Sexagésima Sesión.

"El creador de mundos: Eren"

«Capitulo x: Las estaciones mueren.

Me pregunto si tú también sentiste alguna vez que no valías nada.

Mi madre me lo repite muy a menudo cuando está molesta, cuando no hago algo correctamente o cuando lo que estoy haciendo tiene un error en los cálculos.

Me pregunto si alguna vez voy a morir y como es que voy a morir. Quiero que sea una muerte tranquila, no deseo sufrir. Porque en algo tiene razón mi madre, no me gusta complicarme la vida. Hacerlo supone un gran problema que no estoy dispuesto a correr. [] Supongo que por eso soy demasiado mediocre.

Esa palabra suele usarla mucho mamá cuando no hago las cosas como desea.

Esta mañana me he peleado de nuevo con ella.

Últimamente tenemos muchos problemas. [] Siempre discutimos, o lo correcto sería decir que ella discute conmigo porque yo no soy capaz de contestarle, de ser así posiblemente me gane una cachetada o un golpe en la boca por "Contestarle".

Lo hacemos desde que le he dicho que no quiero ser médico ni abogado, desde que le dije que deseaba ser escritor, y no como "hobby", si no como profesional. Ella piensa que estoy tirando mi futuro y todos sus esfuerzos por la borda.

¿En verdad lo hago?

[]

Hoy has llegado al aula donde tomaba la clase de "Cálculo Integral y Diferencial" me has visto el rostro y has notado que estaba llorando en silencio. No dijiste nada, simplemente le entregaste la forma al profesor para que la firmara y luego simplemente te fuiste.

Cuando me viste en el pasillo a la hora del almuerzo no preguntaste que me pasaba, tal vez lo olvidaste, porque siempre estás tan ocupado con esas labores de profesores que ninguno de los alumnos entiende en realidad porque pensamos que ustedes solo se dedican a disfrutar del sufrimiento en las evaluaciones. No importa, [] porque lo entiendo, eres un adulto con mil cosas en la cabeza, mil tantas que no hay espacio para un adolescente problema como yo. Así que no te preocupes por eso.

Aun así me gustaría contarte la razón de porque lloraba y la misma que quizás no te hubiera contado de habérmelo preguntado en persona. (Cosa que agradezco porque de todos modos te mentiría, sabes que no me gusta contarte cosas tristes o desagradables de mi vida detrás de las paredes de casa)

Mamá me ha corrido de casa de nuevo.

Lo ha gritado, escupiendo saliva mientras lo decía, tenía la cara roja, los ojos inyectados en sangre, las venas de las sienes saltadas, los músculos marcados de sus brazos saltantes, gracias al esfuerzo y al coraje que la dominaba en ese momento. (Lamento las marcas de agua en esta hoja, mientras lo recordaba me he puesto a llorar de nuevo, así que posiblemente la tinta este corrida.)

Yo estaba temblando, de enojo y de miedo, mis dedos temblaban tanto, mucho más que la gelatina luego de separarla de su recipiente, mucho más. Sentía la bilis en la garganta, los ojos me ardían porque no deseaba llorar, odio llorar cuando ella me grita, me hace sentir tan débil, pero no tengo otra forma de mostrar mi enojo o la ira que luego me controla. Aun así llore, las lágrimas saladas secándome el rostro, mi corazón llenándose del veneno de las palabras que ella gritaba.

A veces pienso que ella en realidad me odia.

Siempre lo pienso. Incluso en esos momentos en los que me hace mi comida favorita o me desea un buen día en la escuela. Ella me odia.

¿Crees que así sea?

Ella dice que simplemente lo dice por el momento, que en realidad jamás lo habría dicho de estar en sus cabales, ella dice que en verdad me quiere, pero… que yo tengo la culpa de que se ponga en ese modo, cuando no arreglo mi habitación, cuando no he limpiado debajo de la cama, cuando no lavo correctamente la ropa o cuando compro algo que no debía comprar.

Pienso que las personas siempre decimos la verdad cuando estamos enojados, porque en ese momento no nos importa nada, sacamos todo lo que llevamos dentro, lo escupimos, sin importar a quien herimos, no recordamos que la otra persona también tiene sentimientos que se rompen.

Eso creo.

¿Te digo algo?

Si pudiera me saldría de casa, huiría lejos, ella no volvería a saber nada de mí, desaparecería para siempre. Pero… »―Extracto de "Renace una vez." Texto original.

§

Me tiemblan las rodillas, no paro de caminar de un lado a otro, esperando alguna respuesta a la constante pregunta ¿Isabel está bien? ¿Dónde está ella? ¿Qué paso?

Lo bueno de todo esto es que nadie me ve raro, porque quizás también estas personas deben tener a alguien allá atrás, siendo operados, que están dormidos o que están muy graves, ellos saben que estoy desesperado por respuestas, pero no cualquier tipo de respuesta, una respuesta positiva, eso es lo que busco, porque posiblemente no aguante tanto como para algo negativo.

Una señora con el cabello cano reza en silencio con las manos pegadas al pecho, no sé si lo que aprieta en las manos es un relicario o algún tipo de artefacto religioso.

Hace mucho que deje de creer en la existencia de un Dios, por mucho que mi madre me dijera que en alguien debíamos creer. Un ser superior.

Pues mi Dios eran un montón de hojas llenas de tinta de colores e historias vacías.

―¿Señor Jaeger? ―llama una pequeña mujer de cabello rubio recogido en un moño.

―¿Si? Soy yo. ―me acerco hasta ella de manera agresiva, me arrepiento de eso al instante, pero estoy desesperado.

―Soy Annie Leonhart, trabajadora social. ―me tiende una mano de manera amable. Me obligo a responderle y a tratar de ser paciente.

―¿Sabe algo de Isabel Magnolia? ―pregunto controlando la voz.

―Me han dado su caso, hay que tomar asiento.

No quiero tomar asiento, sé que no duraría mucho en una sola posición, a menos que me digan que Izzy solo tuvo un moretón, que me he preocupado por nada, que ella saldrá de aquí en cualquier instante y se disculpara por haberme preocupado de más. Aun así obedezco y tomo asiento, lejos de la mujer orante.

―¿Qué lazo comparte con la señorita Magnolia? ―pregunta alisando un par de hojas dentro de una carpeta.

―Soy un amigo, somos casi hermanos.

―Ninguno, entonces, nos hemos tratado de comunicar con sus padres pero al parecer la línea está fuera de servicio, ¿Sabrá de algún número a donde contactarlos?

―Su padre murió el año pasado y su madre se la pasa viajando por lo que es poco probable que la encuentren, de vez en cuando vuelve a su casa en Essen pero es rara la ocasión.

―Es bueno saberlo, seguiremos intentándolo. Bueno, esto es lo que me han informado que pasó. La señorita Magnolia viajaba por la Estatal 39, en este momento el clima es horrible y la sorprendió una lluvia de granizo, al parecer un coche detrás de ella perdió el control, sus llantas derraparon y choco contra ella, ¿Ha visto la carretera? ―no espera a que conteste. ―Ella no pudo mantener el control del vehículo y callo por el risco que está a la derecha, no era una gran altura por lo que el auto no se volcó, lo que fue bueno, pero lo malo está en la forma que ella recibió la caída.

Un mechón de cabello cae por el costado de su rostro, se distrae un momento para ponerlo detrás de su oreja y continua con la historia que no creo ser capaz de seguir escuchando.

―Un par de patrullas estaban allí por suerte, vigilaban la carretera por la misma razón de que era peligroso, ellos vieron el accidente, así que socorrieron a la señorita de inmediato. Los informes dicen que ella traía el cinturón de seguridad de manera incorrecta, solo sobrepuesto, al parecer solo para aparentar frente a los oficiales, recibió un golpe muy fuerte en la nuca ¿Sabe que tan peligroso es un golpe en la nuca?

―Es la conexión entre el cerebro y el sistema nervioso. ―respondo casi recordando una de esas antiguas clases de Psicología.

―Exacto, no presenta más allá de un par de costillas rotas y moretones, pero el golpe fue demasiado fuerte como para dejarla fuera de combate, en este momento los médicos están haciendo todo por reanimarla, está viva, pero sus ondas cerebrales son muy débiles.

―¿Morirá? No lo hará ¿cierto?

―No puedo asegurarle que no lo hará, en este momento está en un estado de coma, hay una delgada línea que la divide entre nosotros y ellos.

―Entre la vida y la muerte.

―Lamentablemente. ―responde. ―Solo hace falta esperar.

―¿Cuánto tiempo?

―No sabría decirle. Lo siento.

Pero no lo siente, no es a ella a quien van a dejar solo si Isabel desaparece para siempre, no es ella quien va a sufrir si Izzy se va, no es ella quien llorara noches enteras, no es ella quien tiene a un ser querido dentro de una de esas tantas horribles habitaciones blancas, esperando a que le den la noticia de que esta muerta.

No es ella…

Soy yo…

―Gracias. ― ¿Por qué, qué otra cosa puedo decir?

Ella se levanta del sillón, se alisa el largo suéter color gris y antes de irse me lanza una mirada curiosa, no sé si quiere decir algo más o simplemente en verdad lamenta tener que ser ella quien de las malas noticias.

―El doctor le mantendrá al tanto de todo. ―termina por decir.

No contesto.

Esto es peor, mil veces peor que cuando me entere que un gran pastor alemán se había devorado a mi pequeño polluelo luego de que yo fuera a dejar un par de cosas a mi habitación, me siento mucho peor. Recuerdo haber gritado, llorado y berreado como si a mí hubiera sido a quien hubieran masticado hasta la muerte. Fue la primera vez que vi morir a alguien a quien yo quería mucho, a quien yo amaba demasiado. Isabel se había dedicado a abrazarme, no dijo nada porque no había nada que decir, mi mascota estaba muerta, había sido asesinada de manera brutal. Mi madre por otro lado se había encargado de hablar con la dueña de aquel perro, diciéndole que en realidad no era el precio del animal, sino el dolor que me había causado a mi ver morir al pequeño polluelo.

Imagina que ahora está en el cielo de los pollitos, picándole las rodillas a Dios. ―había dicho Isabel con tal de hacerme reír. Después de todo, mi mascota la odiaba, siempre que iba a mi casa la correteaba con tal de picotearle las rodillas. Por eso el chiste.

Pensar en eso hace que me sienta mal. No es bueno rememorar ahora.

Me quedo quieto, sentado en el sillón de color vino, me abrazo a mis rodillas y espero paciente a que algún médico me diga que es lo que está pasando con mi mejor amiga, con mi ancla a este mundo.

Incluso mientras las horas avanzan y la noche se hace con nosotros me quedo allí, duermo allí, en pésima posición pero no soy capaz de hacer otra cosa que esperar, respirar lentamente mientras el tiempo se hace más largo, los músculos se hacen tiesos debajo de mi piel y los huesos se hacen rígidos, quiero llorar pero no puedo, quizás porque aún no es el momento.

Sin darme cuenta el día vuelve lentamente a nosotros, una luz lila que adorna el cielo y poco a poco se vuelve de un amarillo opaco y apagado.

―Mamá, mira lo que me ha traído Santa-Claus. ―una niña en silla de ruedas es guiada por una mujer alta, de aspecto cansado y triste, pero que aún es capaz de sonreír, todo para no preocupar a la pequeña.

―Es una linda muñeca, cariño. ―con ternura le toca las mejillas.

La niña tiene la cabeza cubierta con una mascada blanca, tiene la piel blanca, transparente, los labios cuarteados, ojeras, los ojos lechosos, es pequeña, con los huesos marcados en cada esquina de su cuerpo…

Por eso odio los hospitales, aquí solo hay dolor y sufrimiento.

¿Qué tipo de culpa podría tener alguien tan pequeño? ¿Por qué a ella le ha tocado sufrir una enfermedad tan horrible como el cáncer?

Me abrazo a mí mismo, como buscando un calor que no existe, quiero huir, irme, pero no puedo, porque Izzy está aquí, en alguna de esas habitaciones tan feas. Ella me necesita.

Es extraño pensar en eso, porque siempre he sido yo quien ha necesitado de ella, incluso para algo tan básico como comer, siempre ha estado ella para mí, regañándome por lo desordenada que es mi vida, por dejar todo en cualquier lado, por no tener control en mis pensamientos o palabras, es ella quien guía los pasos que doy, siempre ha estado allí para mí. Apoyándome en mis más descabelladas ideas, diciendo: "No importa, hazlo, si fracasas, al menos no te quedaras con las ganas de haberlo hecho. De todos modos, hay una vida para mil fracasos y mil victorias. Tenemos varios días para eso."

Pensar en que puede abandonarme hace que de nuevo me sienta débil. Hecho un desastre.

No puedo pensar.

No puedo…

El celular dentro de mi bolsillo suena, hace que me exalte de más y casi me ponga a gritar.

―¿Diga?

Eren, ¿Dónde estás? Estoy en tu casa pero todo este vacío, lo que es raro. ―pregunta Hanji.

―No, estoy en el hospital. ―respondo.

¿Qué? ¿En un hospital? ¿Paso algo? ¿Te paso algo? ―de repente parece demasiado preocupada.

―A mí no, ¿Puedo pedirte un favor?

Sabes que sí, lo que sea.

―Podrías alimentar a Armin, me salí de casa tan rápido que lo olvide por completo y podrías traer mi cartera, está junto al teléfono. Por favor.

Claro, iré para allá en un rato.

―Gracias.

No pregunta más, cuelga casi de inmediato.

Vuelvo a quedarme justo como estaba, abrazo mis rodillas y sigo pensando en que Izzy estará bien, ella debe estar bien, aunque siendo un especialista del drama, el terror y el suspenso, el pánico de que en verdad sea todo lo contrario me consume.

―¿Tomas café? ―alzo la vista, porque a pesar de todo, sé que la pregunta ha sido dirigida a mí.

Delante de mí hay un hombre de gran altura, de cabello negro y piel aceitunada, parece algo cansado. Me ofrece uno de esos vasos de unicel con impresiones para café instantáneo. Dudo en tomarlo, pero con un gesto me dice que sí, que es para mí.

―Gracias. ―respondo, a pesar de que en realidad yo no tolero el café.

―Luces… desesperado. ―comenta.

―¿Qué no es lo único que puede sentir alguien dentro de este lugar? ¿Desesperación?

Toma asiento a mi lado.

―Berthoid. ―me ofrece un saludo de mano, le contesto aunque me arrepiento rápidamente, tengo la palma de la mano sudorosa, aunque él tiene la amabilidad de fingir no haberse dado cuenta.

―Eren.

―De hecho, creo que a pesar de que sí, hay desesperación, en realidad también hay esperanza, siempre la hay, de que tu ser querido se sane y que vuelva a estar como nuevo.

―¿Y si no? ¿Y si nunca vuelve a salir? Eso es peor.

―Creo que ves el vaso medio vacío, ellos están especializados en hacer este tipo de cosas, lo ven todo el tiempo, enfermos o accidentados, niños, mujeres, bebés, hombres, ancianos, todo el día, todo el tiempo. Saben lo que hacen. Son como nuestros dioses.

Suelto una risa sin gracia, más bien, como burla.

―Dioses, es una palabra pesada.

―Lo sé, pero siempre trato de pensar en que ellos van a hacer todo lo posible por salvarlos.

―A veces no es suficiente. Perdón, es la primera vez que estoy de este lado de la obra.

―Entiendo, es normal. ¿Quién es? ¿Puedo preguntar?

―Una amiga, mi hermana. ¿Y tú?

―Un amigo, mucho más que un hermano.

Bebemos del café, es amargo, me quema la garganta, no me sienta bien, así que lo dejo en la mesita que esta frente a nosotros, tal vez me la he pasado comiendo demasiado dulce que probar amargo es algo nuevo y horripilante.

§

«Capitulo x: O positivo.

En realidad no creo que mamá se haya tragado el cuento de que me he quedado en casa de un amigo para estudiar para un examen, ella no es tonta, jamás lo ha sido, []es exageradamente lista, papá lo sabe, a ella nadie la puede engañar.

Me siento algo culpable, usualmente no le miento sobre el lugar a donde voy o donde es que estoy, siempre la mantengo al tanto, porque ella dice que al menos quiere saber el lugar donde los forenses deben empezar la búsqueda de mi cadáver. []Pensarías que es un comentario trágico. Pero creo que tiene razón, la ciudad ya no es tan segura como posiblemente lo fue hace años. En cualquier momento y a cualquier hora podría pasar cualquier tragedia, desgracia y no quiero que mi cadáver se quede por allí, perdido y solo, llenándose de barro y lodo. Mordisqueado por algún perro.

Pero también me siento algo emocionado, es la primera vez que visito tu casa.

¿Qué escribes?preguntas.

Tarea, para… Literatura.miento. Porque… ¿Qué pensarías de que escribo de ti?

Puedes hacerla cuando lleguemos.

No, no puedo, acaso no sabes que mi cerebro piensa al mil por hora y que quizás lo que pienso ahora cambie radicalmente para cuando lleguemos, tal vez olvide lo que ahora pienso, no vuelvas a pedirme que lo deje para más tarde, incluso mi madre, que odia que escriba, sabe que no me gusta que me interrumpan, porque el hilo se pierde y luego es muy difícil encontrarlo y aún más difícil encontrar el correcto y exacto.

Ya casi termino. te digo solo para que no vuelvas a mencionar eso de dejarlo para después.

Además, no quiero que la tarea nos interrumpa.

Nos…

Pensar en eso me ha puesto nervioso, usualmente estamos los dos solos en alguna aula o cuando te da por invitarme un helado pero nunca hemos estado "realmente" solos, tú y yo, sin alumnos en los pasillos o gente curiosa en las calles, [] quizás solo un par de paredes que nos protegerán.

Me muerdo el labio inferior tan fuerte que el dolor hace que los pensamientos se detengan y yo suelte una risita. Me miras pero no dices nada, creo que ya te has acostumbrado a que me ría en momentos extraños.

Mamá dice que es como si hablara solo, que parezco loco.

Si, a veces es verdad, [] hablo conmigo mismo mientras hago el quehacer cuando mamá no está, es divertido, es como escuchar opiniones diferentes de ti mismo.

Pero ahora, simplemente estoy emocionado y tan nervioso que me da por reír sin más. ¿A ti no te dan ganas de reír? ¿Acaso no estas nervioso? ¿O ansioso?

Bueno, tú eres un adulto, supongo que no. Los adultos casi no sienten nervios o ansias. Yo solo soy un adolescente tonto. »―Texto recuperado de "Renace una vez." Primera edición.

§

Hanji llega casi media hora después al verme se acerca rápidamente, saluda a mi compañero Berthoid, la persona que ve el vaso medio lleno mientras yo lo veo medio vacío.

―¿Qué paso?

Tengo la necesidad de lanzármele encima, abrazarla y tenerla como soporte aunque sea por un rato, pero me repito constantemente que no es lo correcto, que no puedo y que debo aparentar paciencia y calma, aunque por dentro solo quiera que alguien me abrace y que copee una de esas novelas clichés que tanto odio, que me acaricie el cabello, me bese la frente y diga que todo va a estar bien, siendo rodeados por solo caos y desgracia.

―Isabel…―me cuesta decir lo siguiente, como si las palabras fueran grandes bloques de pesado metal que no desean salir. ―Ella, tuvo un accidente. ―escupo al final de un largo respiro.

―¿Izzy? ¿Pero qué paso? ¿Cómo?

¿Por qué me pide que le cuente eso? Acaso no ve que eso es lo que me está consumiendo.

―Un accidente en la carretera. ―vuelvo a escupir, para que no me quede el sabor amargo.

―Oh, Dios. ―se lleva una mano a los labios, sin creerlo del todo. ― ¿No te han dicho nada?

―No, sigo esperando.

Y no sé si voy a poder seguir esperando, siento que ha pasado tanto tiempo de espera. Aunque solo hayan sido un par de horas.

Hanji se sienta a mi lado, me da un par de palmadas en la espalda.

―Tranquilo, Izzy es fuerte, va a salir de esta. ―le sonrió, pero no porque confié en sus palabras, sino porque está tratando de animarme.

―¿Eren?

Alzo la vista, la madre de Isabel entra a la sala de espera, lleva el cabello revuelto, parece alterada, como si no comprendiera del todo que hace aquí, como es que llego y porque.

―Hola.

―Oh Dios, ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Dónde está Izzy?

Ignora a mis dos acompañantes, Hanji toma su bolso y se cambia de asiento, la mujer inmediatamente se sienta a mi lado, tomando la silenciosa invitación de mi editora, me toma de las manos y me suplica que le diga lo mismo que yo quiero escuchar. Que solo es una broma, que Izzy está bien, que está sana y que pronto va a salir de cualquiera de las salas caminando y sonriendo como siempre.

―Tuvo un accidente automovilístico. ―respondo. ―Derrapo con granizo en la carretera. Al parecer, está en una especie de coma. ―es difícil ser tú quien das las malas noticias. Usualmente yo solo me dedico a escribir sobre personajes que las dan, nunca soy yo directamente. Se siente igual al café sin azúcar tomado de golpe.

―Mi niña, no, ella no…

Quizás solo estaba esperanzada a llegar y escuchar que Isabel solo había tenido un leve accidente, quizá solo moretones y un rasguño, quizás se estaba haciendo a la idea porque sabe que cuando alguien llama del hospital nunca es para nada bueno, ella lo sabe el año pasado llamaron para decirle que su esposo había muerto… pensándolo de manera macabra, también en un accidente de autos, aplastado dentro de su automóvil por un gran tráiler. Ella jamás le dijo la verdad a Izzy, ella le dijo que había muerto por un ataque al corazón, solo para que no sufriera mucho, pero yo sabía la otra verdad. En realidad ella estaba conteniendo el sufrimiento.

―Mi bebé no…

El llanto no tarda en aparecer.

Ya ha perdido a su esposo y, por lo que dijo Annie Leonhart, la trabajadora social, hay un gran porcentaje de que Izzy tenga muerte cerebral dentro de poco.

El trago amargo de la muerte vuelve.

Ahora soy yo quien sostiene el pesado pilar que se cae dentro de la madre de Isabel, ahora soy yo quien tiene que cargar con la pena de dos, porque uno siempre debe servir de soporte, si los dos se caen pueden provocar un terrible caos a su alrededor.

Pero no sé por cuánto tiempo seré capaz de sostenerlo. Recordemos que no soy tan fuerte.

Un doctor solo se acerca más tarde para decir lo mismo que la mujer rubia, que Izzy no responde, que sus ondas cerebrales son muy débiles, no nos da esperanzas a las que aferrarnos falsamente, al menos para sobrevivir a otro día. Seguimos sobreviviendo por nuestra cuenta.

Hanji nos dice que es mejor que vayamos a comer, pero la tristeza y desesperación sustituyen al hambre en estos instantes, el cuerpo no es capaz de sentir dos cosas a la vez, por el momento solo nos embargan cosas negativas. Berthoid por su parte se despide y dice que volverá más tarde, tiene que atender unos asuntos.

Aun así, Hanji trae algo para los dos, un sándwich y una empanada de crema pastelera. Se siente incómoda, lo noto, pero no desea irse sin más.

―No tienes por qué quedarte. ―le digo en una de esas. ―Tienes cosas que atender. ¿No?

―Sé que quizás no sea el momento adecuado, pero iba a tu casa para darte la noticia de que "Paradise" fue nominado para los premios nacionales. ―luego me tiende un sobre con la invitación para los premios.

―Izzy me dijo que siempre habías optado por ser escritor. ―comenta la madre de Isabel. ―Felicidades.

―Gracias. ―abro el sobre, una pequeña chispa de felicidad. Porque me hace sentir feliz que premien una de mis obras. Es… especial.

―Es dentro de cinco días, el 30 de Diciembre.

―Hoy es navidad. ―la madre de Izzy sonríe débilmente y casi al instante vuelve a llorar en silencio.

―¿Navidad?

―Hoy en veinticinco. ―remarca Hanji, aunque se siente mal por acercar el recuerdo a la mujer que no para de llorar a cada rato.

Miro hacia la ventana que hay a un lado mío. Esta nevando. Hoy, quizá, sea el cumpleaños de aquella persona especial, es extraño recordarlo ahora, mentalmente le deseo un feliz cumpleaños, esperando que lo disfrute.

―Oh, rayos. ―Hanji remueve su bolso en busca de algo. ―Hoy en navidad, es cumpleaños de Levi, ¿Cómo pude olvidarlo? Te dejare un rato solo, Eren, volveré más tarde, solo quiero ir a desearle un feliz cumpleaños y a molestarlo un rato.

―Claro, no te preocupes. Felicítalo de mi parte. ―digo casi por inercia, un poco sorprendido por el cambio drástico en su actitud. Aunque en ella es raramente normal.

Un leve dolor nace en mi sien derecha, mi índice esta frío así que aprovecho para presionarlo en la zona de dolor. Me pregunto porque no me dijo nada el otro día. Tal vez le hubiera comprado algo.

Cierro los ojos por un instante, siento un grave flashazo en mi mente, una imagen borrosa y casi dolorosa, algún recuerdo roto…

§

«Capitulo x: Feliz cumpleaños.

Me dijiste que no te gustaba tu cumpleaños, porque nadie lo pasaba desapercibido, todos lo recordaban y siempre te molestaban por eso. Aunque no sé si yo también soy molesto por darte mis felicitaciones por teléfono.

Tal vez simplemente quería que supieras que no lo había olvidado, porque te dije que navidad ya no significa mucho, desde que me entere de aquello, creo que ya no es lo mismo, la magia se pierde un poco, ¿Sabes?

Aun así ahora el veinticinco de diciembre es de nuevo una fecha especial en mi calendario.

Le pedí permiso a mamá para ir a verte, por supuesto no le dije que iba a verte, sería raro que fuera a ver a un profesor en vacaciones, porque claro que ella no sabe que mantengo una relación fortuita contigo, ella posiblemente lo vería mal. [] O tal vez se reiría diciendo uno de esos malos chistes muy típicos de ella.

Pero al final me dijo que tenía permiso, siempre y cuando regresara antes que papá.

Me pase demasiadas horas en la plaza para comprar tu regalo, ¿Sabes que difícil fue? Mucho, en realidad jamás he regalado nada, a Izzy suelo darle chocolates en su cumpleaños pero al final terminamos por comérnoslos ambos. Es divertido.

Pero yo quería que fuera algo especial, algo que no olvidaras, algo que te recordara a mí. Suena un poco cliché pero quería que tuvieras un pedacito de mí contigo.

Así que no sé si fue el regalo correcto, ya que no estoy acostumbrado a regalar nada, pero prometo hacerlo mejor para la próxima vez.

Prométeme que habrá una próxima vez. []»― "Renace una vez" por Akira Cassie.

Continuará…

Próximamente.

Septuagésima Sesión.

"Izzy"

Gracias por leer.

Parlev.