que les haya gustado aunque sea un poco.

Gracias por leer.
Parlev.