Vigésima Sesión.

"Diagnóstico y tratamiento."

«Si yo digo que está bien, entonces lo está.»

Esa, era una de las frases favoritas de mamá.

La decía en esas situaciones donde me encargaba de contradecir algunas de sus acciones o palabras.

Siempre le creí.

Porque para mí, ella siempre fue la persona más inteligente del mundo, siempre tenía razón y cualquier cosa la hacía de una manera que casi podría alcanzar la perfección. Mamá era como el mejor detective en televisión, tal vez incluso más. Nadie podría engañarla, nadie podría llegar a contradecirla, nadie era capaz de ponerse a su altura, nadie podría jamás contra ella. Nadie.

Era el ser casi perfecto creado por la vida misma.

Muchas noches me quedaba pensando cómo era posible que alguien tan imperfecto como yo pudiese ser hijo de alguien que estaba más cerca de la perfección que ningún otro humano.

Tal vez, era un error… (O un castigo.)

Si ella decía que era lo correcto, entonces en esta ocasión no sería diferente.

En una de esas veces, leyendo nuevas aventuras, uno de los personajes de la obra dijo: —Nadie puede ser feliz, a menos que hubieses sido desgraciado al menos una vez.

O varias.

Te contare un pequeño secreto.

Tal vez todos esos recuerdos pudieron haber desaparecido de mi memoria, guardarse en una caja fuerte, resguardados de mi consiente, pero, hubo un momento en esos días donde tome la decisión que hizo que llegara hasta aquí.

Mi madre piensa que elegí Literatura solo para contradecirla, para hacerla desdichada y deshonrarla con el futuro que me esperaba, pero en realidad termine eligiendo esa carrera porque, a pesar de no estar consciente de eso, no estaba de acuerdo con que mis dos sueños de vida de un solo golpe.

Tal vez echara toda mi vida por la borda con esa decisión pero al menos habría cumplido una de mis metas.

No quiero ser yo quien la juzgue de la manera incorrecta, ella es mi madre después de todo, me dio hasta el último suspiro, cada detalle que ha construido mi camino es gracias a ella, pero no dejo de pensar en que la acción que llevo a cabo, por mucho que fuera para protegerme, fue de manera egoísta. Sin pensar en lo mucho que me haría daño.

Sé que ella me odia.

Por las decisiones que he tomado.

Por el rumbo que he elegido.

Por quien soy.

§

Levi es el narrador de mi historia, relatando los detalles desde su punto de vista, contándome mi propia vida, sonriendo en ocasiones, riendo en otras y disculpándose en más.

Al parecer éramos una combinación extraña que poco a poco fue mezclándose hasta crear una sola forma, encajando de diferentes maneras y chocando en otras. Teniendo hermosos momentos así como discusiones intensas que duraban lo mismo que el receso en primaria.

Yo le había cambiado la vida y él a mí. Teníamos mucho que aportarle al otro, como si trabajáramos en equipo, quitando algunos defectos, agregando otros y suplementando virtudes. No puedo evitar pensar que es una bella historia. Una de esas que no encuentras en las librerías porque no deja de ser algo tonta y al mismo tiempo hermosa.

Aquel último mayo que pasamos juntos, donde por primera vez huimos lejos de todos, lo relata con tristeza, perdiéndose entre las páginas del pasado, navegando lejos, rememorando y posiblemente también, reviviendo ese momento dentro de su mente.

—Me habías entregado tu alma, tu corazón, tu psique y no habías dudado en entregarme tu cuerpo también. —dice con una leve sonrisa.

Y le creo, suelo ser extraordinariamente apasionado, si algo irrumpe en mi vida y se convierte en parte de ella.

Como la literatura.

Pienso en el día de mi graduación, en como tenía la sensación de que no estaba entregando mi todo en eso que tanto me había costado conservar, una pequeña pero insignificante parte de mi a lo que no puedo darle nombre en este instante. Ahora entiendo que se lo había obsequiado a él, no había pensado en que me haría falta más tarde. Se lo di y olvide pedirlo de vuelta.

Aunque creo que es de esas pocas cosas en mi desastrosa vida de las que no me arrepiento.

—¿Y entonces? —pregunto luego de que se quede callado al finalizar el relato de aquel fin de semana.

Me mira por un rato, comprendo que es algo que no desea decir. Que no desea recordar en este momento.

Aunque también comprende que ya ha habido muchas mentiras entre nosotros y que ya no hay necesidad de callarse nada.

—Tu madre se dio cuenta. Pienso que ya lo sospechaba pero no había actuado hasta estar completamente segura. —susurra.

Dejo salir un suspiro.

—Te dijo que me dejaras. ¿No? —adivino.

—Estaba jugando con mi cedula, mi puesto y toda mi carrera en sí. Siempre decías que era lista, astuta y que nadie podría con ella, ese día supe que decías la verdad. —se caya un instante, toma aire y vuelve a hablar. —Me dijo lo que tenía que hacer si quería conservar mi vida profesional, alejarme de ti no iba a ser suficiente.

Creo que ella es capaz de hacer eso. De eso y más.

Trato de imaginar ese momento, las armas más peligrosas usadas en mi contra. Las dos personas que me conocían hasta por debajo de la piel usando todo para derrocarme.

—Debió ser horrible. —susurro.

—Lo fue. Pero pensé que de alguna forma ella tenía razón en todo lo que dijo. Pensé que era lo correcto.

—Dicho por ella, cualquiera lo pensaría.

Abrazo mis rodillas en busca de calor, de un pequeño soporte ante todo esto. Enredo mis dedos entre los mechones de cabello. Me duelen las sienes. Me palpita la cabeza.

—Hay que detenernos por ahora. —él se incorpora. Sus huesos truenan un poco.

Asiento, en realidad no creo querer saber más de este asunto, al menos en este momento, aún tengo mucha información que asimilar, no es algo sencillo ser oyente de esto y solo imaginar que es a alguien más a quien le ha pasado.

Pero…

—Solo una pregunta más. —digo.

Él se detiene antes de salir de la habitación y me mira.

—¿Qué?

—¿Quién es Isabel?

Su nombre viene rebotando desde que desperté.

§

El cielo es azul, aunque no como el azul brillante y potente de las películas románticas, es un azul pálido, un poco triste. Por allí y también por allá hay un par de nubes blancas, aunque no son esponjosas y grandes como en las series de televisión, son deformes, alargadas y casi se pierden junto al azul.

El viento mueve las nubes lentamente, haciendo que de repente uno se pierda en su movimiento, más cuando le prestas demasiada atención.

También hay un par de aves que revolotean alegres, van de un lado a otro, trinan, como si se llamaran unas a otras, gritándose…

Dicen que las aves son libres por ir de lado en lado, por hacer lo que quieran, mientras puedan volar, nadie puede detenerlas. Aunque ¿En realidad son libres? Creo firmemente en que nadie en realidad lo es, cada especie en el mundo está atada a algo, sea por gusto o por castigo, pero a fin de cuentas lo está.

Allá abajo, hay un montón de adolescentes cotorreando entre ellos, riendo, disfrutando del día y del ambiente. Los arboles llenos de hojas verdes se balancean con lentitud, de un lado a otro, al leve compas del viento.

En frente hay otro edificio gris con tabiques amarillentos, por los pasillos pasan apresurados adultos y adolescentes, algunos tal vez no tan apresurados. Entran y salen de las aulas, van de acá para allá, cumpliendo un horario que les han marcado, como a todos los demás.

Siempre me he preguntado qué es lo que los demás piensan, lo que creen que hacen, lo que desean, me pregunto qué es lo que pasa por sus cabezas, que tipo de ideas se conectan o como es que viven aquí, en este mundo tan retorcido…

Joven Jaeger, ¿Puede ser tan amable de prestar atención a la clase?

El hilo que une cada una de mis ideas se rompe, explota llevándose cada uno de mis pensamientos, desaparecen y me devuelven de golpe al mundo en donde se supone que estoy.

Parpadeo un poco confundido, oigo un par de risas por parte de mis compañeros, trago saliva y agacho la mirada, avergonzado por atraer la atención de todos.

Lo siento, profesor.

Este suspira un poco desesperado.

Bien, volvamos al tema…

Observo el pizarrón, prestando una fijada atención a un montón de frases, formulas y letras que nunca alcanzare a comprender del todo, no porque sea idiota o me falte capacidad, si no, porque en realidad no me interesa ni quiero aprenderlo.

Me entretengo rayoneando las hojas cuadriculadas de mi cuaderno, trato de hacer un fanart de una de mis series favoritas, aunque claro, no puedo lograr mi cometido, mis habilidades no abarcan el dibujo… solo la escritura.

¡Hey! La clase ya termino. Bobo.

Recibo un golpe en la frente, aprieto los ojos y me llevo las manos al lugar.

Isabel.refunfuño.

Mueve el trasero, eres lento, torpe y si llegas tarde tendrás un nuevo reporte.

Bufo y no muy a gusto meto todo de vuelta a mi mochila para después salir del salón.

Preferiría no ir, ¿Podrías decir que me enferme y que tuve que volver a casa?

No, si vuelvo a cubrir otra vez tus faltas "justificadas" también voy a salir perdiendo yo, lo siento, sabes que te quiero ¿No?

Dejo caer los hombros y aferro mis manos a las correas de la mochila, realmente no quiero ir a la siguiente clase.

Todo va a salir bien, tranquilo.

Te es tan fácil decirlo.susurro.

Isabel me palmea la espalda en señal de apoyo, después me abraza, apretándome los hombros.

El salón se deslumbra a lo lejos, A202. Psicología.

Trago saliva y el corazón empieza a latir de forma descontrolada en mi pecho, los nervios se alteran en mi sistema, provocándome mareos y ganas de vomitar. Es como si de repente todo mi mundo se cayera y me aplastara, sofocándome, impidiéndole a mi cuerpo que funcione de la manera correcta.

Quiero vomitar.me llevo una mano a la boca.

No, no quieres.Isabel se asegura de tomarme de los hombros y empujarme hasta el salón.

El aula tiene cortinas color crema ocultando las ventanas, así que todo se ve más obscuro a pesar de ser solo de mañana, las luces artificiales están activadas, esto con el fin de tener la clase más a gusto. Hay un montón de butacas y sillas, el salón es amplio y se conecta con el siguiente, el A201, hay un proyector, una televisión, una pantalla y un armario con aparatos de reproducción, DVD, HBS, CD y también un par de bocinas.

Trato de frenar un poco, evitar tener que asistir a clase, burlar a Izzy y correr con todo lo que mis piernas me den. Pero al igual que otras veces, fracaso en el intento.

Buenos días, profesor Ackerman. Gritonea Isabel con su potente voz alegre.

Ella se asegura de no soltarme y que entre al salón.

Señorita Magnolia, buenos día. Joven Jaeger.

Un escalofrío me recorre la espina dorsal.

Izzy me da un codazo en las costillas y me quejo quedo.

B-buenos días. No alzo la mirada y como puedo me dirijo a una de las mesas vacías.

El calor de la sangre hirviente me golpea el rostro y luego nada por cada vena disponible en mi sistema circulatorio, siento el rubor cubrir todo mi cuerpo y de repente siento que estoy quemándome a fuego lento.

§

Los siguientes días Levi se encarga de contarme otras cosas con referencia a las lagunas mentales, trata de explicarme por qué pueden llegar a suceder y como es que podríamos trabajar para contrarrestarlas y empezar a recuperar de nuevo toda mi historia.

Lo más sencillo que se puede hacer hasta ahora es tener contacto con las cosas referentes a lo que he olvidado, imágenes u objetos, tal vez incluso canciones, si mi memoria empieza a cooperar empezaremos a avanzar, si no, retrocederemos hasta encontrar otra forma de ayudarme.

—Isabel murió en Diciembre. —luego de varios días, contesta a mi pregunta.

Me duele un poco saberlo, me hubiera gustado haber podido hablar también con ella.

—Fue gracias a un accidente en la carretera, fue una desgracia. Ustedes se conocían desde hace mucho tiempo, ella solía decir que incluso antes de nacer ustedes ya eran amigos.

Escuchar eso me entristece. Más por el hecho de no lograr enfocar un rostro para ella.

—Ella era la única que supo lo nuestro y de alguna forma tuvo mucho que ver. Era ruidosa, extrovertida y muy inteligente. Siempre estuvo al tanto de ti, eran mucho más cercano que un par de hermanos. Se querían mucho. Su muerte te afecto en demasía.

El olor a chocolate caliente invade toda la sala.

Armin se estira sobre mis piernas y entierra sus uñas en la tela del pants, Erwin lo observa atentamente desde el otro lado del sillón.

—Luego de que te dieran la noticia de su muerte inmediatamente viniste aquí.

—¿Por qué vendría aquí sí solo nos conocíamos superficialmente?

—A veces el inconsciente es más grande.

—No sé si estar agradecido de ello.

Mi gato gira un poco, veo que está más gordo que la última vez que lo vi atentamente. Tal vez Erwin no está siendo una buena influencia para él.

—Yo no lo estoy.

Levi pone una taza de chocolate enfrente de mí y toma asiento en el pequeño sillón a lado del mío.

—¿Por qué?

—De no haber llegado aquí, no hubieras descubierto nada. —contesta.

—¿No querías que lo supiera?

Tomo la taza y doy un sorbo corto, al instante me quema la lengua y empieza a corroer. Me arde y decido dejarla en la mesa hasta que esté más frío.

—No, vivías mejor sin saber nada. Dolería menos. Para ti y también para mí.

—Supongo que tienes razón.

Otra de las frases favoritas de mamá era: «Nada permanece oculto para siempre, porque ninguna mentira es capaz de llegar a vieja.»

—Aun así, me alegra que haya sido a mí a quien hayas buscado.

§

Hacia todo lo posible por prestar atención a las clases, evitar contacto visual con el docente frente a nosotros. Ni siquiera era capaz de ver en su dirección, solo me dedicaba a escucharlo y ver vagamente los dibujos en la pizarra.

A veces…

Solo a veces…

Había intentado matar esas emociones, esas sensaciones que me embargaban cada que lo veía en los pasillos o en las clases, pero era como si las alentara a seguir creciendo todo el tiempo, más y más, como una avalancha de nieve, que si no llegaba a controlar, terminaría por aplastarme y asfixiarme.

Aunque al final, así termino siendo.

Continuará…

Tal vez este capítulo quedo un poco… "raro(?" y también no era lo que pensaban que sería. Pero no quería que todo se saliera de control en la recta final ni que todo subiera de tono con el drama.

Recta final.

Próximamente.

Final de Terapia.

"De aquí hasta nunca."

Gracias por leer.

Parlev.