Octogésima Sesión.

"Tras la ventana."

«Capitulo x: Diez mil palabras.

El fin de semana fui con mamá a la plaza central, ¿Y adivina? Encontramos un mini bazar de libros, era algo maravilloso. [] Después de varias tiendas y ruegos mamá accedió a ir a echar un vistazo.

Pensé que solo sería eso, un vistazo.

No sabes cuanta fue mi sorpresa cuando mamá dijo.

—Elige el libro que quieras, solo uno.

Casi morí de la emoción, fue difícil elegir solo uno, tú bien lo sabes.

Al final, después de mucho tiempo sin saber cuál pedir, mamá dijo que le había gustado una edición especial de "Colmillo blanco" de Jack London, [] es uno de los pocos libros que ella ama de verdad, dice que es muy bonito. Aunque me peso un poco (no porque no me guste, sino porque ya lo había leído y quería algo nuevo) accedí a que lo compráramos.

Pero no era exactamente lo que quería contarte.

O tal vez sí.

[]

El punto es que luego de pagar por el libro, descubrimos que eran en realidad dos libros. "Colmillo blanco" y "Llamado de lo salvaje" y ese si es el punto que quiero contarte.

Hoy en la mañana te di el segundo libro, como un regalo sin compromiso, de esos que das porque quieres o porque solo te ha dado gana.

Me sentí triunfante luego de extendértelo y decirte que te lo daba. No lo creías, tu rostro de sorpresa fue tan magnifico que poco falto para que tomar una fotografía y memorar el momento, [] son muy pocas veces las que muestras una expresión fuera de contexto, y eso que soy de ese puñado de personas a las que dejas verte en diferentes facetas.

[]

Una cosa más.

¿Tocas el piano?

Eso es algo nuevo. No lo habías mencionado.

Claro, tampoco lo pregunte, pero, creo que me hubiese gustado saberlo, algo así como un dato curioso tuyo.

Tal vez es porque usualmente siempre terminamos hablando de mí y pocas veces entramos en aspectos sobre ti. Eso hace que me sienta como si fuera una mala persona, alguien que abarca todo el tiempo a pesar de no ser interesante.

(Tú eres el único capaz de decir que me encuentra interesante, mentiroso)

Me sorprendí al verte sentado frente al piano del salón de música, tocas muy bien. Creo que es una de esas facetas tuyas que me gustan mucho, una que solo yo conozco. Me hace sentir especial.

No sé quien más lo sepa, pero por este momento quiero creer que solo yo sé de eso.

[]

Dijiste que tocarías para mí, pero por alguna razón me sentí molesto. Es… extraño.

Así que por favor perdóname…» —"Renace una vez." Fragmento perdido. S/f

§

Hace frio.

Tengo miedo.

Estoy asustado.

Es tú culpa.grita alguien muy en el fondo de mi mente.

Tú tienes la culpa.

Un grito.

Un ruido sordo.

Y sigue haciendo frío.

§

Como si me hubiesen cortado la respiración por un largo rato y luego me la hubiesen devuelto de golpe, despierto.

Busco de forma desesperada un peligro a mí alrededor, un atacante, un monstruo. Una pesadilla.

Jadeo y siento la piel bañada en sudor frío.

Cuando salgo por completo del mundo de los sueños controlo mi respiración, me doy cuenta de que no reconozco esta habitación, es grande, aunque no a comparación con la mía, es de paredes de un verde menta muy suave, muebles negros y cortinas blancas. No parece la de un hospital, obviamente.

Me toco la frente, en busca de un recuerdo sobre cómo es que llegue aquí o a quien le pertenece este lugar, cuando logro alcanzar una imagen esta se rompe, un relámpago la destroza y hace que estalle en dolor.

Me quejo quedito.

Miro a mi alrededor en busca de alguna otra pista, entonces llego a la ventana a mi derecha, las cortinas cubren el exterior, así que de no ser por el reloj sobre el buró no sabría a qué hora vine a caer. A un lado de allí hay un pequeño sofá y sobre este descansa una persona, recargándose sobre el buró a su lado.

Tiene un aire tranquilo, haciendo que luzca incluso más joven de lo que ya aparenta. Un recuerdo salta pero vuelve a convertirse en chispas dolorosas.

Mi psicólogo.

¿Qué hago aquí?

La ansiedad se hace meya en mí.

¿Me abre quedado dormido en medio de una consulta?

¿Desmayado?

Recabo hasta lo último que recuerde, lo que fuera.

¿Una cena?

¿Frente al computador?

No hay nada.

Como si hubiese sido completamente formateado.

Veo de nuevo el reloj en el buró.

20 de Enero de xxxx. 3:04 am.

Las letras rojas y parpadeantes hacen que me sienta mareado.

Hace frio.

Me quito las cobijas de encima y me levanto, siento las piernas algo débiles, aunque logran soportar mi peso al completo, doy un par de pasos de prueba y todo parece funcionar de manera correcta.

Me perturba un poco este asunto. No recordar nada y encontrarme en este lugar, aunque tampoco me siento asustado, no es comodidad pero no siento que pueda llegar a correr peligro y es extraño. Hace que todo esto sea preocupante.

En el ropero hay un espejo de cuerpo completo, me regala un reflejo de un adulto desaliñado, más delgado y descuidado, mucho más pálido y con un aspecto enfermizo, como si me hubiera atacado la influenza o algo por el estilo.

La pregunta vuelve a atacar.

¿Qué es lo que ha pasado?

—Eren. —susurran detrás de mí.

No es necesario que me gire para saber que sigue perdido en los sueños.

Me toma desprevenido, pero no logra asustarme. El hecho de que me nombren dentro de una habitación a obscuras a mitad de la madrugada no me aterra… él habla dormido.

"¿Cómo se eso?"

Mi respiración se agita y el sudor me baña la piel.

Esta vez la pregunta toma un lugar paranoico dentro de mi mente.

¿Qué ha sucedido?

No recuerdo nada, ¿Qué es lo que hacía antes de este momento? Mi memoria. ¿Qué ha pasado con ella?

Trago saliva y me obligo a tomar todo con calma, debe haber una buena explicación y solo hay una persona que puede darme esa información que necesito.

Lo miro por el espejo. Un sentimiento de familiaridad me ataca y me dice que es mejor que espere hasta que el sol vuelva a mostrar la cara.

Siento que puede pasar una eternidad antes de que eso suceda.

§

Pero mi propia condena termina antes de lo esperado y cuando menos me lo espero, es mi psicólogo quien despierta alterado y gritando mí nombre luego de no verme en la cama, casi luce demasiado nervioso.

—Despertaste. —luce precavido mientras lo dice. —¿Eren?

—Sí, yo… creo que tengo problemas.

Por un momento creo ver como suspira casi aliviado.

—Volviste. —susurra.

—No creo haberme ido. —contesto de la misma manera.

Él niega y hace una seña para que lo siga.

—¿Cómo es que llegue aquí? No recuerdo nada antes de despertar, es como… si hubiese pasado mucho tiempo.

—Llegaste ayer.

Llegamos hasta la cocina donde él hace ademan de empezar a cocinar el desayuno. No sé si sea lo más correcto en este instante en el que estoy a punto de entrar en la paranoia.

—Bajo la lluvia, al parecer estabas ebrio.

Frunzo el ceño.

—Yo no tomo. —contesto rápidamente.

—No es como si supiera que fue lo que ingeriste en la fiesta. —se gira para examinarme.

—¿Fiesta?

—Eso dijo Hanji cuando le llame, al parecer nominaron uno de tus libros y ganaste algún tipo de premio, no sé los detalles pero intuyo que después de eso celebraron.

Trato de recordar lo que él dice, pero no encuentro nada.

Es más, siento que en verdad él está mintiendo, pero ¿Por qué lo haría? No tiene sentido.

—Si consumiste algo adulterado, es normal que te sientas desorientado.

El aroma de lo que sea que cocine hace que mi estómago haga ruidos extraños y empiece a salivar de más. Y lo peor es que momentos después él parece notarlo.

—Siéntate. —ordena.

Mientras comemos ninguno de los dos dice nada, él no explica otra cosa sobre lo que le ha dicho Zöe o cualquier otra cosa que pudiese haber ocurrido. Aunque esta ese lado de que solo llegue aquí sin aviso, lo cual es extraño ¿Por qué llegaría a este lugar? Él es solo mi psicólogo. En ese caso iría con…

Siento un piquete en la sien derecha y hace que deje caer la cuchara al suelo, esta resuena y parece hacer un eco irritante. Me aprieto las sienes con la palma de la mano, en un intento de calmar el dolor, aún tengo las manos frías y eso siempre ha funcionado como un analgésico.

—Hey. —escucho del otro lado, aunque me cuesta enfocar algún sonido más allá del eco.

No hago ruido o me quejo, solo aprieto los labios y espero paciente a que el ruidito se vaya.

—Eren.

—Estoy bien.

Mis dedos tiemblan y el pecho me presiona el corazón. Pero con todo eso alzo el rostro, Levi ya no está frente a mí, ahora está a mi lado, mirándome con preocupación, esperando que posiblemente me desmaye o tenga algún tipo de crisis.

—Estoy bien. —repito.

No me gusta que luzca de esa manera, no es necesario que se preocupe por mí.

—Quiero que te quedes, al menos hasta que seas capaz de recordar algo.

Se incorpora y vuelve a su asiento.

—No podría, necesito regresar a mi casa, tengo asuntos pendientes y…

—Hanji se hará cargo de todo eso, por ahora es mejor que permanezcas aquí, donde pueda checarte. Eres mi responsabilidad. —su mirada es severa.

Me rio.

—Hace mucho que deje de depender de alguien.

Una chispa resalta, pero es insignificante.

—En este momento dependes de mí, no pienso discutir contigo.

Y no hago que la discusión resalte, me quedo callado, acatando la orden. Extraño, a estas alturas se supone que debo replicar y mostrar mi orgullo al estilo "Nadie dice que debo hacer." Pero no me siento con fuerzas para hacerlo ahora.

Luego del desayuno me ofrezco a lavar los platos pero me dice que es mejor que vaya a tomar un baño, también dice que le pidió a Hanji algunas de mis pertenencias y se ha tomado la libertad de acomodarlas en su ropero porque no quería que mi maleta anduviera estorbando sus andares, lo que suena un poco raro si ve piensa desde diferentes perspectivas pero prefiero dejarlo hasta donde sus palabras dicen.

Armin hace su aparición, maúlla en forma de reclamo, parece enfadado conmigo.

—Lo siento. —me agacho para acariciarlo y a pesar de que se reúsa un poco, parece perdonar mi imprudencia.

Ronronea y termina por enredarse entre mis piernas.

—¿Qué es lo que paso? —le pregunto y él solo es capaz de mirarme y lamerse las patitas.

Al tomar el baño me aseguro de restregarme la piel con fuerza, como si eso quitarla la sensación de haber tenido un largo y perdido sueño que no logro recordar, al final termino vistiéndome con un pants holgado blanco que encuentro en la primera puerta del armario. Es extraño invadir la propiedad de otra persona que tiene mis pertenencias. Armin vuelve a exigir mi atención así que lo tomo entre mis brazos y me dedico a acariciarlo como si fuera un bebé.

—Tengo que salir a consulta, volveré para la hora de la comida. ¿Puedes arreglártelas solo? —pregunta arreglándose la corbata.

—Claro. —respondo sin quitarme la sensación de incomodidad.

—Bien, te veo más tarde.

Sus pasos titubean pero al final decide salir, antes de cerrar por completo la puerta me dedica una mirada de preocupación. Lo que hace que lo extraño se vuelva a un más incomprensible.

Parece como si guardara un terrible secreto.

§

«Capitulo x: "Huye conmigo."

Las mentiras que suelo decirle a mamá suelen ser pequeñas, como negar que he hecho algo o que las calificaciones aún no están disponibles, son de esas que pueden protegerte, al menos durante un rato. Pero esta…

Muy a pesar de sentirme feliz también me sentía muy culpable, le había mentido a una magnitud olímpica, haciendo que me sintiera como el peor hijo del mundo.

Y, por supuesto, tú tienes toda la culpa.

Mira que decirme, "Huye conmigo" un viernes por la mañana, antes incluso de que mi cerebro procesara que tenía que estudiar. Mi modo reinicio apenas estaba comenzando.

Eres inteligente, astuto, sabes que jamás te diría "no", después de todo eres mi debilidad y te aprovechas de ello. ¿Te diviertes? Supongo que sí. Soy algo así como tu bufón privado.

Y no me molesta.

Me convenciste con pocas palabras y para la tarde yo estaba convenciendo a mi madre de que me dejara ir a un campamento escolar ficticio.

Solo sería un viaje de fin de semana, prometiste, y prometí, que estaría en casa el domingo por la noche, antes de las ocho.

Era una de esas promesas que no debe ser rota y aun así a nadie le importa si es que se fragmenta solo un poco.

No dijiste a donde iríamos, solo susurraste, "Huye conmigo." No diste detalles y ningún otro dato, tampoco lo pregunte, no me importaba el lugar, a fin de cuentas sería un fin de semana para ti y para mí. Lejos de nuestro orden mundial. Alejados de la mano de Dios.

Y esperaba que así fuera…» —Fragmento rescatado/ versión 12 de "Renace una vez." Por Akira Cassie. S/F

§

La mañana es bastante aburrida.

No hay nada que necesite limpieza, aunque tampoco es como si pudiera ponerme a limpiar algo, entre esa palabra y mi existencia hay un abismo terrible, no soy fanático de ella y ella tampoco lo es mía.

Así que divago un poco por el apartamento, que termina siendo más grande de lo que aparenta.

Recorro sus rincones en busca de algo que pueda hacer, con Armin y Erwin pisándome los talones, maullando emocionados cada que uno de los dos encontraba algún tipo de juguete extraño o cada que había una luz extraña apuntando a ningún lado.

Aunque no este hubiera lugares obscuros o llenos de misterio, en realidad aquí resalta lo que en mi casa falta en demasía. Limpieza, higiene y orden. Me pregunto si no quisiera ayudarme con mi casa, que una buena falta me hace.

Al principio me siento como todo un intruso, fisgoneando en cosas que no me incumben, a pesar de que trato de evitarlo miro cada documento que hay sobre el escritorio del pequeño despacho que hay junto a la recamara de invitados. No descubro gran cosa, algunos historiales médicos y cosas por el estilo, recetas y firmas para cuestiones que desconozco. Pero entre más horas pasan, termino por adaptarme al lugar. Atreviéndome incluso a buscar alguna pista de helado en el refrigerador. Que no encuentro.

La sensación de olvido y desorientación desaparecen poco a poco, termino sintiéndome como un invitado más en el apartamento. Cuando la tarde empieza me siento mejor, un poco más estable y más fuerte de manera emocional.

El teléfono suena a eso de las dos, siendo Levi el interlocutor.

Pregunta cómo es que me siento y que es lo que hago. Me ataca con instrucciones por si llego a sentirme decaído o mal, me pide que me relaje y que puedo prender la TV o buscar algún libro en la pequeña biblioteca dentro del despacho, le pregunto descaradamente si puedo pedir helado al supermercado por vía internet, agregando que tengo mi cuenta personal en ese lugar para momentos desesperados. Sorprendentemente él accede sin ningún tipo de reparo.

A las cuatro tengo que apañármelas para meter cinco cubos de helado en el congelador, donde solo hay cabida para uno y si acomodo bien lo que hay allí dentro talvez para dos.

Los gatos solo se limitan a observarme.

Tengo la sensación de que siguen la orden de cuidarme en todo lo que haga, pequeños protectores peludos y graciosos.

Antes de que den las cinco, Levi vuelve a llamar, diciendo que vendrá un poco más tarde para comer, aunque si tengo hambre no dude en adelantarme, le digo que el helado ha mantenido ocupada mi boca así que no hay problema.

Cuando pienso que tal vez pueda morir de aburrición recuerdo que Levi ha mencionado una pequeña biblioteca en su despacho, me levanto del sillón donde me he dedicado a acariciar a las bolas de pelos dormilonas.

Los libreros no son tan impresionantes como los que tengo en casa, son sencillos, de madera sencilla y sin protección, aunque eso no le quita que tenga muchos volúmenes de libros, de todos tamaños, colores y antigüedades, me doy un paseo en busca de alguno que me atraiga. Alguna buena historia o algún libro de medicina con nombre interesante.

Muy arriba, en el estante más alto deslumbro algo que tengo en casa de mis padres.

Sonrió para mis adentros.

Armin maúlla casi en advertencia y Erwin lo secunda. Se enredan en mis pies, casi impidiendo que lleva a cabo la acción que deseo hacer.

—Oh, vamos, ya los acaricie lo suficiente, déjenme relajar. Levi no llegara hasta más tarde y no quiero morir de aburrimiento.

Tomo la pequeña escalera y subo para alcanzar el libro, es de una vieja edición especial.

Mamá compro uno parecido cuando iba en la prepa, "Colmillo Blanco" de Jack London. Mamá amaba esa historia, decía que le parecía muy hermosa. Y durante muchos años me lo recordó, comprando incluso una película animada bastante mala.

Cuando veo el título del libro sonrió.

"Llamado a lo salvaje."

Es como el hermano perdido de mi propio libro.

La tapa es dura, tiene el dibujo de un lobo brillando allí, las letras están en blanco, curveadas y llamativas. No recuerdo en qué fecha de mi vida fue que lo leí, aunque no me detengo a pensar en ello.

Me dispongo a salir del lugar para ir a la sala, abro el libro y lo hojeo atrayendo el aroma a páginas viejas a mi nariz.

Una hoja se cae del libro y se pierde debajo del mueble.

—Maldición. —murmuro para mis adentros.

Dejo el libro sobre el escritorio lleno de cosas perfectamente ordenadas y me agacho en busca del cuadrito de papel. Sea importante o no, no quiero ser yo quien lo haya perdido.

Mi gato vuelve a maullar.

Doy un gritito de victoria cuando doy con él, meto mis dedos hasta el fondo, justo donde la luz no llega, toco el papel y con un par de movimientos hago que salga disparado de nuevo a mi lado.

Sonrió para mí mismo.

Me incorporo y me desarrugo el pants.

De nuevo agarro el libro que he dejado, esto con el propósito de no olvidarlo antes de salir, no quiero volver a entrar por ahora.

Al doblar las rodillas para tomar el papel, estas rechinan igual a las conexiones de las puertas viejas y me recuerdo que tengo una pésima condición y que en algún momento tengo que corregirla si no quiero buscarme problemas.

No es mi intención ser chismoso o ver cosas que no me incumben.

La foto simplemente se muestra.

Levi & Eren.

15 de mayo de xxxx.

§

«Capitulo x: (Sin título.)

[] Y me entregaría a tus brazos mil y un veces, sin importar la época, el lugar, las circunstancias.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

Te amo.

[]

Nunca me cansare de decirlo, de gritarlo, de sentirlo…

Y de la misma manera huiría contigo a cualquier sitio, a cualquier espacio, cualquier galaxia.

Solo tienes que decirlo de nuevo, "Huye conmigo" y entonces yo tomaría mis cosas y correría a tus brazos.

Pídemelo.

Pídeme que huya contigo a un reino lejano.

Tómame y llévame lejos de este mundo.

[]

Te conté en una ocasión que mi madre nunca ha dejado que nadie la engañe, cualquier tipo de mentira siempre será descubierta por ella, cualquier cosa que intente ocultar ella siempre va a encontrar la verdad. Porque ella es la persona más inteligente de todas.

Bien, ahora, nuestro pequeño secreto tampoco iba a ser eterno y ambos lo sabíamos.

Era demasiado bueno el hecho de pensar que dos años bastaban para ocultar este secreto de sus ojos, que haciéndolo de la misma manera ella no lo descubriría nunca hasta que yo estuviera en la universidad y entonces tú pudieses reclamarme para siempre.

Pero las circunstancias son otras ahora.

Ella lo sabe.

Y no está para nada contenta.

[]

No voy a escribir todo lo que me dijo porque correría el riesgo de ponerme a llorar de nueva cuenta, solo puedo decir que ha sido muy cruel e injusta con todo lo que grito. Me siento tan desgarrado por dentro.

Me ha encerrado en mi habitación.

Tengo miedo.

No sé qué es lo que va a hacer.

Ahora discute con papá.

Él está diciendo cosas a mi favor, o a lo que podría llamarse de esa manera porque también dice cosas negativas pero disfrazadas de cosas que no parecen tan graves.

También te conté que ningún monstruo podría vencer a mamá.

Ni siquiera papá que la conoce desde hace mucho tiempo puede hacer que baje la guardia.

No sé qué va a pasar.

Es lo suficientemente capaz de tomar cartas en el asunto de una manera muy brusca y eso me asusta, porque siendo yo su hijo no conozco los límites que puede llegar a romper.

[] y solo es viernes por la noche.» —Fragmento perdido de "Renace una vez." Por Eren. Mayo.

Continuará…

Recta final.

Próximamente.

Nonagésima Sesión.

"Constelación memorial."

Gracias por leer.

Parlev.