Quinceava sesión.

"Renace una vez"

El libro comienza con una breve historia infantil sobre un conejo y un gato, no tiene mucho sentido si se ve de una forma muy literal. La forma de la narración es simple, vacía y plástica. Aunque no se puede esperar mucho de unas cuantas líneas. Sin embargo, si se pone desde otro pensamiento, quizás seas capaz de encontrar más de un sentido a la historia. Desde mi perspectiva creo que el conejo mato al gato para su propia supervivencia. Resulta algo gracioso.

Escribí el cuento durante una aburrida clase de Química, no tenía en mente hacer mil escenarios para un triste cuento sin mucho chiste.

Muchos preguntan sobre el papel del conejo y del gato con el resto de la historia en general, para hacerse una idea de lo que va a pasar a lo largo de las letras y frases. Pero en este momento tengo las mismas preguntas que ellos, porque en realidad, nada tiene relación con nada, cada historia es un mundo diferente pero al parecer Hanji ha logrado unir cada pieza suelta para hacer una sola historia que contar. Debo darle mis felicitaciones una vez que termine de entender lo que ha creado.

―Eres consciente de que puedo denunciarte ¿Cierto? Esto es difamación. ―Digo mientras abro un paquete de palomitas.

Pero sé que no lo harás, me amas tanto como para hacerlo, ¿Cierto?

Suspiro y acciono el microondas para que las palomitas boten.

―Tienes suerte de que no sea alguien que ame estar formado por horas, además de que denunciarte me provocaría muchos problemas y eso es lo que menos quiero. Aun así, ha estado mal no entiendo porque lo hiciste.

Eran historias interesantes no sería justo que se quedaran guardadas por años, tenían derecho a ver la luz, igual a sus hermanos.

―No me vengas con eso, Zöe, si las guarde allí era por algo, tal vez no estaban destinadas a salir.

Tal vez si, ya que llegaron a mis manos ese sagrado día, suplicándome ser leídas.

Ruedo los ojos. Abro la alacena en busca de galletas o alguna golosina.

―Ya no importa ahora. ―Termino por decir. ―Lo hecho, hecho esta. Pero no vuelvas a hacerlo, ¿Entiendes?

A la orden capitán. Por cierto, ¿Puedo hacerte una pregunta?

―Ya lo estás haciendo.

Bufa exasperada por mi respuesta, aunque pasa por alto mi comentario.

¿Quién es el otro protagonista de la historia? ―Dice con un sobrenaturalmente serio.

―¿Quién?

El otro protagonista. No tiene nombre, de hecho ninguno de los dos.

―Entonces ambos son producto de mi imaginación. ―El microondas hace un pitido anunciante para que saque las palomitas, tardo solo dos segundos más en reaccionar, vacío el contenido en un tazón azul.

Ni siquiera lo sabes.

―Hanji, los escribí hace mucho tiempo. No esperes que lo recuerde.

Recuerdas perfectamente la historia que nació cuando tenías diez años. ―Recrimina.

―Es una historia que he estado alimentando desde entonces, es diferente, ahora se ha convertido en una saga con más de diez libros.

Casi puedo imaginarla torciendo los labios.

Bueno, bueno, no preguntare más, ya he hecho mi trabajo, ahora te dejo, tengo otras cosas que hacer.

―Adiós.

Sin esperar alguna palabra más simplemente cuelgo y desconecto el aparato para que no vuelta a sonar, al menos durante el resto de la tarde y noche que siguen por delante.

Es tarde, al menos lo suficiente como para recurrir a la iluminación temprana de las farolas públicas y según mi termómetro, la temperatura disminuirá mucho esta noche.

Tengo que hacer dos viajes de la cocina a mi habitación, uno para subir la comida chatarra y otro para apagar las luces de la cocina, pasillo, sala y escaleras. Tengo una paranoia horrible a la obscuridad, me aterra demasiado estar en tinieblas. Aun así vivo solo en una enorme casa llena de puertas y pasillos. Es como mi propio suicidio mental.

En el reproductor de mi habitación pongo algo de música "relajante", un soneto de violín poco estresante, tiene un volumen moderado y no interrumpe mi sentido de alerta. Aun lado de mi cama, en el buró, pongo la navaja suiza que compre hace dos años.

Isabel dijo que si un día llegasen a asaltar mi casa era más probable que me terminara hiriendo yo solo con la navaja, o al gato, o terminarían matándome con la misma, pero no me importa, me da algo de paz tenerla a un lado, es una falsa esperanza de que así no me pasara nada, ni monstruos ni fantasmas ni ladrones, ni nada aparecerá de la nada para asustarme.

Con lo necesario para meterme en la cama doy un suspiro de alivio.

«Capítulo x: Dime lo que piensas.

Si te dijera que te amo… ¿Me creerías?

Los pasillos llenos de personas, los casilleros siendo cerrados de forma ruidosa y estridente, los alumnos hablando en voz alta para ser escuchados, el estuche de aquella chica torpe que ha caído en medio de toda la multitud, nadie le ayuda y yo estoy muy lejos como para hacerlo, y aun estando cerca creo que tampoco le ayudaría. [] La chica rubia que se echa el cabello hacia atrás en un intento de conquistar a otra presa más, el chico tímido que abraza sus cuadernos con tanto afán, todo para pasar a través de toda esta multitud. El resto de ellos tratando de caminar.

Y yo…

Yo estoy esperando paciente dentro de un salón, esperando a que el pasillo este libre para poder ir por mis cosas en paz, sin interrupciones; me quedo quieto, solo como yo sé hacerlo. Tú estás del otro lado, poniendo en orden el lugar, haciendo que los alumnos no se empujen o hagan alguna maldad, piensas que el pasillo es diminuto, los casilleros demasiado estorbosos y que son muchos alumnos a quienes controlar. [] Ayudas a la chica que ha perdido la mitad de sus lápices de colores. Ella se sonroja avergonzada por hacer el ridículo en medio de la hora pico escolar, es como aventarse uno mismo al suicidio. Todos los saben. Pero una vez que tú llegas ella se alivia un poco y el resto de los alumnos tratan de hacer lo que tengan que hacer con rapidez y eficacia, todo sea para no ser regañados o vistos de mala forma por ti.

Porque tienes fama de ser un profesor muy estricto y aterrador.

Pero a mí me gusta eso.

Yo amo eso…»

«Capitulo x: Cuarta noche sin dormir.

Estoy en el techo de la casa, si mi madre me viera posiblemente me regañaría, posiblemente me fuera mal si me ve aquí, aquí escribiendo y con una caja de cerillos quemando hojas como poseso. Ella diría algo ofensivo sobre eso, como… "¿Qué demonios pasa por tu cabeza?" o "¿Acaso eres tonto?" y entonces yo respondería mentalmente que sí, porque de hacerlo realmente quizás ella me regañaría y todo terminaría en peores circunstancias.

Hace un rato que soñé contigo.

Es vergonzoso recordarlo, [] por eso he tenido que subir hasta acá para tratar de calmar mi mente adolescente de pensamientos embarazosos y horribles, porque la mente es tu mejor amigo pero también el peor enemigo que alguien podría tener.

Eso último lo dijiste tú. Si, aquel día en que alguien comento que el cerebro era el arma más poderosa de todas, incluso de aquellas armas nucleares tan temibles.

Mi mente en este instante me está traicionando, hace que piense en aquel sueño tan vergonzoso, hace que la sangre se acumule en mi cara y tenga mucho calor a pesar de hacer frio.

Me abrazo a mí mismo, pienso en ese sueño, entre más lejos lo quiero, más cerca lo tengo.

Era tan vivido. Tan real. Tan tangible. Tanto que casi creí que era mi realidad.

Pero no, solo era un sueño.

Porque si fuera verdad yo no estaría en el techo de mi casa escribiendo esto y quemando hojas a mitad de la madrugada, con el pendiente de que mi madre suba y me regañe…»

«Capitulo x: Colores inservibles.

Hoy me la he pasado fantaseando en clase y termine imaginando una vida lejana contigo, en una gran casa, con un gato grande y gordo, una piscina, una gran biblioteca, un cine en casa y un estudio donde yo me la paso la mayor parte del día escribiendo porque me he convertido en un famoso escritor. Pensé en hijos pero luego me reí, reí tan fuerte que el profesor de Química se ha dado cuenta y me ha quitado un punto menos.

Mientras lo escribo pienso que ha sido lo más ridículo de todo.

Pero suelo hacerlo a menudo.

Pensar en futuros lejanos e inciertos, en escenas de libros románticos que jamás van a suceder. Imagino la gran parte del día. Imagino mi vida contigo y eso hace que me sonroje de la vergüenza.

Tengo fe en que jamás serás capaz de leer nada de esto porque creo que entonces yo tendría que tomar la navaja del ejército suizo de papá y atravesarme el pecho. No podría vivir de nuevo sabiendo que la persona de mis fantasías [] ha leído esto. Moriría.

Pero por el momento el papel es el único desgraciado en recibir todo esto. Lo escribo porque de no hacerlo entonces posiblemente yo tendría todo dentro de la cabeza y no podría dormir, no podría vivir en paz, pensando, pensando, pensando, siempre pensando. A eso me dedico.

Mi madre dice que pierdo el tiempo pero no me importa, ella no sabe cómo entrar en mi cabeza y borrar todo. Porque si lo supiera entonces tendría que ponerle contraseña también a mi cerebro y a mis pensamientos, igual a como he hecho con la computador y mi celular.

Por lo mientras puedo confiar en las hojas de doble uso metidas en el portafolios negro que mamá compro cuando iba en cuarto de primaria, ¿Quién diría que lo usaría para guardar mis más grandes emociones?

[]

Imagine que me decías que me querías. He sentido algo revoloteando en mi estómago, créeme cuando digo que eso definitivamente no parecían a mariposas en el estómago, yo los llamaría escarabajos o no sé, tal vez tigres salvajes dentro de mí vientre. Son molestos y hacen que tenga nauseas, igual a cuando tengo que exponer ante toda la clase y no me he memorizado la parte que me toca.

Pero también se ha sentido bien, es como un placer interno el escucharlo dentro de mi mente, siento escalofríos y entonces la dopamina de mi cerebro se activa y soy feliz.

La profesora de Literatura ha dicho que el amor y un viaje de cocaína son lo mismo. Por lo que creo que puedo decir que ya me he drogado varias veces… »

Tengo el rostro mojado, me siento mal, enfermo.

El cuerpo entero me tiembla y no entiendo porque.

Me siento tan triste, tan melancólico.

Me siento tan solo y derrotado.

Dejo el libro sobre el buró, no quiero seguir, siento que podría destruirme de seguir así. Abrazo mis rodillas y dejo que todo el llanto que tengo dentro de mí salga y siga su camino. Berreo y sigo llorando como un niño pequeño perdido y asustado.

Grito varias veces y sigo llorando.

Sigo anhelando, sigo…

No me detengo a pensar en una causa para llorar, quiero hacerlo y lo hago, es mejor dejar salir todo esto que tenerlo adentro haciéndose más y más grande, lo suficiente para que me aplaste y termine conmigo como suele ser su costumbre.

No recuerdo nada de eso, es como si hubieran aspirado tan bien esa parte de mi memoria que no ha quedado una mota de ese recuerdo tan hermoso. Solo queda algo creado por la falsa memoria, algo que acabo de imaginar.

El llanto se corta y parpadeo tantas veces antes de caer en la cuenta de que por alguna extraña razón Levi, el psicólogo con su gato gordo, se ha colado en mi película mental mientras leía. Me imagine como el chico torpe que se dedica a escribir en hojas de doble uso guardadas en un portafolio negro, y a él como aquel ser amado que esta tan lejos pero al mismo tiempo exageradamente cerca también.

Tal vez he convivido demasiado con él como para que forme parte de mis fantasías en estos momentos.

Por esta noche dejo el libro abandonado, no quiero leerlo de nuevo, me ha sentado fatal el hacerlo, pero tal vez en una de esas logre recordar algo de lo relatado en estas hojas tan blancas.

§

Armin y Erwin se han puesto a jugar con una bola de papel crack, según Levi había sido, en su momento, un gran monumental de papel hecho por su hermano menor.

―Tiene talento para las manualidades. ―Dice cuando pregunto, saca una carpeta de color verde y la hojea.

―¿Y porque lo tira? ―Pregunto con algo de curiosidad.

―Porque fue de hace muchos años, ya es basura, ni siquiera lo recordaba.

Armin abarca toda la gran bola de papel y esta le cae encima, el gato del psicólogo se apresura a ayudarlo pero mi gato simplemente se queda echado en la alfombra, como esperando a que la bola de papel de verdad lo mate. Me pregunto si eso es lo que hace cuando se mete en una de esas peleas callejeras. Erwin le da golpecitos con su pata, simplemente asegurándose de que siga vivo y de que en verdad la bola de papel no lo ha matado. Luego le chilla. Como si dijera que la broma no le gusta.

―Lamento pedirte que me ayudes con la limpieza del consultorio. ―La carpeta verde termina junto a otro montón de papeles que no parecen tener otro uso que el de basura.

―No importa, aunque no creo ser de mucha ayuda, no limpio ni mi propia casa. ―Murmuro con algo de gracia.

―Si lo sé. ―Luego sonríe y sigue sacando más cosas del estante.

―Parece saber muchas cosas de mi. ―Digo quitando la bola de papel encima de Armin. Este me ve con mala cara, diciendo que se estaba divirtiendo haciéndose el muerto.

Erwin salta feliz de ver que mi gato en verdad no está muerto, luego le da un golpecito en la cabeza con su pata delantera y le maúlla feliz.

Son tan tontos.

―Es por Hanji. ―Agrega pero la sonrisa desaparece.

―Habla demasiado. ¿Tiro esto también? ―Alzo un compendio engargolado, dice: "Facultad de Psicología, Bases Biológicas de los Procesos Psicológicos. Taller. Segundo Semestre. Levi Ackerman, Grupo: 2253-A"

Le echa un vistazo rápido, luego asiente.

―Sí, ya no sirve.

Lo hojeo un poco tiene rayones de pluma, lápiz, colores, plumones, marca textos, etc, tiene escrito versos de canciones, algún que otro poema y dibujitos extraños. Sonrió con ternura, trato de imaginar a la persona que saca carpetas del estante con el ceño fruncido siendo un adolescente rayoneando su compendio por mero aburrimiento mientras leía alguna de estas tantas lecturas. Es una fantasía de lo más adorable. Sin que se dé cuenta termino por guardar el engargolado dentro de mi mochila y finjo seguir con mi trabajo de limpieza.

―¿Ya has leído el libro? Tú libro, me refiero. ―Pregunta mientras sacude el mueble.

―Sí, solo un par de capítulos. ―Contesto.

Mi gato se he echado debajo del escritorio, Erwin lo mira fijamente echado frente a él, como si no quisiera perderse detalle del minino de allí.

―Es algo gracioso, ayer mientras leía me dieron muchas ganas de llorar, fue como si la lectura me hubiera hecho daño internamente.

―¿Algún recuerdo?

―Por desgracia, no. Quiero hacerlo, creo que ahora si quiero recordar, mientras leía sonaba demasiado feliz.

―¿De qué trata el libro?

―Al parecer, mi primer romance. Cosa que no recuerdo, en realidad he estado tan enfrascado en mi carrera como escritor que jamás me he dado a la tarea de enamorarme de verdad, si lo hice, creo que sería justo que lo supiera.

―Es justo. ―Acepta.

Pasa el paño por la superficie de manera distraída, como si se hubiera puesto a pensar en todo lo que le he dicho, que tanto es verdad, que tanta mentira podría haber detrás de todo esto, que es bueno y que es malo. Quiero saber que piensa.

La superficie de madera ya está reluciente pero sigue pasando el paño, como si pensara que ese brillo no es suficiente para esto.

―Lo imagine a usted como el otro protagonista. ―Digo luego de un largo silencio mortal.

Alza la vista, aunque no noto nada en su mirada, detiene el paño sucio. Es como si quisiera rectificar lo que le he dicho ahora.

―Usted era mi otro protagonista, aunque no sé porque. ―Recalco, no quiero que se haga una idea extraña sobre mis palabras.

Se pasa la lengua por los labios y vuelve su atención a la superficie de madera exageradamente limpia.

―¿Por qué?

―No lo sé.

―¿Es bueno o malo?

―Tampoco lo sé.

―Me refiero al personaje.

―Es… ― "Mi primer amor" Eso es lo que estoy a punto de decir pero las palabras frenan en mi lengua, regresan bruscamente a mi mente y entonces pienso que soy un tonto. ―Bueno. Creo.

―Bueno. ―Repite, como si saboreara la palabra.

―Necesito un cigarrillo. ―Digo tratando de salir del momento vergonzoso.

Me dirijo a la ventana a un lado del escritorio, la abro para que el aire entre, me golpea el rostro y siento que arde al contacto con mi piel. Saco el encendedor y un cigarrillo de aquella marca de colores marrones y rojos. Aprieto el filtro con los labios mientras trato de hacer fuego. La llama no es estable gracias a la ventisca y el temblor en mis dedos.

―Eren. ―Giro mi rostro ante el llamado.

Levi toma mi barbilla y acerca su rostro al mío, pienso que quizás va a besarme, aunque no hay una razón para que haga eso. Sus ojos absorben los míos y luego pega su cigarrillo al mío. Incita a que mueva el cigarrillo para que este prenda correctamente, tardo varios segundos en reaccionar de manera correcta.

Aparte del tabaco fino que expide su cigarrillo, su piel desprende un aroma a madera y a antigüedad valiosa, inhalo varias veces, como queriendo recordar ese olor. Cierro los ojos, como si el momento me hubiera debilitado.

Sus dedos se atreven a recorrer la piel de mis mejillas, casi en una caricia peligrosa, siento su piel temblar sobre la mía, como si temiera que en cualquier momento se fuera a desquebrajar por lo delicada que podría ser, luego se aventura a hacer lo mismo con mis labios, resecos y cuarteados a falta de una buena hidratación en esta temporada.

―Mañana va a ser veinticinco de Diciembre. ―Digo distraídamente.

―Así es. ¿Por qué? ¿Esperas a Santa Claus? ―Contesta sin soltarme.

No abro los ojos.

Me gusta su tacto sobre mi piel. Me gusta que me toque.

No lo entiendo.

Pero es agradable, es delicado, sin serlo totalmente.

―No, de repente recordé que era importante. El año pasado también lo pensé, aunque no por navidad. Otra cosa. Algo… importante.

―¿Cómo qué? ―Pregunta, como si me retara a recordar a que evento me refiero.

Sus manos se alejan de mi cara y pasan a mi cuello como si me estuviera sosteniendo. Exhala el humo del cigarro, no me gusta su olor, me marea, pero es algo embriagante a su manera.

―Un… ―¿Un qué? ¿Algo importante? Si, ¿Pero qué? ―Quizás…

―¿Quizás?

Lo escucho tragar saliva. Escucho su respiración, queda y un poco exaltada. Siento su corazón casi frente al mío. Distanciado por unos cuantos centímetros.

―Un cumpleaños. ―Susurro.

Me suelta, se aleja y se pierde.

Abro los ojos con lentitud, me quito el cigarro de los labios y exhalo el humo en dirección a la ventana.

―¿Un cumpleaños? ¿Quién cumple en esa fecha? ¿Alguien importante? ―trata de aparentar curiosidad, pero suena a más a que da una orden.

―Tal vez, no lo sé, siempre lo recuerdo algo tarde.

―Ayúdame a mover aquel estante. ―Muerde el filtro del cigarro y toma el borde del mueble.

Me acerco un poco y tomo el otro borde, lo empujamos y la pared está libre.

§

«―¿Qué piensa del suicidio?Pregunto enredando el estambre en mis dedos.

Es un acto un tanto cobarde, una forma de querer limpiarse del mundo sin mucho esfuerzo. ¿Por qué?

Me gusta cuando me observas atentamente, me hace sentir importante. Me hace sentir que significo algo para ti.

Pienso lo contrario.Digo.Pienso que suicidarse es algo que solo alguien valiente puede hacer, es decir, no cualquiera es capaz de tomar un arma, colocarla en la cabeza y disparar sin más, o tomar un cuchillo y atravesarlo sin problemas en el pecho. Yo no podría, jamás, soy demasiado cobarde, tengo miedo del dolor físico. Más bien, creo que hay maneras valientes de suicidarse y otras demasiado cobardes, como tomarse un frasco de pastillas para quedar inconsciente, aunque no es lo mismo si tomara un frasco con veneno, sabría qué dolería, podría agonizar por mucho tiempo y seria eterno, no lo soportaría.

Escuchas atentamente, siempre lo haces desde hace un par de semanas, me gusta, me hace sentir importante de nuevo.

¿Por qué sacas este tema?

Porque… quiero morir pero no sé cómo, no quiero cortarme las venas, eso es tan cliché que perdería el impacto, colgar de una soga suena complicado, no sé hacer nudos resistentes, aún tengo problemas de repente con las cuerdas de los zapatos. Arrojarme a un coche, podría sobrevivir, medicarme de más… eso lo hice mi cumpleaños pasado, ¿Sabes que paso? Me sentí como si me hubiera drogado…

Eso fue lo que hiciste. ¿Por qué quieres suicidarte? No suenas realmente preocupado por lo que acabo de decir, no porque no me tomes en serio, más bien, sabes que soy capaz de hacerlo, tienes curiosidad, aunque también sabes que no lo hare en realidad. Porque te amo y aun quiero vivir por eso.

Porque… no lo sé, tal vez quiero saber que hay más allá de la muerte, pienso en ello todo el tiempo.

¿Así?

Sí, todo el tiempo.

No miento y lo sabes, también sabes que no es la única razón por la que quiero morirme.

Recargo mi cabeza en tu hombro.

Tú mejor que nadie sabe las razones de porque me suicidaría, más allá de la curiosidad, es por odio. Lo sabes mejor que nadie, mejor que Izzy incluso.

Ella también sabe que algún día me suicidare. Aunque ella piensa que en realidad solo estoy siendo infantil o muy "darks" » Renace una vez, versión original.

§

Cuando regreso a casa tengo catorce mensajes en la contestadora, ciento veinte llamadas perdidas en el celular y un tanto más de mensajes en el mismo.

Algo realmente malo debe haber pasado como para tener tanta solicitud este día mientras estaba fuera. No imagino que puede ser, pienso que Hanji ha tenido problemas con el jefe de edición y quiere mi ayuda o Izzy se ha preocupado porque no le he marcado.

Pero sé que no es eso en cuanto el primer mensaje suena.

Señor Jaeger, llamamos para ver si tiene alguna familiaridad con la señorita Magnolia, de ser así requerimos su presencia en el hospital "Dela Rose", la señorita ha tenido un accidente automovilístico esta tarde y no podemos localizarnos con ninguno de sus familiares y su número aparece como llamada en caso de emergencia en la agenda encontrada dentro de su bolso. Necesitamos que se comunique con urgencia o se presente en el hospital.

Ni siquiera veo los demás mensajes, me quedo quieto viendo la contestadora.

Izzy.

¿Qué paso con Izzy?

¿Por qué?

¿Cómo?

Un millón de preguntas se arremolinan en mi cabeza, todas exigiendo una respuesta rápida y suficiente para calmar mis nervios. Pero no aparece nada, solo estática, miedo e incomprensión.

Lo siguiente que pasa es hecho con inercia, mi cerebro toma el mando del bote, hace las ordenes él solo para salir adelante, mi conciencia está hecha un caos, todo está en llamas, quemando cada parte importante para que yo puedo hacer mis propios movimientos. Pero una vez que logra tomar el control de nuevo, me veo gritándole a una enfermera las indicaciones que necesito para saber que Isabel está bien, que ella está viva, que solo ha sido una muy mala broma.

Pero solo recibo un miserable.

―El doctor esta con la paciente en este instante, espere por favor, tome asiento.

Continuará…

Próximamente.

Sextava Sesión.

"El creador de mundos: Eren"

Gracias por leer.

Parlev.